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 CONCLUSIONES DEL CONSEJO ESCOLAR DEL ESTADO SOBRE LOS EDUCADORES EN LA SOCIEDAD DEL SIGLO XXI

 

MESA  Nº 1 – LOS EDUCADORES Y LA SOCIEDAD: EXPECTATIVAS MUTUAS.

Análisis de la realidad social.

1º) Las sociedades de nuestros días demandan de la Escuela no sólo la transmisión del saber y la formación académica, sino la formación de ciudadanos y, en ocasiones, la solución a un cúmulo de problemas y demandas sociales que, hasta tiempos recientes, eran ajenos al ámbito escolar.

2º) Las nuevas necesidades que se plantean en la actualidad, ligadas al trabajo de ambos cónyuges y al menor tiempo dedicado a la educación de los hijos, ha ocasionado que en numerosos casos se delegue en el centro docente una muy importante parcela educativa que antes se desarrollaba en el seno familiar.

3º) Las aulas han dejado de ser la única y exclusiva fuente de conocimientos de los alumnos. La creciente influencia de los medios de comunicación social en los niños y jóvenes representa, en algunos supuestos, dificultades añadidas a la labor docente, donde no resulta sencillo luchar contra la idealización de  modelos de conducta antisociales, presentes en esos medios.

4º) Las sociedades modernas se encuentran inmersas en dinámicas de cambios acelerados que generan  corrientes de demandas canalizadas hacia el sistema educativo. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, los procesos de inmigración y las sociedades multiculturales que los mismos producen, las nuevas formas de relación entre personas y grupos culturales y sociales o la denominada globalización económica y cultural, entre otros aspectos, ocasionan que las nuevas realidades existentes y la problemática que surge de las mismas busquen una respuesta en el sistema educativo.

5º) De esta manera se observa que la sociedad ha incrementado sus demandas hacia el sistema educativo, de forma desconocida hasta tiempos recientes, requiriendo de la Escuela la solución de problemas para los que la misma no se encuentra específicamente preparada. Se produce de esta forma una falta de sincronía entre tales demandas sociales hacia el sistema educativo, en ocasiones utópicas y difícilmente realizables, y las posibilidades del mismo para atender a esas demandas de una manera eficaz.

6º) La sociedad europea -de la que formamos parte- ha ido evolucionando hacia una nueva etapa histórica del conocimiento, por lo que se hace preciso el contemplar una formación a lo largo de toda la vida; ello comporta futuros cambios en los sistemas educativos que hagan posible el conseguir el objetivo de una sociedad cuyo sustrato básico sea el conocimiento, y cuyo eje vertebrador sean las aspiraciones y necesidades de las personas.

 

Análisis de la realidad escolar.

1º) La observación de nuestra realidad escolar nos revela que en el momento presente se ha logrado una escolarización del 100% del alumnado desde los 6 hasta los 16 años de edad, con lo que permanece integrado en el sistema educativo un elevado número de alumnos que antes se encontraban al margen del mismo y todavía no habían podido acceder al mercado de trabajo a causa de su temprana edad y por los límites establecidos por la legislación laboral en vigor.

 

2º) La circunstancia anterior puede explicar que un determinado porcentaje de alumnado permanezca en el sistema educativo sin la suficiente motivación y pueda generar problemas de convivencia y relación en el interior de los centros educativos.

3º) A lo anterior se une el creciente número de alumnos de diverso origen cultural y étnico, derivado del aumento de las corrientes migratorias existentes en nuestro país, alumnos que presentan una problemática específica y que requieren una atención particularizada por parte del sistema educativo, lo que dificulta la respuesta educativa en los centros e incrementa la necesidad de recursos personales y materiales de los que no siempre se dispone.

4º) Por otra parte, la observación de la realidad escolar pone de manifiesto la existencia de un profesorado que no ha sido especialmente formado en estos nuevos requerimientos sociales hacia la Escuela y que en ocasiones se ve forzado a dar respuestas educativas sin contar con los medios materiales y personales necesarios para ello.

