|
What is global change? In the last 30 years
we have been aware of the environmental degradation originated by our
activities. The actions responsible for global changes can be considered
as the evolutionary strategies human beings adopt to ensure our success
and from this point of view, their environmental impact is the undesirable
consequence of these activities. Global change, then, is inevitable, as
a consequence of our need for food, energy, and materials, but what can
be avoided is the disruption of ecosystems, using the concept of sustainable
development as a guide.
--- LAS DIFÍCILES
RELACIONES ENTRE LAS SOCIEDADES Y LOS ECOSISTEMAS
El movimiento ambiental tiene su origen en la reacción que se produjo,
después de la II Guerra Mundial, ante el enorme impacto sobre nuestro
entorno provocado por la intensificación de las actividades industriales.
La satisfacción de las necesidades de un conjunto cada vez mayor
de consumidores llevó no sólo al mencionado aumento de la
actividad industrial, sino también a la implantación de
nuevas tecnologías productivas. Esto provocó la aparición
de nuevos problemas ambientales más complejos que desplazaron a
los tradicionales. Debido a esto, existe una tendencia generalizada a
considerar que los problemas ambientales tienen un origen reciente. Sin
embargo, la verdad es que las sociedades y los ecosistemas han evolucionado
juntos desde el momento en que aparecieron los primeros humanos sobre
la Tierra.
Desde África, hace 50.000 años, nuestros antepasados comenzaron
una migración que les llevo a adaptarse a prácticamente
todos los entornos, a todos los climas del planeta. Pues bien, en los
últimos cincuenta años hemos descubierto que, como consecuencia
de la caza intensiva, en ese período de migración se extinguieron
en América y Australia las dos terceras partes de su megafauna.
La megafauna son animales de un peso superior a los 45 kilogramos. Entre
estos animales estaban el mamut, el rinoceronte lanudo y el tigre de dientes
de sable. Sí, nuestra capacidad para actuar en grupo y nuestro
amplio arsenal de armas nos convirtieron en los cazadores más eficientes
de la historia. Pero, a pesar de este episodio de extinción de
especies, el impacto sobre el medio de las sociedades de cazadores-recolectores
fue limitado. Por un lado, la población era entonces muy pequeña
y, por otro, como las comunidades debían desplazarse continuamente,
sus posesiones eran muy limitadas y, por tanto, utilizaban pocos recursos.
En el neolítico, hace 10.000 años, los humanos comenzamos
a sustituir nuestras antiguas formas de subsistencia, basadas en la caza
y la recolección, por la agricultura y la ganadería. Con
esto desapareció el modo de vida que los humanos habían
seguido durante 2 millones de años. Esta nueva tecnología
facilitó un aumento de la cantidad de alimentos accesibles, lo
que provocó un crecimiento de la población. Por otro lado,
a medida que las comunidades se hicieron sedentarias, apareció
la propiedad privada y la acumulación de bienes, con lo que las
cantidades de recursos utilizados aumentaron. Pero las tensiones ambientales
acabaron manifestándose, aunque lentamente. La agricultura implica
la transformación de tierras con el fin de crear un hábitat
artificial en el que poder cultivar cereales y otros vegetales. El suelo
queda así más expuesto a la acción del viento y la
lluvia, por lo que se produjo un aumento de la velocidad de erosión.
La implantación del regadío permitió a los agricultores
cultivar especies y variedades más productivas pero, en los valles
del Tigris y el Éufrates, provocó la acumulación
progresiva de sales en el suelo, que acabó convirtiendo esas tierras
en un desierto.
Todo este proceso se aceleró con la revolución industrial.
El uso de los combustibles fósiles como fuentes de energía
y la extensión de la industrialización nos ha permitido
disponer de muchos más alimentos y bienes que nunca. En estos últimos
250 años se ha producido un crecimiento extraordinario de la población
mundial y un aumento espectacular de los recursos necesarios para mantener
a esa población. Pero este proceso ha causado la aparición
de problemas ambientales mucho más complejos, interrelacionados,
y que se manifiestan cada vez más rápidamente.
La caza intensiva, la transformación de tierras para cultivarlas
o convertirlas en pastos, la domesticación de especies, todas éstas
son actividades intencionadas. Son, de hecho, estrategias evolutivas por
las que nuestra especie ha tratado de asegurar su éxito. Y, desde
este punto de vista, estas estrategias han funcionado muy bien. Hace 12.000
años, la población de cazadores-recolectores era de 6 millones
de personas. El desarrollo de la agricultura y la ganadería permitió
un aumento de la población mundial, hasta 250 millones de personas
en el año 1, y 750 millones en 1750. Finalmente, el aumento de
la población mundial se aceleró con la revolución
industrial. Desde hace 250 años, ésta ha aumentado de forma
prácticamente exponencial y, en la actualidad, sigue creciendo,
aunque a un ritmo cada vez menor. Hoy vivimos sobre la Tierra más
de 6.000 millones de personas, 3 veces más que en 1930, y casi
dos veces más que en 1960.
