INTRODUCCIÓN
El
objetivo de este artículo es lograr una definición del impacto de la
formación en el desarrollo laboral de los sujetos. Para lograr este
objetivo, nos hemos acercado al marco conceptual, a través de la revisión
teórica de los diferentes modelos de evaluación de impacto que se
encuentran en la literatura revisada. La conclusión que obtenemos de esta
revisión de modelos, va encaminada a la definición de las diferentes
dimensiones que componen el impacto, entendido como producto mediato de la
formación, tanto desde la perspectiva individual, como desde un punto de
vista social. Estas dimensiones teóricas, implicadas en los diferentes
modelos analizados, son: la satisfacción
de expectativas respecto a la formación (se considera uno de los
productos esenciales de cualquier acción formativa), el valor añadido
(entendido como el incremento en lo a que a conocimientos se refiere), y,
como tercera dimensión a considerar, las mejoras que se producen en la empleabilidad.
Los
modelos de evaluación se inscriben
en un contexto de calidad concreto y, por tanto, en la primera parte de
este artículo analizaremos diferentes modelos de evaluación
de la calidad para, a continuación, hacer un breve repaso de los
modelos de evaluación del impacto
de la formación y terminar con la revisión de los modelos de evaluación del impacto de la formación en el ámbito sanitario. De
esta forma, la revisión comenzará por lo más general hasta llegar a un
ámbito más específico. 1.
Modelos de evaluación de la calidad
1.1. Modelo de evaluación de la
calidad de Le Boterf Le
Boterf, Barzucchetti y Vincent (1993) identifican tres características
clave de la calidad: 1.
El control de la calidad significa dominar la calidad del conjunto
de las funciones de la empresa, incluyendo funciones administrativas. 2.
El dominio de la calidad total es una búsqueda que no tiene un
final determinado. 3.
La dificultad de enmendar posibles errores se incrementa en función
del momento y lugar en el que se produzca. Estas
tres características se pueden implementar en el proceso de calidad de la
formación teniendo en cuenta los siguientes aspectos: en primer lugar, es
imprescindible tener en cuenta todas y cada una de las fases que concurren
en el proceso formativo, incluyendo selección de los asistentes y
planificación de la acción formativa; en segundo lugar, el grado de
satisfacción de los asistentes, la evaluación de las competencias
adquiridas y el índice de readaptación, considerados como feedback
de la formación impartida, conducen a una búsqueda permanente de la
calidad; y, en tercer lugar, los errores como el fallo en la detección de
necesidades son más difíciles de corregir que los que se producen
durante el proceso formativo. A
estas características generales adaptadas a la formación, podemos añadir
las consideraciones que Le Boterf (1993) hace sobre el Ciclo de Deming. El Ciclo o rueda de Deming, plantea cuatro acciones
fundamentales que tienen como consecuencia la calidad; éstas son:
Planificar (P), Realizar o ejecutar (D), Controlar o verificar (C) y
Mejorar (A). 1.2.
Modelo Enfoque de Inversión de Mamolar Como
alternativa al modelo de adquisición
y mantenimiento de competencias desarrollado en párrafos anteriores,
encontramos un modelo que pretende ser integrador y novedoso denominado enfoque de inversión. Se trata de un modelo generado por y para la
empresa que tiene como objetivo la evaluación de la formación desde una
perspectiva de rentabilidad de la inversión en este terreno. Aunque
aparentemente la relación con el ámbito que nos ocupa parece lejana,
este modelo incorpora una serie de indicaciones y recomendaciones que
parecen aptas para incorporar en el modelo evaluativo que propondremos
posteriormente. En
primer lugar, la correcta definición y detección
de necesidades, de esta forma el programa de formación puede
considerarse adecuado a los intereses y demandas de los profesionales. En
segundo lugar, este modelo propone, la especificación
de las competencias, habilidades y conductas que van a adquirir los
participantes y, por último, la selección de los indicadores que nos
permitan recoger información que resulte relevante para poder evaluar
tanto el proceso como los resultados de la formación. Las conclusiones más relevantes de
este modelo están en la línea de resaltar
la importancia de adaptar los procesos formativos, no sólo al
mantenimiento de competencias, sino también a la continua transformación
y adaptación de esas competencias a situaciones de continuo cambio. 1.3. Modelo de calidad orientado a
la satisfacción de Martínez-Tur En
la línea de modelos de calidad orientados a la satisfacción, Martínez-Tur
y Tordera de la Universidad de Valencia (1995), elaboran un modelo causal
basado en modelos clásicos sobre la medida de la satisfacción. La
novedad que introducen estos autores versa sobre la revisión del modelo
de alta implicación
(MAI), que hipotetiza relaciones causales entre la calidad, las
expectativas del usuario ante el producto que consume, la desconfirmación[1],
la satisfacción y las intenciones conductuales. Los resultados más
relevantes de este estudio radican en la significatividad de los parámetros
del modelo, una vez revisado. La revisión del MAI, con la consiguiente
modificación de relaciones causales (inclusión de un efecto directo de
la calidad percibida sobre la satisfacción), resulta un modelo que se
ajusta a los datos, pero sin embargo tiene deficiencias apreciables que
los mismos autores señalan en las conclusiones. En primer lugar, podemos
destacar la unidimensionalidad de la variable satisfacción, sólo se ha
utilizado una medición de esta variable y hubiese sido deseable utilizar
más de un indicador. La satisfacción es un constructo multidimensional y
como tal está contemplado en este trabajo. En segundo lugar, y quizá
como crítica más importante, nos encontramos con la imposibilidad de
generalizar los resultados a otros sectores. Esta limitación es común a
muchos de los artículos revisados y viene dada por una serie de características
tales como la utilización de muestras reducidas o la escasa formalización
de los modelos presentados, así como la falta de adecuación de los
criterios de valoración. Por último, reseñar que la metodología
utilizada para intentar explicar las relaciones causales entre las
variables, se ha superado ya con técnicas LISREL que permiten utilizar
variables o constructos latentes multidimensionales con mayor poder
explicativo que las variables observadas. 1.4.
