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Honey bees and pollination. Entomophilous pollination
is a special example of mutualism, a product of the co evolution of insects
and plants. Recorded data referring, in many cases, to honey bees, show
that the number of these insects has dropped in recent decades. Current
studies estimate that between 30-40% of agricultural end product is dependent
on pollination by entomofauna and point out that their role in the conservation
of autochthonous vegetation is of even greater importance. The author
believes that in recognising the special social function of these insects
we should implement a policy of more sustainable agriculture, respecting
their role within it, and this demands a radical change in the management
of, for instance, the citrus growing sector in Valencia.
--- LA POLINIZACIÓN
ENTOMÓFILA, UN CASO ESPECIAL DE MUTUALISMO
En ecología, el término mutualismo puede definirse como
un tipo de asociación interespecífica en la que las dos
especies implicadas obtienen beneficios mutuos y los individuos de cada
una de sus poblaciones crecen, y/o sobreviven, y/o se reproducen, con
una tasa superior cuando se hallan en presencia de individuos de la otra
especie mutualista. Y evidentemente los beneficios que aportan a cada
socio superan los costes que pudiera ocasionar la mencionada asociación.
A parte de los mutualismos asociados a la agricultura y ganadería
del Homo sapiens, uno de los mutualismos ecológicos más
espectaculares que existen en la naturaleza es el mutualismo de polinización.
En efecto, la mayoría de las flores polinizadas por animales ofrecen
néctar y/o polen como recompensa para sus visitantes.
La polinización cruzada es el transporte del polen desde las anteras
de una planta hasta el estigma del pistilo de otra planta distinta. En
variedades compatibles se produce la fecundación, y ese grano de
polen en contacto con el estigma emite el tubo polínico y penetra
en el ovario. Es entonces cuando el ovario se transforma en fruto y el
óvulo fecundado en semilla.
Al parecer, el néctar, las formas, los colores y los aromas no
tienen otro valor para la planta que el de atraer a los animales, y representa
un coste que la planta hubiera podido utilizar para otros menesteres;
sin embargo, el beneficio que obtiene es el de la polinización
a través de un vector animal del polen. En plantas cultivadas y
silvestres, la polinización provoca un incremento de la producción
(aumento del número y del tamaño de los frutos) y el incremento
de su diversidad genética. Así mismo provoca un aumento
importante del número de frutos cuajados y de la calidad del cuajado,
y también proporciona una mejora de la calidad de los frutos obtenidos.
Las presiones evolutivas recíprocas han desembocado, en algunos
casos, en una coevolución en la que los mutualismos son tan estrechos
que la interacción se ha dirigido hacia vías de especialización
cada vez más restringidas y el mutualismo pasa a ser obligado,
al menos para una de las dos especies implicadas. Los polinizadores de
vida más prolongada, como son los murciélagos, los roedores,
o las abejas con sus colonias de vida larga, es más probable que
sean generalistas, es decir, que visiten las flores de diferentes especies
durante las distintas estaciones, o bien que tomen alimentos diversos
cuando no existe néctar disponible.
Varios animales han establecido relaciones de polinización con
las plantas en flor; entre ellos se encuentran los colibríes, los
murciélagos e incluso algunos pequeños roedores y marsupiales.
Sin embargo, los polinizadores por excelencia son indudablemente los insectos,
y por ello merece la pena profundizar en las características de
su mutualismo, su importancia y su problemática.
--- LA ABEJA DE MIEL, POLINIZADOR MAYORITARIO
Actualmente en nuestro planeta hay descritas más de un millón
de especies de insectos y dentro de ellos, los que pueden considerarse
como mutualistas de polinización pertenecen a los grupos siguientes:
coleópteros, lepidópteros, dípteros e himenópteros.
