|
|
Fuentes de la terapéutica: la experimentación
Hipócrates escribió: sperimentum periculosum; y es positivo que el experimentador ha de reunir condiciones excepcionales: en primer lugar, todas las que adornan á un observador concienzudo; en segundo término, ha de tener un conocimiento exacto del agente que va á ensayar y del organismo sobre que actúa; apreciará además cuantas circunstancias rodeen al experímento, propias del animal, del lugar, etc., á fin de tenerlas en cuenta.
Para experimentar la acción de una substancia es preciso ante todo, como dice Cantani, estar seguros de su legitimidad y pureza, lo mismo que usarla sin mezclas que puedan desfigurarla. Previos estos cuidados se emprenden los estudios en los ani
males, en el hombre sano y enfermo, y hasta en órganos ó tejídos sacados de los seres y en los organismos unicelulares. La marcha más conveniente estriba en buscar primero la acción extra corpus de la substancia, sus cualidades fisico-quimicas, en especial las reacciones que determina en contacto de los humores; después se averigua el efecto que tiene in vitro sobre los organismos más elementales; luego el que ejerce sobre los animales sanos que sean comparables, según ciertas reglas dadas por Bouchard empezando por los más sencillos, como los amibos y las ranas; en seguida se investiga la acción sobre los animales enfermos, cual han hecho Pasteur y Koch in oculándoles la rabia ó el tubérculo; pásase á escudriñar sus efectos en el hombre sano, y por último los que tenga sobre el mismo en estado de enfermedad, para que la clínica juzgue en último término. Por lo respectivo á esta experimentación en los animales, se determina primero lo que Bouchard llama el equivalente tóxico á la cantidad de substancia letal para la unidad de peso del cuerpo, esto es, que mata un kilogramo de materia viva. No basta con esto, es preciso averiguar también la proporción «que provoca los primeros síntomas fisiológicos o trastornos funcionales; en una palabra, el equivalente terapéutico o dosis manejable sin riesgo de intoxicación.
Para evitar la incertidumbre y las variaciones que produciría fatalmente la ingestión estomacal, como la lentitud relativa de acción, y el peligro que á veces tiene la inyección hipodérmica (cuando se trata, por ejemplo, de inyectar materias sépticas), se determinan los equivalentes tóxico y terapéutico por el método de la inyección intravenosa, único que permite evíluar de una manera cierta la cantidad de substancia activa contenida en la sangre al aparecer el primer efecto. Es preciso, pues, que la substancia esté disuelta, que no precipite en presencia de la sangre, y que la calidad y cantidad, del disolvente no sean dañosas por sí mismas o se conozca su influjo, tomándose acta de cuanto suceda pronto y tarde. Cuando hayan de hacerse en los animales operaciones cruentas, se tomarán varios del mismo peso y condiciones, á fin de que operados todos de igual manera, los que no sufran la inyección de la substancia sirvan de testigos que acrediten si los efectos son debidos o no á la operación. Muchas veces conviene impedir que la substancia penetre en ciertas partes de los animales, para lo cual se liga la arteria principal de un miembro; otras se modifican las relaciones anatómicas de un órgano, antes o después de administrar la substancia, como por ejemplo cuando seccionamos los vagos para conocer hasta qué punto un modificador cardíaco influencia á dichos nervios.
A pesar de los inconvenientes de esta experimentación, hijos de las violencias ejercidas, de la relativa toxicidad de las substancias (la cicuta es inofensiva para los rumiantes, la trementina hace mucho daño al.perro, la cuasia á las moscas y el mercurio á los gatos, etc.); aparte de que los vomitivos son inútiles para el caballo y el conejo, porque la posición de su estómago se opone al vómito; á pesar de todo ello, esta experimentación es la más asequible, ocurriendo con la farmacología comparada lo que con la histología de igual nombre. En efecto, cuantas nociones exactas poseemos sobre fisiología y farmacología, proceden de este género de experimentos; pero los resultados así obtenidos no autorizan a. menudo para concluir del animal al hombre, pues cabe obtener deducciones erróneas: el observador que dá ipeca á un conejo, deduce que no es un vomitivo; otro obtiene la rigidez cadavérica en una rana por medio de la cafeína, mientras que un tercero no logra ver el fenómeno porque la rana temporaria siente el alcaloide y la esculenta no (Schmiedeberg). Siempre deben multiplicarse los experimentos en las más distintas condiciones.
Hay que sacrificar, en aras de la humanidad muchos perros y gatos, ranas y conejos, ya que no algún caballo o mono, porque la experimentación cruenta en el hombre no puede ni debe hacerse ni aun en los condenados á muerte, como alguien ha intentado. Cabe, sin embargo, la experimentación pura de que hablan. los homeópatas, ó hecha en uno mismo con las necesarias precauciones; lo que siempre vale mucho, porque apreciamos los detalles que en persona ajena pasarían desapercibidos: esto hicieron Trousseau y Rabuteau.
Para aplicar al hombre los datos adquiridos en los animales, se principia, dice Bouchard, administrando dosis «veinte veces, cien veces, doscientas veces menores;» porque tal substancia inerte para el conejo, como la belladona ó apenas venenosa para el mismo animal, como la morfina, podrá estar dotada de grande toxicidad para el hombre. Luego de graduar con cuidado la cantidad conveniente, se ofrece al individuo enfermo para ver el efecto que produce en las enfermedades que su especial acción indique; efecto que puede ser notablemente distinto en estado de salud y en el patológico. Repetiremos, como remate de este asunto, estas palabras de Dujardin-Beaumetz: «para que la Terapéutica sea una ciencia práctica, útil y fecunda, es preciso que las nociones teóricas adquiridas se apliquen al enfermo; y así como la clínica médica es el estudio de las modificaciones que implican los diferentes organismos á la marcha de las afecciones morbosas, igualmente la clínica terapéutica hará conocer las irregularidades que hace experimentar el hombre á las leyes precisas formuladas por la Terapéutica.»
Llamamos experiencia al caudal de conocimientos que resulta de cierto número de observaciones y de experimentos bien hechos. La enseñanza de la cátedra y del libro la proporcionan también, y como la vida del hombre es tan efímera, más que la experiencia propia valdrá siempre la ajena o dígase la erudición.
La experiencia es verdadera o falsa, á menudo engañosa;¡sperientia falx! dijo en su primer aforismo el mentor de los médicos. De la falsa sólo diremos con Zimmerman que, «la ancianidad de un médico respetable es una ancianidad honrosa....todos lo llaman su padre, su mentor... Pero la vejez de un cerebro débil no es más que la ignominia. En efecto, setenta años de estupidez ¿harán nunca á un hombre respetable?» Palabra profanada á diario, por la rutina y la ofuscación logró que el sensato Dr. Coca exclamase: «¡¡La experiencia!!! ¿Qué sistema ha habido en medicina que no haya invocado la experiencia en su favor? Júzguese de su valor, cuando hasta la invocaron los visionarios astrólogos de los siglos XIII y XIV.»
|
|