Modelo Europeo de Gestión de la calidad Otro
de los modelos de calidad revisado es el Modelo Europeo de Gestión de la calidad, que edita la Fundación Europea para la Gestión de
la Calidad; en él se ven recogidas unas directrices generales que se
pueden adaptar a múltiples contextos. Este tipo de modelo nace concebido
para el ámbito de la empresa y, en
el caso de España, es el Ministerio de Educación Cultura y Deporte el
encargado de adaptarlo al medio educativo o formativo. Adaptado a la
formación el Modelo Europeo de Gestión de la Calidad se resume de la
siguiente forma: la satisfacción de los usuarios del servicio
Público sanitario de
Formación, de los coordinadores y el impacto en la sociedad se consigue
mediante un liderazgo (entiéndase como la implicación de la Administración)
que impulse la planificación y la estrategia, la gestión del personal
sanitario implicado, de los recursos y sus procesos hacia la consecución
de la mejora permanente de los resultados. El sistema de evaluación por
puntuaciones responde a una consulta efectuada a un conjunto de
organizaciones europeas. A continuación repasaremos los conceptos básicos
del Modelo que como se puede comprobar están estrechamente relacionados
con los postulados teóricos del Modelo de Calidad Total. Estos conceptos
son: orientación al cliente, relaciones de asociación con proveedores,
desarrollo e involucración del personal, procesos y hechos, mejora
continua e innovación, liderazgo y coherencia con los objetivos, ética y
responsabilidad y orientación hacia resultados. 1.5.
Modelo Relacional de Calidad de De la Orden Otro de los modelos que puede
contribuir a contextualizar las distintas teorías asociadas a los modelos
de evaluación es el modelo relacional de calidad planteado por De la
Orden (1988; 1990; 1997), establece las relaciones entre los distintos
elementos de un sistema: objetivos y metas, recursos, procesos, entradas,
contexto y productos, de estas relaciones, el autor, establece tres
criterios de calidad como son la eficacia, eficiencia y funcionalidad, en
función de los cruces entre elementos. La evaluación consiste en
identificar las posibles deficiencias de este sistema así como los
productos que se derivan del mismo dentro de un proceso continuo de
retroalimentación. Cada uno de los elementos del modelo, vienen
justificados por una teoría subyacente sobre la evaluación en general y
sobre la evaluación de programas en particular. Se
trata de un modelo sistemático y a su vez completo que puede ser
“aplicado” a cualquier sistema evaluable. Permite elaborar indicadores
para evaluar tres dimensiones: eficacia, eficiencia y funcionalidad, las
cuales, en su conjunto, son
el reflejo de la Calidad. El profesor De la Orden define calidad como: “La
Calidad aparece como un continuo escalar cuyos puntos representan
combinaciones de funcionalidad, eficacia y eficiencia, mutuamente
implicados. Su grado máximo, la excelencia, supone un óptimo nivel de
coherencia entre todos los componentes principales representados en el
modelo sistémico” (De la Orden Hoz, 1997). Los indicadores se
plantean de forma diferente para cada
dimensión. La eficiencia
pone de manifiesto la relación de entradas y procesos con los productos.
