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TIZIANO VECELLIO Esther Gonz‡lez Gea Universitat de Val�ncia En el siglo XVI la Repœblica
de Venecia manten’a una s—lida posici—n frente a los restante nœcleos
pol’ticos de la pen’nsula italiana. En todos los aspectos, tanto pol’ticos, como
econ—micos y sociales gozaba de una destacada representaci—n. El dominio
veneciano de los territorios del VŽneto y la Lombard’a motivar‡n los recelos
de la mayor’a de las potencias europeas y de los dem‡s estados italianos.
Incluso en el a–os 1508 se constituye la Liga de Cambrai,
formada por el papa, el emperador, Espa–a y Francia, para luchar contra la
Seren’sima Repœblica. La liga cont— con el apoyo de los duques de Mantua,
Saboya y Ferrara. Las tropas aliadas consegu’an derrotar a las venecianas y la
Repœblica se vino abajo, pero la trama diplom‡tica era tal que al a–o
siguiente la Liga se disolv’a y Venecia puso fin al conflicto sin apenas
pŽrdidas. A pesar de esta victoria, Venecia se encontraba agotada. (1) Un veneciano ilustre: pinceladas sobre su vida y estilo Tiziano naci— en Pieve di Cadore en los
Dolomitas. Fue el mayor de cuatro hermanos y sabemos que sus padres no
pusieron ningœn impedimento para que desarrollara su amor hacia la pintura.
Quiz‡ esto se deba a que proven’a de una familia con una posici—n desahogada
compuesta por profesionales respetables, aunque no deja de extra–arnos ya que
lo habitual era que los artistas fuesen hijos de artesanos o comerciantes. La universalidad de Tiziano
se debe, entre otras cosas, a dos hechos distintos: en primer lugar, conoci—
perfectamente toda la gama de tareas que la sociedad de Cinquecento exig’a a los
pintores, y en segundo lugar, Žl mejor que cualquier otro artista veneciano
de su siglo, estaba familiarizado con las tendencias y corrientes generales
del arte italiano, y ese conocimiento fue una constante e importante fuente de
inspiraci—n a lo largo de su existencia. Aunque veneciano hasta la
mŽdula, supo perfectamente aunar las corrientes del momento con un esp’ritu
innovador que aport— planteamientos nuevos al arte, pero si por algo destac—
fue por la cantidad de riqueza que acumul— a lo largo de su vida. Al igual
que en su pintura hay en Venecia algo suntuoso, palaciego y cortesano que es
œnico y, sobre todo, inconcebible en cualquier otra ciudad, y que
dif’cilmente pudo captarlo otro pintor que no fuese Tiziano. Mercenario
afanoso, supo reunir en su obra al hombre y a la ciudad. Longevo: algunas
hip—tesis le cifran la vida en casi cien a–os, (2) tuvo tiempo de ver pasar
el esplendor y la ca’da del Renacimiento, sobreviviendo a las modas y
tendencias. En Venecia, donde vivi— desde
los nueve a–os, trabaj— primero en el taller de Sebastiano Zucatto; luego, con Gentile Bellini, y m‡s tarde con Giovanno
Bellini, del que absorbi— lo mejor y dej— rastros
en pr‡cticamente todas sus primeras obras. Sobre 1513, declin— la oferta que
le hizo el cardenal Pietro Bembo de trasladarse a Roma como pintor de la
Corte Pontificia. Esto supon’a sentirse muy seguro en su Venecia, de la cual
obtendr’a el reconocimiento que cre’a merecer. No s—lo obtuvo el cargo de
pintor de la Repœblica sino que adem‡s, se code— con la aristocracia y la
pol’tica italiana de la Žpoca. En 1516 entr— en relaci—n con Alfonso I de
Este, duque de Ferrara; en 1523, con Federico Gonzaga, marquŽs de MantuaÉ
Entre octubre de 1529 y marzo de 1530 conoci— a Carlos V, en Bolonia, y
tambiŽn aqu’, en 1533 se afianz— la amistad entre el emperador y el artista,
y fue en esta ocasi—n cuando lo nombr— Conde Palatino y Caballero de la
Espuela de Oro. Y sobre este momento comienza su amistad con Francisco Maria della Rovere,
duque de Urbino y Capit‡n General de la Seren’sima Repœblica. Pero sus
grandes confidentes y amigos fueron dos figuras intelectuales: Sansovino, (3) el arquitecto, y Aretino, (4) el escritor.
Se convirtieron en un triunvirato perfecto y equilibrado. Los dos
contribuyeron a ensalzar el arte del pintor, sobre todo Aretino, quien dedic—
palabras de alabanza siempre que pudo, y se convirti— en un factor decisivo
en muchas ocasiones. Hubo una segunda tentativa
por parte de la familia Farnesio para llevar a
Tiziano a Roma, y en 1545, por fin, consinti— partir. Fue recibido con
grandes honores, pero la reacci—n de los medios art’sticos se mostr—
reticente. Se cuenta como anŽcdota que una vez marcharon del estudio de
Tiziano en el Belvedere, Miguel çngel y Vasari.
DespuŽs de elogiar al pintor en su presencia, al retirarse, Miguel çngel
coment— lo mucho que le hab’a agradado el color y la manera de Tiziano, pero
a–adi— que era una l‡stima que en Venecia no aprendieran a dibujar bien desde
el principio. Y concluy—: Çsi este hombre hubiera contado de algœn modo con
la ayuda del arte y el dise–o, tal como es por la naturaleza, y sobre todo en
la imitaci—n de la vida, nadie podr’a hacer m‡s para trabajar mejor, pues
posee un esp’ritu excelente y una manera muy bella y vivaÈ. (5) Volvi— r‡pidamente a Venecia,
sin a–oranzas, pero cargado su equipaje de amor hacia el arte cl‡sico. Viaj—
luego a Mil‡n a retratar al que ser’a Felipe II, y m‡s tarde a Augsburgo,
donde ya hab’a estado en 1548, al servicio del Emperador. Pero en realidad,
Tiziano nunca fue partidario de largos viajes. Cuando regres— a su tierra
llev— una vida cada vez m‡s solitaria, especialmente desde que falleci— su
amigo Aretino. Muri— en su amada Venecia un
27 de agosto de 1576. A pesar de ir envolviŽndose en los que muchos llamaron crisis manierista, no olvid— que la
luz fue el objetivo fundamental de su pintura, un reflejo de su amor a las
cosas vivas. Tres siglos y medio despuŽs de Tiziano, Paul CŽzanne
afirm— que Çel color y la forma no son entidades separadas. En la misma
medida en que se pinta, se dibuja tambiŽn. Cuando el color tiene toda su
riqueza, la forma est‡ en plenitudÈ. (6) Sabemos que CŽzanne
estaba pensando en los grandes venecianos cuando formul— este principio
crucial de su arte (Wilde, 1981). Primer Tiziano La fecha de su nacimiento
incluso hoy en d’a sigue siendo una inc—gnita. El 1 de agosto de 1571 en una
carta a Felipe II le solicitaba el pago de deudas y le escrib’a: Çeste
servidor suyo de 95 a–os de edadÉÈ, por tanto, habr’a nacido en 1477, y si su
muerte fue el 27 de agosto de 1576, alcanz— los casi cien a–os (Mor‡n, 2005).