Es precisamente en este último grupo de insectos donde se encuentran
los polinizadores más eficaces y con adaptaciones especiales. En
las zonas de clima templado se ha estimado que el 70-95% de los insectos
polinizadores son himenópteros. Cabe mencionar a las abejas solitarias,
los abejorros y, sobre todo, a la abeja de la miel.
Resulta indiscutible que el beneficio en polinización, llevado
a cabo por las abejas y el resto de polinizadores, favorece la fecundación
y fructificación, por lo que contribuye directamente en la conservación
de especies amenazadas (animales y vegetales) y a la diversidad biológica.
De ese modo se garantiza la renovación y mantenimiento de la cubierta
vegetal, reduciendo el riesgo de erosión, lo que constituye una
medida activa de protección. Desgraciadamente, no existen suficientes
estudios científicos sobre el tema y sería necesario el
desarrollo y puesta en marcha de programas de investigación que
permitan evaluar y cuantificar los efectos beneficiosos producidos por
los polinizadores en los ecosistemas.
Las conclusiones de los estudios de las últimas décadas
nos alertan de la tendencia creciente a la desaparición de los
polinizadores y de las graves consecuencias que su déficit provoca.
La causa principal de este crítico descenso se puede atribuir,
directa o indirectamente, a la intervención de la especie humana.
La aplicación de insecticidas de uso agrícola, las incesantes
transformaciones de terrenos forestales en agrícolas y la urbanización
intensiva provocan la destrucción continua de los hábitats
naturales de los polinizadores. Muchos de ellos anidan en el suelo, bien
para reproducirse o para hibernar, y todas las operaciones que implican
el movimiento del suelo eliminan inevitablemente una gran cantidad de
individuos. Por otra parte, si se reducen las zonas con flora autóctona,
también lo hacen las fuentes de polen y néctar, que son
la base de la dieta de la mayoría de los polinizadores. Los incendios
repetidos, la sequía prolongada, la pérdida de suelo a causa
de las lluvias torrenciales, han acelerado el proceso de desertización
de nuestras tierras.
La abeja melífera es el principal insecto polinizador que existe
en la naturaleza; su abundancia puede variar entre el 60 y el 95% de todos
los polinizadores. La comunidad científica mundial ha reconocido
que la miel y el resto de productos procedentes del colmenar son insignificantes
en comparación con el principal beneficio que reporta la apicultura:
la polinización de cultivos y especies vegetales silvestres. Este
hecho, muchas veces ignorado, es de importancia crucial en un contexto
general de deterioro ambiental. Según estimaciones de la FAO y
de la Unión Europea, el valor de la polinización de las
abejas es de 20 a 30 veces superior el valor de la miel y del resto de
productos apícolas. En un estudio reciente sobre la importancia
de los polinizadores en la Comunidad Valenciana, editado por la Unió
de Llauradors i Ramaders-COAG, se pone de manifiesto que el beneficio
generado por los polinizadores supera los 600 millones de euros anuales,
sólo en el sector agrario (el 30-40% de la producción final
agraria). Y la parte correspondiente a la abeja de la miel ronda los 480
millones de euros.
Las colonias de la abeja melífera se encuentran, en la actualidad,
casi exclusivamente en las colmenas que mantienen los apicultores; por
tanto, la abundancia de este importante polinizador va ligada a la cabaña
apícola existente en cada zona. Así pues, es absolutamente
necesario garantizar una cabaña apícola suficiente para
cubrir la demanda en polinización de cultivos y en los ecosistemas
naturales.
La apicultura valenciana ocupaba el primer puesto de la apicultura española
hasta hace pocos años. Actualmente, ocupa el segundo lugar en producción
de miel y censo de colmenas. Hay unos 1.600 apicultores que se reparten
unas 350.000 colmenas. De ellos, buena parte son profesionales que viven
en gran medida de la venta de la miel, polen y cera. La producción
de miel oscila entre los 7-8 millones de kg, la de cera en torno a los
250.000, la de polen, que es muy variable, podríamos situarla en
unos 150.000 kg. Esto supone un aporte a la producción final agraria
de unos 15 millones de euros, pero, como decíamos anteriormente,
esta cantidad hay que multiplicarla por 30 para, en justicia, añadir
el valor generado por la polinización de las abejas melíferas.
