
Santiago de Chile, 30 de octubre de 1973 Querido Miguel:


.Te
sorprenderá mucho recibir esta carta después de un año
de no saber nada de mí y, además, que te la envíe desde
Chile.
Sin embargo, aún te sorprenderá más saber que tengo una
hija y que esa hija también es tuya. Se llama María y tiene
tus ojos, en los que me hundo cada vez que los miro.



