TITULO DEL LIBRO: “EXPERIENCIAS. Mi vida a través de las vivencias
personales
AUTOR: José Manuel MANCISIDOR
OLAIZOLA
FECHA COMIENZO: 18/05/98
FECHA FINALIZACION:
TIPO DE OBRA: AUTOBIOGRAFIA
1º/ NACIMIENTO
2º/ MI INFANCIA
3º/ LA ESTANCIA EN MADRID
4º/ MI PRIMERA AMISTAD
5º/ LA BICICLETA
6º/ ASPACE DE EIBAR
7º/ LOS TALLERES DE ASPACE EN
DONOSTI
8º/ ¿ESTUDIAR, PARA QUE?
9º/ TRASLADO A DONOSTI EN TREN
10º/ EN EL PISO CON UNOS AMIGOS
11º/ CREENCIAS
12º/ EN BUSCA DE TRABAJO
13º/ EN LA O.N.C.E.
14º/ LA COMUNICACIÓN
15º/ ¿VIVIR SOLO YO EN UN PISO?
¿CÓMO?
16º/ MI LUCHA
1º/ Nacimiento
Mi madre tuvo un embarazo normal conmigo. La cosa se
complicó en el parto, como el 99% de los casos de parálisis cerebral. A mi
madre le dieron demasiada anestesia y al no hacer fuerza mi madre, yo tragué
porquería y me afectó al cerebro, a una parte del cerebro, en mi caso al habla
y al sistema motor. La parálisis consiste en que una parte del cerebro esta
dañada. Existen muchas clases de parálisis cerebral.
Nací
el 12 de Enero de 1964, en el pueblo marítimo de Zumaia. Era el segundo hijo
que tenían mis padres. Somos cuatro hermanos, tres chicos y una chica. Bueno
debo de rectificar. Eramos cinco, pero la que me seguía a mí se murió con once
meses de espina bífida. Hace de esto treinta y cuatro años. Hoy en día salen
para adelante pero antes no. Era niña y se llamaba María
Juncal.
Enseguida
se dieron cuenta de que yo tenía algo diferente a los demás niños, sobre todo
mi madre que era la única persona que permanecía durante todo el día conmigo, y
decidió ponerse en marcha lo antes posible. El resto de la familia decía que no
tenía nada, que era paranoia de mi madre. Hasta que un día se cansó y le enseño
a mi padre y a mi tío Cruz Mari las fotos de mi hermano y las mías y las
compararon. Mi hermano aparecía derecho, con la cabeza bien levantada, y yo
todo torcido. Entonces se dieron cuenta de que yo tenía algo.
Dice
mi madre que lloraba mucho. Ella al principio no sabía por qué lloraba tanto,
hasta que se dio cuenta de que no podía chupar el pecho que ella me daba.
Lloraba porque tenía hambre.
Cuando
cumplí el año y medio mi madre me llevó a Madrid. Fuimos en avión. Dice mi
madre que en el avión se portaron de maravilla, todas las azafatas pendientes
de mí, dándome bolsas de caramelos. Yo ni me enteré, solo tenía 18 meses. Mi
madre fue sola, aunque exactamente no sabía a dónde ir. Mi madre se atrevió a
ir sola con un niño de 18 meses a Madrid. Una señora que apenas había salido de
Cestona, un pueblo pequeño de unos 2.000 habitantes.
Logró
aprender unos ejercicios de gimnasia para después trabajar conmigo en casa.
Tenía
un aparato ortopédico que me ponían para dormir (aún conservo ese aparato), no
solía dormir mucho con el aparato. Tenia que estar todo el tiempo boca arriba.
El aparato era de cintura para abajo. A los lados tenía unos hierros y por las
rodillas unas cinchas para que tuviera derechas las piernas. Mi madre dice que
solía llorar mucho con el aparato, y que ella sufría más que yo al verme llorar.
Ahora
pienso lo fuerte que fue mi madre en aquellos momentos. Ella apostó todo a un
número. Le daba igual lo que decía la gente de su entorno, marido, hermanas,
cuñadas, etc. Algo le decía en su interior que su hijo saldría adelante y el
tiempo le dio la razón. Nunca le podré agradecer lo suficiente a mi MADRE.
2º/ La Infancia
Yo soy
de la calle Juan Belmonte. Vivíamos puerta con puerta con la familia Apestegui.
Mi madre siempre suele decir que la señora de aquella casa (se llama Josepa,
aun vive) fue como su segunda madre, siempre que le veía cansada a mi madre le
solía decir. Miren tráeme al crío y
descansa un poco. Y me dejaba con ella.
Entonces mi madre aprovechaba para hacer las cosas de casa. Desde aquí
quiero mandar mi agradecimiento a la familia Apestegui y especialmente a
Josepa. ESKERRIASKO. Ya cuando yo tenía un año, mis padres se mudaron a la
calle San José.
Mi
infancia fue como la de cualquier otro niño, vivíamos en la calle antedicha San
José y entre el resto de niños yo era uno más.
La
calle San José es un barrio pequeño que lo habitaban gente sencilla, estaba
rodeado de verde y poblado por caseríos. La calle estaba sin asfaltar, con un
riachuelo que venía del monte. Y cruzaba toda la calle San José, en donde los
chavales hacíamos presas de agua con ramas y piedras.
Yo
hasta los 5 años de edad no comencé a caminar, sin embargo salía a la calle a
jugar con los otros niños a gatas.