Pero esta fecha no concuerda con el texto de su primer bi—grafo, Ludovico Dolce, que en 1557 en su Di‡logo della pittura
afirma que Çapenas ten’a veinte a–osÈ cuando en 1508 trabaj— junto con Giorgione, lo que situar’a su nacimiento en torno a 1488
o 1490, fechas que corresponden a lo afirmado por Vasari
(1568), quien asegura visitarle en 1566 cuando rondaba los 76 a–os. Dolce pertenec’a al c’rculo ’ntimo del pintor, con lo
cual ofrece garant’as. Sin embargo, hay motivos para desconfiar tanto de unas
como de otras fechas: a Tiziano para cobrar le beneficiar’a echarse a–os
encima, y a Dolce, le interesaba quitarle a–os para
avalar su talento y maestr’a. Vasari se encontraba
influenciado por Dolce y adem‡s se contradec’a a s’
mismo (afirm— que naci— en 1480 en otros textos). La que sitœa su nacimiento en
1477 fue la que aceptaron Borghini en Il Riposo y Ridolfi en sus Meraviglie dell`arte, hasta que, a principios de nuestro siglo,
Herbert Cook y Hourtiq, se inclinaron por fechas
m‡s tard’as. Hoy en d’a, casi un‡nimemente coinciden en situar su nacimiento
a mitad de la dŽcada de 1480, como sostienen Panofsky,
Wilde y Hope. Tratar de fijar la fecha de nacimiento del artista es b‡sico
para saber el papel que desempe–— en la revoluci—n de la pintura veneciana
durante los primeros a–os del siglo. Durante la primera dŽcada, desarroll— su
actividad Giorgione y realiz— sus primeras obras
Tiziano y Sebastiano de Piombo; produciŽndose en
Venecia un solapamiento entre dos maneras distintas de entender la pintura:
una actitud de indiferencia con un estilo narrativo tradicional (Carpaccio con Funerales
de San Jer—nimo) y una revoluci—n naturalista llevada a cabo por Giorgione, que para Vasari fue
el verdadero iniciador de la maniera
moderna y cuyas innovaciones han servido para juzgar a los grandes
maestros del Quattrocento. Cuenta Dolce
que comenz— su aprendizaje con Sebastiano Zuccado;
que Žste, viendo su talento, lo envi— a Gentile Bellini, Çque no pudiendo limitarse a seguir su estilo
seco y fatigosoÈ le abandon— por su hermano Giovanni y que, Çcomo su estilo
tampoco le satisfac’a por completoÈ se traslad— al taller de Giorgione a quien aventajar’a al poco tiempo. En sus a–os de formaci—n,
Tiziano, habr’a recorrido todas las fases de la evoluci—n de la pintura
veneciana, desde el quattrocentista
de Bellini a la revoluci—n giorgionesca.
Pero nunca perdi— de vista las lecciones de Bellini
y supo compatibilizarlas perfectamente con las de Giorgione. Hay imposibilidad de atribuir
a Tiziano ninguna obra anterior a 1505, pues se encontraba fuertemente
influenciado por Bellini. Se sugiere que existe un
nœmero elevado de pinturas bellinianas de Tiziano
pero son imposibles de identificar. Posteriormente se dej— atrapar por el
estilo de Giorgione, y en 1507 se va abriendo
nuevos caminos art’sticos. A pesar de la influencia de estos, el joven
Tiziano ya apuntaba maneras innovadoras en sus cuadros: unas iluminaciones de
los santos dignas de elogio, gran intensidad en las relaciones que vinculan a
los personajes dentro del cuadro, y composiciones m‡s asimŽtricas que sus
maestros. Alejado de la pintura belliniana cuando entr— en contacto con la obra de Giorgione, le permiti— liberarse de la obsesi—n quattrocentista
por la descripci—n literal y objetiva de las cosas, encerradas en un orden
est‡tico, y acercarse a una nueva textura pict—rica basada en el color, la luz
y la forma. Sin embargo, en muchas ocasiones estos dos estilos convivir’an. Muchas obras, hoy adjudicadas
a Tiziano, durante mucho tiempo se cre’an obra de Giorgione,
incluso en la actualidad continœa la polŽmica en muchas de ellas. A parte de
en el Fondaco dei Tedeschi no se tienen noticias, de m‡s colaboraciones
conjuntas. El trabajo de Tiziano fue m‡s independiente, a pesar de la gran
afinidad estil’stica, y a esto tambiŽn debemos a–adir que desconocemos muchos
puntos de la relaci—n entre ambos pintores. Lo que est‡ claro, es que Tiziano
utiliz— muchos de los modelos giorgionescos, sobre
todo en la creaci—n de los retratos. Giorgione
alter— la concepci—n del gŽnero y Tiziano capt— r‡pidamente la renovaci—n de
Žste en clave psicol—gica y emocional. Podemos apreciarlo en los primeros
retratos como La Schiavona
que confirman la relaci—n del estilo de los dos autores. La intensa fuerza
del retratado los aparta del resto de retratos venecianos del momento, adem‡s
de la exquisita elegancia y refinamiento que emanan. Las f—rmulas que
emplearon ambos artistas eran similares: inclinaci—n de cabeza, mirada
perdida en la lejan’a, la posici—n de las manos, gesto indicando un estado de
‡nimo concretoÉ todos ellos recursos que proven’an de la pintura religiosa. Tiziano, adem‡s, utiliza una f—rmula t’pica del arte del Norte de Europa: situar la escena en el interior de una habitaci—n con una ventana desde donde se ve un paisaje. No obstante, le da un nuevo tratamiento al obviar casi por completo la descripci—n de la estancia y concretar la atenci—n sobre el personaje. Se retrata la figura no el espacio. En 1510 muere Giorgione, y nuestro artista se embarca en la decoraci—n de la Scuola del Santo en Padua y en el tratamiento demuestra una mayor confianza en s’ mismo. Las composiciones de los frescos de Padua resultan acumulativas y este modo de ordenar recuerda alempleado por Bellini, aunque en el tercer fresco, el Esposo celoso se muestra un intento de superaci—n del maestro y observamos las primeras tentativas de una nueva descripci—n de la acci—n. En estos momentos la peste asola la ciudad de Venecia y Tiziano se instala en Padua huyendo del mal que hab’a acabado con Giorgione. No abandon— la lecci—n de Žste, pero a partir de este instante su pintura se abrir‡ a lo que estaba sucediendo en Roma y en Florencia, mirando