1. INTRODUCCIÓN
La investigación sobre evaluación de programas educativos hay que considerarla como parte constituyente de la investigación educativa general, concretamente de aquella que genéricamente se ha venido denominando investigación evaluativa (Alvira, 1991).
Como queda reflejado en el desarrollo normativo, que vertebra el sistema educativo español, existe desde la Ley General de Educación de 1970 una preocupación creciente por la evaluación, la investigación evaluativa y la evaluación de programas. Preocupación, constatada por expertos como Pérez Juste (2000), que determina que en la actualidad en cualquier ámbito educativo, no puede entenderse una intervención sin un programa claro y detallado. Ni éste, sin una evaluación que permita su valoración para la mejora. Partiendo, por tanto, de la necesaria intervención educativa por programas como mecanismo de comprensión profunda para la mejora (Álvarez Rojo, 1994), la Evaluación de Programas Educativos (desde ahora abreviadamente: E.P.E.) se ha de convertir, al igual que la programación de sus acciones, en una actividad básica de todo profesional de la educación. Por ello,
se hace necesaria la apertura de este amplio y complejo campo de la E.P.E. a los intereses marcados
por todos los miembros constituyentes de las comunidades educativas,
ampliando las temáticas a tratar o estableciendo metodologías y
procedimientos complementaristas, que permitan un posicionamiento más
científico de los educadores, tanto en su fundamentación teórica como en
su práctica derivada. Aún así, en
1997 y 1998, diversos autores consideran la E.P.E. un campo de investigación
en plena vigencia, pero todavía con limitaciones propias de disciplinas
incipientes o en proceso de reestructuración (Slavin, 1997; Klein, 1997; Pogrow,
1998). Siendo
precisamente, en etapas de replanteamiento y estructuración de un campo de
indagación, muy considerados y necesarios los estudios de síntesis de
cualquier tipo; como queda patente en la dedicación de estudios similares
con más de veinticinco años, como los realizados por Scriven (1974), Stufflebeam (1974 y
1978) o Cook y Gruder (1978). Y más recientemente, de forma
contextualizada al caso español, el completado por De la Orden y Martínez
de Toda (1992). Dentro de
la metodología de síntesis, disponemos del método cienciométrico, que
permite la obtención de visiones globales sobre un campo, empleando una
perspectiva eminentemente descriptiva y realizando un esfuerzo de
estructuración del mismo. Los
estudios de síntesis cienciométrica ofrecen, pues, un aumento de la
comprensión dinámica de un campo de investigación. En el caso de la E.P.E. española, como muestra el
proceso de revisión de la literatura, no existen trabajos disponibles como
el planteado aquí, de ahí la necesidad de estudios de este tipo. Es
precisamente el propósito del presente trabajo ofrecer una visión
comprensiva global de este campo, sin llegar a realizar explicaciones
profundas en cuanto a posibles variaciones en base a modelos evaluativos
y/o paradigmas de evaluación. Informaciones que delimitan una interesante
línea de investigación a continuar en futuros trabajos. 2. ESTUDIO
EMPÍRICO. 2.1.
Revisión de la literatura y pertinencia del estudio.
El proceso de revisión de la literatura muestra la existencia de
estudios de síntesis sobre las tendencias de la investigación educativa
española en general (Pérez Carbonell et. al., 1999; Fernández Cano,
1997; Fernández et. al., 2002), sobre gestión y organización de la
investigación pedagógica (Pineda, 1985; Colás et al., 1995) o análisis de ámbitos temáticos y metodológicos de
la producción investigadora en algunas disciplinas educativas
(Álvarez Rojo, 1993 y
1997). Por
otro lado, estudios de síntesis cientimétrica de la producción realizada
por centros o departamentos de educación (Colás, García y Rodríguez, 1995;
Bartolomé y Sancho, 1997), por áreas de conocimiento (Galante y
Sanchidrían, 1996; Benayas, 1997; Fernández Cano et. al., 2000;
Fernández Cano y Expósito, 2001; Expósito y Fernández Cano, 2002), o por
su formato o fuente de
publicación (Bueno,
2001; Torralbo, 2001). Sin
embargo, se comprueba una escasez de realizaciones referida a la
E.P.E., ya señalada por Álvarez Rojo y Hernández (1997), que
permite vislumbrar algunas de las consideraciones a tener en cuenta en la
pertinencia de la realización de este trabajo. Residiendo ésta además de
su pertinencia ocasional, en la situación del propio campo disciplinar que
algunos autores, como (Fernández
Cano y Bueno, 1998), califican de asentamiento y/o
replanteamiento.
Parece por
tanto justificada la indagación específica sobre el tópico de la
E.P.E., dentro de un contexto bien acotado, como es el caso de la
investigación educativa española. 2.2.
Problema de investigación. La cuestión
a indagar en este estudio se centra en la caracterización de la
investigación sobre la E.P.E.
en el ámbito español en un periodo diacrónico que abarca desde el año 1975
al 2000, en sus aspectos de fundamentación epistemológica, metodología de
investigación empleada, modelo evaluativo empleado, las técnicas de
muestreo, los instrumentos empleados para la recogida de información y las
técnicas de análisis de datos, el diseños de investigación y las amenazas
a su validez, los agentes evaluadores y otras características
metodológicas relevantes. 2.3. Diseño
de investigación. Para el
desarrollo empírico de este estudio se recurre a un diseño eminentemente
descriptivo, con una cierta pretensión censal limitada por los problemas
derivados de acceso a la totalidad de la población. A través de un
análisis de documentos, que informan de evaluaciones concretas de
programas específicos, se deriva una síntesis de la investigación sobre E.P.E. en el ámbito y periodos
indicados. 2.4.