Siempre
tenía las rodillas llenas de heridas, de andar por el suelo, pero a mi madre
solamente le importaba que fuera como el resto de los niños y ella observaba
que los demás chavales me aceptaban como otro cualquiera.
Jugábamos
a indios y vaqueros con palos que cogíamos del monte y con pequeñas navajas le
dábamos forma a la escopeta, o al arco y las flechas del indio. Yo hacía lo que
podía con mis manos. Siempre había un amigo que me echaba una mano.
Luego
había modas. Por ejemplo una moda era la de la peonza. Todos los chavales
solíamos salir con nuestras peonzas a la calle y solíamos jugar a bailar las peonzas.
Yo casi nunca lograba bailar la peonza y cuando la lograba bailar se enteraba todo el mundo (nosotros
lo llamábamos, la chiva) peor andaba allí con los otros chavales. Otra moda era
la de las canicas. Los cromos de fútbol, los tirachinas. Yo no me quedaba
atrás, en todo participaba.
Yo
pienso que los niños son más tolerantes que los mayores. También son más
crueles. Yo en la calle San José era uno más, los chavales contaban conmigo
para todo.
Recuerdo
una vez que estabamos jugando con el balón. Un señor mayor nos cogió el balón y
nos dijo: No os voy a dar el balón, y lo
voy a pinchar. Entonces un chaval le dijo: El balón es de José Manuel, es de él. Entonces el señor por lástima
hacia mí nos dio el balón. Y el balón no era mío, pero en aquel momento a aquel
chaval se le ocurrió esa excusa y seguimos jugando al balón.
3º/ Mi estancia en Madrid
En el año 1971, cuando
tenía 7 años de edad, el Doctor D. Bibiano OLAIZOLA les recomendó a mis padres
que me enviaran a un Hospital que se encontraba en Madrid, para operarme de las
piernas. El Centro Sanitario se llamaba: “Hospital del Niño Jesús”.
La
verdad no tengo un buen recuerdo de mi estancia en el mencionado Hospital.
A
primera hora de la mañana nos llevaban a la piscina y luego al fisioterapeuta,
después nos daban clases de E.G.B.
Yo
quería participar como todos los niños, pero el profesor no me dejaba. Al no
poder hablar se pensaría que era retrasado mental, y no me dejaba participar.
Me sentaba en una mesa como los demás chavales con la diferencia que los demás
chavales con sus cuadernos y libros y yo sin nada. Con 7 años apenas te das
cuenta del desprecio que te hacen, pero sí me daba cuenta que aquello no era
normal. Yo quería mi cuaderno y mis libros como los demás.
Los
demás niños tenían menos dificultades físicas que yo, la mayoría presentaban
las secuelas producidas por la enfermedad denominada “Polio”.
Me
hacían muchas novatadas, una de ellas consistió en que cuando me encontraba en
la cama me echaron orina encima, más tarde avisaban a la enfermera de lo
ocurrido y le decían que me había orinado, entonces la enfermera me reñía a mí
y no a los otros chavales.
Otra
noche me obligaron, amenazándome con un cinturón, a ir a la habitación de las
chicas, yo tan solo quería dormir, me descubrió la enfermera y se enfadó mucho
conmigo.
Yo
por aquel entonces, no tenía tabla de letras para comunicarme con los demás y
no podía decir nada.
Al día siguiente de ocurrir el
suceso le conté como pude, mediante signos, ruidos, etc. a una enfermera muy
honesta quien me entendió y me pidió perdón riñendo al resto de los niños.
Me
acuerdo perfectamente cuando me solían llamar mis padres los domingos a la
tarde, yo me ponía a llorar cuando oía su voz por el teléfono, yo
verdaderamente lo solía pasar mal cuando hablaba con mis padres. Por otro lado
estaba deseando que llegara el domingo para hablar con mi familia, aunque yo no
les podía decir nada, porque no podía hablar.
De
otro detalle que me acuerdo, es de las palomitas de colores que me solía traer una
enfermera. Era una enfermera muy maja, me quería mucho. Todas las tardes me
llevaba a la cocina y me daba leche con galletas, eso sólo me lo hacia a mí.
Luego posteriormente la vi en Cestona dos veces o tres. Solía estar donde
Agustín y Romana, frente a la casa de mis tías.
Cuando
volvió mi madre al Hospital a recogerme se llevó una sorpresa muy desagradable.
Me encontró mal vestido: con unos pantalones que no eran míos, un calcetín más
largo que el otro, lo único que llevaba mío era el jersey y las botas.
Cuando
llegué a casa en Zumaia estaba peor que cuando fui. Me orinaba encima, apenas
podía andar, me caía al suelo más fácil que antes, era un desastre.
Mi
estancia en el hospital de Niño Jesús fue de 43 días. Entre el día 5/11/71 y
salí el 8/12/71 (aún conservo la factura). Cada día costaba, 260 ptas., en
total fue 11.180 ptas. Hace 28 años, que entonces era dinero. Aún están
esperando a cobrar. Mis padres no pagaron viendo los resultados que obtuvieron
conmigo.
4º/ Mi Amistad
A los 10 años de edad
mis padres se cambiaron de piso y del barrio San José nos trasladamos al
Polígono Aita Mari, esto supuso para mí un gran cambio.
En
el nuevo barrio no conocía a nadie, tenía que volver a hacer amigos para jugar.