De la Orden (1997) afirma: “La
coherencia entre, por un lado, inputs y procesos y, por otro lado,
productos”. La eficacia, por su parte, supone coherencia en
la relación entre entradas o inputs y productos, y por último, la
funcionalidad, supone la coherencia entre metas/objetivos generales
y productos. 1.6. Modelo de Evaluación de la
Gestión de Olaz Los modelos de evaluación de los
procesos formativos que hemos revisado hasta el momento, no suelen
establecer una metodología concreta de evaluación. Sin embargo,
encontramos el modelo de Evaluación
de la Gestión de Procesos en Recursos Humanos de Olaz (2000) que sí
propone una metodología de análisis concreta. En este modelo se aboga
por una metodología e interpretación cuantitativa de los datos obtenidos
en la evaluación. Siguiendo una metodología cuantitativa, el primer paso
sería establecer las variables representativas y cuantificables como
elemento de referencia válido. Entre ellas, encontramos la variable que
hace referencia a la formación. Esta variable trata de determinar el
grado de conocimientos imprescindibles que permitirán desarrollar las
tareas del proceso en términos de eficiencia operativa. En segundo lugar
se propone relacionar los factores que genéricamente han sido
presentados, con las variables representativas. En el caso de la formación
se establecen tres factores relacionados con las técnicas, las
habilidades directivas y aspectos formativos. Una vez identificadas las
variables y los factores asociados, se puede construir un sistema de
valoración que debe contemplar aspectos como la objetividad para
conseguir fines explicativos, interpretabilidad de los datos, causalidad
de las relaciones entre las variables y /o factores así como fiabilidad y
representatividad de los datos con los que se pretende obtener información
del proceso de evaluación. Este modelo está centrado en los procesos
internos de una organización empresarial, la contribución a nuestro
estudio radica en la utilización de una metodología cuantitativa y de
relaciones causales entre variables. 1.7. Modelo de Barbier
Ahondando en el tema de la evaluación
de la formación, esta vez desde el énfasis en los procesos, encontramos
la aportación de Barbier (1993). Este autor analiza desde una perspectiva
pedagógica los procesos de la evaluación de la formación. En aras a
facilitar su comprensión y justificar su utilización vamos a proceder a
definir brevemente cada uno de los términos utilizados. En primer lugar, cuando hablamos de evaluación
de agentes, nos estamos a refiriendo a todas evaluación que haga
referencia a adquisición de conocimientos, aptitudes, habilidades, tanto
a nivel individual como de grupos u organizaciones. Por otro lado, para
este autor la evaluación de acciones hace referencia a la evaluación de
la metodología utilizada, las actividades, los sistemas y todo aquello
que se relaciona con los procesos de formación. Por último, señalar que
para Barbier (1993), la elaboración de criterios a partir de objetivos
permite poner en relación los objetivos con la información relativa a la
consecución de los mismos. Podemos destacar la referencia explícita al
trabajo pedagógico que conlleva la formación. En este sentido seria importante añadir
qué entiende el autor por el proceso de adquisición de conocimientos,
destrezas o habilidades pedagógicas. En primer lugar empezaremos por
definir lo que entiende por perfil:
conjunto de capacidades individuales sobre las cuales se apoya la
actividad formativa. Entendemos pues que la formación debe partir de la
individualidad y adaptarse a las capacidades de cada sujeto. Este proceso
formativo debe contar con una serie de medios específicos, adecuados a
los objetivos previstos, que faciliten la relación pedagógica, entendida
como la distribución de roles en la interacción profesor-alumno.
Asimismo, el proceso formativo debe contar con tres fases diferenciadas: 1.
Determinación de objetivos: Estos deben estar definidos en función de las capacidades individuales y deben ser operativos. 2.
Construcción de mecanismos o
secuencias que conduzcan el proceso de adquisición de destrezas. 3.
En una tercera fase se procede a la evaluación del proceso pedagógico,
así como la consecución de los
objetivos fijados en la primera fase. Este tipo de evaluación es lo que
Barbier denomina evaluación
instituida. Se trata de un tipo de evaluación donde los juicios de
valor se realizan de forma explícita a través de un proceso de diseño a
priori, con objetivos bien definidos, metodología científica y evaluación
de resultados entendida como consecución de metas. 2. Modelos de evaluación de impacto
En
este epígrafe realizaremos una revisión de algunos de los modelos
utilizados en la práctica para evaluar el impacto de la formación. La evaluación de impacto es una forma
de evaluación que poco a poco ha ido ganando aceptación entre los
encargados de planificar e impartir formación continua para adultos.
Vamos a presentar seis modelos de evaluación del impacto de la formación.
Cada uno de ellos lo comentaremos teniendo en cuenta dos aspectos: en
primer lugar una descripción
detallada del modelo y seguidamente un análisis crítico en base a ventajas
e inconvenientes de cada uno de los modelos analizados. 2.1. Modelo de evaluación de cuatro
niveles de Kirkpatrick Descripción del modelo El Modelo de Evaluación de Programas
de Formación que plantea Kirkpatrick (1959, 1996, 1999), establece diez
factores a considerar a la hora de planificar y poner en marcha cualquier
acción formativa. El primero de ellos sería la detección
de necesidades. Este primer paso está consolidado en esta posición
como podemos comprobar en la literatura sobre evaluación revisada hasta
el momento. Si la acción formativa que queremos llevar a la práctica no
se adecua a las necesidades, tanto de los asistentes a la misma como de
los demás grupos implicados, no conseguiremos que la formación sea de
calidad ya que no cumpliría el criterio de funcionalidad. El segundo
factor a tener en cuenta es el establecimiento
de objetivos. En tercer lugar, la determinación
de los contenidos, resulta del establecimiento de los dos factores
anteriores. Además de determinar las materias a impartir, en este paso se
deben jerarquizar los contenidos en función de la relevancia en base a
los objetivos y las necesidades detectadas. El siguiente factor a tener en
cuenta en el diseño de una acción formativa será la selección
de los participantes. Esta selección debe hacerse en función de unos
criterios bien definidos y explícitos, es decir que los criterios sean públicos
y conocidos con anticipación por los sujetos susceptibles de participar
en la formación. Los siguientes cuatro factores están íntimamente
relacionados entre sí y forman parte del propio proceso. El primero de
ellos es la elección del plan de
trabajo a seguir, es decir determinar horarios y duración del curso.
