| Dichosos
los que al reconocer los méritos ajenos encuentran su
propia dignificación, y feliz quien administra la
justicia antes de que vibre la necesidad. Dichosos por
ello los obreros de la fábrica, y feliz D. Aniceto
Coloma, el llorado patrono. Todos supieron proceder así,
y juntos rezaron cotidianamente la fecunda oración.
¡Dios salve al trabajo!.
(Del discurso de D. Antonio
Gotor)
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Solo
la muerte podía romper esta concordia, y de ella misma
se ha querido triunfar con el homenaje de hoy, y en ese
grupo escultórico, supo el artista continuar la
oración. Si quitáis los obreros que sostienen
el busto, éste caerá inevitablemente; si quitáis el
busto, serán los brazos los que caigan desfallecidos y
estériles. ¡Cuanto Amor, cuanta Justicia,
cuanto Respeto y cuanto Desinterés! ¡¡Salve!! |