Población y muestra. La unidad básica
de análisis es el informe de evaluación de un programa educativo.
Realizándose una búsqueda en diversas bases de datos (I.S.O.C., Psyclit, Biblioteca
Nacional, E.R.I.C. y S.S.C.I.) por medio de
descriptores como “investigación + evaluación + programa + educación
`español”. Búsqueda que, complementada con una búsqueda manual, arrojó un
total de 1798 registros. De estos
registros, en base a la información contenida en su título y/o resumen, se
seleccionaron 300 mediante un procedimiento triangulado de revisión de
expertos. La concordancia entre revisores estuvo por encima del 90%,
resolviéndose las discrepancias conjuntamente o acudiendo a un tercer
revisor. Para ser
seleccionado, un informe, debía cumplir las siguientes condiciones: •
Referirse a programas educativos (en cualquier ámbito). •
Estar implementado o publicados en España. •
Las evaluaciones debían estar referidas a programas implementados
total o parcialmente. •
Los procesos de investigación debían poseer unas características
mínimas de rigor científico; a saber: introducción, método, análisis de
datos y ciertas decisiones/conclusiones justificadas sobre el
programa. 2.5.
Instrumento y análisis de datos.
Para la
recogida de datos se construye un instrumento por medio del programa Microsoft Excel, que además de
facilitar el registro y su gestión, permite la realización de análisis
preliminares de datos a nivel descriptivo.
Las
categorías de registro consideradas se obtienen en el informe o mediante
inferencia manifiesta tras la lectura del texto. Considerándose las
reflejadas en la siguiente tabla I. La validez
de este instrumento queda refrendada en su contenido, mediante la
valoración de expertos sobre la representatividad de los campos que lo
componen, y por su uso, al formar parte de un instrumento usado en
trabajos similares (Expósito, 2000; Torralbo, 2001). E incluso, en su
factibilidad para el registro, al ensayarlo previamente en un taller de
prácticas con alumnos de 5º curso de Pedagogía. En cuanto a
su fiabilidad, utilizándolo en un estudio piloto con el 10% de la muestra,
se obtienen valores de estabilidad de las adscripciones al emplearlo en
dos ocasiones diferentes, y de concordancia entre dos recolectores
superior al 90 % de los registros.
2.6.
Análisis de resultados. Los
análisis de datos realizados sobre los paradigmas de fundamentación,
metodología y modelos empleados en los procesos evaluativos, se basan en
el empleo de estadísticos de corte descriptivo, como las frecuencias y
porcentajes, y su representación tabulada y gráfica.
2.6.1. Paradigmas y/o enfoque de fundamentación. Siguiendo los criterios de categorización, se obtienen las frecuencias y porcentajes de los paradigmas y/o enfoques de fundamentación general de los distintos trabajos que se muestran en la siguiente representación gráfica I.
Una mayoría absoluta, del 57%, informan de la fundamentación de evaluaciones en el paradigma científico. A continuación, pero con una frecuencia de prácticamente la mitad y un porcentaje del 25%, se encuentran los estudios con un carácter eminentemente interpretativo humanísticos. Teniendo de nuevo que dividir por la mitad la frecuencia, para acercarse al 13,5% de los estudios fundamentados en paradigmas con planteamientos de tipo complementarista o eclécticos. Para finalizar con los basados en desarrollos socio-críticos que tan sólo son 11 de los 208 trabajos revisados, ofreciendo un escaso 5,3% del total de ellos. 2.6.2.
Metodologías
empleadas. De los 208 estudios considerados 127 emplean una metodología cuantitativa, lo que supone una amplia mayoría de más del 61 % (Ver Gráfico 2). Con frecuencias menores de la mitad, se encuentran los
que emplean consideraciones metodológicas de carácter sincrético o mixto,
que suponen un 23%; y los que recurren a técnicas cualitativas que tan
sólo suponen, como muestra la representación gráfica, algo más del
15%.
2.6.3. Modelos evaluativos empleados. Para el análisis de datos que corresponden a esta variable, se parte de los modelos para la evaluación de programas, especificados en el apartado en el que se describen las variables de este estudio. A partir de esta clasificación de carácter teórico, se comprueba el ajuste de la distribución de los datos obtenidos, para la posible categorización de los resultados, como muestra la Tabla II. El porcentaje más alto corresponde a la categoría de los modelos evaluativos de carácter objetivista, positivistas o científicos con un 43,4%. De todos ellos y con una diferencia amplia, el más usual es el Modelo Basado en Objetivos; quedando las evaluaciones basadas en modelos sin referencia a objetivos y planificaciones educativas, con una escasa o nula frecuencia y porcentaje del total de los trabajos. En segundo lugar, con un mismo porcentaje de algo más del 21%, se encuentran los modelos subjetivistas o interpretativos y los mixtos o eclécticos. El modelo C.I.P.P. es el que acumula mayor frecuencia, seguidos por el Iluminativo y Respondente. Obtienen escasas frecuencias, que suponen un escaso porcentaje las evaluaciones que siguen otros modelos y aquellas que pese a declarar un modelo de carácter mixto, no especifican a cual se refieren. También son escasos los trabajos evaluativos basados en modelos críticos o emancipatorios, con un escaso porcentaje muy similar al de aquellos estudios en los que no se registra el modelo evaluativo empleado o es imposible inferir éste por las características técnicas del informe de investigación empleado. Cotejando en un sentido comparativo los datos globales sobre los modelos evaluativos empleados y los obtenidos en el epígrafe de los paradigmas de fundamentación teórica en los que cada uno de estos modelos se desarrolla, tanto en frecuencia como en porcentaje, se obtienen los valores que se muestran en la siguiente Tabla III. Salvo en los modelos críticos fundamentados en principios paradigmáticos homónimos que poseen idéntica frecuencia, el resto muestra ciertas diferencias, que hacen considerar un estudio pormenorizado de estas relaciones. Cada uno de los tipos de modelos evaluativos considerados acumula, con cierta lógica, su mayor frecuencia en el paradigma en que se origina (objetivista/científico, subjetivista/interpretativo, críticos/crítico y ecléctico/complementarista). El nivel de congruencia supone, en la mayoría de casos,
porcentajes del total de trabajos considerados superiores al 60%. Siendo
significativa la alta concordancia entre los modelos críticos y sus
principios de teóricos de fundamentación (90,1%) y muy dispersa la
adecuación de frecuencias del paradigma complementarista en modelos
objetivistas, subjetivistas y eclécticos, con valores cercanos y
semejantes.
