Índice:

   
1. Introducción a la psicología social de la familia

¿Psicologia social de la familia?
La familia en la psicología social
La larga tradición de la psicosociología de la familia
La psicología social de la familia como empresa interdisciplinar
Consideraciones finales: algunos objetivos y metas de la psicología social de la familia

2. La (in)definición de la familia
Introducción
Origen y universalidad de la familia
Cambio y diversidad de las familias
Funciones de “las familias”
El declive de "la familia": los pesimistas
La familia en plena forma: los optimistas
El problema de “la” definición

3. El desarrollo teórico en el estudio de la familia
Naturaleza y funciones de las teorías sobre la familia
Breve historia del desarrollo teórico en el estudio de la familia
Paradigmas en el estudio de la familia
¿Un futuro postpositivista?
Alternativas teóricas en el estudio de la familia

4. La familia como interacción
Introducción
Interaccionismo simbólico
Teoría del conflicto
Teoría del intercambio

5. La familia como sistema
Introducción
Teoría del desarrollo familiar
Teoría de los sistemas familiares
Ecología del desarrollo humano

6. La familia como construcción social
Introducción
Fenomenología y etnometodología
Pensamiento crítico y enfoques feministas
  

 

Prólogo:

 
           
Además de muy importante –Comte la denominó “la verdadera ciencia final”- la Psicología Social es, a veces, una disciplina sorprendente. En sus cien años de historia, y ateniéndonos ahora solamente a los manuales, ha tratado temas tan diversos como el progreso social (Ellwood, 1920), la estabilidad psíquica de la población (Gault, 1923), el significado psicosocial del sistema nervioso (Reinhardt, 1938), la psicomotricidad (Duprat, 1920) o el juego, arte y música (Ewuer,1929). Además, naturalmente, de unos pocos asuntos de siempre: agresión, actitudes, grupos, etc. En cambio, apenas se ha ocupado de materias tan innegablemente “psicosociales” como los medios de comunicación de masas, el poder, la delincuencia, … o el matrimonio y la familia. Pero es así como la Psicología Social no ha seguido el camino ya iniciado por (algunos de) los padres fundadores. Porque, en efecto, E.A. Ross, no en su texto de 1908, sino en su voluminoso libro “Principios de Sociología” (1920), no sólo dedicó un capítulo a la familia, sino que también escribió sobre la dominación de los padres sobre los hijos, la de los maridos sobre las esposas y la explotación (sic) de los padres sobre los hijos (en muchos casos, hoy Ross probablemente invertiría ese orden). Por su parte, W. McDougall (1908) escribió que “la familia es la condición primera del estado saludable de la sociedad y de la estabilidad de cada comunidad”.

            El “individualista” Floyd Allport (1924), en un capítulo dedicado a los ajustes y conflictos de la conducta social, trató extensamente de las causas de la disarmonía entre los cónyuges y del amor entre los miembros de la familia. Más tarde, psicólogos sociales tan conocidos, además de Lewin, como Thomas y Znaniecki (1918), Williams (1922), Dunlap (1925), J.F. Brown (1936), Ginsberg (1936), Vaughan (1948) o Stagner (1952), incluyeron en sus respectivos manuales muchas páginas dedicadas al matrimonio y la familia. No pocas veces, por cierto, a través de la perspectiva del “conflicto”. Y en cuanto a los manuales se refiere, no mucho más debe haber, que yo sepa, naturalmente. Y, por descontado, y esto es aun más grave, ese desinterés por la familia también puede constatarse en los textos de Psicología Social Aplicada.

            No es el caso ahora entrar en las explicaciones de ese criticable desdén de la Psicología Social dominante, pero, sin duda, una de las razones fundamentales tiene que ver con la propia “sociopsicología de la investigación psicosociológica”, esto es, con esa inveterada obsesión de la Psicología Social USA por poner el carro delante de los bueyes. Recuérdese: es “el” método científico –al cabo, elementales experimentos con un reducido grupo de estudiantes de psicología- el que determina qué materia es o no es Psicología Social. Y, ciertamente, realizar experimentos en o con la familia no debe ser cosa fácil.

