Amitai Etzioni, LA TERCERA VIA HACIA UNA BUENA SOCIEDAD. Traducción de José A. Ruiz San Román, Prólogo de José Pérez Adán. Editorial Trotta, Madrid, 2001. ISBN: 84-8164-468-4. 111 páginas, 1.200 pts.

Reseña: Josu Ahedo Ruiz

 

Incluimos a continuación el prólogo del libro.

PRÓLOGO

Difícilmente se puede ser más sabiamente conciso. Amitai Etzioni resume en solo unas cuantas páginas los puntos fundamentales del debate comunitarista actual, y añade una certera crítica a ciertas interpretaciones interesadas y desviadas de un concepto que él fue el primero en apadrinar: la Tercera Vía. Amén del sabio contenido, la obra que presentamos tiene dos grandes virtudes de contraste. Una, es que a diferencia de la glosa y del discurso ideológico-político contemporáneo, nos encontramos aquí con una labor de síntesis que ni es excesivamente prolija ni barroca sino más bien certera, clara y breve. Otra, es que en medio del marasmo superficial al que nos conduce la proliferación del ensayo fácil que busca un éxito editorial a través de la acertada clave interpretativa, nos encontramos aquí con alguien que no interpreta a nadie. Etzioni habla con autoridad de algo que sabe con patente propia. Estamos sin duda alguna ante uno de los pensadores más importantes de nuestro tiempo. En este caso, un pensador impelido a la acción y comprometido con la viabilidad de sus presupuestos sociopolíticos.

Amitai Etzioni comienza esta obra reconociendo su débito con Martin Buber al asumir la distinción entre las relaciones yo-tú y yo-cosas, para asegurar que el fundamento de la “buena sociedad” es el principio de que las personas son fines y no medios para nada. Esto debe tener ciertas manifestaciones en el ordenamiento sociopolítico. El cúmulo de esas manifestaciones es lo que llamamos Tercera Vía.

La buena sociedad es una sociedad equilibrada con tres puntos de apoyo: el Estado, la comunidad y el sector privado (el mercado). Es necesario que los tres se coordinen (en el mundo occidental, el déficit más grande es el comunitario) mediante un acuerdo que Etzioni llama el bagaje moral de la sociedad. El estamento político tiene reservado un papel importante, pues el Estado debe permitir más protagonismo comunitario (retirarse de un terreno conquistado) y a su vez debe velar para que el mercado se respete a sí mismo (conquistar un terreno nuevo).

Muchos de los planteamientos abogados por Etzioni aquí ya eran conocidos y están desgranados en varios de sus libros anteriores, pero es esta obra todo tiene el valor de la precisa recopilación y del acertado discernimiento.

La defensa e importancia de la comunidad está en este libro muy bien argumentada. Y lo está desde una postura de coherencia intelectual que no suele encontrarse en la literatura académica al uso. Etzioni es un autor de izquierdas que defiende la familia y, en concreto, esa familia que es mejor para la educación de los hijos.

En el libro encontramos una encendida defensa de lo que Etzioni llama el “rico mínimo básico para todos” como elemento indispensable en una política que apunte a eliminar uno de los mayores retos de nuestro tiempo: la exclusión social. Tenemos aquí una consecuencia práctica del lema que preside uno de los subapartados del texto: “Responsabilidad de todos y para todos”. La exclusión social es sin duda el factor de disgregación que antes nos ha avisado de la necesidad de plantearnos el cambio de paradigma por el que Etzioni lleva clamando de manera decidida.

La buena sociedad es esencialmente universalista. Etzioni defiende el mutualismo (ayuda a todos) frente al voluntarianismo (ayuda al necesitado); confía en la paulatina desaparición de la escasez a la que conduce la interconexión y la nueva sociedad del conocimiento; apuesta por el devolucionismo estatal y la desregulación política de la vida social en el marco de una comunidad de comunidades (más precisa que una sociedad de naciones); argumenta la conveniencia de formalizar (como se ha hecho con los derechos básicos) las responsabilidades básicas (“es erróneo pensar que no hay derechos sin responsabilidades o viceversa”); y, sobre todo, aboga por redimensionar la misión educativa más allá de la ciudadanía nacional hacia la civilidad sustentada en virtudes.

Estamos sin duda alguna ante una obra de arrastre, de repercusión: hacía falta. Es, además, una obra oportuna. Respecto a esto tenemos que hacer tres consideraciones iniciales para referirnos respectivamente al contexto ideológico contemporánero, a la vocación de alternativa política de la Tercera Vía, y a la comparación de Etzioni con otros pensadores comunitaristas.

No es cierto que nuestra época esté vacía de ideales. Nuestro entorno político no está caracterizado por el fin de las ideologías y la continuación del oportunismo. El mal llamado oportunismo del político práctico y realista que triunfa en occidente no está vacío de ideas. Desde el punto de vista del análisis de los presupuestos ideológicos ese oportunismo sin catalogación es, por el contrario, la coherente manifestación práctica de la ideología económica neoliberal. Una ideología que a menudo se trata desde el ensayo puramente político sin el debido respeto. Sin embargo es una ideología con todas las de la ley. Ley que ha sido contestada y criticada por Etzioni en su seminal The Moral Dimension: Towards a New Economics, y que hay que entender, respetar y valorar como ideología aunque sea para proponer su sustitución.

La segunda consideración es que hemos de recordar al leer esta obra que Tercera Vía tiene una vocación de alternativa política. Esta alternativa se resume en una palabra: comunidad. El argumento etziniano trata precisamente de hacer hueco justo a la comunidad en el intento de lograr un nuevo equilibrio de a tres que sustituya el presente de a dos entre el individuo y el estado. Para que este nuevo equilibrio pueda plantearse hemos de reconocer primero conceptualmente a la comunidad como sujeto. Esta revolución conceptual vendría a culminar la tarea que de la mano de las declaraciones de los Derechos Humanos trajo la idea de individuo y la protección de su libertad y la tarea que de la mano de las constituciones nacionales trajo la idea de estado y la propuesta de la igualdad. El reconocimiento de la comunidad supone un nuevo paso de página en el entendimiento de lo que es no ya afirmarse como individuo ni protegerlo como estado sino comprendernos como conjunto.

El pensamiento de Etzioni es original. Queremos decir que es a nuestro juicio muy distinto del de Anthony Giddens, otro de los proponentes de la Tercera Vía. Quizá ello hay que decirlo aquí en la introducción de un libro que Etzioni presentó en la London School of Economics, de la que Giddens es director, en Julio del 2000, con un título y contenidos que se han respetado en esta traducción pero que son distintos de los preparados para la edición norteamericana. La idea de Etzioni de marcar las diferencias debe rondarnos en la cabeza, entre otras cosas, para comprender porqué muchos comunitaristas piensan que Giddens, en su apuesta por el protagonismo de la socialdemocracia en la Tercera Vía, ha confundido la vocación sociopolítica alternativa del comunitarismo con la profundización de la modernidad. Y son, como creemos que se aprecia en la obra que sigue a continuación, cosas distintas.

José Pérez Adán