Intervención en las epidemias locales: Vacunación antivariólica

La vacuna contra la viruela se conoció y empleó en España desde el primer momento, poco después de que Jenner hiciera públicas sus experiencias. Prácticamente se podría decir que en 1808 no había español que no tuviera la cicatriz de la vacuna. Sin embargo, después de la guerra de la Independencia se olvidó el tema y volvieron a surgir casos.

E. Jenner

Edward Jenner (1749-1923)

Los Ayuntamientos fueron los encargados de propagar la vacuna. El de Valencia vacunaba gratuitamente en la Casa Vestuario desde 1816.

A pesar de eso, de las frecuentes disposiciones oficiales, de la organización del servicio por las juntas de Sanidad, los procedimientos viciosos de vacunación que ocasionaban úlceras considerables y otros problemas, hicieron que la gente desconfiase y exigiese la inoculación del cowpox original.

En el Boletín del Instituto Médico Valenciano se publicó en 1847 una Memoria acerca de las utilidades de la segunda vacunación, que se leyó en 1841 en la Academia de Medicina y Cirugía de Barcelona. En la misma su autor José Oriol Navarro defendió la revacunación basándose en unas estadísticas procedentes de datos del extranjero al faltar los españoles. El socio José M. Ortega denunciaba en 1846 la aplicación de la vacuna por personas ignorantes y solicitaba al Instituto que se dirigiera al Gobierno para que remediara los abusos y los perjuicios que de ellos se derivaban.

Organización

El día 5 de mayo de 1851 el Instituto se propuso por boca de los socios señores Navarra, Testor, Alafont, Casimiro Domingo y Trullet vacunar en los locales de la Corporación. Se nombró una comisión constituida por los tres primeros mencionados anterioremente para que estudiaran las ventajas que la decisión podía determinar. A los treinta días presentaron un informe completo sobre la historia de la viruela y sus diversas epidemias, los experimentos para inocular la benigna, las ventajas de la propagación del cowpox, etc. También proponían un reglamento que se aprobó el 30 de junio y el día 2 de julio se constituyó la Comisión Central de

 

Casa Vestuario, Valncia
Casa Vestuario

Vacunación. Navarra fue su presidente, Casimiro Domingo, secretario, y Alafont, Testor y Llácer los vocales. El día 31 de diciembre comenzaron las inoculaciones. Los fines que perseguía el Instituto eran dos: uno profiláctico y otro experimental y estadístico.

La Comisión empleó desde el comienzo el cowpox genuino remitido anualmente para evitar su degeneración por la interrupción de la vacunación en verano por el Establecimiento Nacional de la Vacuna de Inglaterra, del que se declara el Instituto sociedad corresponsal desde el 1 de diciembre de 1852. Se nombró socio de mérito a John Sutherland, inspector médico del Consejo Médico Superior General de Sanidad de Inglaterra y socios corresponsales a los tres primeros directores del citado establecimiento, John Aycton, Tomas Mayo y Jaime Moncrieff y a su secretario Clemente Hue.

A partir de 1864 hubo sesiones de vacunación para aquellos que podían pagarla.

Método

La conservación y propagación la realizaban brazo a brazo, siendo obligados los vacunados a volver en la fase de pústula para vigilar el curso y extraer la linfa para sucesivas inoculaciones. En ocasiones las madres mentían con los nombres y domicilios para no volver, por lo que el Instituto en ocasiones tuvo que recurrir al Gobernador para que les enviara un delegado que obligara a las madres y familiares a proporcionar los datos verdaderos.

En lo que se refiere a tomar la linfa y a conservarla, el Instituto adoptó todas las precauciones, tal como se puede leer en la memoria elaborada en 1864.

