Presentación
La Revista ELectrónica
de Investigación y EValuación Educativa (RELIEVE) nació en el
año 1994 como muestra de un impulso por cubrir un doble ámbito de
creciente desarrollo. Por un lado, el que hace referencia a la
necesidad de crecimiento de unos ámbitos de interés de gran impacto
social y gran interés académico: la evaluación en el ámbito de la
educación y la investigación educativa de rigor, lo que
habitualmente se traduce en la la gemelización de otras
publicaciones previamente existentes y el consiguiente nacimiento de
nuevas publicaciones académicas (Bueno, 2001). Por otro lado, la
utilización de un nuevo medio de expresión y difusión, llamado a
tener un enorme peso en los patrones de comunicación científica: la
publicación en Internet.
Algo más de un
lustro más tarde, en
Septiembre de 2001, la Asociación
Interuniversitaria de Investigación Pedagógica (AIDIPE), la institución
patrocinadora de RELIEVE, ha decidido abrir una nueva etapa
nombrando un nuevo equipo directivo que recoja el relevo de los
fundadores, Francisco Javier Tejedor (director) y Gregorio Rodríguez
(director ejecutivo), y dé un nuevo impulso a esta publicación.
Quisiéramos expresar en primer lugar nuestro agradecimiento y
admiración por el trabajo seminal que estos colegas (con la ayuda de
algunos otros) han realizado, posibilitando el desarrollo y
consolidación de RELIEVE como una revista de rigor y prestigio en el ámbito
educativo.
A la hora de
plantear la nueva tarea que nos ha sido encomendada hemos querido
partir del análisis de las principales tendencias que están
afectando a las publicaciones académicas, particularmente a las revistas
electrónicas.
Evolución de las Revistas
Electrónicas
Podemos fechar los
primeros balbuceos de las revistas electrónicas a finales de la
década de los 70 del siglo pasado, aunque aún de una manera
prácticamente experimental (Turoff y Hiltz, 1982).
Siguiendo los hitos
históricos planteados por Harrassowitz (2000) la primera revista
electrónica fue New Horizons in
Adult Education, que nació en 1987 y lo hizo en formato
ASCII y con una difusión exclusivamente a través de BITNET, una de
las primeras redes, que posteriormente sería desbancada por Internet
(Aliaga y Suárez, 1995).
Otras revistas que
marcaron importantes hitos en el nacimiento de las revistas
electrónicas fueron Online
Journal of Current Clinical Trials (una revista académica,
exclusivamente electrónica y revisada por pares y que nació en 1992)
o The Cronicle of Higher
Education (Turner, 1997),
una revista ya clásica (se publicaba en papel) que empezó a
desarrollar su versión electrónica experimental en 1991 (restringido
a la red de la Universidad del Sur de California. No se difundió a
todos los subscriptores hasta 1995). Como podemos comprobar, hay una
gran iniciativa desde ámbitos fundamentalmente humanísticos y de
ciencias sociales aplicadas -particularmente la educación-, más que
los tecnológicos, como quizás hubiera sido más lógico esperar. En el
estudio de Harter y Kim (1996) encontraron que el área académica que
había producido más revistas electrónicas era el educativo, seguido
por la literatura, las matemáticas, la biblioteconomía y las
“ciencias de los ordenadores”. Se trata de un patrón parecido al que
ocurrió en España (Aliaga, González Such y Bo, 1999) en el que los
primeros pasos del desarrollo tecnológico fueron liderados desde el
ámbito educativo: la primera pagina web fue desarrollada por Adell y
Bellver, del Departamento de Educación de la Universidad Jaime I, o
la primera revista electrónica, RELIEVE (Rodríguez, 1999), en la que
estamos escribiendo estas líneas, se desarrolló desde el ámbito
educativo.
