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An almost Exclusively Aesthetic Approach to Self-organising
Fluid Dynamics.
In this article the author illustrates self-organisation in some fluid
dynamic systems, paradigms of complexity. Their complexity can only be
approached on an almost exclusively aesthetic level. The evolution of
fluid flows, the widely varied instabilities and transitions that are
known to exist, turbulence... offer a vast panorama within which, in spite
of the progress made, much has yet to be understood.
Al maestro Tomás Marco
en su sexagésimo aniversario
--- INTRODUCCIÓN
Una bifurcación es una reestructuración cualitativa, suave
o abrupta, de un sistema dinámico evolutivo que acontece cuando
uno de sus parámetros, modificado desde el exterior o quizá
espontáneamente, adopta un valor crítico, también
denominado valor umbral de inestabilidad o bifurcación. Cabe separar
las etapas de desarrollo de los momentos de transición, en ocasiones
llamados críticos, en los que una inestabilidad puede conducir
a nueva forma y/o nueva función. En el primer caso podemos limitarnos,
básicamente, a leyes deterministas, aunque continuamente el sistema
sufra fluctuaciones que intentan desestabilizarlo. Aquí, pequeñas
variaciones en causas originan pequeños efectos y, generalmente,
las fluctuaciones decaen. En un punto crítico, los elementos estocásticos
(el azar, las fluctuaciones) intentan predominar sobre los deterministas
y un cambio suave puede dar un drástico efecto. Determinismo (necesidad)
y fluctuaciones (azar) hacen evolucionar el sistema.
Las fluctuaciones, espontáneas o forzadas, permiten explorar continuamente
nuevas posibilidades, nuevos estados a los que poder llegar y estabilizarse
de acuerdo con las ligaduras externas. La selección
tiene sentido intuitivo si de entre ellos hay alguno de alcance más
rápido que los otros, o de estabilidad relativa mayor, o tiene
una estructuración o función menos costosa, o ha sido favorecido
por alguna causa externa (que puede ser sutil y que es su sesgo o vicio
de nacimiento), pero no siempre hablar de selección tiene sentido.
Si una fluctuación pasa el nivel umbral de inestabilidad y se establece
dominando a toda otra posibilidad o fluctuación del sistema, entonces
el estado de partida desaparece por ser ya inestable, y el nuevo estado
toma el relevo en la evolución.
Los estados o fases de un sistema, sus atractores, puntos
fijos, ciclos límite o trayectorias cuasiperiódicas, se
caracterizan porque podemos predecir el futuro cualquiera que sea el intervalo
de tiempo considerado; generalmente, dos trayectorias inicialmente próximas
no se separan apreciablemente a lo largo del tiempo. Dichos atractores
eran los únicos conocidos hasta el último tercio del siglo
XX, cuando a partir de una observación de B. Saltzman, el meteorólogo
E. N. Lorenz, estudiando con computador la evolución, las trayectorias
de un modelo muy simplificado de la convección atmosférica,
descubrió un ejemplar de atractor aperiódico, caótico
(de paso digamos que con dimensión fractal, entre dos y tres).
Simultáneamente al descubrimiento experimental de Lorenz,
y con independencia del mismo, la existencia de atractores caóticos
y su estabilidad fueron establecidas por A. N. Kolmogoroff, S. Smale,
D. V. Anosov, Ya. G. Sinai, B. Mandelbrot, D. Ruelle, F. Takens y L. P.
Shilnikoff, entre otros. Smale propuso una transformación topológica
que, como si se amasara pan, permite visualizar lo errático de
las órbitas en un atractor aperiódico.
--- VARIEDAD DE FENÓMENOS Y UNIVERSALIDAD
DE CONCEPTOS Y MODELOS
H. Haken estableció una visión unificada de la muy diversa
fenomenología de los sistemas complejos y de su evolución,
antes esbozada. Sistemas tan dispares como el ferromagnetismo, la emisión
de luz por un láser, la autoorganización fluidodinámica,
química o bioquímica (tejidos espaciales, relojes químicos
o biológicos, etc.), el comportamiento ecológico e incluso
sociológico de animales y humanos, son descritos, actualmente,
con una metodología de valor universal. La idea seminal proviene
de L. D. Landau, quien imaginó que la muy diversa fenomenología
de las transiciones en equilibrio termodinámico podría describirse
universalmente si, prescindiendo de los detalles, nos concentramos en
la evolución de una, o unas pocas, magnitudes que denominó
modos dominantes, parámetros de ordenamiento o de autoorganización.
