LAS RELACIONES ENTRE FAMILIA Y
ESCUELA
¿Por qué es importante la colaboración entre familia y
escuela?
La coordinación, el trabajo
conjunto y el conocimiento mutuo entre familia y escuela haría el proceso
educativo más coherente ya que las dos partes tienen algo en común: sus
protagonistas.
Dado que el comportamiento y
las actitudes muchas veces son diferentes en casa y en la escuela debería
existir un intercambio de información entre padres y profesores que permita
a todos conocer mejor a nuestros hijos/alumnos.
LA COLABORACIÓN ENTRE PADRES Y PROFESORES ES UN DEBER
DEL PROFESOR Y UN DERECHO DE LOS PADRES.
Esta colaboración y el intercambio de información proporcionan un canal de
comunicación que permite conocer, discutir y negociar criterios educativos
comunes que posibilitan, en ambos contextos, la realización de tareas
conjuntas.
Para conseguir este
objetivo, es necesario fomentar situaciones de encuentro en las que se
potencien el respeto y confianza mutuos mediante la capacidad de reconocer
que no es fácil ser padre-madre, ni tampoco profesor-profesora.
¿Necesitas ayuda para mejorar la relación con tus hijo/as?
Después
de comprobar que un alto porcentaje de familias se han interesado por los
consejos y la información aquí recogida para intentar conocer mejor posibles
problemas de convivencia que pueden acontecer en el entorno escolar de sus
hijo/as y posibles soluciones cuando el problema está presente, nos hemos
planteado un nuevo reto: Que las familias dispongan de información clara y
sencilla acerca de cómo pueden mejorar la relación con sus hijo/as mediante
pautas concretas de actuación, tanto a nivel general, como en problemas
específicos.
La adolescencia es una
etapa de grandes cambios, que no sólo afectan a tu hijo/a, sino a quienes le
acompañan. Conocer las fases por las que vamos formándonos como adultos te
permitirá anticiparte a posibles problemas.
Consideramos importante
suscitar la reflexión acerca del estilo educativo que soléis utilizar con
vuestros hijo/as, porque, si bien es cierto que los padres perfectos no
existen, en ocasiones reproducimos pautas de crianza dando por supuesto que
son las más adecuadas sin ponerlo en duda.
Queremos trasmitiros que
la educación de los hijo/as es una tarea difícil en la que no estáis solos.
La escuela es parte fundamental en este proceso, pero la actitud de
colaboración entre padres y escuela es determinante para que el adolescente
llegue a la edad adulta de la forma más satisfactoria posible.
¿TIENES PROBLEMAS DE COMUNICACIÓN CON ELLOS/AS?
“No entiendo a mi
madre. Se queja de que no le cuento nunca nada, de que no confío en ella, de
que mis amigo/as saben más cosas de mi vida que ella…
Pero en realidad, muchas veces sí que me apetece contarle mis cosas. Lo que
ocurre es que cuando empiezo a hacerlo, no siento que me escuche.
Entiendo que esté
cansada cuando vuelve del trabajo, que en casa seamos cuatro personas y haya
muchas tareas que hacer continuamente, pero siempre que lo intento, nunca
tiene un momento para escucharme, por lo que he decidido contarle lo justo”.
Comunicarse con los
hijo/as durante la adolescencia no es una tarea fácil. En esta etapa,
nuestros hijo/as dejan de ser niño/as y poco a poco aprenden a comportarse
como adultos autónomos e independientes. Este tránsito es difícil para
ello/as, pero también para nosotro/as, porque queremos que alcancen la edad
adulta de la mejor forma posible.
Aunque el
“manual para la comunicación perfecta con nuestros hijo/as” no existe, sí
que podemos intentar que ésta sea lo más óptima posible siguiendo una serie
de pautas que te ayudarán a conseguir que con el tiempo, sea tu hijo/a el
que comience vuestras conversaciones en el mayor número de ocasiones.