Un cambio tecnológico, la
introducción del World Wide Web, que rápidamente sustituyó al gopher, favoreció la
difusión de Internet. La facilidad de uso amplio la audiencia
potencial muy rápidamente, y favoreció la implicación de numerosos
proyectos editoriales en la utilización de la red. Sin embargo, fue
este un proceso paulatino, aunque de rápido crecimiento. Así, Roes
(1994) hizo una revisión del panorama de las revistas electrónicas
en la red en el año en el que se fundó RELIEVE y sólo pudo encontrar
39 publicaciones periódicas académicas que cumplieran el criterio de
calidad básico de utilizar la revisión por pares. Dos años después,
y probablemente como una buena muestra del dinamismo en este sector,
Harter y Kim (1996) encontraron en el primer semestre de ese año un
total de 77 revistas académicas en la red y Hitchcock, Carr y Hall
(1996) encontraron poco después 115. Mogge (1997) lista ya más de
1000 revistas electrónicas académicas. Rodríguez (1999) hace
referencia a más de 7.000 revistas electrónicas.
Nos encontramos, como
acabamos de ver, ante una autentica explosión en la cantidad de
revistas electrónicas que obedece a diversos
motivos:
A) Una respuesta de las
empresas a la denominada “crisis editorial”: el
aumento en el numero de títulos y los crecientes costes de las
revistas académicas (muy superiores a la inflación) provocaba que
las distintas instituciones dedicadas a la investigación y la
docencia tuviesen que gastar cada año mas dinero para conseguir
una proporción menor de los que se publicaba en revistas
científicas. La respuesta planteada por las grandes editoriales
para favorecer la reducción de costes ha sido la edición
electrónica de revistas anteriormente ya existentes. Es lo que
Smith (1999) ha denominado el modelo o vía de las editoriales
comerciales.
B) Modelo desde los usuarios (Smith,
1999): existen diversos indicios de que nos encontramos ante un
autentico proceso de insurrección entre amplios grupos de
investigadores contra el papel que juegan las grandes editoriales
en el proceso de distribución del conocimiento científico. Se
considera que tales empresas son superfluas, cuando no
directamente perjudiciales, ya que encarecen notablemente el
producto sin añadir prácticamente nada al proceso. De hecho, los
auténticos productores del conocimiento científico, los
investigadores,
pierden todo control sobre sus trabajos, cediendo incluso
el copyright sobre el
mismo, de manera completamente gratuita. A cambio, sólo obtienen
un acceso, cada vez mas caro y limitado, a las publicaciones
académicas. Como reacción, han aparecido asociaciones sin animo de
lucro como Public Library of
Science, que
promueven la creación de bibliotecas virtuales gratuitas o el
boicot a las revistas que pasado un tiempo no pongan a la libre
disposición de los lectores el material publicado (Foster, 2001).
La aparición de gran número de revistas electrónicas, más
sencillas de manejar (pues no requieren el proceso de impresión ni
el de distribución) editadas y respaldadas por los propios
investigadores (o por diversas instancias académicas en las que se
reúnen) es otro medio de afrontar el problema. Otras propuestas
más radicales (Smith, 1999) plantean incluso un nuevo modelo, el
de las Revistas
Deconstruidas, en las que no habría necesidad de la figura del
editor, ya que el sistema funcionaría con las aportaciones de los
distintos autores. Nadasdy (1997) denomina a este nuevo modelo Edición interactiva y
basándose en él ha creado el Electronic Journal of Cognitive and
Brain Sciences, una revista electrónica que funciona sin
editores.
Por otro lado, las
indudables ventajas que ofrecen las revistas electrónicas sobre las
impresas han jugado un indudable papel en su rápida implantación.
Entre estas ventajas, siguiendo a Rodríguez (1999) podemos
citar:
a.
Son más baratas de producir
b.
Más rápidas de distribuir
c.
Tienen mayor difusión
d.
Son más exactas y mejor escritas.
e.
Más fáciles de leer
f.
Más fáciles de almacenar.
g.