Vivía
un chico que siempre se quedaba conmigo a jugar al balón mientras los otros se
iban a jugar por su cuenta.
Poco
a poco el nuevo amigo y yo nos fuimos conociendo.
Mi
amigo se llamaba Joseba Osa, solía ir a su casa, tocaba la guitarra y el txistu
(el txistu es un instrumento tradicional de Euskadi).
Por
aquel entonces yo me comunicaba escribiendo con el dedo en cualquier parte. La
primera vez que le escribí a Joseba fue en Ayra Durex (se trata de una fabrica
de Zumaia donde solíamos ir a jugar), se quedo alucinado. Aún éramos críos, 12
o 14 años. Al verme Joseba escribiendo en el suelo para decirle algo, él se
quedó asombrado, él entonces vio que entendía todo.
Joseba
me llevaba en su bici. Mi madre nos reñía porque yo gastaba las puntas de las
botas en la bicicleta.
Solíamos
hacer Ikurriñas, ya que por aquel entonces se había legalizado la bandera.
Joseba
más que un amigo, ha sido para mí como un hermano, le contaba mis problemas y
él me escuchaba a pesar de mis limitaciones para comunicarme, esto resultaba
muy importante para mí.
Las
personas que conocí a través de Joseba también han sido buenos amigos.
Hoy
aún nos solemos reunir al año 3 ó 4 veces. Ya casi todos, por no decir todos
con sus hijos; nos juntaremos unos 30. Suele ser un día muy bonito. Comemos y
luego siempre suele haber una larga sobremesa.
Yo
estoy muy orgulloso de los amigos que tengo. En general son amigos de verdad.
Pienso que me lo he trabajado yo también, que no me he quedado en casa
diciendo: No tengo amigos. Si quieres
algo lo tienes que trabajar.
5º/ La Bicicleta
Un día vi una
bicicleta de cuatro ruedas que pertenecía al vecino del otro portal. El dueño
de la bici no estaba en esos momentos y me subí sobre ella comenzando a andar.
Para mí fue una experiencia inolvidable ya que
¡¡¡ Avanzaba más que andando!!!.
Cuando
tuve 13 años les pedí a mis padres que me compraran una bicicleta. Al principio
con la bici no salía de mi calle y el hecho de ir a “Basadi” (es un barrio que
está junto al polígono Aita Mari) era toda una aventura.
Mi
bicicleta era un juguete, igual que para cualquier chaval de mi edad, pero más
tarde me di cuenta que podía utilizarla para mis desplazamientos por la calle.
Más rápidos y cómodos.
En
las primeras elecciones políticas españolas, creo que fueron allá por el 15 de
junio de 1975, mis padres fueron a votar y me dejaron jugando en la calle con
mi bici, yo tuve un accidente y me rompí el brazo izquierdo.
La
bicicleta realmente se convirtió en mis piernas, iba a todas partes con la
bici. Que tenía que ir a Donosti a cualquier cosa, iba con mi bici, la metía en
el tren y me recorría todo Donosti con mi bici. La gente en Donosti se quedaba
mirándome. Ver a un tío con una bici de
tres ruedas, no encajaba en sus esquemas.
Una
vez salimos por la noche, Joseba, Iokin y toda la cuadrilla. Era cumpleaños de
una amiga. Ibamos de bares. Yo iba disfrazado de Gandy, casi todos llevábamos
algún trapo encima. Todo fue en un momento, alguien dijo en la cena: - Vamos a la calle disfrazados. Y todos
dijimos: -VALE. Sacamos todos los
trapos que había en casa y ni cortos ni perezosos salimos a la calle.
Carnavales un 28 de junio.
Yo
dejaba la bici fuera del bar. En una de estas entramos en un bar y estuvimos
bastante tiempo en ese bar, bailando. Cuando salimos vi que no estaba la bici.
Yo al principio no me lo tome en serio, pensaba que sería una broma de alguien
o de toda la cuadrilla, todos estaban preocupados menos yo. Y me decían: Budy. Que no hemos sido nosotros. Te han
robado la bici. Y efectivamente me habían robado la bici. Cuando nos enteramos
ya eran las 4 o 5 de la mañana, a esas horas no se podía hacer nada.
Denunciamos al día siguiente. Y apareció a la semana intacta. Yo mientras ya
había encargado a Díaz otra bici nueva, porque la necesitaba y pensaba que no
iba a aparecer la bici que me quitaron. En una semana me junté con 2 bicis.
Anduve
con la bici hasta los 33 años. La dejé porque cada vez me cansaba más que
antes, y sufría dolores de espalda. También me caía más que antes, y un día
decidí comprarme una silla eléctrica. La decisión fue dura. Fue como echar por
la borda el trabajo que había hecho mi madre con tanto esfuerzo, pero al final
ella también veía que necesitaba la silla, para ir más cómodo y poder ir a más
sitios. Por ejemplo a la parte alta de Zumaia, al ayuntamiento, al mercado, a
sitios que antes no podía acceder si no era andando. En ese momento descubrí
muchos lugares donde antes no había estado, o había estado yendo en coche o
alguna vez andando con alguien, llegando hecho polvo y sin poder gozar
plenamente. En cambio con el carro he conocido sitios maravillosos y he gozado
de ellos: también la ermita de San Telmo, el paseo desde Gautxori al
cementerio, San Miguel, etc.. La primera vez que subí con el carro a San Miguel
me emocioné, aquello era nuevo para mí. Había subido mil veces con mis padres,
pero siempre en coche, sin oír el canto de los pájaros, sin oír los pequeños
riachuelos que vienen de arriba abajo. ¡QUÉ GOZADA! Fue la primera vez que subí
sólo a San Miguel. San Miguel es un barrio de Zumaia que está más alto, el
camino para subir es precioso.
