LA GUERRA DE TROYA

    0. Introducción

    La mitología y la realidad se entremezclan de tal manera que en algunas ocasiones es difícil saber qué hay de verdad y que de mito en toda la historia de la  antigua Grecia y más concretamente en la guerra de Troya.

    Troya fue una de las ciudades más importantes de la antigüedad, situada en lo que sería actualmente una de las zonas marítimas de la costa de Turquía, poseía una situación estratégica, un puente entre Oriente y Occidente y un lugar de paso para las mercancías que eran transportadas al continente europeo. Hasta principios del s.XX se pensó que Troya era una ciudad mitológica y que por lo tanto no había existido, sólo en la mente del gran escritor de la antigüedad Homero, no obstante un arqueólogo alemán (Schliemann) a mediados del S.XX logró rescatar del las ruinas lo que fue la ciudad de Troya, y fue entonces cuando la comunidad científica empezó a cuestionarse el relato de la Guerra de Troya como cierto.

    1. Homero

        Tal y como hemos comentado la principal fuente de la guerra de Troya es la Iliada de Homero, por lo que antes de empezar a analizar la Guerra de Troya, analizaremos brevemente la figura de Homero.

    Homero, según la leyenda se trataría de un rapsoda ciego que recorría los pueblos y ciudades recitando poemas épicos como se hacía en Europa en la Edad media y siglos posteriores; aunque nada se sabe a ciencia cierta de su persona, Homero es el nombre tradicionalmente asignado al famoso autor de la Iliada y la Odisea, las dos grandes epopeyas de la antigüedad en Grecia. De hecho algunos ponen en duda que estas dos epopeyas sean obra del mismo autor. Sin embargo, los datos lingüísticos e históricos de que disponemos permiten suponer que los poemas fueron escritos en los asentamientos griegos de la costa oeste de Asia Menor, hacia el siglo IX a.C.

    El texto moderno de los poemas homéricos se transmitió a través de los manuscritos medievales y renacentistas, que a su vez son copias de antiguos manuscritos, hoy perdidos. Pese a las numerosas dudas que existen sobre la identidad de Homero (algunos lo describen como un bardo ciego de Quío) o sobre la autoría de determinadas partes del texto, como las escenas finales de la Odisea, la mayoría de sus lectores, desde la antigüedad clásica hasta no hace mucho tiempo, creyeron que Homero fue un poeta (o como mucho, dos poetas) muy parecido a los demás. Creyeron, en suma, que la Iliada y la Odisea, aunque basadas en materiales tradicionales, son obras independientes, originales y en gran medida ficticias.


    Sin embargo, durante los últimos 200 años, esta visión ha cambiado radicalmente, tras el surgimiento de la interminable cuestión homérica: ¿Quién, cómo y cuándo se compuso la Iliada y la Odisea? Aún no se ha encontrado una respuesta que satisfaga a todas las partes. En los siglos XIX y XX los estudiosos han afirmado que ciertas inconsistencias internas venían a demostrar que los poemas no eran sino recopilaciones, o añadidos, de poemas líricos breves e independientes (lays); los unitaristas, por su parte, consideraban que estas inconsistencias eran insignificantes o imaginarias y que la unidad global de los poemas demostraba que ambos eran producto de una sola mente. 

    Ninguna de estas interpretaciones es determinante, pero sería justo afirmar que prácticamente todos los comentaristas coinciden en que, por un lado, la tradición tiene un gran peso en la composición de los poemas y, por otro, que en lo fundamental ambos parecen obra de un mismo creador. Entretanto, los hallazgos arqueológicos realizados en el curso de los últimos 125 años, en particular los de Heinrich Schliemann, han demostrado que gran parte de la civilización descrita por Homero no era ficticia. Los poemas son pues, en cierto modo, documentos históricos, y la discusión de este aspecto ha estado presente en todo momento en el debate sobre su creación.


