Levante E.M.V. 19/02/2006

 

VITORIA

Dicen que después de morir Franco tuvimos una transición tranquila hacia la democracia. Que se había muerto el perro y con esa muerte se acabó la rabia que estuvo contagiando a este país durante cuarenta años. Eso dicen. Los franquistas más duros se repartieron entonces entre Fuerza Nueva y la Alianza Popular de Fraga Iribarne y los menos duros se metieron en la UCD que lideraba Adolfo Suárez . Ahora los franquistas más duros y los menos duros están en el PP. Eso que ha salido ganando la derecha: están todos ahí, despotricando a todas horas, ejerciendo un derecho a la libertad de expresión que sus antepasados fachas nos negaron a rajatabla durante la dictadura. La calle es suya, como dijo Fraga una de las veces en que fue ministro. Porque ese señor tan viejito ya, tan antiguo en sus trazas, tan prehistórico, fue varias veces ministro, con Franco y después de Franco. Por eso tenía más razón que otros para levantar acta de su derecho a dominar la calle y a demostrar con pelos y señales ese derecho. Precisamente la próxima semana se cumplen treinta años de una de esas demostraciones. Cientos de personas se habían encerrado en una iglesia de Vitoria con motivo de una huelga. La policía entró con violencia, obligó a la gente a abandonar el recinto y conforme iba saliendo se encontraba con los disparos a quemarropa de la policía. Cinco muertos. Dos en el acto. Tres por las heridas sufridas. Más de cien heridos. Los muertos se llamaban -todavía se llaman en nuestro recuerdo- Pedro María Martínez , Francisco Aznar , Romualdo Barroso , José Castillo y Bienvenido Pereda . Tenían entre diecisiete y treinta y dos años. Era el 3 de marzo de 1976 y Fraga Iribarne era ministro de la Gobernación , dueño de la calle. Han pasado treinta años y es como si hubiera pasado una eternidad. Y es que a veces, como decía Bergamín , el tiempo nos va por dentro y es como si no pasara o pasara absolutamente descontrolado. Por dentro dejó aquel tiempo alguna felicidad, bastantes heridas y muchos desencantos. Como este mismo que les contaba: Fraga Iribarne es uno de los que ahora nos da lecciones de democracia. Estos días me acordaba de Vitoria, de cómo la policía mató a sangre fría a cinco jóvenes obreros. He puesto en el viejo tocadiscos "Campanades a mort", la hermosa canción que Lluís Llach escribió para dejarnos la huella de aquellas muertes que nos resultaban tan cercanas. No fue un tiempo tan feliz como dicen. Ni tan tranquilo. Teníamos la esperanza de que todo iba a cambiar. No cambió todo, claro, es muy difícil que pueda cambiar todo de la noche a la mañana. Seguramente era difícil pero bastante más podía haberse hecho. Eso pienso. Quizá por aquella tibieza en los cambios, el franquismo todavía vive en esta democracia. De ahí vienen Aznar y los gestos autoritarios, violentos, de sus descendientes al frente del Partido Popular. No les gusta la democracia, nunca les ha gustado. Y aún menos una democracia que permite que ellos puedan perder unas elecciones. Hace treinta años los tiros acabaron con las vidas de cinco jóvenes obreros en Vitoria. Algunos de quienes ordenaron esos y otros disparos siguen ocupando cargos institucionales en este país. Nos preocupamos de encontrar culpables del horror en Chile, en Argentina, en los Balcanes, en Irak, en no sé cuántos sitios más. Aquí también tuvimos el horror. Y los nombres de quienes lo activaron son de sobra conocidos. Pero aquí somos diferentes, claro. Y tan diferentes.