Cuando
empecé con la silla eléctrica mucha gente me decía: Te vas ha hacer vago, tienes que coger la bici. Y no veían lo que
suponía para mí el carro. También mucha gente me lo decía en plan de cachondeo,
por decir algo.
6º/ ASPACE de Eibar
Con
once años entré en ASPACE de Eibar, después de tener unas palabras en una
reunión de Aspace con Peli Egaña. Entonces era director de Aspace. Mi madre
veía que estaban entrando chavales en Aspace, por lo tanto, mi madre le
preguntó a Peli Egaña: ¿por qué no entra
mi hijo? Si somos de los primeros en dar el nombre, y están entrando chavales
que lo han dado después que nosotros. Mi madre se puso firme, y al poco
tiempo empecé en Eibar.
Solía
ir con Victoriano Aguinalde. Victoriano era de Zumaia. Tenía un Simca familiar
de color naranja. Él antes de recogerme a mí solía ir a Donosti a por una
señora, y a la vuelta me recogían a mí. La señora se llamaba Marina Barcos. Aún
me acuerdo de su apellido. Cuando se jubiló Victoriano, solía ir con Toni. Toni
venia de Rentería. Primero nos recogía a Claudio y a mí. Claudio era un chaval
de Azkoítia y le traía su hermana todos los días y a las tardes venía a por él.
De Zumaia solíamos ir a Motriko. En Motriko recogíamos a otros tres chavales y
ya de Motriko a Eibar, y a la tarde hacíamos la ruta inversa.
De
Eibar no tengo buen recuerdo. Allí pasé 5 años. Hacía terapia, fisio y clases
de E.G.B.. En terapia nos hacían quitar la ropa y vestirnos de nuevo. Una
mañana, me dijo una monitora: quítate la
ropa, voy a tomar café y ahora vengo. Yo me quite la ropa como me dijo, yo
venga a esperar. Tardó en venir una hora, yo tenía un frío terrible, claro que
no me atrevía a vestirme por miedo, igual se pensaba que no me había quitado la
ropa. O me hacían estar toda la mañana atándome los botones de la camisa. Cosa
que no podía hacer.
Yo
pienso que en esos casos, cuando ven que no puedes atarte los botones de la
camisa deberían ofrecerte alternativas para ponerte la camisa. Yo actualmente
uso camisas de botones, y en mi caso la alternativa es ponérmela por arriba
como un niki, sin soltarme los botones. ¿Qué es más importante: ¿Que el chaval
aprenda a abrocharse los botones, aunque tarde horas en ponerse solo la camisa,
o que en menos de 5 minutos pueda ponérsela él sólo? Para mí es más importante
lo segundo.
Luego
también veía cosas que no me gustaban. Nos mandaban a los chavales a trabajar y
las monitoras haciendo punto y hablando entre ellas. Menos los miércoles que
venía el Dr. Alonso. Ese día tenían que portarse bien para que el Doctor viera
que se portaban bien con los chavales. Yo no me atrevía a decirle nada al
Doctor por miedo.
Un
verano hubo un cursillo de parálisis cerebral en Eibar en el mismo Aspace, y yo
poco a poco fui cogiendo cariño a la gente, yo a ellos y ellos a mí. Yo
entonces tendría 14 ó 15 años. Yo entre aquella gente me sentía a gusto porque
veía que el trato era más natural que con las monitoras de Aspace. La gente del
cursillo me regaló mi primera tabla con el abecedario y los números. Las letras
blancas y el fondo negro, aún recuerdo cómo eran. Las monitoras de Aspace me
prohibieron utilizar la tabla, según ellas tenía que hablar. Yo cada vez que
podía subía al cursillo. Por eso también tuve broncas con las monitoras, ellas
no querían que subiera y yo que sí. Ya para entonces estaba harto de Eibar. Yo
era el mayor, la gente de mi edad poco a poco se fue marchando a otros sitios.
Yo ya necesitaba un cambio.
También
es cierto que en Eibar aprendí muchas cosas, escribir y leer mejor, a vestirme
y desvestirme.
7º/ Los Talleres en Donostia
Me
trasladaron desde el taller de Eibar al de Donosti, con gran satisfacción
personal ya que tenía ganas porque en Eibar había compañeros de menos edad que
yo y me encontraba a disgusto.
Cuando
empecé en los talleres de Donosti mi primera sorpresa fue que casi todos
estaban en “Arkeaiz” (un grupo de minusválidos de Donosti al que yo
pertenecía), lo cual era un punto a mi favor.
Enseguida
me di cuenta que la relación entre los chavales que iban a los talleres y los
monitores era diferente a la que había en Eibar, era más cercana, todos
hablaban tranquilamente, podías explicar tus problemas, sin miedo a que los
monitores te oyeran.
Dos
veces por semana solíamos tener un grupo de debate. El grupo se había formado
hace algún tiempo, unos dos años.
En
el grupo se hablaba de nuestras cosas: cómo nos sentíamos en el taller y en la
sociedad.
