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The biology of sexappeal: mate
selection in humans. Until recently, it was thought that standards
for physical beauty were largely arbitrary and culturebound. As
the work of evolutionary psychologists is uncovering, women and men have
evolved sexspecific mating strategies and preferences for traits
affecting mate choice. Many of these universal qualities which people
of different cultures link to sexappeal are visual markers of the
reproductive potential.
Cuando consideramos la enorme cantidad de dinero que
mueve la industria de la belleza, desde la cosmética a la cirugía
plástica o la moda, se hace evidente que el atractivo físico
es un tema que nos preocupa mucho. Es erróneo pensar que esta preocupación
es algo exclusivo de las sociedades occidentales actuales. La belleza
es y ha sido una inquietud constante desde los orígenes de nuestra
especie, e incluso antes (se han encontrado adornos corporales como collares
o pulseras junto a los restos de homínidos anteriores a Homo
sapiens). Hombres y mujeres de culturas muy diferentes adornan
su cuerpo con algún tipo de maquillaje, tatuajes, piercing
y/o abalorios de todo tipo.
Charles Darwin, en su libro The descent of man, and selection in relation
to sex, fue el primero que trató el tema de la belleza humana
desde un punto de vista biológico. Basándose en los comentarios
de varios misioneros británicos, intentó encontrar patrones
de belleza comunes a todos los humanos. Probablemente debido a los prejuicios
y falta de objetividad científica de los informadores, Darwin acabó
concluyendo que no existía un estándar general de belleza:
distintas culturas tenían distintos patrones de belleza. Sin embargo,
algunos estudios transculturales realizados recientemente han demostrado
que sí existen unos patrones de belleza universales. Personas de
diferentes clases sociales, edades, culturas y razas comparten un mismo
sentido estético de la belleza humana y coinciden a la hora de
discriminar qué es atractivo y qué no.
¿Por qué nos resultan sexys determinados rasgos faciales
o corporales? ¿Por qué los hombres se sienten atraídos
por las jovencitas y, en cambio, las mujeres se interesan por hombres
mayores y bien situados? Recientemente, algunos científicos se
han planteado que para comprender éstos y otros aspectos del comportamiento
humano es necesario empezar por reconocer que se trata de un problema
de biología evolutiva. A raíz de estas ideas ha surgido
una nueva disciplina, denominada psicología evolucionista, que
tiene como objetivo descubrir y comprender el diseño de la mente
humana desde una perspectiva evolutiva. Los principios en que se basa
esta nueva ciencia son muy simples y a la vez muy sugerentes, y se pueden
resumir en la siguiente afirmación: nuestros circuitos neurales
son el resultado de un proceso evolutivo, han sido diseñados por
la selección natural para resolver los problemas a los que nuestros
ancestros se han enfrentado a lo largo de nuestra historia. Generación
tras generación, durante más de 10 millones de años,
la selección natural ha ido lentamente esculpiendo el cerebro humano,
favoreciendo aquellos circuitos que permitían resolver de forma
apropiada los problemas a los que se enfrentaban nuestros ancestros: encontrar
pareja, conseguir alimento (cazando y recolectando), buscar aliados, defenderse
de los enemigos, criar a los hijos... Esto supone que, para entender nuestro
comportamiento en el presente, hemos de tener en cuenta que está
generado por mecanismos de procesado de información que existen
porque resolvieron problemas adaptativos en el pasado, es decir, en los
ambientes ancestrales en los que los humanos evolucionaron. Eso no quiere
decir que la selección natural no continúe su acción
en el presente, pero las condiciones que hoy en día nos resultan
tan familiares, las ciudades, las naciones, las máquinas, las fábricas
y los colegios, por citar algunas, son muy recientes. Representan menos
de una milésima de la historia de nuestra especie y la evolución
necesita mucho tiempo.
Nuestro cerebro contiene diferentes circuitos neurales especializados
en resolver diferentes problemas adaptativos, y uno de los problemas más
importantes con que se enfrenta todo animal a lo largo de su vida es el
de encontrar pareja y reproducirse. Aunque pueda resultar demasiado pragmático
y poco romántico, nuestros cerebros han sido diseñados para
detectar y considerar sexualmente atractivos aquellos estímulos
que son indicadores de un mayor potencial reproductor. Aquellos humanos
primitivos que eligieron parejas con mayor capacidad reproductora dejaron
más hijos y todos nosotros somos sus descendientes.
