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    LOS SEMINARIOS DE LA S.E.P.   

 

 LA FORMACIÓN DE LOS ESTUDIANTES DE EDUCACIÓN SECUNDARIA

PRESENTACIÓN

Una de las metas que se ha fijado la Junta Directiva de la Sociedad Española de Pedagogía es la de tener mayor presencia en la sociedad, algo que esperamos lograr acudiendo, entre otros medios, a la organización de actividades de elevado nivel en los períodos que median entre Congresos.

Entre tales actividades, cobrarán un especial relieve los seminarios, de periodicidad anual, dedicados a reflexionar sobre temas de interés y actualidad y orientados a dar a conocer a la sociedad el punto de vista de los profesionales de la Educación y de la Pedagogía en torno a los mismos.

El primero de los seminarios, tal como se ha informado por diversos medios, se centra en un tema de tanta trascendencia como actualidad: La formación de los estudiantes de educación secundaria.

La estructura del seminario consta de dos partes claramente diferenciadas: el debate en la red –en Internet- de los documentos técnicos elaborados por personalidades de prestigio reconocido, y la elaboración de conclusiones tras su fase presencial durante los días 27 y 28 de abril próximos.

Pues bien, con este documento del Presidente de la Sociedad Española de Pedagogía se da comienzo a la primera de las fases. En él se marca el ámbito de la reflexión, que será tratado con la profundidad adecuada por los expertos. A partir de ahí, la palabra la tienen los miembros de la Sociedad hasta finales del mes de marzo. A continuación, los ponentes, tras el análisis del debate en la red, elaborarán su documento definitivo, que será objeto de discusión en la fase presencial. Esta fase se verá enriquecida con las aportaciones de personalidades relevantes, tanto de la Administración como del mundo científico y académico. 

EL TEMA DEL SEMINARIO

El primer seminario de la Sociedad Española de Pedagogía se centra, como hemos indicado, en un tema de gran trascendencia y actualidad: La formación de los estudiantes de educación secundaria.

Oportunidad del debate

Varios motivos hacen de la temática un importante campo para la reflexión: en primer lugar, aunque no sea lo más importante, por estar siendo objeto de una reforma en relación con los planteamientos plasmados en la Ley orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) y en las disposiciones derivadas de la misma. Junto a ello, por las especiales características de esta etapa educativa y, muy relacionado con lo anterior, por las peculiaridades de la etapa evolutiva del alumnado de referencia. 

Naturaleza de la educación secundaria

De todos es conocida la dificultad que, en general, existe para establecer con nitidez las características propias de las etapas centrales de un continuum, sea éste de la naturaleza que sea. Pues bien, como no podía ser de otro modo, tal dificultad se da también en el sistema educativo: se aprecia mayor claridad y concita mayores coincidencias la caracterización de la educación infantil y primaria, por un lado, y de la universitaria, por otro, que la correspondiente a la secundaria, objeto de nuestra atención. Como afirmaba en su momento Giner de los Ríos, la enseñanza secundaria es "una creación artificial, de concepto indefinido, que no se caracteriza por sí misma, sustantivamente, sino por una mera relación intermedia respecto de las otras".

En este sentido, hemos podido apreciar cómo, durante la segunda mitad del siglo recién acabado, la educación primaria ha ido creciendo en amplitud y la secundaria ha ido retrocediendo en igual medida. Y hay quienes mantienen que esa tendencia seguirá hasta llegar a la desaparición de la propia educación secundaria, al menos en cuanto etapa post-obligatoria, diferenciada de la primaria y de la superior.  

Las peculiaridades de la actuial educación secundaria

Un nuevo elemento se añade a la dificultad: en nuestro actual sistema educativo la secundaria participa en uno de sus dos tramos –el de la Educación Secundaria Obligatoria- de dos características hasta ahora exclusivas de la educación primaria: su carácter básico y su naturaleza obligatoria. Junto a ello, en el mismo nivel secundario se encuentra una etapa de naturaleza post-obligatoria, como es el Bachillerato, y la Formación profesional específica de grado medio. La complejidad se acrecienta al incluirse, dentro de la Secundaria obligatoria y del Bachillerato, la formación básica de carácter profesional.  

La etapa evolutiva

Por si los hechos anteriores no fueran suficientes, la misma etapa evolutiva a la que se refieren contribuye en gran medida a la complejidad, o, si se prefiere, es la propia etapa evolutiva la que puede explicar la complejidad de las respuestas educativas. Nos situamos ante esa importante fase de la vida humana conocida como de la pubertad y la adolescencia, en la que las personas llegan a su madurez física e intelectual y en la que toman importantes decisiones de cara a su futuro personal y profesional, además de configurar su forma de afrontar las relaciones de familia, amistad y ciudadanía. 