Tabla III. Frecuencias y porcentajes reconcordancia de los modelos evaluativos empleados en relación con los paradigmas de fundamentación declarados.
Por tanto, en los trabajos revisados, se puede describir una concordancia global entre modelos evaluativos y paradigmas de fundamentación, aunque no en su totalidad, puesto que incluso se registran casos que se podrían denominar casi paradójicos al plantear actuaciones basadas en ciertos modelos y principios paradigmáticos poco congruentes. 2.6.3. Población y muestra. Se pretende
caracterizar las poblaciones y muestras empleadas en los estudios de
revisión tomados como elementos maestrales de este estudio, de forma
limitada a los datos que los informes revisados ofrecen. 2.6.3.1.Descripción
de la población. El total de los resultados reflejados en la tabla IV y representados en el gráfico 3, se refieren a los 208 estudios revisados. La mayor frecuencia, 92 estudios, se refiere a aquellos en los que tan sólo se indica la población de la que se extrae la muestra tratada de manera superficial, suponiendo algo más del 44%.
Un porcentaje mucho menor del 28,4% es el referido a los
trabajos en los que si se describe en algún aspecto fundamental la
población. Este porcentaje es muy similar al de los estudios en los que no
se registra o indican la población objeto de estudio.
Considerando globalmente las frecuencias de, los estudios en los
que se refleja algún aspecto referido a su población, ya sea indicándolos
o describiéndolos, se observa una frecuencia acumulada del 72, 6%,
quedando tan sólo el 27,4% para los mencionados estudios que no registran
aspecto alguno. 2.6.3.2.Técnicas
de muestreo. En la siguiente tabla se registra la frecuencia y
porcentajes de las técnicas de selección muestral empleada en la totalidad
de los 208 trabajos revisados, agrupándolas parcialmente en categorías,
dependiendo si su empleo supone un proceso de aleatorización o no en la
selección. Se puede comprobar que frecuencia total es mayor que el
número de estudios revisados que asciende a 208. Este excedente de
técnicas, se debe a que en dos estudios se recurre a dos técnicas
diferentes de selección muestral.
En
un estudio parcial se comprueba que las técnicas no aleatorias poseen la
frecuencia más alta, suponiendo casi la mitad del total de ésta, pues
alcanzan el 47, 9%. Sin embargo las técnicas aleatorizadas tan sólo
suponen el 10, 9% del total. La categoría “otras”, constituida por las técnicas de selección mixtas y aquellos casos en los que no se realiza selección alguna de muestra, puesto que son estudios censales, suponen un escaso 2, 8%. Siendo sin embargo muy alto (38, 6%), el de aquellos estudios en los que pese a extraer una muestra, no registran, indican o especifican el tipo y técnica de selección empleada.
La selección por conveniencia e intencional de la muestra son las
técnicas más ampliamente utilizadas, tanto dentro de las técnicas no
aleatorias como del total de éstas, alcanzando porcentajes muy similares
del 19 y 17, 1 % respectivamente. También alcanzan un porcentaje
comparativamente considerable, 10%, la selección por conglomerados no
aletorizados.
Hay que descender hasta el cuarto lugar en esta clasificación, para
encontrar con un porcentaje menor, una técnica de carácter aleatorio. La
selección aleatoria simple alcanza el 6, 2 % del total y a continuación la
realizada por conglomerados aleatorizados con un porcentaje del 3, 8% que
supone ya casi la mitad. Frecuencias muy bajas del total de la distribución se pueden
observar en los estudios censales, en los que recurren a los estratos
aleatorizados, a los procesos aleatorios sistematizados o a técnicas
mixtas para la selección de la muestra. 2.6.3.3.
Edades y Nivel académico de las muestras. El registro y análisis de estos datos presentan las
dificultades derivadas de la falta de claridad y unanimidad en el
establecimiento explícito de los intervalos de edad de las investigaciones
revisadas. Se establecen unos intervalos en años en los que registrar
los estudios atendiendo a la edad de sus sujetos muestrales. Considerado
tal delimitación, además de por su ajuste a la distribución de datos
obtenida, por la semejanza a las edades correspondientes en las que se
cursan los diferentes niveles establecidos en nuestro sistema educativo
actual y estudiados en el siguiente epígrafe de este capítulo.