Esto debe hacerse en función de los participantes de los formadores. En
segundo lugar, la selección de la infraestructura adecuada a los contenidos y al plan
de trabajo. El siguiente factor es la selección
y contratación del personal docente encargado de llevar a cabo la
formación. Este es un punto en el que suele aparecer problemas sobre todo
de índole económica. No siempre el docente con más calidad y que más
se ajusta al perfil tanto de los asistentes como de los contenidos a
impartir, resulta ser el más caro. Hoy muchas empresas u organismos
valoran a los docentes por la cuantía de sus honorarios, sin tener en
cuenta su adecuación o no a las características del curso. El siguiente
factor hace referencia a la selección y preparación de materiales
audiovisuales. Por último en este bloque que henos denominado de
proceso, cabe destacar el papel de la coordinación de la formación. Se dan varias situaciones en este
aspecto, puede que algún docente haga la función de coordinador o este
papel lo desempañe otra persona. Sobre el décimo factor, denominado
evaluación, se estructura el Modelo de cuatro
niveles: Reacción, Aprendizaje, Comportamientos/conductas y Resultados. En
cada una de estos niveles, el autor, propone una serie de condiciones e
indicadores que facilitan y estructuran la evaluación. En cuanto al
primero de los niveles denominado reacción, hemos de fijar nuestra atención
sobre aspectos del programa formativo relacionados con el tema, con la
persona encargada de impartir la formación y con el programa en su
conjunto. Reacción es básicamente medir la satisfacción
de cliente. Para ello se debe construir un cuestionario de satisfacción
ad hoc que contenga tanto
cuestiones valorativas como la posibilidad de que el encuestado exprese su
opinión personal así como comentarios y sugerencias. Este cuestionario
de satisfacción debe cuantificar las reacciones inmediatas de los
asistentes tras finalizar la sesión formativa. Otra de las razones para
medir la reacción es la motivación y el interés de los asistentes a los
cursos formativos. En cuanto al segundo nivel denominado aprendizaje, la
medida se centra en la adquisición de conocimientos, mejora de las
habilidades y cambio de actitudes. Este tipo de conocimientos que se
adquieren durante la formación deben ser evaluados a través de pruebas
post-formación y medir los logros obtenidos y el cumplimiento de
objetivos fijados a priori. Normalmente el aprendizaje va acompañado de
uno o más de estos indicadores. El tercer nivel se relaciona con los
comportamientos o conductas que pueden medirse durante el curso o una vez
finalice. Si el propósito de la formación es un cambio en las pautas de
comportamiento, muchos estudios han comprobado que este tipo de cambios se
producen muy lentamente y que sólo la mera adquisición de conocimientos
no resulta suficiente para que los cambios resulten estables. Por último
el nivel de resultados, en este nivel se van a medir los resultados
finales de la formación donde se incluyen como indicadores el incremento
del salario, aumento de la productividad, mayores beneficios, reducción
de costos, estabilidad en el puesto de trabajo y mejora de la calidad. Ventajas e inconvenientes El modelo presenta varios puntos
fuertes. El primero de ellos reside en su viabilidad práctica, existe un
consenso entre los formadores y evaluadores en la capacidad del modelo
para llevarlo a la práctica sin dificultad. Esta ventaja reside en la
excelente estructuración del mismo, así como de lo pormenorizado de cada
acción a seguir para evaluar un programa formativo. Otra de las ventajas
de este modelo es su carácter pionero, es decir, resulta la base de la
evaluación de impacto de la formación. Hace cuarenta años, la evaluación
de impacto apenas estaba en sus albores, el modelo de Kirkpatrick resultó
toda una revolución en este ámbito. Del mismo modo, este modelo ha recibido
varias críticas y se considera superado en muchos aspectos, de cualquier
forma nos parece acertado incluirlo en esta revisión ya que sienta las
bases de la implantación definitiva de la evaluación de programas
formativos como herramienta de cambio y mejora de la calidad. Pasamos a señalar
algunas de las críticas más comunes que se le atribuyen al Modelo de
Kirkpatrick. La primera de ellas formulada por Adams (2001), considera el
modelo defectuoso. Se trata, según el autor, de un modelo simplista que
no cuantifica el impacto real de la formación ya que la consecuencia o
resultado de la evaluación rara vez podemos observarlo como impacto.
Habitualmente, en las organizaciones, la evaluación de la formación
se estanca en el segundo nivel que propone Kirkpatrick (aprendizaje) y no
se llega al nivel 4 donde se mide el impacto propiamente dicho. Por tanto
no podemos decir que la formación ha sido efectiva. Otra de las críticas
que se le hacen a este modelo (Brinkerhoff, 1987) pone de manifiesto las
ventajas e inconvenientes de la utilización de modelos como el de
Kirkpatrick, la primera de estas limitaciones hace referencia a la
unidimensionalidad del modelo, los resultados se traducen en términos
meramente económicos, dejando de lado aspectos muy importantes que no
pueden definirse con estos términos. La segunda limitación se refiere a
que el posible feedback de la acción formativa no es inmediato o directo.
