CONCLUSIONES DEL
CONSEJO ESCOLAR DEL ESTADO SOBRE LOS
EDUCADORES EN LA SOCIEDAD DEL SIGLO XXI
MESA
Nº 1 – LOS EDUCADORES Y LA SOCIEDAD: EXPECTATIVAS MUTUAS.
Análisis de la realidad social.
1º)
Las sociedades de nuestros días demandan de la Escuela no sólo la transmisión
del saber y la formación académica, sino la formación de ciudadanos y, en
ocasiones, la solución a un cúmulo de problemas y demandas sociales que, hasta
tiempos recientes, eran ajenos al ámbito escolar.
2º) Las nuevas necesidades que se plantean en la
actualidad, ligadas al trabajo de ambos cónyuges y al menor tiempo dedicado a
la educación de los hijos, ha ocasionado que en numerosos casos se delegue en
el centro docente una muy importante parcela educativa que antes se desarrollaba
en el seno familiar.
3º) Las aulas han dejado de ser la única y exclusiva
fuente de conocimientos de los alumnos. La creciente influencia de los medios de
comunicación social en los niños y jóvenes representa, en algunos supuestos,
dificultades añadidas a la labor docente, donde no resulta sencillo luchar
contra la idealización de modelos
de conducta antisociales, presentes en esos medios.
4º) Las sociedades modernas se encuentran inmersas en
dinámicas de cambios acelerados que generan
corrientes de demandas canalizadas hacia el sistema educativo. Las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación, los procesos de inmigración
y las sociedades multiculturales que los mismos producen, las nuevas formas de
relación entre personas y grupos culturales y sociales o la denominada globalización
económica y cultural, entre otros aspectos, ocasionan que las nuevas realidades
existentes y la problemática que surge de las mismas busquen una respuesta en
el sistema educativo.
5º) De esta manera se observa que la sociedad ha
incrementado sus demandas hacia el sistema educativo, de forma desconocida hasta
tiempos recientes, requiriendo de la Escuela la solución de problemas para los
que la misma no se encuentra específicamente preparada. Se produce de esta
forma una falta de sincronía entre tales demandas sociales hacia el sistema
educativo, en ocasiones utópicas y difícilmente realizables, y las
posibilidades del mismo para atender a esas demandas de una manera eficaz.
6º) La sociedad europea -de la que formamos parte- ha
ido evolucionando hacia una nueva etapa histórica del conocimiento, por lo que
se hace preciso el contemplar una formación a lo largo de toda la vida; ello
comporta futuros cambios en los sistemas educativos que hagan posible el
conseguir el objetivo de una sociedad cuyo sustrato básico sea el conocimiento,
y cuyo eje vertebrador sean las aspiraciones y necesidades de las personas.
Análisis de la realidad escolar.
1º)
La observación de nuestra realidad escolar nos revela que en el momento
presente se ha logrado una escolarización del 100% del alumnado desde los 6
hasta los 16 años de edad, con lo que permanece integrado en el sistema
educativo un elevado número de alumnos que antes se encontraban al margen del
mismo y todavía no habían podido acceder al mercado de trabajo a causa de su
temprana edad y por los límites establecidos por la legislación laboral en
vigor.
2º)
La circunstancia anterior puede explicar que un determinado porcentaje de
alumnado permanezca en el sistema educativo sin la suficiente motivación y
pueda generar problemas de convivencia y relación en el interior de los centros
educativos.
3º)
A lo anterior se une el creciente número de alumnos de diverso origen cultural
y étnico, derivado del aumento de las corrientes migratorias existentes en
nuestro país, alumnos que presentan una problemática específica y que
requieren una atención particularizada por parte del sistema educativo, lo que
dificulta la respuesta educativa en los centros e incrementa la necesidad de
recursos personales y materiales de los que no siempre se dispone.
