Este documento se encontraba antiguamente en la dirección http://www2.uca.es/RELIEVE/V3N1_3.HTM. Por favor, a partir de ahora utilice la siguiente referencia: "Fernández Díaz, M.J.. y González Galán, A. (1997). Desarrollo y situación actual de los estudios de eficacia escolar. RELIEVE, vol. 3, n. 1. Consultado en http://www.uv.es/RELIEVE/v3n1/RELIEVEv3n1_3.htm en (poner fecha)."
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La eficacia escolar viene siendo uno de los objetivos de
estudio desde hace algunas décadas y actualmente continúa acaparando el interés
de investigadores y prácticos de la educación. En este trabajo pretendemos
analizar el desarrollo experimentado por los estudios de eficacia tanto en el ámbito
de la investigación como en la implantación de los procesos de mejora de los
centros y su evaluación. Nos centramos en los siguientes aspectos: 1) La
importancia de la teoría en la investigación sobre eficacia, tras unos
primeros años carentes de la misma; 2) La nueva aproximación al concepto de
eficacia, entendida como "valor añadido"; 3) El desarrollo
experimentado en la medida de las variables implicadas en los estudios; 4) Los
nuevos planteamientos metodológicos, referidos concretamente al análisis de
datos; y 5) La implantación de procesos de mejora de centros y su
correspondiente evaluación.
The scholar effectiveness is one of the study objectives
in the past few decades. Actually, it continues capturing the interest of
the researchers and practices of the education. In this work it is pretend
to analyse the development suffered by the effectiveness studies in the
research field as in the implementation of the improvement processes of the
school and its evaluation. The paper is focused on the next issues: 1)
Theory importance in the effectiveness research, after some years without it;
2) The new approach to the effectiveness. The "value added"
concept; 3) The development of the variables measurement; 4) The new
methodological perspectives, specially in data analysis; and 5) the
implementation of the improvement processes and their evaluation.
Es evidente que hay muchas razones que justifican el que los estudios de
eficacia sigan siendo uno de los objetivos prioritarios de investigadores,
educadores y políticos, entre otros. Intentaremos subrayar alguna de ellas.
Para algunos, la motivación inicial que llevó a muchos investigadores a
replicar a Coleman y Jencks et al. en la búsqueda de evidencias
respecto de la importancia de la escuela en los logros de los alumnos, sigue
siendo una razón fundamental de su trabajo. Tratan de buscar nuevos diseños,
nuevos procedimientos de control, nuevas metodologías, medidas más fiables
y válidas y, en suma, superar las dificultades metodológicas para avanzar
y encontrar consistencia en los resultados y, en consecuencia, dar
respuestas más claras y evidentes de la importancia de los factores
escolares. La comunidad educativa parece necesitar razones evidentes de la
importancia de su acción y los resultados apuntan efectivamente en esta línea.
La profundización en los estudios, el convencimiento de las limitaciones y
deficiencias de muchos de ellos van permitiendo avanzar en muy diversas líneas
y campos con la esperanza de encontrar nuevos sistemas y modelos que
permitan descubrir el complejo entramado de esa "caja negra" que
es el centro escolar, fundamentalmente en su consideración dinámica. En
este sentido, se han dado pasos importantes y, si bien las variables que
inicialmente fueron objeto de estudio siguen mostrando su relevancia y
relación con rendimiento académico, parecen mostrarse con más evidencia.
Encontramos ya estudios que ponen de manifiesto la importancia y las
diferencias entre centros educativos en eficacia, en relación con el
rendimiento predicho a partir de las variables de tipo personal o social.
Por otra parte, la investigación sobre eficacia constituye actualmente un
criterio especialmente relevante para justificar la inclusión de indicadores
de evaluación de centros, ya que, si bien desde planteamientos teóricos
podemos identificar y justificar un gran número de ellos, a la hora de
seleccionar aquellos más relevantes existen otro tipo de criterios más
objetivos que pueden impedir el que la evaluación sea una labor ardua y
prolija cuya eficacia será dudosa al poseer tanta información,
probablemente irrelevante, para una toma de decisiones operativa, cumpliendo
con la función propiamente evaluativa. No es extraño encontrar en la
literatura sobre el tema y en algunos modelos o planes, extensos listados de
indicadores o variables a incluir en la evaluación de un centro, donde, si
bien todos ellos constituyen componentes del centro, no sería adecuado
incluirlos en una evaluación de centros de las características que
apuntamos. En este sentido, la calidad de la evaluación no está
precisamente en recoger la mayor cantidad posible de información relativa
al centro, sino en seleccionar aquellas variables que, desde planteamientos
teóricos y fundamentados en un modelo, se puedan justificar como
especialmente relevantes por la magnitud de su importancia, por su valor
mediador, por su capacidad para ejercer cambios si fuera necesario, por su
importancia puesta de manifiesto en investigaciones empíricas y, en síntesis,
por su contribución a una evaluación dinámica, operativa, de resultados y
feedback inmediatos, y eficaz en la toma de decisiones y en su repercusión
en el centro. Así pues, la determinación de indicadores debe partir de
modelos conceptuales dirigidos hacia sistemas de valores más comprehensivos
que tengan en cuenta variables de contexto, entrada, procesos y productos, y
la evidencia empírica existente en relación al logro de los distintos
productos.
No cabe duda de que, en la actualidad, la calidad, preocupación de
educadores, administrativos, políticos, etc. se relaciona en cualquier caso
con eficacia. Desde aquellos que asocian calidad con eficacia a aquellos
otros que lo consideran un componente de la misma, la eficacia se ha
vinculado estrechamente a ella. En un momento en que la mayoría de los países
plantean reformas, sistemas de evaluación nacional, internacional, de
centros, profesores, etc., para lograr una educación de calidad, los
estudios de eficacia son un referente importante. Es otra razón que
justifica la proliferación de este tipo de estudios. Desde una aproximación
más concreta los programas de mejora de los centros van dirigidos a
plantear reformas específicas que afectan a la organización general del
centro, orientadas al desarrollo de aquellas variables o elementos del
centro que han mostrado sistemáticamente su relación con eficacia
(liderazgo, expectativas del profesor, implicación de los padres en las
tareas educativas, etc.). Los resultados de algunas de estas investigaciones
constituyeron verdaderas guías para la elaboración de los programas de
mejora. No obstante, es necesario dejar constancia de la escasa repercusión
que todavía en la actualidad ha tenido el movimiento de escuelas eficaces
en la reforma o mejora de los centros, aunque se pueden encontrar algunos
programas en ciertos países, tal como analizaremos posteriormente.
En la exposición precedente encontramos elementos en los que confluye la
investigación sobre eficacia y la evaluación de centros. No obstante,
quisiéramos destacar la importancia de la evaluación como medio para
mejorar los centros, incrementar su eficacia y, en último término, lograr
una educación de calidad. Podríamos afirmar que la eficacia y
especialmente la calidad son las razones fundamentales que justifican los
procesos de evaluación. En este marco, nos proponemos presentar en este
trabajo los progresos más importantes que han experimentado los estudios de
eficacia en su desarrollo, tanto en el ámbito de la investigación como de
la puesta en marcha de procesos de reforma educativa. Así, nos centraremos
en la nueva aproximación al concepto de eficacia como "valor añadido";
la importancia de los modelos teóricos como fundamento y base de la
investigación, tras una primera fase ausente de la misma; el desarrollo en
la medición de las variables implicadas y en los planteamientos metodológicos,
especialmente en las técnicas de análisis y, por último, la implantación
de los procesos de mejora de los centros, basados en la investigación sobre
eficacia, y la evaluación de los mismos.
