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Daniel C. Dennett, calificado por algunos como el nuevo
Bertrand Russell, es un personaje difícil de resumir. En varios
cientos de artículos y en sus numerosos libros, desde Content
and Consciousness (1969) hasta Brainchildren: Essays
on Designing Minds (1998), Dennett ha explorado temas tan diversos
como el lenguaje, la cognición, la consciencia, la inteligencia
artificial, la filosofía de la mente o la teoría de la evolución,
y en todos ellos ha adquirido un reconocimiento internacional indiscutible.
Educado en Harvard y en Oxford, donde se doctoró en 1965, Dennett
se describe a sí mismo como filósofo, pero su trabajo ofrece
una visión de la filosofía muy distinta a la que hasta ahora
estábamos acostumbrados. Para la mayoría de los científicos,
los filósofos son humanistas que no saben nada de ciencia. Dennett,
sin embargo, es un atento seguidor de los avances científicos y
entiende el lenguaje técnico mejor que la mayoría de los
científicos.
Daniel C. Dennett (1942) es Distinguished Arts and
Sciences Professor y director del Centro de Estudios Cognitivos de la
Universidad de Tufts (Massachusetts, EEUU). El pasado mes de noviembre,
Dennett visitó Valencia para participar en el congreso Evolution:
From molecules to ecosystems organizado por el Instituto Cavanilles
de la Universidad de Valencia. El congreso reunió en el Jardín
Botánico de la Universidad a una nutrida representación
de biólogos de varios países y en él participaron
algunos de los más destacados especialistas en el campo de la biología
evolutiva.
Durante varios días tuvimos ocasión de conocer personalmente
a Dennett y de conversar con él sobre los temas más variados
y, especialmente, sobre sus ideas acerca de la evolución. La teoría
de la evolución ha sido un tema recurrente en la obra de Dennett,
y a ella ha dedicado uno de sus libros más recientes, Darwins
Dangerous Idea (1995), traducido al castellano como La peligrosa
idea de Darwin (Círculo de Lectores, 1999). En este libro,
Dennett explora las implicaciones del legado de Darwin desde la perspectiva
de un filósofo. Para Dennett, la revolución darwiniana no
fue sólo científica, sino también filosófica,
y son precisamente las implicaciones filosóficas las que hacen
que la idea de Darwin sea peligrosa. Peligrosa porque promete no
amenaza transformar profundamente nuestra visión tradicional
de lo que es la vida y del lugar que ocupamos en el universo.
Dennett no es, desde luego, un filósofo al uso. Uno de los aspectos
de su personalidad que más sorprende es su tremenda curiosidad
por todo lo que tienen que decir los científicos. Sus reflexiones
sobre la biología no están basadas en Aristóteles,
Platón, Kant ni en otros oráculos habituales, sino en el
trabajo de los propios biólogos. Dennett sí sabe escuchar
a los científicos y toma buena nota de lo que escucha. Durante
las sesiones del congreso sobre evolución pudimos verle tomar notas
con una vehemencia que haría palidecer al más devoto de
nuestros estudiantes universitarios incluso en conferencias que
muchos biólogos hubiesen calificado como aburridas y en varias
ocasiones hubo que suministrarle papel adicional para que pudiera seguir
escribiendo.
¿Qué puede aportar la filosofía a la biología?
En primer lugar hay que aclarar que no existe la ciencia libre de filosofía.
Hay ciencia en la que no te tomas la molestia de examinar tus presupuestos
filosóficos, y ciencia en la que sí lo haces, pero siempre
hay presupuestos filosóficos. A lo mejor tienes suerte ¡mucha
suerte! y los presupuestos filosóficos de tu ciencia son
inofensivos y neutrales. De hecho, es muy raro que ese sea el caso. La
contribución que hace la filosofía es simplemente exponer
los presupuestos filosóficos de la ciencia y ver si son buenos.
Para hacerlo bien debes conocer la ciencia en cuestión. Mucha de
la filosofía de la ciencia que se hace hoy en día es inútil
porque no está educada en la ciencia pertinente. En este sentido,
los filósofos que hayan hecho sus deberes y hayan aprendido biología
pueden hacer una contribución muy interesante.