4º)
Por otra parte, la observación de la realidad escolar pone de manifiesto la
existencia de un profesorado que no ha sido especialmente formado en estos
nuevos requerimientos sociales hacia la Escuela y que en ocasiones se ve forzado
a dar respuestas educativas sin contar con los medios materiales y personales
necesarios para ello.
5º)
La educación supone un diario proceso de creación desarrollado en las aulas,
el cual no podría alcanzar toda su virtualidad sin un profesorado con una sólida
base formativa y una motivación que haga posible llevar a cabo el desarrollo de
la tarea docente con mayores garantías. La formación del profesorado será
abordada con detalle en la Mesa nº 3 de estos Encuentros, por lo que se
debe efectuar en este apartado una referencia a la motivación de nuestros
docentes para acometer las complejas tareas que encierra la Escuela de nuestros
días, motivación que en gran medida está sustentada en la consideración
social de sus funciones y en la visión que de las mismas perciba la sociedad.
La realidad escolar revela serios problemas de motivación en el sector docente
que necesariamente repercuten en su labor educadora.
Interacciones entre ambas realidades.
1º)
Entre la realidad social y la realidad escolar se plantean inevitablemente
interacciones que se influyen mutuamente. Las altas expectativas que desde la
sociedad se residencian en el sistema educativo fuerza al mismo a un permanente
proceso de adaptación para responder a dichas expectativas. Desde la Escuela se
reclaman a la sociedad los medios personales, materiales y formativos, además
del respaldo, el reconocimiento y el apoyo necesarios, que hagan posible una
respuesta adecuada a esta expectativas.
2º)
Por otra parte, las nuevas formas de relación entre los niños y jóvenes con
su entorno provocan que se trasladen al ámbito escolar problemáticas antes
inexistentes, ocasionadas por la multiplicación de las fuentes de información
al alcance de los alumnos, al margen del sistema educativo estricto, lo que
puede ocasionar desajustes en la labor educativa desarrollada en los centros.
Asimismo, la difusión por los medios de comunicación de conductas discutibles,
que son idealizadas como modelos a seguir por parte de los alumnos, repercute
directamente en las tareas educativas, dificultando la adopción de determinadas
actitudes y valores en los centros docentes.
3º)
Asimismo, nuevos enfoques sobre los tradicionales principios de esfuerzo,
disciplina y formas de relación entre los niños y jóvenes con sus mayores
vierten sobre el ámbito escolar un potencial de conflictividad desconocido
hasta fechas recientes.
4º) Para responder a este conjunto de requerimientos que
la sociedad plantea al sistema educativo, el profesorado debe contar con una
formación inicial y permanente que le capacite para atender la nueva problemática
que incide en los centros. Pero al margen de esta necesaria formación, la
consideración social del profesorado, el reconocimiento de su tarea docente y
educativa y la valoración de su trascendente función, poseen una repercusión
directa en la motivación y satisfacción personal del mismo con el desempeño
de sus funciones y, por tanto, en la calidad de la respuesta que el profesorado
desenvuelva día a día en las aulas.
5º) En la medida en que la Escuela responda con mayor
eficacia a los problemas que le plantea la sociedad, esa misma sociedad, a su
vez, potenciará los recursos que dedique al sistema educativo, como pilar
incuestionable de su futuro. Por ello, para que la interacción entre la Escuela
y la sociedad responda a las necesidades de ambos ámbitos, se hace preciso
potenciar los canales internos de comunicación directa, eliminándose todos
aquellos obstáculos que de alguna manera interrumpan la interrelación fluida
entre las dos realidades.
Propuestas de Mejora.