5º) La educación supone un diario proceso de creación desarrollado en las aulas, el cual no podría alcanzar toda su virtualidad sin un profesorado con una sólida base formativa y una motivación que haga posible llevar a cabo el desarrollo de la tarea docente con mayores garantías. La formación del profesorado será abordada con detalle en la Mesa nº 3 de estos Encuentros, por lo que se debe efectuar en este apartado una referencia a la motivación de nuestros docentes para acometer las complejas tareas que encierra la Escuela de nuestros días, motivación que en gran medida está sustentada en la consideración social de sus funciones y en la visión que de las mismas perciba la sociedad. La realidad escolar revela serios problemas de motivación en el sector docente que necesariamente repercuten en su labor educadora.

 

Interacciones entre ambas realidades.

1º) Entre la realidad social y la realidad escolar se plantean inevitablemente interacciones que se influyen mutuamente. Las altas expectativas que desde la sociedad se residencian en el sistema educativo fuerza al mismo a un permanente proceso de adaptación para responder a dichas expectativas. Desde la Escuela se reclaman a la sociedad los medios personales, materiales y formativos, además del respaldo, el reconocimiento y el apoyo necesarios, que hagan posible una respuesta adecuada a esta expectativas.

2º) Por otra parte, las nuevas formas de relación entre los niños y jóvenes con su entorno provocan que se trasladen al ámbito escolar problemáticas antes inexistentes, ocasionadas por la multiplicación de las fuentes de información al alcance de los alumnos, al margen del sistema educativo estricto, lo que puede ocasionar desajustes en la labor educativa desarrollada en los centros. Asimismo, la difusión por los medios de comunicación de conductas discutibles, que son idealizadas como modelos a seguir por parte de los alumnos, repercute directamente en las tareas educativas, dificultando la adopción de determinadas actitudes y valores en los centros docentes.

3º) Asimismo, nuevos enfoques sobre los tradicionales principios de esfuerzo, disciplina y formas de relación entre los niños y jóvenes con sus mayores vierten sobre el ámbito escolar un potencial de conflictividad desconocido hasta fechas recientes.

4º) Para responder a este conjunto de requerimientos que la sociedad plantea al sistema educativo, el profesorado debe contar con una formación inicial y permanente que le capacite para atender la nueva problemática que incide en los centros. Pero al margen de esta necesaria formación, la consideración social del profesorado, el reconocimiento de su tarea docente y educativa y la valoración de su trascendente función, poseen una repercusión directa en la motivación y satisfacción personal del mismo con el desempeño de sus funciones y, por tanto, en la calidad de la respuesta que el profesorado desenvuelva día a día en las aulas.

5º) En la medida en que la Escuela responda con mayor eficacia a los problemas que le plantea la sociedad, esa misma sociedad, a su vez, potenciará los recursos que dedique al sistema educativo, como pilar incuestionable de su futuro. Por ello, para que la interacción entre la Escuela y la sociedad responda a las necesidades de ambos ámbitos, se hace preciso potenciar los canales internos de comunicación directa, eliminándose todos aquellos obstáculos que de alguna manera interrumpan la interrelación fluida entre las dos realidades.

 

Propuestas de Mejora.

1º) Las expectativas mutuas planteadas entre la sociedad y su sistema educativo, así como la interacción que surge entre ambas realidades, hace ineludible fomentar y mantener los canales institucionales y los canales  informales de comunicación. La participación real y efectiva de la sociedad en el conjunto del ámbito educativo y la participación de  la comunidad educativa en los órganos de gobierno colegiados de los centros educativos se convierte en un principio irrenunciable,  que se encuentra sustentado sobre nuestra propia Constitución, y cuya potenciación representa  el vehículo básico a través del cual las expectativas mutuas existentes entre la sociedad y los educadores pueden encontrar una vía de comunicación en ambos sentidos, comunicación sin la cual no resulta sencillo responder a las necesidades de ambas instancias.

2º) Los requerimientos de la sociedad ante el sistema educativo en ningún caso deben caer en pretensiones utópicas, pretendiendo que se solventen en la Escuela problemáticas que tienen su origen  en la propia dinámica social y cuya solución no puede ser residenciada en exclusiva en el marco del sistema educativo, sino que requieren un trabajo conjunto y coordinado por ambas partes.

3º) Las demandas de la sociedad en busca de la excelencia docente deben venir acompañadas de las necesarias medidas basadas en la potenciación de los medios humanos existentes en los centros, del incremento de los medios materiales puestos a disposición del sistema y del permanente proceso formador que debe experimentar nuestro profesorado, con el fin de recoger el latido social y proyectarlo  en la Escuela.

