LA
CONVIVENCIA EN LOS CENTROS ESCOLARES COMO FACTOR DE CALIDAD
PRESENTACIÓN
Las propuestas para la mejora de la situación de la convivencia
en los centros escolares que presentamos a continuación son las conclusiones
de las XII Jornadas de Consejos Escolares de las Comunidades Autónomas y del
Estado, celebradas durante los días 8, 9, 10 y 11 de mayo de 2001, en
Santiago de Compostela, organizadas por el Consejo Escolar de Galicia.
En estas jornadas participaron, como viene siendo habitual, las
Comisiones Permanentes del Consejo Escolar del Estado y las de los dieciséis
Consejos Autonómicos que están constituidos. La mayoría de los asistentes
estuvo, pues, formada por los representantes de los distintos sectores de la
comunidad educativa: profesores, padres y madres de alumnos y la representación
del propio alumnado, sin que faltase tampoco la participación de otros
sectores: representantes municipales, de las administraciones educativas, del
mundo sindical y de la patronal, de la universidad, etc.
Las Jornadas de Consejos Escolares vienen celebrándose con carácter
anual desde el año 1990, organizadas por los distintos Consejos, y responden al
propósito de los participantes de intercambiar datos y estimaciones, de hacer
convivencia y de debatir conjuntamente sobre problemas que, por afectar a la
situación del conjunto del sistema educativo español, afectan al Estado en
cuanto tal y a todas las Comunidades, no obstante las diferencias que puedan
apreciarse entre ellas. Responden, en definitiva, al interés por cumplir una de
las funciones que los Consejos Escolares tienen encomendadas en sus respectivos
ordenamientos: la de formular propuestas a la Administración en relación con
la mejora del sistema educativo.
Con este propósito, en distintas convocatorias, se ha ido
debatiendo sobre participación social en educación, órganos directivos de
los centros escolares, educación infantil, formación profesional, educación
de personas adultas, profesionalización y deontología de la función docente,
la implantación de la ESO, la dimensión europea de la educación, la autonomía
de los centros escolares, atención a la diversidad y escuela intercultural,
etc.
En la presente ocasión fue objeto de análisis y debate el tema
de La convivencia en los centros escolares como factor de calidad. Cada
Consejo Escolar realizó durante el curso un análisis de la situación en su
territorio, presentándolo luego a la organización de las jornadas y formulando
en relación con esa situación unas propuestas de mejora. Estas propuestas
fueron luego sintetizadas por el consejo organizador en documento remitido a
continuación a todos los participantes, abriéndose plazo para presentación de
las enmiendas que serían posteriormente debatidas en el curso de las jornadas.
Se llegó de esta forma a la aprobación del documento de conclusiones que a
continuación se transcribe y en la que se presenta la amplia gama de medidas
que se proponen con vistas a la mejora de una situación de suyo plurifacial y
compleja.
Ángel González Fernández
Presidente del Consejo Escolar de Galicia
CONCLUSIONES
I. PERCEPCIÓN DE
LA SITUACIÓN
I.1. El trabajo en los centros educativos es una tarea
que implica al conjunto de la comunidad educativa. Sus diferentes miembros se
enfrentan cada día con su labor. El profesorado ha de optimizar su tarea
docente y educativa, el alumnado ha de aprender y dominar los contenidos
educativos y formarse globalmente. En algunos casos estas tareas debe realizarse
en un contexto o ambiente poco agradable o poco favorecedor. En manos de los
agentes educativos está la posibilidad de mejorar este ambiente para facilitar
la labor prioritaria: enseñar y aprender. Así podrán dedicar todas sus energías
a seguir con éxito el proceso educativo que es el objetivo que se persigue.
Puede favorecer o dificultar el proceso educativo el ambiente
que se crea en el aula o en el centro de una forma más o menos permanente a
partir de la interacción que mantienen los diversos agentes educativos:
profesorado, alumnado y demás miembros de la comunidad educativa. En el caso
del aula, se añaden a la interacción las características del área, el método
y el espacio; y en el caso del centro, el estilo organizativo y de gestión, los
espacios y otras características del centro.
I.2. La convivencia es un objetivo específico y
fundamental de todo el proceso educativo que conlleva actitudes y
comportamientos respetuosos, positivos y de consenso por parte de todos los
sectores de la comunidad escolar. Su finalidad es la formación para un vida
social adulta y la mejora del clima escolar.
En este empeño resulta imprescindible la cooperación de toda
la sociedad. En efecto, la convivencia en los centros supone, en parte, un
reflejo de la convivencia en la sociedad, con las contradicciones y problemas
que se observan en la misma. Por ello, no resulta fácil aplicar soluciones
definitivas para abordar la problemática de la convivencia en los centros
educativos si en la sociedad en la que está inmersa la escuela se adoptan
posiciones de agresividad y violencia, sea en el aspecto físico o en el psicológico,
que inciden de manera directa o indirecta en los actores presentes en el ámbito
educativo. La mejora de la convivencia en los centros educativos debe enmarcarse
dentro de la necesaria mejora en las relaciones existentes entre las diversas
personas, grupos e instituciones que conforman la sociedad.
I.3. Con independencia de que el conflicto es algo normal
en toda sociedad libre y democrática, es preciso además tener en cuenta que el
sistema escolar ha sido siempre y es por su naturaleza misma conflictivo y
genera por sí mismo un elevado nivel de presión, imposición y violencia simbólica
sobre la población escolar: asistencia obligatoria (cada vez más prolongada),
cumplimiento obligado de tareas, convivencia forzada con los colegas no elegidos
por uno, aceptación obligatoria de normas y condiciones de funcionamiento,
autoridad y decisiones de los adultos, no siempre suficientemente consensuadas,
etc. Nada tiene de extraño que el sistema escolar suscite reacciones cada vez más
adversas en generaciones de jóvenes, pertenecientes a una sociedad que, por
otra parte, es cada vez más permisiva y laxa en el nivel de sus exigencias con
respecto a las generaciones jóvenes.
I.4. En la sociedad y en las familias existe en este
momento un elevado nivel de permisividad en relación con las actitudes y los
comportamientos de los jóvenes, y esta situación, con independencia de la
valoración que en sí misma merezca, hace que se debilite la capacidad de los jóvenes
para asumir el orden escolar, necesariamente caracterizado por el sentido de la
obligatoriedad. A pesar de que el sistema educativo exige unas imposiciones, hay
que ilusionar al alumnado para la adquisición de conocimientos.
Sobre las familias incide la crisis de los valores de las
sociedades tradicionales, que no se acierta a sustituir por otros, con el
consiguiente desconcierto. Al no saber muy bien en qué educar se suscita la
inhibición y la actitud permisiva. Esto no significa que la familia sea el único
factor de inhibición educativa, sino que existen otros elementos económicos,
sociales, culturales, etc. que influyen en las actitudes permisivas.
I.5. Globalmente los jóvenes disfrutan en la actualidad
de unas cotas de bienestar y de acceso al consumo impensables en la infancia y
adolescencia que vivieron las actuales generaciones adultas. Salvando
situaciones de claro desfase o abuso es evidente que el hecho no puede
considerarse negativo. Pero hay que ser también conscientes de que tener ya y
disfrutar de casi todo puede no favorecer especialmente la pedagogía del
esfuerzo, sólo rentable a largo plazo, y sobre el que se asienta precisamente
el sistema escolar, que se convierte, así, ante la estimación del joven, en
contradictor y enemigo.