2. La Realidad Histórica

    La caída de Troya se encuadra en un periodo histórico marcado por la decadencia de reinos, imperios y culturas. Es el fin de toda una época gloriosa que generaciones que siglos siguientes llamarían “La Edad Dorada”en contraposición a “La Edad Oscura” durante la que el sentimiento popular colectivo hizo, rehizo y reinterpretó embelleciéndolos, las gestas y los palacios de aquellos lejanos héroes hasta convertirlos en leyenda. Cuando estas leyendas trasmitidas durante siglos por tradición oral fueron recopiladas por poetas, que les infundieron nueva frescura, los palacios de Creta y de las antes poderosas ciudades micénicas yacían enterradas. Troya llevaba cuatro siglos abandonada. 

2.1. Los Enemigos: Aqueos y Troyanos

    Hablar del mundo micénico, de la cultura micénica, que toma su nombre de Micenas, ciudad que en la gesta homérica era la capital del reino de Agamenón; es hablar de los aqueos. Homero nunca habla en “la Illíada” de “griegos”, que es un término posterior. Para referirse a los ejércitos que sitiaron Troya, lo hace como aqueos, algunas veces danáos o helenos.

    Algunos investigadores los relacionan con los hititas, otros los hacen originales del norte de los Balcanes. Lo que esta claro es que era un pueblo indogermánico, guerrero que conocía la domesticación del caballo y el hierro. Y que sobre él 2000 a. C. Inicia un movimiento migratorio desde sus lugares de origen. Un ramal de esta corriente llega sobre 1800 a.C. a la Grecia continental mientras el resto continúa por Centroeuropa hasta la Península Escandinava, e incluso algunos investigadores aventuran hasta las Islas Británicas.
 
    Firmemente asentados en suelo griego, alrededor del 1600 a.C, se inicia un fecundo proceso de mestizaje étnico y también cultural, en el que los nuevos elementos se mezclan con el sustrato heleno muy influenciado por la rica cultura cretense. El resultado es lo que se ha dado en llamar “Cultura Micénica”. Se organizaban en algo semejante a ciudades-estado, con zonas de influencia política y económica; auténticos reinos independientes (los héroes aqueos de la “Illiada” eran señores de su reino) que cuando las circunstancias externas lo requerían abandonaban su frecuentes y mutuas reyertas para unirse frente a una causa común, tal como hicieron para atacar Troya.
 
    Las en principio, tímidas corrientes migratorias de otros pueblos sobre los reinos micénicos, no hicieron sino enriquecer su cultura y aportar frescos contingentes de población. Sin embargo en el siglo XIV a. C. se aprecian ya signos de sobrepoblacion. Con este fenómeno se relaciona la destrucción de los palacios cretenses y los primeros asentamientos aqueos en el norte de Creta. Poco más tarde y aprovechando la decadencia del imperio hitita, aparecen las primeras colonias micénicas en la costa de Asia menor  Este fenómeno de creación de colonias y las incursiones aqueas en el norte de Asia Menor son la base histórica de los hechos narrados en “la Illiada”. La obra de Homero es pues, un reflejo embellecido por la imaginación y la poesía de hechos históricos sucedido entre los siglos XIII y XII a.C.

    La privilegiada situación geográfica de Troya, por la que controlaba tanto las rutas comerciales con oriente como el trafico marítimo hacia el mar Negro, que le daban acceso a los mercados del trigo y los metales, a lo que se le añadía el peaje que los navíos que franqueaban el Helesponto debían pagar al rey de Troya, levantaron la codicia de los reyes aqueos.


    A esto hay que sumarle que los troyanos no debieron recibir con agrado a los colonos micénicos, que presionados por la sobrepoblación continental, ya habían empezado a asentarse en la Troáde. Su bien organizado ejercito bien podía convertirse en un elemento disuasorio para estos obligados movimientos de inmigración aquea.