            Esto no debe ser así, y el espléndido libro de los profesores Gracia y Musitu ayudará decisivamente a que no continúe siendo así. Por lo demás, sería insensato negar la legitimidad, oportunidad e incluso obligatoriedad –¿no es la familia un grupo primario?- de que, respondiendo al clamor hace años imperante -¡la relevancia social!- la Psicología Social utilice todo su arsenal conceptual, psicológico y sociológico, para analizar científicamente la familia y el matrimonio.

            Ingente tarea, por cierto, para quien, con buen juicio, quiera dedicarse a ella. Pues, como mínimo, hay dos evidentes ámbitos de interés: una Psicología Social en la familia y, en muy estrecha dependencia, una Psicología Social de la familia. La primera ofrece una excelente oportunidad para poner de manifiesto el alcance del postmoderno cacareo acerca del pluralismo teórico y metodológico-técnico de la disciplina. Y, desde luego, sería muy importante que en esos análisis no se olvidara el “lado oscuro” de la glorificada institución familiar, pues ahí están esas aterradoras cifras de violencia doméstica y abuso sexual que ya cumplen sobradamente los requisitos que configuran a los “problemas sociales”.

            Pero no se detiene aquí el tajo. Porque, naturalmente, es asimismo necesaria una Psicología Social de la familia y el matrimonio. Se trata ahora, tomando ambas entidades como unidad de análisis, de estudiar sus vínculos con la estructura social. De una sociedad “post”, según la generalizada etiqueta. Por tanto, quizás también postemocional, postfamiliar o postmatrimonial, si hay que ser consecuentes.

            Varias encuestas recientes revelan la extraordinaria valoración positiva del matrimonio por amor y de la familia. Incluso los colectivos antaño malditos, como los gays y las lesbianas, exigen cambios legislativos que les permitan vivir –incluso casarse y tener hijos- como los heterosexuales.

            Pero, simultáneamente, se habla de “fauna conyugal” y de “guerra de los sexos”. Y esa exaltación mentada mal se compadece con la constante subida de las tasas de divorcio, de los hogares monoparentales y de los hijos nacidos fuera del hogar. Acreditados analistas –Lipotveski, Giddens, Beck, etc.- reconocen expresamente las poderosas fuerzas centrífugas que acechan a la familia postmoderna. La emancipación económica y sexual femenina ha determinado la configuración de un nuevo tipo de lazo sentimental entre los géneros; es la “relación pura”, el “amor confluente”, la “sexualidad plástica”: la relación se establece y continúa sólo en la medida en que se juzga que produce la suficiente satisfacción para cada una de las partes. En un sentido, un elevado porcentaje de matrimonios –más del 50% en USA- ya llevan desde su comienzo fecha de caducidad.

            Una cabal Psicología Social de la familia y del matrimonio debería enraizar todo lo anterior en las actuales condiciones materiales de existencia, como se decía antaño, de nuestras postmodernas sociedades; por ejemplo, cómo el empleo –juvenil, sobre todo- precario, fluctuante, contingente, hace ilusorio (Bourdieu) o frustrante (John Gray) todo proyecto biográfico, incluso a corto plazo, incluido, claro está, el “amoroso formal” que culmina jubilosamente en el matrimonio y la familia.

            Todo lo cual exige, por cierto, incorporar unos métodos de investigación acordes con la intimidante complejidad del tema en esta nuestra época. Unos métodos que, tanto teórica como empíricamente, sean congruentes con recientes diagnósticos de gran impacto, que llevan títulos tan expresivos como “La Familia incierta”, “El caos normal del amor”, o “El nuevo desorden amoroso”. Caos, desorden, incertidumbre, términos con innegable parecido de familia integrantes del nuevo Juego de Lenguaje que, siguiendo el ejemplo de las ciencias “blandas”, es decir, las ciencias naturales, deben necesariamente ya utilizar las ciencias sociales.

            Pero hay que concluir estas breves consideraciones sobre este excelente libro de los profesores Enrique Gracia y Gonzalo Musitu. Rigor argumentativo, cuantiosa documentación, claridad expositiva, honradez intelectual. Estas y muchas otras virtudes epistémicas hallará en las páginas que siguen el avisado lector. Esta obra será, con seguridad, un texto de obligada referencia en los estudios científico-sociales de la familia.


Madrid, diciembre de 1999



Florencio Jiménez Burillo
- Catedrático de Psicología Social de la UCM

 

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