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DÉCIMA CONFERENCIA MUNDIAL TRIANUAL

 10 th TRIENNIAL WORLD CONFERENCE

 

Pedagogía de la diversidad: /  Pedagogy of Diversity:

 Creando una cultura de paz  /  Creating a Culture of Peace

 

      Construyendo la ciudadanía europea: modelos, programas e iniciativas      

Margarita Bartolomé Pina

Universidad de Barcelona

 

 


 

Introducción

El tema que nos ocupa: Construyendo la ciudadanía europea: modelos, programas e iniciativas, conecta profundamente con el del Congreso: Pedagogía de la diversidad: creando una cultura de la Paz.

En efecto, tal y como señala la resolución de las Naciones Unidas de 1998 la transformación hacia una cultura de la paz requiere el desarrollo de una interacción socialbasada en principios de libertad, tolerancia y solidaridad “ interacción que supone “el dialogo y la negociación de forma que se garantice el total ejercicio de los derechos y la participación en los procesos de desarrollo de las sociedades”. Ahora bien, esa interacción social ¿no es la que aspira a promover el ejercicio de la ciudadanía en las sociedades democráticas?

Vamos pues a presentar, siquiera sea brevemente, algunas de las reflexiones que, en torno a este tema llevamos haciendo el grupo de investigación GREDI (Grup de Recerca en Educació Intercultural) de la Universidad de Barcelona[1], y que, pueden encontrarse más ampliamente expuestas en sus publicaciones más recientes[2].

Acotamos ahora este tema.

*     Somos conscientes de que, en la actualidad, la construcción de la ciudadanía puede abordarse desde múltiples disciplinas y enfoques. Nosotros lo haremos desde la dimensión educativa, aún reconociendo que muchos de los programas e iniciativas serán inviables si tales planteamientos educativos no vienen acompañados de un cambio político y social. Nuestra intención es presentar qué formación ha de acompañar a esos cambios estructurales para que la población no solamente los acepte sino que los impulse y promueva. Por ello hablar de dimensión educativa no quiere decir reducirlos a la escolarización ni a la infancia o a la adolescencia, sino abordar esa formación a lo largo de la vida.

*    En segundo lugar, nos centramos en una concepción de la ciudadanía planteada como proceso o práctica y no tanto como estatus.

Es decir, sin dejar de reconocer la importancia de la dimensión legal de la ciudadanía, como luego comentaremos, trabajaremos fundamentalmente la ciudadanía como práctica deseable o proceso, que supone asimismo el desarrollo del sentimiento de pertenencia a la comunidad política en cuyo seno se lleva a cabo el ejercicio ciudadano.

*     Desde esas dos coordenadas: educación y ciudadanía como práctica, desarrollaremos el tema, analizando primero, el modelo de ciudadanía impulsado desde el Consejo de Europa, a la luz de los factores socioculturales y políticos que sugieren su revisión, y planteando, después, los modelos que han ido surgiendo como respuesta a esta problemática. Finalmente analizaremos un modelo global, incluyendo programas y sugerencias que pueden ofrecer perspectivas interesantes en la construcción de la ciudadanía europea. Es precisamente en este modelo en el que está trabajando el GREDI desde hace unos años

 

1.     La ciudadanía activa. El modelo europeo

Históricamente, en los últimos siglos, el concepto de ciudadanía se había ligado estrechamente a la constitución del Estado Nación vinculando la ciudadanía a la nacionalidad.

Sin embargo, en la actualidad tal concepción ha entrado en profunda crisis.

Han surgido nuevas concepciones de la ciudadanía que permiten trabajar más ampliamente la participación o la responsabilidad social, necesarias en los procesos civiles, políticos y sociales.

En efecto, según Bárcena (1997: 152) la ciudadanía es un título que sirve para reconocer la pertenencia de una persona a una comunidad política[3] y su capacidad individual como miembro activo de esta. En este sentido, la ciudadanía equivale al reconocimiento de una serie de derechos y deberes, relacionados con la participación en la esfera pública.

Pero también la ciudadanía entraña un vínculo político que es proporcionar la puesta en práctica de esa clase de derechos y deberes reconocidos.

Es precisamente ese vínculo, esa posibilidad de participar activamente en la construcción social lo que confiere al hecho de ser ciudadano y ciudadana una especial dignidad.

Desprovistos de ella seguimos teniendo la dignidad de seres humanos, pero no tenemos un lugar político en la comunidad, quedamos privados de la capacidad de actuar en el terreno público.