4º) La imagen que los educadores proyecten en la sociedad ocasiona la respuesta que dicha sociedad mantenga con relación al sistema educativo. Los poderes públicos deben fomentar que la sociedad perciba la realidad de los educadores en sus justos términos, fomentando campañas informativas que procuren la dignificación y prestigio de la labor docente y evitando que hechos aislados puedan ser generalizados en perjuicio de la imagen real del colectivo de educadores. La sociedad, por su parte, debe mantener una actitud de reconocimiento y apoyo a la tarea de los educadores.

5º) La actitud de la Escuela y de los educadores ante la sociedad debe caracterizarse por su receptividad ante las cambiantes necesidades planteadas por la constante evolución social. En la actualidad, el sistema educativo debe formar a las nuevas generaciones para el ejercicio profesional que requiere el funcionamiento de la sociedad. Junto con el cometido anterior,  debe atender asimismo a la formación de ciudadanos responsables, que sean capaces de vivir integrados y participar activamente en la vida social, y de procurar a los mismos una formación integral como personas, tal y como recogen nuestras normas educativas, para lo cual la Escuela debe desarrollar un permanente proceso crítico y creativo que responda a las nuevas realidades surgidas en la vida contemporánea, atendiendo de esta forma a las expectativas que sobre el sistema educativo se plantean en la sociedad.

 

MESA Nº 2 – TAREAS Y FUNCIONES: LA ACCIÓN TUTORIAL.

 

La tutoría como núcleo del sistema educativo.

 

1º) El sistema educativo debe tratar de acercar y adaptar las enseñanzas y su acción educadora a las necesidades específicas e individuales de todos los alumnos del sistema. La atención personalizada de las necesidades reales del alumnado se erige, de esta forma, en criterio rector para valorar la calidad del sistema educativo. Desde esta perspectiva, la acción tutorial, relacionada íntimamente con la orientación educativa, representa un vehículo insustituible para la mejora de la calidad educativa, como se recoge en nuestra vigente normativa.

2º) La acción tutorial y la orientación educativa constituye un medio de atender a la diversidad del alumnado y a sus diferencias individuales, siendo por ello un medio de favorecer la equidad social,  al intentar adaptar el sistema educativo a las necesidades del alumnado y superar las situaciones desfavorables que pudieran obstaculizar el desarrollo de los mismos.

3º) Desde el enfoque anterior, la acción tutorial y orientadora en el ámbito educativo no se debe limitar a ser un instrumento mediante el cual canalizar académicamente las aspiraciones de los alumnos, sino que adquiere un significado de mayor trascendencia, al servir de ayuda y de guía al alumno para que el mismo construya su propio desarrollo individual.

 

La acción tutorial: intervención y responsabilidades.

1º) La acción tutorial, al ser inherente a la función educativa desarrollada por el profesorado, constituye un elemento  consustancial a la docencia, acercando y adaptando las enseñanzas a las individualidades de sus destinatarios.

2º) La tutoría educativa debe ser desarrollada por profesionales suficientemente preparados para llevar a cabo la misma, desde una perspectiva cooperativa y multidisciplinar, en colaboración con el resto de profesionales docentes que atienden el grupo o unidad escolar y con el apoyo permanente de los Departamentos de Orientación y de los Equipos específicos que actúan en la materia. De lo anterior se desprende que la acción tutorial se debe sustentar en el trabajo cooperativo y coordinado de distintos profesionales que aportan su especialización y sus enfoques en la dirección de atender a la personalidad específica de cada alumno integrado en el sistema educativo.

3º) La intervención educativa en el ámbito tutorial se debe concretar en el Plan de Acción Tutorial del Centro educativo, que, junto con el Plan de Orientación Educativa, se incluye en el Proyecto Curricular del Centro y debe formar parte del Proyecto Educativo del mismo. Estos instrumentos representan el engarce necesario para insertar la acción tutorial dentro de la labor educativa de ámbito superior, desarrollada en el centro docente, globalmente considerada. El Plan de Acción Tutorial  debe dotar a las actuaciones desarrolladas en su ámbito, de la necesaria sistemática, coordinación  y coherencia, características difíciles de alcanzar si cada tutor desarrollara  de manera desconectadas sus funciones.

Reconocimiento de la acción tutorial.