Más fáciles de controlar
Edición de Revistas
Electrónicas: estado actual
En el momento actual de
desarrollo de las revistas electrónicas nos encontramos con diversas
tendencias que deben analizarse.
En primer lugar, hay un
enorme, y sorprendente, numero de nuevas revistas electrónicas que
son, prácticamente, iguales a las antiguas revistas impresas
(Roberts, 1999). Estas nuevas propuestas editoriales, a nuestro
entender, no aporta prácticamente nada a las revistas ya existentes,
excepto dispersión de esfuerzos. Es un hecho conocido (Price,
1963) que el enorme
incremento de las publicaciones académicas especializadas impide que
cualquier autor, por especializado que sea su tema de interés, pueda
revisar todo lo que se publica. Un estudio realizado en revistas
norteamericanas (que tienen una mayor difusión y un mayor impacto)
por Lesk (1997) mostró que el 48% de los artículos de ciencias
sociales publicados en 1984 no habían sido citados ni una sola vez
en los diez años siguientes, porcentaje que ascendía 93% en el
ámbito de las humanidades.
Si a ese proceso le añadimos aún mas complejidad, aún más
cantidad de títulos, estamos dificultando la localización de las
aportaciones valiosas.
Una segunda tendencia
emergente es el creciente impacto de las revistas electrónicas en
sus respectivos ámbitos académicos. Es decir, no todas las nuevas
revistas electrónicas son “paja”, sino que hay mucho
“grano”. Fasmine y Yu
(2000) afirman que “a diferencia de hace 5 años, ahora existen
varias revistas electrónicas gratuitas con un impacto significativo
en sus respectivos campos”. El propio Institute of Scientific
Information de Garfield, el santa sanctorum de la
cuantificación y del concepto de impacto de las revistas, ha
incluido en su Journal
Citation Reports varias de estas revistas electrónicas. Harter
(1998) llevó a cabo un estudio sobre el impacto de las revistas
electrónicas y encontró que un número significativo de ellas (una
quinta parte, casi todas ellas gratuitas) tenían un alto factor de
impacto en sus respectivos campos, con un percentil de más de 70.
Fosmie y Yu (2000) también encontraron altos niveles de impacto en
las revistas académicas electrónicas.
Las crecientes facilidades
de uso (disponibilidad absoluta 24 horas al día los 365 días del
año, accesibilidad desde cualquier ordenador -desde el propio
despacho, sin desplazamientos-, facilidades de búsqueda, etc.) y la
amplia difusión de las redes informáticas a la práctica totalidad de
los investigadores (algo muy alejado del panorama existente hace
apenas cinco o diez años) están favoreciendo ese mayor impacto. Hay
datos que muestran (Mercer, 2000) un uso de las revistas
electrónicas mucho mayor que el de las respectivas versiones en
papel.
En el caso español, son
muchos los casos de investigadores que han sido valorados
positivamente por la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad
Investigadora (CNEAI) y que han aportado trabajos publicados en
revistas electrónicas. Desgraciadamente el secretismo con el que
funciona todavía esta institución, tan alejada del ideal científico
de publicidad para el debate y la crítica constructiva, impide
especificar mucho mas sobre la valoración especifica de cada
revista, al menos en el campo 7 ( el de Ciencias
Sociales, Políticas, del Comportamiento y de la
Educación).
Una tercera
tendencia claramente establecida en el caso de las revistas
electrónicas es la de incluir procesos de valor añadido a la mera
publicación de artículos (Okerson, 1997; Hunter, 1997). Entre estas
opciones cabe citar:
a.
con el contenido del texto: Los lectores pueden hacer
comentarios al articulo que aparecerán a su lado. Se puede así
desarrollar ideas, planear dudas que serán resueltas por
investigaciones posteriores o hacer criticas que puedan mejorar
los diseños futuros. También los autores tienen posibilidad de
actualizar o revisar sus escritos, ya que un articulo digital no
es necesariamente tan estable como uno impreso (Hunter,
1997).
