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    LOS SEMINARIOS DE LA S.E.P.   

 

 II. EL RETO DE LA FORMACIÓN PROFESIONAL

 

INFORMACIÓN Y ORIENTACIÓN PROFESIONAL 

Maria Luisa Rodríguez Moreno 

Universidad de Barcelona 

 

 

1. Las tendencias europeas y españolas en materia de orientación  en las enseñanzas de formación profesional  

En 1974 la UNESCO recomendaba ya la orientación en los estudios de formación profesional, proponíendo que la orientación “debía considerarse como un proceso continuo y un elemento vital de la educación“ y que debía “encauzarse en el sentido de ayudar a todos a tomar decisiones positivas en materia de educación y ocupación.” Ha pasado más de un cuarto de siglo y podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que esas propuestas son aún vigentes.  

            Además no puede negarse que a lo largo de estas dos últimas décadas se ha asistido a un esfuerzo europeo por estrechar los lazos entre escuela y trabajo, fundamentalmente por lo que se refiere a los jóvenes entre 16 y 25 años. En esta campaña tuvieron mucho que ver el Cedefop, las iniciativas Ifaplan, Petra, Force, etc., y, actualmente, distintas políticas sociolaborales producto del análisis de los logros explicitados en el Memorándum sobre Formación Profesional en la Comunidad Europea para los años 90 (Comisión Europea, 1991), en el Libro Blanco sobre le crecimiento, la competitividad y el empleo (CEE, 1993), en el Libro Verde Vivir y trabajar en la sociedad de la información (Comisión Europea, 1996) y en las Cumbres de Amsterdam y Luxemburgo en 1997.  

A principios de siglo XXI, políticos y profesionales de la formación profesional y de la orientación, admiten que España ha seguido muy de cerca estos movimientos, que se ha subido al tren de la actualización profesional y que ha demostrado ser uno de los países más preocupados por implementar las recomendaciones de la Unión Europea en materia de inserción profesional de la juventud. Congresos y Seminarios organizados por las Asociaciones Nacionales y Autonómicas, planes de estudios de las Universidades, políticas de formación continua y ocupacional, postgrados y másters, publicaciones (Álvarez Rojo/García, 1997, Echeverría, 1993, 1996; Isús, 1996; Pérez Escoda, 2001, Romero, 1999) y un largo etcétera, confirman que no estamos a la zaga en ese deseo de ayudar a los jóvenes y a las personas a insertarse profesionalmente. En efecto: paralelamente al progreso de la Unión Europea, se han dado cambios significativos estructurales y de largo alcance, en las relaciones entre trabajo y educación: se demanda que la educación esté mejor conectada con el mundo del trabajo, empresarios, sindicatos (CEOE, 2000) y educadores, así como estudiantes y familias, desean colaborar en las innovaciones curriculares y las reformas educativas para mejorar la difícil transición al mundo del trabajo.  

Los políticos (estatales y autonómicos) de la educación y las fuerzas sociales buscan ampliar los horizontes de los estudiantes, fundamentalmente con la mirada puesta en las opciones post-obligatorias, incluyendo el trabajo. Se esfuerzan en identificar a los jóvenes en riesgo; en prepararlos más adecuadamente para el mundo del trabajo; en equiparlos con conocimientos apropiados y con competencias personales e intelectuales para que sepan hacer frente a los cambios futuros. La evaluación de las cualificaciones y el desarrollo de competencias es ahora una prioridad en todos los estados miembros de la Unión Europea (Berton, 1999). Precisamente esa inquietud ante los rápidos cambios y el paro ha sido un acicate para que se identificara desde hace mucho tiempo -como un área prioritaria en el currículum escolar- el estudio de los aspectos sociales, económicos e históricos del trabajo.  

            En nuestro país, desde 1987, la mejora de la orientación profesional ha sido el caballo de batalla de los responsables de la formación profesional. Y no podemos negar que se hayan hecho esfuerzos, por supuesto. Pero no nos parecen suficientes dado que, por una parte, políticamente se ha seguido por el camino equivocado de promocionar y valorar más la enseñanza superior universitaria que la formación profesional; y, por otra, que las funciones tutoriales en los niveles formativos profesionalizadores no han sido bien atendidas en la práctica.

   

2. El nuevo Proyecto de Ley de 2002  

En el marco del Nuevo Programa Nacional de la Formación Profesional (MTAS, 1999) y en el Proyecto de Ley de Formación Profesional y de las Cualificaciones (2002), se contemplan, a lo largo y ancho de sus textos correspondientes, las actividades de información y la orientación profesional como aspectos fundamentales. Se prevé que desde la orientación se asesore sobre las oportunidades de acceso al empleo y sobre las ofertas de formación y de esa manera, se facilite la inserción y reinserción laboral de jóvenes y adultos.  

Si somos capaces de insertar, hasta el 2012 (según sugieren las decisiones de la Cumbre de Barcelona de marzo 2002), sistemas de formación continuada (Long Life Learning) y sistemas integrados de orientación personal, educativa y profesional en el marco de la formación profesional a todos los niveles, habremos dado el definitivo paso adelante dignificando ese nivel y, a la vez, jugando una importante baza a favor del aprendizaje todo a lo largo de la vida poniéndonos al mismo nivel que cualquier otro país europeo.   