de soslayo a los grandes artistas como Leonardo o Miguel çngel. Adem‡s, Sebastiano de Piombo hab’a dejado Venecia para instalarse en Roma. Con Giorgione muerto, Sebastiano en Roma y Bellini octogenario, el mercado veneciano se rend’a a su arte. A finales de 1513, escribi— una carta al Consejo de los Diez ofreciŽndose a realizar un fresco Consejo del Palacio Ducal, (7) un proyecto de grandes dificultades y por el que s—lo ped’a el pago de los gastos y la promesa de que se le concediera la senseria del Fondaco dei Tedeschi cuando quedara vacante, puesto que equival’a al pintor oficial de la Repœblica y que en estos momentos desempe–aba Bellini. Este hecho demuestra cu‡n estratega y pragm‡tico era el pintor. Tiziano contaba con clientes de familias importantes que reforzaban su prestigio; con su reputaci—n s—lida era el momento oportuno para no dejar pasar el barco. Result— una propuesta calculada y hecha en un momento clave. Aunque afirmaba en su carta: Çhaberme aplicado desde mi infancia en aprender el arte de la pintura, no por el deseo de conseguir riquezas, sino por el adquirir famaÈ, lo cierto es que pocos pintores en la historia ha habido m‡s preocupados por sus intereses (Mor‡n, 2005). Su oferta desinteresada tan s—lo por amor a la fama, no fue tal, ya que una vez conseguido el puesto perdi— el interŽs por aquel fresco y se ocup— de encargos m‡s rentables, pues en aquellos a–os, como dijo Dolce: Çno hab’a persona en Venecia que no procurara tener un retrato o alguna pintura de su manoÈ. Tras una dŽcada de investigaciones en varias direcciones, y a menudo contradictorias, se acabar’a decidiendo por un estilo cl‡sico segœn fue formulado por Giorgione, pero con conciencia de las diferencias de personalidad y modo de ver: Tiziano posee una gran capacidad fabuladora y ordenadora que nos ser‡ latente en todas las composiciones de esta Žpoca. En 1516, con su nombramiento del pintor oficial de la Repœblica y su reputaci—n de ser el mejor pintor de la ciudad, la carrera de Tiziano entra en una nueva etapa de frenŽtica actividad y en la que se suceden los encargos de los grandes retablos. El primero de estos encargos lo hicieron los franciscanos de Santa Mar’a Gloriosa dei Frari. Se trataba de un retablo colosal de siete metros donde desarroll— una de sus obras m‡s revolucionarias tanto a nivel iconogr‡fico como formal, anticip‡ndose dos a–os a la Transfiguraci—n de Rafael, obras tan distintas y tan parecidas al mismo tiempo, contempor‡neas, que mostraron lo diferentes que pod’an ser las respuestas de uno y otro pintor: mientras que en Rafael el plano del milagro pertenece al mundo del intelecto y su luz, constituyendo una esfera separada de la terrena, en Tiziano, el cielo y la tierra, el milagro y la vida, coinciden en un mismo nivel de realidad. Una comparaci—n ideal para ver c—mo, a travŽs de un repertorio gestual muy parecido, se manifiestan las diferentes reacciones del hombre ante el milagro, Rafael se sitœa en los m‡rgenes mismos del clasicismo, mientras Tiziano inaugura su momento m‡s cl‡sico. El componente revolucionario de la obra produjo un rechazo inicial, pero pocos a–os despuŽs Dolce (1557) sitœa en ella el momento preciso en que los propios venecianos tomaron conciencia de la magnitud de la revoluci—n art’stica que se hab’a producido en su ciudad: ǃsta fue la primera obra pœblica que hizo al —leo; y la hizo en muy poco tiempo y jovenc’simo. Los malos pintores y el vulgo ignorante, que hasta ahora no hab’an visto otra cosa que las pinturas muertas y fr’as de Giovanni Bellini, de Gentile y de Vivarino que no ten’an ni relieve ni movimiento, criticaban duramente esta tabla. Pero algœn tiempo despuŽs, cuando se enfri— la envidia y se fueron abriendo sus ojos a la verdad, comenzaron a sorprenderse del nuevo estilo que hab’a introducido Tiziano en Venecia, y todos los pintores se aprestaron a tratar de imitarla sin conseguir Žxito en su empe–oÈ. En los retablos su mayor preocupaci—n era la luz y el color para crear espacios unitarios o la construcci—n formal de un espacio que prolongara el espacio efectivo de una capilla en el que se encuentra un fort’simo efecto de perspectiva. En este mismo a–o, se
iniciaron sus relaciones con el duque de Ferrara, Alfonso de Este, fruto de
las cuales nacer’a su esplŽndida serie de mitolog’as, y el comienzo de una
cadena que, a travŽs de Federico II de Gonzaga, duque de Mantua, le conducir‡
a los que ser‡n sus principales clientes, el emperador Carlos V y su hijo
Felipe II. Alfonso de Este, mecenas excepcional, le encarg— la decoraci—n de la C‡mara de Alabastro de su castillo de Ferrara. El duque quiso decorar la C‡mara con una serie de Bacanales. La idea supuso un sofisticado ejercicio de Žcfrasis, tanto los temas elegidos como la idea de que fuera decorada con un tema en comœn por artistas contempor‡neos proven’an de la literatura cl‡sica, este tipo de ejercicios de reconstrucci—n de cuadros famosos a travŽs de sus descripciones literarias era corriente en el mundo renacentista. Alfonso deseaba reunir un grupo de obras mitol—gicas realizadas por los m‡s prestigiosos artistas italianos. Gracias a este trabajo obtuvo su primer Žxito fuera de Venecia, y adem‡s completaba su suerte el hecho de poder evocar ciclos mitol—gicos en sus pinturas ya que era un gŽnero poco cultivado en el mercado veneciano, as’ Tiziano ten’a una oportunidad de oro para ampliar su repertorio. Aunque de diferente car‡cter,
los cuadros mitol—gicos realizados para el duque de Ferrara plasmaron las
mismas preocupaciones por las cuestiones art’sticas que sus pinturas
religiosas de la Žpoca, con las que guardan cierto paralelismo: la fusi—n de
los personajes con el paisaje en el que participan plenamente los hombres que
lo habitan.