La cuestión que ahora se plantea es cómo comparar la eficacia entre
distintas escuelas a nivel individual, de distrito, región, etc. Parece
obvio que no podemos admitir el comparar directamente las puntuaciones en un
test de rendimiento entre escuelas cuyos alumnos proceden de estatus
socio-económicos y culturales diferentes. Webster et al. (1994) denuncian
las comparaciones públicas realizadas en Estados Unidos entre escuelas y
distritos escolares sobre la base de medidas de producto desajustadas.
Esta técnica favorece a las escuelas con estudiantes aventajados y
perjudica a aquéllas con poblaciones demográficas situadas por debajo de
la media. Una solución a este problema sería comparar únicamente escuelas
con características similares, pero esto produciría serias limitaciones en
cuanto a la capacidad de agrupamiento de las escuelas para análisis
posteriores.
Una técnica más apropiada para comparar escuelas, especialmente
utilizada cuando se trata de la rendición de cuentas (accountability),
conocida como "valor añadido", consiste en el uso de una o varias
técnicas estadísticas para ajustar los resultados sobre la base de las
características de entrada más relevantes de los alumnos. El valor añadido
sería la medida del incremento del rendimiento de un estudiante, producida
por el efecto de la escuela, una vez eliminada la influencia de las características
de entrada (background) del mismo. Por tanto, las escuelas más eficaces serían
las que consiguieran que más estudiantes superaran lo más posible la
puntuación predicha de los alumnos a partir de sus características de
entrada. En este sentido, podría darse el caso de una escuela que parece
conseguir excelentes resultados y cuenta inicialmente con alumnos muy
brillantes y motivados, pero que, en realidad, una vez eliminados los
efectos de esas variables de entrada, no aporta nada o casi nada al progreso
de los alumnos (ya de por sí brillantes), y viceversa.
De este modo, como se indica en un trabajo de la OCDE (1995), muchos países
han manifestado su interés en las medidas del "valor añadido"
para evaluar hasta qué punto la actuación de la escuela mejora a lo largo
del tiempo y de qué modo esta mejora contribuye al progreso académico de
los alumnos.
Esta técnica, no obstante, tiene unas exigencias que, en muchos casos,
son difíciles de cumplir. Para poder controlar las características de
entrada de los alumnos, necesitamos obtener medidas fiables de las mismas,
cuando ingresan los alumnos en el centro y cuando lo abandonan. El mismo
problema afecta a la medición del rendimiento como indicador del producto.
A nivel internacional, son excepcionales los países que recogen estos datos
de forma sistemática. Podríamos destacar a Francia dentro de nuestro
entorno más próximo. Otro problema que impide el cálculo del valor añadido
se produce en regiones o distritos con gran movilidad estudiantil, como
sucede en los grandes distritos urbanos de los Estados Unidos, con una
movilidad escolar de hasta el 50% anual. Desde organismos públicos, otras
dificultades relacionadas con el uso de esta técnica para comparar escuelas
son:
¿Cómo conseguir, entonces, aislar el "efecto de la escuela"
eliminando el efecto del resto de variables intervinientes? Se han aplicado
distintos modelos estadísticos para resolver este problema: análisis de
regresión múltiple, correlación canónica, análisis de series
temporales, modelos lineales jerárquicos y análisis causal, entre los más
importantes. El primero de ellos, la regresión múltiple, es uno de los más
sencillos de aplicar e interpretar, destacando su robustez y la posibilidad
de combinar variables continuas y categóricas. La correlación canónica
establece relaciones entre variables dependientes e independientes, pero no
permite diferenciar los pesos de las variables por niveles de importancia.
El análisis de series temporales exige, al menos, tres años de datos
longitudinales. Los modelos lineales jerárquicos y el análisis causal son
más indicados cuando se busca la explicación de los efectos de la escuela,
aunque son más problemáticos respecto a los grados de libertad.
Webster et al. (1994) realizaron un estudio en el distrito escolar de
Dallas (Texas, Estados Unidos) para estimar el "valor añadido",
utilizando modelos de regresión múltiple. En el estudio se controlaron
importantes variables de background como raza, sexo, nivel de inglés
y situación respecto del almuerzo en el centro (gratis o reducido), cuyos
residuos de regresión fueron utilizados como predictores . Los resultados
del estudio son significativos. Los investigadores compararon el ranking
en el que el Estado de Texas había situado a las escuelas por medio del
TAAS (Texas Assessment of Academic Skills) con el ranking en
el que quedaron las escuelas después de calcular el "valor añadido"
de las mismas. En los grados 3 a 6 las divergencias eran muy notorias. Baste
como ejemplo que la escuela que ocupaba el primer lugar en "valor añadido",
ocupaba el puesto 20 en el TAAS, y el segundo ocupaba el puesto 94. En los
grados 7 a 12 las divergencias disminuyen, debido probablemente, como
afirman los autores, a que la escuela media no difiere tanto demográficamente
como la elemental.
Pese al avance que se está produciendo en estos estudios, es muy limitada
la utilización de modelos causales que, de una forma integradora, hagan
referencia a la eficacia de la escuela. El desarrollo de la teoría y la práctica
sobre escuelas eficaces debe dirigirse en esta dirección para conseguir
partir de hipótesis validadas. En tal sentido, Scheerens (1996) concluye
que sobre la base del conocimiento de eficacia de la escuela, no existe un
modelo causal especificado de resultados educativos como "valor añadido"...
no hay suficiente evidencia para afirmaciones tales como que un 10% del
incremento del tiempo sobre la tarea llevará a un 2% de incremento en la
media ajustada del rendimiento.
Una de las críticas más serias que ha recibido la investigación sobre
escuelas eficaces se refiere al desarrollo ateorético en el que se ha
mantenido durante años. Precisamente, la carencia de teorías y modelos
suficientemente desarrollados y validados sobre centros eficaces supone una
de las limitaciones más fuertes en la generabilidad de estas
investigaciones. Scheerens y Creemers (1989) argumentan que gran parte de
los problemas metodológicos y técnicos de la investigación se deben a la
poca existencia de teoría que explique "por qué ciertas cosas
funcionan en educación". Esta pregunta se repite a lo largo de las
diversas revisiones bibliográficas sobre el tema, evidenciando la reducción
que se ha hecho de la teoría al limitarla a resúmenes relativamente
simples de relaciones empíricas. Webster et. al. (1994), en una crítica al
discurso utilizado por el movimiento de escuelas de eficaces, indican que si
se pretende avanzar en la investigación, antes que identificar nuevas técnicas
para evaluar la eficacia de las escuelas, hay que resolver dos problemas muy
complejos: mejorar la definición de eficacia y mejorar los modelos de
evaluación, en clara referencia a la falta de acuerdo a la hora de
definir operativamente la eficacia y a la debilidad técnica de los modelos
utilizados.
Entre los avances más importantes que se están produciendo en el
contexto de las escuelas eficaces en los últimos años, se encuentra la
atención prestada a esta carencia teorética. Para superar tal déficit
resulta ineludible mejorar los estudios empíricos que identifican variables
relacionadas con el rendimiento (estudio de simples correlaciones) para
pasar a modelos causales, entre otros, que permitan, además del contraste
empírico, el desarrollo de la teoría. Esta preocupación ha dirigido la
investigación en busca de modelos explicativos de la eficacia de los
centros, especialmente desde finales de la década de los 70, cuando
aparecen los primeros modelos teóricos (Brookover et. al., 1979);
estos primeros modelos muestran una visión bastante parcializada de la
eficacia, tratando de explicar relaciones entre algunos constructos como el
liderazgo educativo, la estructura social del centro, el clima
institucional, etc. y el rendimiento académico. En la década de los 80
continúa el desarrollo de modelos teóricos (Centra y Potter, 1980; Glasman
y Biniaminov, 1981; Anderson, 1982; Bossert et al., 1982; Murphy, 1985;
Fuentes, 1986), perfeccionándose y ampliándose poco a poco, hasta
desembocar al final de esa década y en lo que llevamos de los 90 en los
denominados modelos "integrados" de eficacia (Scheerens, 1989 y
1992; Strinfield y Slavin, 1992; Creemers, 1994). En ellos se trata de poner
en relación todas las variables explicativas de la eficacia, hipotetizando
sus relaciones causales. Scheerens, uno de los investigadores más
preocupados por la formulación de modelos, indicaba que los modelos y teorías
no ofrecen simplemente un listado de indicadores o variables que
correlacionan positivamente con el producto educativo, sino que además son
más explícitos en la explicación de la naturaleza de las relaciones entre
las condiciones antecedentes y el rendimiento.