Malo sería, desde luego, elevar la cota del esfuerzo exigible
hasta límites traumáticos o acentuadamente selectivos y discriminadores. Pero
tampoco procede rebajarlos hasta el extremo de hacerlos inoperantes o, lo que es
peor, consentir en establecer mecanismos que permitan burlar fácilmente las
exigencias del esfuerzo, contribuyendo de esta forma a que el joven se haga la
ilusión de haber conseguido lo que ni siquiera ha intentado.
I.6. Parece que en el tránsito entre dos siglos, con una
revolución tecnológica acelerada y de cambio de valores, y con más medios
materiales que nunca, estamos obligados a volver la vista hacia algunos de los
valores más elementales, como el respeto a los demás, la tolerancia, la
convivencia y la solidaridad entre las personas; los principios básicos de la
participación y la democracia; el respeto a los derechos humanos, al medio
ambiente, a la igualdad de oportunidades y al valor de la equidad.
Para ello, y dentro del ámbito escolar:
a)
Los docentes han de reflexionar sobre el papel y funciones que deben
desempeñar ante los cambios que se están produciendo en la sociedad. El
profesor actual "aprendió" las normas sociales de comportamiento en
una estructura y en un sistema diferente del actual. Por lo tanto, el modelo
anterior ya no sirve y el profesor tiene que cambiar de onda para que conecten
los receptores de los alumnos.
b)
Los padres y madres han de comprometerse a participar en la elaboración
y a favorecer el consenso y la aceptación de las normas de convivencia
familiar, escolar y social.
c)
Los alumnos han de participar y contribuir en las normas de convivencia
propuesta por los grupos de clase y las asambleas de alumnos, así como las
propuestas y aprobadas por la comunidad escolar.
d)
El conjunto de la comunidad educativa debe comprometerse en la mejora de
las normas de convivencia del centro.
I.7. Hay que ir a una visión amplia y positiva sobre la
convivencia y aún sobre la disciplina, que las sitúe en el marco de la calidad
de los procesos educativos y en la búsqueda de la armonía de las relaciones
entre las personas y entre las instituciones y sectores de la comunidad escolar.
No parece adecuado a la realidad que los problemas de
convivencia en los centros se presenten sólo en términos de conflicto y de
violencia; esto proyecta sobre ellos una fuerte carga de consideración
negativa, que lleva como consecuencia a reclamar medidas eminentemente punitivas
y de control, normalmente dirigidas contra los estudiantes, a quienes se
considera principales causantes de los conflictos producidos en la escuela.
I.8. La creciente importancia que se da, no sólo en los
medios de comunicación social sino también por parte de los poderes públicos
y de la misma comunidad escolar, a los temas relacionados con la convivencia
(violencia en las escuelas, problemas de orden y disciplina, hábitos poco
facilitadores de las relaciones entre los distintos sectores de la comunidad
escolar, etc.), no se ha correspondido hasta ahora con una política positiva de
iniciativas innovadoras y de acciones que den respuesta a los referidos
problemas. Malo sería encomendarlo todo a un proyecto de endurecimiento de las
medidas disciplinares y punitivas, que luego, a la hora de la verdad, nadie
llega de hecho a aplicar de todo, quizás porque acaba faltando convencimiento
acerca de su eficacia.
I.9. Es preciso incidir de forma positiva desde el mundo
educativo en el papel distorsionador que en el tema de la convivencia escolar
tienen los medios de comunicación, porque se considera que, a menudo, dan una
imagen equivocada tanto del profesorado, que se presenta como un colectivo
estresado y desilusionado, como del alumnado, que se presenta como conflictivo.
Esta imagen en ningún caso es representativa de la situación real en la que
nos encontramos.
I.10. Los medios de comunicación, tanto a nivel nacional
como en el ámbito de las diferentes Comunidades Autónomas, viene ocupándose
cada vez con más frecuencia de las acciones violentas que ocurren en el entorno
escolar. Lejos de tratar el problema en profundidad, algunos de estos medios
buscan causar impacto y producen en la mayoría de los casos una alarma
innecesaria que impide analizar el problema desde un óptica educativa y social
adecuada.
Debería exigirse mayor rigor a los medios de comunicación
social, especialmente a los de titularidad pública, en el cumplimiento de los
acuerdos firmados para la protección de la infancia, evitando aquellos
programas que promuevan contravalores y que propicien comportamientos
antisociales. Es necesario, por último, desarrollar en los medios de comunicación
campañas institucionales para que se valore la función educativa del
profesorado.
II. PROPUESTAS
CONCRETAS PARA LA MEJORA DE LA CONVIVENCIA EN LOS CENTROS
II.1. En relación con el
centro
II.1.1. El centro en su conjunto
II.1.1.1. Aunque el aula sea de suyo un marco
privilegiado, tanto en lo que respecta a la relación del profesor con el alumno
como del alumno con el profesor y entre los alumnos, es preciso establecer
mecanismos que permitan mantener este nivel cualitativo de relaciones más allá
de la clase en sentido estricto, de forma que el profesor sea educador y el
educando se considere efectivamente tal en todos los momentos y espacios.
II.1.1.2. Se considera que, ante un conflicto que afecte
a la convivencia en un centro, se deben agotar todas las posibilidades para
resolverlo con criterios pedagógicos en el marco más próximo a donde ha
surgido, con los recursos humanos y los servicios existentes en el centro. Además,
es importante convertir siempre los conflictos en una ocasión para aprender a
convivir.
II.1.1.3. Habría que detectar en cada centro cuáles son
los factores más importantes que están incidiendo negativamente en la
convivencia escolar, para poder actuar con conocimiento fundado sobre ellos.
Disponer de información objetiva sobre los tipos de dificultades más comunes o
más llamativas, conocer el contexto en que se producen, qué alumnos los
protagonizan, con qué profesores, con qué frecuencia. Analizar las posibles
causas y los remedios que se están aplicando. En todo caso, la crítica
constructiva y su aceptación pacífica supone un firme pilar donde fundamentar
la convivencia entre los grupos humanos en general, lo cual tiene una aplicación
especialmente relevante en el ámbito educativo.
II.1.1.4. Es sabido que el entorno físico condiciona de
algún modo las conductas humanas. Debe asegurarse que los centros reúnan un mínimo
de condiciones en su infraestructura y educar al alumnado en su conservación y
respeto.
II.1.1.5. Ha de abrirse el centro al desarrollo de
actividades en colaboración con organizaciones e iniciativas sociales del
entorno. Se trata de posibilitar que los propios alumnos y alumnas impulsen
actividades en organizaciones mixtas con entidades juveniles, del barrio, ONGs,
... Serán elementos de mejora de la convivencia la socialización con otros jóvenes,
el introducir en el centro proyectos para actuaciones solidarias, así como las
actividades artísticas con proyección al exterior. También sería efectivo,
en este sentido, llevar "invitados" al centro para participar en
charlas u otras actividades que hayan surgido de la iniciativa de los alumnos en
común acuerdo con departamentos, tutores y jefe de estudios. En definitiva, se
trata de romper el aislamiento que tienen los escolares en sus círculos de
amistad, que en ocasiones son excesivamente reducidos. En tal sentido ha de
entenderse un deseable incremento de la relación de la escuela y su entorno,
para que la escuela no quede aislada de las realidades cívicas en que se
inscribe.