1º) La acción tutorial es indisociable de las tareas docentes, completando y potenciando su labor educativa. Ello exige contar con un profesorado específicamente formado para desempeñar con éxito sus actividades en esta parcela educativa. Los contenidos tutoriales deben potenciarse desde la formación inicial del profesorado, pasando por una formación continua que, desde una perspectiva multidisciplinar, desarrolle los conocimientos necesarios y especializados que permita al profesorado llevar a cabo de forma satisfactoria estas funciones. La respuesta tutorial ante la acogida e integración del alumnado, su participación en el centro, la orientación sobre sus opciones académicas y profesionales, la evaluación y promoción dentro del sistema educativo, la problemática familiar y social que le rodea, sus aspiraciones deseos y posibilidades  constituyen, entre otros extremos, aspectos de trascendental importancia para que el proceso educativo se desarrolle con plena normalidad y eficacia. Remover los obstáculos que puedan plantearse en relación con dichos extremos es una ardua tarea que la acción tutorial debe emprender, desde una perspectiva interdisciplinar y multifactorial.

2º) Se debe tener presente que la tutoría difícilmente puede llevarse a efecto si el profesorado no dispone del suficiente tiempo que le permita desarrollar una tarea tan compleja, en la que inciden una multitud de factores. En buena parte de supuestos, la atención a las tareas relacionadas con esta función se ven dificultadas con los escasos márgenes horarios destinados a la misma. Se impone, por tanto, un reconocimiento expreso de la acción tutorial como parte integrante de la función docente, a la que es necesario destinar el tiempo preciso que permita llevarla a cabo de manera satisfactoria, tanto para el alumnado como para el profesorado afectado.

3º) El trabajo desarrollado en el ámbito tutorial debe ser percibido por el alumnado como una actividad habitual e integrada plenamente dentro del proceso educativo y que, por tanto, afecta al conjunto de los alumnos del grupo o unidad educativa. El desenvolvimiento de la misma sin las debidas cautelas y dosis de prudencia puede tener efectos contraproducentes de cara al alumno y provocar consecuencias contrarias a las pretendidas. Por otra parte, se debe tener en consideración que el cúmulo de decisiones que el tutor debe adoptar en relación con la unidad o grupo correspondiente no tienen siempre el mismo carácter de obligatoriedad para el alumno. En todo caso, el consejo orientador sobre su futuro profesional y académico debería respetar los deseos del mismo, siendo rechazable la imposición prescriptiva de orientaciones que no respondan a las aspiraciones del interesado.

 

Propuestas de Mejora.

1º) La tutoría debe ser considerada como una función inherente a la docencia, sin la cual ésta no puede desarrollar todo su potencial y, por tanto, así debe ser contemplada tanto en la formación inicial del profesorado, como en los cursos de aptitud pedagógica y de formación continua que sean impartidos en el ámbito docente.

2º) El Plan de Acción Tutorial de cada centro educativo debe convertirse en el eje central de las tutorías desarrolladas por el profesorado. En el mismo deberían quedar perfectamente definidas las funciones relacionadas con esta tarea docente que corresponden a las diversas instancias que intervienen en su desenvolvimiento, fundamentalmente las que corresponden al Jefe de Estudios, orientadores y tutores. Asimismo, resulta especialmente valioso el establecimiento de las horas de tutoría dentro de periodos horarios académicos que no puedan tener un carácter marginal o prescindible. La potenciación de los Planes de Acción Tutorial pasa por un decidido apoyo a los mismos por parte del Equipo Directivo y el Claustro del centro, así como por parte de los orientadores que actúen en el mismo.

3º) Se considera de gran importancia la inclusión del seguimiento del Plan de Acción Tutorial entre las prioridades de la acción desenvuelta por la Inspección Educativa, lo que contribuiría a elevar el grado de cumplimiento de las prescripciones contenidas en el referido Plan de Acción Tutorial por parte de los centros educativos.

4º) Para que la función tutorial pueda desarrollarse con las debidas garantías de eficacia, se hace necesario que los cambios de tutor en un grupo o unidad escolar determinado no se produzca al finalizar el curso académico, sino que convendría buscar fórmulas organizativas que permitieran al tutor desenvolver su actuación durante un ciclo o incluso una etapa educativa completa, lo que potenciaría su eficacia y permitiría profundizar en el conocimiento de sus alumnos y las necesidades de los mismos. Asimismo, sería deseable que los tutores sean los profesores con mayor formación y experiencia. También sería positivo crear espacios en los centros para facilitar encuentros entre los tutores.