Estadística de los vacunados

Distribución de vacunados por edades y años en el Instituto Médico Valencian

Difusión y estadística

Para la mejor propagación se establecieron depósitos de cristales en dos boticas de la ciudad que después aumentaron a diecisiete, uno por cada partido judicial y otro más para Castellón. Estos depósitos aumentaron a veintidós y más tarde a cuarenta y dos, de modo que la mayoría de españoles se vacunaban con linfa procedente del Instituto Médico Valenciano. Los hubo en Reus, Tortosa, Tarragona, Burgos, Valladolid, Cartagena, Toledo, Sevilla, Santiago y Barcelona.

Se servían al año setecientos noventa y tres cristales de linfa. En 1866 se expidieron mil setecientos sesenta y siete. El número de personas vacunadas con linfa vacuna procedente del Instituto desde su creación hasta 1880 fue de cincuenta mil anuales (un total de 1.450.000). El propio Instituto vacunó, además, hasta 1894 a más de sesenta mil personas.

Los pedidos se recibían de toda España y variaban de unas épocas a otras.

En septiembre de 1857 recibió el Instituto el reconocimiento oficial a través de una comunicación del Gobernador Civil que transmitía una R.O. del Ministerio de la Gobernación que decía que su Majestad mandaba que se le remitieran cien cristales de linfa vacuna. El Jefe de Sanidad Militar de Capitanía pidió por oficio al Instituto pormenores sobre el método utilizado para inocular, modo de surtirse del auténtico pus vacuno y cantidad de éste que podrían proporcionar anualmente, por así pedirlo el Director General de Beneficencia y Sanidad.

A partir de 1955 se le pedirán anualmente al Instituto de veinticinco a cincuenta paquetes de linfa vacuna, compromiso que cumplió a la perfección. En 1867 el ministerio de la Gobernación, en nombre de su Majestad, dio las gracias por la puntualidad y desprendimiento con que el Instituto había proporcionado la linfa a la Dirección General de Beneficencia y Sanidad. Ésta envió también un escrito a la gobernadores civiles en 1863 para que adquirieran la linfa al Instituto. Lo mismo se recomendó a las intendencias militares. Incluso después de crearse el Instituto Nacional de la Vacuna, el

ministerio de Marina a través de sus comandancias pidieron al Instituto cien paquetes de linfa con destino a ultramar. El Ejército, varios gobiernos civiles e instituciones municipales siguieron dirigiéndose al Instituto para obtener linfa.

Dificultades

En 1871 se daban normas para la creación del Instituto Nacional de la Vacuna. El Instituto estaba de acuerdo, pero Ferrer Viñerta mostró su descontento con el preámbulo donde ni siquiera se mencionaba la labor desarrollada por el Instiuto. Se calla y se prepara para crear las centrales provinciales de vacunación.

Más adelante, Francisco Navarro, después de acusar recibo de la memoria publicada por el Centro General de Vacunación para consignar su labor en el primer semestre de 1876, se ve obligado a protestar de la injusticia que se hace a la Comisión de Vacunación del Instituto por acusarla de no saber distinguir la linfa del pus, de no emplear la linfa adecuada, de falsear datos, etc. Sólo El Siglo Médico del 14 de abril de 1872 salió en defensa del Instituto.

El Ayuntamiento también dio la espalda al Instituto y desplazó a la Comisión de un lugar a otro entre 1872 y 1874, viéndose obligados a vacunar en los pasillos, en el patio y hasta en el piso bajo dedicado a los bomberos.

Finalmente se publicó en 1880 el estadillo de los hombres del Ejército que fueron vacunados con linfa del Instituto así como la familia Real. Se solicitó al Ayuntamiento que las vacunaciones corrieran a cargo del Instituto y se pidió al Gobierno 1º la autonomía de los institutos de vacunación y la conveniencia de no entrar en personalizaciones, pero protestando de que los individuos del Instituto Central pasaran al Cuerpo General sin previa oposición. Propusieron que el Instituto se convirtiera en centro provincial de vacunación sin sueldos personales pero sí con las subvenciones que centros de este tipo recibían. Lo lograron en 1894.