En la tabla VI, se muestra una frecuencia total mayor que la de los
estudios revisados (234>208) debida a que en algunos estudios se
consideran más de un intervalo de edad. Aunque tan sólo por una diferencia de diez de los estudios
revisados, una mayoría del 52% no registra o indica explícitamente la edad
de la muestra considerada. Siendo la frecuencia más habitual o moda la
referida a sujetos entre 7 y 12 años. Es decir, a sujetos que, según su
edad, cursan estudios de Educación Primaria. Tabla VI. Edades de las muestras en intervalos de años.
Con un porcentaje cercano al del intervalo anterior y que asciende hasta el 15% estarían los alumnos entre 13 y 18 años. Cuantitativamente inferiores son las frecuencias o estudios en el resto de los intervalos de edad considerados para definir su muestra. Así los porcentajes obtenidos para muestras con más de 24 años superan escasamente el 5% del total de los estudios. Y las referidas a alumnos hasta 6 años, entre 19 y 24, o con intervalos de edad amplios y múltiples, siempre están por debajo del 4%. En la siguiente tabla VII se categorizan los trabajos revisados, atendiendo al nivel académico declarado de la muestra que emplean en sus estudios. Estos niveles corresponden a los intervalos establecidos por el sistema educativo en la actualidad, adaptando a ellos los datos referidos a niveles dispuestos con anterioridad. Además de los niveles básicos, se considera la categoría
“otros”, que corresponde con los datos ofrecidos en aquellos estudios en los que en sus muestras
se considera a padres de alumnos, cursos de postgrado para diversos
niveles formativos; cursos en los que se integran sujetos con distintos
niveles educativos y estudios en los que no es pertinente el registro del
nivel educativo, por no referirse su muestra a personas. El mayor porcentaje de estudios declara un nivel académico
para su muestra en la Educación Primaria con algo más del 28%. Seguidos
por los que ésta cursa Educación Secundaria y estudios Universitarios, con
un 19,2 y 14, 6 % respectivamente.
[**] La frecuencia total es mayor que el número de estudios revisados (219>208), porque 11 de ellos registran dos niveles y dos registran tres niveles educativos distintos Frecuencias menores de veinte casos tienen los que toman sus
muestras en la Educación Especial y Compensatoria o en la Educación
Infantil, con porcentajes similares del 8,7 y 7,8 % del total. El resto de categorías obtienen frecuencias por debajo de
tres casos, lo que supone escasos porcentajes del total de los trabajos,
quedando constituidas éstas por la macro-categoría “otros niveles
educativos”, la Educación de Adultos y la Formación Profesional, que
obtiene la f más
baja. De forma gráfica (Gráfico 4) se puede apreciar cierta
semejanza entre los porcentajes de estudios cuyas muestras están en los
intervalos hasta 6 años, 6 a 12 y 13 a 18; con los porcentajes de estudios
cuyas muestras declaran cursar esos niveles educativos. En el resto de los niveles educativos de las muestras no parece lógica la comparación en su porcentaje y la edad de los sujetos que las componen (línea azul interrumpida), puesto que no puede establecerse una relación unívoca entre niveles educativos y edades específicas para cursarlos.
La mayoría de los estudios emplean instrumentos que no están estandarizados, sino que se elaboran de forma explícita para la propia investigación (Gráfico 5). Con una frecuencia menor, que suponen el 31,25% y 7,7% del total, encontramos a los trabajos que si emplean instrumentos estandarizados y aquellos estudios que basan la recogida de datos en composiciones de instrumentos estandarizados + no estandarizados, categorizados como mixtos. En total se registra un número de 483 instrumentos en los 208 trabajos revisados, lo que supone un índice medio de algo más de dos instrumentos por trabajo (2,3 instrumentos/trabajo).
En una primera aproximación se comprueba la escasez de
fuentes indirectas empleada y la amplia mayoría del uso de fuentes de
acceso a la información directa, 7,9% frente a 83,8 % del
total. Esta macro-categoría de fuentes indirectas está constituida
en su mayor parte por dos tipos de documentos: documentos de carácter más
o menos oficial como libros de escolaridad, actas de evaluación o
proyectos/memorias; y por otra por instrumentos de uso cotidiano, como
fichas o historias clínicas. Todos ellos suponen un mecanismo para el
control/registro de los progresos de los sujetos. El tipo de instrumento más utilizado es sin duda alguna el
cuestionario o encuestas, pues supone casi un 29% del total de
instrumentos empleados. Siendo también usual el empleo de test, baterías o
pruebas estándares, que alcanzan un 16,4%.
Parece
relevante hacer mención del número de casos en los que no se ha podido
categorizar el tipo de instrumento empleado por la escasez de información
ofrecida o lo segmentada de esta, que alcanza una frecuencia de 40,
suponiendo un 8,3% del total de todos los instrumentos
registrados. Este uso, de determinados instrumentos como son por orden de
frecuencia, cuestionarios (28,8%), tests (16,4%) y escalas (10,6%), se
observa también en el trabajo de Bueno (2001), que revisa la producción
investigativa publicada en la Revista de Investigación Educativa, incluso
en porcentajes muy similares (cuestionarios: 21,3%; tests: 13,26% y
escalas: 10,6 %). Por lo que podría plantearse un empleo habitual en la
I.E. Sin embargo, en otros trabajos como el de Torralbo (2001), referido a
tesis doctorales en Educación Matemática, los instrumentos de mayor empleo
son las pruebas ad hoc. Los criterios empleados para denotar la validez de los
instrumentos de recogida de datos, obtienen en el cómputo de la
distribución obtenida, las frecuencias y porcentajes expresadas a
continuación en la siguiente tabla.