1º)
Las expectativas mutuas planteadas entre la sociedad y su sistema educativo, así
como la interacción que surge entre ambas realidades, hace ineludible fomentar
y mantener los canales institucionales y los canales
informales de comunicación. La participación real y efectiva de
la sociedad en el conjunto del ámbito educativo y la participación de
la comunidad educativa en los órganos de gobierno colegiados de los
centros educativos se convierte en un principio irrenunciable,
que se encuentra sustentado sobre nuestra propia Constitución, y
cuya potenciación representa el
vehículo básico a través del cual las expectativas mutuas existentes entre la
sociedad y los educadores pueden encontrar una vía de comunicación en ambos
sentidos, comunicación sin la cual no resulta sencillo responder a las
necesidades de ambas instancias.
2º)
Los requerimientos de la sociedad ante el sistema educativo en ningún caso
deben caer en pretensiones utópicas, pretendiendo que se solventen en la
Escuela problemáticas que tienen su origen
en la propia dinámica social y cuya solución no puede ser residenciada
en exclusiva en el marco del sistema educativo, sino que requieren un trabajo
conjunto y coordinado por ambas partes.
3º)
Las demandas de la sociedad en busca de la excelencia docente deben venir acompañadas
de las necesarias medidas basadas en la potenciación de los medios humanos
existentes en los centros, del incremento de los medios materiales puestos a
disposición del sistema y del permanente proceso formador que debe experimentar
nuestro profesorado, con el fin de recoger el latido social y proyectarlo
en la Escuela.
4º)
La imagen que los educadores proyecten en la sociedad ocasiona la respuesta que
dicha sociedad mantenga con relación al sistema educativo. Los poderes públicos
deben fomentar que la sociedad perciba la realidad de los educadores en sus
justos términos, fomentando campañas informativas que procuren la dignificación
y prestigio de la labor docente y evitando que hechos aislados puedan ser
generalizados en perjuicio de la imagen real del colectivo de educadores. La
sociedad, por su parte, debe mantener una actitud de reconocimiento y apoyo a la
tarea de los educadores.
5º)
La actitud de la Escuela y de los educadores ante la sociedad debe
caracterizarse por su receptividad ante las cambiantes necesidades planteadas
por la constante evolución social. En la actualidad, el sistema educativo debe
formar a las nuevas generaciones para el ejercicio profesional que requiere el
funcionamiento de la sociedad. Junto con el cometido anterior,
debe atender asimismo a la formación de ciudadanos responsables, que
sean capaces de vivir integrados y participar activamente en la vida social, y
de procurar a los mismos una formación integral como personas, tal y como
recogen nuestras normas educativas, para lo cual la Escuela debe desarrollar un
permanente proceso crítico y creativo que responda a las nuevas realidades
surgidas en la vida contemporánea, atendiendo de esta forma a las expectativas
que sobre el sistema educativo se plantean en la sociedad.
MESA
Nº 2 – TAREAS Y FUNCIONES: LA ACCIÓN TUTORIAL.
La
tutoría como núcleo del sistema educativo.
1º)
El sistema educativo debe tratar de acercar y adaptar las enseñanzas y su acción
educadora a las necesidades específicas e individuales de todos los alumnos del
sistema. La atención personalizada de las necesidades reales del alumnado se
erige, de esta forma, en criterio rector para valorar la calidad del sistema
educativo. Desde esta perspectiva, la acción tutorial, relacionada íntimamente
con la orientación educativa, representa un vehículo insustituible para la
mejora de la calidad educativa, como se recoge en nuestra vigente normativa.
2º)
La acción tutorial y la orientación educativa constituye un medio de atender a
la diversidad del alumnado y a sus diferencias individuales, siendo por ello un
medio de favorecer la equidad social, al
intentar adaptar el sistema educativo a las necesidades del alumnado y superar
las situaciones desfavorables que pudieran obstaculizar el desarrollo de los
mismos.
3º)
Desde el enfoque anterior, la acción tutorial y orientadora en el ámbito
educativo no se debe limitar a ser un instrumento mediante el cual canalizar
académicamente las aspiraciones de los alumnos, sino que adquiere un
significado de mayor trascendencia, al servir de ayuda y de guía al alumno para
que el mismo construya su propio desarrollo individual.