5º) El tutor se erige en una pieza clave para potenciar el contacto de los padres y madres de alumnos con el centro educativo, contacto que en muchas ocasiones se encuentra seriamente debilitado. Esta tarea tutorial debe ser fomentada, procurando una conexión más fluida entre los educadores y los padres, con lo que la acción educativa se vería reforzada, evitándose de esta forma que el alumno se vea sometido a  enfoques que no siempre se proyectan en la misma dirección, según provengan del centro educativo o del ámbito familiar.

6º) La labor educativa del profesorado, globalmente considerada, debe primar sobre su tarea estrictamente transmisora de conocimientos. Por ello, se hace necesario que el profesorado disponga del tiempo suficiente para ser dedicado a la acción tutorial, sin que esta disponibilidad se vea cercenada por la necesidad de impartir  contenidos curriculares específicos. Se impone, por tanto, una reconsideración de los criterios organizativos para acometer ambas funciones, la tutorial y la estrictamente académica,  con garantías para que ambas logren los objetivos educativos a los que aspiran.

 

MESA Nº 3 – LA FORMACIÓN INICIAL Y CONTINUA DE LOS EDUCADORES

 

La necesidad de una formación inicial específica para el profesorado

1º) En este momento podemos observar elementos del actual proceso de formación inicial del profesorado, tanto de Educación Infantil y Primaria, como del de Secundaria, que no responden ni por la extensión de dicha formación ni por su estructura a los desafíos de todo tipo a los que ha de enfrentarse la Escuela actual.

2º) En el caso del profesorado de Educación Infantil y Primaria, puede advertirse que, si bien su formación está orientada específicamente hacia la labor educativa, la extensión de la misma (estudios de tres años conducentes a una diplomatura) resulta insuficiente.

 Distintas opiniones dentro de la comunidad educativa consideran necesario la prolongación temporal de estos estudios (su paso al nivel de Licenciatura) y posiblemente una menor especialización por áreas, siendo preferible que los futuros profesores de estas etapas educativas reciban una formación más homogénea.

3º) Por lo que respecta a la formación inicial del profesorado que imparte docencia en los niveles de secundaria, su problemática es bien distinta. El problema de la misma no es tanto de duración de los estudios (Licenciatura) o del nivel de conocimientos académicos adquiridos, como de las carencias detectadas en su formación pedagógica.

    En este caso nos encontramos con un profesorado que ha recibido una formación especializada pero sin que la misma esté orientada a la docencia. Sus carencias en el ámbito de la didáctica intentan salvarse mediante un curso, con una duración máxima de un año, orientado específicamente a la faceta pedagógica. Nos encontramos, por tanto, ante un modelo de formación yuxtapuesta, donde primero se recibe una formación académica sobre una determinada materia y solo posteriormente, y únicamente en el supuesto de que el interesado decida orientar su futuro hacia la labor docente, se le imparte una formación pedagógica que en muchos casos puede considerarse notoriamente insuficiente.

4º) El resultado de todo lo anteriormente expuesto es que, en el momento actual, cabe apreciar importantes carencias en la formación inicial del profesorado. En el ámbito estrictamente académico los profesores han recibido una formación especializada que resulta de difícil aplicación en su labor docente diaria en el aula. Pero sin duda las mayores lagunas aparecen en la formación recibida de tipo pedagógico. El profesor “novato” carece de formación para hablar en público; tampoco recibe ningún tipo de ayuda suplementaria durante sus primeros años de docencia y, en la mayoría de los casos, desconoce los problemas a los que ha de enfrentarse en la Escuela. Si a ello debemos añadir el hecho de que en muchas ocasiones a este profesorado le es asignado los centros y alumnos más problemáticos, resulta sencillo explicar sus problemas de adaptación a su nueva labor.