El cociente entre el número total de
criterios registrados y el de documentos revisados, de los que se obtiene
tal distribución, ofrece el coeficiente de criterios de validez medio
empleado en estos estudios, que muestra un valor por debajo de la unidad
por trabajo revisado. Índice de criterios de
validez1 = 139/208 = 0,66 criterios por trabajo Sin embargo, la interpretación de este indicador global puede ofrecer una visión sesgada, puesto que el número de instrumentos registrados a los que se refieren tales criterios de validez, es mayor que el de trabajos revisados. Por ello, el cociente debe referirse al número total de instrumentos de recogida de datos empleados en todos los trabajos revisados por los criterios registrados. Índice de criterios de validez2 = 139/483 = 0,3 criterios por instrumento Se puede comprobar que la mayor frecuencia o moda la obtienen aquellos que no trabajos en los que no se ofrecen criterios de validez sobre los instrumentos de medida empleados, con un porcentaje del 42,8% del total registrado. Denotando una significativa escasez en los informes de investigación sobre el establecimiento de los criterios de validez de los instrumentos de registro de datos empleado, lo que supone sin duda una enorme debilidad instrumental en las investigaciones sobre E.P.E. Los valores obtenidos en los índices globales empleados en
el estudio descriptivo de los criterios de validez, son idénticos en los
criterios de fiabilidad para los instrumentos de registro de datos: 1,17 criterios por trabajo y 0,5
criterios por instrumento. En este mismo
sentido, los valores en frecuencia y porcentaje de las categorías
referidas a “instrumentos estandarizados” y a aquellos que no registran o
indican criterios de fiabilidad, son también idénticos, como queda
reflejado en la tabla VII y comprobado mediante la
comparación con la tabla X. Sin embargo, el resto de la
distribución, aunque con ciertas semejanzas adopta distintos valores.
Si se consideran las frecuencias de aquellas categorías en las que realmente no se especifican criterios de validez, por asumirse en instrumentos estandarizados o por hacer mención general (37, 9+ 12,3 = 50,2%) y por no registrarse o indicarse (42,8%), con respecto a la que si lo hace. Denotándose igualmente una significativa escasez en los informes de investigación sobre el establecimiento explícito tales criterios. Y por tanto unas inferencias evaluativas realmente negativas. Por lo que de forma conjunta puede considerarse que en cuanto al establecimiento de criterios específicos de validez y fiabilidad, los instrumentos en investigación sobre E.P.E., presentan una enorme debilidad metodológica. 2.6.5.
Técnicas de
análisis de datos. Tras la revisión de la distribución de datos obtenida y la categorización de los mismos, los estadísticos de carácter descriptivo empleados en los diversos análisis de datos realizados en las investigaciones revisadas como muestra de este estudio son los relacionados en la tabla XI. Atendiendo al número total de estadísticos empleados por todos los estudios revisados y el número de éstos, se establece el coeficiente medio que indica su relación (351 /208 = 1,7 estadísticos descriptivos/ trabajo). Resulta un índice moderado, que no alcanza el empleo de dos
estadísticos por trabajo, en una distribución de datos que abarca un
intervalo con valores máximos de 9 estadísticos y mínimos de 0.
Comparativamente importante es el número de trabajos en los que no se
registra o indica los estadísticos descriptivos empleados (f = 70 y %= 19,9), ya sea por la
“no pertinencia” de su uso o por la escasez de informaciones que ofrece el
informe de investigación.
Mediante el análisis parcial por tipos de estadísticos empleados, se puede comprobar que el mayor porcentaje se refiere a aquellos que estudian y delimitan las distribuciones de datos. Esta categoría, constituida por frecuencias y porcentajes, supone el 31, 7% de los estadísticos empleados. Son semejantes el número de estudios en los que emplean estadísticos de tendencia central y de variabilidad, pues ambas categorías están entorno al 21-22% del total. Y poco significativo es el uso de índices, como los de asimetría y dificultad, pues se recurre a su empleo en escasas ocasiones de la distribución de datos analizada. El resto de estadísticos, reseñados en la tabla anterior,
son escasamente empleados, pues obtienen frecuencias comparativamente
bajas y porcentajes que no superan en ningún caso el 3% de los
estadísticos registrados. Existiendo un preocupante bajo uso de un
estadístico descriptivo como el tamaño del efecto (T.E.) que permite hacer
comparaciones entre grupos de tratamiento y que según Fernández Cano et al. (2000) debiera ser un
recurso analítico básico en evaluación de programas. Utilizando un procedimiento semejante pero refiriéndose en
este caso los datos a los estadísticos correlacionales y multivariados, se
obtienen las frecuencias y porcentajes especificadas en la tabla
XII.