     La fórmula para terminar con el poderío troyano fue la guerra de desgaste, ahogar la economía troyana. Más que una guerra de diez años, se piensa en una sucesión de incursiones guerreras aqueas, que Homero y otros poetas fundieron con fines dramáticos en una sola No se explica que una ciudad totalmente sitiada resistiese diez años. “La Illiada” confirma que tanto la puerta Skeas como la Dardanea permanecía abiertas en tiempos de tregua (habría que hablar “en tiempos de paz”) y aqueos y troyanos acudían libremente al templo de Apolo Timbreo, situado en zona neutral; además de recibir víveres y productos comerciales de sus aliados. Por otra parte la ciudad no estaba rodeada de tropas (algo imprescindible para sitiar una ciudad). El campamento aqueo se levanto a la orilla del mar (a unos seis kilómetros de las murallas), pero los ejércitos aqueos apostados periódicamente ante Troya y las continuas beligerancias, convirtieron la costa asiática, en zona conflictiva y poco segura, por los que las rutas comerciales que mantenían la pujante economía troyana se desviaron .

     Poco a poco privada de sus recursos, Troya no pudo mantener ni su ejército, ni la “lealtad” de sus asociados.”Troya la sagrada”, “La ciudad de anchas calles”, cita Homero, estaba lista para sucumbir en un último episodio bélico que tendría su punto álgido en la toma de la ciudad mediante torres de asalto móviles, que la poesía convirtió en un enorme caballo.



3. La Leyenda

    Una vez analizada la historia pasamos a enumerar los personajes que hacen de la guerra de Troya una Leyenda

3.1. Los protagonistas

  A- Aqueos:

- Agamenón. Rey de Micenas, la mas poderosa de la ciudades micénicas. Lideró la coalición aquea contra la troyana.

- Aquiles. Rey de Tesalia. Sus soldados eran los “mirmidones”. Cuando Tetis, hija del dios Nereo, le sumergió en la Laguna Estigia, le hizo invulnerable a las armas.

- Ajax. Príncipe de Salamina. Famoso por su valentía y por su mágnifica presencia física.

- Díomedes. Caudillo de las ciudades de Argos y Tirinto. Enamorado de Helena, recibió la afrenta de Menelao como propia.

- Helena. Auque se conoce a Tíndaro como su padre, fue concebida por Leda, esposa de aquél, y por Zeus. Castor y Pólux eran hermanos suyos. Casó con Menelao. Su infidelidad con Paris fue el origen de la guerra.

- Néstor. Rey de Pilos. El más anciano de los aqueos. Sus consejos y prudencia, siempre eran tenidos en cuenta.

- Menelao. Rey de Lacedemonia, hermano de Agamenón y esposo de Helena.

- Patroclo. Primo y amante de Aquiles.

-Ulises. También llamado Odiseo. Rey de Itaca, casado con Penélope. Las aventuras de su regreso a la isla, dieron lugar al poema de “La Odisea”.

B- Troyanos

- Andrómaca. Esposa de Héctor.

- Briséis. Hija del troyano traidor Calcante. Prometida de Troilo, hijo de Príamo. Cuando fué llevada al campamento aqueo, fue entregada a Aquiles, a pesar de que ella amaba al aqueo Diómedes. Agamenón la exigió al perder a su concubina Criséis.

- Eneas. Rey de los dardanéos y aliado de Troya. “El alma del ejército troyano”.

- Héctor. “El más noble de los troyanos” o “la espada de Troya”. Hijo de Príamo.

- Paris. Hermano de Héctor y el seductor de Helena. Mas aficionado a velar por su belleza que por su patria.

- Príamo. Rey de Troya. De su esposa Hécuba y sus concubinas, tuvo cincuenta hijos. Todos los varones murieron en la contienda.

3.2 Desarrollo de la Guerra

3.2.1. Introducción

    Para la reconstrucción de la “epopeya troyana”, es decir los hechos literarios precedentes a la guerra, la guerra misma y su desenlace, se hace necesario recurrir a varios relatos de autores antiguos y de diferentes épocas; desde “La Iliada” de Homero, “Epistome” de Apolodoro, “El saqueo de Troya”de Trifiodoro; hasta la “Eneida” o “Heroidas”; de los poetas latinos Virgilio y Ovidio respectivamente. Es lo que se ha dado en llamar “el ciclo Troyano”.

