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DÉCIMA CONFERENCIA MUNDIAL TRIANUAL

 10 th TRIENNIAL WORLD CONFERENCE

 

Pedagogía de la diversidad: /  Pedagogy of Diversity:

 Creando una cultura de paz  /  Creating a Culture of Peace

 

Una experiencia de proyección cultural en Centros Penintenciario desde la UNED

Dra. Asunción Alba

 

 


 

Estimados amigos:

 

Representa para mí un motivo de satisfacción inmensa el dirigirme a Vds. en este Congreso como representante de algo que en principio muchos de nosotros catalogamos de entelequia, quimera, o, cuando menos, de un florido ensueño que nos parecía irrealizable.

            Hace ya año y medio que un grupo heterogéneo de personas procedentes del mundo de la docencia, de las artes, las ciencias y las Humanidades en general nos pusimos a calibrar los pros y contras que a todos y cada uno de nosotros supondría la posibilidad de involucrarnos en un proyecto de solidaridad para con alguno de los sectores más necesitados o menos favorecidos de nuestra sociedad.

            Como toda génesis, como todo alumbramiento, era difícil, arduo y complicado. No contábamos con más bagaje  que nuestra ilusión y unas tremendas ganas de ayudar a dar vida a una criatura en principio innominada y  que, con el correr del tiempo, tomaría carne de verdad.

            Puestos a la obra, imaginamos que no sería tan descabellado el hacer realidad nuestras voluntades y poner rumbo a ese particular estado, segmento o espectro representativo de miles de ciudadanos que, por unas u otras circunstancias, se encuentran “al otro lado”, en esa intersección o territorio desierto en el que los espejismos cobran status de realidad y una simple gota de agua se antoja más que suficiente para saciar todas las bocas.

            Me estoy refiriendo a las cárceles, a los establecimientos penitenciarios en los que hombres y mujeres  “pagan”, “cumplen”  o “se rehabilitan”   -llamémosle como queramos- por los delitos, las vejaciones, las heridas infligidas en el tejido social de una ciudadanía de la que ellos mismos eran miembros y que han vulnerado.

 No pretendemos hacer política con estas líneas, ni mucho menos demagogia  o fuegos de artificio. Todos los aquí presentes sabemos que la palabra es un instrumento peligroso y, si no se baraja con cuidado, con ductilidad, con humilde soberanía, puede llegar a convertirse en nuestro enemigo más íntimo.

No, nuestro propósito fue ver cómo podríamos “arrimar el hombro” desde la prudente generosidad, el desapego, desde la dicha más desinteresada hacia ese colectivo roto, privado de libertad extrínseca y, por ende, condenado a una cotidianidad en la que la desidia, el hastío, la descargada o inexistente comunicación de ideas hacen que cunda el desánimo, el abandono personal y, en muchos casos, la simple emoción de concebirse  seres humanos.

            A ello nos pusimos, contando con la aquiescencia de las autoridades académicas. Gracias, Sr. Rector, Sr. Vicerrector responsable del Programa  Universidad y Sociedad, y sobre todo, Sra. Vicerrectora de Alumnos y Coordinadora del Programa de Centros Penitenciarios de esta Universidad por el entramado humano puesto a nuestra disposición.

            También la ONG Horizontes Abiertos, presidida por Jaime Garralda, nos abrió sus brazos, acogiéndonos como hermanos recién llegados, y nos presentó al personal directivo, educadores, maestros y funcionarios cuyo diario contacto con los reclusos fue imprescindible para conocer la particular idiosincrasia de cada Centro y la problemática interna de la población que allí nos íbamos a encontrar.

Nuestra primera andadura fue intentar representar Esperando a Godot, de Samuel Beckett, dirigida por el director de escena Denis Rafter e interpretada por un grupo de presos de Aranjuez. Hay mil y una anécdotas al respecto, pero no podemos entretenernos ahora en ellas. Baste decir que después de 32 más o menos frustrados ensayos, el “...nada que hacer” que formula Estragón al principio, resonó por fin en el Auditorio del citado Centro. Después los actores nos agasajaron con patatas fritas, delicadamente puestas en la cubierta de plástico a modo de barquito, a cuantos habíamos ido a verles y escucharles. Uno de ellos nos dijo que cuando estaba “fuera” había sido camarero de profesión y que durante ese rato fue feliz porque le parecía “haber recobrado la libertad por unos instantes”.

Aquél fue como nuestro bautismo de fuego. Después ya todo ha sido un ir y venir continuo en el que cada semana no dejamos de sufrir algún percance con el que deleitarnos, pues pronto nos dimos cuenta de que esas “personas desconocidas” a las que visitábamos comenzaban a enriquecerse y enriquecernos, llegando a establecerse una empatía, una comunión real y sincera que dura hasta el día de hoy, ya que –como  acertadamente señalara Krishnamurti– “el problema de cualquier ser humano, bien mirado, es el de todos”.