Su libro La peligrosa idea de Darwin ha sido el libro sobre
darwinismo que más comentarios ha suscitado estos últimos
años, ¿a qué cree que se debe que el libro haya recibido
tanta atención?
Creo que tuve la suerte de expresar ideas que en ese momento necesitaban
ser expresadas. Cuando se publicó mi libro mucha gente estaba empezando
a pensar sobre una visión más general del darwinismo, yo
únicamente lo hice unos pocos meses antes de que lo hicieran otros.
Recuerdo que cuando estaba trabajando en el libro pensaba: tendré
suerte si lo tengo publicado antes de que alguien escriba un libro sobre
el mismo tema. Podía oir como otros a mi alrededor empezaban
a expresar esas mismas ideas, y de hecho varios libros que salieron poco
después que el mío contenían ideas muy parecidas.
Tuve la suerte de estar allí unos pocos meses antes que ellos.
¿Qué siente un filósofo al ser invitado a participar
en un congreso sobre biología evolutiva?
Me encanta que me inviten a estas conferencias, las encuentro fascinantes.
Estoy muy satisfecho por la recepción que mi libro ha tenido entre
los biólogos. He llegado a la conclusión de que el hecho
de que me inviten a sus conferencias y a sus seminarios es señal
de que piensan que tengo algo que aportar, y de hecho estas reuniones
ocupan una gran parte de mi vida desde que se publicó el libro.
Durante los últimos cinco años he estado en más departamentos
y conferencias de biología que de filosofía.
La idea principal del libro La peligrosa idea de Darwin es que
el simple algoritmo de la selección natural es aplicable a un gran
número de fenómenos de muy diversa índole, algunos
de los cuales ni siquiera habían sido considerados por los biólogos
y por otros científicos. En sus libros anteriores había
referencias a la evolución pero éste es el primer libro
dedicado enteramente a este tema. ¿Cómo empezó a
interesarse por la biología evolutiva?
Siempre he creído que el pensamiento evolutivo era importante para
comprender el aprendizaje, para entender como funciona el cerebro. De
hecho en mi primer libro Content and consciousness (publicado en
castellano como Contenido y conciencia) esbocé una teoría
evolutiva del aprendizaje. Al pasar los años, me impresionaron
las reacciones tan negativas que provocaba el pensamiento evolutivo entre
la gente de mi campo y de las ciencias cognitivas en general. Gente que,
para mi sorpresa, mostraba una aversión muy intensa hacia el pensamiento
evolutivo por razones que ni ellos mismos eran capaces de admitir, y así
empecé a interesarme por la oposición al pensamiento evolutivo.
Cuanto más veía, más me convencía de que tenía
que escribir un libro sobre el tema, y en el proceso aprendí muchas
cosas sobre la biología evolutiva que no conocía, y cuanto
más aprendía más fascinante me parecía.
¿Por qué piensa que la evolución despierta tanto
interés hoy en día?
Creo que hay muchas razones. Una de ellas, por supuesto, ha sido el tremendo
progreso de la biología molecular y del proyecto genoma. Además,
la gente empieza a comprender que los problemas del medio ambiente y las
enfermedades son fundamentalmente problemas evolutivos. No vamos a encontrar
buenas soluciones para problemas tan acuciantes como el calentamiento
global o las epidemias si no tenemos una perspectiva evolutiva. Otra fuente
de interés viene de la informática, en la que las aproximaciones
evolutivas al desarrollo del software y los algoritmos genéticos
están teniendo un gran éxito. Esto hace que la gente esté
empezando a comprender que, tanto si quiere como si no, los algoritmos
evolutivos están por todas partes.
En el libro utiliza como metáforas las grúas
y los ganchos colgados del cielo. ¿Podría explicarnos
qué entiende por grúa?
Hay diferentes formas de ver la evolución; yo veo el trabajo que
hace la evolución como una elevación en el espacio de diseño.
El mecanismo básico de la selección natural es como un elevador
muy lento y gradual; es como empujar algo hacia arriba por una rampa.