De entre todos ellos se eleva con luz propia la “Illiada”. No relata toda la guerra, y Homero como hábil guionista, concentra en un solo episodio toda la intensidad del drama colectivo. Sus imágenes tienen una fuerza singular. La belleza y lirismo, con los que dota a las descripciones de una naturaleza con alma, y a los fenómenos naturales, tienen la fuerza de la imagen cinematográfica y el acierto de la mejor literatura. Son el dramático contrapunto, o el reposo emocional a los pasajes de luchas y batallas, en los que no ahorra detalles de la mas cruda realidad: “La Aurora, de rosados dedos, se levantó del brillante lecho del mar, para llevar de nuevo la luz a Inmortales y a hombres”. Sin transición, pasa a describir el ajetreo del campamento aqueo preparándose para la batalla.

 

Busto que representa a Homero

   Homero en todo su relato establece una distinción entre la masa de combatientes, entre una elite que de debe hacer alarde, en primer fila, de su riqueza, de su poder, de los grandes héroes, y el pueblo que parece tener como principal función colocarse en segundo plano de la escena histórica para apoyar y aplaudir las hazañas de los héroes

    También cabría mencionar respecto a la panoplia que nos menciona Homero, carecen de una homogeneidad desde el punto de vista histórico, aparentemente el desarrollo de las batallas tiene más coherencia y uniformidad. Su sistema es conocido, delante de la masa compacta de la infantería anónima, los campeones aqueos y troyanos, nada más bajar de sus carros, se desafían antes de entablar delante de las líneas, hasta que uno u otro adversario huye

        Los relatos del “Ciclo Troyano” permiten la siguiente reconstrucción de la tragedia troyana:

3.2.2. La Guerra


    Todo comienza con el episodio de “la manzana de la discordia”.


    Eris, diosa de la discordia no fue invitada a un banquete nupcial que se celebró en los salones olímpicos. Para vengarse arrojo allí una manzana de oro con la inscripción “para la diosa más bella”. Como Hera, Atenea y Afrodita, que se disputaban su posesión no se pusiesen de acuerdo, decidieron que fuese el príncipe Paris,“el más hermoso de los hombres”, el que zanjase la cuestión. Paris le concedió la manzana a la diosa del amor, lo que le valió la enemistad de Hera y Atenea. A cambio la caprichosa Afrodita le concedió el derecho de tener a “la más bella entre las mortales”.


    La princesa Helena,“La más bella entre las mortales” estaba destinada al matrimonio. Para ello su padre, el rey Tíndaro, reunió a todos los reyes aqueos, que acudieron a la invitación con ricos regalos en la esperanza de ser elegidos como esposo. Tíndaro no acepto ningún presente. Solo hizo prometer a los pretendientes que cualquiera que fuese el elegido por su hija, todos acudirían en ayuda del esposo cuando la belleza de Helena le pusiese en dificultades. Menelao, rey de Lacedemonia fue el elegido.


    Afrodita puso en conocimiento de Paris, que Helena vivía en Lacedemonia junto con su esposo el rey Menelao, hermano de Agamenón rey de Micenas. Como príncipe troyano Paris viaja a Lacedemonia, y como tal fue recibido. Allí conoció la hospitalidad y la generosidad de su rey. La belleza y las insinuaciones de Paris vencieron a la reina, que ya tenia dos hijos de su esposo. Aprovechando una ausencia de Menelao, que acudió al entierro de su padre, huyeron a la patria del seductor después de haberse apropiado de buena parte del tesoro real. El burlado marido recordó a los antiguos pretendientes de Helena la promesa hecha a Tíndaro . No todos los que habían hecho solemne juramento estaban dispuestos a ir a la guerra y así, cuando Menelao, Nestor y Palamenes, se dirigieron a Itaca para pedir la ayuda de su rey, Ulises; encontraron a éste intentado eludir la promesa dada haciéndose pasar por loco. No menos indigno fue el comportamiento de Aquiles, al que Menelao y Ulises descubrieron en el gineceo de su palacio de Tesalia, disfrazado de doncella.

                Paris y Helena

    Después de arduas negociaciones, al final, en Aulide, en la isla de Eubea, junto a la costa egea griega, se reunieron veinticinco reyes en una expedición de castigo contra Troya. La formaban mil doscientas naves y más de cien mil guerreros con Agamenón como “general de generales”. La fuerzas navales quedaron al mando de Aquiles y Ajax.