ESCÚCHALE
Es esencial para que la comunicación entre tu hijo/a y tú sea lo más fluida
posible que encuentres tiempo para oírle, y oírle de una forma que exprese
tu interés y disposición. Cuando nos detenemos y escuchamos a alguien, le
estamos diciendo: “Eres importante. Lo que dices me interesa. Tú me
interesas”.
Cómo escuchar a tu hijo/a:
1. Asegurate de que estás preparado para oírle. Cuando llegamos de trabajar,
es posible que necesitemos un tiempo para recuperarnos de la jornada
laboral, y así poder centrar nuestra atención en otras cosas.
2. Presta toda tu atención a tu hijo/a, aunque sólo sea durante cinco
minutos después de venir del instituto colegio. Siéntate con él/ella y
escúchale.
3. Intenta eliminar todas las distracciones que puedas. Si por ejemplo te
suena el móvil, dile a quien te llama que le llamarás en cinco minutos. Si
otro de tus hijo/as reclama tu atención dile que estás hablando con su
hermano/a, que en cinco minutos le atenderás. Si no puedes eliminar las
distracciones, dile a tu hijo/a que le dedicarás esos minutos más tarde.
4. Practica la escucha activa. Hazle preguntas, aclárale situaciones,
responde mirándole a la cara siempre. Dale a tu hijo/a indicios de que estás
interesado en lo que te está contando, preguntándole más detalles de algo
que te está contando o que te ha contado en otra ocasión. Él/ella se sentirá
importante porque le escuchas y recuerdas las cosas que te cuenta.
5. Invita a hablar a tu hijo/a. Empieza haciéndole preguntas abiertas, y
luego síguele la pista de lo que te va contando.
Qué escuchar:
1. Escucha el núcleo central de la historia. Cuando tu hijo/a está
hablándote, hacerse mentalmente preguntas de este tipo te puede ayudar:
“¿Por qué razón esto es importante para él/ella?”, “¿Qué está intentando
decirme?”, “¿Me está contando sus planes?”…Pregúntale acerca del núcleo de
la historia e intenta no distraerte con los detalles.
2. No pienses que tienes que solucionarle las cosas. Es importante que
mientras le escuchas, evites darle consejos o resolverle el problema. A
parte de que no interrumpirás su discurso, le darás la oportunidad de
encontrar la solución por sí mismo.
Es normal que quieras
ayudarle a solucionar un problema, o temas que sea demasiado joven para
saber solucionar algunas cosas, pero algunas veces, tu hijo/a no te estará
pidiendo una solución, te estará contando una experiencia. Si es oportuno,
después de que haya tenido suficiente tiempo para expresarse, puedes
ayudarle a explorar las posibles soluciones al problema.
3. Atiende y responde a los sentimientos de tu hijo/a. Cuando estés
escuchándole, no prestes atención sólo a sus palabras, sino también a los
sentimientos que expresa. Busca pistas en su postura física y en su tono de
voz. Respóndele a los sentimientos que observes así como a la historia que
estás oyendo.
ACEPTA SUS SENTIMIENTOS
A
menudo queremos evitar que nuestros hijo/as tengan sentimientos dolorosos y
tristes. Con la mejor intención, les decimos cosas como “no estés triste, no
pasa nada si no le gustas a ese chico/a, estoy seguro de que hay un montón
de chico/as que querrían salir contigo”, cuando es muy probable que en este
caso a nuestro hijo/a no le importe en absoluto el resto de chico/as del
mundo, y lo único que necesite es que le escuchemos.
Estas son algunas formas
de ayudar a hijo/a a afrontar sus sentimientos:
1- Anímale a expresar sus verdaderos sentimientos
asegurándole la privacidad y tiempo necesarios para que exprese lo enfadado,
triste o frustrado que se siente.