Ahora bien, si la adquisición del estatus –en nuestro caso de la ciudadanía europea- es un requisito necesario, no es suficiente. Hoy día, las nuevas concepciones de ciudadanía tienden a subrayar el proceso social, de viejas raíces comunitarias, basado en la dinámica participativa en ese espacio social donde las personas comparten valores y normas de comportamiento y toman decisiones para la resolución de problemas asociados a la vida pública. Es en ese espacio común donde se desarrolla y crece el sentimiento de pertenencia a la comunidad política de referencia y que constituye un elemento clave en la práctica de la ciudadanía.

Precisamente, la apertura de nuevos espacios políticos más amplios que los Estados, de tipo transnacional, como es el caso de la Comunidad Europea, ha planteado la necesidad de desarrollar el modelo de ciudadanía activa, promovido por el Consejo de Europa[4].

Es significativo constatar la conciencia progresiva que este organismo ha ido adquiriendo acerca de la importancia que tiene apoyar procesos de construcción de ciudadanía en las nuevas generaciones.

Ello supone apoyar al tiempo, procesos de integración de diferentes comunidades y pueblos en una nueva realidad política, procesos que intentan realizarse desde la cooperación, la voluntariedad y una cultura de la paz y no desde el dominio o el poderío militar.

De ahí el énfasis puesto, dentro de esa concepción de ciudadanía activa, en la participación y la responsabilidad conjuntamente, así como en las condiciones que las promueven y facilitan.

Y es que  esta participación se encuentra íntimamente ligada a una información amplia y adecuada sobre los problemas que nos afectan. De hecho, las primeras aportaciones al tema de la ciudadanía europea desde la educación, vinieron a través de diversos programas e iniciativas “con dimensión europea[5], término genérico que suponía normalmente eliminar la visión demasiado rígida y etnocéntrica de los contenidos escolares para incluir enfoques curriculares de tipo interdisciplinar, que animaban especialmente a trabajar por proyectos (Saugier, 1995).

En la obra del Consejo de Europa: La dimensión europea en la educación secundaria aparecen numerosos ejemplos de temas que han sido propuestos desde ese enfoque:

-         Descubramos Europa

-         Veinte años viviendo en Europa

-         Conocerse en Europa: traspasar las barreras lingüísticas

-         La Europa del futuro

Como señala Leclerq (1996: 129) “gracias a la integración de dicha dimensión europea será posible una apertura y un enriquecimiento de la información y el comportamiento, posibilitando con ello la creación de un espacio cívico, social y cultural en el que prevalecerán el conocimiento de los demás y el respeto hacia ellos y podría crearse un sentido de identidad sin excluir los sentimientos de pertenencia a una comunidad más amplia”.

Con esta cita de Leclerq se introduce el segundo elemento vinculado a la ciudadanía activa y que, de alguna forma, condiciona la participación y la responsabilidad: el sentimiento de pertenencia. Audry  Osler, una de las más prestigiosas figuras en el campo de la formación de la ciudadanía en Europa, en un informe sobre diferentes proyectos educativos realizados a través de los programas Leonardo, Sócrates y Juventud Europea para estudiar su contribución al desarrollo de una ciudadanía con dimensión europea [6], insiste en la importancia de las identidades y sentimientos en el desarrollo de la ciudadanía y en el aprendizaje de una ciudadanía activa.

La autora señala que los proyectos que se orientan a la información de derechos pero ignoran las identidades y sentimientos, han demostrado ser inadecuados.

Sobre este tema volveremos más adelante.

La ciudadanía activa intenta colocarse pues, es una dimensión práctica, significativa y comprometida con la transformación social. Por ello se insiste conjuntamente en el desarrollo de la participación y la responsabilidad[7].

En 1999 el Comité de Ministros de Educación del Consejo de Europa declaró y adoptó un Programa para una Ciudadanía Democrática, basado en los derechos y deberes de los ciudadanos y cuya meta es combatir, a partir de la relación entre derechos y responsabilidades, la exclusión social, la marginación, la apatía cívica, la intolerancia y la violencia.

Paralelamente en USA podemos ver el desarrollo de un programa de ciudadanía activa, planteado por Zack y Berkowitz (1994) y basado en las siguientes metas referentes al alumnado de Secundaria:

1.       Favorecer el conocimiento de las distintas acciones efectivas para una ciudadanía participativa: conocimiento de la comunidad, de sus problemas, de sus políticas, de los factores e instituciones que influyen en su formulación, ejecución y evaluación, las posibilidades de ayudar en la solución de los problemas

2.       Desarrollar habilidades políticas, sociales y analíticas necesarias para participar con efectividad en el proceso de toma de decisiones políticas a cualquier nivel de la vida política y comunitaria.

3.       Promover actitudes personales y entre los pares de velar por el valor del servicio al bien común.

En síntesis: la ciudadanía activa implica participación activa en la sociedad y el ejercicio de derechos (cívicos, políticos y sociales) a través de prácticas y estructuras participativas a niveles locales, regionales, nacionales y transnacionales.

