INTRODUCCIÓN

Tartessos es el nombre dado por los griegos al área occidental más lejana del mundo conocido, entre el Guadiana, el Guadalete y todo el Valle medio y bajo de Guadalquivir, Allí Hércules había librado una batalla contra el gigante mítico Gerión, antes de que reinara Argantonio, único rey de Tartessos documentado históricamente. Al final de la Edad del Bronce las poblaciones del sudoeste de la Península Ibérica se enriquecen y empiezan a dar muestras de su capacidad de atesorar bienes y de dominar sus territorios. El contacto con los fenicios a partir del siglo IX a. C. impulsa su evolución cultural e introduce el estilo orientalizante en sus manifestaciones artísticas. Cádiz fue la principal colonia fenicia en la fachada atlántica, fundada por mercaderes procedentes de Tiro, y la clave de transformación de las regiones de su entorno que entre las comunidades fenicias y tartésicas. La arqueología da a conocer el carácter defensivo y urbanizado de las poblaciones tartésicas como Tejada la Vieja (Escacena del Campo) con murallas provistas de torres y casas distribuidas en manzanas separadas por calles rectilíneas, desconocidas con anterioridad.

Máscara de Argantonio

En determinados ajuares domésticos destaca, asimismo entre los tartesios la relativa abundancia de objetos, importados de otros países, de carácter suntuario, sacro o funerario, que demuestran el desarrollo jerarquizado de la sociedad, especialmente durante los siglos VII y VI a.C.

Es en esta etapa cuando empieza a difundirse en el sudoeste de la escritura, no sólo en la fenicia, traída por los colonizadores, sino también una escritura propia con un sistema gráfico específico para una lengua que, según algunos filólogos pertenece a la familia del celta o, según otros, a una lengua tartésica de la que no nos han llegado más testimonios que los de inscripciones, todavía no descifradas.

A pesar de todos los hallazgos se sigue considerando a Tartessos una cultura enigmática tanto por las contradictorias interpretaciones que se han hecho de las fuentes históricas, como por las diferentes hipótesis sobre el marco geográfico que ocupaba en sus distintas fases históricas o el momento en que se configuraron sus rasgos culturales. El núcleo de la cultura tartésica se desarrolló en un marco geográfico muy concreto, que se correspondería con el valle del Bajo Guadalquivir, la campiña gaditana y el sur de la provincia de Huelva. En su origen el núcleo principal se corresponde con el triángulo que forman las actuales ciudades de Cádiz, Sevilla y Huelva, si bien, a medida que transcurre el tiempo y la colonización mediterránea hace acto de presencia, la cultura tartésica logra penetrar hasta la Meseta Sur, la Baja Extremadura y la costa meridional portuguesa hasta la desembocadura del Sado.

Este territorio jugó desde los primeros momentos un papel fundamental para el desarrollo socioeconómico de Tartessos, de tal forma que sólo así podemos entender la rápida orientalización que sufrió esta periferia geográfica tras la llegada de los fenicios y griegos a las costas meridionales de la Península.

 

 

 Dispersión de hallazgos en el periodo Orientalizante

 

1. la Condomina, 2. Peña Negra, 3. Castillarejo de Peñarrolla, 4. Boliche, 5. Villaricos, 6. Cerro de S. Cristobal, 7. Cerro de la Velilla, 8. Andujar, 9. Toya, 10. Jardín, 11. Trayamar I y II, 12. El Acebuchal, 13. El Carambolo, 14. La cruz del Negro, 15. Marchena, 16. Setefilla, 17. Castinblanco, 18. Utrera, 19. Lebrija, 20. Cortijo de Ebora, 21. Cadiz, 22. La Joya, 23. Tharsis, 24. Segura de León, 25. Aliseda, 26. Serradilla, 27. Gaio, 28. Nora Velha, 29. Torre Vá, 30. Outeiro da Cabeça

 

El problema de Tartessos va ligado también al concepto histórico de tipo de relaciones establecidas entre indigenas y fenicios. No fue antes del siglo IX a.C. cuando se advierten los primeros indicios fenicios en el Mediterráneo oriental. Cada día son más abundantes los objetos procedentes del Mediterráneo que aparecen diseminados principalmente por la mitad meridional de la península y que superan sin ambages el siglo VIII a.n.e.; esta circunstancia permitió a Bendala distinguir tres fases escalonadas en el tiempo: la "penetración micénica", la "fase precolonial" y la "colonización histórica" (Bendala 1.992: 377), coincidiendo así con la apreciación realizada por los italianos que consideran la "precolonización" como el momento de las navegaciones micénicas hacia Occidente en el período LH III (Bondi 1.988; Bernardini 1.991).