b.
con los datos originales: no sólo están disponibles los
resultados mostrados por el autor de la investigación, sino que
puede ponerse a disposición de los lectores los datos originales
(por ejemplo, un fichero de datos en formato SPSS) con lo que se
consigue aumentar la confianza en los resultados obtenidos,
facilita la replicación, ahorra costes - la parte mas cara de
una investigación es, probablemente, la que conduce a la
recogida de datos, que pueden ser reutilizados por otros
investigadores-, etc. (Smith, 1994)
c.
con el autor: es una costumbre habitual incluir la
dirección de correo electrónico de los autores, lo que
posibilita un acceso casi inmediato a los mismos para plantearle
sugerencias, dudas, ideas o solicitarles información
complementaria.
d.
con el editor: los lectores pueden convertirse
simultáneamente en revisores del articulo que leen. Se trata,
más que de un sustitutivo, de una nueva versión de la revisión por pares, el
open peer comentary
(Okerson, 1997) que incluye un proceso que puede
considerarse como más democrático, aunque también tiene sus
propios problemas (Nadasdy,
1997).
-
Riqueza de
formatos: son diversos los
procedimientos para mostrar la información deseada, que va desde
diversos formatos basados fundamentalmente en el texto (html, pdf)
hasta formatos de imágenes (gif, jpg, png), de audio (wav, mp3,
midi), de video (mpeg) o incluso de realidad virtual (vrml), hasta
la programación (java, perl, etc.) de procesos interactivos
(fórmulas, gráficos, etc.) lo que posibilita nuevas formas de
presentación con posibilidades de multimedia. Además, pueden
presentarse los textos en versiones de varios idiomas lo que
favorece la difusión y el impacto de los trabajos (Okerson, 1997).
Además, puede integrarse información proveniente de otros medios
(listas de distribución especializadas, etc.)
-
Fuente de
información: la facilidad para añadir
enlaces que dirijan hacia otras páginas web de interés sobre el
mismo tema convierte a un artículo en una fuente potencial de
información para las personas interesadas en algún tópico
determinado. Puede incluso añadirse un apartado en el que se vayan
incluyendo aquellas publicaciones posteriores que vayan citando
cada artículo, con lo que se puede conseguir incluso un
seguimiento del tema (Hunter, 1997). También pueden establecerse
servicios de alerta
(generalmente a través del correo electrónico), que informen tanto
de la aparición de nuevos artículos en la revista de manera
general como para temas específicos, a partir de perfiles
previamente establecidos por el usuario. Además, la integración de
los textos en diversos motores de búsqueda facilitan su
utilización. La finalidad es concebir las nuevas revistas
electrónicas como un sistema de información, una herramienta de
investigación, más que como una simple publicación, es decir,
aspirar a tener usuarios, no sólo lectores (Wheary y Schutz,
1997).
-
Facilidad de
búsqueda: Pueden buscarse artículos
sobre diversos temas de una amplia diversidad de maneras: bases de
datos (incluso a texto completo), tablas de contenidos (índices)
por temas, por autores, por fecha, ...).
-
Mayor velocidad en el
proceso de edición. El tiempo que se tarda en
el proceso clásico de edición de artículos (que incluye las
sucesivas rondas de revisión-corrección, el formateado del texto,
la corrección de galeradas, la impresión y la distribución) es
excesivamente largo, lo que retrasa la difusión del conocimiento
(Wheary y Schutz, 1997). Nuestra experiencia personal es que ese
proceso puede llegar a durar hasta un año, algo comprensible dada
la complejidad del proceso, pero difícilmente aceptable en ámbitos
de rápido cambio y/o obsolescencia, como puede ser el de las
nuevas tecnologías. La utilización del correo electrónico y de la
edición web son habituales en la edición de revistas electrónicas
(de hecho, suelen sustituir a otros métodos más clásicos), lo que
permite una notable reducción de plazos.