La variedad de modelos e indicadores elaborados para estudiar la eficacia
muestra las diferentes percepciones y propósitos de sus creadores:
Distintas unidades de análisis (micro, meso y macro-nivel), distinto
alcance de los modelos (escuela primaria, secundaria o superior), diferentes
indicadores para medir las mismas cosas, diferentes aproximaciones (input-output,
proceso, organizativa, evaluativa, experiencial...), etc. Pese a las
diferencias, en una revisión de la literatura, los modelos conceptuales
coinciden en un conjunto de indicadores agrupados en cuatro grandes
factores: Contexto, Input, Proceso y Producto, aunque varían en su centro
de atención y en su amplitud.
Los modelos "integradores" de eficacia educativa citados anteriormente, que explicitan la dirección causa-efecto de las variables, partiendo de la evidencia empírica y proponiendo nuevas hipótesis explicativas de la eficacia, son los que actualmente aportan unos resultados más prometedores. Algún ejemplo de estos modelos lo presenta Scheerens (ver Figura 1) dentro del marco de los estudios internacionales de la OCDE (1992):
El modelo propuesto por Scheerens se denomina integrado porque intenta relacionar los resultados de la investigación procedentes de las diferentes disciplinas. En este modelo, la escuela no se percibe como una unidad cerrada, sino como un sistema en interacción, abierta con el ambiente.
Este tipo de modelos integrados suponen un avance importante no sólo en
la definición teórica de los modelos, sino también en la mejora técnica
para el análisis de datos. Así, los análisis actuales de eficacia se
enmarcan en modelos multi-nivel (multi-level) que delimitan las
relaciones en varios niveles diferenciados, como se muestra en la figura 2.
Figura 2: Modelo multinivel.
Si bien este esquema integrado va ganando consistencia, las variables
utilizadas para medir cada uno de los factores no siempre coinciden, y menos
aún sus definiciones operativas, aunque hay algunas que por su repetida y
evidente relación con el rendimiento aparecen en casi todos los estudios.
En nuestro país, se han presentado también varios intentos de modelos
integrados (Fuentes, 1986; De la Orden, 1993; De Miguel 1994). Así, De
Miguel presenta un interesante trabajo adaptado al modelo anteriormente
citado. De forma esquemática, el marco teórico que agrupa los factores
objeto de evaluación en el centro educativo se resume así:
|
|
(OUTPUT)
|
(INPUT)
|
Un modelo integrado, para considerarse como tal, debe tener una estructura multinivel, seguir el principio general según el cual las características de más alto nivel son consideradas como facilitadoras de las de más bajo nivel y basarse en hallazgos substantivos de la investigación.
Algunas críticas surgidas frente al movimiento de escuelas eficaces (que
nació fundamentalmente para dar respuesta a las desigualdades educativas de
los grupos marginados de los Estados Unidos) emergen de lagunas relacionadas
con la medida de variables:
En primer lugar, hay que mencionar el sentido restringido con el que se ha definido el "producto educativo". Normalmente sólo se ha tenido en cuenta el rendimiento de los alumnos obtenido a través de tests referidos a la norma. No se encuentra en la literatura referencia práctica a otros productos como satisfacción de padres y estudiantes, cumplimiento de objetivos, adquisición de valores, etc.
Segundo, la investigación estuvo limitada en sus comienzos a poblaciones urbanas con grandes cantidades de población joven desaventajada, lo que significa un problema realmente importante para la generalizabilidad de los resultados.
Tercero, la mayoría de las investigaciones que intentan asociar los
efectos de la escuela con el rendimiento de los estudiantes se han limitado
a estudios correlacionales, pero no han establecido causalidad.
La cuestión de la medida de variables implicadas en la eficacia de
centros está muy relacionada con el desarrollo de los modelos teóricos de
partida. Así, en un primer momento, la investigación relacionó medidas input
con el rendimiento de los estudiantes. En esta fase se comprobó que las
variables de background (cociente intelectual, nivel socio-económico,
raza, etc.) o variables de entrada de los sujetos explicaban un alto
porcentaje de la varianza del rendimiento académico (output), lo que
llevó a las primeras conclusiones pesimistas sobre el papel del profesor y
la escuela respecto al desarrollo intelectual de los alumnos. Sin embargo,
este enfoque fue superado cuando desde el movimiento de escuelas eficaces
se quisieron contrastar aquellos resultados, partiendo de hipótesis más
positivas respecto del profesor y la escuela. De esta forma, las variables input,
más que para probar de nuevo su relación con el rendimiento, se utilizaron
como variables predictoras del mismo, de modo que se pudiera medir el efecto
de la escuela a partir del rendimiento esperado de las variables de background.
Así, cuando las medias en rendimiento de los alumnos superaban ampliamente
las medias predichas, se hablaba de escuelas eficaces, y cuando estaban por
debajo, de escuelas ineficaces. Fueron los comienzos de la concepción de
eficacia como "valor añadido".
En la década de los 80 la investigación dio un giro importante, al
desviar su atención de las variables de entrada para fijarla en las
variables de proceso. Este paso suponía centrar el énfasis del
estudio en las variables maleables del proceso educativo, frente a las
características inmodificables de los estudiantes, como el estatus
socio-económico. El énfasis en las variables de proceso situaba al
profesor en una posición completamente distinta: ahora era el responsable
de una instrucción de calidad que posibilitara mejorar el rendimiento de
los estudiantes. La investigación obtuvo importantes variables que
correlacionaban con el rendimiento y explicaban parte de su varianza.
Sobradamente conocidas son la enseñanza estructurada, presión sobre el
rendimiento, oportunidad para aprender, altas expectativas, control
frecuente del progreso, etc., muchas de ellas propias del mastery
learning o aprendizaje para el dominio.También se han estudiado como
variables de proceso las propias de nivel de centro, pensadas como
facilitadoras de los procesos a nivel de aula. En esta línea se incluyeron
variables como liderazgo educativo, orientación hacia el rendimiento, clima
de centro, etc. con distinta confirmación empírica. Pero, como dice
Scheerens (1996), a pesar de la plausibilidad a nivel superficial, todavía
no hay evidencia empírica para la hipótesis de que condiciones de más
alto nivel facilitan condiciones de más bajo nivel al producir resultados
superiores. Es decir, si se desea mejorar el rendimiento de los alumnos por
medio de variables de proceso a nivel de aula, supuestamente estas variables
de proceso se verán reforzadas si a nivel de centro o escuela se pone un énfasis
explícito en la consecución de dichas variables. Por ejemplo, si el clima
seguro y ordenado en el aula es una característica de proceso que mejora el
rendimiento, se espera que es más fácil conseguir este clima si desde
estructuras superiores (jefe de etapa, equipo directivo, inspectores...) se
manifiesta su consecución como un objetivo explícito para todos.
