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EL FIN DEL REINO MEDIO
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A partir de finales del siglo IX empezamos a tener datos más concretos sobre los vikingos. Se trata de datos dispersos y envueltos en leyendas, como es normal, pero ya es algo más que el simple hecho de que llegaban, saqueaban y se marchaban. De la actual Suecia partió un numeroso contingente de vikingos que, siguiendo los cursos de los ríos (el Dvina, el Dniéper, el Volga), viajaban rápidamente, poniendo en comunicación las regiones del norte con el mar Caspio y el mar Negro. Unos se dedicaron al comercio (esclavos, pieles, armas, seda, especias), mientras que otros se ofrecían como mercenarios, y muchos hacían ambas cosas a la vez. Al parecer fueron muchos los pueblos que se valieron de sus servicios (eslavos, pechenegos, búlgaros) hasta el punto de que fueron conocidos como varegos, que significa "aliados".  En 860 unas hordas de eslavos dirigidas por varegos llegaron hasta Constantinopla, pero fueron rechazados.

En 861 el hijo del califa al-Mutawakkil se cansó de esperar el trono y organizó una conspiración por la que la guardia turca asesinó al califa. Fue el principio del fin de la dinastía abasí, pues los turcos se dieron cuenta de que podían poner y deponer califas a su antojo. Durante los años siguientes el poder efectivo estuvo en manos de funcionarios turcos que empezaron a transmitir sus cargos de padres a hijos pero, como se dividían en varias familias rivales, los turcos nunca llegaron a ser tan poderosos como podrían haber llegado a ser.

Entre los jázaros, tradicionales aliados de Constantinopla, se había difundido el Islam, e incluso el judaísmo. Por ello Focio envió a dos misioneros para convertirlos al cristianismo. Eran dos hermanos griegos llamados Cirilo y Metodio.

Roberto el Fuerte, se reconcilió con Carlos el Calvo (después de haber apoyado contra él a Luis el Germánico y a Pipino) y a cambio recibió los títulos de vizconde de Angers y marqués de Neustria. El título de marqués se explicaba por la vecindad de su territorio con los bretones. Por otra parte, en 862 un noble llamado Balduino raptó a Judit, la hija de Carlos el Calvo, y luego se casó con ella. Con esto obtuvo del rey varios condados, entre ellos el de Gante y el de Flandes.

El condado de Ampurias pasó a manos de Suñer II, el hijo del conde Suñer I que había muerto catorce años antes. No se sabe gran cosa sobre los condados de la Marca Hispánica durante este periodo ni de cómo Suñer II recuperó el título. Poco después decidió compartir el título de conde de Ampurias con su hermano Delá.

Ese año murió Musá ibn Musá, mientras atacaba a su yerno Azrak ibn Mantil en tierras de Guadalajara.

Unas tribus eslavas solicitaron, como iba siendo habitual, la ayuda de los varegos en algún conflicto, y una tribu varega acudió solícita al llamamiento. Era una tribu que se llamaba a sí misma rus, y su jefe era Riúrik. Tomaron la ciudad de Nóvgorod y la convirtieron en su capital. Con el tiempo, los eslavos que aceptaron a los Rus como gobernantes (probablemente los mismos que habían asaltado Constantinopla dos años antes) fueron conocidos como rusos. Naturalmente, puede cuestionarse si realmente los eslavos llamaron a los rus o si éstos se presentaron sin invitación y luego crearon esta historia como justificación, pero, de un modo u otro, parece ser que así nació el pueblo ruso.

A medida que los pueblos eslavos formaban estados con pretensiones de estabilidad, sus relaciones diplomáticas con las potencias vecinas fueron cobrando importancia. En general, un paso poco menos que insalvable para mantener buenas relaciones con cualquiera de los dos imperios (teóricamente) romanos (el franco y el bizantino) era aceptar el cristianismo, pero cada imperio tenía su propia versión del cristianismo y de la elección dependía cuál iba a ser el aliado y cuál el enemigo. Así, el príncipe moravo Rotislav, vecino de los germanos, consideró más conveniente tener a los bizantinos como aliados, por lo que pidió a Constantinopla que les enviara misioneros para evangelizarlos según el rito oriental. Focio les envió a Cirilo y Metodio, que acababan de regresar de Oriente. Éstos inventaron un alfabeto para transcribir las lenguas eslavas y tradujeron la Biblia, al tiempo que trataban de adaptar la liturgia a las costumbres eslavas. Similarmente, en 863 el kan búlgaro Boris I, vecino de los bizantinos, solicitó a Luis el Germánico que enviara misioneros a su tierra. Sin embargo, los bizantinos amenazaron con una intervención militar y Boris I aceptó los misioneros que le envió Focio. Fue bautizado como Miguel y tuvo como padrino al emperador Miguel III. A cambio, Constantinopla reconoció los derechos de los búlgaros sobre todos los territorios que dominaban de hecho. La aristocracia búlgara se resistió a la conversión, pero pudo más el empeño del kan.