Normalmente los contenidos, habilidades y actitudes adquiridos durante la
formación no se ponen en práctica de forma inmediata y es en este
periodo de tiempo transcurrido
donde puede perderse gran parte de la información recibida. Por último,
se hace referencia a la no-adecuación de los Modelos de Análisis Económicos
como modelos de evaluación de la formación en recursos humanos. En esta
crítica estamos totalmente de acuerdo ya que es una forma simplista y
reduccionista de los elementos que pueden estar influyendo en la calidad
de esa formación. Del mismo modo no podemos medir el impacto de la
formación en términos meramente económicos, ya que dejaríamos de lado
los verdaderos elementos que influyen en le mantenimiento y puesta en práctica
de los conocimientos adquiridos durante el proceso formativo. 2.2. Modelo de evaluación del impacto
de Chang Descripción
del modelo Modelo
planteado por Chang (2000) desde un punto de vista práctico como material
de apoyo a los responsables de planificar, impartir y evaluar la formación. Describiremos
cada una de las fases del Modelo
IDEAMS de forma pormenorizada. La primera fase consiste en identificar las
necesidades de formación (I), para ello se debe decidir si la formación
puede mejorar el rendimiento laboral y como puede lograrlo. En esta fase
se tendrán que definir y determinar las metas a conseguir por medio del
proceso de formación. La segunda fase hace referencia a la elección y diseño (D)
del enfoque de formación más adecuado a los propósitos definidos en
la primera fase para, de esta forma, conseguir mejorar el rendimiento
laboral de los profesionales a quienes va dirigida la formación. En la
tercera fase se deben elaborar
(E) las herramientas necesarias para llevar a cabo la formación o
entrenamiento de los asistentes. En este punto conviene diseñar y
construir tanto el material bibliográfico como audiovisual o de apoyo. En
cuarto lugar nos encontramos con la fase de puesta en práctica de lo diseñado
anteriormente, propiamente la fase de aplicación
(A) de las técnicas de formación. Aunque se trata de un proceso
flexible y abierto, no por ello hay a dejar de lado la rigurosidad a la
hora de seguir los pasos que se fijan en el diseño. Cabe destacar que la
improvisación en este tipo de procesos de evaluación de la formación
puede llevar al fracaso y a la no-consecución de los objetivos planteados
a priori. La quinta fase que plantea Chang alude a la evaluación
y medición (M) de los resultados de la formación, aquí se
evaluará la consecución de objetivos y los logros en la mejora del
rendimiento actual. Asimismo, éste será el momento de rectificar
posibles deficiencias halladas durante el proceso. Es en la sexta fase
donde encontramos alusiones explícitas a la evaluación del impacto a
medio y largo plazo. Mediante el seguimiento
(S) y la consolidación de las adquisiciones, tanto a nivel individual
como de organización, se consigue que los efectos
positivos, fruto del proceso de formación, se mantengan en el tiempo. Ventajas e
inconvenientes Como
se ha podido comprobar en el desarrollo de las características
fundamentales del modelo, se trata de un modelo diseñado en base a un
proceso sistemático con la descripción de cada una de las fases de forma
pormenorizada con lo que posee gran aplicación práctica y resulta
esencial para evaluadores que se enfrenten por primera vez a la tarea de
valorar un programa de formación. Por otra parte se trata de un proceso
que contiene una fase de evaluación del impacto propiamente dicho y en él
se describen detalladamente las acciones a lleva a cabo para que los
efectos positivos que hemos conseguido con el programa se mantengan en el
tiempo. Uno de los posibles inconvenientes de la aplicación de este
modelo es el desarrollo detallado de cada una de las fases. Esto supone
que el evaluador debe tener un gran conocimiento sobre cada una de las
fases ya que no de dan claves para desarrollarlas. 2.3.
Modelo de Cervero para evaluar la Formación Continua de profesionales
en ejercicio Descripción del modelo El
modelo que presentamos a continuación lo desarrollan Cervero y Rottet en
1984 y posteriormente Dimmock lo completa en 1993. El propósito
fundamental del modelo es enlazar la formación continua con el desarrollo
profesional de los sujetos. El
modelo de Cervero y Rotter (1984, 1986) se constituye en base a una serie
de constructos o bloques que se consideran variables independientes. En
primer lugar, el programa de formación
continua que se diseña y planifica en función de las necesidades de los
sujetos. En segundo lugar, el propio profesional
en ejercicio con sus características diferenciales y propias. En
tercer lugar, la naturaleza del cambio
que se propone producir mediante el programa de formación y, en
cuarto lugar, el sistema social de referencia de los sujetos objeto de la evaluación.
Estos cuatro bloques actúan de variables independientes y como variable
dependiente el desarrollo
profesional del sujeto. Cada uno de esos bloques se subdivide, a su
vez, en distintos indicadores. Ventajas e inconvenientes Aunque
en la validación empírica del modelo los autores, a través de la técnica
de regresión múltiple, encontraron que las cuatro variables/bloques
independientes explican del 63% a 81% de la varianza de la variable
dependiente, se trata de un estudio muy limitado y basado sólo en las
mediciones post-test. Los autores recomiendan utilizar una muestra mayor
para poder generalizar resultados y, a su vez, recomiendan el uso de técnicas
estadísticas multivariantes para validar los datos obtenidos. De
cualquier manera, existe un consenso que apoya la validación de este
modelo y es que la evaluación del programa es una parte esencial del
propio programa. Ésta es la gran conclusión o aportación que podemos
destacar de este modelo junto con la adaptabilidad a cualquier profesión,
en lo que a evaluación del impacto de la formación continua se refiere. 2.4.