II.1.2. El Proyecto Educativo de
Centro
II.1.2.1. La convivencia es objetivo formativo en sí
mismo y no ha de entenderse solamente en el sentido de que sea un simple medio
con vistas al aprovechamiento y progreso en los demás niveles de formación e
instrucción. Como tal ha de ser tratada en el Proyecto Educativo de Centro, en
el que se han de hacer explícitos los rasgos y características del modelo de
convivencia, de relaciones y de trabajo que se aplica en el Centro Educativo,
tanto en lo relativo a la convivencia interna dentro de cada sector
(profesorado, equipo directivo, personal no docente, alumnado y familias), como
de los diferentes sectores entre si.
II.1.2.2. Aunque haya una buena gestión global de la
convivencia, los problemas aparecerán, porque son propios del cualquier sistema
de relaciones humanas, pero la prevención contribuye a reducirlos. El
abordarlos y resolverlos con serenidad, con razonamiento, con implicación
cooperante de los afectados, conduce a su transformación en oportunidades para
madurar y crecer.
Con vistas a ello el PEC, debe fomentar la adquisición de
capacidades y habilidades sociales, un clima de relaciones positivo y las
estrategias necesarias para tratar los conflictos cuando se vislumbra su inicio,
mediante sesiones de tutoría y dinámica grupal. Deberán disponerse tiempos
escolares abiertos al diálogo, la expresión, la comunicación y el debate, con
estructuras de clase más flexibles.
II.1.2.3. Asimismo, el PEC debe tener en cuenta
cuestiones referidas a la disciplina, el orden, el silencio, el respeto a la
norma y aún los hábitos de limpieza y cuidado de materiales porque su condición
de medios los hace imprescindibles para una convivencia en que se garanticen los
derechos de todos y el bienestar colectivo. Por eso mismo, estos objetivos
formativos y aspectos de la convivencia no debieran estar hoy tan faltos de
estima.
Algo parecido habría que decir en relación con el uso
respetuoso del lenguaje y las normas de corrección en el trato.
II.1.2.4. Estos proyectos educativos de centro deberían
programar los temas transversales, atendiendo al entorno del centro, al medio
sociocultural y a la trascendencia de las necesidades educativas, haciendo del
espacio escolar un espacio para el diálogo social, no quedándose, como ocurre
frecuentemente, en una exposición meramente formal sino en una eficaz defensa y
actuación en el campo de los valores.
II.1.2.5. Nuestra sociedad en general y los centros
educativos de forma más concreta están adquiriendo cada vez una mayor
diversidad cultural. Los Proyectos Educativos, los Proyectos Curriculares de
Centro y las programaciones de aula han de ser elaborados desde una perspectiva
multicultural, prestando especial atención a las diversas realidades culturales
con las que deben convivir diariamente. De esta forma estaremos contribuyendo
desde el sistema educativo a que los estudiantes valoren la diversidad cultural
y aprendan a convivir en ella.
II.1.3. El currículo y la
transversalidad
II.1.3.1. Se debe poner el acento educativo en "el
aprender a ser", en formar a la persona, y se ha de priorizar el papel de
las actitudes, los valores y las normas como orientador del currículum. Se ha
de trabajar con los alumnos el desarrollo de la inteligencia emocional, de las
habilidades cognitivas, del razonamiento moral y de las habilidades sociales.
Todo ello dispensando un trato individualizado al alumnado para que pueda ser
atendido sea cual sea su nivel de aprendizaje.
II.1.3.2. Los contenidos del currículo han de ser
significativos para el alumnado y atender a sus necesidades e intereses,
propiciando una enseñanza más vital y vivencial, máxime en la etapa
obligatoria.
Así mismo, debería plantearse si los contenidos que se
imparten en la ESO y, en general, en la educación obligatoria, con un fuerte
componente disciplinar, responden a las necesidades de formación de los jóvenes,
sobre todo, de cara a su participación como miembros activos de una sociedad
democrática y compleja como la actual, al inicio del siglo XXI. En todo caso,
si hablamos de educar en y para la convivencia las habilidades de comunicación
para participar, debatir y discutir se convierten en las principales
herramientas que tenemos que fomentar.
II.1.3.3. Debe potenciarse decididamente la "educación
de los valores en los que se fundamenta la convivencia", adoptándose para
ello medidas concretas a múltiples niveles, desde una acentuación de los
objetivos actitudinales en todas las programaciones (con su correlato lógico en
las evaluaciones, sobre todo en los primeros cursos), hasta en las disposiciones
normativas de los currículos.
II.1.3.4. El carácter transversal de la educación en
valores exige un especial cuidado de previsión y una coordinación entre los
profesores que pasan por el aula o la etapa para que todos incorporen en esos ámbitos
las relaciones basadas en el respeto a las personas, así como los derechos
humanos de libertad, justicia, tolerancia activa, no discriminación por razón
de género, etnia, religión, lengua, el interculturalismo, la solidaridad,
especialmente con los más débiles… No sólo como objeto de conocimiento teórico
sino también como aprendizaje de actitudes y de comportamientos tolerantes y
solidarios.
II.1.3.5. Es preciso hacer efectiva la flexibilización
del currículo. Para muchos de los alumnos, y en especial para muchos de los que
tienen más dificultades en su itinerario escolar, el gran problema para
resolver es lo que se refiere a las exigencias curriculares. La conversión de
parte de la enseñanza secundaria en obligatoria está siendo una enorme fuente
de frustraciones y problemas para todos aquellos alumnos que no están en
condiciones de afrontar con éxito las exigencias crecientes de los programas
académicos.
Los centros escolares y los profesores no siempre disponen de experiencia
en este tipo de oferta complementaria, y la administración no siempre arbitra
los medios precisos para llevar a cabo una actuación curricular que afronte la
diversidad de los alumnos con ciertas garantías de éxito; tal efectividad debe
conseguirse en la medida que haya una aportación suficiente de medios y
recursos y el debido compromiso profesional de los equipos docentes. Parece
evidente que, mientras no se resuelva esta cuestión de la flexibilidad
curricular, estaremos ante problemas de convivencia de difícil solución con
simples medidas disciplinares.
II.1.4. Las normativas de régimen
interno
II.1.4.1. A convivir se aprende conviviendo y, por
tanto, en los centros escolares tiene especial trascendencia todo lo que regula
la convivencia: los derechos y deberes de sus componentes, las normas de
convivencia, los sistemas de resolución de conflictos, los mecanismos de
participación en la toma de decisiones, el reparto de poderes y
responsabilidades, las posibilidades de asociación, el funcionamiento de los órganos
colegiados, los criterios de distribución y utilización de tiempos y
espacios…No debe olvidarse un ningún caso que la experiencia confirma que, a
medida que aumenta la participación del alumnado, disminuye la conflictividad.
II.1.4.2. Se hace necesario que las normativas de
convivencia en los centros se elaboren y se reelaboren de forma constante, no sólo
por la necesidad de su continua actualización, sino también para poder ofrecer
así al alumnado la posibilidad de participar en su establecimiento.
Mal se podría pretender un elevado nivel de identificación de
los alumnos con las normativas si las encuentran ya hechas y promulgadas y no
hubo prácticamente participación suya en dicha elaboración y establecimiento.
La participación significativa en la elaboración de la norma lleva aparejada
la identificación con ella y un pacto implícito en favor de su acatamiento.
II.1.4.3. Las mismas normas del reglamento de régimen
interior pueden, en ocasiones, ser causantes de conflictos. En efecto, una
disciplina férrea, alejada de la realidad vital del alumnado, no ayudará a
crear un buen clima en el centro. Tampoco ayudan a un buen clima convivencial
las actitudes exclusivamente permisivas y comprensivas. Desde las actitudes de
autoridad y al mismo tiempo de comprensión, es decir, haciendo combinación de
autoridad y afecto, los niños y niñas aprenden a descubrir los límites y las
relaciones con los demás desde el respeto y la igualdad.