Atendiendo al número total de estadísticos empleados por todos los
estudios revisados y el número de éstos, se establece el coeficiente medio
que indica su relación en 0,85
estadísticos correlacionales / trabajo. Obteniéndose un valor inferior al
de los estadísticos descriptivos, que aparecen por tanto con una
utilización más usual en la distribución de datos. En este mismo sentido, todavía es mayor que en los
estadísticos descriptivos, el número de trabajos en los que no se registra
o indica los estadísticos empleados. Esta frecuencia es ampliamente mayor
que la frecuencia acumulada por el resto de categorías referidas al empleo
de algún estadístico correlacional concreto (f = 178 > fa =39), ocupando la mayoría de
los casos (%= 82). En este resto de categorías, con un escaso 18%
conjuntamente, se aprecia un mayor uso de los estadísticos correlacionales
bivariados frente a los multivariados, aunque también con unas escasas
diferencias. Indicando su análisis individual la mayor utilización del
momento r de Pearson (5,1%) seguido por el Análisis Factorial (3,7%), El
coeficiente alfa (±) de Cronbach y Regresión Múltiple, en un intervalo
cada uno de entre (2,8). Obteniendo el resto de estadísticos porcentajes
de uso inferiores al 1%, que denotan escasa importancia
cuantitativa. Los resultados
obtenidos para los estadísticos inferenciales, representados en la
siguiente tabla, muestran un coeficiente medio de empleo de 0, 52 estadísticos inferenciales /
trabajo. Más bajo que el de los
descriptivos, pero también que el de los estadísticos
correlacionales/multivariados. Analizando parcialmente las frecuencias y porcentajes en los
distintos tipos en que se agrupan los estadísticos inferenciales, se puede
observar una frecuencia más amplia en caso de los estadísticos
paramétricos que suponen el 45% del total. En orden decreciente de frecuencia, se encuentran a
continuación, todos aquellos casos en los que no se registra, indica o
especifica el estadístico inferencial empleado que alcanzan algo más del
36%. Y con un valor de frecuencia inferior a la mitad (13,8%) de los
anteriores es el referido a los estadísticos inferenciales no
paramétricos. Comparativamente escasos son los valores obtenidos por los estadísticos de comparación múltiple y los empleados en la comprobación de la bondad de ajuste y verificación de supuestos, que suponen respectivamente el 2, 7 y 2 % del total.
En el análisis de
cada estadístico por medio de su frecuencia individual la frecuencia y
porcentaje más alto es el referido a los casos en los que no se especifica
el estadístico, con el porcentaje anteriormente especificado. Seguido por
el ANOVAsimple y la
t de Student con un 20,2 y 11,1
% respectivamente. El resto de porcentajes se encuentra enormemente disperso por los demás estadísticos registrados, con valores inferiores en todos los casos al 10%. Los estudios de la muestra revisada que realizan análisis de
carácter cualitativo con los datos que han recogido son escasos, pues tan
sólo suponen una fa de 34 del
total de 210 registrados (16,2 %), como queda registrado en la Tabla XIV.
Sin embargo, los casos en los que no se registra o indica este tipo de
análisis alcanzan una frecuencia de 176 (83,8%).
Se obtiene un promedio de 0,16 análisis cualitativos por estudio en
la muestra, siendo el promedio más bajo de todos los considerados hasta
ahora y referidos tanto a los estadísticos descriptivos, correlacionales o
multivariados, como a los de carácter inferencial. Se puede comprobar que la mayoría de categorías se obtienen
escasas frecuencias y porcentajes poco significativos (tan sólo el
análisis de contenido que alcanza una %a del 13,3 %), mostrándose un
escaso uso de procedimientos analíticos de naturaleza cualitativa en las
investigaciones revisadas. 2.6.6. Diseños de Investigación.
En cuanto a los diseños de investigación, cuyas frecuencias de uso
se registran en la Tabla XV, se muestra una clara disposición al empleo de
los diseños de tipo cuasi-experimental (26,9%) y los de corte descriptivo
(20,7%). Los diseños pre-experimentales son empleados en semejante
cuantía que los experimentales, ocupando cada uno de ellos un escaso 9,6%
del total. Y en porcentajes similares se emplean las investigaciones
basadas en diseños de investigación-acción y los diseños mixtos, pues
obtienen el 6,3 y 5,8 % del total de casos respectivamente.
Los diseños cualitativos y estudios correlacionales son empleados
escasamente, obteniendo frecuencias por debajo de diez casos y porcentajes
escasos del total de la investigación registrada y analizada. También es destacable el alto porcentaje, comparativamente
con el resto de las categorías, de estudios en los que nos se registra o
indica explícitamente el diseño de investigación empleado, ni se ofrece
información suficiente como para inferirlo con garantías.
El diseño prototípico en la investigación sobre E.P.E. parece ser de tipo
cuasiexperimental, concretamente de dos grupos con pretest y postest,
seguido por los estudios de encuesta, usualmente limitados a la
administración de un cuestionario a los sujetos incluidos en un
programa. Por tanto, puede constatarse la ausencia de diseños
contrabalanceados muy útiles en la comparación de tratamientos, y el abuso
de diseños de tipo descriptivo, centrados en el estudio de alguna faceta
concreta del programa evaluado.
Destacando como inferencia evaluativa global el empleo de diseños
de investigación, que con ciertas debilidades, puedan hacer cuestionables
la búsqueda de relaciones causales. 2.6.7.
Amenazas a la validez del diseño
y mecanismos para su control.
Los factores y variables bajo las que se puede ver amenazado el
diseño de las investigaciones son múltiples y variados, no especificando
en la mayoría de los informes revisados su naturaleza concreta y las
oportunas medidas destinadas a su control. Por ello, en el registro de
estas variables, se ha optado por la simplificación dicotómica que permita
un mejor y operativo tratamiento conjunto de datos.