En cuanto a la medida de producto se refiere, la eficacia se ha
relacionado siempre con el rendimiento académico, medido a través de tests
estandarizados o tests referidos a la norma en las áreas básicas de
aprendizaje: lectura, lengua y matemáticas. Entender la eficacia
institucional sólo en función del rendimiento académico se nos antoja, a
todas luces, una visión restrictiva del producto educativo. La escasa
atención prestada a las medidas de producto en los estudios cuantitativos
de eficacia tiene mayores consecuencias que las que en un principio se
pueden predecir en relación con el impacto que tiene sobre el estudiante,
la clase y la escuela. Los tests utilizados para medir el producto
mencionados anteriormente evalúan, en su mayoría, habilidades académicas
generales y rasgos cognitivos más que productos específicos de aprendizaje
propios de la instrucción en clase (Hill y Rowe, 1996), por lo que no son
sensibles a lo que ha sido enseñado en ese momento en el aula y, en
consecuencia, el efecto de la clase y la escuela sobre el aprendizaje tiende
a minimizarse. Por el contrario, este tipo de pruebas suele correlacionar
con el rendimiento previo y con las variables de entrada del estudiante.
Las críticas a este respecto no se hicieron esperar, aunque los meta-análisis más importantes constatan que el rendimiento de los alumnos sigue siendo casi la única variable tenida en cuenta como producto (Fraser et al., 1987; Wang, Haertel y Walberg, 1993). Como respuesta a las críticas suscitadas por su medida, existe un creciente interés en desarrollar modos más "auténticos" de evaluación de tareas que no dependan de los formatos clásicos de tests y exámenes tradicionales.
Se hace necesario, por tanto, avanzar en una concepción más amplia de
producto que se traduzca igualmente en medidas más diversificadas del
mismo. Webster et al. (1994) indican esta necesidad de ampliar los
indicadores de producto, citando como otros posibles los siguientes: ratios
de asistencia de alumnos y profesores, ratios de abandono y finalización de
la enseñanza, actuación de los estudiantes en el nivel escolar posterior,
satisfacción de padres y estudiantes, porcentaje de alumnos que completan
cursos avanzados y objetivos individuales de la escuela. También podríamos
tener en cuenta algunos indicadores no citados por estos autores como grado
de consecución de valores propuestos por el centro y satisfacción de
profesores, entre otros.
En definitiva, debemos tener en cuenta que la elección de los indicadores que medirán el producto va a determinar significativamente las conclusiones que se puedan hacer sobre la eficacia o ineficacia de una escuela. Las diferentes medidas de productos de aprendizaje no son igualmente sensibles a los diversos factores que afectan al estudiante, a la clase y a la escuela. En la investigación sobre eficacia no se puede asumir que la eficacia puede ser descrita adecuadamente por cualquier clase de medida.
El uso de técnicas de regresión ha sido común desde los inicios
de la investigación sobre eficacia, aunque con el tiempo ha experimentado
algunos cambios en su aplicación. Del uso de técnicas de regresión simple
o múltiple a partir de distintos predictores, se introduce la aplicación
al cálculo de los residuales de regresión, tomando como base características
individuales de los sujetos o medias de las escuelas ponderadas y no
ponderadas. El uso de las puntuaciones residuales se realiza como medida de
la eficacia de la escuela a través de la diferencia entre la puntuación
predicha a partir de las características individuales del sujeto (nivel
socioeconómico, nivel cultural de los padres, rendimiento previo, etc) y la
puntuación obtenida realmente por el mismo. Tiene la ventaja de que evita
los sesgos que se producen en la estimación de los efectos de los
tratamientos cuando los grupos no son equivalentes, aunque es evidente que
no se realiza un ajuste total para todas las diferencias entre las escuelas.
Para Castejón (1994) la técnica de residuales sigue siendo en la
actualidad el procedimiento más adecuado para la identificación de
escuelas eficaces, estableciendo cuatro formas de llevar a cabo los análisis
de datos y de regresión: por una parte un análisis a nivel de escuela
(modelo entre escuelas) o a nivel de individuos (modelo dentro de la
escuela); por otra, el análisis puede ser "ponderado" o "no
ponderado" según el número de sujetos pertenecientes a cada escuela.
En el análisis empírico que realiza para comparar cada uno de los cuatro
índices de eficacia y examinar la consistencia entre dichos índices,
concluye poniendo de manifiesto la existencia de centros cuyo rendimiento
supera el predicho y, por tanto, muestran un efecto significativo, aunque
moderado, de la escuela, coincidiendo con los resultados obtenidos por otros
autores, y, por otra parte, el alto nivel de consistencia y concordancia
entre los índices resultantes.
Una de las técnicas de análisis considerada en la actualidad por
investigadores educativos y sociales como la más adecuada para el estudio
de la temática que nos ocupa, es el análisis de datos multinivel o
modelos lineales jerárquicos. Se deriva del análisis de regresión
y representa un nivel superior de desarrollo de esta técnica. La mayoría
de los estudios recientemente publicados la han utilizado. Sin duda permite
una mayor correspondencia entre la complejidad de los modelos y la
investigación empírica. Su fundamentación teórica se apoya en el carácter
jerárquico o multinivel de los datos relativos a productos educativos o de
eficacia escolar : los datos a nivel de individuos (estudiantes) están
anidados dentro de clases y éstas, a su vez, dentro de escuelas o centros.
Como ya apuntaba Burstein (1980) la clave para el progreso metodológico de
estudios de eficacia escolar y de clase sobre los productos de aprendizaje
depende del desarrollo de modelos y métodos para el análisis de datos
multinivel. Se sustituye la aproximación tradicional del uso de medidas
agregadas a nivel de profesor y de centro, como variables explicativas en
modelos de regresión de un sólo nivel para estimar los efectos de las
medidas promedio sobre los productos de aprendizaje del estudiante. Estos análisis
presentan problemas de validez de conclusión estadística tales como :
sesgos de agregación, hetrogeneidad no detectada de regresión entre
subunidades, estimaciones sesgadas de parámetros y de sus errores típicos
y problemas relacionados con el cumplimiento de supuestos de independencia
exigidos por modelos de un nivel.
Los resultados obtenidos de un análisis de datos multinivel nos permiten,
entre otros objetivos, probar si hay variación significativa entre
escuelas, derivar una medida escolar para evaluar hasta que punto dicho
centro difiere del grupo de centros, considerado como un conjunto, y
cuantificar la magnitud de la relación entre varios inputs y el output.
Para resolver los problemas analíticos que conlleva esta técnica se han
desarrollado distintos paquetes de programas que permiten analizar datos
multinivel: GENMOD ( Hermalin y Anderson, 1989); HLM-3L (Bryk, Raudenbush y
Congdon, 1992; VARCL (Longford, 1986, 1987) y MLn (Rasbash, Goldstein y
Woodhouse, 1995). Este último permite analizar cualquier número de niveles
anidados. En general, estos métodos suelen utilizar como procedimiento para
la estimación de parámetros el algoritmo bayesiano en vez de
procedimientos ordinarios de mínimos cuadrados, en un modelo lineal de
regresión jerárquica.
No existen muchas investigaciones que hayan utilizado esta técnica, dada su corta trayectoria. La mayoría de las investigaciones han utilizado modelos de dos niveles donde la estructura analítica de los datos ha sido : estudiantes (nivel 1) anidados dentro de escuelas (nivel 2), aunque existe alguna de tres niveles, cuyos resultados ponen de manifiesto que el aprendizaje del estudiante depende sobre todo de la clase en la que está integrado. Así, en una revisión realizada por Reynolds y Packer (1992), concluyen que contrariamente a lo que se venía creyendo acerca de que la influencia de la escuela no procedía del profesor o la clase, la mayoría de los estudios que han utilizado modelos multinivel muestran cómo la mayor parte de la variación entre escuelas se debe a la variación entre clases y cómo la influencia de la escuela se reduce a un bajo nivel. A pesar de esta afirmación, las investigaciones son escasas y, en algunos casos, contradictorias, posibilitando interpretaciones diversas. Limitaciones o deficiencias en el muestreo pueden ser causas subyacentes a los resultados. Es evidente la necesidad de incrementar el número de investigaciones bien diseñadas que permitan extraer conclusiones más claras y donde la magnitud del efecto permita afirmaciones más concluyentes acerca de los efectos de estudiantes, clases y escuelas sobre el aprendizaje. En esta línea se manifiestan Hill y Rowe (1996) quienes apuntan posibles causas por las que distintos estudios pueden generar distintos resultados, e identifica puntos claves en el diseño de estudios para investigar la importancia relativa de los efectos de las clases y las escuelas. Entre ellos señala cuestiones tales como tamaño de la muestra ( se precisan muestras grandes que permitan la estimación simultánea de los efectos de la escuela, clase/profesor y del alumno), medidas del producto ( problemas de medida de productos con tests estandarizados) y naturaleza de las variables sobre las que se realizan los ajustes estadísticos (características psico-sociales o rendimiento previo o ambas conjuntamente), que pueden conllevar a significar diferentes cosas en términos de eficacia educativa.