Los banú Qasí habían representado un papel clave en la contención del reino de Asturias. Ahora Ordoño I vio facilitada su expansión y, para detener sus avances, Muhammad I envió un gran ejército al mando de su hijo Abd al-Rahmán y de Abd al-Malik. Ordoño I trató de cortarle el paso pero fracasó y sufrió una gran derrota.

Tras la muerte del rey de Escocia Donald I, fue elegido rey su sobrino Constantino. Pasó todo su reinado combatiendo a los vikingos. El rey Harald I de Dinamarca murió asesinado. Fue sucedido por Gorm el Viejo, quien mejoró las fortificaciones construidas por el rey Godofredo para asegurar la frontera meridional. Se mostró bastante benevolente con el cristianismo.

También murió Carlos, el rey de Aquitania hijo de Carlos el Calvo. Éste puso en su lugar a su segundo hijo, conocido como Luis el Tartamudo, y no tardó en rebelarse contra su padre en colaboración con el rey Salomón de Bretaña y con una expedición vikinga que penetró por el Loira. Roberto el Fuerte tuvo ocasión de mostrar la fidelidad jurada a Carlos el Calvo haciendo frente a la triple amenaza.

El duque Hunfrido de Gotia había sido acusado de traición el año anterior, pero había sido perdonado. Ahora tomó Tolosa, donde el conde Guillermo I murió defendiendo la ciudad.

Más trascendente fue la muerte sin descendencia el rey Carlos de Provenza, cuyo reino fue repartido entre sus hermanos Lotario II y Luis II. Por aquella época Lotario II tenía un serio problema: tenía una esposa y una amante. Hasta aquí todo era normal, pero su esposa no le había dado ningún hijo, mientras que su amante sí. Si moría, el hijo bastardo, que se llamaba Hugo, no podría reclamar herencia alguna y su reino pasaría sin duda a manos de sus tíos (su hermano Luis II tenía únicamente una hija, o sea, nada, por lo que tras la muerte de ambos el Reino Medio llegaría a su fin). Para evitarlo tenía que repudiar a su esposa y casarse con su amante. El trámite para ello era conocido: consistía en acusar a su esposa de una lista de crímenes y luego pedir a un grupo de obispos que anulase el matrimonio. Siendo rey de Lorena el plan era viable, si no fuera porque sus tíos Luis y Carlos también eran reyes, más poderosos que él, y tenían exactamente el mismo interés en impedir el divorcio que él en conseguirlo. Por ello, cuando los obispos que interpretaban la voluntad de Dios en la versión de Lotario II decretaron el divorcio, otros obispos que interpretaban la voluntad de Dios en la versión de Luis y Carlos denunciaron el procedimiento. Pese a todo, Lotario II se había apresurado a meter a su esposa en un monasterio y a casarse con su amante. Se trató de resolver el conflicto entre los obispos en una reunión donde los argumentos esenciales fueron intentos de soborno por una y otra parte. Los obispos, desbordados, decidieron pasarle la papeleta al papa.

Teóricamente, esto era bueno para Lotario II, pues Nicolás I debía a su hermano Luis II su elección como Sumo Pontífice y el emperador estaba igualmente deseoso de que se aceptara el divorcio. Mientras Lotario II ponía de su parte a los obispos de Colonia y de Tréveris (los dos obispos más influyentes de su reino), Luis II hizo una demostración militar ante el papa, pero Nicolás I no era fácil de manejar. Dictó sentencia en contra de Lotario II y éste se vio obligado a abandonar a su amante y a aceptar nuevamente a su esposa. (Sus tíos lo habrían tenido muy fácil para lanzarse sobre él con el papa de su lado.) Los obispos que habían apoyado la posición de Lotario II fueron depuestos inmediatamente.