Modelo de evaluación de Grotelueschen Descripción del modelo Tienen
su base teórica en Tyler, este autor complementa la definición que Tyler
hace de evaluación incluyendo y proponiendo una serie de categorías. La
primera de las categorías hace referencia a la evaluación sumativa o de
rendición de cuentas. La segunda categoría se refiere a la evaluación
formativa como la describe Scriven (2000). Por último, la tercera categoría
hace referencia a las futuras acciones y decisiones a tomar acerca de la
planificación de programas formativos. El
autor propone (Grotelueschen, 1980) tener en cuenta tres dimensiones a la
hora de evaluar un programa formativo: propósito
de la evaluación (esta dimensión debe estar claramente especificada y
definida a priori), elementos
del programa y características o
componentes del programa. A su vez, estas dimensiones se concretan en
ocho cuestiones fundamentales a considerar tanto en la planificación como
en la evaluación de programas de formación. Estas cuestiones son: propósito
de la evaluación, audiencias implicadas, usos de la evaluación, recursos
disponibles, colección de evidencias, recogida de datos, análisis de la
evidencia y transmisión de los hallazgos encontrados tras la evaluación.
El
modelo, en líneas generales, presenta el proceso de enjuiciamiento y toma
de decisiones encaminadas a, por un lado, la rendición de cuentas; y por
otro, a la reestructuración o propuestas de mejoras sobre un determinado
programa. Ventajas e inconvenientes Este
modelo presenta una serie de inconvenientes que radican fundamentalmente
en la falta de consideración de elementos como la detección de
necesidades o el propósito/meta del programa objeto de evaluación. Estos
elementos resultan esenciales en cualquier evaluación. Por otro lado, la
gran ventaja que supone el modelo estriba en el carácter externo de la
evaluación que, por un lado, consigue un alto grado de objetividad por
parte de los evaluadores y, por otro, implica en el proceso evaluativo a
los potenciales usuarios del programa. 2.5.
Modelo de evaluación orientado a los resultados de Jackson Descripción del modelo Jackson
(1994), hace un recorrido por los diferentes modelos de evaluación de
impacto desarrollados en el ámbito de la empresa. En ese análisis llega
a la conclusión de que los encargados de diseñar e impartir la formación
a los trabajadores deben tener en cuenta los objetivos que se persiguen
para poder medir los resultados obtenidos. Las
siete etapas que identifica el autor como elementos del proceso de formación
son: 1)
Identificación de necesidades 2)
Análisis de las necesidades de formación 3)
Explicitar por escrito los objetivos del programa de formación 4)
Desarrollo del programa 5)
Llevar a cabo el programa 6)
Evaluación del programa 7)
Comunicación de resultados Estas
etapas nos conducen al análisis de resultados en términos de
coste-beneficio en base a dos caminos diferenciados, por un lado el
asesoramiento del proceso de adquisición de habilidades y por otro la
medida de los resultados en términos de número de ítems completados
para determinar los estándares de rendimiento. Ventajas e inconvenientes Los
puntos fuertes de este modelo radican, por una parte, en el énfasis que
se hace en la detección de necesidades formativas en un colectivo de
trabajadores como primer paso y, por otro, la operacionalización del
proceso y la medición del rendimiento en base a estándares
autoreferenciales. Cabe destacar, asimismo, el carácter práctico del
modelo y la especificación minuciosa de las diferentes fases de la
evaluación, desde una evaluación diagnóstica hasta la evaluación
basada en la consecución de objetivos (impacto). Por
contra, podemos encontrar asimismo algunas deficiencias en el modelo que
plantea Jackson, como por ejemplo: la no inclusión en el proceso de
evaluación de variables relacionadas con la cultura de la organización o
empresa donde desarrollan su labor los trabajadores objeto de estudio, las
habilidades de los trabajadores, o el pasado profesional de los mismos,
todas ellas, como se puede observar, constructos complejos. 2.6.
Modelo de evaluación del impacto de la formación de Robinson &
Robinson Descripción del modelo Los
postulados teóricos de este modelo están recogidos en el libro
“Formación para el impacto” (Robinson y Robinson, 1989). Este modelo
se compone de 12 fases orientadas a la evaluación de resultados y que
directamente enlazan con los cursos de formación. Se podría decir que el
modelo de Robinson & Robinson se concreta en la siguiente fórmula:
Esta
fórmula recoge las relaciones entre el programa de formación para
profesionales en ejercicio, el contexto de aprendizaje y los resultados
que se derivan de la relación anterior.
La coherencia entre los objetivos propuestos y los resultados
obtenidos darán como resultado la medida del impacto en la organización.