Como ya subrayamos anteriormente, en la investigación sobre eficacia
escolar se ha suscitado desde hace bastantes años un gran interés por el
desarrollo de modelos teóricos que permita buscar explicaciones coherentes
de los distintos productos educativos, a fin de identificar las causas de la
eficacia escolar. Distintos autores han planteado modelos teóricos de carácter
bien diverso para superar los estudios anteriores en que se consideraban
varias variables predictoras de productos, todas ellas en el mismo nivel.
Aunque han surgido numerosos modelos, pocos han sido objeto de estudio empírico.
La complejidad de los mismos ha hecho que dispongamos de pocos resultados a
pesar de que técnicamente sea posible realizar el análisis de los datos.
El hecho de que muchos de los estudios tuvieran carácter correlacional y la
falta de investigación experimental han impedido la interpretación de
relaciones causales entre las variables relacionadas, de donde se deberían
derivar los procesos de reforma de los centros. Aunque se asume teóricamente
que las características escolares son las causas y los niveles de
rendimiento los resultados o productos, en algunos casos podría ser verdad
precisamente lo contrario. En este intento, las técnicas de análisis
causal, pueden permitir una aproximación idónea para este objetivo. No
obstante, es obvia la necesidad previa de elaboración del modelo teórico
que permita discernir, desde la teoría, las variables que son causa y las
que son efecto, pero tal como afirma Creemers y Reynolds (1989) los modelos
comprehensivos de eficacia escolar no han alcanzado un nivel de sofisticación
suficiente para establecer con claridad el orden de influencia de las
variables, en el sentido de qué variables actualmente preceden a otras
causalmente. Resulta difícil en algunos casos mantener desde la teoría
relaciones unidireccionales entre algunas variables, probablemente una y
otra puedan actuar como causa y efecto en una relación recíproca. Es
evidente que la cuestión básica sobre qué interpretaciones causales se
pueden realizar entre características escolares y rendimiento no tienen,
por el momento, respuesta satisfactoria.
Los estudios planteados a través de modelos son, en su mayoría, parciales, centrándose en aspectos de tipo organizativo o vinculados a enseñanza. Efectivamente algunos investigadores han aplicado técnicas de análisis causal para probar alguno de estos modelos, pero su carácter parcial y no comprehensivo limitan y dificultan la interpretación. Sin embargo, parece evidente las aportaciones que esta técnica puede ofrecer a la investigación sobre eficacia, determinando las variables causa y efecto, las magnitudes de los efectos de unas variables sobre otras, la importancia mediadora que pueden ejercer algunas de ellas, pudiendo manifestar una influencia indirecta superior al posible efecto directo sobre el producto final, etc. Una aproximación a la investigación fundamental de eficacia escolar, que podría ser prometedora, es la formalización de modelos conceptuales y exploración de los mismos por medio de técnicas de simulación y de sistemas expertos. Dichas aproximaciones podrían vincular los complejos modelos conceptuales de eficacia escolar y la investigación empírica (Scheerens, 1992).
En la década de los ochenta algunos programas de mejora de centros
educativos se apoyaron en la todavía incipiente investigación sobre
eficacia escolar y tomaron como principios básicos de acción las variables
que sistemáticamente parecían tener una cierta influencia en productos
educativos, especialmente en rendimiento académico. En algunos casos, la
implantación se ha apoyado en un modelo comprehensivo y han adoptado
reformas en profundidad tomando en consideración todos los indicadores de
eficacia escolar En otros casos, las pretensiones han sido más modestas y
se han centrado en algno de ellos como el liderazgo, el clima del centro,
etc. No obstante, Reynolds et. al. (1993) consideran escasa la relación
entre la investigación sobre eficacia y la acción orientada a la mejora.
También Scheerens (1996) afirma que todavía hay un largo camino que
recorrer para dar sentido al conocimiento de la investigación de la
eficacia escolar y así obtener una imagen de su utilidad para la mejora del
centro. Sin embargo, el movimiento está experimentando un notable
desarrollo, especialmente en Estados Unidos, donde hay numerosos procesos y
programas amparados desde distintos organismos. Cabe citar el programa de
"Éxito para todos" llevado a cabo por Slavin, R. y colaboradores
(1990) en la Universidad Johns Hopkins, el "Consorcio de
Aprendizaje" de Fullan y colaboradores en la Universidad de Toronto
(1991), de Levin y su equipo en Stanford, del Centro Nacional para el
Liderazgo de la Universidad de Vanderbit, el programa del Centro Nacional
para la Investigación y Desarrollo de Escuelas Eficaces de la Universidad
de Wisconsin, etc. Recientemente algunas agencias de acreditación han
estado analizando formas de motivar el cambio, integrando los indicadores de
escuelas eficaces entre los requisitos de acreditación para escuelas
elementales y secundarias, tal es el caso de la Agencia de Educación de
Texas. Al mismo tiempo otros estados y asociaciones de acreditación están
poniendo en marcha programas, relacionando la acreditación con conceptos de
escuelas eficaces. La raíz de estas iniciativas está en la necesidad
sentida de incorporar a los procesos de acreditación otros elementos que no
sean exclusivamente inputs educativos, especialmente los productos,
entendidos como el incremento en el nivel de ejecución del estudiante.
En los últimos veinte años se ha aumentado considerablemente el trabajo
sobre escuelas eficaces para mejorar los centros. Ésta ha sido una de las
principales consecuencias del movimiento que se inició, probablemente, sin
que éste fuera el objetivo prioritario. Para Murphy (1992) la reforma
educativa a través del modelo de escuelas eficaces ha establecido un
esquema que está siendo un componente necesario de cualquier intento de
reforma, especialmente cuando se trata de mejorar la educación de aquellos
estudiantes que han sido peor atendidos por los centros educativos en el
pasado. En cualquier caso, el movimiento de escuelas eficaces ha contribuído
fundamentalmente a sentar los principios en la literatura de renovación
escolar. No obstante, como señalaba Lezotte (1985), la investigación de
escuelas eficaces proporcionó un planteamiento dirigido a lograr un lugar más
deseable para las escuelas, pero dio pocas pistas de cómo caminar hacia ese
objetivo.
