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Seguridad en la incertidumbre
Jorge Wagensberg, doctor en Física, acaba de publicar Si la naturaleza es la repuesta, ¿cuál era la pregunta? Editado por Tusquets, la obra presenta, como reza el subtítulo, “quinientos pensamientos sobre la incertidumbre”. Este profesor de la universidad de Barcelona, director del Museo de la Ciencia de la Fundación La Caixa, ha publicado numerosos libros, como Nosotros y la ciencia o La complejidad del mundo, siempre relacionados con el ámbito científico y su conexión con otros campos.
“Abro los ojos, veo el espectáculo del mundo y, claro, me maravillo”. Este principio anuncia la enorme condensación de ideas que caracterizará toda la obra. Son treinta años de trabajos, libros, conferencias, charlas, seminarios en los que Wagensberg ha intentado recoger la esencia de la ciencia, del ser humano, de la vida. Su mirada desborda curiosidad, rompe moldes e invita a pensar. Tras la lectura se tienen más preguntas que respuestas, de acuerdo con el planteamiento de que estamos en un mundo de respuestas y nos corresponde encontrar las preguntas.
El libro presenta 531 aforismos. Esta particular elección se debe a que el autor desconfía de “las ideas que no pueden expresarse inteligiblemente en una sola frase”. Todas estas “compactas conservas de ideas”, como las llama Wagensber, condensan, cada una, un pensamiento. Nada queda fuera de estos aforismos. Aunque la obra se separe en capítulos: “Realidad”, “Vida”, “Conocimiento” y “Civilización”. Ciencia, filosofía, cultura, antropología se unen al comprobar la seguridad en la incertidumbre. La matemática cobija a la física, la biología abraza a la política, el amor llama a la ética. Todo queda claro cuando se explica así la interdisciplinariedad: “La naturaleza no tiene la culpa de los planes de estudio”.
Conocimiento y poesía se mezclan. ¿Quién trató de separarlos? El lector duda a veces si está ante leyes o versos. “La esfera protege”, “El ángulo penetra” sentencia este científico. A cada pensamiento le sigue una cascada de otros que lo completan, lo matizan o lo desmienten.
Se respira libertad de pensamiento, de forma, de estilo. Suenan estos aforismos tanto a haiku como a refrán castizo. Nos recuerdan desde consejos orientales milenarios a una proposición de la Ley de Murphy. Todo cabe, si de cada frase nace una idea.
El dogma, siempre ridículo, muere por su propio peso. Se define la religión como “consuelo íntimo con alto riesgo de infamia colectiva”. Y el universo se explica con Shakespeare o por el jamón de pata negra. No hay lugar para la certeza, más que para asegurar la incertidumbre.
Habría que empapelar las calles, los institutos, las iglesias con alguna de estas frases como “La libertad es la capacidad para pensar los propios límites” o “La verdad en ciencia se escribe con doble uve de verdad vigente.” Si “Toda frontera real es difusa. Toda frontera inventada es nítida” estuviera en la mente de los políticos, el mundo sería mejor. Y si los jóvenes entendieran que “Preguntar es rebelarse. Responder es adaptarse”, entonces, el planeta explotaría de esperanza.
En la era de las prisas, esta filosofía en píldoras nos cambia el punto de vista. La reflexión ofrece una pausa para debatir el mundo; con el humor y la humildad como armas frente al fanatismo.
Jorge Wagensberg se atreve a pensar, a decir lo contrario de lo indiscutible, a relativizar lo relativo. Si la naturaleza es la repuesta, ¿cuál era la pregunta? es el grito desesperado del hombre que se sabe ignorante frente a la naturaleza, con la certeza absoluta en la incertidumbre del universo. Y nosotros pensamos con él, y al pensar somos mejores, y también gritamos.
Alberto Senante
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