Haken extendió el concepto a los procesos muy alejados del equilibrio,
estableciendo que la evolución de esos modos, en el tiempo y en
el espacio, dicta el comportamiento sinérgico del sistema, por
muy complejo que sea. Nos limitaremos en lo que sigue a ilustrar fenómenos
de autoorganización en algunos sistemas fluidodinámicos
que ciertamente son paradigmáticos de la complejidad.
--- FORMAS CONVECTIVAS ESTACIONARIAS
La figura
1 muestra el nacimiento de un tejido espacial en celdas convectivas,
en un capa o película de líquido calentada por su base y
abierta al aire ambiente. La figura
2 (véase también la figura
3) da las líneas de corriente en una celda donde puede observarse
cómo las moléculas parecen seguirse unas a otras.
Esas celdas, y otras formas convectivas análogas, son consecuencia
de uno o dos mecanismos capaces de inducir en una película líquida,
en la atmósfera o en el océano, inestabilidad del estado
de reposo cuando el sistema está sometido a la influencia externa
de un calentamiento, o de adsorción o desorción (incluida
la evaporación) de un tensioactivo (moléculas activas en
una superficie) si posee una superficie libre o tiene entrefaz con otro
líquido.
Fue H. Bénard quien en su tesis doctoral (París, 1900) dejó
experimentalmente establecida la autoorganización fluidodinámica
en esas celdas convectivas que hoy llevan su nombre. Lord Rayleigh (1916)
atribuyó, errónea pero genialmente, la excitación
de dichas formas (generalmente hexagonales) a una inestabilidad producida
por la flotabilidad de Arquímedes (cuando un fluido se calienta
por su base conduce a una situación de cabeza pesada con pies y
piernas livianos y, por tanto, mecánicamente inestable). Ese mecanismo
favorece la formación de ciertas nubes y, en particular, las calles
de nubes cuando hay viento. Es el mecanismo subyacente al modelo atmosférico
estudiado por Lorenz.
Lo que ocurre en una película líquida calentada por su base
y abierta al aire ambiente, como es el caso de un aceite de silicona en
la figura
1 (y en los experimentos de Bénard), es que la tensión
superficial líquido-aire se ve afectada por dicho calentamiento.
Como dicha tensión, s, depende de la temperatura, si algún
punto está más caliente que su entorno cae su valor y entonces
se inicia movimiento hacia más frío (efecto explicado por
C. Marangoni), pues s es a la superficie (salvo el signo) lo que la presión
al volumen del líquido. Al desplazarse líquido en la superficie,
el hueco es rellenado con líquido que viene de abajo,
que está aún más caliente... por lo que la fluctuación
inicial tiende a reforzarse. Sin embargo, como un líquido real
es viscoso, la viscosidad trata de frenar dicho movimiento. Además,
la difusividad calorífica también tiende a eliminarla, aunque
muy lentamente (un centímetro en 103s). Es preciso, pues, para
que puedan verse las celdas de Bénard, que la diferencia de temperatura
entre la base caliente y la superficie superior fría adquiera un
valor umbral que supere al frenado viscoso y la termalización (en
la práctica unos cuantos grados por milímetro o centímetro
según el líquido). La talla horizontal de una celda suele
ser del orden del espesor de la película líquida. Idéntico
mecanismo ocurre cuando en vez de calentar actúa un tensioactivo.
La figura
2 muestra la autoorganización molecular en celdas
(como las de Bénard) observadas lateralmente.
Diversos aspectos del mismo fenómeno pueden ilustrarse tanto experimental
como numéricamente. En particular, la figura
3 muestra cómo se evoluciona desde una situación desordenada
(el calor fluye sólo por difusión) a la autoorganización
en panel hexagonal (el calor fluye por difusión y convección).
--- ONDAS Y SOLITONES DISIPATIVOS
Veamos ahora lo que ocurre si en vez de calentar el líquido por
su base, lo enfriamos por ella o bien calentamos el aire sobre la superficie
libre. El experimento alternativo consiste en adsorber un vapor liviano
(tensioactivo) y esperar hasta que haya sido suficientemente absorbido
en el volumen. Tal es el caso de la adsorción de vapor de pentano
por una película de tolueno líquido, que es más denso
que el líquido pentano y tiene superior tensión superficial
con el aire.