    Por su parte los troyanos en una federación de las principales ciudades de la costa norte de Asia Menor reunieron un ejercito de cincuenta mil hombres. De todos los reyes que apoyaban la causa troyana, y la suya propia con aquella, destacaban: Eneas, rey de los dardaneos, y Reso, señor de Tracia.

    Tras la travesía por el Egeo  armada aquea ancló sus barcos en costa troyana, protegiéndolos por una enorme empalizada de los ataques troyanos. Daba comienzo así una larga guerra de desgaste.


    Durante nueve años la balanza no se inclinó claramente hacia uno u otro bando. Mientras, “los Divinos habitantes” del “Cronos que todo lo cubre”, se divertían participando en la guerra de los hombres. Las agraviadas en el juicio de Paris; Hera,“la de los blancos brazos”; Atenea “la de la mirada clara” y Hefestos “el señor de los fuegos subterráneos”, tomaban partido por los aqueos. Tetis, “la más hermosa de las Nereidas”, velaba por su hijo Aquiles. Afrodita tenía doble razón para favorecer a troyanos: por una parte era la beneficiaria del juicio de Paris, y por otro era la madre de Eneas, por su unión con un mortal. El fervor de Troya a Apolo, le valió la protección del “dios de dorado arco”. La situación de Zeus “el padre de los dioses”, era delicada. Unas veces cedía a las presiones de su irascible esposa Hera y de su enérgica hija Atenea, y otras a los ruegos de sus hermosos y queridos hijos Apolo y Afrodita

    Los poetas griegos dejan claras sus simpatías, quizás porque todos ellos eran originarios de Asia Menor. Mientras la mayoría de los héroes aqueos son dibujados como seres, traicioneros, brutales, jactanciosos, desafiantes de dioses y hombres; los héroes troyanos, a excepción de Paris, son representados como valientes, nobles, fieles a la palabra dada civilizados y humanos. 

    El décimo año de la guerra la suerte pareció abandonar a la empresa aquea. Apolo, envió una terrible epidemia al campamento aqueo, enojado porque cuando Crises, sacerdote de su templo, acudió a suplicar a Agamenón que le devolviese a su hija Criseida, prisionera y concubina forzosa del rey de Micenas; este le despacho con humillaciones y amenazas.


    Cuando Aquiles descubre cual es la causa de los males que les asolan, exige a Agamenón que devuelva inmediatamente Criseida a su padre. Agamenón enojado acepta, pero a cambio ordena a Aquiles, que como compensación le entregue a su prisionera y concubina Briseis, que había sido la prometida de Troillo, hijo del rey de Troya. Aquiles se siente humillado públicamente, y decide que ni él ni sus mirmidones lucharan junto a los aqueos.
 
    La retirada de Aquiles no hubiese tenido gran trascendencia si no hubiese sido por el hecho de que este era el mas fuerte, arrojado y carismático de los guerreros aqueos, el que con la sola visión de su armadura y su carro infundía terror en las filas enemigas. Bien es verdad que el hecho de ser invulnerable a las armas desde que su madre le sumergió al nacer en el lago Estigia, era cosa de gran ayuda a la hora de darle seguridad y arrojo.Ante estos hechos funestos, el ejercito aqueo parece deseoso de regresar a sus respectivas patrias y abandonar una guerra en la que no se vislumbraba el fin. Los hombres ya se retiraban felices hacia los barcos, y solo las palabras y argumentos de Ulises y el sabio anciano Néstor, consiguen que regresen al campamento.


    Cuando los dos ejércitos van a entablar batalla, el mutuo agotamiento, les decide a que la situación se resuelva en un duelo a muerte entre dos guerreros de los respectivos bandos. El ultrajado esposo Menelao y el seductor Paris les representaran. Si gana el aqueo, los troyanos devolverán a Helena, los tesoros de los que se apropió y pagarán una fuerte indemnización de guerra, ellos retiraran sus naves y regresarán a sus ciudades. Si gana el troyano, Helena permanecerá en Troya con sus tesoros robados y los aqueos se retiraran sin cobrar la indemnización.