Madurez El duque de Ferrara fue el primer gran mecenas de Tiziano y el de Mantua ser’a el segundo. Entr— en contacto con Federico Gonzaga a travŽs del duque de Ferrara en las mismas fechas que acababa su œltima mitolog’a para la C‡mara de Alabastro. Durante las dos dŽcadas siguientes trabaj— para los Gonzaga. A Federico Gonzaga le interesaba la mitolog’a, pero no de la misma manera que a Tiziano, y prefiri— utilizar el vers‡til talento del artista en otros terrenos: la pintura religiosa y el retrato, destacando en Žste œltimo. No obstante, al tŽrmino de la
dŽcada, Tiziano concluy— un cuadro considerado uno de sus mejores trabajos:
el Martirio de San Pedro m‡rtir.
Dado que qued— destruido en un incendio en el siglo XIX, se agradecen las
palabras de Aretino, donde describe c—mo Çuno puede comprender todos los
terrores vivos de la muerteÈ (Kennedy, 2006). La descripci—n tambiŽn pone de
manifiesto cu‡n realista y espeluznante debi— de parecer la imagen a sus
coet‡neos. Nunca antes se hab’a visto tanta violencia en un cuadro de altar
ni tampoco se hab’a retratado a un santo en una posici—n tan humillante,
adelant‡ndose a una concepci—n barroca de la pintura. En 1529 la relaci—n de Tiziano con Federico Gonzaga se vio reforzada cuando este œltimo le llev— a Parma para que conociera y retratara al emperador Carlos V. Vasari dec’a que fue el cardenal Hip—lito de Medici quien reclam— al artista para la Corte, pero en realidad fue una jugada de Federico Gonzaga. De hecho, sabemos que Carlos V recompens— a Tiziano con un ducado cuando acab— su retrato y fue el propio Federico quien pag— 130 ducados de su bolsillo al artista. (8) A partir de aqu’, Tiziano no solo se beneficiar‡ de un nœmero creciente de clientes de alcurnia como Carlos V, sino que tambiŽn se vio favorecido por el talento promocional de su amigo Aretino. Con el segundo retrato que le hizo al emperador consigui— que Žste quedara plenamente satisfecho y le nombr— pintor de Corte y le concedi— los t’tulos de Conde Palatino y Caballero de la Escuela Dorada. En la carta que recibi— se dec’a: ÇVuestro talento como artista y vuestra habilidad para retratar del natural nos parecen tan grandes que vos merecŽis se llamado el Apeles de nuestro tiempoÈ. A partir de este momento las relaciones entre Žl y la Corona espa–ola no se interrumpir’an jam‡s (Mor‡n, 2005). Francesco Maria della Rovere fue el tercero de los grandes comitentes italianos de Tiziano, le encarg— sobre todo pintura religiosa y retratos. Las obras m‡s importante que hizo para el duque fueron dos retratos, el suyo y el de su esposa, en los que utiliz— f—rmulas poco habituales en Žl. La obra de Tiziano m‡s aclamada de esta Žpoca es la Venus de Urbino. La Venus fue adquirida en 1538 por Guidobaldo dellla Rovere, heredero del ducado de Urbino, pero no est‡ claro que la encargara Žl. (9) En los cuadros que pintaba en estos momentos vuelven, de alguna manera, a evocar a los rasgos giorgionesco que parec’an abandonados por el pintor. Parec’a como si huyese de las influencias que en la ciudad estaba ejerciendo formas menos cl‡sicas que ya denotaban el camino hacia el manierismo. Pordenone y Giulio Romano fueron dos est’mulos para Tiziano, pero no ser’an los œnicos cauces a travŽs de los cuales entr— en contacto con el desarrollo del arte romano y centroitaliano que ser’a fundamental en su pintura a partir de este momento. La presencia en Venecia de Francesco Salviati y Giovanno da Udine, junto con la de Giorgio Vasari le permitir‡ conocer lo que estaban haciendo otros pintores en Roma y Florencia. Gracias a la suma de todas estas influencias la pintura de Tiziano abandonar‡ esa fase conservadora y retoma otra vez problemas m‡s modernos, sin renunciar por ello a la riqueza de la luz y el color, que seguir‡n siendo la base de su pintura, pues Žl entend’a el mundo en esos tŽrminos. El inicio de los a–os cuarenta supuso el momento ‡lgido del romanismo en Tiziano, y es entonces cuando pinta el techo de la iglesia de Santa Maria en Isola, que se hab’an quedado sin realizar cuando Vasari abandon— la ciudad. Vasari hab’a hecho algunos dibujos pero Tiziano no aprovech— ninguno. La moda de los techos pintados, introducida por Pordenone a mediados de la dŽcada de los treinta en la Scuola de San Francesco, era relativamente nueva en Venecia. Aœn no hab’a una tradici—n fuerte y Tiziano se remite a un doble modelo: por un lado el de Mantegna y Corregio; y por otro, el de Miguel çngel. El colosalismo de las figuras y la desmesura de sus gestos dan a la serie una intensidad dram‡tica que aun resaltan m‡s lo atrevido de los escorzos y de la perspectiva utilizada por Tiziano, una perspectiva de sotto in s�. (10) La crisis manierista hab’a influido en su pintura religiosa, pero
tendr‡ menor efecto en su retratos. El cambio m‡s destacado en este campo fue
la nueva aproximaci—n a sus modelos, m‡s objetiva y penetrante psicol—gicamente,
que junto con una tŽcnica de ejecuci—n m‡s r‡pida le permit’an representar a
sus modelos como si hubieran sido sorprendidos, inaugurando uno de los
per’odos m‡s fecundos en su producci—n de retratos. Hacia el final de esta
Žpoca realizar‡ una de sus obras maestras en el gŽnero; el retrato de su fiel
amigo Pietro Aretino, uno de los
personajes m‡s temidos de todo el siglo, por sus afiladas letras, cuya
temible reputaci—n est‡ reflejada perfectamente en su epitafio:
Questo � Pietro Aretino, poetˆ Tosco, che d«ogni disse mate, ecceto che di Dio; scudandosi con dir, non lo
conozco.