En el siguiente gráfico queda reflejado el modelo de evaluación de
impacto de la formación que propone el autor: La
medida de los resultados de impacto se realiza en base a una serie de
preguntas: §
¿Sabemos qué habilidades o destrezas se transfieren a través de la
formación? §
¿Sabemos cuánta gente aprende? §
¿Son las necesidades que se detectan las que se desean satisfacer a
priori? Ventajas e inconvenientes Las
características de este modelo son al mismo tiempo su punto fuerte y su
punto débil. En este sentido, se presentan como puntos fuertes del modelo
la identificación de necesidades de formación en la organización y, la
relación de colaboración entre los formadores, los profesionales y la
persona encargada de planificar la formación. Estas características se
convierten a su vez en dificultades si tenemos en cuenta que las
relaciones de colaboración entre los implicados dependen de la intensidad
de la relación con el cliente. Como conclusión a este modelo podemos
decir que su mayor ventaja radica en su capacidad para consolidar las
relaciones entre los formadores, los profesionales y el cliente. 3. Modelos de evaluación
del impacto de la formación en el ámbito sanitario
A continuación
se van a analizar modelos adaptados al ámbito sanitario que están en
consonancia con el objeto de estudio. Cabe señalar que la revisión de la
literatura en este aspecto, aunque minuciosa, sólo aporta unos pocos
modelos que están referenciados como tales, ya que en la mayoría de los
casos son experiencias concretas que responden a teorías genéricas sobre
evaluación o sobre adaptaciones al terreno sanitario. 3.1.
Modelo SM/PI (System Model of policy
indicators)
Comenzamos esta revisión teórica de los modelos utilizados para
evaluar programas de salud con el modelo que plantea el Instituto Politécnico
y la Universidad del Estado de Virginia para evaluar la política de un
sistema sanitario. El modelo SM/PI (System Model of policy indicators)
tiene sus inicios en la década de los 70, siendo en este período donde
se empieza a incorporar a las ciencias sociales en un intento de
conceptualizar un proceso cíclico de inputs-outputs-feedback.
En este modelo se barajan dos tipos de
sistemas de indicadores. Por un lado, el sistema de entradas basado,
fundamentalmente, en las demandas y que en este modelo responde a un
sistema centralizado de relación única con los sistemas locales (SWM) y,
por otro, los resultados como las decisiones y las acciones a tomar. Se
considera fundamental la retroalimentación o feedback ya que hace posible
la consecución de los resultados. En este modelo se ha utilizado el
procedimiento estadístico de regresión simple para estudiar lo que
explica cada una de las variables de entrada de las variables de
resultados, que en este caso son las acciones y decisiones. 3.2.
Modelo QSP-INC (Fornell, Universidad de Michigan) En
este modelo, a diferencia de otros, hacen uso de una metodología causal,
en un intento de avanzar en el terreno del contraste y validación de teorías,
que es esencial a la hora de establecer relaciones de causa-efecto entre
la calidad, la satisfacción de los usuarios, los resultados, y el impacto. El
modelo QSP-INC para medir la calidad percibida de un servicio hospitalario
lo ha desarrollado el Catedrático Fornell de la Universidad de Michigan (http://directory.umich.edu;
www.cfigroup.com/bios/cfornell.htm).
Este Modelo permite, en base a la metodología utilizada, elaborar modelos
más concretos en función de las variables a examinar. Pondremos como
ejemplo el modelo elaborado en Suecia (Modelo INC). En este modelo cada
componente de calidad posee una serie de atributos concretos y medibles
que van asociados a cada una de las variables: así, los atributos de la
variable calidad percibida son: general, adecuación al uso y
fiabilidad; de la variable valor percibido:
precio dada la calidad y calidad dado el precio; de la variable expectativas:
general, adecuación al uso y fiabilidad; de la variable satisfacción
del usuario: satisfacción propiamente dicha, confirmar/anular
expectativas y comparación con ideal; de la variable quejas:
en función del nivel de satisfacción; y de la variable lealtad a
la empresa: fidelidad hacia la empresa por parte del trabajador que ha
sido objeto de formación continua por parte de la
empresa. Este
modelo permite determinar la puntuación en cada uno de los atributos de
calidad y a partir de estas puntuaciones estimar el impacto que tienen
estos atributos sobre los componentes de calidad. Del mismo modo la
puntuación de los componentes de calidad, determina el impacto que estos
tienen sobre la satisfacción. Este
tipo de metodología QSP supone un avance muy importante a la hora de
resolver ecuaciones estructurales de relaciones causales en cadenas
largas, ya que otro tipo de metodologías como la regresión o el análisis
factorial no responden al objetivo de “...medir
una secuencia de percepciones que se tiene que valorar de forma simultanea
con la restricción de maximizar la relación entre el índice de
satisfacción y las variables de comportamiento objetivo” (Friberg,
1995). Desde
un punto de vista de la amplitud del ámbito de acción de la evaluación,
podemos clasificar los enfoques de medida de la satisfacción en: enfoque
macro (un sistema sanitario completo), enfoque intermedio (programa de
asistencia) y enfoque micro (servicio ambulatorio u hospitalario
concreto). La
metodología utilizada se establece en base a unas escalas de valoración
en las que se contemplan aspectos como la accesibilidad al programa o la
viabilidad del mismo. El problema asociado a este tipo de medidas radica
en la imposibilidad de comparar programas ya que al incorporar
expectativas no se distingue claramente si los efectos producidos se deben
a las propias expectativas o simplemente a un incremento en la calidad del
servicio. Para intentar subsanar este inconveniente metodológico se
elabora un modelo que incorpora multitud de variables como posibles causas
que influyen en la satisfacción, de manera que la tarea se centra en
identificar los efectos de cada una de esas variables sobre la satisfacción
y el impacto que tienen determinados programas formativos. 3.3. Modelo de Ubillos
Retomando
el tema de la problemática asociada a la evaluación de impacto de
programas formativos, Ubillos (1994) analiza dos tipos de diseños quasi-experimentales
para comparar el poder evaluativo de cada uno de ellos. Por un lado el
diseño de grupos no-equivalentes,
en el que se compara la medida post-test del grupo experimental con la
medida post-test del grupo de control, se trata del diseño quasi-experimental
más válido y el que posee mayor validez externa. Por otro lado los diseños
quasi-experimentales de línea base
no causal construida, estos diseños tienen su base en la comparación
de la medida post-test del grupo de tratamiento con un grupo apareado
disfuncional o funcional, es decir, se compara con una norma (en la mayoría
de los casos perceptibles de una población comparable).