Esto supone un conocimiento y comprensión de esos derechos , prácticas y estructuras democráticas y ausencia de las que son discriminatorias y que pueden actuar excluyendo individuos y grupo. Las relaciones entre personas e instituciones se caracterizan por un conjunto común de derechos y obligaciones que han sido definidos como aspectos de la ciudadanía (Osler, 1997).

Todos los elementos de este modelo deben incluirse en cualquier programa de construcción de la ciudadanía. Creemos, sin embargo, que es preciso avanzar tal y como nos indica ya Audry Osler en su informe, hacia una ciudadanía que incluya dimensiones nuevas, a la luz de los factores sociopolíticos que caracterizan nuestra sociedad.

 

2.     Las nuevas necesidades surgidas desde factores sociopolíticos

Señalábamos al comienzo que varios factores habían influido en la evolución del concepto. Anotemos los más significativos.

*         Los problemas y cambios asociados a la transición de la sociedad del bienestar a la sociedad de la información. El conocimiento es poder. “La pugna por apropiarse de los lugares donde se produce y se distribuye el conocimiento socialmente significativo, constituirá el centro de los conflictos sociales del futuro. Esto significa que los educadores, los científicos, los intelectuales y todos aquellos que se encuentren involucrados en la producción y distribución de conocimientos desempeñarán un papel muy importante, tanto en la generación de conflictos como en su solución” (Tedesco, 1999). ¿Cómo facilitaremos el acceso a ese poder a los que no pueden o no saben acceder a las nuevas tecnologías de la información? ¿Cómo se crearán espacios comunicativos, para participar en la búsqueda de respuestas a problemas que nos son comunes?

*         Los recientes movimientos migratorios. Las características de la nuevas migraciones han urgido a desarrollar una reflexión más profunda sobre la ciudadanía. ¿Cómo actuar para que los estado poliétnicos o multiculturales que se están configurando no generen de hecho, bolsas de personas excluidas de participación ciudadana? ¿Cómo respetar las raíces culturales propias y desarrollar al tiempo sentimientos de pertenencia a la comunidad política de referencia? ¿No deberíamos entender esa comunidad política a distintos niveles: local, nacional, europea, global? ¿Cómo construir una ciudadanía que apoye la dignidad de cada persona reconociéndole la libertad de hablar y actuar públicamente? ¿Qué rasgos definirían una ciudadanía intercultural?

*         La profundización de las desigualdades Norte-Sur que consolida las brechas que reparan los sectores más excluidos de las sociedades mas desarrolladas ¿No urge avanzar en el reconocimiento y defensa de los derechos humanos, especialmente los de la 3ª generación (Cortina, 1999), orientados al valor de la solidaridad: Derecho a la paz, a un medio ambiente sano, al desarrollo de los pueblos cuya realización supone la protección de colectivos, la cooperación internacional, la consciencia de que vivimos en un mundo global e interdependiente.

*         El déficit de socialización producido por la pérdida de sentido de un proyecto histórico común. En nuestras sociedades multiculturales y multiétnicas, sometidas a fuertes procesos de segmentación social, ancladas en la mentalidad postmoderna y orientadas a gobiernos supranacionales (Por ejemplo, la Europa Comunitaria) pueden generarse procesos identitarios regresivos, fruto de la inseguridad (Maalouf, 1999) que conducen a una violencia de límites impredecibles. “¿Cómo lograr en nuestras sociedades complejas, idear una base común de solidaridad social, respetando las tendencias pluralistas que le son propias y evitando, al mismo tiempo, incurrir en orientaciones de vida social o personal de tipo fundamentalista o absolutista? (Bárcena, 1997, p.42-43)

*         La persistencia de una desigualdad jurídica, social, política y cultural entre los géneros.

Los importantes cambios que ha comportado la masiva incorporación de la mujer a la educación o lar mercado laboral se han traducido en nueva formas de desigualdad y jerarquización entre hombres y mujeres. Las narrativas modernas sobre ciudadanía están siendo impugnadas por mujeres y movimientos feministas (Pateman, 1992) [8] ¿No deberíamos contribuir a la lucha de la mujer por conseguir una ciudadanía paritaria a través de la educación?

 

3.     Modelos de ciudadanía

En síntesis, se ha visto necesario promover nuevos modelos de ciudadanía que desarrollan sí, las dimensiones ya señaladas:

-         Actuación a distintos niveles: local, nacional, estatal

-         Avance en derechos y responsabilidades, especialmente en los derechos humanos de la 3ª generación

-         Prácticas participativas sociales

Pero que enfrenten algunas de las cuestiones claves que hemos señalado en el apartado anterior, asociadas a los problemas identitarios, al multiculturalismo y pluralidad y a la exclusión social, entre otras.