Nicolás I fue también un ferviente defensor de la supremacía del papa sobre el patriarca de Constantinopla y, como forma de poner de manifiesto su punto de vista, dado el éxito obtenido frente a los reyes carolingios, decidió intervenir en la polémica sobre Ignacio y Focio. Dos años antes había habido un concilio en Constantinopla en el que los legados papales no habían cuestionado que Focio fuera el patriarca, pero ahora Nicolás I decidió "deponer" a Focio. Naturalmente su "orden" no tuvo efecto alguno, pero tras no ser acatada excomulgó al patriarca. Naturalmente esto tampoco afectó a Focio. Incluso puede que le aportara prestigio en Constantinopla. En 864 y durante los dos años siguientes trató en vano de convertir a los rusos al cristianismo, quienes habían entablado unas buenas relaciones comerciales con los bizantinos.

Salomón, el conde de Urgel-Cerdaña, viajó a Córdoba en nombre de Carlos el Calvo para firmar un tratado de paz y amistad con el emir Muhammad I. Así, durante algún tiempo la Marca Hispánica se vio libre de ataques moros.

Durante el reinado de Ethelberto de Wessex los vikingos llegaron a las costas de Kent. Los ciudadanos, asustados, se prestaron a pagar un dinero a cambio de que se marcharan, y los vikingos pidieron una elevada suma. Después de recibir el dinero, los vikingos saquearon igualmente la ciudad por si quedaba algo más. Otra partida atacó en Northumbria y uno de sus caudillos fue capturado. Se llamaba Ragnar Lodbrok y su historia está envuelta en la leyenda. Por ejemplo, se cuenta que era un rey danés y que los northumbrios lo arrojaron a un pozo con serpientes venenosas. Sus últimas palabras fueron que los cachorros de oso le vengarían. Se refería a sus hijos Ivar y Ubba, que al enterarse de lo sucedido reunieron una gran fuerza y desembarcaron en Anglia Oriental en 865, donde no hallaron resistencia y acamparon para pasar el invierno en espera de refuerzos. Ese mismo año murió Ethelberto y fue sucedido por su hermano Ethelred I.

También murió san Anscario. Su labor misionera en el norte fue continuada por su discípulo Rimberto. Los generales Abd al-Rahmán y Abd al-Malik llevaron una nueva y exitosa campaña contra el reino de Asturias que hizo retroceder sus fronteras y obligó a abandonar algunas tierras recientemente repobladas. El conde de Castilla trató de hacer frente a los moros, pero sufrió una estrepitosa derrota.

Por estas fechas Roberto el Fuerte había logrado someter de nuevo Bretaña a la soberanía franca y ahuyentar a los vikingos. Luis el Tartamudo se rindió y, por otra parte, los soldados de Carlos el Calvo capturaron a Pipino, el cual fue condenado a muerte, pero al final se le conmutó la pena por cadena perpetua. De todos modos, murió al año siguiente.

El duque Hunfrido de Gotia se vio obligado a abandonar sus posesiones y refugiarse en Italia, de donde era oriundo. Carlos el Calvo adjudicó el condado de Tolosa (que Hunfrido había arrebatado a Raimundo I) a Bernardo, hijo de Raimundo I, y Gotia pasó (con el título de marqués) a Bernardo Plantevelue, conde de Auvernia.

Siguiendo el espíritu de Carlomagno, Carlos el Calvo había fundado la década anterior una "Escuela Palatina" en la que destacaba la figura de Juan Escoto Eriúgena. Su labor más influyente fue la traducción al latín de los Tratados del pseudo-Dionisio, escritos en Oriente por un monje desconocido de la época de Justiniano y que fueron atribuidos a Dionisio el Areopagita, un ateniense mencionado en el Nuevo Testamento. En ellos se describe cuidadosamente la distribución de los ángeles en diversas jerarquías, idea que fue muy popular dado que calcaba en los Cielos la estructura social de la época. Ahora acababa de redactar De diuisione Naturae, en la que mezclaba la teoría platónica de las ideas con cierto panteísmo que lo hicieron sospechoso de herejía. Escoto apoyó al obispo Hincmaro en su celo por la ortodoxia teológica, pero a Nicolás I no le gustó que Hincmaro tomara ciertas decisiones sin consultarle, así que lo llamó al orden y el obispo de Reims tuvo que ceder.