conclusiones
La
revisión de la literatura sobre modelos de evaluación del impacto, nos
da idea de las grandes dimensiones que tienen relación con el mismo. De
esta forma, y como conclusión, pasamos a definir las grandes dimensiones
que explican el impacto de la formación: Valor
Añadido El
primer gran factor, común a muchos de los modelos analizados sería la
adquisición de conocimientos. Es decir, el producto más inmediato de un
programa de formación es, sin duda, los conocimientos adquiridos y
representa un claro indicador de la calidad del programa en sí. El
concepto de valor añadido se
acuñó, originalmente, en términos económicos: “incremento
de valor que experimenta un bien en su proceso de transformación”
(Diccionario de la Lengua Española, 2001). En nuestro caso,
trasladado al ámbito de la formación continua, hablaremos de valor añadido
como incremento en lo que conocimientos se refiere, que experimenta un
sujeto tras haber participado en un programa de formación. Satisfacción La satisfacción es una dimensión fundamental en la
explicación del impacto de la formación. Costa Font (1999) entiende por
satisfacción: “…adecuación
de sus expectativas con la percepción final del servicio sanitario
(concepto que procede de la calidad percibida del servicio)” (pp. 79-80) La
satisfacción es un índice de calidad del servicio y de correcto
funcionamiento, así como un indicador de resultados. En la definición
del profesor Costa Font, aparece el término expectativas
como un elemento fundamental a la hora de poder evaluar el grado de
satisfacción del cliente. Podemos clasificar las expectativas en relación
a su tipología, estas pueden ser: ideales o deseos, predecibles o basadas
en la experiencia, normativas e inexistencia de expectativas. Está
demostrado que la satisfacción está relacionada con multitud de
variables entre ellas la calidad del servicio, la cantidad de información
recibida y variables sociodemográficas (Hall y Dornan, 1988). mejora
del status profesional La
presente dimensión teórica que se plantea como efecto del programa
formativo, forma parte de la mayoría de estudios sobre la rentabilidad e
impacto de la formación. Si
nos hacemos eco de lo reflejado en el cuarto nivel del modelo de
Kirkpatrick la adquisición de capacidades, habilidades y conocimientos
sobre un tema determinado, deberían repercutir sobre la empleabilidad de
un sujeto. De
esta forma quedan definidas las dimensiones que, extraídas de la revisión
teórica de modelos de evaluación del impacto de programas de formación,
configuran el impacto que tiene la formación en el desarrollo profesional
de los sujetos que asisten a un programa de formación. BIBLIOGRAFÍA
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ARTICLE RECORD / FICHA DEL ARTÍCULO
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Reference / Referencia |
Biencinto, Chantal y Carballo, Rafael (2004). Revisión de modelos de evaluación del impacto de la formación en el ámbito sanitario: de lo general a lo específico. Revista ELectrónica de Investigación y EValuación Educativa, v. 10, n. 2. http://www.uv.es/RELIEVE/v10n2/RELIEVEv10n2_5.htm. Consultado en (poner fecha). |
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Title / Título |
Revisión de modelos de evaluación del impacto de la formación en el ámbito sanitario: de lo general a lo específico [Review of evaluation models on the impact of training in the health field: from general to specific ] |
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Authors / Autores |
Chantal Biencinto y Rafael Carballo |
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Review / Revista |
Revista ELectrónica de Investigación y EValuación Educativa (RELIEVE), v. 10, n. 2 |
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ISSN |
1134-4032 |
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Publication date / Fecha de publicación |
2004 (Reception Date: 2003 March 31; Approval Date: 2004 Dec 1; Publication Date: 2004 Dec 2) |
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Abstract / Resumen |
The objective of the present article is to review the evaluation models on the impact of training in the health field. This review will begin with the most general models of evaluation and continue with the models used in the evaluation of the impact of training in the health field. El presente artículo tiene como objetivo hacer una revisión de los modelos de evaluación del impacto de la formación en ámbito sanitario. Esta revisión comenzará por los modelos más generales de evaluación para, a continuación, continuar con los modelos más utilizados en la evaluación del impacto de la formación en el ámbito sanitario. |
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Keywords Descriptores |
Evaluation, impact, models, training Evaluación, impacto, modelos, formación |
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Institution / Institución |
Universidad Complutense de Madrid (España) |
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Publication site / Dirección |
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Language / Idioma |
Español (Title, abstract and keywords in english ) |
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