Hubo, pues, contactos entre griegos y fenicios, en parte debido a la presencia de artesanos que trabajaron en el Egeo, y a través de un comercio de perfumes, cuyas fábricas se establecieron en las islas egeas más próximas a su lugar de origen. La presencia fenicia en la había de Cádiz, y la fundación de Gadir, está inmersa en la dinámica de la colonización fenicia en el Mediterráneo. Dado el carácter tirio de la fundación de Gadir, parece lógico que las correlaciones ente los tipos cerámicos de aquí y los orientales esclarezcan los problemas cronológicos. Dado el carácter comercial de la colonización fenicia, debe esperarse una estrategia sutil e interesada conducente a unas relaciones amistosas para intercambios continuos, a través de productos exóticos y novedosos. Este es el caso de San Bartolomé, en Almonte (Huelva), un poblado metalúrgico tartésico que benefició plata desde finales del siglo VIII hasta comienzos del VI a.C. Todo esto queda documentado en diferentes yacimientos por la aparición de cerámica fenicia, los indicios de la interacción entre fenicios e indígenas tienen una base consistente en regalos, con elementos similares, el carácter pacífico de este comienzo interactivo, la estrategia fenicia de penetración hacia el interior se inició en los comienzos del siglo VIII a.C. Los fenicios no llegaron a Tartessos, sino a una región intensamente habitada por indígenas del Bronce Final. ¿Qué obtuvieron a cambio los fenicios? Posiblemente su instalación permanente en un territorio del finisterre mediterráneo y la posibilidad de explotación de metales, esencialmente la plata, la explotación agrícola del territorio, y sobre todo el monopolio del comercio exterior. Todo en un proceso de interacción e integrador. Gadir llegó a ser un estado occidental, y la sociedad indígena, posesora del control territorial y de la producción, cambió notoriamente sus estructuras culturales y socioeconómicas.

No obstante otro problema a despejar es la contradicción que existe entre las fuentes históricas, que establecen la fundación de Cádiz por los fenicios en el 1.100 cuando arqueológicamente no se puede estirar más allá de fines del siglo IX, y la presencia de gentes procedentes del Mediterráneo anteriores a esta fecha y que, sin embargo, coinciden en el tiempo con la fecha anterior. Se ha propuesto la posibilidad de que las fuentes griegas denominaran fenicios a todos aquellos que procedieran del Mediterráneo oriental, independientemente de su lugar concreto de origen, aunque la verdadera llegada de los fenicios no se produjera hasta bastantes años después. La colonización de una parte de la península por éstos se debió producirse, por lo tanto, una vez alentados por las perspectivas que se abrían en el sur peninsular a partir de las noticias que irían recogiendo en su paulatina colonización del Egeo y del Mediterráneo Central. La instalación de los fenicios se vería así favorecida por el conocimiento y el puente que les tenderían esos agentes procedentes del Mediterráneo ya en contacto desde antiguo con la península; además, encontrarían grandes facilidades para la explotación comercial de los recursos mineros, entrando en contacto con una sociedad ahora mucho más compleja y capaz de proporcionar los mecanismos necesarios para llevar con éxito estos propósitos. La zona periférica jugaría un papel determinante mediante el aporte demográfico al núcleo tartésico, lo que repercutiría en la mayor capacidad de los personajes destacados de estas zonas para controlar los puntos estratégicos de paso por donde circularían las primeras vías de intercambio comercial con el interior. A la postre, serán estas zonas de la periferia las que sobrevivan y se desarrollen tras la crisis tartésica, aprovechando los mecanismos heredados de su relación anterior.