Las personas que recelan del poder de la evolución han buscado
cosas a las que no sería posible llegar por esa rampa porque son
demasiado maravillosas, y han buscado milagros venidos de lo alto, ganchos
colgados del cielo. Pero en su lugar se han encontrado con que el
proceso de la selección natural ha creado por sí mismo elevadores
muy eficaces, a los que yo llamo grúas. Una grúa
es un artilugio que realiza elevaciones locales muy eficazmente. En relación
a la evolución, una grúa es un fenómeno que permite
una elevación más rápida, que hace que el proceso
evolutivo avance de forma más rápida y eficiente. Así
el sexo es una grúa indiscutible porque, una vez tienes recombinación,
ésta permite unas trayectorias mucho más rápidas
a través del espacio de diseño. De hecho, el sexo tiene
que proporcionar importantes beneficios porque hay que pagar el precio
inicial que supone dividir la eficacia por la mitad. Lo bonito de considerar
el sexo como una grúa es que no surgió para ser una grúa.
No debemos cometer el error de pensar que la evolución tiene un
plan. Pero una vez el sexo aparece en escena permite explorar más
rápidamente el espacio de diseño de lo que era posible antes.
El lenguaje también es una potente grúa. Gracias a él
tenemos la ingeniería genética, que es la última
de una serie de aceleraciones evolutivas debidas a nuestra propia especie.
La selección artificial, como dijo Darwin, ha sido un potente amplificador
de la selección, pero no es nada comparada con la ingeniería
genética. Ahora tenemos plantas con genes de luciérnaga
que brillan en la oscuridad. Esto significa salvar una distancia enorme
en el espacio de posibilidades, algo que era tremendamente improbable
antes de la ingeniería genética.
Algunos científicos de reconocido prestigio como Stephen J.
Gould son objeto de crítica en su libro. ¿Cuáles
fueron esas críticas y cómo respondió Gould a ellas?
En mi libro sugería que Stephen J. Gould había estado divulgando
una idea tergiversada del estado actual de la teoría evolutiva,
... y por supuesto no esperaba que le sentara bien semejante acusación.
Así que su respuesta no fue en absoluto inesperada, aunque fue
decepcionante. Escribió una respuesta muy airada (véase
Darwinian Fundamentalism, 1997), muy emocional, pero no respondió
directamente a las críticas que yo le hacía.
Uno de los autores que aparentemente más le ha inspirado en
el campo de la biología evolutiva ha sido Richard Dawkins, autor
de El gen egoísta. ¿Cuál es su opinión
sobre la obra de Dawkins?
Curiosamente, al principio, cuando oí hablar del libro de Dawkins,
no quise leerlo, porque el título me hizo pensar que iba a ser
una explicación o pseudoexplicación genética del
egoísmo humano, y pensé que sería una estupidez y
que no me interesaba leerlo. Lo que ocurrió es que mi colaborador,
Douglas Horstatdter, lo leyó y me dijo: Dan, tienes que leer
este libro. Lo hice y me convertí en un fan de
Dawkins
¿Es posible que la reacción de Gould pudiera deberse
en parte a que usted ha dado apoyo filosófico a las ideas de R.
Dawkins, J. Maynard Smith y otros conocidos neodarwinistas?
En EEUU, las ideas de Dawkins y Maynard Smith acerca de la evolución
han sido silenciadas y Gould tiene gran culpa de ello; es decir, él
ha sido muy convincente a la hora de presentar su propia visión
del proceso evolutivo como la visión correcta. Incluso ha disuadido
a la televisión pública de emitir programas en los que se
expusieran otras visiones. Por ejemplo, Dawkins realizó una serie
de programas excelentes sobre la evolución para la BBC que nunca
se han visto en EEUU. ¿Por qué? Porque los asesores de la
televisión pública, entre ellos Gould, dijeron que no eran
buenos. Pero Gould no es el único, en cierto modo Steven Rose desempeña
un papel similar en Inglaterra, o Lewontin,... es terrible, pero es así.
¿Por qué piensa que algunos biólogos como Gould
están tan preocupados por imponer una versión descafeinada
del darwinismo, es decir, por aceptar que hay fenómenos naturales
que no pueden explicarse por el simple algoritmo de la selección
natural?