Modelos que supongan el desarrollo de la ciudadanía como instrumento de cohesión social entre diferentes colectivos culturales y como un importante componente en la lucha contra la exclusión de inmigrantes y grupos minoritarios. Esto lleva al reconocimiento de la complejidad del concepto que se enriquece con nuevas perspectivas. Así Carneiro (1999), en una excelente exposición sobre la educación para la ciudadanía y ciudades educadoras señala hasta cinco dimensiones para caracterizar a la ciudadanía: democrática  (que asegure la participación de todos y todas), social (que luche contra el fenómeno de la exclusión), paritaria (que exija la superación de prejuicios de género), intercultural (que cree un marco de cohesión y respeto a las culturas y derechos de los distintos grupos culturales) y ambiental (que trabaje por la preservación y cuidado del medio ambiente).

Veamos una buena síntesis de estas nuevas conceptualizaciones en el trabajo ya mencionado de Flor Cabrera:

 

Concepto de ciudadanía

Autores representativos
Dimensión que se destacan

Ciudadanía cosmopolita

A. Cortina

Superar las fronteras de la comunidad política nacional y transnacional.

Ciudadanía Global

 

Bank, 1997

Steve Olu, 1997,

Oxfam

 

Ciudadanos del mundo,

Respeto y valor ación de la diversidad

Equidad

Sostenibilidad

Responsabilidad

Ciudadanía responsable

Consejo de Europa, 1988, 2000

Bell, 1991

Spencer y Klug, 1998

Sentido de pertenencia a una comunidad

Compromiso social

Responsabilidad social

Ciudadanía activa

Consejo de Europa, 1988, 2000

Osler, 1998, 2000

Bárcena, 1997

Conciencia de pertenencia a una comunidad. Identidad comunitaria

Implicación y compromiso por mejorar la comunidad

Ciudadanía crítica

Giroux, 1993

Mayordomo, 1998

Inglehart (1996)

Compromiso por construir una sociedad más justa.

Reconstrucción social

Conjugar estrategias de oposición con otras de construcción de un orden social

Ciudadanía Multicultural

Kymlicka, 1995

Carneiro, 1996

Derechos colectivos

Solidaridad

Respeto

Ciudadanía intercultural

Cortina, 1999

Diálogo entre culturas

No recrearse en las diferencias

Respeto a las diferencias, pero reconocimiento de diferencias que no son respetable.

Comprender otras culturas es indispensable para comprender la propia.

Ciudadanía diferenciada

Joung, 1990

Respeto a la diversidad

Derechos colectivos

Ciudadanía democrática

Ciudadanía social

Carneiro, 1999

Cortina, 1999

Justicia social: derechos y deberes sociales para todos

Lucha contra los fenómenos de exclusión

Igualdad de oportunidades y equidad

 

4.     Hacia la construcción de una ciudadanía intercultural y crítica

La salud de las democracias –señala Galdston (1991)- depende, no tanto de la justicia de las instituciones cuanto del sentido de identidad, de las habilidades para tolerar al otro, trabajar junto a personas distintas, desear participar en procesos públicos, de la sensibilidad hacia la justicia y del compromiso en una justa distribución de los recursos. Esta afirmación ha sido recogida por Kymlinka en escritos posteriores (1996) subrayando su importancia en el desarrollo de la ciudadanía.

De manera similar se expresan otros muchos autores, que la brevedad de estas páginas no me permite comentar. Todos ellos plantean un conjunto de conocimientos, pero sobre todo de habilidades, valores y actitudes que conforman una manera de ser y actuar propia de quienes llevan a cabo una ciudadanía que responde a los retos que tiene planteados hoy nuestra sociedad.

Pero ¿Cómo puede ayudar la educación a desarrollar realmente esta concepción?. ¿Qué procesos educativos facilitarán prácticas de comunicación, de participación, de servicio a la comunidad, de manejo de los conflictos que surgirán necesariamente en sociedades complejas como las actuales? ¿Cómo se llevará a cabo la formación del carácter de las personas desde ese enfoque? [9].

¿En qué consistiría esta construcción de la ciudadanía? Diversos autores (Bell,1991; Giroux,1993, Spencer y Klug, 1998; Osler,1998) señalan el desarrollo de la alfabetización cívica, la participación ciudadana y una conciencia responsable y moral orientada a defender la convivencia democrática de la sociedad. (Bartolomé, Cabrera, Espín, Marín y Rodríguez, 1999).