Pero cabría preguntarse, ¿cuáles han sido las principales aportaciones y consecuencias del movimiento de escuelas eficaces desde la perspectiva de la renovación de los centros?. Es evidente que a primera vista la respuesta parece obvia: los resultados relativos a las variables que se nos presentan sistemáticamente como relacionadas con los productos educativos y, en consecuencia, explican la mayor cantidad de varianza. En este sentido, podemos destacar los ya famosos doce factores clave que sistematiza Mortimore et al. (1988). Se debe hacer constar que estas características básicas o indicadores de eficacia se han considerado como un medio para un fin, que es el aprendizaje del estudiante. Por otra parte, es necesario tener en cuenta que factores que pueden ayudar a conseguir altos y equitativos niveles de rendimiento del estudiante en un sistema normalizado de escolarización pueden no ser los mismos que funcionarían de la misma manera en otro contexto (Murphy, 1991;Creemers, 1992 y W. van de Grift, 1990). Ello nos lleva a replantearnos hasta qué punto las reformas deben precisar de una versatibilidad, flexibilidad y diferenciación que permita adecuarse al contexto específico del centro, bien a nivel del país, distrito, comunidad o centro. A pesar de esta doble consideración, es innegable la importancia del descubrimiento de los factores que están claramente relacionados con eficacia. Un aspecto importante, estrechamente vinculado con los factores de eficacia y que ya algunos han tenido en cuenta al implantar procesos de reforma, es que " la correlación no significa necesariamente causación". En consecuencia, las relaciones encontradas en la investigación no deben necesariamente interpretarse como variables determinantes de eficacia, ya que ésta pueda ser el resultado de procesos, acciones y características inespecíficas que pueden llevan a un alto nivel de rendimiento. Por otra parte, cada factor debería llevar a un conjunto de prácticas fuertemente interrelacionadas, ya que los esfuerzos centrados en un área pueden probablemente conducir al fracaso de la reforma (AASA, 1992). Evidentemente, determinados elementos de mejora tales como, por ejemplo, el énfasis en el liderazgo pueden conllevar transformaciones importantes en las estructuras organizativas y de gobierno del centro. Con lo que de uno de los resultados de la investigación sobre eficacia se derivarán consecuencias importantes en los procesos de cambio.
En segundo lugar, el movimiento de escuelas eficaces ha aportado un cambio
en los principios de la acción escolar, especialmente en la concepción
general del aprendizaje del estudiante. Los programas de reforma se
apoyan en un principio básico: Todos los estudiantes pueden aprender.
Aunque el aforismo parece obvio, tiene implicaciones importantes para la
acción escolar. Supone un cambio fundamental: la escuela se presenta como
un servicio para todos los alumnos, donde se aleja la división subyacente
de los alumnos, admitiendo previamente el fracaso de parte del grupo. Se
abandona la idea de que algunos estudiantes son incapaces de obtener altos
niveles de rendimiento. Se vuelve a resaltar el énfasis en la finalidad
básica instructiva de la escuela y es probablemente en los aspectos
relacionados con enseñanza-aprendizaje (curriculum, instrucción y evaluación)
donde el movimiento de reforma deje su mayor impacto. Sin embargo, el
movimiento de escuelas eficaces, que introduce estrategias fundamentales
para crear las condiciones dirigidas a incrementar el aprendizaje de los
escolares, no aborda ni desarrolla un esquema alternativo al modelo
conductual, fracasa en la articulación de nuevos modelos de aprendizaje que
puedan modificar y trasformar el aprendizaje y enseñanza en el proceso de
implantación de planes de reestructuración escolar apoyados en los
factores de eficacia, de tal forma que los cambios hacia la mejora puedan
incrementar su efecto (Murphy, 1992). No obstante las nuevas aportaciones de
la psicología cognitiva, del constructivismo, una pedagogía centrada en el
alumno que construye su propio conocimiento, de la función del profesor, más
como un profesional que como un técnico, con una función más allá que la
de un mero trasmisor, los cambios en los supuestos acerca de la inteligencia
y del conocimiento, como una creación humana más que una recepción, el
aprendizaje significativo, el énfasis en aprender a aprender y en la
habilidad para utilizar el conocimiento, etc. son elementos que no quedan
ajenos a los procesos de cambio de las escuelas, dado su énfasis en los
procesos de enseñanza-aprendizaje.
Los procesos de eficacia implican la exigencia de crear las condiciones
dentro de los centros para prestar un servicio al estudiante, de forma
que alcance niveles de rendimiento y de dominio de estrategias necesarias
para continuar en niveles superiores. Al mismo tiempo las escuelas eficaces
resaltan la necesidad de centrar su atención en el aprendizaje del
estudiante, constituyendo un indicador de la calidad de los centros. El
éxito se define no en valores absolutos sino como el valor añadido que los
estudiantes logran a través de los procesos educativos. Precisamente una de
las principales aportaciones se centra en la distribución equitativa de los
principales productos de la escuela, evitado las diferencias entre
subpoblaciones por razón de sexo, nivel socioeconómico, etc.
En tercer lugar, el movimiento de reforma considera la escuela como un todo orgánico y la principal unidad de cambio. Efectivamente las escuelas más eficaces aparecen como las que están más relacionadas y unidas, tanto estructural como culturalmente. Funcionan mejor que aquéllas que presentan distintos subsistemas con sus funciones correspondientes. Este es uno de sus principios más relevantes. Asimismo, consideran a los padres como parte de la comunidad educativa que debe participar en la vida del centro. Se producen mejores resultados cuando padres, profesores y directivos camina en una misma dirección y se plantean objetivos comunes.
Por último, desde el punto de vista de la gestión y gobierno de los centros, los reformadores proponen sistemas jerárquicos, de distribución de poderes, dominados por profesionales. Resaltan uno de los resultados más consistentes de la investigación sobre eficacia, como es el reconocimiento del liderazgo escolar como motor que puede permitir y estimular los cambios, especialmente cuanto se trata del liderazgo en el área de enseñanza-aprendizaje.
Para ilustrar el movimiento de reforma, derivado de las escuelas eficaces, hemos creído conveniente referirnos a un estudio realizado por el Centro Nacional para la Investigación y Desarrollo de Escuelas Eficaces, una unidad del Centro de Wisconsin para la Investigación Educativa de la Universidad del mismo nombre (Taylor, B.O.1990). En 1988 el Centro decidió realizar un estudio de casos de centros educativos correspondientes a dieciséis distritos que habían trabajado continuadamente durante un cierto tiempo con el modelo de Escuelas Eficaces. Para ello, se envió una encuesta en formato común al personal de cada centro y otra al centro de recursos educativos con el que el personal de cada centro estaba trabajando. Once de estos distritos y un centro de recursos educativos aceptaron presentar la experiencia de su caso en una forma común y elevaron unos informes con sus observaciones personales, donde se puede observar el carácter comprehensivo del modelo y la capacidad del mismo para adaptarse a la cultura y normas de cada escuela y distrito. La recogida de esta información tenía un carácter fundamentalmente pragmático. En ellos se pone de manifiesto muchas de las prácticas comunes.
El "modelo o proceso de Escuelas Eficaces " es un esquema para la reforma de las escuelas basada en los estudios, tanto de investigaciones empíricas como de estudios de casos de escuelas del país, que han tenido éxito en enseñar el curriculum relacionado con el desarrollo de estrategias básicas (lectura, comunicación escrita y oral, estrategias de cálculo, resolución de problemas, estrategias de pensamiento de orden superior y estrategias sociales) a todos los estudiantes. Queremos significar cómo insistentemente a estos sistemas de cambio se les denomina procesos para diferenciarlos de programas, en razón a la propia naturaleza evolutiva de los mismos, si bien dentro de aquellos se pueden implicar varios programas.
En este modelo la escuela se considera una unidad de mejora. Cada
centro utiliza los conceptos y elementos de los procesos de Escuelas
Eficaces para desarrollar e implementar un plan de mejora que se mantenga al
menos durante tres o cinco años. Para medir la eficacia se han considerado
dos criterios: calidad y equidad. El primero está relacionada con
estándares de alto nivel de rendimiento. Tener un estándar de equidad
significa que el alto rendimiento no varíe a través de los subconjuntos de
la población de estudiantes de las escuelas en función del sexo, raza,
nivel socioeconómico, etc. Para el éxito del modelo son dos los elementos
que se consideran básicos: 1º. La escuela debe establecer y
desarrollar una misión escolar, 2º. La escuela debe estar dispuesta
a aceptar el programa de "Escuelas Eficaces" como un plan
comprehensivo. Este plan conlleva, entre otros, estos principios vinculados
a la investigación sobre eficacia: Misión establecida y desarrollada,
liderazgo instructivo, un clima escolar dirigido al aprendizaje, altas
expectativas para estudiantes y profesorado, medidas de productos del
estudiante y planificación de mejora, apoyada en los datos. Además se
introdujeron componentes tales como consideraciones de tiempo de tarea,
tiempo activo de aprendizaje y presión académica. También se incluyeron
elementos referidos a enseñanza eficaz, claramente complementaria de las
escuelas eficaces.