2- Ayúdale a que encuentre diferentes formas de expresarse, por ejemplo, los
deportes y otras actividades físicas intensas pueden constituir otra salida
para estos sentimientos intensos.
3- Aliéntale a utilizar su imaginación para expresar sentimientos: “¿Qué te
hubiera gustado haber dicho o hecho?”
4- Cuéntale una historia tuya en una situación similar, sintiendo cosas
similares “Recuerdo cuando tenia tu edad que mi hermana solía hacer x cosa y
a mi no me gustaba nada”. Tu hijo/a puede sentir que no está solo en sus
sentimientos y lo más probable es que se reconforte pensando que le
comprendes. (Pero ten cuidado cuando le cuentes algo tuyo, no se vaya a
convertir en el centro de la conversación, o se vaya a utilizar para
minimizar el malestar de tu hijo/a).
5- Sé un buen modelo para él/ella a la hora de afrontar tus propios
sentimientos negativos intensos.
6- Ayuda a tu hijo/a a sentirse bien consigo mismos incluso en situaciones
de derrota o decepción. “No has ganado el partido, pero has mejorado un
montón en tu habilidad con el balón. Cuando adquieras más destreza no
va a haber quien te pare”.
UTILIZA UN LENGUAJE RESPETUOSO CON
ÉL/ELLA
Es importante
tener claro que no somos amigo/as de nuestros hijo/as, somos sus padres, por
lo tanto, debemos de utilizar un lenguaje propio de padres, no de “colegas”,
pues ello no facilita que nos vean como sus figuras de autoridad.
Utilizar un lenguaje
respetuoso, tanto en su forma como en su contenido, propiciará que nuestro
hijo/a también lo utilice con nosotros.
Tener en cuenta las siguientes
consideraciones te ayudará a conseguirlo:
1- Describe la conducta de tu hijo/a que te gustaría
corregir en vez de “ponerle un adjetivo”, de esta forma distinguirás su
valía personal de su conducta, y no se sentirá “atacado”. Expresando cosas
tales como “Alfonso, tu habitación está desordenada, hay que recogerla antes
de salir”, conseguirás probablemente que la recoja antes que diciéndole “!
Alfonso, eres un desordenado!” El describir la conducta (lo que has visto u
oído, lo que ha sucedido), ofrece a tu hijo/a un feedback preciso sobre su
forma de actuar y sobre cómo afecta a otros su conducta.
2- El lenguaje que utilices con tu hijo/a es un lenguaje que comunica algo
acerca de tí mismo. Expresa tu aprecio, gozo, desaprobación o enfado.
Comunica tus motivos para querer que se haga algo o tu reacción a la
situación.
A los jóvenes les resulta más
fácil satisfacer las expectativas y evitar el conflicto cuando saben por qué
las personas de su entorno reaccionan como reaccionan.
3- Reconoce sus sentimientos. Intenta ponerte en su lugar aunque no
compartas su opinión acerca de lo que te está contando.
4- Cuando estés muy enfadado por algo que ha hecho tu hijo/a, intenta en la
medida que sea posible posponer la conversación diciéndole que estás
demasiado enfadado para hablar de lo que ha hecho en ese momento.
De esta forma además de evitar
castigos desmesurados basados en tu emoción, no en la actuación errónea de
tu hijo/a, le proporcionarás un ejemplo de autocontrol y de equidad que a
largo plazo dará sus frutos.
ELOGIA A TU HIJO/A
Sé
generoso a la hora de elogiar a tu hijo/a. Ello facilitará que se sienta
bien consigo mismo, y en consecuencia, vuestra comunicación será más fluida,
pues sentirá que valoras sus esfuerzos y avances.
Esto no significa que tengamos
que elogiarlos continuamente, sin que haya un motivo que lo justifique, pues
se conseguiría el efecto contrario.
El elogio excesivo y poco
sincero incomoda a los adolescentes.
