Hoy se considera que el embarazo y el puerperio
son periodos vitales, no sólo decisivos para el establecimiento y desarrollo
del nuevo ser, sino determinantes para la estructuración de la vinculación
entre la madre y el hijo y, más en general, entre el nuevo ser y sus
progenitores, vinculación que más tarde será decisiva para su desarrollo
psicofísico.
Recomendaciones
Durante el embarazo:
Siempre que sea posible: intervención del equipo
de atención primaria, especialmente los pediatras, en los programas del
embarazo y puerperio.
Promoción del contacto físico de la madre con el hijo en las primeras 3
horas de vida del niño (dentro del contexto de la atención prenatal).
Dentro de las actividades de atención a la mujer
embarazada:
-
Facilitar la expresión y ayudar a la
"normalización" de los temores maternos: si bien tales temores en
ocasiones suelen tener una base o expresión complejas, en otras muchas, para
facilitar su integración, basta con favorecer la escucha de los mismos; otras
veces es conveniente que el médico o la enfermera expresen y expliquen la
normalidad y frecuencia de los mismos (e incluso de numerosas fantasías
persecutorias que suelen acompañarlos).
-
Promocionar una lactancia satisfactoria (dentro del
contexto de la atención prenatal).
-
Ambos objetivos pueden intentarse en el contexto de
las visitas prenatales habituales o, mejor aún, en el seno de los programas de
atención a la mujer embarazada, de preparación del parto o mediante grupos de
embarazadas con conducción abierta en el seno de los programas de atención al
embarazo.
Periodicidad:
En las visitas de atención prenatal, tanto de
los médicos de cabecera o de los ginecólogos o pediatras si el centro no posee
un programa específico de atención a la mujer embarazada.
Después del parto:
-
Entrevista dirigida a detectar la adaptación a la
nueva situación de la mujer y el entorno familiar, valorar el estado emocional
y la eventual existencia de depresión postparto o psicosis postparto y
exploración de la relación madre-hijo. En la tabla 7 se exponen los criterios
básicos que el profesional debe utilizar para valorar el estado emocional de la
mujer en el puerperio.
-
Si existen antecedentes previos de índole psicosocial,
valorar visita domiciliaria.
Periodicidad:
Al menos, a los 10 días y entre 30-50 días
después del parto. Atención preferente en las visitas a las alteraciones
emocionales o a las incapacidades manifiestas de cuidar al hijo por parte de la
madre: pueden indicar depresión o trastorno mental puerperal, que posee graves
repercusiones sobre la vinculación madre-hijo (Bowlby, 1979,1983; Ainsworth,
1974) y, por lo tanto, sobre el desarrollo emocional y cognitivo del niño.
RECOMENDACIÓN ESPECÍFICA A LA ADMINISTRACIÓN:
Eliminar las trabas que dificultan el contacto
precoz madre-hijo, fomentando la organización asistencial que lo favorezca. La
posibilidad de ingreso de un familiar junto con el niño si éste ha de
permanecer en un hospital se considera imprescindible a cualquier edad, y es una
obligación recordada incluso en la normativa europea de derechos del niño y
por la Conferencia Europea de Ministros de Salud de 1984.