El modelo parte del principio de que todos los estudiantes pueden
aprender y, por tanto, se debe estructurar la escuela, la política del
distrito y los procedimientos de tal forma que el profesorado se vea apoyado
en su trabajo diario de enseñanza. El modelo se centra en torno a sistemas
de feedback organizativo tales como sistemas de control académico del
estudiante y de "accountability" de la escuela. El profesorado y
el director forman un equipo de toma de decisiones que suele incluir también
a padres y personal de apoyo.
El programa se aplicó en numerosos distritos a lo largo de la década de
los ochenta y otros se fueron añadiendo a finales de la misma década, adaptándose
el modelo a la cultura y normas de cada escuela y distrito, tal como permite
el diseño del mismo. Algunos elementos comunes del modelo comprehensivo,
tal como se deduce de los informes que elevaron al Centro de Investigación
los distintos centros, son (Sudlow, 1990):
1. Las escuelas y distritos que intentaron inicialmente aplicar la
Investigación de Escuelas Eficaces fueron conscientes de que podían
mejorar en sus procedimientos instructivos y programas educativos,
especialmente para atender a estudiantes de alto riesgo
El modelo de Investigación de Escuelas Eficaces es un proceso, un esquema
para la toma decisiones de los educadores que deberían hacer de sus
escuelas lugares de aprendizaje para sus alumnos. Los productos de ese
trabajo son política y socialmente diferentes para cada distrito y cada
escuela, y están relacionados con un incremento del rendimiento académico
para todos los estudiantes. Es evidente que de todo el conjunto de
experiencias de la aplicación de estos modelos se pueden deducir algunas
conclusiones prácticas, basadas en la experiencia real de la puesta en
marcha de estos programas, pero será necesario realizar algún tipo de
investigación sisitemática y controlada que ponga de manifiesto la
eficacia de estos programas y los factores determinantes de su éxito o
fracaso.
2. La "accountability" fue estimulada a distintos niveles y
altamente valorada para el cambio.
3. Los principales responsables de la puesta en marcha del plan de mejora
escolar reconocieron que cambios moderadamente positivos o ajustes en técnicas
de enseñanza no son la respuesta. Son necesarios pero no suficientes para
generar el cambio.
4. Los responsables educativos que vieron una necesidad de cambio estaban
muy interesados en comprobar como se iniciaba el proceso de mejora de la
Investigación de Escuelas Eficaces.
5. En la planificación de las reformas se consideró adecuado establecer
vías de comunicación sobre el desarrollo del profesorado.
6. Encontrar tiempo para reunirse, planificar y supervisar la implementación
de los procesos de Escuelas Eficaces es una de las tareas prácticas más
difíciles de emprender.
7. El cambio planificado eficaz requiere un sistema central que controle
el progreso del estudiante e informe a los profesores y directivos adecuadamente en tiempo y forma.
8. En el proceso, los profesores y personal implicado necesitan alinear
el curriculum y desarrollar tests con referencia criterial que midan el
nivel de dominio.
9. Calidad y equidad deben ser definidos y sus medidas especificadas.
10. Los indicadores derivados de las escuelas eficaces son un medio para
un fin y no un fin en sí mismos.
11. El liderazgo del supervisor, directivos, profesores y consultores
externos es una parte esencial del proceso de reforma y renovación
escolar.
Entre los distritos escolares que implantaron uno de estos procesos
encontramos el de Spencerport (New York) que inicia su puesta en marcha en
1982-83. Este proyecto se consideró único, ya que este distrito era muy
diferente de los lugares en que se había desarrollado la investigación
sobre eficacia y la puesta en marcha de los proyectos de reforma escolar. El
hecho de que investigaciones diferentes realizadas en E.E.U.U. e Inglaterra
condujeran a resultados similares hizo que los responsables del centro
consideraran adecuado integrarse en un programa de mejora basado en
elementos no controvertidos de "buenas escuelas". Fueron Sudlow y
Clement, Jr., quienes se animaron a poner en marcha este proyecto, apoyándose
también en los resultados de los modelos que ya funcionaban en Connecticut,
Wisconsin, California y Michigan. Con el asesoramiento directo de Edmond y
Lezotte pusieron en marcha el plan en 1982-83. Una vez concluido el plan,
sirvió de modelo para otros que se implantaron posteriormente en distritos
rurales, suburbanos, urbanos, etc. Una característica importante del plan
"maestro" fue el establecimiento de unos principios básicos en
los que se apoyaba el proyecto, donde, como podemos observar, se recogen los
principios básicos en los que se fundamentan los procesos de Escuelas
Eficaces (Sudlow, 1990):
1. Potencialmente todos los alumnos son educables, cuando la educación se
define como la adquisición del alumno de estrategias básicas.
La evaluación del proyecto, recogida en los sucesivos informes elaborados
al finalizar el curso, pone de manifiesto los resultados positivos que se
van encontrando anualmente en términos de las metas propuestas, es decir
del incremento de rendimiento de los alumnos, especialmente dirigido a
alcanzar el desarrollo de estrategias mínimas en todos los alumnos para
poder continuar en el siguiente curso con las exigencias del nivel educativo
correspondiente. Tanto la equidad como la calidad del rendimiento del
estudiante mejoraron. Por otra parte, un estudio minucioso dirigido por
Edmonds y Lezotte puso de manifiesto el progreso que los centros del
distrito estaban logrando en relación con los indicadores de eficacia. La
influencia del proceso afectó positivamente a componentes del programa
tales como curriculum, presentación del programa, necesidades de evaluación
del área curricular, profesorado, programas de desarrollo del profesorado,
revisión de programas, evaluación del profesorado y directivos, énfasis
en el trabajo en equipo de directivos y profesores, procedimientos de medida
del rendimiento, elaboración de tests de referencia criterial y otros
aspectos que han supuesto una reforma especialmente relevante de estos
centros, a pesar de la inicial resistencia que se encontró en algunos
miembros del centro.
2. La investigación concluye que los efectos escolares son más poderosos
que los familiares, aunque esto no signifique que la familia no tenga
influencia en la adquisición de estrategias académicas del alumno.
3. El objetivo anual de educación es hacer que cada estudiante adquiera
al menos el estándar mínimo del nivel educativo correspondiente, de
manera que pueda continuar con éxito en el nivel siguiente.
4. Hay una correlación positiva entre rendimiento académico del
estudiante y expectativas del profesorado.
5. El énfasis sobre el aprendizaje o el rendimiento académico es el
primer objetivo de la educación pública.
6. Los profesores y directivos pueden marcar y marcan una diferencia clave
en la calidad de la educación que recibe cada alumno.
7. Un centro educativo es un complejo sistema social con un conjunto de
normas, creencias y modelos de conducta que pueden facilitar o dificultar
el aprendizaje.
8. La planificación en equipo, cooperativa, colegial, de apoyo, no
coercitiva, especialmente a nivel de ejecución, y acompañada por apoyo
del personal de la administración del distrito, es la aproximación clave
para la mejora.
9. El director tiene un papel clave en establecer el clima de su centro.
10. El cambio es un proceso, una serie de eventos relacionados, no un único
evento.
11. El cambio ideal es la colaboración propia y del equipo de todos los
participantes.