Por todo ello se debe utilizar con mayor frecuencia y rigor los
cauces de participación existentes: Comisiones de Convivencia, Junta de
Delegados, Asambleas de Aula, y superar el recurso a los RRI principalmente como
catálogo de faltas y sanciones, con los correspondientes procesos de instrucción
de expedientes sancionadores. Así pues, la construcción de los RRI será
objetivo que exige la participación y reconocimiento de toda la comunidad
educativa atendiendo a su entorno y necesidades específicas.
II.1.4.4. El Reglamento de Régimen Interno del Centro
debe contemplarse, no sólo como un código de sanciones, sino como la concreción
de los principios y objetivos del centro docente, ofreciendo un servicio escolar
para la formación de un modelo de persona libre que ha asimilado su propia
escala de valores y la proyecta mediante el ejercicio de la solidaridad y el
respeto a los demás, a las instalaciones del centro y a los bienes colectivos
sociales, culturales y medioambientales. Debemos evaluarlo periódicamente, para
conocer sus resultados.
II.1.5. El aula
II.1.5.1. La consolidación de una comunidad democrática
de aprendizaje tiene un primer referente que es el aula, porque es en ella donde
al final la interacción entre alumnado y profesorado definirán el ambiente
social que se manifieste en este importante recinto escolar. En este sentido han
de tenerse en cuenta los siguientes referentes y valores educativos: la
organización social del aula desde la perspectiva de la participación y no de
la pasividad del alumnado; el trabajo de éste, sea individual o grupal; el
empleo de estrategias metodológicas que fomenten la motivación, y la relación
profesor/alumno basada en la afectividad y comunicación y no en el
autoritarismo, teniendo presente que el clima del aula condiciona el clima del
centro.
II.1.5.2. La falta de motivación en un sector del
alumnado con respecto a los objetivos formativos del sistema escolar aparece
como determinante de situaciones conflictivas. Aunque el problema trasciende las
posibilidades de acción de la escuela y depende también de múltiples factores
familiares, sociales y políticos, el sistema escolar, operando sobre todo en el
interior del aula, y a través de los resortes del trato personal y de una
diversificada acción didáctica, puede conseguir mucho en este campo. Lo que señalamos
exige una reducción de la ratio que facilite la mejor atención a las
necesidades del alumnado, así como un incremento de las plantillas de los
centros que posibilite la autonomía en la organización de los agrupamientos.
II.1.5.3. Los alumnos aprenden, en gran medida, gracias a
las interrelaciones entre ellos. Es básica la dinámica del grupo clase para el
aprendizaje de todos sus miembros. El papel del profesorado no es, pues,
suficiente; un grupo que no fuera diverso frenaría el avance de sus
integrantes; de ahí la importancia del grupo clase y las relaciones que se
establecen entre sus componentes.
La convivencia tiene que fundamentarse en la aceptación de la
diversidad; esta es la que hace que la convivencia sea posible, rica,
interesante y provechosa para todos. Desde los centros se ha de promover un buen
aprendizaje convivencial, para que en el ámbito social los alumnos, futuros
adultos, se comporten correctamente y aprovechen las grandes posibilidades de la
diversidad humana.
La escuela ha de evitar que las diferencias se conviertan en
desigualdades. Las tendencias actuales favorecedoras de hacer agrupaciones
segregadoras, de agrupar a los alumnos en función del supuesto nivel académico,
no ayudan a la necesaria diversidad, lo cual dificulta la convivencia. Las
agrupaciones homogéneas no favorecerán la convivencia, el compañerismo, la
colaboración, la solidaridad y sí la competitividad.
La escuela ha de ser un instrumento imprescindible para evitar
uno de los grandes peligros del presente y del futuro: la exclusión social.
II.1.5.4. La obligatoriedad, junto con otros aspectos
relacionados con ella, comportan en estos momentos una realidad incuestionable:
la presencia en las aulas de ESO de algún sector del alumnado que, a veces, no
encaja con las actuales propuestas educativas de los centros.
Ante esta nueva realidad no sirve el planteamiento de que aquel
alumno o alumna que no se adapte o se integre que se vaya, postura que nos
llevaría a una escuela selectiva y excluyente. Tampoco son fáciles y viables
las soluciones que inciden únicamente en el profesorado.
Una opción coherente estaría en la apuesta por introducir en
la acción educativa el máximo de elementos que faciliten o favorezcan el
cambio (y, por tanto, la adaptación y la integración) en el alumnado,
considerando que algunos ámbitos de la institución escolar, especialmente el
curricular y el organizativo, pueden sufrir variaciones encaminadas a esta
finalidad.
II.1.6. La Comisión de
Convivencia
II.1.6.1. Se recomienda que en todos los centros
educativos se constituyan Comisiones de Convivencia con el propósito de
promover la convivencia en los centros. En dichas comisiones deberán estar
presentes todos los sectores implicados en la vida del centro.
Además de velar, en orden a la convivencia por el correcto
ejercicio de los derechos y deberes de todos los miembros que componen la
comunidad educativa, tendría que llevar a cabo también de una forma
prioritaria una labor preventiva con la finalidad de evitar hechos y actitudes
contrarios a la convivencia en el centro. Dicha labor preventiva se puede
concretar en aspectos tales como: revisión anual del RRI, plan de acción
tutorial sobre la convivencia con supuestos prácticos, colaboración familiar,
control de asistencia, atención a la diversidad, etc.
La Comisión de Convivencia debería de disponer de unos
mecanismos rápidos y coherentes de mediación para adoptar alternativas
educativas sin necesidad de recurrir a expedientes disciplinarios.
II.1.6.2. Se propone que se organicen cursos específicos
de formación (competencia social, mediación, etc.) para los padres y las
madres, especialmente los que formen parte de la Comisión de Convivencia del
centro, y que en la formación inicial y permanente de los maestros y profesores
se faciliten recursos y estrategias para tratar los problemas de convivencia.
II.1.6.3. En cada localidad hay que hacer programas
integrales y multidisciplinares en los que participe toda la Comunidad
Educativa, entendida en sentido amplio: centros educativos, concejalía de
educación, concejalía de bienestar social, familias, policía local, inspección
educativa y otras entidades.
II.2. En relación con los órganos
colegiados de gobierno
II.2.1. El Consejo Escolar
II.2.1.1. Es preciso dotar a los Equipos Directivos y a
los Consejos Escolares de autonomía y capacidad suficiente para impulsar y
concretar la convivencia tratando de evitar el acudir a procesos administrativos
complejos.
II.2.1.2. Dentro del marco de autonomía de
funcionamiento que las Leyes confieren a los centros educativos, se deberá
adecuar su organización, para dar respuesta a las dificultades que pusieran en
peligro la convivencia, en los términos siguientes:
Facilitar a los centros mayor autonomía organizativa y
curricular, apoyando, desde la Administración Educativa, aquellas iniciativas y
proyectos que, generados desde la comunidad educativa, estén orientados a una
mejora de la convivencia escolar
Prestar atención a otros aspectos organizativos del centro:
horarios, vigilancias en las horas de estudio y recreo, ya que las conductas
contrarias a la convivencia raramente se producen en horas de clase y dentro de
las aulas.