Al
principio me encontraba un poco despistado y perdido por el vocabulario que
usaban en el taller. Había palabras que nunca había oído, como por ejemplo:
influir, matizar, etc. En casa se hablaba en Euskera y en Eibar no hablábamos
en esos términos, era un lenguaje más infantil, más simple.
Para
mí fue un gran salto de niño a adulto.
Todos
los que habíamos estado en Aspace desde niños coincidíamos en todo lo que he
señalado: teníamos miedo a hablar con los monitores, incluso a decir en casa lo
que nos ocurría, por miedo a represalias de los monitores.
Javier
García era y es un monitor, pero a la vez
es el responsable de la sección de adultos de Aspace en el ámbito de Guipúzcoa.
Nos contaba cómo había evolucionado la sociedad para las personas que padecen
una discapacidad, y parece increíble observar cómo pasamos de ser unos “seres”
sin voz ni voto a ser unas personas como el resto de la sociedad.
Javi
siempre decía que me parecía mucho a Budy Alen, por el tipo de gafas que
llevaba yo, el pelo revuelto, y a lo tonto me empezó a llamar “Budy”, y poco a
poco todo el centro. A mí me gustaba y enseguida me familiaricé con él, hasta
tal punto llego la cosa que un día llamó mi madre para decirme algo y preguntó
por José Manuel, y le dijeron que allí no había ningún chaval llamado José
Manuel, y le colgaron el teléfono. Luego enseguida se dieron cuenta de quien
era y le llamaron a mi madre y no pasó nada. Actualmente la gente más cercana a
mí me llama “Budy”.
Para
mí el taller supuso mucho. Fue entonces cuando me empece a admitir a mí mismo.
Antes quería hacer lo que hacían los demás chavales de mi edad. En Donosti me
di cuenta de que eso no podía ser, que yo tenía unas limitaciones físicas y que
tenía que vivir con ellas me gustará o no el resto de mis días. Para mí fue muy
importante el grupo de debate que antes he mencionado. El tener un sitio en dónde
puedas hablar tranquilo, donde sabes que la gente que está en ese grupo han
pasado experiencias parecidas a las tuyas, a mí desde luego me ayudó mucho.
8º/ ¿Estudiar, Para Qué?
Javier
y Eloy, y más tarde Raquel querían que estudiara y a mí “tonto de mí”, no me
apetecía, no le veía sentido.
Prefería
hacer cestos, tapices, lijar, etc. Cualquier cosa menos estudiar.
Intenté
hacerlo en varias ocasiones pero me cansaba y abandonaba.
Javier
me decía que era un “culo inquieto”, ya que no lograba mantenerme durante un
mes entero haciendo una sola cosa.
La
relación entre todos los compañeros en Aspace era muy buena. Había una gente
muy interesante: Uría, Mendi, Raquel, etc.
Estas
personas me han ayudado a superarme día tras día, esto no quiere decir que quiera
menospreciar a los otros monitores.
Me
gustaba participar en el grupo de debate, solíamos hablar y debatir diversos
temas, así se nos pasaba la mañana, sin enterarnos. Ahora reconozco que era muy
“metete”. Que había que hablar por la radio, enseguida levantaba la mano, que
había que ir a la prensa a decir algo, me apuntaba. Aún era bastante inmaduro
en ese sentido.
Cuando
me tuve que ir de Aspace me fui con una gran alegría, pero a la vez con mucha
tristeza, porque dejaba gente maravillosa. Gente que me había ayudado mucho a
madurar personalmente. Gente que me trataba como una persona adulta. Aún hoy en
día por lo menos una vez al año suelo ir de visita a Aspace, y suelo ser bien
recibido. Señal que hay algo ahí.
Hoy en
día realmente pienso que fui un tonto por no aprovechar esa ocasión de estudiar
y al menos sacar el graduado escolar. Hoy me pesa mucho no haber estudiado
entonces. Fue una pena. De echo luego he vuelto a intentar sacar el graduado en
un centro de adultos en Zumaia mismo y lo tuve que dejar por varios motivos.
Uno de ellos era que estar trabajando y a la vez estudiando era muy duro para
mí. Casi todos los días me iba a la 1 ó las 2 de la noche a la cama y a las 7 arriba, estuve así tres años.
Hasta que caí enfermo y lo dejé. Pero la espina de sacar el graduado sigue ahí.
No sé si algún día lo sacaré. No por el título en sí, sino para aprender cosas
en general. Cuando ves un monumento saber de qué estilo es y cosas así.
9º/ A Donosti en tren
Solía
ir todos los días en el Eusko tren de las 07:30 horas de la mañana. Hubo gente
que criticó a mi madre por mandarme
solo a Donosti.
Mi
amá me acompañaba todos los días a la estación del tren a Donosti y solía ir en
Bicicleta. En Zarauz me juntaba con Xabier.
La
gente que iba con nosotros en el tren ya nos conocía, íbamos con Iosu Uranga y
Nerea.
En
el tren estábamos integrados. La gente nos veía como dos estudiantes más, como
tantos estudiantes que iban a esa hora. La gente siempre dispuesta a ayudarnos.
Por aquella época los trenes no tenían nada que ver con los de hoy en día. Los
asientos eran de madera, con una luz muy baja, se movía bastante más que los de
ahora. Los trenes de aquella época tenían su encanto. La gente siempre estaba
dispuesta a echarnos una mano.
Cuando
solía venir a las tardes en el tren de las 6 hice amistad con un chico de
Eibar, si no recuerdo mal se llamaba Aitor, de pelo canoso, un chico muy majo.