Pero la amenaza también se cierne sobre la abeja melífera,
cuya población también disminuye. Las 8.800.000 colmenas
europeas están acosadas por patologías cada vez más
difíciles de tratar; también existen graves problemas de
intoxicación y pérdida de colmenas por la aplicación
de ciertos productos fitosanitarios; además, hay que añadir
los efectos que sobre los apicultores profesionales tienen las mieles
de importación (el precio medio de las importadas es de 1,11 euros/kg,
frente a 2,05 euros/kg de las europeas). En estas condiciones aumento
de los costes de producción, disminución del rendimiento
y dificultad de recuperar las colmenas perdidas, el desánimo
hace mella entre los apicultores europeos, pues esta actividad ya no atrae
a los jóvenes y el número de ellos que se incorporan ha
disminuido drásticamente, a pesar de que constituye una alternativa
para el delicado tejido rural y de que está bien integrada en el
medio natural. La producción de miel europea cubre sólo
el 50% de su demanda interna, pero aun siendo ésta una buena causa,
la razón principal para garantizar la pervivencia de la apicultura
es la de mantener una población mínima de polinizadores,
antes de que resulte imposible solucionar los problemas derivados de su
déficit: conservación de la flora natural, protección
de la biodiversidad y producción agrícola.
--- LA APICULTURA Y LA POLINIZACIÓN
DE CÍTRICOS
En otros países las abejas son respetadas y consideradas como protectoras
del medio ambiente, por esos probados beneficios antes mencionados. Sin
embargo, lamentablemente, en la Comunidad Valenciana, pionera en la apicultura
española, en demasiadas ocasiones la abeja es tratada como una
ladrona de néctar y polen, y los apicultores casi como delincuentes,
tal y como veremos a continuación.
La producción teórica de miel de azahar es de 6.000 toneladas
al año, sin embargo, durante las últimas campañas,
la producción real anual de esta miel se estima que difícilmente
ha alcanzado las 1.000 toneladas.
La crisis del sector apícola viene de lejos y está motivada
por múltiples causas. Pero, sin ningún género de
dudas, la causa principal de este crítico descenso de producción
ha sido la aplicación de la normativa restrictiva al respecto (decretos
33/2000 y 37/2001), que ha imposibilitado, en gran medida, la producción
de miel de azahar en la Comunidad Valenciana y ha favorecido la entrada
de mieles de importación. Esta normativa ha obligado a los apicultores
a un destierro forzoso: han tenido que situar sus colmenas a más
de 5 km lineales de las plantaciones de cítricos en floración
y han sufrido las consecuencias de los tratamientos insecticidas en plena
floración citrícola. Los apicultores, en el mejor de los
casos, han debido buscar floraciones alternativas sobresaturadas, lo que
ha aumentado los costes de producción y ha disminuido considerablemente
el rendimiento y rentabilidad de sus explotaciones. Y además han
tenido que hacer frente a las recientes inversiones realizadas para mejorar
y modernizar sus explotaciones.
Como consecuencia de la aplicación de estos decretos, se produce
un enorme déficit de polinizadores y se pierden esos efectos beneficiosos
anteriormente indicados, lo que causa un gran perjuicio sobre la biodiversidad
y sobre ecosistemas amenazados. Debemos tener en cuenta que, por un lado,
están las abejas trasladadas voluntaria o involuntariamente, y,
por otro, el exterminio directo de polinizadores y otras especies (algunas
de ellas amenazadas) provocado por pulverizaciones sobre los cítricos
en floración, permitidas en los mencionados decretos y con productos
nada selectivos. Todo esto supone un grave atentado contra la biodiversidad
y el ecosistema en general; precisamente el año 2002 había
sido declarado por la Conselleria de Medi Ambient el año de la
biodiversidad en la Comunidad Valenciana. No tiene sentido gastar miles
de millones en promover la lucha biológica, declarar el año
de la biodiversidad y por otro lado exterminar a todo bicho viviente con
estos tratamientos nada selectivos.