Creemos que es necesario partir de un modelo dinámico de ciudadanía que incorpore las principales dimensiones que deben trabajarse en las instituciones educativas [10]

Si aplicamos este modelo en el marco de las instituciones escolares veremos que todas estas dimensiones se articulan entre sí de forma interactiva y dinámica. Una fuerte dificultad o barrera en una de ellas puede dificultar el desarrollo de las demás. A su vez, dependen del contexto social en el que los jóvenes viven: contexto familiar y cercano o contextos más amplios que requieren respuestas diferenciadas en la comprensión y ejercicio de la ciudadanía: su ciudad, la Autonomía, España, Europa, el mundo. La práctica de la ciudadanía en el marco escolar potenciaría el desarrollo del sentimiento de pertenencia y de la competencia ciudadana y podría facilitar el ejercicio ciudadano, no solo en la Institución educativa sino en marcos más amplios.

Cada uno de los componentes del modelo está atravesado por el hecho multicultural que lo modifica diferencialmente. Por ejemplo, ¿Qué efectos produce en el sentimiento de pertenencia saberse con o sin estatus legal de ciudadanía en un determinado Estado?. ¿Cómo se sienten ciudadanos europeos los que no poseen reconocimiento legal de un Estado europeo’. ¿Aspiran a serlo?. ¿Se les reconoce este derecho por parte de sus vecinos, compañeros etc?. ¿Cómo perciben los derechos y responsabilidades anexos a la ciudadanía personas pertenecientes a diversas culturas?. ¿Cómo influye el género en el liderazgo de los grupos y en el grado de compromiso y de participación en la toma de decisiones?.

Analicemos ahora las necesidades formativas y las respuestas que se están dando en cada una de las dimensiones principales del modelo, cuando consideramos a la ciudadanía desde una perspectiva de proceso.

 

El sentimiento de pertenencia

Ya hemos hecho alusión al conflicto identitario que se experimenta en nuestra sociedad actual.

Los modelos sobre los que se ha querido construir la identidad europea se revelan como insuficientes para responder a las necesidades de una población multicultural, multiétnica y multilíngüe[11].

Frente a esos modelos impuestos vemos cómo las personas relacionan, bien desarrollando identidades ambiguas y poco definidas, bien refugiándose en fundamentalismos de distinto signo[12].

Nuestro grupo ha investigado en Barcelona la percepción del sentimiento de pertenencia a Europa en adolescentes catalanes (Bartolomé, Folgueiras, Massot, Sabariego y Sandín, 2001). Las respuestas a la cuestión “¿Te sientes ciudadano o ciudadana europeo/a? ¿Por qué?” fueron muy diversas: desde la afirmación incondicional  hasta la negativa más radical basados en razones que envuelven sentimientos de rechazo o inferioridad. Sin embargo la cuestión que más nos preocupa al acercarnos a este diagnóstico es con quien nuestro alumnado está dispuesto a construir comunidad, cuál es su capacidad de acogida, su margen real de tolerancia hacia los que hablan de forma distinta o tienen distintas costumbres.

Los retos formativos que se nos plantean son:

*     Incorporar estrategias educativas que se han ido trabajando desde un enfoque sociocrítico, en una pedagogía de la equidad (Banks, 1997).

*      Crear ambientes educativos que favorezcan el desarrollo del sentimiento de pertenencia desde una pedagogía de la inclusión[13].

No hay duda que el valor que debemos desarrollar para la formación del sentimiento de pertenencia es el de la solidaridad, pero no una solidaridad defensiva (hacer causa común frente a otro) sino inclusiva es decir, descubriendo que la causa de quien vive a mi lado es mi propia causa, aunque sea diferente a mí y estar dispuesto por ello a actuar a favor de su causa como si fuera mi propia causa, desde el convencimiento de que la diversidad también es un valor.

Para ello hemos desarrollado unos materiales: “Construimos Europa” que han sido trabajados y validados en cuatro institutos de Barcelona a lo largo de estos dos últimos cursos. Nuestra propuesta quería ser una herramienta al servicio del profesorado de Secundaria de diferentes disciplinas, que permitiese llevar a cabo una experiencia en el desarrollo de la dimensión europea, como un apoyo para la construcción de una ciudadanía europea[14].

Quisiéramos señalar como metas importantes para desarrollar el sentido de pertenencia

*        Evitar la vinculación del sentido de pertenencia a una identidad cultural determinada.

*        Favorecer el mutuo conocimiento y aprecio de las diferentes formas culturales.

*        Descubrir la artificialidad de la fronteras.

*        Encontrar elementos comunes de identificación

 

La competencia ciudadana

Algunos modelos de construcción de la ciudadanía se han basado en competencias. Así, Allen y Stevens (1994: 18-20) establecen hasta cuatro modelos aunque ellos prefieren situarse en el último, que trabajan como un eje transversal del curriculum de Ciencias Sociales.

Modelos

Descripción

“Transmisión” de la ciudadanía

Es la tradición más antigua. Se basa en un proceso de socialización política que puede llegar al “adoctrinamiento” político. Busca inculcar el estilo de vida de una nación.