En este contexto, podemos considerar que la degradación ambiental
es la consecuencia no deseada de nuestras actividades, y ese supuesto
origen reciente de los problemas ambientales es el resultado del aumento
de la escala y la velocidad de las transformaciones que se han producido
en nuestro entorno en las últimas décadas. Antes de la revolución
industrial, los problemas estaban bastante localizados, y se presentaban
en períodos de tiempo largos, de cientos o miles de años.
Sin embargo, en las sociedades industrializadas, los problemas son globales
y se manifiestan con mayor rapidez, en unas decenas de años.
Al conjunto de transformaciones que se están produciendo en el
ambiente como consecuencia de nuestras actividades le hemos dado el nombre
de cambio global. El cambio global, conceptualmente, podemos verlo de
la siguiente forma. El crecimiento de la población humana, y el
crecimiento de los recursos necesarios para mantener a esta población,
se mantiene gracias a una serie de actividades (agricultura, ganadería
y pesca, industria, comercio internacional). Estas actividades transforman
las tierras, alteran los principales ciclos biogeoquímicos, y añaden
o eliminan especies en muchos ecosistemas. Estos componentes primarios
del cambio global interaccionan entre sí y pueden provocar, además,
otras alteraciones en el funcionamiento del ecosistema global, como el
cambio climático, que tiene su origen en el aumento de las concentraciones
de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, y las extinciones
de especies, es decir, la pérdida de diversidad biológica.
Todos estos fenómenos, junto con otros, como el aumento de las
concentraciones de productos tóxicos en el medio ambiente, la erosión
del suelo, la desaparición de la capa de ozono o el aumento de
la acidez de las precipitaciones, podemos considerar que son síntomas
de una enfermedad, son la consecuencia de la apropiación de la
biosfera por nuestra especie.
--- UNA CASCADA DE EFECTOS INTERRELACIONADOS
La utilización de las tierras para obtener bienes y servicios es,
probablemente, el componente más importante del cambio global.
La mayor parte de las tierras cubiertas por vegetación han sido
alteradas, de una forma u otra, por los seres humanos. Las estimaciones
sobre el porcentaje de tierras transformadas van del 39% al 50%. Pero
estas cifras subestiman su efecto global puesto que, en muchas ocasiones,
las tierras no afectadas han sido fragmentadas por la modificación
de las áreas circundantes, y esto ha afectado tanto a la composición
como al funcionamiento de estos ecosistemas aparentemente no alterados.
La transformación de las tierras provoca la alteración de
los hábitats de las especies que habitan en la zona modificada,
y es la principal causa de pérdida de diversidad biológica.
Además, este componente del cambio global tiene un papel muy importante
en el clima del planeta, al ser responsable del 20% de las emisiones antrópicas
de dióxido de carbono, y contribuye en un porcentaje mucho mayor
al aumento de las concentraciones de metano y óxido nitroso en
la atmósfera, que son también gases de efecto invernadero.
El aumento de la concentración de dióxido de carbono en
la atmósfera es, sin lugar a dudas, el componente del cambio global
mejor documentado. Las medidas sistemáticas de la concentración
de este gas en la atmósfera, iniciadas en 1957, junto con el análisis
de las burbujas de aire contenidas en hielos de la Antártida y
Groenlandia, han mostrado que aquélla permaneció prácticamente
constante desde el final del último período glacial, hace
más de 10.000 años, hasta que, a partir de 1750, después
del comienzo de la revolución industrial, comenzó a aumentar
de forma exponencial; hoy, ese aumento es de más de un 30%. La
causa principal de este componente del cambio global se encuentra en el
uso de combustibles fósiles, pero la conversión de bosques
y pastos en tierras de cultivo también es responsable de una parte
significativa.
El consenso de la comunidad científica internacional que investiga
el clima es que este aumento de la concentración de dióxido
de carbono influirá sobre el clima y provocará un cambio
climático, cuyas manifestaciones se producirán, previsiblemente,
en los próximos cien años. Las predicciones indican que
este cambio climático comenzará con un aumento de las temperaturas
medias de nuestro planeta. El registro histórico de estas temperaturas
muestra que, a lo largo del siglo xx, ésta ha aumentado 0,6 ºC,
y este calentamiento ha sido más intenso en los últimos
veinte años. Pero, por ahora, no tenemos pruebas concluyentes que
nos permitan afirmar que este calentamiento se debe al aumento de la concentración
de los gases de efecto invernadero en la atmósfera.