5º) En muchos casos, y ante estas carencias formativas, el profesor tiende a utilizar esquemas o patrones de conducta tomados de su propia experiencia personal como alumno. Para entender correctamente  esta idea hay que tener en cuenta que la profesión docente es la única en la que cualquiera ha visto a lo largo de su vida escolar, trabajar “in situ” a profesionales de la materia. En muchos casos esta forma de proceder de los nuevos profesores puede lleva a una simple repetición de conductas, sin que se den nuevas aportaciones metodológicas.  Es decir, a la hora de dar clase puede valer mas lo aprendido por  la propia experiencia que aquello que se ha enseñando en los Centros de Formación.      

 

La formación continua del profesorado en el siglo XXI

1º) En las sociedades actuales estamos asistiendo a un complejo proceso de transformación, derivado, entre otros factores,  de la abundancia de fuentes de información con las que cuentan los alumnos aportadas en buena medida por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.  Es evidente  que todos estos cambios tienen una incidencia clara en las Escuelas, siendo por tanto  necesario adecuar los conocimientos y actitudes del profesorado para dar respuesta a la nueva sociedad de la información.

En síntesis se hace preciso replantear las funciones que han venido desarrollando tanto los Centros educativos como el profesorado.

2º) Los conocimientos en la actualidad tienen fecha de caducidad y ello obliga a establecer  garantías y mecanismos formativos que permitan que los profesionales actualicen su competencia de forma permanente. En el siglo XXI la sociedad exige de los profesores una permanente actividad de formación y aprendizaje.

3º) En la actual problemática de la formación continua del profesorado debería valorarse la incidencia que sobre la misma tiene el tema de los sexenios y su componente económico.  A pesar de que este componente económico pueda ser favorable para la formación, desde otros enfoques se ha apuntado la posibilidad de que el profesorado se vea obligado a realizar, en algunos casos, actividades formativas sin relación con su labor diaria o con su área de conocimientos ante la necesidad de cumplir el requisito de las horas de formación.  Para solucionar este problema algunas opiniones apuntan a la necesidad de una mayor relación entre la formación recibida  y la actividad real del profesorado o las necesidades del centro.

4º) Los profesionales de la enseñanza se enfrentan a cambios sustanciales en los años próximos, los profesores tienden a ser más guías, tutores o mediadores. Las poblaciones adultas, inmersas en un proceso de aprendizaje permanente, serán las responsables de su propia formación, siendo de importancia máxima la función orientadora continua de los docentes.

 

Las escuelas de padres como agentes formadores

1º) Las Escuelas de Padres son un medio para compartir valores entre los distintos componentes, fundamentalmente padres y profesores, que conforman un centro educativo. Para ello es especialmente importante que los distintos integrantes del mismo asuman conjuntamente las finalidades educativas del centro, para lo cual es especialmente importante partir de la idea general de que la función de toda Escuela no debe ser la de transmitir únicamente una serie de conocimientos académicos, sino también la de educar  para las distintas facetas de la vida, siendo esta última una labor que compete a  todos los integrantes de la comunidad educativa.

2º) Los Padres, como elemento esencial y básico de la sociedad, deben tomar parte activa en el mantenimiento de valores iniciales, con el fin de posibilitar que los alumnos se conviertan en un futuro en ciudadanos críticos, libres y responsables, capaces de aceptar o no distintas ideas y pensamientos. Es necesario considerar que la responsabilidad de la familia en la educación de sus hijos debe abarcar no solo el estricto ámbito familiar, sino que la misma debe extenderse a otros campos, fundamentalmente al del centro educativo.

3º) Las Escuelas de Padres como agentes formadores deben asumir un modelo organizativo, el cual puede basarse en los siguientes principios:

-          deben servir como cauce de revisión y aprendizaje para los padres en aquellos asuntos que conciernen a la educación de sus hijos

-          han de buscar mejorar la comunicación entre los todos los integrantes que tienen una incidencia en el centro educativo, tanto entre padres y profesores, como entre los padres y sus propios hijos.

-          deben permitir la integración de los padres en el colegio, de forma que se aproximen y conozcan mejor la realidad del centro

-          han de servir de ayuda para compartir valores, tanto los derivados de temas transversales, que han de reflejarse en el currículo, como aquellos que tengan su origen en el contexto social, cultural y económico del centro y que lógicamente debieran reflejarse en el proyecto del mismo. 

4º) Las Escuelas de Padres no deben considerarse como estructuras formales encaminadas a la toma de decisiones operativas a corto plazo, no siendo esta su función. Sino que deben entenderse como elementos de naturaleza informal para la reflexión, el diálogo y el consenso entre los integrantes de la comunidad escolar.