Conocimiento de lo político

Se orienta a proporcionar un conocimiento eficaz de la Constitución, procesos políticos incluyendo relaciones entre niveles de gobierno y políticas públicas. Es una precondición paro la participación política.

Búsqueda reflexiva

Favorece el desarrollo de habilidades para la toma de buenas decisiones en un contexto socio político. Se basa fundamentalmente en dilemas éticos y desarrollo del pensamiento crítico.

Autodesarrollo personal e interacción humana

Facilita a los estudiantes el desarrollo de su capacidad de autonomía para dirigir su propio futuro, aumento de su responsabilidad social, capacidad crítica para enfrentar los retos sociales actuales y trabajar cooperativamente

 

En nuestro modelo la competencia ciudadana constituye una de las dimensiones básicas de la formación para la ciudadanía y recoge elementos de los modelos 2, 3 y 4 de Allen y Stevens.

 

Competencias orientadas a la comprensión

Un bloque de competencias estaría orientado al conocimiento de nuestros derechos y responsabilidades, de los problemas y asuntos públicos que afectan a nuestra comunidad, la comprensión de cómo funciona la democracia y el desarrollo de habilidades comunicativas interculturales.

Aunque este primer bloque tenga un componente importante de carácter cognitivo, no podemos olvidar que su tratamiento ha de hacerse desde los valores que subyacen a todo ese contenido informativo y que suponen no solo la dimensión afectiva sino incluso la dimensión comportamental orientando cursos de acción. Además tal conocimiento exige, para poder ser efectivo, el desarrollo de habilidades concretas.

A modo de ejemplo, recordemos algunas:

-         Aprender a recoger información de periódicos, T.V, libros, revistas, internet...

-         Aprender a entrevistar, observar y analizar la realidad

-         Aprender a comunicarse afectiva y efectivamente con personas de distinta lengua y cultura

-         Aprender a hablar en público, a debatir problemas mundiales, a tener discusiones de forma estructurada

 

Es importante, desde la perspectiva de una ciudadanía intercultural, ayudar a descubrir las barreras y dificultades que tienen algunas minorías y grupos para incorporarse efectivamente a la vida democrática de una país y, en nuestro caso concreto, para incorporarse a Europa[15]. También urge constatar, al conocer el funcionamiento de las instituciones democráticas, la todavía escasa presencia de las mujeres en puestos de poder o de alta representación política[16].

En un Congreso como el que nos ocupa es importante incidir en la Educación de los Derechos Humanos.

Como indican Osler y Starkey (1998: 94) necesitamos avanzar hacia la creación de una cultura global de los derechos humanos. Entre otras cosa para garantizar la paz, el desarrollo y la democracia. En especial conviene consolidar la 3ª generación de derechos humanos fundamentada en el valor de la solidaridad.

 
 

 

 

 

 

 

Las propuestas educativas han de incluir:

·        Información sobre cada uno de esos derechos

·        Formación: descubriendo los valores que subyacen su expresión en las distintas culturas, así como estrategias participativas que impliquen el reconocimiento de estos derechos, su defensa o su desarrollo

 

Programas y materiales para el trabajo de los mismos pueden ser los de Llopis (2000) o Beltrán (1996).

Otras estrategias específicas asociadas a otras competencias de este primer bloque pueden ser:

¨      El curriculum a partir de problemas de la comunidad[17]

¨      Basadas en el desarrollo de la competencia comunicativa intercultural (Alsina, 1999)

¨      Experiencias organizadas para vivenciar el funcionamiento de instituciones democráticas internacionales (Harper, 1992)

 

Competencias orientadas al desarrollo del juicio critico

Dos serían las más importantes competencias a desarrollar en este ámbito:

   *  La asunción de valores propios de la ciudadanía como son la justicia, la participación, la equidad o el diálogo. Un valor que ha sufrido un debate muy interesante es el de la tolerancia ya que su contenido ha variado significativamente con el paso del tiempo.

*     Las estrategias más frecuentemente utilizadas son las dinámicas de educación en valores

*     El desarrollo del juicio crítico ante problemas sociales y políticos.

Para esta tarea existen muchas estrategias como estudios de casos, juegos de rol, dilemas éticos. (McNegney, Ducharme y Ducharme (ed), 1999; Allen y Stevens, 1998)

Nosotros nos inclinamos por actividades que puedan insertarse en la vida cotidiana, empezando por actividades tan sencillas como son el aprender a diferenciar hechos y opiniones, o reflexionar sobre las consecuencias posibles o reales de nuestros cursos de acción.

Lo más importante en esta formación del alumnado es que aprenda a formular juicios, no de forma aislada sino de manera grupal, y no atendiendo a los propios intereses sino a los intereses de la comunidad. Ello implica un crecimiento en la responsabilidad social. Sin duda este proceso se complica en colectivos multiculturales.