La
acción tutorial: intervención y responsabilidades.
1º)
La acción tutorial, al ser inherente a la función educativa desarrollada por
el profesorado, constituye un elemento consustancial
a la docencia, acercando y adaptando las enseñanzas a las individualidades de
sus destinatarios.
2º)
La tutoría educativa debe ser desarrollada por profesionales suficientemente
preparados para llevar a cabo la misma, desde una perspectiva cooperativa y
multidisciplinar, en colaboración con el resto de profesionales docentes que
atienden el grupo o unidad escolar y con el apoyo permanente de los
Departamentos de Orientación y de los Equipos específicos que actúan en la
materia. De lo anterior se desprende que la acción tutorial se debe sustentar
en el trabajo cooperativo y coordinado de distintos profesionales que aportan su
especialización y sus enfoques en la dirección de atender a la personalidad
específica de cada alumno integrado en el sistema educativo.
3º)
La intervención educativa en el ámbito tutorial se debe concretar en el Plan
de Acción Tutorial del Centro educativo, que, junto con el Plan de
Orientación Educativa, se incluye en el Proyecto Curricular del Centro
y debe formar parte del Proyecto Educativo del mismo. Estos instrumentos
representan el engarce necesario para insertar la acción tutorial dentro de la
labor educativa de ámbito superior, desarrollada en el centro docente,
globalmente considerada. El Plan de Acción Tutorial
debe dotar a las actuaciones desarrolladas en su ámbito, de la necesaria
sistemática, coordinación y
coherencia, características difíciles de alcanzar si cada tutor desarrollara de manera desconectadas sus funciones.
Reconocimiento
de la acción tutorial.
1º)
La acción tutorial es indisociable de las tareas docentes, completando y
potenciando su labor educativa. Ello exige contar con un profesorado específicamente
formado para desempeñar con éxito sus actividades en esta parcela educativa.
Los contenidos tutoriales deben potenciarse desde la formación inicial del
profesorado, pasando por una formación continua que, desde una perspectiva
multidisciplinar, desarrolle los conocimientos necesarios y especializados que
permita al profesorado llevar a cabo de forma satisfactoria estas funciones. La
respuesta tutorial ante la acogida e integración del alumnado, su participación
en el centro, la orientación sobre sus opciones académicas y profesionales, la
evaluación y promoción dentro del sistema educativo, la problemática familiar
y social que le rodea, sus aspiraciones deseos y posibilidades constituyen, entre otros extremos, aspectos de trascendental
importancia para que el proceso educativo se desarrolle con plena normalidad y
eficacia. Remover los obstáculos que puedan plantearse en relación con dichos
extremos es una ardua tarea que la acción tutorial debe emprender, desde una
perspectiva interdisciplinar y multifactorial.
2º)
Se debe tener presente que la tutoría difícilmente puede llevarse a efecto si
el profesorado no dispone del suficiente tiempo que le permita desarrollar una
tarea tan compleja, en la que inciden una multitud de factores. En buena parte
de supuestos, la atención a las tareas relacionadas con esta función se ven
dificultadas con los escasos márgenes horarios destinados a la misma. Se
impone, por tanto, un reconocimiento expreso de la acción tutorial como parte
integrante de la función docente, a la que es necesario destinar el tiempo
preciso que permita llevarla a cabo de manera satisfactoria, tanto para el
alumnado como para el profesorado afectado.
3º)
El trabajo desarrollado en el ámbito tutorial debe ser percibido por el
alumnado como una actividad habitual e integrada plenamente dentro del proceso
educativo y que, por tanto, afecta al conjunto de los alumnos del grupo o unidad
educativa. El desenvolvimiento de la misma sin las debidas cautelas y dosis de
prudencia puede tener efectos contraproducentes de cara al alumno y provocar
consecuencias contrarias a las pretendidas. Por otra parte, se debe tener en
consideración que el cúmulo de decisiones que el tutor debe adoptar en relación
con la unidad o grupo correspondiente no tienen siempre el mismo carácter de
obligatoriedad para el alumno. En todo caso, el consejo orientador sobre su
futuro profesional y académico debería respetar los deseos del mismo, siendo
rechazable la imposición prescriptiva de orientaciones que no respondan a las
aspiraciones del interesado.