    Tampoco deben verse como elementos que desempeñan una función meramente decorativa, sino más bien como estrategias para crear un adecuado ámbito de diálogo educativo acerca de los fines  y medios de la educación, intentando responder de forma conjunta a las preguntas que cabe considerar claves de la educación: ¿por qué educamos?, ¿para qué educamos? Y ¿cómo educamos?, y creando de esta manera una auténtica comunidad educativa, más allá de los planteamientos puramente institucionales.

 

Propuestas de mejora

1º) En el ámbito de la formación inicial del profesorado se aprecian problemas estructurales de diversa índole. Así, en el caso de los profesores que imparten docencia en centros de Educación Infantil y Primaria parece necesario reivindicar una formación de los mismos con nivel de Licenciatura universitaria, debiendo la misma ir acompañada de un período de prácticas mas diversificado y extenso.

2º) Por lo que respecta a la formación inicial del profesorado de secundaria cabe considerar oportuno obviar el modelo de formación yuxtapuesta anteriormente mencionado, introduciendo en el currículo universitarios materias optativas de carácter didáctico y psicopedagógico y pasando a integrar la formación académica del mismo con la imprescindible cualificación pedagógica. 

   Se debe profesionalizar la formación inicial del profesorado, procurando conjugar  la necesaria e imprescindible formación teórica del mismo, con un reforzamiento de las prácticas vinculadas a dicha teoría, y teniendo como objetivo avanzar en el aspecto fundamental de la formación inicial del profesorado: la relación teoría-práctica.

3º) Por lo que respecta a la formación continua o permanente del profesorado de los distintos niveles o etapas educativas parece necesario introducir cambios en la forma de aprender, acentuando la idea de que la responsabilidad de la formación continua debe recaer cada vez más en mayor medida en los propios docentes.

    Para ello es importante considerar el centro educativo como un espacio en el que no solo se va a enseñar, sino donde también puede y debe irse a aprender, tanto de los otros profesores como de los propios alumnos.

 Para que esta idea sea posible es necesario superar el tradicional aislamiento que caracteriza a la profesión docente, debe observarse la forma en que otros profesores imparten sus clases, puede recurrirse a grabaciones de las propias clases, cabe, asimismo, introducir, como ocurre en otros países, la figura del asesor de docentes que aconseja y ayuda a superar limitaciones o errores en la forma de impartir las clases.

4º) En el momento actual adquiere una mayor importancia la idea de la autoformación, no como un aprendizaje del docente aislado de la sociedad, sino mediante la adecuada utilización de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información que nos permiten a todos compartir experiencias y métodos didácticos a través de las redes de profesores y escuelas y que tienden a facilitar un aprendizaje flexible e informal.

       Todo ello bajo la premisa de que la  formación continua debe ir dirigida a asegurar un aprendizaje de calidad de nuestros alumnos, para lo que es necesario adquirir un compromiso con la innovación y la actualización. Una formación en definitiva que contribuya a reprofesionalizar la docencia frente  a quienes pretender simplificar la complejidad del acto de enseñar.

5º) En cuanto a las Escuelas de Padres como agentes formadores las mismas deben considerarse como una estrategia muy interesante en el ámbito del diálogo educativo.

Estas Escuelas deben promover la participación de las familias en la educación de sus hijos, convirtiéndose en foros de comunicación y transmisión de valores, a la vez que en lugares donde se intercambian experiencias educativas y donde pueden profundizarse en todos aquellos aspectos de interés para la comunidad educativa.

6º) La experiencia demuestra que lo más habitual es que quienes acuden a estas Escuelas de Padres sean aquellos que no suelen formar parte de la denominada “población de riesgo”, sino que por el contrario se trata de los padres más preocupados y concienciados con los problemas educativos,  los  que más suelen participar en estas experiencias,  por ello parece conveniente que, aún siendo conscientes de la dificultad de ello, los distintos integrantes que desarrollan sus actividades en el centro,  y especialmente las Asociaciones de Padres de Alumnos, intenten atraer a las Escuelas de Padres a los grupos de padres que mantienen un contacto menor con el entorno del centro, haciéndoles ver la utilidad de estas reuniones informales.

 

Sociedad Española de Pedagogía (http://www.uv.es/soespe). 

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