[Aqu’ yace Pietro Aretino, poeta toscano, que habl— mal de todos, excepto de Dios; de lo que se excusaba diciendo, no le conozco]. Tiziano y Aretino se conocieron cuando Žste y Sansovino llegaron a Venecia en 1527. Desde entonces entablaron una s—lida amistad que dur— toda la vida. En Aretino, encontr— una sensibilidad similar, un magn’fico cr’tico amante de su pintura y sobre todo, un eficaz propagandista de su arte. Al menos en seis ocasiones le represent— Tiziano, dos bajo aspecto de alguno de los personajes de sus cuadros, y cuatro en retratos independientes, no siendo un‡nimemente aceptado por la cr’tica el œltimo de ellos. Sin duda, el mejor es el del Palacio Pitti, en el que sabe captar a la perfecci—n la compleja personalidad de su modelo. El propio escritor consideraba a la obra como Çuna terrible maravillaÈ, y a–ad’a: Çrespira, palpita y agita su esp’ritu como lo hago yo al vivirÈ. RefiriŽndose al mismo cuadro, en una carta escrita unos mese m‡s tarde, hace unos comentarios sarc‡sticos, muy interesantes respecto a la personalidad de Tiziano y su amor hacia el dinero: Çsi le hubiera pagado m‡s escudos por Žl, las telas ser’an mucho m‡s brillantes y suavesÉÈ (Wilde, 1981). En cuanto se lo pudo permitir, y en este Žpoca ya pod’a, fue muy selectivo con la clientela. No todos pod’an, aunque deseaban, tener una obra suya o ser retratados por Žl, sus precios eran acordes a la valoraci—n que Žl mismo hac’a de su arte, y Žsta era muy elevada. En octubre del mismo a–o que finaliza el retrato de su amigo, Tiziano se dirigi— a Roma invitado por el Papa. La estancia en la ciudad culmin— con la solemne concesi—n de la ciudadan’a romana en el Capitolio; fue un triunfo personal para el pintor, que estuvo alojado en el mism’simo Vaticano y recibi— muchos encargos, destacando el de Paulo III con sus sobrinos Alejandro y Ottavio Farnese. El viaje a Roma era una meta so–ada por cualquier artista del siglo XVI, pero Tiziano nunca hab’a sentido la necesidad; y si decidi— hacer el viaje era para obtener beneficios para su hijo. Desde Venecia, Žl hab’a absorbido las novedades del mundo romano. La influencia de los modelos de Rafael y Miguel çngel la podemos encontrar desde que rompi— sus lazos con Giorgione. El contacto con Pordenone y Giulio Romano, adem‡s de su amistad con Sansovino y Aretino le mantuvieron al tanto de lo que se produc’a en la ciudad, y ahora se le brindaba la oportunidad de estudiarlos de cerca. Cuando Miguel çngel vio la Danae en su visita a Tiziano dijo Çque le gustaba mucho su color y su estilo, pero que era una l‡stima que en Venecia los pintores no empezaran por aprender a dibujar bien (É) si a ese hombre le ayudara tanto el conocimiento del dibujo como la naturaleza, sobre todo cuando pinta al natural, nadie podr’a llegar m‡s lejos ni hacerlo mejor que Žl, pues tiene un esp’ritu magn’fico y un estilo vivaz y encantadorÈ (Vasari, 1568). Los venecianos consideraban el color mucho m‡s pr—ximo a la naturaleza que el dibujo. Para Miguel çngel, Tiziano era un pintor excepcional por sus dotes, pero no podr’a alcanzar nunca la perfecci—n por su concepto err—neo del valor del dibujo. ƒste tambiŽn era el sentir de los artistas romanos. Sebastiano dijo una vez a Vasari: Çsi Tiziano hubiera visto las obras de Miguel çngel, las de Rafael y las estatuas antiguas, y si hubiera aprendido a dibujar, habr’a podido llegar a hacer cosas absolutamente extraordinariasÉÈ. Lo cierto es que el contacto con el ambiente romano reforz— su propia concepci—n de la pintura que se hace menos pl‡stica y m‡s pict—rica, inaugurando una nueva fase de esplendor crom‡tico. Su gama se hace mucho m‡s restringida mostrando cierta tendencia a la monocrom’a. Y en este sentido, la Danae, pintada en Roma y construida casi exclusivamente a base de rojo y verde oliva, puede considerarse un autŽntico manifiesto de la concepci—n veneciana de la pintura. TambiŽn era el primer encuentro con la mitolog’a desde las pinturas de la C‡mara de Alabastro y ser’a el punto de partida de la serie de poes’as que pintar‡ para Felipe II posteriormente. Vasari explicaba el interŽs de los pintores venecianos por la belleza superficial de los colores y por la imitaci—n de la naturaleza como la manera de ocultar los defectos que como escuela ten’an: su carencia de una base s—lida como dibujantes y su desconocimiento de los modelos romanos, tanto antiguos como modernos; e inclu’a a Tiziano en el saco. Pero estos reproches no eran del todo ciertos, pues a Venecia llegaron colecciones arqueol—gicas que podr’an haber estudiado con detalle, como lo demuestra el libro de dibujos de Jacobo Bellini y la pintura de Mantegna, evidentemente Vasari exageraba, y Tiziano conoc’a perfectamente tanto el arte antiguo como el que se estaba realizando (Wilde, 1981). La necesidad de viajar a Roma
para alcanzar la perfecci—n era un mito en el Renacimiento, y los pintores
venecianos dieron su propia respuesta a travŽs de Tiziano, a quien nadie
impidi— alcanzar las cuotas m‡s altas de la pintura. Hab’a tomado como modelos cŽlebres esculturas cl‡sicas y hab’a adaptado sistemas compositivos de los viejos sarc—fagos; en el Milagro del reciŽn nacido y la Coronaci—n de espinas hab’a sabido adaptar los s’mbolos de justicia pagana a un contexto cristianos; las bacanales de Ferrara reviv’an el verdadero esp’ritu de la antigŸedad. Tiziano se acerc— profundamente a la antigŸedad, lo que no le interes— fue mirarla con ojos de arque—logo. Y quiz‡ pueda resultar parad—jico que el alto grado de verosimilitud que mostraban sus pinturas en esta Žpoca, se logre mediante la vulneraci—n m‡s absoluta de los principios en los que se sustentaba el arte antiguo. En 1546 regresa a Venecia, y a finales de verano de 1547 recibe dos mensajes distintos. Uno de Roma, en le que se le ofrece el cargo de piombatura, el mismo que hab’a recibido Sebastiano del Piombo; y otro del Emperador, que aunque hab’a tratado de atraerlo a Espa–a nunca lo consigui—, aunque en esta ocasi—n acudi— a su llamada declinando la invitaci—n de Roma. El Emperador recibi— al pintor con muchos honores y durante su estancia all’ retrat—, junto con la ayuda de algunos colaboradores, a casi todos los personajes que intervinieron en aquel acontecimiento hist—rico. Fueron unos meses de intensa actividad pict—rica y el momento de la realizaci—n del gran retrato ecuestre de Carlos V. Durante su ausencia, en Venecia, se hab’a producido una importante novedad: la aparici—n en escena de Tintoretto, que paulatinamente se ir‡ haciendo con la clientela de la ciudad. Esto, quiz‡ fue uno de los hechos que llev— al pintor a acercase a los Austrias, al mismo tiempo que empez— a retirarse del mercado veneciano. Lo que sabemos es que en 1550 Tiziano acude de nuevo a reunirse en Augsburgo con Carlos V. Una de las razones por las
que acude a punto de cumplir los setenta a–os es para retratar al pr’ncipe.