Hemos aprendido mucho más que lo que hemos enseñado al darnos cuenta de que ellos, los internos, nos esperan cada siete días con las manos abiertas viéndonos      “como personas que se preocupan por ellos, que comprenden  sus desolaciones del alma”, la radical impotencia que transmiten sus ojos, su mirada perdida, ese matiz de voz con el  que unas sencillas “gracias” explicitan volcanes internos.

            Y es que, de verdad, ha sido fácil. Lo que precisan, lo que demandan es ser  reconocidos “desde dentro”, y no como  cuando se lee una historia más de las que aparecen publicadas en la Sección de Sucesos de cualquier diario.

            Desgraciadamente, de vuelta de tantas cosas de esta vida, no necesitan “salvadores” o “gurús” que se les pongan delante para impartir lecciones magistrales o largos discursos acerca de todo lo posible y lo imposible.

            Hemos observado en estas personas una gran capacidad de apertura. Están ansiosos por abrirse a alguien en quien confiar, expresar sus problemas albergando la esperanza de ser comprendidos, de ser escuchados. Echan de menos su anterior entorno, sus seres queridos, y, en no pocas ocasiones, son víctima de “remordimientos que consumen” y aun de “proyectos de venganza que se meditan una y otra vez, de día y de noche y que no acaban de perfilar.” Por eso en el conferenciante debe haber sobre todo una actitud inicial de escucha, de hacer de receptáculo de esas preocupaciones que les desbordan. En ese sentido es más importante  tener una actitud receptiva que el estar convencidos de poder enseñar cosas para  que  superen su situación.

            Oyéndoles con un poco de interés sale enseguida algo que les desborda: es la herida que llevan dentro, su dolor; un dolor con ramificaciones de lo más variado y complejo: por lo que afecta al tiempo de su estancia en el centro, a su propia vida, a su vida familiar, laboral... Bien es cierto que hay en ellos una tendencia a ver la causa de todo ello en los males de la sociedad, en la estructura de ésta, etc. Tampoco se trata de inculparles a ellos, ni de exonerarles, pues ése no es nuestro cometido.

            Nos vienen al recuerdo las palabras de Rosa Ayala, miembro de la junta directiva del Comité Internacional de Educación para la Paz, quien en su obra Del Odio al Amor, en el capítulo “Los traumas de la guerra” afirma: “Todos estos traumas de la violencia vivida se mantienen guardados en la mente, y se alimentan con el rencor, hasta llegar al odio. Y lo peor es que te quitan la paz interior, la posibilidad de vivir con serenidad y felicidad, y también de pensar en un futuro diferente. .. Durante la guerra los niños no pueden jugar, no tienen ningún tipo de diversión y crecen privados de todo tipo de libertad. Su pensamiento es triste. No pueden desarrollar tampoco su voz, porque siempre tienen que estar hablando en secreto. Lloran por hambre, por sed, por tristeza, por sentirse marginados y también por sentir falta del amor y cariño de los padres. Todo les hace falta... Pero hay algo que lo lleva a uno a salir de la trampa del odio, y es el tomar en cuenta que ningún pensamiento de venganza o hecho de violencia nunca podrá regresarte (sic) la vida de los que murieron... A pesar de todos los horrores vividos, hoy puedo decir con toda sinceridad que alcancé la meta de “transformar el odio en amor”.

Nos ha parecido oportuno hacer esta cita, no sólo por la temática del Congreso que hoy nos aglutina aquí, sino porque, mutatis mutandis, aun cuando sus palabras están escritas en otro contexto y no en el nuestro, la autora ha expresado con  plasticidad esa inestimable fuerza constructiva, capaz de canalizar la energía en acciones positivas para la humanidad.

            Retomando nuestro tema, se trata, pues, de acoger el cúmulo de problemas de los internos y, desde él, intentar entre todos hacer algo de luz. Aquí cabe la tentación del recurso fácil a hacer demagogia cargando las culpas a la sociedad o a la falta de libertad que tienen en el centro penitenciario. Creemos que hay que ser conscientes de la extraordinaria  labor que hace el personal del centro con ellos e insertar en él nuestro pequeño trabajo. Los que llevan la carga son los diversos funcionarios que pacientemente  les atienden día a día y cuya labor nos ha parecido siempre de gran profesionalidad.

            Y es desde estas coordenadas desde donde puede arrancar nuestra aportación hacia estas personas. En primer lugar, empatizando con ellos. Queremos decir que si nosotros nos hacemos un poco cargo de su situación, entonces ellos no percibirán un hiato entre su mundo de dentro, del centro, y el conferenciante que viene de fuera. Percibirán así una actitud unitaria donde no tiene sentido hablar de los de fuera y los de dentro.