No recuerdo muy bien cómo empezamos a hablar, pienso que al vernos todos los
días un día empezaríamos y de ahí empezaría todo, recuerdo que hablábamos de
temas serios. Ya no he vuelto a saber nada de él.
Tuvimos
miles de aventuras. Los primeros años nos solíamos bajar en Añorga porque
íbamos hasta Matía y en Añorga una monitora que vivía allí nos acompañaba hasta
Aspace.
En
una ocasión, antes de que el tren se detuviera, nos íbamos levantando como
todos los días, yo me apoyé en la puerta del Water y al frenar el tren la
puerta del servicio se abrió y me caí hacia atrás, me golpeé contra la taza del
water y las gafas se cayeron al agujero.
Todas
las personas que se encontraban en el tren me querían ayudar, movieron el tren
hacia delante y se pusieron a buscar sin éxito.
La
gente se comportó muy bien conmigo.
10º/ En El Piso Con Unos Amigos
El
taller que había en Matía se trasladó al Barrio de Loiola.
Solía
ir a Loiola solo, porque Xabi se desplazaba en autobús cuidando a los niños de
Aspace. Iba hasta el barrio de Amara y allí cogía el Topo que me dejaba a 100
metros de Aspace, tenía que subir una cuesta bastante pendiente.
Joseba
estudiaba Magisterio en Donosti, vivía en un piso con otros compañeros, Joseba
y yo le comentamos a mi madre la posibilidad de quedarme durante toda la semana
en el piso, pero mi madre se opuso: que si la ropa, etc. ahora entiendo mejor
la postura de la amá, pero entonces no la comprendía.
De
todas formas conseguí quedarme los jueves en el piso.
Todos
los jueves nos juntábamos un grupo de personas en la Plaza Guipúzcoa y
permanecíamos durante media hora en silencio por la paz, y me quedaba durante
la noche en el piso.
Además
de Joseba conocí a Jokin, Koldo y Marijo, con quienes aún hoy en día tengo
trato.
El
hecho de quedarme los jueves en el piso supuso sentirme más responsable de mí.
Cuando
más a gusto me encontraba era durante las noches porque solíamos hablar, oír
música, Joseba tocaba la guitarra y Koldo tocaba la flauta travesera. Era una
gozada oírles, la canción que más me gustaba se titula “Laura” y su autor es
Luis Llac.
Yo
solía dormir en la cama de Jokin y él lo hacía en el suelo. Jokin y yo nos
hicimos buenos amigos.
Uno
de los jueves me encargaron que llevara una pancarta de “Artesanos de la Paz”,
y comenzamos a hablar antes de salir a la calle cuando de repente oímos el
ruido del frenazo del autobús, Jokin salió corriendo a la calle en pijama para
detener el autobús, yo fui detrás con la pancarta, Uff!, Casi se me escapa.
En
general en Aspace me encontraba a gusto, realizaba las tareas de un monitor ya
que me mandaban poner la mesa, hacer encargos..., incluso a veces llevar a
algún compañero al water.
Para
mí fue muy importante ese voto de confianza.
11º/ Creencias
Por
aquel entonces era bastante religioso. Pertenecía a un grupo llamado “Taize”.
En
realidad no sé por qué me encontraba en ese grupo, porque creía en Dios o
porque creía en las personas que según me conocían me aceptaban tal y como era,
aspecto este muy importante y básico para mí.
Joseba
y Jokin también pertenecían al grupo.
Una
de las actividades que desarrollábamos era que durante las Navidades nos
juntábamos en una ciudad europea todos los grupos de cada país.
Yo
la primera vez fui a París, nunca olvidaré aquella noche vieja en París.
Nos
encontrábamos en la Catedral de Notre Damme en silencio y cuando dieron las 12
horas las campanas comenzaron a tocar y todos nos pusimos a cantar el “nada te
turbe” nos abrazamos los unos a los otros conocidos y desconocidos. Para mí fue
un momento muy bonito.
12º/ En busca de Trabajo
Por
aquella época me sentía un poco cansado de los continuos viajes hasta Donosti,
había cumplido los 20 años de edad.
Comencé
a buscar trabajo. Fui al pueblo de Orio junto con la Asistente Social de
Zumaia. Nos atendió el Gerente de una empresa, nosotros le explicamos que
estaba buscando trabajo y el Gerente sin pensarlo dos veces me contestó que no
había trabajo para mí, no me hizo ninguna prueba, ni siquiera nos hizo pasar,
simplemente nos atendió en la puerta. La Asistente Social y yo nos quedamos de
piedra. Pensábamos que me haría alguna prueba para comprobar mi capacidad con
las manos... pues nada de eso.
Una
persona de Zarauz me preguntó si me gustaría trabajar en la O.N.C.E., yo le
dije que sí, aunque en el fondo no quería, me parecía que era como pedir en la
calle, y esto no lo aceptaba.
Al
cabo de un mes me encontraba en el taller de carpintería de Aspace y Tere, la
responsable en Loiola, me llamó diciendo que fuera donde ella, yo pensé que
recibiría una bronca, pero me dijo que me había llamado mi amá diciéndole que
el próximo día 17 de febrero empezaba a trabajar en la O.N.C.E..
Yo
al principio, no me lo podía creer, le llamé a la amá quien me lo confirmó.
Comencé
por abrazar a todos los monitores y le dije a Bitio, una monitora, que se
encargara de comprar pasteles para todos, yo invitaba.