Una vez finalizada la obra, quiz‡ porque no estaba acostumbrado a la
pincelada suelta del veneciano o porque no le convenc’a el parecido, el caso
es que a Felipe no le gust—. Lo que no impidi— que estableciera unos lazos
muy fuertes con el pintor y se convirtiera en su principal cliente durante el resto de su vida.
òltima etapa En agosto de 1551 Tiziano est‡ otra vez en Venecia, y ya no la abandonar‡ m‡s. Sin embargo, cada vez atender‡ menos encargos de sus conciudadanos y, art’sticamente, aœn se va a alejar m‡s. En la ciudad se est‡ dando una autŽntica renovatio urbis de la cual Tintoretto y VeronŽs participan. En cambio, la actividad de Tiziano —excepto con alguna excepci—n— est‡ dedicada a los encargos de la casa Austria. Comienza su serie de poes’as para Felipe II. La idea de estos cuadros inspirados en las Metamorfosis de Ovidio, debi— de surgir sobre 1550 para la decoraci—n de una c‡mara privada en la que representar’a una serie de pinturas con gran carga er—tica. Inicialmente iban a ser tan s—lo cuatro con un nexo en comœn entre ellas: mostrar la belleza de la mujer desnuda. Pero pronto este proyecto tomar‡ otras directrices. En esta serie demuestra una originalidad sin precedentes respecto al resto de las Metamorfosis ilustradas, consiguiendo la m‡xima fidelidad al esp’ritu y a la letra del texto ovidiano. El Rapto de Europa, es la poes’a mejor conservada y m‡s refinada de Tiziano. La postura de Europa sigue siendo cl‡sica, pero sus miembros carnosos anuncian a Rubens. Asimismo tambiŽn recuerda a lo que har‡n pintores como Watteau y se adelanta al Rococ— en la curva sinuosa de su manto rosado. La œltima de sus composiciones mitol—gicas, el Castigo de Marsias, est‡ inspirada tambiŽn en Las Metamorfosis de Ovidio, agrupando en una sola escena tres momentos diferentes de la historia: a la izquierda aparece Apolo tocando; a la derecha se encuentra Midas, el juez de la competici—n; y en el centro, nuevamente Apolo, coronado ya con los laureles del vencedor, desollando al derrotado Marsias. Es un episodio de una terrible crueldad, acentuado por detalles tan espeluznantes como el del perro que lame la sangre que corre por el suelo. El Castigo de Marsias, con su carencia de espacio profundo y el amontonamiento de todos sus personajes, como se–ala Palluchini (1969), marca Çel abandono por Tiziano del ilusionismo espacial renacentista y su fe en una realidad externa construida sobre la racionalidad de las leyes de la perspectiva para dar paso a un mundo plasmado ante sus ojos visionarios como una profunda realidad espiritual que se crea con las fantas’asÈ. A mediados de la dŽcada de los cincuenta, la vida de Tiziano, feliz hasta ese momento, cambiar‡: los problemas con su hijo Pomponio, la boda de Lavinia, su hija preferida, la muerte de su amigo Aretino, y tres a–os despuŽs la de su hermano, el intento de asesinato a su hijo OrazioÉ La soledad y la vejez irrumpen en su vida, y como consecuencia en su manera de mirar. Cobra todo un sentido m‡s dram‡tico y se va acentuando conforme pasan los a–os. Las formas est‡n modeladas de lo oscuro a lo luminoso, como en muchas de las obras tard’as de Remblandt. La vertiente Žpica de las œltimas obras del pintor concordaban muy bien con la demanda por parte de la Contrarreforma de im‡genes religiosas que inspirasen una fuerte implicaci—n emocional. Las pinceladas m‡s toscas y abiertas que desarrolla ahora Tiziano permiten atrapar la luz y a–adir una t—rrida intensidad crom‡tica. En 1566 Tiziano es nombrado
miembro de la Accademia
del Disegno de Florencia y consigue del Consejo
de los Diez (11) el control de las estampas basadas en sus cuadros. Y poco
despuŽs realiza dos grandes alegor’as para Felipe II. En esta misma Žpoca,
sigue cultivando su amor por el retrato, y podemos disfrutar de los œnicos
autorretratos que han llegado hasta nosotros. El primero de 1562, omite
cualquier referencia a su oficio, mientras que resalta la cadena que le
identifica como caballero de la Orden de la Espuela de Oro. (12) En el
segundo de 1567, se autorretrata de estricto perfil. Como si se tratase de la
imagen de una moneda o un bajorrelieve, con el pincel en al mano y una cadena
visible de caballero. Con la mirada perdida, como un hombre que est‡ haciendo
un balance final de toda su larga vida. Adem‡s aparece incluido en otras
obras como Alegor’a de la Prudencia
y en La Piedad, su œltima obra. Tiziano hab’a entendido la
pintura como un negocio, y mantuvo un taller muy activo que le ayudaba en sus
grandes obras. Todos cuantos se dirig’an a su taller sab’an que la idea de su
pintura proven’a del maestro, aunque no todos obten’an el mismo resultado,
una de las razones, evidentemente, era que no pagaba lo mismo. ƒsta fue una
pr‡ctica que al final de su vida se le reproch—. (13) A partir de los a–os centrales del
siglo, Tiziano vuelve una y otra vez sobre antiguas composiciones suyas;
saliendo de su taller hasta seis versiones de su Danae. Si vuelve a enfrentarse
con sus viejos motivos, lo hace bajo la presi—n de una nueva situaci—n
espiritual y ante el deseo de revisarlos segœn una nueva manera, cada vez m‡s atrevida, de interpretar la superficie
pict—rica. Aun conteniendo cierta dosis de verdad, las cr’ticas de este
momento denotaban la incomprensi—n que despert— entre sus contempor‡neos el
œltimo estilo del artista. Sin embargo, una vez superada la perplejidad que
desataron, personajes como Vasari, aclararon: Çsus
œltimas pinturas est‡n realizadas con audaces pinceladas, r‡pidamente
dispuestas con un amplio y hasta
tosco movimiento del pincel, de tal modo que desde cerca es poco lo que se
ve, mientras que desde las distancia parecen perfectas (É) aunque muchos
creen que est‡n ejecutadas sin esfuerzo, en realidad no es as’È. Adem‡s,
conocemos su mŽtodo de trabajo de manera minuciosa gracias al relato de un
testigo de excepci—n, Palma el Joven, uno de sus œltimos disc’pulos, que
contaba c—mo Tiziano: (É) esbozaba sus cuadros colocando las masas
de color, que serv’an de lecho o base a lo que quer’a representar, y sobre
ellas empezaba a trabajar despuŽs (É) As’, con cuatro pinceladas pod’a evocar
una magn’fica figuraÉDespuŽs de haber dejado iniciados sus cuadros de esta
manera, los colocaba contra la pared y los dejaba all’ (É) Cuando los volv’a
a retomar, los examinaba como si fueran sus enemigos mortales para descubrir
todos sus defectos (É) Operando y remodelando as’ a sus figuras las llevaba
al m‡s alto grado de perfecci—n (É) Para los œltimos toques, efectuaba con
sus propios dedos transiciones entre las zonas iluminadas y las que
permanec’an en sombra, mezclando un color con otro, o aplicando con las punta