La problemática de los asentamientos de colmenas en cítricos
se inició hace casi una década, y rompió la convivencia
pacífica de cientos de años. Es a partir de los años
90 cuando empiezan a proliferar las plantaciones de variedades híbridas
de mandarinas, con el objetivo de prolongar el período de producción
de mandarinas y desestacionalizar la oferta, sin tener en
cuenta el hecho, ya constatado con anterioridad, de que causaban problemas
de semillas al producirse la polinización cruzada entre estos mandarinos
y el resto de variedades cultivadas.
Estos híbridos, introducidos de modo clandestino, se fueron extendiendo
y con ellos el polen contaminante causante del problema, sin
pasar ningún período de experimentación. Desde entonces
las distintas administraciones que han pasado por el Gobierno Valenciano
han coincidido en su incapacidad para solucionar el grave problema de
la aparición de semillas en las mandarinas. Las únicas medidas
puestas en marcha para tratar de limitar los efectos de la polinización
cruzada entre plantaciones de cítricos únicamente se han
limitado a condenar inútilmente a las abejas, a los apicultores
valencianos, al resto de cultivos y al ecosistema en general.
Además, al comparar la importancia socioeconómica de ambos
sectores, la Conselleria siempre ha utilizado un argumento económico
erróneo para justificarse (sector citrícola = 45% de la
producción final agraria / sector apícola = 0,5%), olvidando
que el problema de la presencia de semillas sólo afecta a una parte
del sector citrícola y el déficit de polinizadores está
afectando negativamente a la mayoría de explotaciones citrícolas.
El valor de la polinización de las abejas de la miel representa
la cifra, nada despreciable, de unos 480 millones de euros anuales, y
el valor económico de la producción de las variedades híbridas,
difícilmente alcanza los 150 millones anuales.
Desde que se inició el problema de la aparición de semillas
en las plantaciones de cítricos en la campaña 92-93, la
opinión de la Unió de Llauradors i Ramaders-COAG viene siendo
la misma: la solución definitiva a este problema pasa por una correcta
reordenación y planificación de las plantaciones de cítricos
presentes y futuras.
Los numerosos estudios científicos realizados desde hace más
de cincuenta años en la amplia gama de agrios existentes indican
que, salvo contadas excepciones, la polinización provoca un incremento
de la producción aumento del número y el tamaño
de los frutos, aumento importante del número de frutos cuajados
y de la calidad del cuajado y también mejora de la calidad de los
frutos obtenidos.
Sirva de ejemplo destacable el interesante estudio publicado en la revista
Levante Agrícola (nº 352, 4º trimestre de 2001) sobre la
polinización de la variedad Fortune, el híbrido
de mandarino más abundante. En él se exponen dos conclusiones
que evidencian el error cometido en la plantación de esta variedad
y ridiculizan a los promotores de la idea de eliminar a los polinizadores
de la zona citrícola: Para obtener adecuados niveles de producción
en Fortune sin problemas de semillas, sería necesario que las plantaciones
estuvieran aisladas [...] de otras variedades compatibles. La introducción
de insectos polinizadores en plantaciones aisladas de mandarina Fortune
mejoraría la producción y calidad del fruto, al carecer
éste de semillas.
La administración debería solucionar definitivamente el
problema de la aparición de semillas en las plantaciones de cítricos,
estableciendo una correcta planificación y reordenación
de las plantaciones citrícolas presentes y futuras. De ese modo,
se solucionaría el principal problema de la apicultura y se podrían
recuperar los beneficios en polinización que se pierden año
tras año.
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