El depósito más importante de nitrógeno en el medio
ambiente es la atmósfera. Pero el nitrógeno molecular debe
ser transformado químicamente, es decir, fijado, en forma de especies
capaces de ser asimiladas por los organismos. En la actualidad, las cantidades
de nitrógeno fijadas por los seres humanos son mayores que las
cantidades fijadas mediante procesos naturales. Como consecuencia ha aumentado
la concentración de óxido nitroso, un gas de efecto invernadero.
Ha habido, además, un aumento de las concentraciones locales de
óxido nítrico, uno de los desencadenantes de la formación
de las neblinas fotoquímicas en las ciudades. Ha provocado la acidificación
de los suelos, con la consiguiente pérdida de nutrientes esenciales
para mantener su fertilidad a largo plazo. Ha alterado la composición
de los ecosistemas, debido a la diferente respuesta de las plantas al
aumento de la concentración de especies accesibles de nitrógeno.
Ha contaminado los acuíferos con nitratos, de forma que las aguas
subterráneas ya no son aptas para el consumo humano. Y, finalmente,
el aumento de las concentraciones de especies móviles de nitrógeno
en estuarios y zonas costeras ha estimulado el crecimiento de las algas
responsables de las mareas rojas.
Las actividades humanas han provocado tensiones sobre un gran número
de especies, lo que ha producido graves alteraciones en la composición
de los ecosistemas llegando, en algunos casos, a la extinción de
especies. La velocidad de este proceso es difícil de determinar,
debido en parte a que, en la actualidad, la mayoría de las especies
que existen en nuestro planeta no han sido todavía identificadas.
Sin embargo, las estimaciones más recientes sugieren que esta velocidad
es, hoy, entre 100 y 1.000 veces mayor que hace 100.000 años. Las
tres principales causas de extinción de especies son la alteración
de sus hábitats, la caza y la pesca intensivas, y la competencia
y depredación por parte de especies invasoras. Además, a
estas causas se suman los efectos de los otros componentes del cambio
global (alteración de los ciclos del carbono y el nitrógeno,
aumento de la contaminación
). El cambio climático
podría acelerar estos procesos de extinción: mientras que,
en épocas pasadas, las especies han respondido a los cambios climáticos,
bien modificando los límites de sus hábitats, o bien mediante
migraciones, la intensa fragmentación de los ecosistemas hace previsible
que las adaptaciones sean mucho más difíciles en el futuro.
--- HACIA UN MUNDO SOSTENIBLE
El origen de todos estos problemas ambientales está en las actividades
que nos llevan a satisfacer nuestras necesidades de energía, alimentos
y materiales. Y, desde esta perspectiva, nos podemos preguntar cómo
vamos a seguir explotando los recursos de los que disponemos para mantener
a una población creciente y que se encuentra en su mayoría,
hoy, en los países en vías de desarrollo, donde hay miles
de millones de personas que viven en la pobreza, sin suficiente comida,
sin agua potable y sin acceso a la educación. Es en este contexto
en el que debe hablarse de desarrollo sostenible.
El concepto de desarrollo sostenible fue la respuesta al debate sobre
los límites del crecimiento que se produjo a principios de la década
de 1970, de aquellos que promovían el crecimiento económico
en los países industrializados. En 1987, la Comisión Mundial
para el Medio Ambiente y el Desarrollo adoptó este concepto como
guía para la gestión de un desarrollo económico compatible
con el medio ambiente. La Comisión definió el desarrollo
sostenible como aquél que cubre las necesidades del presente sin
comprometer la capacidad de las generaciones futuras para cubrir sus propias
necesidades. Desde entonces ha habido un intenso debate sobre la forma
de aplicar una definición tan vaga. Tal vez la forma más
adecuada de entender el desarrollo sostenible desde un punto de vista
operativo sea como un proceso que mejora la economía, el medio
ambiente y la sociedad para el beneficio de las generaciones presentes
y futuras.
Sí, el cambio global es inevitable. Pero lo que sí que es
evitable es la continua degradación de los ecosistemas y de su
capacidad para proporcionarnos bienes y servicios que son necesarios para
nuestra supervivencia. Este es, sin duda, el gran reto (científico
y tecnológico, social, político y económico) de la
humanidad para el siglo XXI: avanzar hacia un mundo sostenible.
 -
|