Como puede apreciarse en los resultados expuestos en la tabla anterior
(Tabla XIII), una alta frecuencia, que corresponde a más del 82% de los
trabajos revisados, no plantea amenazas a su diseño de investigación y por
tanto no considera mecanismos para controlar éstas. Siendo un escaso 17,3%
de los casos, en los que se consideran posibles amenazas a sus diseños, y
tan sólo en un 12% de éstos se plantean medidas para su
control. Esta escasez en el planteamiento de amenazas de los diseños
de investigación y la toma de medidas para su control, denota un
seguimiento mecánico de los diseños previamente establecidos por parte de
los investigadores, sin plantearse este tipo de cuestiones que serían
proclives de control mediante técnicas adicionales. 2.6.8.
Agentes evaluadores. La racionalidad en la que se sustenta la consideración de esta variable de forma anexa a la de diseño de las investigaciones, queda patente al considerar ésta una información que puede arrojar cierta luz sobre cualquier diseño de investigación, en el campo de la evaluación de programas. Puesto que es una característica que facilita enormemente la delimitación epistemológica de su fundamentación, el modelo evaluativo empleado y en consecuencia los diseños de investigación que pudieran, al menos a priori, parecer más oportunos.
Precisando
los datos obtenidos en la distribución de datos, como queda reflejado
en el gráfico 6, la mayoría de estudios (53,4%), están realizados por
expertos/agentes externos a las instituciones u organismos a las que
pertenecen los usuarios sobre los que se implementan los programas considerados. Realmente revelador puede considerarse el dato, que en tan
sólo el 3,8% del total de las evaluaciones se estime a los usuarios como
principal agente evaluativo. Datos que están en consonancia con la
metodología y los modelos evaluativos más empleados en las investigaciones
sobre E.P.E., como se describe
con anterioridad en sus respectivos epígrafes. Puesto que las metodologías
fundamentalmente cuantitativas y las evaluaciones desarrolladas mediante
modelos de corte objetivista, plantean procesos evaluativos en los que los
agentes externos juegan el principal papel. 3. CONCLUSIONES. Las investigaciones sobre evaluación de programas se
fundamentan mayoritariamente en el paradigma científico, ocupando unos
porcentajes menores aquellos que se fundamentan en posiciones humanístico
interpretativas o críticas. El empleo de aproximaciones científicas determina sin duda,
como señalan Arnal et. al.
(1992), procesos de evaluación más viables para evaluar efectos finales y
cuantificables, que para mejorar el desarrollo de la implementación de los
programas. Sin embargo, compromete la necesaria diversidad paradigmática y
la búsqueda del complementarismo. Estos rasgos de los ámbitos de fundamentación de las evaluaciones revisadas, determinan un uso mayoritario de modelos objetivistas para la evaluación de programas, especialmente por el aporte de frecuencia realizado por el modelo orientado a objetivos. Obteniendo un semejante y más escaso empleo las aproximaciones subjetivistas y eclécticas, y especialmente las de tipo socio - crítico. En cuanto a la metodología más ampliamente utilizada es de
corte cuantitativo, que según los planteamientos de Pérez Juste (1997), es
más apropiada para la obtención de visiones generales profundas. Quedando
porcentajes mucho menores para la mixta y cualitativa, más acorde con la
evaluación de elementos contextuales. Esta escasez en el uso de metodologías de corte mixto o
ecléctico, determina el incumplimiento de uno de los principios que
debiera tener la investigación sobre E.P.E., señalados por Pérez
Carbonell et. al. (1999), que
abogan por el empleo y vigorización de estas aproximaciones, para
conseguir objetivos múltiples y facilitar la triangulación. Sin embargo, admiten cierta lógica de ajuste a los modelos más empleados. Puesto que éstos ponen más énfasis en la evaluación de unas u otras facetas del programa, las más evaluadas se refieren a la consecución de los objetivos propuestos en el programa y reflejados en su plan de evaluación. En las investigaciones revisadas, no parece ofrecerse importancia a la descripción de las poblaciones a las que se generalizarían los hallazgos, ya que tan sólo se indica ésta de forma general. Se emplean con mayor frecuencia las técnicas de selección
muestral no aleatorizadas, usualmente de conveniencia e intencionales,
para diseños de investigación muy diversos, destacando en la muestra
considerada los denominados prefijados. Especialmente los
cuasiexperimentales con dos y pretest-postest, y los descriptivos o de
encuesta. Poseyendo una mayoritaria, y en ocasiones cuestionable,
disposición temporal de tipo longitudinal. Estas características son propias de la
implementación/evaluación de programas sobre grupos previamente
conformados, como son las clases y agrupamientos típicos del sistema
educativo. Realizándose actuaciones específicas sobre poblaciones
suficientemente caracterizadas, como para no tener que profundizar en su
descripción.