            Y desde esta postura aprovechar la ocasión para profundizar en un sentido de la libertad que no tiene que ver con las puertas cerradas de su particular ámbito Se trata de ayudarles a hacer las paces con su situación; de enfocarla de tal manera que la acepten como una posibilidad de crecimiento y no como una losa que les hunde. Se trata de hacerles ver que, por muy diversas que sean las circunstancias, tienen una oportunidad de hacer algo, de reflexionar sobre sí mismos, etc. La mera espera de terminar su estancia en el centro es algo que tiene que enajenarlos.

            En este clima de recuperación, es cierto que tienen dificultades y pueden encerrarse en sí mismos. Las charlas y coloquios son una oportunidad de ensayar esta puesta en común de valores importantes que luego ellos pueden ir continuando con otros. Si consiguiéramos despertar la inquietud por el saber y de alguna manera llenar su mente de espacios abiertos hacia el mundo de la cultura, es posible que ésta fuera la mayor ayuda que pudiéramos ofrecer a los internos, todos seres distintos, cada uno con su historia. Parafraseando a Charles Chaplin, el gran juguete que el hombre tiene es su mente.

            Casualmente cayó en nuestras manos la obra Cárcel, tierra de metamorfosis, publicada este mismo año, cuya lectura nos ha hecho recapacitar sobre aspectos y dimensiones de la justicia, aplicada “para rehabilitar y reconstruir al ser humano, con toda su profundidad”, como dichosamente ha visto que puede realizarse el autor, Yves Aubry, quien se pregunta: “¿Esa manera de ver la realidad humana,  no produce cierta unión en la vida del detenido, entre la dura ley (dura lex) que dice: “ven aquí para que te castiguen”, y la misericordia que dice: “ven aquí para que te curen?”

 Hemos percibido que, a pesar de que hay muchas personas hundidas que no ven ninguna salida, es mayor el número de los que abrigan una esperanza en esas circunstancias. Y eso es una ocasión para que ellos fomenten esos diálogos en ausencia de profesores, conferenciantes, etc.

            Creemos que en la medida en que se ponga un esfuerzo en un análisis de su situación, análisis no frío, pero sí objetivo - porque la verdad y la curación no tienen por qué desfigurar la realidad- en esa misma medida se les ayudará a afrontar esa realidad. Desde ella, marginando sentimientos negativos de hundimiento o rechazo, se puede ayudarles a crear un clima de verdadera libertad y de recuperación de sí mismos, tarea, por lo demás, que concierne a todo ser humano, sean cuales fuesen sus circunstancias.

            Como ya he dicho más arriba, sabemos que ante nosotros se congrega un colectivo de lo más heterogéneo, vasto e inopinado; un crisol en el que se funden  razas y culturas,  modos, costumbres y civilizaciones. Ya sea Madrid VI (Aranjuez), Madrid V (Soto del Real) o el  Establecimiento Militar de Alcalá de Henares, las perspectivas cambian dado el nivel cultural o las exigencias intelectuales de cada sitio.

No olvidemos que lo mismo nos encontramos con un yonkie de baja extracción social, que con un subsahariano huido no sabemos de qué en una patera, que con un colombiano o un salvadoreño traficantes de droga, o con un miembro de las Fuerzas Armadas (-¡humanos todos, al fin y al cabo!-), caído  en franca desgracia, pero cuyo código de honor y cultura nos obligan a un plus de exigencia intelectiva mayor, si cabe.

            Semanalmente los visitamos, a unos los miércoles, a otros los viernes y pensamos seguir haciéndolo mientras ellos nos lo permitan o nos lo demanden, ya organizados como ONG independiente (“Punto Cero” es el nombre que hemos sugerido) con estatutos y finalidades propios, aunque sin dejar de estar vinculados a la UNED, nuestra nave nodriza.

            Podríamos contar anécdotas sinfín que nos han hecho llegar nuestros compañeros, íntimas satisfacciones personales, como la que recibió uno de ellos  cuando aquel joven se le acercó al terminar su charla para decirle más o menos estas palabras:

            “-Mire, profesor, yo ya recobro mi libertad dentro de unos días, y, cuando salga, le prometo que voy a poner en práctica  todo lo que Vd. nos ha dicho hoy”; o la actitud de aquel interno, distraído y casi desatento cuando empezó la conferencia, pero que, al escuchar el Himno de la Alegría y leer su mensaje en la fotocopia que se les dio,  le brillaron los ojos de emoción y al final se fue a pedir una copia de la cinta a la conferenciante; o cuando otro de los reclusos le pidió al profesor que, por favor, se fuera dos veces por semana en vez de una,  porque él apenas tenía visitas a lo largo del mes, y la nuestra era algo ilusionadamente esperado ...