Es algo que siempre he intentado averiguar; tengo algunas sospechas pero
me resisto a ofrecer un diagnóstico. Algunos hechos, sin embargo,
son obvios. Muchas de las razones que tiene la gente para resistirse a
un darwinismo completo, con todo su vigor, son políticas en un
sentido amplio del término. La gente es reacia a conceder a la
ciencia tanta importancia en el proyecto explicativo, para proteger así
cierto tipo de fenómenos humanos de cualquier explicación
científica. Este es, en cierto sentido, un proyecto político.
Hay personas tanto de derechas como de izquierdas que quieren mantener
a la ciencia en su lugar. Creo que Gould simpatiza con el tipo de nociones
deconstructivistas de la ciencia que reivindican que la ciencia no posee
un punto de vista privilegiado en el camino hacia la verdad y yo no estoy
de acuerdo con esa visión.
En su libro afirma que la prudencia exige que las religiones
sean encerradas en jaulas.
Absolutamente necesario. Ésta es probablemente la frase del libro
que más a menudo se cita fuera de contexto. Los ejemplos que di
incluían las religiones que practican el sacrificio de animales,
la esclavitud de las mujeres, ..., y dejé muy claro que todos nosotros,
en todos los países, ponemos límites a la libertad religiosa.
No permitiríamos una religión que esclavizara o que hiciera
sacrificios humanos. Y en ese contexto afirmé que la libertad religiosa
tiene sus límites y para ello hice el paralelismo con los animales
encerrados en los zoos. Y cada vez que una persona religiosa me echa en
cara esa frase, le digo: ¿tu aceptas la fetua contra Salman Rusdie?
Si no la aceptas, entonces estás de acuerdo conmigo.
¿Cuál es su opinión sobre la enseñanza
del creacionismo a los niños en las escuelas?
Este es un problema muy real en EEUU. Hay muchos profesores, incluso profesores
de universidad, que apoyan que se enseñe el creacionismo en las
escuelas, y para mí esto es muy perjudicial. No propongo que los
metamos en jaulas, pero creo que deberíamos dejar claro tan públicamente
como sea posible que esa gente tiene miedo de enseñar la verdad.
Sus niños les preguntarán cuando crezcan: ¿Por qué
me contaste esas mentiras? ¿No pensabas que iba a ser capaz de
enfrentarme a la verdad? Yo creo que mentir a un niño es malo.
Por supuesto, hay mentiras que parecen benignas, como Santa Claus. A veces
me maravillo de que la gente se sienta a gusto con esto, porque creo que
sienta un mal precedente: ahí tenemos a gente mayor conspirando
para engañar a los niños sobre algo que más tarde
o más temprano van a descubrir que es mentira. Si los adultos imponen
el creacionismo o la ciencia de la creación a sus niños
llegará el momento en que los niños les van a decir: ¿Por
qué nos engañasteis?
¿Va a continuar explorando las implicaciones del darwinismo?
¡Oh sí!, ahora mismo estoy trabajando en un libro sobre la
evolución del libre albedrío. Es algo que ya traté
aunque de forma muy rudimentaria en mi libro Elbow Room. Creo firmemente
que, al menos en EEUU, la resistencia de mucha gente al pensamiento evolutivo
se debe al miedo a que nos roben nuestra libertad. Piensan que si se considera
el Homo sapiens como un producto más de la evolución,
como cualquier otro animal, nuestra imagen de nosotros mismos y de nuestro
libre albedrío quedará destruida. Yo quiero argumentar justo
lo contrario: no comprenderemos realmente el libre albedrío hasta
que no sepamos qué es y cómo evolucionó, y lo que
quiero hacer es contrastar el libre albedrío humano como fenómeno
evolutivo con el libre albedrío animal. Y la diferencia es enorme.
Son tan diferentes como el lenguaje humano y el canto de un pájaro.
Ambos son productos de la evolución, pero el lenguaje humano es
indudablemente un fenómeno más complejo, interesante y productivo
que el canto del pájaro, por hermoso que este sea. El libre albedrío
humano es mucho más complejo e interesante que el libre albedrío
del pájaro para volar donde quiera. Creo que si la gente comprende
que podemos situar la libertad humana en un contexto evolutivo seremos
capaces de entenderla y apreciarla mejor.