Los húngaros llegaron a la frontera del reino de Luis el Germánico y algunos eslavos, empujados por aquéllos, las traspasaron. Otros se desplazaron hacia el sur y penetraron las fronteras bizantinas. El rey apenas tenía recursos para hacerles frente. Dividió los territorios más expuestos en nuevos ducados: Franconia, Turingia y Sajonia Occidental, al frente de los cuales puso a su hijo, Luis el Joven (Sajonia Oriental seguía bajo el duque Liudolfo), pero éste luchó más contra su padre que contra los eslavos.

El emperador Miguel III no se interesaba por el gobierno, sino más bien por los placeres que su posición le permitía. Fue conocido como Miguel el Beodo. Pese a ello, el Imperio prosperaba gracias a la labor de su tío Bardas. Sin embargo, un ministro eficiente y serio acaba cansando a un emperador frívolo. Desde hacía un tiempo, Miguel III se había interesado por un joven llamado Basilio que trabajaba en los establos de Constantinopla. Tuvo la idea de casar a su amante con Basilio, de modo que lo tenía más fácil para guardar las apariencias. Finalmente Basilio mató a Bardas con el consentimiento del emperador y en 866 Miguel III adoptó a Basilio y lo nombró heredero.

Tras la muerte del rey Ordoño I de Asturias, su hijo Alfonso y el conde de Lugo, Fruela Bermúdez, se disputaron la corona. Finalmente la obtuvo el que pasó a ser Alfonso III.

También murió el duque Liudolfo de Sajonia, y fue sucedido por su hijo Bruno. Roberto el Fuerte logró derrotar a unos vikingos en el Sena, pero murió en la batalla. Dejó un hijo de seis años llamado Eudes y otro recién nacido llamado Roberto.

Al llegar a Anglia Oriental los refuerzos que esperaban Ivar y Ubba, por primera vez hubo en Inglaterra un auténtico ejército nórdico, danés para más exactitud. Los daneses avanzaron hacia el norte a través de Mercia y llegaron a York, en Northumbria, derrotaron a las fuerzas que les salieron al paso, capturaron al rey y lo asesinaron después de torturarlo.

El kan búlgaro Boris I intentó escapar a la tutela bizantina y pidió al papa Nicolás I que nombrara un obispo en su reino. El papa aceptó encantado, pues con ello pasaba por encima de los religiosos enviados por Focio y confirmaba que el papa estaba por encima del patriarca. Sin embargo, sus legados fueron interceptados en la frontera búlgaro-bizantina y se abrió una larga polémica entre Roma y Constantinopla sobre quién tenía derecho a evangelizar a los búlgaros. En 867 Focio publicó una encíclica en la que enumeró los muchos "errores" de la doctrina cristiana propugnada por Roma. El más famoso de todos fue el conocido como la disputa del "filioque" (léase filiocue). Consistía en que la Iglesia de Constantinopla aseguraba que el Espíritu Santo provenía del Padre (e Patre), mientras que la Iglesia de Roma sostenía que el Espíritu Santo provenía a la vez del Padre y del Hijo (e Patre Filioque). La diferencia, pues, se reducía, al menos en latín, a una palabra: filioque (y del hijo), pero era fundamental, suficiente para justificar que en un concilio reunido en Constantinopla Focio excomulgara a Nicolás I. (¿Cómo podría tenerse por cristiano a alguien que osaba afirmar que el Espíritu Santo provenía del Padre y del Hijo?). Ni que decir tiene que para la Iglesia Romana la disputa del filioque tenía la misma trascendencia, y en la actualidad sigue siendo uno de los principales puntos de divergencia entre ambas iglesias.

Dos muertes suavizaron la tensión. Una fue la de san Nicolás I, que fue sucedido por Adriano II. Pero también murió Miguel III, asesinado por el que había sido su favorito y que ahora pasaba a ser Basilio I. Inmediatamente destituyó a Focio, lo internó en un monasterio y restituyó a Ignacio como patriarca de Constantinopla. Con esto se restablecieron las relaciones entre la Iglesia Romana y la de Constantinopla. Sin embargo, la polémica sobre quién podía evangelizar a los búlgaros no se resolvía. Además, dado que Constantinopla cuestionaba la posibilidad de que Roma enviara misioneros a Oriente, el arzobispo de Ratisbona denunció la labor de Cirilo y Metodio en Occidente, quienes, después de instruir a los moravos, habían continuado su labor entre los polacos y luego entre los húngaros. Adriano II llamó a Roma a los dos hermanos y llegó con ellos a un acuerdo: reconoció el rito eslavo que prácticamente habían inventado y se ofreció a financiarles, pero a partir de ese momento Cirilo y Metodio se consideraron enviados del papa y no del patriarca de Constantinopla.

