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    LOS SEMINARIOS DE LA S.E.P.   

 

 II. EL RETO DE LA FORMACIÓN PROFESIONAL

 

REFLEXIONES ANTE LA PERSPECTIVA DE UN SISTEMA INTEGRADO DE FORMACIÓN PROFESIONAL  

Nuria Pérez Escoda

Universidad de Barcelona

 

Los nuevos escenarios sociolaborales que se van configurando en el seno de la sociedad global reclaman cada vez con mayor insistencia una respuesta eficaz desde la educación y la formación. Durante la última década, venimos asistiendo al desvanecimiento de las rígidas fronteras del pasado entre la educación general y los diferentes subsistemas de la formación para el trabajo ante la ineludible necesidad de proporcionar una base sólida y de calidad que permita la adquisición de una posterior cualificación profesional.

Paralelamente, desde la Comisión Europea, se han ido sucediendo diversas recomendaciones y propuestas a los Gobiernos para que mejoren sus sistemas de educación y de formación. En ellas se exhorta a la adopción de medidas que tiendan a vincular soluciones parciales e iniciativas dependientes de diversas administraciones, medidas que faciliten el aprendizaje permanente y el reconocimiento de las competencias adquiridas con independencia de su adquisición formal o no formal, y medidas que se orienten a optimizar la transparencia y la correspondencia de las cualificaciones entre los diversos estados miembros.

En nuestro país, esta necesidad quedó ya apuntada en el texto de la LOGSE[1] (1990) y claramente recogida, en 1996 en el Acuerdo de Bases sobre Políticas de Formación Profesional[2], antesala del Nuevo Programa Nacional de Formación Profesional (NPNFP) aprobado dos años más tarde. Es preciso recordar que el primer objetivo de éste se orientó a la creación del Sistema Nacional de Cualificaciones destinado a facilitar la formación a lo largo de la vida mediante la integración de los tres subsistemas de formación profesional: inicial, ocupacional y continua.

No hubo voces discordantes entonces. Incluso diversos expertos se pronunciaron ilusionados con dicha propuesta, si bien, en los últimos años algunos habían señalado la necesidad de dar fin al letargo que parecía sufrir el desarrollo del NPNFP y apuntaban la urgencia de dar un impulso a la elaboración de la Norma Básica Reguladora del Sistema Nacional.

La reforma de la formación profesional aparece pues, en un marco económico y social en permanente transformación, como una cuestión clave y urgente en la que se reaviva el deseo de lograr la transparencia y coherencia necesarias en materia de formación para el trabajo.

Así, el proyecto de Ley de Formación Profesional y de las Cualificaciones nos permite empezar a soñar con que  se conquisten, por fin, algunas de las esperanzas que se fueron gestando a partir del Nuevo Plan Nacional de Formación Profesional.

Tal vez, a partir de su aplicación se consiga erradicar el desprestigio social que durante años ha acompañado a la formación profesional y otorgar el merecido valor que la cualificación para el empleo en cualquiera de sus vías.

Desde la articulación de un sistema que regule la correspondencia y convalidación que permita el reconocimiento y acreditación del esfuerzo de los trabajadores para adaptarse a las nuevas exigencias del entorno sociolaboral, independientemente de la vía de adquisición y valoración, se renueva la confianza de conseguir revalorizar la formación para el trabajo, y especialmente, de la formación ocupacional considerada a menudo una vía de segunda clase a la que durante años ha acompañado, a veces de forma injusta y otras no tanto, la acusación de inadecuación y fraude.

Paralelamente, la posibilidad de acumular acreditaciones parciales, supone a nuestro entender, una puerta abierta para aquellos colectivos con dificultades de inserción o excluidos del mercado de trabajo.

Asimismo, a la luz de los estudios demográficos, diversos expertos anuncian la necesidad de dedicar especial atención, en las próximas décadas, a la mejora de los procesos de permanente adaptación y promoción desde una formación a lo largo de la vida. Será preciso establecer vías de retorno entre el mundo del trabajo y el de la formación. En este sentido, los subsistemas de formación ocupacional y continua deberán ser potenciados para que puedan atender adecuadamente a la creciente demanda de actualización de las competencias de aquellos colectivos adultos que necesiten incrementar su cualificación para reinsertarse o mantenerse activos. Ello requerirá, según los economistas, un fuerte incremento del volumen de inversión en dichos subsistemas, de forma que se garantice la calidad de la cualificación y consecuentemente se incremente de forma notable los índices de inserción[3] posteriores.

Del mismo modo, la optimización de los recursos requiere la existencia de claros indicadores de las exigencias del entorno económico y laboral. De ahí que, sea necesario por un lado un sistema de observación permanente de la evolución del mercado laboral capaz de orientar con los mismos referentes al conjunto de la oferta de orientación y formación; y por otro el establecimiento de una vinculación directa entre el sistema educativo y el sistema productivo.

Si bien todos estos aspectos aparecen apuntados, entre otros, como propuesta en el proyecto de Ley, no son pocos los interrogantes acerca de la viabilidad de su puesta en práctica. Así, a modo de ejemplo recogemos algunos de ellos: ¿Cómo la nueva Ley dará una respuesta global sin desatender las necesidades regionales y locales?, ¿Cómo aprovechará las potencialidades de los centros de formación profesional reglada?, ¿Cómo conseguirá unificar el esfuerzo de la comunidad educativa y laboral?, ¿Cómo implicará a los agentes sociales en la definición, planificación y evaluación de la cualificación ofrecida?, ¿Cómo se concretan los sistemas de reconocimiento y evaluación de competencias?, ¿Qué opinan los formadores de los distintos subsistemas?, ¿Cómo se mantendrá permanentemente actualizado el Catálogo de Cualificaciones profesionales?, ¿Hasta qué punto plantea la posibilidad de ofrecer a las CCAA el protagonismo reclamado en la implementación del sistema de cualificaciones?, ¿Cómo se podría conseguirse una vía de negociación y pacto con las CCAA y con los agentes sociales que permitiera consenso sobre la Ley? . En definitiva, son muchos los «Cómo» que se nos plantean ¿no será, que tal vez el proyecto de Ley sigue sin establecer o clarificar los mecanismos o instrumentos necesarios para alcanzar los objetivos que tantas esperanzas generan?

Se trata sin duda de una reforma ambiciosa y compleja de la que se desprenden planteamientos y decisiones de gran transcendencia para atender las profundas transformaciones y cambios presentes y venideros. Por ello creemos en la necesidad de potenciar un amplio debate social que permita expresar los recelos, dudas y dificultades que se prevén y analizar las posibles vías para optimizar su desarrollo.

 



[1] Art. 30.1 de la Logse: "La formación profesional comprenderá el conjunto de enseñanzas que, dentro del sistema educativo y reguladas por esta Ley, capaciten para el desempeño cualificado de las distintas profesiones. Incluirá también aquellas acciones que, dirigidas a la formación continua en las empresas y a la inserción y reinserción laboral de los trabajadores, se desarrollen en la formación profesional ocupacional que se regulará por su normativa específica. Las Administraciones públicas garantizarán la coordinación de ambas ofertas de formación profesional".

[2] Dicho acuerdo fue suscrito por los Ministerios de Educación y Cultura, Trabajo y Asuntos sociales y por los agentes sociales. En él se reconocía que los tres subsistemas necesitaban actuar de forma coordinada y global.

[3] Nos referimos a la inserción profesional, es decir a la consecución de un empleo en ocupaciones relacionadas con la cualificación adquirida.

 

 

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