13º/ En la O.N.C.E.
Empecé
a vender el 17 de febrero de 1986. Yo al principio no quería, me parecía que
era pedir en la calle. Pensaba que la gente me compraría por pena y no por el
cupón, y eso iba contra mis principios. Al final cogí el trabajo, porque ya
tenía 22 años y era hora de mirar al futuro. Era una oportunidad única.
Para
mis padres fue un gran alivio que empezase en la O.N.C.E.. Cuantas veces le
habré oído a mi madre decir cuando era más joven: Que se muera media hora antes que yo. Ya sé que es una frase
terrible. Pero mis padres tenían verdadero miedo a mi futuro. Esa frase no la
decía de verdad, pero sí había una parte de verdad en esa frase. Antes no había
nada para los adultos, como lo hay hoy en día. Cuando empecé a trabajar en la
O.N.C.E., mis padres vieron que ya me podía defender en la vida. Eso les dio a
mis padres mucha tranquilidad.
La
gente se asombraba cuando veía que daba bien los cambios e iban a la tienda de
mi madre (mi madre tenía una pequeña tienda de bacalao) y le decían: Tu hijo qué inteligente es, me ha dado bien
los cambios. Y mi madre les contestaba: Mi
hijo ha sido inteligente siempre, lo que pasa es que a la gente os cuesta creer
que es inteligente.
14º/ La Comunicación
Para mí
la comunicación tanto oral como escrita es muy IMPORTANTE. El hecho de que yo
no pueda hablar oralmente, pienso que me ha cerrado muchas puertas, a la hora
de relacionarme con la gente. Por ejemplo estás en la cuadrilla poteando y la
gente está hablando unos con otros, y tú quieres participar como otro más y ves
que no puedes, la conversación va tan rápido que cuando vas a decir algo ese
algo ya está desfasado, ya no viene a cuento con la conversación. La gente va
tan rápida que nadie tiene la paciencia para mirar el abecedario y oírme. Sólo
te limitas a oír. La cuadrilla no tiene la culpa, la culpa no es de nadie. Lo
mismo pasa en una reunión familiar, o de amigos, la gente va o vamos a lo
nuestro sin pensar en el que tenemos al lado. Lo que pasa es que la sociedad
está montada así y no hay que darle más vueltas.
Otra
cosa que me duele mucho es cuando oigo comentarios sobre mí en la calle. Por
ejemplo cuando le dice una madre a su hijo pequeño: Si te portas mal te llevo con José Manuel, como si yo fuera el
hombre del saco. Cuando oigo eso me dan ganas de ir a donde la madre y explicarle qué es la parálisis
cerebral y decirle que me encantan los niños. Pero al no poder expresarme
oralmente, tengo que tragarme todo y seguir para adelante.
Al
no poder hablar la gente cree que no te funciona la cabeza, que no das la talla
intelectual “normal”, entonces te tratan como tal. Te dicen cualquier cosa y yo
como no puedo contestar en ese momento, pues otra vez a tragar y adelante.
Es
muy duro el no poder hablar. Yo siempre he dicho: Prefiero estar en una silla de ruedas y hablar a andar y no poder
hablar. Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero esa es así. El que
está en silla si le pasa algo en la calle, por ejemplo una caída, a la gente le
puede explicar cómo cogerle, por dónde cogerle, si le duele algo, dónde le
duele. Uno que no puede expresarse no lo puede hacer. Te cogen por donde
pueden, te sientan y tú intentas decir dónde te duele.
Yo
actualmente tengo una sobrina. Lide. Es una cría preciosa. Ahora tiene año y
medio. Pero mi pregunta es ¿Cómo me comunicaré con mi sobrina cuando tenga 4 ó
5 años? Los críos empiezan con 6 ó 7 años a leer y a conocer las letras, pero
mientras tanto ¿qué?. Yeso que hablo de una sobrina. La cosa sería más seria si
hablara de mi propio hijo o hija. En
cambio un minusválido o minusválida que esté en una silla de ruedas y que pueda
hablar, no podrá jugar al fútbol con los niños, ni ir al monte con ellos. Pero
en cambio les podrá contar cuentas, explicarles cosas, mientras dan un paseo ir
hablando tranquilamente.
15º/ ¿Vivir sólo en un piso?¿Cómo?
A
los 25 años me enteré en la O.N.C.E., daba crédito a bajo interés y decidí
meterme en un piso. Al principio con la idea de invertir en algo, en casa me
animaron, y me metí. Me metí en un piso nuevo que estaban haciendo con ascensor
y todo. Ya me rondaba la idea de vivir sólo, pero me decía a mí mismo: Imposible, no me dejarán en casa. Pero hablé con el que estaba
haciendo la casa y le dije que me pusiera las puertas más anchas, aunque yo en
casa ando de pie, era un poco pensando en el día de mañana y si venía un amigo
en silla de ruedas que pudiera andar tranquilamente por casa.
Iba
todos los días a ver cómo iba mi casa, y veía que me sentía a gusto en mi casa
aunque estuviera vacía. Decidí decirles a mis padres, yo estaba seguro que me
dirían que ¡NO! (¿Por qué?). Pues yo pensaba por miedo a que pasara algo, y al
ser minusválido es más normal que te digan Tú
estás en casa mejor con nosotros. Pero cuál fue mi sorpresa cuando les
pregunté a ver si me dejaban ir a vivir sólo a mi piso. Su respuesta fue que SI. Me dijeron que yo tenía que hacer mi
propia vida y si quería podía irme a vivir solo. Yo en aquel momento aluciné
con mis padres, sobre todo con mi madre, ella me animó a dar el paso. Mi padre
era más de la idea que yo estaría mejor con ellos. Poco a poco me fui yendo.