II.2.1.3. Los Consejos Escolares deberán realizar un
diagnóstico sobre la situación de la convivencia en su propio centro escolar y
sobre sus puntos fuertes y puntos de conflicto y tensión, como parte esencial y
previa para la adopción de acciones específicas al respecto.
La Administración educativa deberá preparar los materiales
oportunos y formar a los equipos directivos y Departamentos de Orientación en
las mencionadas técnicas de diagnóstico.
II.2.1.4. El Consejo Escolar tiene responsabilidad sobre
todos los procesos organizativos del centro que inciden en la convivencia y buen
ambiente.
II.2.2. El Claustro
II.2.2.1. En la mejora de las relaciones existentes en
los centros, el Claustro de profesores adquiere un papel de
especial trascendencia, dado su profundo conocimiento de los resortes de la
institución escolar. Los planes específicos de convivencia que deban ser
implantados en los centros tendrán que estar necesariamente influidos por las
consideraciones que al respecto presenten los miembros de este órgano.
II.2.2.2. Es muy importante la coordinación de todo el
claustro o, como mínimo, del equipo docente de nivel para actuar con los mismos
criterios, sobre todo en lo que se refiere a la coordinación curricular y al
seguimiento del alumnado.
Es imprescindible que el equipo docente, que en conjunto es el
que realiza la función tutorial, ponga en común el conocimiento e información
de los acontecimientos de cada aula, coordine los contenidos, las metodologías
y la gestión del aula y ajuste los criterios generales de evaluación, promoción
y certificación.
Para posibilitar lo anterior es necesario en todos los centros,
especialmente en los de secundaria:
a.- Hacer posible la existencia de equipos docentes que actúen
sobre un número reducido de grupos de alumnos y que lo hagan con continuidad.
b.- Disponer de tiempos en el horario de los profesores para que
pueda realizarse la reflexión y la coordinación en profundidad dentro de estos
equipos.
II.3. En relación con la
Dirección
II.3.1. Es importante el papel que puede jugar la Dirección
de los centros en este tema, como líder que fomenta el diálogo y la
convivencia entre los padres y todos los sectores educativos.
II.3.2. Otra de las medidas importantes en relación con
la convivencia es llevar a cabo estrategias concretas de formación de los
directores/as de los centros escolares, con cursos específicos de formación en
los cuales se introduzcan ejemplos prácticos de actuación en casos problemáticos
de conflictos entre alumnos, situaciones sociales o laborales complicadas, etc.
Eso les permitiría ir captando qué tipo de actuaciones son más pertinentes
para afrontar los problemas y para organizar la escuela de una manera operativa.
II.3.3. El equipo directivo ha de asumir el compromiso de
estimular y garantizar las actitudes que promuevan la convivencia evitando así
otras actitudes de inhibición que se producen a veces entre el profesorado. En
este punto adquiere suma importancia el papel de liderazgo que tiene el equipo
directivo para dinamizar a los educadores, así como el papel que tienen los
educadores para dinamizar a los alumnos y a las familias.
II. 4. En relación con toda la
comunidad escolar
II.4.1. La convivencia es un factor de calidad que debe
construirse de modo intencional y sistemático mediante las actuaciones de todos
los miembros de la comunidad educativa. Aprender a convivir es un objetivo
exigible a la institución escolar en todas sus etapas. Es preciso, por tanto,
que todos los agentes de la comunidad educativa, entre ellos todos los
profesores, no solo los tutores o los orientadores, se sientan corresponsables
de esta tarea.
Se observa que cuando un colectivo de docentes, padres y madres,
alumnos,... se proponen la realización de alguna acción en este tema de la
convivencia, se produce de forma espontánea una mejora, aún sin comenzar la
actuación concreta; por lo tanto, se aconseja realizar esfuerzos en la
planificación de actividades en este ámbito, aunque sus propósitos no sean
demasiado exigentes o ambiciosos.
II.4.2 . Las
encuestas revelan que todos los sectores de la comunidad escolar aprecian como
altamente positivo el empleo del diálogo como medio para resolver las
situaciones conflictivas. Se estima positivo su tratamiento directo y detallado
con las personas implicadas: profesores, estudiantes, y también familias, y que
solamente en casos excepcionales pase el asunto al consejo escolar o a la comisión
de disciplina.
II.4.3. Es preciso desarrollar un amplio plan de formación
dirigido al profesorado, familias, alumnado y personal no docente, que tenga
como objetivo destacar la importancia de tener establecido un modelo de
relaciones o de convivencia en cada centro educativo, que sea consensuado por
todas las partes, respetado por todos, y basado en la idea de que "sin
normas no podemos funcionar". El trabajo en grupo debe pasar del campo teórico
al práctico. No se puede olvidar tampoco que favorecer la participación es
favorecer la convivencia. Asimismo el conocimiento mutuo y el intercambio de
experiencias entre los centros facilitaría las relaciones entre la comunidad
escolar.
II.5. En relación con el
profesorado
II.5.1. El profesorado en general
II.5.1.1. Preparación específica
II.5.1.1.1. Se hace necesario introducir en la formación
inicial y permanente del profesorado los aspectos referidos al complejo mundo de
relaciones interpersonales en los centros: técnicas de motivación, habilidades
sociales, resolución de conflictos y estrategias para fomentar la participación.
Así pues, el futuro del factor convivencial en los centros educativos se debe
caracterizar por una preparación específica del profesorado tanto en los
aspectos teóricos como prácticos para atender situaciones relacionadas con la
convivencia y la conflictividad.
Es necesario, también, una formación graduada que vaya desde
la formación inicial, los cursos ofrecidos desde los servicios de la
administración o los centros de profesores, a la formación en los propios
centros y en las distintas zonas.
II.5.1.1.2. Aquellas Administraciones educativas que no
lo hayan hecho ya deben desarrollar de forma inmediata lo previsto en el artículo
24.2 de la LOGSE y su desarrollo en el R.D. 1692/1995 de 20 de octubre, (BOE de
09/11/95) en relación con el Curso de Cualificación Pedagógica para el
profesorado de educación secundaria, mediante convenio con las Universidades o
por iniciativa propia.
Durante los procesos de formación se fomentará en los
profesores una actitud de implicación en su tarea docente que les conduzca a:
- Evaluar el fracaso escolar como un factor importante de
desmotivación, que genera sentimientos de exclusión y actitudes reactivas de
agresividad en los alumnos.
- Establecer en las aulas estrategias metodológicas que
promuevan la cooperación entre los alumnos, mediante la constitución de
equipos heterogéneos de trabajo en el aula, como forma de atender a la
diversidad y mejorar, así, la convivencia.
- Reflexionar sobre la relación entre las decisiones
curriculares que se han de tomar en la práctica docente y la motivación e
implicación del alumnado.
II.5.1.1.3. Dentro de las tareas de preparación del
profesorado ha de procurarse la tutorización de quienes se inician en el
ejercicio de la docencia, dándoles a conocer las normas de convivencia, previniéndoles
de posibles situaciones problemáticas y ofreciéndoles ocasión para que ellos
aporten también sus opiniones y experiencias.
II.5.1.1.4. Es preciso superar los estereotipos vigentes
en relación con el profesorado de primaria y de secundaria, algo que puede
dificultar la relación entre ellos, sobre todo en la ESO donde ambos grupos de
profesores deben trabajar juntos. En este sentido las diferencias en su formación
y experiencia no debieran actuar como un factor de disgregación e incomunicación
sino como una posibilidad de complementación mutua. Cada uno de los grupos
puede aportar al conjunto una experiencia diversa pero que constituye una
dimensión necesaria para llevar a cabo la función educativa en la ESO. En este
sentido, sería deseable una mejora efectiva en la formación inicial del
profesorado de infantil, primaria y secundaria.