del dedo un toque negro sobre alguna cavidad (É) Y finalmente, cuando el
cuadro en encontraba ya en un estado avanzado utilizaba los dedos m‡s que los
pinceles para pintar. (14) La Piedad, su œltima obra inacabada, finalizada por el mismo Palma
el Joven, estaba destinada a su tumba. El disc’pulo a–adi— una inscripci—n
que dec’a: Quod Titianus inchoatum reliquit / Palma reverenter absolvit / Deoq. Dicavit opus [Lo que
Tiziano dej— inacabado, Palma lo ha terminado respetuosamente y lo ha
dedicado a Dios]. El tema del cuadro tiene relaci—n con la Muerte, la
Eucarist’a y la Resurrecci—n, y podr’a decirse que es su propio testamento
pict—rico; se pueden encontrar recuerdos de aquello que le acompa–— a lo
largo de su vida: la escultura cl‡sica, la pintura de Bellini,
la arquitectura de Giulio Romano, pero, sobre todo, Miguel çngel. (15)
Finalmente, el 27 de agosto de 1576, Tiziano muere y deja a la ciudad de
Venecia, y al mundo entero, sin un maestro. Pintor de retratos ÇLos cuadros son, entre otras
cosas, f—siles de la vida econ—micaÈ. (16) Con este enunciado nos aproximamos
a la gesti—n del arte en pleno Renacimiento. En este momento la figura de los
mecenas se hace imprescindible para difundir el arte y para sostener la
producci—n art’stica, no s—lo por su aportaci—n econ—mica —algo por
otra parte indisociable del concepto de mecenas— sino por el apoyo espiritual
que les brindaban a los artistas. Algunos artistas trabajaban
directamente para alguien que les abonaba un salario, como es el caso de Mantegna, que trabaj— desde 1460 hasta 1508 para los
Gonzaga, marqueses de Mantua, o en su defecto estaban contratados por
instituciones y trabajaban para la comunidad (Baxadall,
2000). En el caso de Tiziano, recibi— tanto encargos pœblicos como privados,
destacando sobre todo, en este œltimo. Muchos personajes destacados del
momento desearon que les inmortalizada, y cre— como era t’pico en la Žpoca su
propio taller. Tiziano siempre entendi— la pintura como un negocio, y mantuvo
un taller muy activo que le ayudaba en sus grandes obras. Los retratos fueron una categor’a
principal en su obra. Es un grupo muy numeroso; poseemos hoy entre setenta y
ochenta retratos realizados personalmente por el artista, y por copias o
fuentes literarias tenemos conocimiento de otros muchos (Wilde, 1981). Cubren
un per’odo de al menos seis decenios, y reflejan todas las fases principales
de su arte. Podemos afirmar que Tiziano fue el principal representante de
este gŽnero en la Italia del siglo XVI. Aunque es justo decir, que el nuevo
retrato del Cinquecento
fue una creaci—n de pintores monumentales, no de especialistas. El nuevo retrato se centra
b‡sicamente en figuras destacadas, y as’ ocurre de manera especial en el caso
de Tiziano. En sus a–os de m‡xima actividad, desde alrededor de 1520 hasta
1550, casi todos sus modelos pertenec’an a las capas m‡s altas de la sociedad:
emperador, pont’fice, reyes, generales, hombres de estado, prelados y sus
familias. Con los retratos de Tiziano se podr’a ilustrar de una manera
bastante completa la historia europea de estos decenios. Lomazzo
(17) llega a decir que s—lo las personas de los niveles sociales e
intelectuales m‡s altos tienen derecho a que su apariencia pase a la
posteridad. Pero sabe que los burgueses quieren ser retratados como personas
importantes, y dedica algunos comentarios sarc‡sticos a los comerciantes y
banqueros. Aunque en un principio el pintor se volc— en retratar a las
personalidades de la Žpoca, lleg— un momento donde apart— esta exclusividad
para aceptar agradecido encargos de todas partes, y pint— m‡s que nunca
retratos para la clase media. Por ejemplo, en 1558, retrat— a un tal Fabrizio Salvaresio, personaje
cuyo nombre no aparece en ningœn libro de historia. Nuestro conocimiento del
hombre se limita a la inscripci—n latina que figura en una tarjeta en el
cuadro, todo su atuendo parece indicar que era un comerciante que hab’a hecho
fortuna en Oriente (Wilde, 1981). El cuadro se encuentra en Viena. Otro gŽnero que cultiv— con
gran maestr’a fue el retrato de mujeres como protagonistas: SalomŽ, Lucrecia, FloraÉ El
tema verdaderamente importante era la belleza de la mujer, aunque resulta muy
dif’cil desligar la alegor’a del retrato. La Vanidad, nos consta que fue
concebida inicialmente como retrato y s—lo en un momento posterior Tiziano
decidi— a–adirle el espejo, convirtiŽndola inmediatamente en un tema aleg—rico. Tiziano construy— alrededor
del arte del retrato una tarea estŽticamente aut—noma, y desarroll— en cada
uno de sus encargos rasgos indiscutiblemente individuales, aunque no debemos
obviar el hecho de que el personaje que encargaba el retrato la mayor’a de
las veces prefer’a una buena pintura a un buen parecido, como es el caso del
retrato de Isabella d«Este,
la hermana del duque de Ferrara, entonces de sesenta a–os, que le encarg— a
Tiziano ser retratada como una joven dama. Tiziano comprendi— a la perfecci—n
lo que se esperaba de Žl. Lo cierto es que obtuvo una gran fama como
retratista, y destac— por hacer una aproximaci—n psicol—gica detallada de sus
clientes. Sabemos por Carlo Ridolfi, bi—grafo del
siglo XVII, que cuando algœn personaje quer’a una buena pintura sin mucha
alma recomendaba al pintor de BŽrgamo, G. Battista
Moroni que el mismo defin’a como un pintor sencillo y honesto en los
retratos. (18) FinalizarŽ la biograf’a
art’stica del maestro veneciano con unas palabras de Somerset Maugham sacadas de su obra Cakes and Ale que describen perfectamente el concepto de belleza en la
actualidad y adem‡s alaban a Tiziano por encima de modas, corriente, Žpocas o
dem‡s conceptos a los que hoy en d’a estamos demasiado vinculados: Todo lo que los cr’ticos pueden decirte
respecto al Entierro de Cristo de Tiziano, uno de los cuadros con m‡s belleza
pura que quiz‡s hay en el mundo, es que vayas a verlo. El resto no es nada
m‡s que historia o biograf’a (É) La belleza es una aliada ciega. Es como la
cima de una monta–a que una vez alcanzada no conduce a ningœn sitio. Esa es
la raz—n por la que a fin de cuentas nos extasiamos m‡s con el Greco que con
Tiziano, con el logro incompleto de Shakespeare que con el Žxito de RacineÉ
La belleza es aquello que satisface el instinto estŽtico: la belleza es un
poco aburrida. (19) Cat‡logo á Amor
Sacro y Amor profano. Ca. 1510. Roma, Galleria Borghese. á Ofrenda
a Venus. 1518-19. Madrid, Museo del Prado. á Pala
Pesaro. 1519-1526. Venecia, Santa Maria Gloriosa dei Frari. á Carlos
V con su perro. 1532-33. Madrid, Museo del
Prado. á Paulo III
y sus nietos Alejandro y Ottavio Farnese. 1545-46. N‡poles, Gallerie Nazionali di Capodimonte. á D‡nae recibe
la lluvia de oro. 1553-1554. Madrid, Museo del
Prado. á La Piedad.