Si, de nuevo, imaginamos un punto caliente, como al desplazarse arrastra
desde el volumen líquido más frío o más denso,
esto hace que la inicial fluctuación de movimiento convectivo tienda
a desaparecer; es el proceso ondulatorio o de sobreestabilidad, como si
de un péndulo se tratase, que conduce a oscilaciones (ciclos límite),
posible formación de ondas superficiales y, con el tiempo, internas,
ya que la película líquida, por calentarse en la cabeza
o absorber un vapor liviano, se estratifica establemente. En superficie,
las ondas se denominan capilares (capilaro-gravitatorias en presencia
de gravedad) o dilatantes (debido a la aparente compresión-expansión
que se observa). En el volumen, en la atmósfera y en el océano,
se las denomina ondas (internas) de Brunt-Väisälä, en honor
de los científicos que, pioneramente, las describieron.
Las figuras
4 y 5 ilustran fenómenos ondulatorios observados en el laboratorio
(cinemáticamente) idénticos a ondas en la naturaleza, en
canales de agua, descritas a mediados del siglo XIX por J. S. Russell
y luego por H. Bazin, y, poco más tarde, por E. Mach y colaboradores,
en el laboratorio con choques gaseosos (así como en resaltos hidráulicos
por diversos otros autores). Esos fenómenos, parcial pero clarividentemente
estudiados por J. Boussinesq, Lord Rayleigh, D. Korteweg y G. de Vries,
a finales del siglo XIX, fueron luego redescubiertos, por N. Zabusky y
M. Krustal (1965), integrando numéricamente ecuaciones de ondas
extraídas mediante apropiadas simplificaciones de las ecuaciones
fluidodinámicas. Dichos autores introdujeron el concepto de solitón
en fluidos ideales, sin viscosidad, pues tanto en colisiones frontales
o de ángulo arbitrario, como en reflexiones en paredes aisladas,
dichas ondas (onda solitaria de Russell, por ejemplo) se comportan (clásicamente,
en imagen inversa de la cuántica) más como partículas
(electrón, protón, etc.) que como ondas. El concepto de
solitón pronto adquirió universalidad y abrió un
campo de la matemática aplicada. Las figuras
4 y 5 muestran solitones disipativos. Ondas solitarias, solitones
y resaltos (solitónicos) aparecen en diversas situaciones atmosféricas,
en ríos (de varios metros de altura: mascaret del río
Sena o bore del río Severn) y en estrechos (como en la pycnoclina
del estrecho de Gibraltar donde pueden alcanzar hasta cien metros de amplitud
aunque sean apenas perceptibles en la superficie del mar) o en el océano
(tsunami es una ola gigantesca en un puerto que ocurre como etapa final
de una onda solitaria que ha recorrido de tres a cuatro mil kilómetros
a unos ochocientos kilómetros por hora, por ejemplo de Alaska a
Hawai). El impulso nervioso, potencial de acción o espiga neuronal
es un solitón disipativo que puede viajar en axones como el del
calamar a unos cuatrocientos kilómetros por hora, prácticamente
sin deformarse.
--- PERSPECTIVA
Tras comentar muy someramente la evolución de los sistemas dinámicos
complejos (que aunque no lo hemos dicho, suelen estar regidos por leyes
alineales, bucles de realimentación positiva o negativa, retardos
en la transmisión de señales, etc.) hemos descrito algunos
casos de autoorganización fluidodinámica regida por las
ecuaciones de evolución de Navier-Stokes, Fourier y Fick con sus
correspondientes condiciones de contorno (e iniciales según los
casos) y ecuaciones de estado o constitutivas (de volumen o de superficie).
De su complejidad sólo hemos dado una aproximación casi
exclusivamente estética, arrimando el ascua a nuestra sardina.
La evolución de las corrientes fluidas, las muy diversas inestabilidades
y transiciones que entre ellas se conocen, la turbulencia apenas disipativa
(O. Reynolds, Kolmogoroff), la turbulencia interfacial muy disipativa...
ofrecen un vasto panorama del que, aun habiendo mucho entendido, quedan
cuestiones básicas por entender. Algunas parecen imposibles de
aprehender con capacidad predictiva, tal y como ocurre con la atmósfera
si pensamos en el tiempo más allá de unos pocos días.
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BIBLIOGRAFÍA
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París, Hermann, 1984.
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Nicolis, G.; I. Prigogine: Exploring Complexity. An Introduction,
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Nepomnyashchy, A. A.; M. G. Velarde; P. Colinet: Interfacial Phenomena
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