II.5.1.2. Valoración social
II.5.1.2.1. El liderazgo del profesorado posee un papel
primordial a la hora de contemplar Planes de actuación concretos en el ámbito
de la convivencia. Este liderazgo debe estar basado, entre otros factores, en un
prestigio personal ganado ante el alumnado, reconocido por el mismo y sustentado
en posicionamientos de razón y coherencia mantenidos por los docentes.
Asimismo, es fundamental trabajar por el reconocimiento y la dignificación
social de la función docente, lo que repercutirá en la autoestima del
profesorado y en una mayor motivación para el ejercicio de sus funciones.
II.5.1.2.2. Aunque la convivencia no esté necesariamente
vinculada a una igualación u homogeneización de situaciones o de categorías
profesionales, parece claro que las situaciones de duda respecto del futuro
laboral, las de provisionalidad en el destino o de inseguridad profesional, que
afectan a un amplio sector del profesorado, no favorecen en nada el clima de
positiva convivencia y cooperación.
Siempre sin perjuicio de los principios de competencia, mérito y
publicidad, la administraciones educativas debe hacer un decisivo esfuerzo por
ofrecer a todos los profesores posibilidad de adquirir estabilidad y promoción
laborales.
II.5.2. La acción tutorial
II.5.2.1. Se destaca la importancia del ejercicio de la
tutoría individual y de grupo, dentro de la función docente, dirigida a todos
y cada uno de los alumnos y, principalmente, para atender al alumnado que
requiere medidas de atención especial. Es preciso que el centro establezca
criterios de adjudicación de tutorías teniendo en cuenta las necesidades de
este alumnado. Para mejorar esta atención tutorial se recomienda que se
organicen cursos de formación que faciliten estrategias para llevar a cabo esta
labor.
II.5.2.2. Potenciar el papel de la tutoría en tres
aspectos: en primer lugar, confiriendo mayor relieve a su "papel
mediador"; en segundo lugar, otorgando al tutor una cierta capacidad
ejecutiva en relación con las situaciones que afectan a la convivencia; por último,
posibilitando una mayor dedicación horaria a la función tutorial. El tutor
como "mediador de conflictos" debe intervenir en la solución
educativa de los problemas de convivencia mediante el análisis de la situación
entre las partes, antes de acudir a la estricta aplicación del régimen
disciplinario. No siempre es útil acudir directamente al Director o Jefe de
Estudios.
II.5.2.3. Se ve la necesidad de poner mayor coordinación
en el ámbito de acción tutorial:
-
Entre los tutores del mismo ciclo y de ciclos diferentes.
-
Entre orientadores y tutores (se hace mención a la importancia de
mantener una reunión semanal entre orientador y tutores para analizar la
situación y planificar acciones conjuntas).
La formación de equipos docentes que compartan el Proyecto Educativo del
Centro facilitará y fomentará la coordinación de la acción tutorial,
homogeneizando tratamientos e iniciativas tendentes a favorecer la convivencia y
potenciando la eficacia de los mismos.
En
la labor de evaluación, el equipo de profesores de un grupo hará el
seguimiento de la adquisición de hábitos sociales, de interiorización de
normas, de habilidades de comunicación y cooperación. Pero también, de los
avances de la convivencia en el grupo, de la contribución de cada alumno al
mismo, de los problemas que hayan surgido y del modo como se han resuelto...
II.5.2.4. La tutoría debe realizarse en un horario
adecuado que facilite la tarea y el interés. Proponemos que para evitar el
desinterés y el cansancio la tutoría no se sitúe ni a primera ni a última
hora de la jornada escolar.
Durante las sesiones de tutoría se deberán desarrollar
actividades sobre mecanismos y estrategias de resolución de conflictos, con
casos y ejemplos prácticos.
Es conveniente contemplar tiempos para que los alumnos puedan
hablar entre ellos, analizar temas y proponer actuaciones.
También deben realizarse actividades de educación emocional,
como: identificación de emociones y estrategias para su gestión, desarrollo
del autoconocimiento, identificación de los síntomas de estrés y su
incidencia, educación de las habilidades sociales, desarrollo de habilidades
para la convivencia, etc.
Debe enriquecerse la acción tutorial en la dimensión de la
atención a las familias de los alumnos. Ello exige la previsión de tiempos
suficientes y adecuados que faciliten la asistencia de padres y madres, la
realización de reuniones periódicas con éstos para garantizar el conocimiento
del alumnado e intercambiar información entre la familia y los educadores sobre
su proceso educativo.
II.5.2.5. Resulta también muy importante el
enriquecimiento de la acción tutorial en relación con la atención a las
familias de los alumnos. Ello exige, además de otros requisitos, la previsión
de tiempos suficientes y adecuados para que esta relación con las familias sea
efectivamente posible, así como la convocatoria periódica de reuniones del
tutor con el conjunto de padres de alumnos.
II.5.2.6. Dada la enorme importancia de la acción
tutorial, en relación con el tema de la convivencia y con otros muchos, esta
función deberá ser incentivada en los términos que oportunamente fije cada
Comunidad Autónoma. Se trata de exigir más de la tutoría y, por lo tanto,
compensarla.
II.5.3. Los orientadores
II.5.3.1. Sería de gran importancia que los
orientadores, de común acuerdo con el profesorado, asumiesen como una parte
normal de sus tareas hacer sesiones de trabajo con las familias sobre los temas
que afectan a la convivencia. Estas reuniones no deberían ser sólo
individuales (en las que el tema habitual es el hijo), sino también colectivas
(en los que los temas sean más variables y alcancen a cuestiones relacionadas
con la problemática general de la convivencia y las relaciones entre sectores
dentro del centro, así como a temas de salud, perspectivas de futuro para los
niños, etc.
II.5.3.2. En lo que se refiere a dotación de plantillas,
en centros con inmigrantes o con colectivos en desventaja social, el
Departamento o el Equipo de Orientación tendrán la dotación adecuada a las
necesidades específicas de compensación educativa de ese centro, incluyendo el
apoyo de los servicios técnicos especializados en prevención y recuperación
de conductas antisociales.
Debería generalizarse a la Educación Infantil y Primaria la
figura del Orientador, así como aumentar el número de orientadores junto a
profesores de apoyo en la ESO.
II.5.4. El trabajador social y el
educador social. La mediación
II.5.4.1. Es necesario incorporar nuevos profesionales al
elenco de personas que trabajan en la escuela o en conexión con las escuelas.
La violencia, en efecto, no es un problema escolar sino que surge como
consecuencia de muchos factores, algunos de ellos ajenos a la escuela (las
familias, los grupos de amigos, el propio clima que se respira en el medio
social, etc.) Es preciso, por ello, integrar la actuación formadora de los
profesores en un marco más global en el que se trate de abordar no sólo la
educación de los sujetos sino su adaptación social más general. Para ello será
precisa la presencia de trabajadores/as sociales y/o educadores/as sociales que
prolonguen la atención hasta las familias y el medio ambiente; personal
sanitario (de enfermería o medicina) que atienda problemas relacionados con la
salud. A veces (en situaciones más complicadas) puede ser conveniente trabajar
en estrecha colaboración con la policía local y con las autoridades locales en
general. Está dando buen resultado en países de nuestro entorno la presencia
de chicos jóvenes en los colegios para ejercer, desde una posición más próxima
y horizontal con los alumnos, un cierto tipo de apoyo y supervisión en las
situaciones conflictivas.