            Resumiendo, y ya para terminar, todas las personas que ahora mismo integramos este Grupo (me gustaría nombrar a todos, compañeros y amigos, pero no es posible por cuestiones de horario) tras un año largo de experiencia de trabajo de campo, hemos  tratado temas muy diversos, como puede verse en la siguiente  relación que a continuación exponemos:

Platón y Epicuro: la filosofía como ausencia, El ser de Parménides como finalidad, La vorágine laboral:¿Existe el homo ludens?, Globalización y soledad, Nietzsche, lluvia de otoño sobre Occidente,  La pena de muerte: ¿Una sinrazón?, Poesía actual, La meta del Camino de Santiago, Los Simpsoms como símbolo de trasgresión en la  Norteamérica actual, Visión del hombre en Wagner y en Beethoven, Las relaciones humanas, Narrativa fantástica,Oriente y Occidente: racionalidad y realismo,  Heidegger y Unamuno, Aprender a escuchar, La disolución metafísica,  Vocablos de mi pueblo,  Ciclo sobre personalidad creadora y  adaptación social, Ciclo sobre musicoterapia, Ciclo sobre la luz de lo cotidiano en la pintura de Zurbarán, Reconocimiento de la voz, Poesía social, Yo y mi trascendencia, Aprendiendo Derecho con coplas, Andalucía: recuerdos y música, Influencia de los mass media, El concepto del dolor en Krishnamurti, Metodología de la enseñanza de las lenguas, El hombre rebelde según Camus, Música y poesía: la nada del sufismo,  Teorías platónicas acerca del alma y del estado, La Biblia, el libro más leído del mundo, Reflexiones sobre el Pensamiento Único, Mujer y sociedad, Fe y confianza en uno mismo, base de una personalidad equilibrada, El hombre de hoy frente a la historia, Mecanización en el mundo actual: ventajas e inconvenientes, El cine como cultura, La Sociedad Abierta, Macignon, un Gandhi moderno,  Los Viajes de Sir John de Mandeville, La búsqueda de la felicidad en la época  actual,  Lenguaje y personalidad, Los libros de mi vida, El año 1000 como símbolo de cambios, La relación hombre-animal a través de la historia, Los pasos perdidos, La música, farmacia eficaz, Amor y humor en la poesía, Los primeros tiempos de la Química, Conflictos de la personalidad: solución de cada día, El hombre del Paleolítico, La infancia del tercer mundo (Paraguay), La paideia sofista, Arte y creencias en Egipto, Cuestiones financieras de la economía, Adaptación y éxito en la vida moderna, El francés, lengua de cultura,  Problemas curiosos  de matemáticas, La melancolía ¿un tipo de misticismo?, Novela norteamericana actual, Datos de psicoanálisis en La Regenta, Sublimación y trascendencia: tres ejemplos del siglo XVI,  El humanismo en Velázquez,  Importancia de la relajación y el yoga para el desarrollo humano, Tartessos, El horror cósmico en H. P. Lovecraft, Jorge Luis Borges: una visión tras la niebla, ¿Necesitamos la poesía para la vida?, Entusiasmo y creatividad personal, La cosmogonía, La figura de Carlos V, Diez secretos del amor abundante, Napoleón, Vidas increíbles, Rubens y su tiempo, Albores de la filosofía: un espectro de la serenidad, El Plan Hidrológico Nacional, ¿Para qué sirve la historia? Necesidad de la asistencia psicológica y psiquiátrica, El futuro del hombre ante la nueva era, Últimos cambios de la población española, Cine  de post-guerra: expresionismo y neorrealismo, La mística de Lawrence de Arabia, El tema de la compasión en la obra literaria de María Zambrano, Lectura y comentario de poemas clásicos, El ruiseñor y la rosa: violencia contra la mujer en diversas civilizaciones, Equilibrio y madurez, secretos de una vida de triunfos,  Eco de los clásicos en el siglo XXI, Don Quijote hoy, El Verbo que no cesa,  etc..., en fin, un variado menú sin duda, ¿no creen?... Bueno, pues nada de esto hubiera sido posible sin la concurrencia cómplice de maestros educadores, funcionarios que cuidan cada día de los internos y nos hacen llegar sus peticiones y sugerencias.

A todos ellos, gracias y, sobre todo, a vosotros, queridos colegas y amigos, que habéis tenido la deferencia de otorgarnos un pequeñísimo lugar para escucharnos pacientemente en este Congreso, gracias, muchas gracias.

 

Sociedad Española de Pedagogía (http://www.uv.es/soespe). 

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