 

5.     La participación ciudadana

Dada la brevedad de esta exposición no puedo desarrollar esta dimensión a la que ya he hecho referencia al hablar de la ciudadanía activa.

Sí que deseo subrayar que ha de articularse con las otras dimensiones.

También que debemos saber que una regla fundamental del ejercicio de la ciudadanía es que todos y todas tengan la oportunidad de participar. Para ello se han desarrollado programas que favorezcan el empoderamiento o “empowerment” de los grupos menos favorecidos (Bartolomé y Cabrera, 2000) como señala Sleeter (1991) a través del empowerment personal enseñamos a las personas a utilizar la ley y los procedimientos administrativos correctos para lograr sus propias metas y objetivos, para investigar autónomamente cursos de acción o llevar a término acciones que exigen una situación justa y respetuosa. Desde el empowerment cívico se ayudará al desarrollo de conocimientos, criterios y habilidades para trabajar colectivamente por la justicia social.

La formación para la participación desborda con mucho el marco escolar para avanzar en acciones colectivas que utilicen plataformas sociales de participación (ONG’s, asociaciones diversas, comunidades de vecinos, etc) en las que no es posible tomar decisiones  o resolver problemas que afecten “a todos” y sean “para siempre” pero si pueden apoyarse pasos significativos que ayuden a algunos, aquí y ahora, sin dejar de estudiar su posible impacto en el futuro. Como señala Cruz (2000: 267) “la acción colectiva es uno de los vehículos sociales más importantes para reconocer la existencia de la ciudadanía”. Quizá el énfasis hoy día no se ponga tanto en el ejercicio formal de ésta (referendos, votos, etc) cuanto en aquellas formas más innovadoras y que pueden cuestionar al mismo poder político institucionalizado.

Las ciudades educadoras han canalizado buena parte de esta dinámica sociopolítica, con sus múltiples posibilidades formativas, y también con los retos que en ellas está planteando la multiculturalidad. A modo de ejemplo pueden verse los interesantes trabajos de Vertovec (1998) o el Plan Mundial para la interculturalidad del Ayuntamiento de Barcelona (1997)

Finalmente no querríamos concluir sin aludir al importante papel dentro de este amplio movimiento de construcción de la ciudadanía, al desarrollo de escuelas democráticas, escuelas que por su estructura y funcionamiento, supongan un ejercicio práctico de la democracia porque ya su mismo currículum “implica oportunidades continuas de explorar estas cuestiones, de imaginar respuestas a los problemas y de guiarse por ellas” (Apple y Beane (comps), 1997: 34).

La clase cooperativa, en la mejor tradición de Freinet, pero desde el enfoque de la formación para la ciudadanía, puede proporcionar un espacio en el que se aprendan las dinámicas participativas y situaciones comunicativas que hacen posible una democracia (a través de Consejos escolares, de la elaboración de leyes y reglas y de su apropiación, así como de la distribución de responsabilidades (Le Gal, 1999).

La escuela, en estrecha relación con la comunidad, se convierte entonces en un espacio privilegiado para la construcción de la ciudadanía. Porque, si bien trabaja en el ámbito local prepara al alumnado a abrirse a otras realidades más amplias, transnacionales.

Ojalá la construcción de una ciudadanía intercultural y crítica nos permita “dar a cada persona la capacidad de participar activamente, durante toda la vida en un proyecto de sociedad” (Delors, 1996: 65) y trabajar, también incansablemente porque tal capacidad pueda ser ejercida por todos y todas sea cual sea su origen cultural y social, o su género.

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[1] GREDI (Grup de Recerca en Educació Intercultural). Web site: www.ub.es/div-fac/div5/departam/mide/gredi.htm

[2] Véase por ejemplo: Bartolomé, M. y otros. (2000). La construcción de la identidad en contextos multiculturales. Madrid: Cide.

Bartolomé, M y otros. (2002) Identidad y ciudadanía: un reto a la educación intercultural. Madrid: Narcea (En prensa). Muchos de los conceptos vertidos en esta ponencia pueden verse ampliamente en esta obra.

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[3] Hemos sustituido el término “Estado” utilizado por Bárcena por el de “comunidad política” ya que nos permite trabajar el tema de la ciudadanía a diversos niveles: local, autonómico o nacional, estatal, europeo o transnacional, global o mundial.

[4] Aunque la educación y la cultura tuvieron un modesto papel en los tratados fundacionales de la Unión Europea, es a partir especialmente del tratado de Maastricht (1992) donde se les asigna un mayor protagonismo en la línea aquí planteada: potenciar el desarrollo de las distintas culturas europeas con el objetivo de subrayar el substrato de civilización común a todos los pueblos reforzando el tiempo la dimensión europea de la educación a todos los niveles.