Te proponemos tres sencillas reglas
que te ayudarán a usar el elogio de forma adecuada:
1. A la hora de elogiar a tu hijo/a describe lo que ves: “Veo que pese a
haberte llamado tu amiga Isabel para ir al cine, has preferido estudiar
para tu examen de inglés”.
2. Describe cómo te sientes tras observar lo
ocurrido: “Estoy muy contenta de ver que has pensado salir en otro
momento”
3. Sintetiza la conducta que elogies de tu hijo/a en pocas palabras:
“Has decidido quedarte en casa para estudiar en vez de salir al cine. A
eso lo llamo yo sentido de la responsabilidad”
CORRIGE A TU HIJO/A TANTAS VECES COMO CREAS NECESARIO
Muchas
veces los padres pensamos que una de las causas de los problemas de
comunicación que acontecen en la adolescencia es la desigualdad de opiniones
con nuestros hijo/as.
Creemos que como no les
permitimos llegar a casa a la hora que les gustaría, como controlamos su
gasto de móvil, su forma de vestir…se sienten a disgusto, y como
consecuencia, están en desacuerdo con la mayor parte de cosas que les
decimos.
Evidentemente, a nuestros
hijo/as les gustaría llegar a la hora que quisieran, vestir como les
apeteciera…de la misma forma que nos hubiera gustado a nosotro/as a su edad,
pero esto no es motivo suficiente para que nuestra comunicación se vea
afectada.
Los chico/as adolescentes
necesitan reglas y límites. En los casos en los que esto no ocurre aparecen
sentimientos de abandono. Necesitan saber que sus padres están ahí,
pendientes de lo que pueda ocurrir.
Debemos de desterrar las ideas
relacionadas con que la posible subordinación ocasiona futuros “traumas” en
nuestros hijo/as, nada más lejos de la realidad.
Siguiendo estos cuatro pasos a la hora de dar correctivos, evitarás
numerosas discusiones y resistencias y proporcionarás un tipo de
comunicación clara a tu hijo/a.
1- Describe su conducta con un lenguaje no valorativo: “La habitación no
está recogida aún”.
2- Exprésale una razón para el cambio conductual: Exprésalo simple y
directamente: “Me preocupo cuando llegas tarde”
3- Reconoce sus sentimientos: “Ya veo lo enfadado que estás”
4- Formúlale claramente lo que esperas de él/ella: “Necesito que vengas a
ayudarme ahora”
Los tres ejercicios siguientes te
ayudarán a que practiques la forma de corregir a tu hijo/a:
1- Atiende a las interacciones padres-hijo/as cada vez
que las presencies en el supermercado, con amigos…Atiende no sólo a las
palabras, también al tono. ¿Utilizan descripciones o valoraciones? ¿Está el
adulto teniendo en cuenta los sentimientos del adolescente? ¿Formula el
padre claramente sus expectativas? Piensa si la interacción tiene
probabilidades de fomentar la comunicación entre padre e hijo/a. Anota
tres interacciones de las que has observado. Más tarde representa
mentalmente la escena utilizando los cuatro pasos recomendados a la hora de
dar correctivos.
2- Presta atención a las interacciones con tu hijo/a. Cuando utilices con
éxito todos los pasos en la aplicación de correctivos, fíjate en la
diferencia de respuesta por su parte. ¿Hay menos conflicto, menos discusión,
menos resistencia? Fíjate en cómo te sientes cuando reconoces sus
sentimientos.
Soluciones consensuadas
En los casos en los que sea posible una negociación con tu hijo/a
practícala siguiendo los siguientes pasos:
1. Deja que tu hijo/a exponga su punto de vista.
2. Expón a continuación tu punto de vista.
3. Invita a tu hijo/a a buscar soluciones consensuadas.
4. Anota todas las ideas sin enjuiciarlas y sin dar tu opinión acerca de
las mismas.
5. Revisa la lista y decide cuáles son las más viables, para intentar
llegar a un acuerdo.