Nuestra experiencia cotidiana nos muestra que hombres y mujeres afrontan
la sexualidad de forma muy diferente. Esto tiene sentido desde una perspectiva
evolutiva, ya que como ocurre en otras especies animales, las mujeres
realizan una mayor inversión parental y tienen un potencial reproductor
mucho menor que los hombres. Un hombre puede engendrar muchos más
hijos de lo que la monogamia le permite. Por tanto, ha habido un conflicto
de intereses que ha llevado a que hombres y mujeres hayan evolucionado
hacia estrategias sexuales diferentes. La psicología evolucionista
ha formulado algunas hipótesis sobre las diferencias de estrategia
entre los dos sexos a la hora de elegir pareja, y muchas de las predicciones
que surgen a partir de esas hipótesis han sido comprobadas experimentalmente.
En general, los hombres tienden a ser más promiscuos y más
dispuestos a mantener relaciones sexuales con parejas ocasionales que
las mujeres, y éstas son mucho más exigentes (selectivas)
respecto a sus parejas sexuales.
Estudios sobre las preferencias a la hora de elegir pareja de hombres
y mujeres de culturas muy diversas han demostrado que las mujeres colocan
entre los primeros lugares los recursos que puede aportar el hombre, mientras
que los hombres valoran la belleza. Pero, ¿qué rasgos resultan
bellos a los ojos de los hombres? De forma universal, las mujeres más
atractivas, más sexys, son aquellas que exhiben caracteres
que indican un alto valor reproductivo. Los hombres aprecian aquellas
características físicas que se correlacionan con la juventud,
como la nariz y el mentón pequeños, los labios gruesos y
la piel tersa, y con la fertilidad, como una cintura estrecha y unas caderas
amplias (una relación cintura-cadera de 0.7 se considera sexy).
Por otra parte estos rasgos están controlados por los niveles de
estrógenos (más concretamente por la proporción entre
estrógenos y testosterona). Curiosamente las mujeres encuentran
atractivos distintos rasgos masculinos dependiendo del momento del ciclo
menstrual. Aunque en general prefieren hombres con rasgos faciales suaves,
algo feminizados, en el momento de máxima fertilidad del ciclo
menstrual eligen hombres con rasgos faciales y corporales más masculinizados
(indicadores de niveles elevados de testosterona).
Una característica que todos los humanos independientemente del
sexo o la edad valoran a la hora de juzgar el atractivo de una persona
es la simetría. Esta atracción por la simetría es
algo que tenemos en común con muchas especies animales. Pero, ¿qué
indica la simetría? Se considera que el grado de simetría
es un indicador de calidad genética. Al elegir una
pareja simétrica estamos eligiendo buenos genes para
nuestros hijos. En todas las culturas, los hombres y las mujeres más
simétricos son considerados los más atractivos. Se han realizado
numerosos estudios sobre las relaciones entre simetría facial o
corporal y el éxito en el apareamiento o el atractivo sexual en
humanos. Los resultados de estos estudios demuestran que las mujeres más
simétricas se emparejan con hombres con más recursos. Los
hombres más simétricos pierden la virginidad antes, tienen
más parejas sexuales, invierten menos recursos en la relación
y son más infieles. Además, su olor resulta más sexy.
Por otra parte, la frecuencia de los orgasmos femeninos durante la cópula
se correlaciona con el grado de simetría de su pareja, de forma
que los hombres más simétricos estimulan más orgasmos
en sus parejas. Lo más curioso de estos trabajos es que demuestran
que nuestro cerebro está capacitado para detectar y responder ante
la más mínima asimetría ¡de forma totalmente
inconsciente!
El comprender el papel de la evolución en el fascinante proceso
de la atracción sexual no nos evitará enamorarnos locamente
cuando se presente la ocasión, pero tal vez nos ayude a enfocar
de forma más pragmática algunas de las decepciones que pueden
surgir en las relaciones con el otro sexo.
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Las fotografías que ilustran este artículo
han sido cedidas por el fotógrafo Jesús Micó y formaron
parte de la exposición Natura hominis. Taxonomías.
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