Primero los sábados a las noches me iba a dormir a mi casa. Sólo tenia el
colchón en el suelo y una radio. Pero me sentía a gusto. Luego empecé sábados y
domingos, aprovechando que tenía fiesta y que tenía más tiempo para vestirme y
esas cosas, y ya el paso siguiente fue irme definitivamente.
En
Zumaia fue muy duro, la gente no entendía cómo podía vivir solo, cómo me podía
vestir, ducharme, etc. pero a mí y a mi familia lo que dijeran no nos afectaba
para nada, a nadie hacía mal.
Para
mí fue un paso importante en mi vida, ver que me podía valer por mí mismo y que
en un futuro no sería una carga para mi familia.
Actualmente
sigo viviendo solo en mi piso y muy bien. Tengo una señora que me hace las
cosas de casa. Voy a comer y a cenar a casa de mí madre que vive a 500 metros.
Yo
pienso en todos los Paralíticos Cerebrales y minusválidos en general, tanto
físicos como psíquicos, tienen que darnos oportunidades, a lo largo de toda la
vida. En la infancia la oportunidad de jugar con los demás niños. Claro está,
dentro de sus posibilidades, si el niño no es capaz de andar no se puede
pretender que sea un delantero de fútbol pero a lo mejor puede ser un portero.
O no es capaz de “nada”, pues que haga de espectador, y que chille. La cuestión
es que el niño esté allí como uno más.
Cuando
se es adolescente se quiere salir con los amigos de clase o del barrio. Pues
dentro de sus limitaciones que salga. Que los padres tienen miedo de que le
pase algo, pues hay un riesgo que hay que correr. Ese riesgo lo tenemos asumido
en la gente “normal”.
Para
mi madre fue muy duro dejarme vivir solo, pero ella decía para ella misma: Si le sale mal nuestra casa está abierta, su
cama esta ahí. Si le niego ese deseo suyo nunca sabrá ni sabremos si es capaz
de vivir solo. Y ya llevo diez años viviendo solo.
16º/ Mi Lucha
Yo desde muy joven empecé a luchar en Zumaia, tendría 13 ó 14 años cuando iba al Ayuntamiento para pedir rampas en el pueblo. Yo andaba con la bici y necesitaba las rampas.
En
el Ayuntamiento no me hacían mucho caso. Pensaban que pedía por pedir, y
también creo que me tomaban por tonto, pensaban que no daba la talla
intelectual “normal”. Entonces yo empecé a mandar cartas al periódico, a
“Cartas al Director”. En el Ayuntamiento todos por las paredes. Pensaban que
las había escrito mi madre por mí, y no era así. La mayoría de las veces mi
madre se enteraba que había escrito por la misma prensa. En el Ayuntamiento
tuve bastantes movidas, pero yo poco a poco iba consiguiendo cosas.
Cuando
se hizo el actual ambulatorio y vi que no había ascensor para subir, recogí
3.000 firmas yo sólo. Un día las llevé al Ayuntamiento para que me dieran una
solución al tema. A los meses pregunté por mis firmas, y me dijeron que estaban
allí en una esquina, y además sin darles entrada al Ayuntamiento. Tanto me
dolió eso que les pedí las firmas. Hoy esas firmas las tengo yo en mi casa por
si algún día pueden valer para algo. Reconozco que esa batalla la perdí
injustamente, pero la perdí. No descarto la idea de demandar judicialmente al
Gobierno Vasco por esta omisión.
Actualmente
Zumaia está bastante bien respecto a las barreras arquitectónicas. Y en
absoluto lo digo por ponerme medallas, ni mucho menos. Pero se han conseguido
muchas cosas. Hoy yo salgo de mi casa y puedo ir tranquilamente al faro sin
encontrarme un bordillo. Con eso no quiero decir que ya esté todo hecho, aún
queda mucho por hacer. Empezando por el Ayuntamiento, Foronda, el ambulatorio,
etc. pero lo más urgente ya está hecho.
En
el año 94 ó 95 no me acuerdo muy bien
yo quise formar un grupo de minusválidos en Zumaia. Un grupo para reivindicar
cosas en el pueblo, bien en el ámbito de barreras arquitectónicas, o bien en el
ámbito informativo para la gente de la calle. Que es un minusválido, como
vivimos, etc.
Empezamos
cuatro personas y la asistenta social, nos solíamos reunir los últimos martes
de cada mes. Claro, para mí esa dinámica de grupo era insuficiente para
trabajar, pero quedamos así, y yo acaté esa decisión del grupo, pensaba que era
mejor que nada.
El
grupo duró año y pico. En ese tiempo conseguimos varias cosas que una sola
persona no hubiera conseguido. Por ejemplo el cine Aita Mari, el acceso a la
playa de Itzurun, fueron logros importantes que se consiguieron, que una sola
persona no hubiera conseguido, o le habría resultado más difícil conseguir.
El
grupo se deshizo, yo diría que por
falta de interés de la gente. Al final sólo íbamos dos personas a las reuniones
y al final decidimos dejarlo.
No
obstante para mí fue una experiencia positiva, aunque no saliera como yo