12. En muchas formas, las escuelas en este distrito son eficaces. El
cambio es hacerlas más eficaces.
13. Este proyecto afecta a todo el personal del centro.
14. Puesto que el clima del centro depende sobre todo de sus ocupantes, el
centro como un todo es la unidad estratégica para el cambio planificado.
Para lograr el cambio, se prestará atención a la cultura de las
escuelas; centrarse en la conducta de profesores individualmente
considerados o estudiantes no es suficiente.
15. Centrarse en la Investigación de Escuelas Eficaces puede necesitar un
reajuste de otras prioridades dentro del centro.
Lezotte y Bancroft ya en 1985 valoraron como un éxito la experiencia de
Spencerport y afirmaron que este éxito muestra cómo los principios de la
Investigación sobre Escuelas Eficaces pueden ser aplicados en contextos
diferentes. Para ellos, el programa permite al profesorado y a los
investigadores comprobar la versatilidad y adaptabilidad del modelo a una
gran diversidad de tipos de escuelas. La elaboración de buenos programas
validados y flexibles representa por sí misma una garantía para otros
centros que, a pesar de las diferencias y necesidad de adaptación a la
cultura respectiva del centro, pueden permitir avanzar en este proceso de
innegable interés educativo, ya que es, en último término, la razón última
de la investigación sobre eficacia. El camino está ahí. Se presenta una
gran reto para un futuro inmediato.
Conviene subrayar que los procesos de escuelas eficaces no terminan con la puesta en marcha de la renovación escolar. No es algo que tiene fin. Es un proceso continuo que implica sucesivos ajustes para contribuir a un objetivo de permanente mejora y, como cualquier actividad humana, en constante revisión y con nuevos objetivos a alcanzar. Por ello, uno de los pilares básicos de estos procesos es la evaluación, que adquiere matices especiales en este caso. No se pueden esperar resultados inmediatos e incluso, en el caso de que se produjeran, deben ser evaluados en la estabilidad del cambio, de ahí la necesidad de estudios longitudinales a través de varios años, de tres a cinco apuntan algunos, para que muestren sus resultados, positivos o negativos, con cierta consistencia.
Sin embargo, tal como señala Scheerens (1991) pocos programas de mejora
han sido evaluados rigurosamente. Aunque algunos han mostrado efectos
positivos, es necesario destacar que los programas de mejora implican además
importantes y profundos cambios en el funcionamiento de las escuelas, además
de las correspondientes derivaciones de los estudios de eficacia tal como
muestran alguna de las experiencias en este campo. A pesar de tal afirmación,
en estos últimos años se han iniciado estudios de investigación de los
procesos de reforma desde aproximaciones metodológicas que permiten probar
la estabilidad de los cambios a través de diseños longitudinales y cuasi-longitudinales
que posibilitan el seguimiento de una cohorte de alumnos sin necesariamente
tener que esperar los cinco años completos del tiempo real por el que pasan
en el sistema. Algunos investigadores han recogido datos de una segunda
cohorte y mantienen la posición de extender la recogida de datos a una
tercera (Gray, J. y otros, 1995). Se observan tendencias distintas: desde aquellos
que se centran más en los niveles de cualquier cambio, hasta los
que enfocan sus trabajos en la línea de estabilidad temporal de los
cambios, con un mínimo recomendado de tres años. Precisamente el problema
del tiempo exigido por estos estudios para realizar la investigación es una
de las razones de que se haya realizado tan escaso número. Evidentemente éste
es un problema tradicional en la investigación educativa , en general, a
pesar que algunos objetivos, como es el caso, requieran de este tipo de diseños.
Por otra parte, algunas investigaciones, tras encontrar resultados positivos
en la evaluación del primer año e intentar replicar el estudio en un
segundo, se han encontrado una falta de estabilidad de resultados, afectando
claramente a la validez de la investigación, debida probablemente a
aproximaciones conceptuales inadecuadas.
Para Gray y otros (1995) los factores a tener en cuenta para realizar estudios de cambio en rendimiento de las escuelas son los siguientes:
* medidas de productos y rendimiento anterior de cada uno de los alumnos;Considerando estos factores, los autores (Gray et al. 1995) realizan un estudio, que reúne los requisitos señalados, con los datos de tres cohortes de alumnos de 16 años. Sus conclusiones no pueden ser comparadas ante la ausencia de resultados de trabajos similares. Los resultados no muestran una eficacia claramente significativa, aunque se detecten efectos positivos. También los cambios en eficacia parecen modestos. Por otra parte, el período de tres años parece corto para hablar de estabilidad de los efectos. Pudiera darse un proceso lento en eficacia en primeros momentos que pudiera incrementarse con el tiempo o al contrario. Las medidas de los productos pueden estar influyendo en los resultados, por lo que sería necesario reconsiderar este aspecto. Por último, sería importante pensar en cuáles son las causas de que unas escuelas mejoren o se deterioren en relación a otras. Si realmente son los indicadores de eficacia u otras causas.
* datos sobre un mínimo de tres cohortes y preferentemente más;
* análisis estadístico multinivel y
* una orientación dirigida al examen de los datos de cambios sistemáticos en el rendimiento de las escuelas a lo largo del tiempo.
También son dignos de mención otros trabajos de los últimos años que,
aunque no cumplan todas las exigencias señaladas anteriormente, se han
realizado con varias cohortes de alumnos, generalmente en centros de educación
primaria o secundaria de países como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y
Holanda ( Mandeville, 1988; Willms y Raudenbush,1989; Nuttall et al., 1989;
Sime y Gray, 1990; Roeleveld, de Jong y Koopman, 1990; Bosker y Guldemond,
1991; Blok y Hoeksma, 1993; Teddlie y Stringfield, 1993) . En cualquier
caso, se abre una nueva perspectiva de investigación que precisará de un
mayor desarrollo y seguimiento de los alumnos a lo largo de un período
superior a los tres años.
A modo de conclusión, podemos afirmar que los procesos de implementación
de procesos de reforma representan uno de los principales avances en el
desarrollo del movimiento de escuelas eficaces que experimentará, con
toda probabilidad, un gran auge y desarrollo en los próximos años, si
tenemos en cuenta la situación en el momento actual. Algunos de los
elementos que precisarán una mayor atención y que serán objetivo en un
futuro próximo son, a nuestro juicio,:
1) Incremento en los procesos de puesta en marcha de planes de reforma, generalizándose a un mayor número de centros en los países que ya han iniciado estos planes y a otros países en los que no han entrado dentro de este movimiento.
2) Extensión al nivel de educación superior.
3) Mayor interacción entre profesores, educadores o prácticos de la educación e investigadores.
4) Realización de investigaciones conjuntas desde la doble perspectiva de la investigación sobre eficacia institucional y efectos de los planes de reforma.
5) Énfasis en los procesos de enseñanza destinados a alumnos con ciertos niveles de riesgo.
6) Planes de entrenamiento de líderes y de formación de profesores, adecuados a los nuevos enfoques de la función del profesor y de los procesos de enseñanza aprendizaje, como un elemento esencial para llevar a cabo las reformas con cierta garantía de éxito.
7) Mayor utilización y desarrollo de nuevos diseños y de las nuevas alternativas metodológicas, como el análisis multinivel.
8) Incremento del uso de los diseños longitudinales para el estudio de la estabilidad de los cambios producidos como consecuencia de la implantación de las reformas correspondientes.
9) Introducción de cambios dentro de los planes de mejora que afectarán a otros elementos del centro, no derivados necesariamente de la investigación sobre eficacia. Estos cambios pueden afectar, entre otros, a aspectos organizativos y de dirección y a una mayor colaboración de padres, profesores y dirección, como elementos básicos para el éxito de las reformas.
10) Determinación de las causas que determinan el efecto positivo ( o negativo) de los procesos de mejora de los centros.
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