¿Tienen los animales libre albedrío?
No en un sentido interesante, en parte porque no son moralmente responsables.
Este es el punto clave del libre albedrío.
Recientemente, algunos investigadores han empezado a aplicar una perspectiva
evolutiva al estudio del comportamiento y de la mente humanos. ¿Qué
piensa sobre esta nueva disciplina que muchos denominan psicología
evolucionista?
Mis ideas sobre la psicología evolucionista son mixtas y en La
peligrosa idea de Darwin intenté dar una visión equilibrada.
Creo que se ha establecido entre los psicólogos evolucionistas
una mentalidad de asedio, y es una pena. Se supone que todo el esfuerzo
debe ser contra nuestros críticos y, por consiguiente, está
muy mal visto criticar desde dentro porque ... ¡ya tenemos bastantes
enemigos fuera! Pienso que es un gran error. Hemos de ser muy críticos
con el trabajo de segunda categoría dentro del campo y creo que
no se ha sido bastante... No es agradable criticar el trabajo de los de
tu propio bando, pero es importante hacerlo, y hacerlo amablemente pero
a la vez con tanta severidad como sea necesario. Creo que el nivel en
psicología evolucionista debería ser considerablemente más
alto. El material bueno es bueno y el material malo es terrible. Hace
poco me hablaron de un escritor de ciencia-ficción llamado Sturgeon
que enunció la denominada ley de Sturgeon, que dice que el 95%
de todas las cosas es basura. Y esto supongo que se puede aplicar también
a la filosofía y a la biología molecular. Debemos apartar
los ojos del material de segunda categoría y concentrarnos en el
que sea realmente bueno, es decir, criticar pero también apoyar.
Entre los psicólogos evolucionistas ha habido una tendencia a desestimar
las explicaciones culturales, que también son fruto de la evolución.
De todas formas, creo que sus contribuciones son útiles y valiosas,
y la gente no debería resistirse a ellas únicamente porque
escuchen diatribas ideológicas en su contra.
Uno de los temas sobre los que ha escrito mucho es la mente. ¿Cómo
de cerca estamos de comprender la mente?
Creo que estamos muy cerca. Hace poco revisé una serie de ensayos
que saldrán en un número especial de la revista Cognition
dedicado a las aproximaciones neurocientíficas a la consciencia
humana. Me invitaron a hacer un artículo de revisión en
el que debía opinar sobre si esos trabajos explicaban o no la consciencia,
y mi respuesta fue un rotundo Sí. Creo que estamos
haciendo excelentes progresos. Como en el caso de la biología evolutiva,
las nuevas tecnologías nos están inundando con muchos datos.
Ahí están las técnicas que permiten visualizar el
cerebro de forma no invasiva, y también las técnicas de
modelización que permiten explorar los fallos y los aciertos de
modelos mucho más complejos que los que se podían estudiar
antes. Hoy en día todo el mundo empieza desde un nivel mucho más
sofisticado que hace diez o quince años y creo que las piezas están
encajando muy bien.
¿Cómo ve el futuro de las relaciones entre la biología
y las ciencias sociales?
La verdad es que no lo sé, pero creo que va a ser muy complicado,...
por una parte vemos una disciplina joven de economía evolutiva,
vemos aproximaciones evolutivas a la teoría política, a
la historia, a la psicología, ... No se puede decir que no haya
personas que estén empezando a darwinizar sus disciplinas. Las
hay y están haciendo un trabajo muy interesante, pero también
hay una larga historia de profunda antipatía, de escepticismo,
y esto en algunos casos parece estar recrudeciéndose. En el campo
de la antropología es un verdadero escándalo. Los antropólogos
físicos son evolucionistas y los antropólogos culturales
ven cualquier consideración de evolución como la más
terrible de las herejías y parece que no hay cura para ello. La
única cura posible consiste en esperar a que esos antropólogos
sociales, esos antropólogos culturales y sus estudiantes se jubilen
y sean reemplazados por subespecies mejores.
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