     Paris se apresta al duelo, pero cuando ve de cerca al impresionante guerrero que es Menelao,“el ardoroso en combate”, huye despavorido para refugiarse en la retaguardia de su ejercito. Sólo la vergüenza y los violentos reproches de su hermano, “el noble y magnánimo” Héctor, hacen que el cobarde regrese al duelo. Cuando Menelao está a punto de terminar con él, Afrodita acude en ayuda del troyano, cubriendo el campo de niebla y polvo.


    Tras la sangrienta batalla que sigue a esta dudosa situación, las fuerzas siguen niveladas, por lo que se pacta una tregua, que Héctor aprovecha para retar a uno a uno a los héroes aqueos. Ajax acepta enfrentarse a Héctor. Después de duro combate todo queda en tablas y Ajax y Héctor se intercambian sus armas en señal de mutuo respeto. Sin embargo este resultado exalta el ánimo de los troyanos, que crecidos lanzan todo su ejercito contra el aqueo y tras infringirle una terrible matanza, es acosado hasta sus naves. Los troyanos rompen las defensas costeras de los aqueos y prenden fuego a algunas navíos.

    La situación es tan desesperada que Agamenón ya piensa en la huida y Patroclo ruega a Aquiles, que desde su navío ha mirado impasible estos desastres, deponga su odio y acuda con su ejercito a reforzar a los aqueos. Como Aquiles permanece inmutable en su decisión, Patroclo toma la coraza, las armas, glebas y el carro de Aquiles y entra en el combate seguido por los mirmidones de aquél. Aqueos y troyanos creen que es el mismo Aquiles el que a toda velocidad recorre las filas enemigas. Su “presencia” enardece a unos y aterroriza a otros. En plena desbandada troyana, Patroclo se enfreta a Héctor. Después de durísimo combate cuerpo a cuerpo, el troyano atraviesa con su lanza al aqueo, le arranca las armas y la armadura , que después mostrará como preciado trofeo sobre las murallas de la ciudad.


    Cuando Aquiles tiene conocimiento de la muerte de su inseparable Patroclo y de la pérdida de su armadura, se abandona a unas profundidades de dolor y odio pocas veces reflejadas en la literatura universal. Jura no comer, ni dormir, ni enterrar a su amigo hasta que haya vengado su muerte. El odio hacia Héctor lo hace extensible a cualquier troyano. Puesto que ya ha encontrado otra causa hacia la que dirigir sus más oscuros sentimientos, abandona su enemistad con Menelao, que le devuelve a Briseis, y se presta a la batalla arengando él mismo a los ejércitos. Antes, su madre Tetis conmovida por su desesperación le ha entregado nuevas armas y armadura, que el propio dios Hefestos ha fabricado en sus fragua subterránea.

   Homero nos cuenta el enseñamiento de Aquiles. Enloquecido busca a Héctor, en medio de un campo de vísceras, miembros mutilados y cuerpos aplastados en el que su propio carro; salpicado con la sangre que los caballos levantan de los cadáveres; tiene dificultades para moverse. C. Un venablo atraviesa a Héctor de parte a parte ante los ojos aterrorizados de su padre Príamo. Como un animal que sólo ha hecho probar el sabor de la sangre, lleva su odio y sed de venganza a limites que aterrorizan a los propios dioses. Perfora los tobillos de Héctor para atar el cadáver a su carro y lo arrastra alrededor de las murallas de Troya ante la mirada horrorizada de su padre, madre y esposa. No satisfecho con esto, lo lleva al campamento con la intención de entregarlo a los perros. No lo hace porque decide que durante diez días hará la macabra ronda alrededor de la ciudad. Al décimo día se celebran las exequias de Patroclo. En la pira arderán vivos doce jóvenes prisioneros troyanos.

    Aconsejado por Apolo, que se ha conmovido por el dolor de Príamo, llega el rey al campamento aqueo. Allí de rodillas, besa y llora sobre las manos del matador de su hijo y le suplica que le devuelva su cadáver para que pueda ser entregado a los ritos funerarios. Sólo el recuerdo de su anciano padre conmueve el corazón de Aquiles y llorando entrega a Príamo el cuerpo de Héctor y la promesa de una tregua de doce días, para que puedan ser cumplidos todos los ritos debidos “a tan gran guerrero”. Durante doce días, llora la ciudad la muerte del “más noble de los troyanos”, y su propia desgracia. Cuando el cuerpo de Héctor termina de arder en la pira, la tregua se da por terminada y se reinician los ataques.