Propuestas
de Mejora.
1º)
La tutoría
debe ser considerada como una función inherente a la docencia, sin la cual ésta
no puede desarrollar todo su potencial y, por tanto, así debe ser contemplada
tanto en la formación inicial del profesorado, como en los cursos de aptitud
pedagógica y de formación continua que sean impartidos en el ámbito docente.
2º)
El Plan de Acción Tutorial de cada centro educativo debe convertirse en
el eje central de las tutorías desarrolladas por el profesorado. En el mismo
deberían quedar perfectamente definidas las funciones relacionadas con esta
tarea docente que corresponden a las diversas instancias que intervienen en su
desenvolvimiento, fundamentalmente las que corresponden al Jefe de Estudios,
orientadores y tutores. Asimismo, resulta especialmente valioso el
establecimiento de las horas de tutoría dentro de periodos horarios académicos
que no puedan tener un carácter marginal o prescindible. La potenciación de
los Planes de Acción Tutorial pasa por un decidido apoyo a los mismos
por parte del Equipo Directivo y el Claustro del centro, así como
por parte de los orientadores que actúen en el mismo.
3º)
Se considera de
gran importancia la inclusión del seguimiento del Plan de Acción Tutorial
entre las prioridades de la acción desenvuelta por la Inspección Educativa,
lo que contribuiría a elevar el grado de cumplimiento de las prescripciones
contenidas en el referido Plan de Acción Tutorial por parte de los
centros educativos.
4º)
Para que la
función tutorial pueda desarrollarse con las debidas garantías de eficacia, se
hace necesario que los cambios de tutor en un grupo o unidad escolar determinado
no se produzca al finalizar el curso académico, sino que convendría buscar fórmulas
organizativas que permitieran al tutor desenvolver su actuación durante un
ciclo o incluso una etapa educativa completa, lo que potenciaría su eficacia y
permitiría profundizar en el conocimiento de sus alumnos y las necesidades de
los mismos. Asimismo, sería deseable que los tutores sean los profesores con
mayor formación y experiencia. También sería positivo crear espacios en los
centros para facilitar encuentros entre los tutores.
5º)
El tutor se erige en una pieza clave para potenciar el contacto de los padres y
madres de alumnos con el centro educativo, contacto que en muchas ocasiones se
encuentra seriamente debilitado. Esta tarea tutorial debe ser fomentada,
procurando una conexión más fluida entre los educadores y los padres, con lo
que la acción educativa se vería reforzada, evitándose de esta forma que el
alumno se vea sometido a enfoques
que no siempre se proyectan en la misma dirección, según provengan del centro
educativo o del ámbito familiar.
6º)
La labor educativa del profesorado, globalmente considerada, debe primar sobre
su tarea estrictamente transmisora de conocimientos. Por ello, se hace necesario
que el profesorado disponga del tiempo suficiente para ser dedicado a la acción
tutorial, sin que esta disponibilidad se vea cercenada por la necesidad de
impartir contenidos curriculares
específicos. Se impone, por tanto, una reconsideración de los criterios
organizativos para acometer ambas funciones, la tutorial y la estrictamente académica,
con garantías para que ambas logren los objetivos educativos a los que
aspiran.
MESA
Nº 3 – LA FORMACIÓN INICIAL Y CONTINUA DE LOS EDUCADORES
La
necesidad de una formación inicial específica para el profesorado
1º)
En este momento podemos observar elementos del actual proceso de formación
inicial del profesorado, tanto de Educación Infantil y Primaria, como del de
Secundaria, que no responden ni por la extensión de dicha formación ni por su
estructura a los desafíos de todo tipo a los que ha de enfrentarse la Escuela
actual.