Las técnicas de análisis de datos se fundamentan en el empleo de
estadísticos eminentemente descriptivos, especialmente los que facilitan
los estudios distribucionales como son la f y %. Denotándose un escaso uso
tanto de otros estadísticos descriptivos como el T.E., que parecerían muy
pertinentes en el campo de la E.P.E. (Fernández Cano et. al., 2000), como de tipo
correlacional, inferencial e incluso análisis de tipo cualitativo. El carácter de
fundamentación científico de las investigaciones y el desarrollo de
diseños de tipo casi experimental determinan unas condiciones evaluativas
en las que el evaluador asume un rol externo al programa, como asesor de
soluciones sobre su desarrollo y juez de sus resultados. La intervención por
programas y la evaluación de estos se suele realizar en contextos sociales
de enorme complejidad a escala experimental, por ello abundan
realizaciones en cuyo diseño no siempre es posible el control total de
todas las variables, como los de tipo cuasiexperimental o descriptivos
(Tejedor, 2000). Este principio, también congruente con los datos
obtenidos, obliga en cierto sentido a intentar controlar estas variables
estableciendo diversos mecanismos para ello. Sin embargo, se
constata según estos mismos datos, en más del 82 % de los trabajos
revisados no se hace referencia alguna a amenazas a su diseño de
investigación, ni por lo tanto a medidas para controlarlas. Pese a que su
mayoría está realizada por agentes externos a la implementación del
programa, como evaluadores expertos. Esta escasa
preocupación por este tipo de criterios está generalizada
independientemente del paradigma desde el que se opere, aunque en
aproximaciones no científicas su ausencia es mucho mayor. Paradigmas desde
los que también, con sus propias peculiaridades, pueden y deben
considerarse aspectos referidos a la validez de sus diseños. Aunque estas
características, de los diseños de investigación, pudieran ser calificadas
de cierta debilidad, son propias de la Investigación Social. No estando
exentas de polémica en la investigación sobre E.P.E., como muestran la sucesión
de trabajos en ciertas publicaciones como Educational Researcher, en los que
diversos autores (Slavin, 1997; Klein, 1997; Pogrow 1998 y 1999) proponen
diseños de investigación/evaluación con grupos de control, que por medio
de su comparación en implementaciones prácticas “en competencia” y su
revisión por expertos, permita delimitar aquel que ofrezca mejores
resultados en cada caso concreto y pueda ser considerado como “diseño
ejemplar”. El uso de metodologías que
pueden catalogarse con escaso rigor, ciertas debilidades en el empleo de
diseños e instrumentos, y con una escasa preocupación por aspectos
relacionados con la validez o fiabilidad de éstos, pudiera poner en tela de juicio el planteamiento de
cualquier relación causal establecida a partir de los hallazgos
encontrados en algunos trabajos. En consecuencia, y de forma
general, podría considerarse una baja valoración de las realizaciones en
este campo disciplinar, en su consideración global. Resultando preocupante
que ciertas políticas y prácticas educativas, auspiciadas por programas
previos, se hubieran podido implementar o se pretenden generalizar sin una
evaluación rigurosa. Pero no por ello
deberíamos culpabilizar a la víctima (la propia E.P.E.), pues como plantea
el profesor Álvarez Rojo (comunicación personal), no siempre ha sido fácil
ganar el acceso a los escenarios educativos dónde se puedan disponer de
muestras amplias y representativas que permitiesen obtener diseños con
menos amenazas a la validez. Respondiendo muchas de estas evaluaciones,
más que al planteamiento por parte de los destinatarios o usuarios del
programa evaluado, a la realización de investigaciones que parten del
profesorado universitario, con dificultades de interacción con el
profesorado, de acceso a determinados centros educativos o disposición de
las aulas. 4.
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ARTICLE RECORD / FICHA DEL ARTÍCULO
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Reference / Referencia |
Expósito, Jorge, Olmedo, Eva y Fernández Cano, Antonio (2004). Patrones metodológicos en la investigación española sobre evaluación de programas educativos. Revista ELectrónica de Investigación y EValuación Educativa, v. 10, n. 2. http://www.uv.es/RELIEVE/v10n2/RELIEVEv10n2_2.htm Consultado en (poner fecha). |
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Title / Título |
Patrones metodológicos en la investigación española sobre evaluación de programas educativos [Methodological patterns in the spanish research on evaluation of educational programs] |
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Authors / Autores |
Jorge Expósito, Eva Olmedo y Antonio Fernández Cano |
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Review / Revista |
Revista ELectrónica de Investigación y EValuación Educativa (RELIEVE), v. 10, n. 2 |
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ISSN |
1134-4032 |
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Publication date / Fecha de publicación |
2004 (Reception Date: 2003 Oct 10; Approval Date: 2004 May 16; Publication Date: 2004 July 1) |
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Abstract / Resumen |
This study tries to obtaining some inferences about the field of program evaluation, synthesizing some patterns about research methodologies. Concretely, ones that: foundation epistemological paradigm, specific design, evaluative model in use, sample techniques, instruments for information collecting, procedures of data analysis, research designs, threats to validity and evaluation agents. To this respect, we have obtained indicators about 208 studies published in Spain from 1975 year to 2000, mainly papers from educational scientific journals. These studies were retrieved from several data base and completed with other crossed-references. Este estudio pretende realizar inferencias sobre el campo de la Evaluación de Programas Educativos (E.P.E.), sintetizando ciertos patrones relativos a la metodología de sus investigaciones. En concreto, sobre el paradigma de fundamentación epistemológica, la metodología de investigación específica, el modelo evaluativo empleado, las técnicas de muestreo, los instrumentos empleados para la recogida de información y las técnicas de análisis de datos, el diseños de investigación y las amenazas a su validez, así como los agentes evaluadores. Para ello, se revisaron 208 trabajos realizados y/o publicados en España desde el año 1975 al 2000, editados la mayoría como artículos en revistas científicas especializadas, y que se obtuvieron a partir de una búsqueda en diversas bases de datos, complementada con una búsqueda/recuperación manual de referencias cruzadas. |
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Keywords Descriptores |
Program-Evaluation, Educational Programs, Research Methodology, Spanish Production, Research Analysis, Scientometric Review Evaluación de programas, programas educativos, metodología de la investigación, producción española, análisis de la investigación, revisión cienciométrica. |
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Institution / Institución |
Universidad de Granada (España) |
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Publication site / Dirección |
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Language / Idioma |
Español (Title, abstract and keywords in english ) |
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