UNA LECCION DE DIALECTOLOGIA

Juan M. Lope Blanch

Hace años, con motivo de una reunión filológica celebrada en el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá, paseábamos Manuel Alvar y yo por las calles de esa ciudad cuando tuvimos necesidad de solicitar alguna orientación para continuar debidamente nuestro camino. Hicimos las preguntas necesarias a un muchachito de unos 13 o 14 años, quien nos dio respuestas adecuadas y precisas. Cuando le dábamos las gracias y nos despedíamos de él, nuestro joven orientador nos preguntó: "Los señores (o acaso dijera "doctores") son españoles ¿verdad?".- "Sí (respondió Alvar); ¿cómo lo has sabido?".- "Por el dialecto" (explicó con toda naturalidad el muchacho). Nos miramos Manolo y yo, sonriendo. ¡Qué buena lección de dialectología hispánica nos ha dado el niño ¿no, Manolo? El castellano dialecto de Alvar y el mexicano-castellano mío daban base suficiente al muchacho para diferenciarnos del dialecto bogotano suyo. Que, como ya parece ser que va admitiéndose, el castellano no es sino uno de los numerosísimos dialectos de la lengua española, como el mexicano, el bogotano, el andaluz, el canario, el chileno, etc. etc.