2º) En el caso del profesorado de Educación Infantil y
Primaria, puede advertirse que, si bien su formación está orientada específicamente
hacia la labor educativa, la extensión de la misma (estudios de tres años
conducentes a una diplomatura) resulta insuficiente.
Distintas opiniones dentro de la comunidad educativa
consideran necesario la prolongación temporal de estos estudios (su paso al
nivel de Licenciatura) y posiblemente una menor especialización por áreas,
siendo preferible que los futuros profesores de estas etapas educativas reciban
una formación más homogénea.
3º) Por lo que respecta a la formación inicial del
profesorado que imparte docencia en los niveles de secundaria, su problemática
es bien distinta. El problema de la misma no es tanto de duración de los
estudios (Licenciatura) o del nivel de conocimientos académicos adquiridos,
como de las carencias detectadas en su formación pedagógica.
En
este caso nos encontramos con un profesorado que ha recibido una formación
especializada pero sin que la misma esté orientada a la docencia. Sus carencias
en el ámbito de la didáctica intentan salvarse mediante un curso, con una
duración máxima de un año, orientado específicamente a la faceta pedagógica.
Nos encontramos, por tanto, ante un modelo de formación yuxtapuesta, donde
primero se recibe una formación académica sobre una determinada materia y solo
posteriormente, y únicamente en el supuesto de que el interesado decida
orientar su futuro hacia la labor docente, se le imparte una formación pedagógica
que en muchos casos puede considerarse notoriamente insuficiente.
4º) El resultado de todo lo anteriormente expuesto es
que, en el momento actual, cabe apreciar importantes carencias en la formación
inicial del profesorado. En el ámbito estrictamente académico los profesores
han recibido una formación especializada que resulta de difícil aplicación en
su labor docente diaria en el aula. Pero sin duda las mayores lagunas aparecen
en la formación recibida de tipo pedagógico. El profesor “novato” carece
de formación para hablar en público; tampoco recibe ningún tipo de ayuda
suplementaria durante sus primeros años de docencia y, en la mayoría de los
casos, desconoce los problemas a los que ha de enfrentarse en la Escuela. Si a
ello debemos añadir el hecho de que en muchas ocasiones a este profesorado le
es asignado los centros y alumnos más problemáticos, resulta sencillo explicar
sus problemas de adaptación a su nueva labor.
5º) En muchos casos, y ante estas carencias formativas,
el profesor tiende a utilizar esquemas o patrones de conducta tomados de su
propia experiencia personal como alumno. Para entender correctamente
esta idea hay que tener en cuenta que la profesión docente es la única
en la que cualquiera ha visto a lo largo de su vida escolar, trabajar “in
situ” a profesionales de la materia. En muchos casos esta forma de proceder de
los nuevos profesores puede lleva a una simple repetición de conductas, sin que
se den nuevas aportaciones metodológicas.
Es decir, a la hora de dar clase puede valer mas lo aprendido por
la propia experiencia que aquello que se ha enseñando en los Centros de
Formación.
La
formación continua del profesorado en el siglo XXI
1º)
En las sociedades actuales estamos asistiendo a un complejo proceso de
transformación, derivado, entre otros factores,
de la abundancia de fuentes de información con las que cuentan los
alumnos aportadas en buena medida por las nuevas tecnologías de la información
y la comunicación. Es evidente
que todos estos cambios tienen una incidencia clara en las Escuelas,
siendo por tanto necesario adecuar
los conocimientos y actitudes del profesorado para dar respuesta a la nueva
sociedad de la información.
En síntesis se hace preciso replantear las funciones
que han venido desarrollando tanto los Centros educativos como el profesorado.