No obstante, ante una nueva era de reformas y de innovaciones, no hemos de caer en un ingenuo optimismo, porque es obvio que, hoy por hoy, hay que destinar más porcentaje del PIB a la formación profesional española; hay que permitir la participación de todas las comunidades autónomas en su dinamización y hay que optimizar la relación entre el mundo educativo y el laboral. Porque la orientación profesional produce -entre otras cosas- enormes beneficios en tres grandes ámbitos:  

a) En la dinámica del mercado laboral, porque perfecciona los sistemas de información, ajusta salarios y niveles de cualificación exigidos, adapta la información profesional al usuario, facilita la conexión entre la oferta y la demanda, o informa sobre la accesibilidad de un trabajo;  

b) Respecto al capital humano o recursos humanos, porque controla el gasto personal y social de un sistema, informa sobre las competencias y niveles de cualificaciones, auxilia en el proceso de toma de decisiones y reduce los itinerarios costosos; y  

c) Respecto al proceso de búsqueda de trabajo, porque disminuye los costos aporta juicios realistas, concentra en la misma búsqueda diferentes esfuerzos, racionaliza el proceso de exploración laboral, evita estereotipos y discriminaciones y favorece la movilidad profesional (Rodríguez Moreno, 1999.)   

Por todas estas razones y muchas más, propongo las siguientes cuestiones a debate, para completar las sugerencias del Título III del Proyecto de Ley:  

1. ¿Cómo organizar la orientación profesional (y, por extensión, la información profesional) de manera más racional en los centros educativos de la formación profesional reglada y no reglada?   

2. ¿Qué diferencias habrá entre la orientación y la información de los jóvenes, de sus familias y de sus profesores tutores?  

3. ¿Qué intervenciones orientadoras serán las más eficaces para resolver los problemas de las personas que desean reorientarse i reinsertarse?  

4. Cómo han de organizarse las políticas de orientación profesional desde las diferentes administraciones (educativa, laboral, local, autonómica, etc.?  

5. ¿Qué políticas o directrices de coordinación, conexión y colaboración deberán darse entre la red de administraciones que intervengan en las intervenciones orientadoras y a qué niveles?  

6. ¿Qué funciones habrán de desempeñar la orientación profesional y la información ocupacional en las transiciones entre los centros educativos y las empresas?  

7. ¿Cuáles han de ser las responsabilidades reales, efectivas, de los empresarios a la hora de coparticipar en la definición y desarrollo de las competencias?  

8. ¿Cómo organizar la orientación profesional y el desarrollo de la carrera de las personas ocupadas?  

9. ¿Cómo incidir en los colectivos en riesgo de exclusión social para facilitar su inserción laboral? ¿Cuáles son los objetivos más urgentes y cómo han de participar las administraciones en estos casos?  

10. ¿Qué sistemas de información profesional y ocupacional serían los más efectivos para sensibilizar a la sociedad en general sobre la bondad de la formación profesional?  

11. ¿Cuál debería ser el papel del orientador profesional en la formación de las competencias, en la programación de su desarrollo y en la evaluación de los logros competenciales? ¿Cuáles han de ser las titulaciones que preparen al orientador profesional para sus nuevas funciones?  

 

Las respuestas a todas estas cuestiones, organizadas en las subdimensiones objetivos, actuaciones, metodología y recursos, podrían ser un excelente punto de partida para la institucionalización dela orientación y la información profesional en el nuevo escenario de la formación profesional española.

  5. Referencias y bibliografía  

Álvarez Rojo .V. y García, C. (1997) Orientación vocacional de jóvenes con necesidades educativas especiales. Un programa de transición a la vida adulta. Madrid: EOS.

Berton, F. (1999) Evaluations des qualifications en Europe. Entre normalisation et négotiation. Simposium “Evaluación de calificaciones en Europa”. I Encuentro Internacional de Galicia y Norte de Portugal de Formación para el Empleo, julio 1999. Santiago de Compostela.

CEE (1993) Crecimiento, competitividad, empleo. Retos y pistas para entrar en el siglo XXI. Libro Blanco. Luxemburgo: Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas..

Comisión Europea (1991) Memorándum sobre Formación Profesional en la Comunidad Europea para los años 90. (COM) 91 397 final: Bruselas 18-12-91.

Comisión Europea (1996) Vivir y trabajar en la sociedad de la información. Prioridad para las personas. Libro Verde. Luxemburgo: Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas.

Echeverría, B. (1993) Formación Profesional. Guía para el seguimiento de su evolución, Barcelona: PPU.

Echeverría, B. (Ed.) (1996) Orientació Profesional. Barcelona. Universitat Oberta de Catalunya.

Isús, S. (1996) Orientación Profesional. Lleida: Universidad de Lleida. Inédito.

Ministerio del Trabajo y Asuntos Sociales (1999) Nuevo Programa de Formación Profesional 1998-2002. Madrid: MTAS.

Pérez Escoda, N. (2001) Formación Ocupacional. Proyecto docente. Universidad de Barcelona. Inédito

Rodríguez Moreno, Mª. L. (1999) El valor económico de la orientación profesional. Ponencia presentada a Galiemprego 1999. Santiago de Compostela. (Inédita)

Romero, S. (1999) Orientación para la transición. De la escuela a la vida activa. Barcelona: Laertes.

UNESCO (1974) Recomendación revisada relativa a la enseñanza técnica y profesional, Paris: UNESCO. pp. 31-33, Capítulo VII.

 

 

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