    Sin Héctor, la guerra se inclina hacia los aqueos. Pero Afrodita revela a Paris el único punto vulnerable de Aquiles, el talón; el lugar por el que su madre le sujetó para sumergirle en la laguna Estigia y donde el agua no le tocó. También le revela donde puede encontrarle, en el templo de Apolo Timbreo. Allí se dirige Paris, y en una apoteosis de cobardía, le dispara una flecha alcanzándole en su único punto vulnerable. Se cumple el oráculo que le fue revelado a Aquiles en su patria: si la abandonaba moriría ante los muros de Troya.

    Con estos hechos la guerra todavía continúa en un empate técnico. Ulises lo ve claro, y lo hace ver al resto de generales, que la guerra nunca se ganará por las armas sino por la astucia.


    Un día los troyanos asombrados vieron desde las murallas como el ejército aqueo se retiraba a sus barcos y éstos enfilaban proa a su patria. Casi tanto asombro como esto, les produjo la visión, delante de una de las puertas, de un enorme caballo de madera. Los troyanos felices al pensar que su resistencia había dado sus frutos, salieron de las murallas. Cerca encontraron a un aqueo, Sinon, al que hicieron prisionero y le interrogaron. Sinon declaró que la flota se había retirado hacia su patria, que él estaba destinado a ser sacrificado a Atenea y en último momento había podido escapar y que el caballo era una ofrenda de los aqueos a la diosa para rogarle que les concediesen viento favorable en su regreso. Lo habían construido tan grande para que los troyanos no pudiesen meterlo en la ciudad, y atraerse de esta forma el favor de la diosa. Conmovido por los llantos de Sinon, Príamo le acepta entre los suyos y le concede Troya como su nueva patria. Llenos de loco júbilo después de años de guerra interminable y sintiéndose seguros, los troyanos derribaron parte de una de las puertas de la ciudad y un trozo del lienzo de la muralla para permitir el paso del enorme caballo. Llegada la noche, bajo la incierta luz de una luna espectral, la ciudad, abandonando toda prudencia, se entregó a las celebraciones y excesos. Era el momento. Desde la parte más alta de la muralla y con una antorcha Sinón hizo una señal hacia la cercana isla de Ténedos, donde la flota aquea se había escondido. Era el momento de que regresase. Después se dirigió al caballo y abrió una puerta escondida por donde salieron Ulises, Menelao y un grupo de soldados. Los troyanos no pudieron reaccionar. La ciudad fue entregada al saqueo y al incendio; los hombres en edad de coger armas, a la espada. En una orgía de venganza, el hijo de Héctor fue arrojado desde las muralla; los hijos vivos de Príamo no corrieron suerte más piadosa: Polidoro fue lapidado; Polixena, vehementemente deseada por Aquiles en vida, le fue sacrificada para acompañarle en la muerte; Casandra fue entregada a Agamenón; la esposa de Príamo, a Ulises; Andrómaca, la esposa de Héctor al hijo de Aquiles. El propio rey Príamo sufrió la venganza póstuma de Aquiles en el brazo ejecutor del hijo del aqueo. Después de matarlo, lo decapitó, descuartizó y ofreció sus restos a la tumba de Aquiles y a los buitres.

Bibliografía

-          Yvon Garlan, La Guerra en la antigüedad, Ediciones Alderabán, 2003

-     Connolly Peter, Los ejércitos griegos. Ed. Espasa-Calpe, Madrid 1981

Páginas Web

El buscador Wilkipedia -http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_Troya

El buscador Wilkipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Heinrich_Schliemann

Acceso a libros virtuales -http://books.google.es/

Página sobre la guerra de Troya -http://www.laguia2000.com/edad-antigua/la-guerra-de-troya

Página en la que puedes encontrar buscando bastante vídeos de Historiahttp://www.tu.tv