Ca. 1576. Venecia, Galleria dellÕAcademia. Notas 1 <www.mgar.net > 21-10-2012. 2
Dato
corroborado en pr‡cticamente todas las fuentes bibliogr‡ficas consultadas. 3
Escultor
y arquitecto del Alto Renacimiento. DespuŽs del saqueo de Roma en 1527 huy— a
Venecia donde hizo amistad con Tiziano y Aretino y fue nombrado arquitecto
jefe de la ciudad. <www.britannica.com>
21-10-2012. 4
Poeta,
prosista, dramaturgo y sobre todo, cr’tico literario de la sociedad de su
tiempo. Sus cartas ardientes y sus di‡logos son de gran interŽs
biogr‡fico.< www.britannica.com >
21-10-2012. 5
Giorgio
Vasari, Lives of the most eminent
Painters, Sculptors and Architects, trad. Por G. De Vere
(Londres, 1912-1915), IX, p‡gs. 162 y 170 y ss. 6
J.
Wilde, La pintura veneciana: de Bellini a Ticiano, p‡g. 197. 7 Fresco en el
que representar’a la derrota de Federico Barbarroja
en la batalla de Spoleto, un episodio de la
historia de Venecia (Mor‡n, 2005). 8
Esta
anŽcdota ha sido relatada por varios autores desde Wilde, Panofsky,
Kennedy o Mar’a Kusche en su tratado A prop—sito de Carlos V con el perro. 9
Adrian Searle en el
cat‡logo realizado para la exposici—n de Tiziano que exhibi— el Museo del
Prado en el 2003 afirma que el
encargo s’ fue hecho por Guiobaldo della Rovere, pero para Miguel
Mor‡n o Ian Kennedy esto no est‡ tan claro.
Asunci—n DomŽnech, redactora jefe de la revista Descubrir el Arte, analizando esta
obra tambiŽn corrobor— que Guiobaldo dellla Rovere encargar’a el
cuadro para mostrar a su joven esposa el comportamiento esperado. <www.elmundo.es/magazine>
23-10-2012. 10 La traducci—n ser’a Çde abajo hacia arribaÈ, hace referencia a un tipo de escorzo extremo de figuras pintadas sobre un techo u otra superficie alta para crear la sensaci—n de que las figuras est‡n suspendidas en el aire por encima del visor. 11 El 10 de julio
de 1310 se establece en Venecia el Consejo de los Diez, organizaci—n similar
a una polic’a secreta del Estado, que se hizo muy poderosa y se convirti— en
el eje central de la pol’tica veneciana. 12 Es una
condecoraci—n pontificia que el Soberano Pont’fice concede a personas de vida
intachable que han promovido los intereses de la sociedad, de la Iglesia
Cat—lica y de la Santa Sede. 13
Dato
en el que coincidir‡n casi todas las fuentes consultadas. 14
Cita
que aparecer‡ tanto en el libro de Mor‡n como en el de Wilde, e incluso m‡s
breve en el de Freedberg. 15
Panofsky resume as’ esta obra. Luego veremos como
posteriormente otros autores se suman a esta descripci—n. 16
Cita
de Baxandall sobre la
importancia de la herencia art’stica del Renacimiento. 17
Nombrado
por Wilde quien le atribuye esta afirmaci—n en Pintura veneciana: de Bellini a Ticiano.
18
Dato
que narra Carlo Ridolfi, que fue denominado Çel Vasari venecianoÈ (<www.dictionaryofarthistorians.org<) que he
obtenido a travŽs de Ian Kennedy. 19
Texto
de Maugham transcrito del libro Historia de las seis ideas de Tatarkiewicz. Bibliograf’a Kennedy,
I. [2006]. Tiziano, Kšln, Taschen. Mor‡n,
M. [2005]. Tiziano: Grandes maestros, Vol. 7, Madrid,
Alianza Editorial. Freedberg, J.S. [1992]. Pintura en Italia: 1500/1600, Madrid, Ediciones C‡tedra. Panofsky, E. [1972]. Estudios sobre iconolog’a, Madrid. Wilde,
J. [1981]. La pintura
veneciana: de Bellini a Ticiano, Madrid,
Editorial Nerea. Vasari,
G. [ 1568]. La vite dei pi� eccellenti
pittori, scultori ed architetti, Ed. G. Milanesi. Dolce,
L. [1557]. Dialogo della pittura intitolato l«Aretino,
Venecia. Palluchini, R. [1969]. Tiziano, Firenze, G.C Sansoni Editore. Panofsky, E. [2003]. Tiziano: problemas de iconolog’a, Madrid, Ediciones Akal Baxandall, M. [2000]. Pintura y vida cotidiana en el renacimiento, Barcelona, Gustavo
Gili. Lle—
Ca–al, V. [2006]. ÇTres maestros: Rembrandt, Tiziano y CaravaggioÈ, en Revista
de Libros, n¼ 115-116. Tatarkiewicz, W. [1992]. Historia de las seis ideas: arte, belleza, forma, creatividad,
experiencia estŽtica, Madrid, Tecnos. |
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