Aunque no influyó en nada, también murió Teodora, la madre de Miguel III.

Quien más debió de alegrarse con la muerte de san Nicolás I fue Lotario II, que se apresuró a viajar a Roma para pedirle a Adriano II que reconsiderara su petición de anulación de matrimonio. Adriano le dio largas y le prometió revisar el caso, pero Lotario II pasó un año entero en Roma sin sacar nada en claro.

También murió ese año el conde de Aragón, Galindo I Aznárez. Fue sucedido por su hijo Aznar Galindo II. Practicó una política de amistad con sus vecinos, los navarros y los moros. Se casó con Oneca, hija del rey de Pamplona García Íñiguez (Oneca es la versión latina de Íñiga), a su hijo Galindo lo casó con una hija del conde de Gascuña, y a su hija Sancha la casó con el gobernador moro de Huesca, al-Tarwil.

El califato Abasí seguía desmembrándose: Yaqub al-Saffar, emir de Sistán (la región limítrofe con la India) declaró a sus dominios independientes de Bagdad, iniciando así la dinastía de los Saffaríes.

Un año antes había muerto el duque Ranulfo I de Aquitania, a quien Carlos el Calvo había nombrado para controlar a su sobrino Pipino. En 868 el rey nombró duque de Aquitania a Bernardo Plantevelue, ahora para controlar a su hijo Luis el Tartamudo. El condado de Poitiers había pasado al hijo de Ranulfo I, llamado también Ranulfo.

En 869 Carlomán, el hijo mayor de Luis el Germánico condujo un ejército contra Moravia. Ese mismo año murió san Cirilo, y su hermano Metodio fue nombrado obispo en Panonia. Su jurisdicción abarcaba prácticamente todo el territorio eslavo cristianizado. Ignacio convocó un concilio en Constantinopla en el que se condenó a Focio y se discutió sobre el derecho del patriarcado de Constantinopla sobre los búlgaros. Sobre el filioque no se llegó a ningún acuerdo.

El gobernador de Egipto, Ahmad ibn Tulún, se independizó de Bagdad gracias a su poderoso ejército formado por turcos y esclavos negros. En realidad no sólo gobernaba Egipto, sino también Siria y todo el norte de África hasta el reino aglabí. Inició la dinastía de los Tulúnidas. Con ella Egipto pasó por un periodo de esplendor y desarrollo cultural.

Lotario II regresaba de Roma todavía casado, pero murió durante el viaje. Teóricamente, al carecer de descendencia directa, su reino debía pasar a Luis II, en calidad de emperador y de pariente más próximo. Sin embargo, Carlos el Calvo se apoderó de toda Lorena, ante la indignación del emperador Luis II, de Luis el Germánico y del papa Adriano II. De estos tres, la única amenaza seria era Luis el Germánico, de modo que Carlos se lo pensó mejor. En 870 se reunió con Luis en Mersen, al norte de Aquisgrán, y los dos reyes se repartieron Lorena. En términos modernos, Luis II se quedó Renania y el norte de Holanda, mientras que Carlos se quedó el sur de Holanda y Bélgica. El Reino Medio quedó reducido al territorio italiano en manos de Luis II, el cual tampoco tenía descendientes masculinos, por lo que sus días estaban contados. Luis II estaba organizando una expedición contra los piratas sarracenos, a la que también se unieron los bizantinos.

Metodio fue hecho prisionero por los obispos germánicos, que no discutían su jurisdicción y no admitían su liturgia. Por esta época los eslavos crearon el reino de Croacia, al sur del territorio ocupado por los húngaros, en lo que hasta poco antes había sido territorio bizantino.

Murió García Íñiguez, el rey de Pamplona, y su hijo Fortún Garcés seguía prisionero en Córdoba. Fue nombrado regente García Jiménez, otro miembro de la casa real. También murió el conde Salomón de Urgel-Cerdaña, y fue sucedido por Wifredo el Velloso, hijo del conde Sunifredo que había precedido a Salomón. Tal vez le ayudó su hermano Riculfo, que era obispo en el Rosellón. Poco después, Wifredo segregó de sus dominios el condado de Conflent, que entregó a su hermano Miró.

En Inglaterra, los daneses se extendieron desde Northumbria en todas direcciones. El rey Edmundo de Anglia Oriental fue martirizado hasta la muerte.

Los nietos de Carlomagno
Índice Alfredo el Grande