2º) Los conocimientos en la actualidad tienen fecha de
caducidad y ello obliga a establecer garantías
y mecanismos formativos que permitan que los profesionales actualicen su
competencia de forma permanente. En el siglo XXI la sociedad exige de los
profesores una permanente actividad de formación y aprendizaje.
3º) En la actual problemática de la formación continua
del profesorado debería valorarse la incidencia que sobre la misma tiene el
tema de los sexenios y su componente económico. A pesar de que este componente económico pueda ser favorable
para la formación, desde otros enfoques se ha apuntado la posibilidad de que el
profesorado se vea obligado a realizar, en algunos casos, actividades formativas
sin relación con su labor diaria o con su área de conocimientos ante la
necesidad de cumplir el requisito de las horas de formación.
Para solucionar este problema algunas opiniones apuntan a la necesidad de
una mayor relación entre la formación recibida
y la actividad real del profesorado o las necesidades del centro.
4º) Los profesionales de la enseñanza se enfrentan a
cambios sustanciales en los años próximos, los profesores tienden a ser más
guías, tutores o mediadores. Las poblaciones adultas, inmersas en un proceso de
aprendizaje permanente, serán las responsables de su propia formación, siendo
de importancia máxima la función orientadora continua de los docentes.
Las escuelas de padres como agentes formadores
1º) Las Escuelas de Padres son un medio para compartir
valores entre los distintos componentes, fundamentalmente padres y profesores,
que conforman un centro educativo. Para ello es especialmente importante que los
distintos integrantes del mismo asuman conjuntamente las finalidades educativas
del centro, para lo cual es especialmente importante partir de la idea general
de que la función de toda Escuela no debe ser la de transmitir únicamente una
serie de conocimientos académicos, sino también la de educar
para las distintas facetas de la vida, siendo esta última una labor que
compete a todos los integrantes de la comunidad educativa.
2º) Los Padres, como elemento esencial y básico de la
sociedad, deben tomar parte activa en el mantenimiento de valores iniciales, con
el fin de posibilitar que los alumnos se conviertan en un futuro en ciudadanos
críticos, libres y responsables, capaces de aceptar o no distintas ideas y
pensamientos. Es necesario considerar que la responsabilidad de la familia en la
educación de sus hijos debe abarcar no solo el estricto ámbito familiar, sino
que la misma debe extenderse a otros campos, fundamentalmente al del centro
educativo.
3º) Las Escuelas de Padres como agentes formadores deben
asumir un modelo organizativo, el cual puede basarse en los siguientes
principios:
-
deben servir como cauce de revisión y aprendizaje para los padres en
aquellos asuntos que conciernen a la educación de sus hijos
-
han de buscar mejorar la comunicación entre los todos los integrantes
que tienen una incidencia en el centro educativo, tanto entre padres y
profesores, como entre los padres y sus propios hijos.
-
deben permitir la integración de los padres en el colegio, de forma que
se aproximen y conozcan mejor la realidad del centro
-
han de servir de ayuda para compartir valores, tanto los derivados de
temas transversales, que han de reflejarse en el currículo, como aquellos que
tengan su origen en el contexto social, cultural y económico del centro y que lógicamente
debieran reflejarse en el proyecto del mismo.
4º) Las Escuelas de Padres no deben considerarse como
estructuras formales encaminadas a la toma de decisiones operativas a corto
plazo, no siendo esta su función. Sino que deben entenderse como elementos de
naturaleza informal para la reflexión, el diálogo y el consenso entre los
integrantes de la comunidad escolar.
Tampoco
deben verse como elementos que desempeñan una función meramente decorativa,
sino más bien como estrategias para crear un adecuado ámbito de diálogo
educativo acerca de los fines y
medios de la educación, intentando responder de forma conjunta a las preguntas
que cabe considerar claves de la educación: ¿por qué educamos?, ¿para qué
educamos? Y ¿cómo educamos?, y creando de esta manera una auténtica comunidad
educativa, más allá de los planteamientos puramente institucionales.