[5] Este término se utilizó por primera vez en el Consejo de Ministros de Educación Europeos de 1976. Existen numerosos trabajos y publicaciones que intentan aproximarse al contenido de esta dimensión europea. Destacamos Barthélemy (1999), Mencia (1996), Ritchie (1997), Consejo de Europa (1999) y Valle (1999). En la obra: Identidad y ciudadanía: un reto a la educación intercultural,  ya citada, Mercedes Rodríguez ofrece una interesante reflexión sobre el tema.

[6] La importancia del tema había sido puesto de relieve en el informe del grupo de estudio sobre educación y formación: Accomplishing Europe through Education and Training (1996). En la Europa del conocimiento se veía fundamental animar un proceso de construcción y enriquecimiento de la ciudadanía en una sociedad abierta y solidaria de unos para los otros.

Se realizó una investigación evaluativa,  para conocer cómo las actividades educativas y de formación realizadas a través de los programas de acción de la DG XXII habían contribuido a sentar unas fuertes bases en la práctica de la ciudadanía activa.

El estudio se ha realizado teniendo en cuenta los grupos de población a los que se dirigían los proyectos y que reflejan las transformaciones actuales: 1) nuevos sujetos (comunidades de inmigrantes no europeos); 2) viejos sujetos (desempleados, minusválidos,  etc); 3) ciudadanos europeos.

Los proyectos proporcionara:

·         Información social, cultural y económica

·         Habilidades

·         Identidad

·         Inclusión

 

En síntesis: este estudio nos ofrece interesantes pistas para cualquier trabajo que pretenda abordar el tema de la formación de una ciudadanía activa. En este informe se habla ya de una ciudadanía intercultural.

[7] Sobre el desarrollo de este punto puede verse el capítulo de Flor Cabrera: “Hacia una nueva concepción de la ciudadanía en una sociedad multicultural” en la obra, ya mencionada de: Bartolomé, M y otros. Identidad y ciudadanía un reto a la educación intercultural. Madrid: Narcea (En prensa)

[8] Una síntesis de la educación para la ciudadanía desde la perspectiva de género puede verse en: Bartolomé, M.; Cabrera, F.; Espín, J.V.; Marín, M.A. y Rodríguez, M. (1999). Diversidad y multiculturalidad. En Revista de Investigación educativa. Vol. 17, nº2. Pp.277-319.

[9] Utilizamos aquí el término “carácter”, dándole la dimensión ética que le otorgan algunos autores cuando hablan de las “virtudes cívicas” que deben caracterizar al “buen” ciudadano o ciudadana y que suponen, por parte de la persona, una implicación o compromiso por desarrollarlas y mejorarlas.

[10] Este modelo está siendo trabajado por el GREDI (Grup de Recerca en Educació Intercultural) de la Universidad de Barcelona, que coordina un amplio proyecto europeo en relación con el tema que nos ocupa.

[11] Estos modelos, han sido analizados por Angeles Marín en:”La construcción de la identidad en la época de la mundialización y los nacionalismos” capítulo del libro:. Identidad y ciudadanía: un reto a la educación intercultural. Obra cit. Los modelos que hasta ahora han prevalecido son: el modelo de “herencia cultural” y el “constructivista y modernista”. Ambos se han revelado como insuficientes para una Europa multicultural. La autora analiza como alternativa el modelo de ciudadanía múltiple que es en el que nos situamos.

[12] Para Walzer (1998) este es el gran reto que tiene planteada la tolerancia en el paso del modernismo al postmodernismo.

[13] Recordemos los cinco elementos claves de una pedagogía de la inclusión que hemos desarrollado en la obra anteriormente citada:

-          El conocimiento mutuo como base

-          La aceptación como condición

-          La valoración como impulso

-          La cohesión social y el desarrollo de personas como horizonte

-          La ciudadanía intercultural como proceso

[14] Existen, como ya he señalado, otros programas interesados en reforzar la identidad europea. Vease Rodríguez Lajo, obra cit.

[15] Pensemos en este momento en los grupos extracomunitarios y de forma especial, las minorías procedentes de los países de la periferia que viven en la pobreza y mantienen una gran distancia cultural con nosotros.

[16] Sobre la necesidad de trabajar una ciudadanía paritaria véase la interesante aportación de Julia Victoria Espín: Educación, ciudadanía y género en: Identidad y ciudadanía: un reto a la educación intercultural Obra cit. En ella aparecen algunos programas concretos para trabajar esta ciudadanía en el ámbito escolar.

[17] Ello constituyó la estrategia principal en el desarrollo del curriculum, desde una orientación basada en los principios de la educación popular, planteada por el Centro Poveda en República Dominicana. Puede verse en Acosta y Bartolomé (1992).

 

 

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