Los profesionales de quienes hablamos podrían asumir, entre
otras funciones, la de mediador, capaz de actuar al margen de presiones
específicas de los sectores implicados en los conflictos, con intervención
asimismo en los factores externos al centro que afecten a la convivencia.
Entre sus funciones también podría estar la de organizar
actividades extraescolares y de ocio para el alumnado que requiera una atención
específica, ya que a menudo vive situaciones familiares problemáticas.
II.5.4.2. Habrá que crear o desarrollar, cuando la
presencia y características del alumnado inmigrante lo requiera, la figura del
mediador intercultural de distrito, barrio o municipio para facilitar la
comunicación entre las familias y el centro educativo.
II.6. En relación con las
familias
II.6.1. Es preciso tratar de implicar y potenciar más la
participación de padres y madres de forma organizada en la elaboración de los
reglamentos normativos y en la resolución satisfactoria de situaciones
conflictivas. A unas familias plenamente implicadas en las tareas de planificación
y gobierno de los centros se les haría normal una mayor operatividad en la
resolución de situaciones conflictivas y en general en las situaciones de orden
interno y convivencia.
Cuando se produzca la incorporación de nuevo alumnado, debe ser
informado de la normativa de convivencia vigente en el centro, de cara a
fomentar el mutuo conocimiento y aceptación de normas de convivencia
compartidas y/o consensuadas en el centro escolar y en el ámbito familiar.
II.6.2. La participación de las familias y sus
organizaciones en la Escuela y de manera especial en aquellos casos en que
existe Escuela de Padres, contribuye a crear un mejor clima de entendimiento,
por lo que deberán de estimularse acciones en este sentido y crear espacios
donde pueda reflexionarse sobre normas de convivencia, valor de la escuela, etc.
Bueno sería también la formación conjunta de padres y profesores con un
facilitador externo en temas como: teoría de los valores y de la pedagogía del
valor, la crisis de la sociedad actual, necesidad de incorporar a la familia a
la vida de los centros, el contexto socio-familiar como generador de conflictos,
los valores del entorno. En todo caso se debería abrir el Centro hacia las
familias, ofreciendo sus instalaciones para la participación de las familias en
reuniones, cursos de formación, actividades de todo tipo, etc.
Sería conveniente potenciar la escuela de padres y campañas de
concienciación, incidiendo en la importancia de estructurar la gran cantidad de
información confusa que puede llegar a los adolescentes (internet, TV,
carteles, etc.)
II.6.3. La integración de los padres y madres en la vida
del centro es de vital importancia, pero para que esto suceda es necesario
establecer una serie de estrategias como: realizar asambleas de aula con cada
tutor, establecer horarios de reunión asequibles a los padres, buscar espacios
de reflexión y debate, puestas en común y actuaciones concretas, formar
comisiones mixtas para realizar distintas funciones, reglamentos, programación
general anual, poner en práctica medios de intercomunicación de padres y
tutores, etc.
II.7. En relación con el alumnado
II.7.1. Para lograr una convivencia sólidamente asentada
en los centros docentes se hace necesario considerar al alumno como el centro
del proceso educativo, teniendo presente que todos los alumnos son diferentes y
únicos. Cualquier medida encaminada a la mejora de las relaciones
interpersonales en el ámbito educativo debe estar presidida por esta
consideración, sin la cual las medidas que se adopten nunca podrán llegar a
alcanzar sus objetivos. El componente de confianza en las potencialidades del
alumnado representa un poderoso elemento para favorecer la armonía en las
relaciones existentes en los centros educativos.
II.7.2. No puede haber conformidad ni, mucho menos,
aceptación e implicación positiva del alumnado en la dinámica escolar si ésta
es vivida por él exclusivamente como imposición.
Es
preciso ampliar el papel y protagonismo del alumnado para que a través de las
normas de convivencia del centro se asuman las responsabilidades adecuadas a su
edad y capacidad. El Centro debe ser un lugar donde se aprenda y se ejercite un
tipo de convivencia que disponga para vivir en todos los contextos.
Sucede, en parecido sentido, que el derecho de reclamación es
un derecho ciudadano y es, por lo tanto, altamente conveniente que el alumno se
acostumbre a ejercitarlo debidamente. Este ejercicio en el ámbito de la escuela
debe ir más allá del episodio escolar de la calificación o del examen.
II.7.3. Los alumnos con problemas en la mayoría de los
casos necesitan aprender habilidades sociales muy concretas, que les reporten éxitos
puntuales. Serán estas experiencias las que configuren su mentalidad y sus
valores, no los discursos moralizantes o conmiserativos.
II.7.4. Es necesario organizar clases de lengua
castellana y, en su caso, de las demás lenguas oficiales de España cuando los
centros escolaricen alumnado que las desconozca, respetando, al mismo tiempo, el
principio de normalización.
Esta dificultad supone para estos alumnos una barrera que les
impide progresar en su escolarización y acaban por caer en la marginación –y
su consiguiente incidencia en la conflictividad escolar- que se quiere evitar
teniéndoles simplemente escolarizados.
La incorporación de alumnos y alumnas al centro debe ir acompañada
de la detección de su nivel y posibles dificultades de aprendizaje, así como
el diseño de un período de transición, con los apoyos necesarios para su
mejor adecuación y seguimiento del Proyecto Educativo del Centro.
II.7.5. Ya en los centros de infantil y primaria puede
haber asambleas de aula mensuales (utilización de "critico, felicito,
propongo"), con elección y asunción democrática de responsabilidades y
acuerdos por escrito, incidiendo en los valores de solidaridad, tolerancia,
respeto mutuo, normas de convivencia y cumplimiento por el grupo e
individualmente.
Desde la Administración y toda la comunidad educativa debe
potenciarse las asociaciones juveniles, en general, y de estudiantes, en
particular, para mejorar la participación del alumnado de forma organizada en
el centro, y potenciar una cultura de participación.
II.7.6. Se debería prestar una atención especial a las
conductas de los alumnos respecto a la limpieza, el cuidado con los muebles y
material escolar, con mayor respeto al trabajo del PAS. Erróneamente suele dársele
escasa importancia a comportamientos poco cívicos que se consideran como faltas
"menores" (tirar papeles al suelo, pintar en las mesas, ...). Además
de otras significaciones, tales comportamientos representan una falta de respeto
al trabajo al personal de limpieza u otras categorías del personal laboral. La
falta de consideración hacia estos miembros de la comunidad educativa es uno de
los comportamientos a erradicar y que aquí venimos comentando.
Que el alumnado disponga de material en común sobre todo en los
niveles de infantil y primaria puede contribuir a la consecución de diversos
objetivos. En primer lugar, crear actitudes y hábitos de solidaridad y valoración
de los bienes comunes. En segundo lugar, facilitar el acceso de todo el alumnado
al material escolar. Por último, para al alumnado para un consumo responsable.
II.7.7. Hay que impulsar la participación del alumnado
en la vida general del centro y el protagonismo en su propio proceso educativo,
corresponsabilizándose gradualmente de sus opciones y resultados. Para ello se
precisan normas diferentes que los respalden (más claras y operativas): mayor
autonomía organizativa para los centros, ajustar en muchos casos los roles
profesionales del profesorado, y acentuar, tanto como sea posible, las medidas
preventivas, así como las correctoras sin descartar, si fuera el caso, las
sancionadoras precisas.