Propuestas de mejora
1º) En el ámbito de la formación inicial del
profesorado se aprecian problemas estructurales de diversa índole. Así, en el
caso de los profesores que imparten docencia en centros de Educación Infantil y
Primaria parece necesario reivindicar una formación de los mismos con nivel de
Licenciatura universitaria, debiendo la misma ir acompañada de un período de
prácticas mas diversificado y extenso.
2º) Por lo que respecta a la formación inicial del
profesorado de secundaria cabe considerar oportuno obviar el modelo de formación
yuxtapuesta anteriormente mencionado, introduciendo en el currículo
universitarios materias optativas de carácter didáctico y psicopedagógico y
pasando a integrar la formación académica del mismo con la imprescindible
cualificación pedagógica.
Se debe
profesionalizar la formación inicial del profesorado, procurando conjugar
la necesaria e imprescindible formación teórica del mismo, con un
reforzamiento de las prácticas vinculadas a dicha teoría, y teniendo como
objetivo avanzar en el aspecto fundamental de la formación inicial del
profesorado: la relación teoría-práctica.
3º) Por lo que respecta a la formación continua o
permanente del profesorado de los distintos niveles o etapas educativas parece
necesario introducir cambios en la forma de aprender, acentuando la idea de que
la responsabilidad de la formación continua debe recaer cada vez más en mayor
medida en los propios docentes.
Para
ello es importante considerar el centro educativo como un espacio en el que no
solo se va a enseñar, sino donde también puede y debe irse a aprender, tanto
de los otros profesores como de los propios alumnos.
Para que esta idea sea posible es necesario superar el
tradicional aislamiento que caracteriza a la profesión docente, debe observarse
la forma en que otros profesores imparten sus clases, puede recurrirse a
grabaciones de las propias clases, cabe, asimismo, introducir, como ocurre en
otros países, la figura del asesor de docentes que aconseja y ayuda a superar
limitaciones o errores en la forma de impartir las clases.
4º) En el momento actual adquiere una mayor importancia
la idea de la autoformación, no como un aprendizaje del docente aislado de la
sociedad, sino mediante la adecuada utilización de las nuevas tecnologías de
la comunicación y la información que nos permiten a todos compartir
experiencias y métodos didácticos a través de las redes de profesores y
escuelas y que tienden a facilitar un aprendizaje flexible e informal.
Todo ello bajo la premisa de que la
formación continua debe ir dirigida a asegurar un aprendizaje de calidad
de nuestros alumnos, para lo que es necesario adquirir un compromiso con la
innovación y la actualización. Una formación en definitiva que contribuya a
reprofesionalizar la docencia frente a
quienes pretender simplificar la complejidad del acto de enseñar.
5º) En cuanto a las Escuelas de Padres como agentes
formadores las mismas deben considerarse como una estrategia muy interesante en
el ámbito del diálogo educativo.
Estas
Escuelas deben promover la participación de las familias en la educación de
sus hijos, convirtiéndose en foros de comunicación y transmisión de valores,
a la vez que en lugares donde se intercambian experiencias educativas y donde
pueden profundizarse en todos aquellos aspectos de interés para la comunidad
educativa.
6º) La experiencia demuestra que lo más habitual es que
quienes acuden a estas Escuelas de Padres sean aquellos que no suelen formar
parte de la denominada “población de riesgo”, sino que por el contrario se
trata de los padres más preocupados y concienciados con los problemas
educativos, los
que más suelen participar en estas experiencias,
por ello parece conveniente que, aún siendo conscientes de la dificultad
de ello, los distintos integrantes que desarrollan sus actividades en el centro,
y especialmente las Asociaciones de Padres de Alumnos, intenten atraer a
las Escuelas de Padres a los grupos de padres que mantienen un contacto menor
con el entorno del centro, haciéndoles ver la utilidad de estas reuniones
informales.