-
Cuantificación detallada de
la difusión (número de accesos o hits) de cada artículo
individual como una nueva medida, continuamente actualizada, de su
impacto. La utilización de contadores de visitas a las páginas web
en las que se alojan los artículos permite otro tipo de
utilidades, como crear listados de los artículos más visitados (top 10) lo que posibilita
identificar líneas de trabajo de interés social, artículos de
calidad, etc.
-
Flexibilidad en su
estructura: el propio dinamismo que
posibilita la edición en Internet favorece que la rígida
estructura de apartados que caracteriza a una revista impresa no
sea necesariamente aplicable a una revista electrónica. Pueden
aparecer puntualmente algunos apartados que en números
posteriores, cuando ya no exista ese interés, pueden desaparecer.
Tampoco tienen por qué mantenerse los mismos apartados fijos a lo
largo de todos los números. Es evidente que categorías muy
generales como por ejemplo “artículos de investigación” estarán
presentes de manera prácticamente continua. Otros más particulares
pueden, y probablemente deban, tener un tratamiento más
flexible.
-
Cambios en los acuerdos de
cesión del copyright. La facilidad
de difusión y de copia de materiales editados en Internet, así
como los cambios antes planteados en el equilibrio entre
editoriales comerciales y ediciones desde los propios usuarios
(Smith, 1999) han provocado diversos debates en el tema del copyright. La clásica
cesión de derechos desde el autor a la editorial se está viendo
paulatinamente sustituido por un proceso en el que autor y editor
comparten tales derechos, regidos por algunas normas básicas
(citar la publicación original, fundamentalmente) y permitiendo la
difusión simultánea por otros medios ( o en otras páginas web) con
fines divulgativos.
-
Diluir la noción de
periodicidad de la edición: la
edición electrónica permite una mayor flexibilidad en el trato de
los materiales a publicar. En primer lugar, no es necesario editar
todo un número de la revista simultáneamente, sino que pueden ir
apareciendo a medida que vayan siendo aceptados (Legentil-Galan,
2000), siempre dentro del periodo de publicación de cada ejemplar.
Esto proporciona una mayor rapidez en la publicación de los
artículos, además de hacer de las revistas algo vivo y no sólo material de estantería.
Por otro lado, los artículos ya publicados no son estables, sino
que pueden ser actualizados, revisados o corregidos después de ser
publicados (Wheary y Schutz, 1997), indicando la fecha de la
modificación. Esto plantea una nueva noción de la versión evolutiva de los
textos (Legentil-Galan, 2000). Es evidente que esta nueva
concepción de los textos choca con la tradición de referirnos o citar trabajos petrificados. Sin embargo,
hemos de tener en cuenta que el conocimiento es un proceso
sumamente cambiante, lo
que permite sugerir otros mecanismos menos rígidos para su
difusión. Se trata de un cambio de mentalidad que ha de ir calando
paulatinamente en la comunidad académica, pero que ya se va
apuntando gracias a las posibilidades ofrecidas por la
Internet.
Al recibir el encargo de
conducir una nueva etapa de la Revista Electrónica de Investigación
y Evaluación Educativa (RELIEVE), hemos adquirido el compromiso
de seguir manteniendo
esta publicación (y por tanto a AIDIPE, la asociación que la
patrocina) entre la pioneras en la publicación electrónica
académica, particularmente en el ámbito educativo. Sabemos que el
listón se encuentra muy alto, pero somos conscientes de que es éste
un proceso continuo que ha perseguirse sin descanso.
Con esa finalidad
pretendemos ir introduciendo cambios en RELIEVE que ayuden a
consolidarla, aún más, como herramienta de ayuda a los
investigadores y profesionales educativos. Para que sea útil hemos
de apostar por la calidad, tanto en sus contenidos como en sus
servicios. Pretendemos para ello ir implementando las tendencias más
novedosas que acabamos de presentar en los futuros cambios de
RELIEVE.
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