II.7.8. Están apareciendo sectores cada vez más
nutridos de escolares que, más allá incluso de las edades normales de
escolarización obligatoria, asisten al centro amparados por las normativas
vigentes, pero en actitud de total desmotivación y desinterés. Los centros son
considerados una institución hostil por parecerles contrarios a lo que son en
esos momentos los intereses de esos alumnos.
Este tipo de problemas sólo podrá ser afrontado desde
condiciones infraestructurales y organizativas adecuadas: instalaciones, ratios
que hagan posible el trato personal, profesorado de apoyo, adaptaciones
curriculares, recuperaciones efectivas y mejora de las intervenciones
educativas.
Teniendo en cuenta el precepto constitucional del derecho a la
educación, no pueden quedar eximidos del mismo los alumnos desmotivados o con
problemas de integración, por lo que habrá que diseñar planes de formación
para la atención específica de estos alumnos.
La Junta de Evaluación, respetando los criterios de promoción
acordados en el PCC, deberá tener autonomía para aplicar esos criterios.
Cuando existan alumnos repetidores, deben ofrecerse sistemáticamente
medidas de recuperación y apoyo al alumnado.
Es necesario potenciar la estructura de ciclo: no son las
repeticiones, sino las medidas de apoyo las que permiten progresar al alumnado
del ciclo.
II.7.9. La presencia de alumnos que proceden de grupos
sociales, culturales o religiosos diferentes no encuentra frecuentemente
preparada a la escuela. En estos casos es frecuente que los alumnos del grupo
minoritario acaben constituyendo guetos y grupos cerrados con escasa relación
con el grupo mayoritario. También en este caso las causas del aislamiento son
atribuibles a ambos grupos.
La simple presencia, siempre escasa, de algún profesor de apoyo
resulta insuficiente y habría que dotar a las escuelas de mayores recursos así
como facilitar iniciativas novedosas para poder afrontar más radicalmente esta
problemática.
Sería interesante establecer, entre otras, medidas como las
siguientes:
·
El agrupamiento heterogéneo apoyado por programas de
diversificación curricular que se realicen de forma flexible mientras persistan
las necesidades que los justifiquen.
·
Incrementar el número de materias optativas que respondan a los
intereses plurales del alumnado y ofrezcan distintos niveles de complejidad.
II.7.10. En ningún caso se deberán concentrar
proporciones excesivas de alumnos con problemas de adaptación y con necesidades
educativas específicas en determinados centros, ya que ello podría suponer un
grave obstáculo para llevar a cabo una convivencia fluida en los mismos. La
libertad de elección de centro, reconocida a los afectados, debe hacerse
compatible con el derecho de todos a la educación, el cual podría verse
afectado seriamente con la existencia de proporciones excesivas de alumnado
conflictivo en determinados centros.
II.7.11. Dentro del debido respeto a los derechos de las
familias y a su libertad, la asignación de centro y matriculación de alumnos
inmigrantes o en cualquier otra situación de desventaja social debería
llevarse a cabo de forma centralizada, con criterios de distribución equitativa
cuando en un mismo barrio o localidad haya varios centros sostenidos con fondos
públicos.
Es necesario que todos los centros, tanto públicos como
privados concertados, cumplan la legislación vigente y reciban el porcentaje de
población desfavorecida que le corresponda.
II.7.12. El seguimiento de la escolarización del
alumnado en los centros es fundamental para evitar medidas como la expulsión de
alumnos por motivos de rendimiento académico o por problemas de conducta. Para
ello, debería adoptarse medidas administrativas con aquellos centros que
procedan a excluir alumnos inadecuadamente.
El papel de la Inspección Educativa en el seguimiento de estas
cuestiones es fundamental
II.7.13. La mejora del clima en los centros educativos en
ningún caso deberá estar sustentada en la segregación del alumnado en aulas
específicas en atención a la especial conflictividad que presenten los mismos,
ya que ello podría ocasionar no sólo un perjuicio a los alumnos afectados
directamente, sino que también podría provocar situaciones difícilmente
compatibles con los principios en los que se basa la convivencia escolar. Se
debe asimismo considerar la circunstancia de que la mencionada segregación del
alumnado podría suponer un factor generador de violencia difícil de controlar
en los centros educativos.
II.7.14. Se considera esencial que cuando un alumno o
alumna llega nuevo/a a un centro el/la tutor/a le facilite y explique la
organización y las normas de funcionamiento interno que delimitan el marco para
la convivencia. Es algo fundamental y previo para que el alumnado se integre,
participe de la vida del centro y no llegue a producirse el conflicto. Por
tanto, se destaca la importancia de disponer de un plan de acogida del alumnado.
II.7.15. El maltrato entre iguales deberá ser
deslegitimado siempre. Cuando se detecte un caso concreto habrá que abordarlo
con inmediatez, para reparar el daño causado a la víctima, a los testigos y el
deterioro que experimenta el propio agresor. Y para restaurar el clima de
convivencia dañado.
II.8. En relación con las
Administraciones educativas
II.8.1. La administración debe tener muy en cuenta que
hay aspectos estructurales y organizativos que pueden por sí mismos contribuir
de forma decisiva a mejorar la convivencia. Estos aspectos tienen normalmente
mucho que ver con el tamaño de las instituciones (los centros muy grandes no
facilitan en nada la convivencia, sobre todo entre el profesorado), la inserción
de los centros en el entorno y la del profesorado en la vida de la localidad, la
estabilidad de los cuadros, que haga posible programar a medio y a largo plazo,
más allá de la inmediatez y de las provisionalidades, etc.
II.8.2. Es preciso invertir más en Educación para
elevar el nivel general de formación y cualificación de los trabajadores y del
conjunto del personal, mediante la formación inicial y el estímulo a la
adquisición de nuevos conocimientos, así como aplicar discriminaciones
positivas en favor de los sectores escolares socialmente menos favorecidos.
II.8.3. Una acción educativa eficaz debe permitir
planteamientos globalizados y coordinados entre el ámbito escolar y el ámbito
educativo social de su entorno. En este sentido, es importante que otras
administraciones, como son las Corporaciones locales, Cabildos y Ayuntamientos
coordinen sus medios y cuenten con recursos estables que permitan la conexión
de éstas con la escuela, en cuanto a la prevención y orientación de los jóvenes
del municipio. Su participación en los Consejos Escolares municipales, en los
Consejos Escolares de centro o en los planes municipales de educación social,
son medidas positivas y eficaces.
II.8.4. Es preciso establecer programas de ayuda específica
a los centros con más dificultades, en los que se contemple el seguimiento de
los casos graves, el contacto con las familias y la detección de las causas.
La creciente diversidad precisa, para su atención, multiplicar
los recursos en infraestructuras y personal, con el fin de afrontar la
complejidad organizativa y educativa. Los talleres flexibles, los planes de acción
tutorial, las asambleas de alumnos, la participación familiar, la coordinación
con los Ayuntamientos, la apertura del centro al entorno son medidas eficaces si
se cuenta con medios para su implementación.
En el cumplimiento de sus funciones de impulso y coordinación,
las Administraciones Educativas deben asegurar la incorporación de los temas/líneas
transversales en los Proyectos de Centro, así como la inclusión de algunas
cuestiones básicas sobre educación en valores en el currículo de las
diferentes áreas.
Debe velarse por la consecución de la igualdad de oportunidades reales
para todo el alumnado a través de medidas como: políticas de becas, atención
a las necesidades escolares básicas, evitar la masificación de los centros,
etc.
Santiago de Compostela. Mayo de 2001