La presencia de la Sociedad Española de Pedagogía

El hecho de que se esté elaborando una reforma del sistema educativo hace especialmente interesante que la Sociedad Española de Pedagogía se haga presente aportando lo que le es propio: una reflexión desde el ámbito científico que le caracteriza, el pedagógico. Si bien es cierta la dificultad para deslindar tales reflexiones de las posiciones ideológicas previas de sus miembros, no lo es menos que a todos nos corresponde esforzarnos por conferir a nuestros planteamientos el rigor de la reflexión científica y el análisis serio y exigente sobre la práctica. Y esto es lo que la Junta Directiva, promotora del debate, espera de su desarrollo. 

EL CAMPO DE REFLEXIÓN

El Seminario tiene, como podemos intuir, un amplio marco de referencia. Los procesos de globalización, los cambios sociales, el avance espectacular del saber, el influjo de las nuevas tecnologías, la nueva problemática familiar, la complejidad de los problemas de nuestra época, con repercusiones sociales, económicas, políticas, éticas y hasta religiosas... parecen exigir respuestas educativas actualizadas.  

La formación integral de los estudiantes de educación secundaria

El mero hecho de hablar de la formación de los estudiantes ya da a entender que nuestro interés va más allá del relativo al dominio de conocimientos y de las destrezas, estrategias y habilidades intelectuales. De hecho, el actual sistema educativo se refiere a los contenidos actitudinales, incluyendo en su ámbito las normas, las actitudes y los valores. Es más, tanto en el actual sistema como en el anterior, la preocupación, al menos teórica, esto es, en los documentos oficiales, por la formación integral está plenamente presente, algo que no debe extrañar cuando las demandas y exigencias de esta naturaleza han llegado hasta la propia Universidad, como se puso de relieve en la última conferencia mundial de la UNESCO (París, octubre de 1.998) sobre la Educación superior en el siglo XXI.

La preocupación por la formación que bien podemos denominar integral, puede ser uno de los aspectos fundamentales de reflexión y análisis en el seminario: ¿compete a la Escuela la formación integral?; ¿es la Escuela competente en estos aspectos?; ¿corresponde la responsabilidad a todo el profesorado?; ¿en qué forma, esto es, con qué procedimientos y metodologías se debe actuar?; ¿cómo se puede articular la evaluación de actitudes y valores?; ¿cuál o cuáles son las funciones de la evaluación en este tan importante como delicado ámbito?; ¿qué destino corresponde a la información recogida? 

Educación y diversidad

Un segundo campo de reflexión, de plena actualidad y, en cierta medida, nuevo en nuestro sistema educativo es el de la diversidad. Si desde muy antiguo se ha tomado en consideración, al menos en el plano teórico, lo que podemos denominar diversidad personal –diferencias individuales- con respuestas educativas centradas en la individualización de la enseñanza y en la personalización educativa, en épocas más recientes ha cobrado relieve la diversidad social, que reclama la atención, en ocasiones compensatoria, para los niños que viven en contextos cuyas características específicas y carencias evidentes, de notable influjo condicionante sobre lo que será su aprovechamiento de los bienes educativos, reclaman la debida atención y tratamiento. De Coleman para acá, la conciencia de los condicionamientos que ejercen sobre la acción educativa de la escuela tanto el ambiente familiar como el contexto social, ha sido una constante de la que se han ido haciendo eco los responsables tanto de los sistemas educativos como de los centros y de las aulas.

Pero es la diversidad cultural la que, en los tiempos que corren, cobra un especial relieve y se atisba como un tema de preocupación prioritaria. Tanto en el ámbito político como en el social, la multiculturalidad exige respuestas que van desde las de carácter legal a las de naturaleza económica y social. Sin embargo, y a la larga, gran parte de lo que ocurra será fruto de las actitudes que se configuren en las personas de la cultura mayoritaria en relación con las de culturas minoritarias, no sólo de nuestro país sino de toda la Comunidad Europea o, si se prefiere, de eso que denominados primer mundo. Dejando fuera, por injustas y degradantes para la dignidad humana, las respuesta racistas y xenófobas, parece clara la dificultad real a corto plazo para la plena integración armónica de las culturas, lo que viene dando lugar a respuestas más o menos encubiertas de asimilación de las culturas minoritarias por la mayoritaria.

En España, una importante dimensión de la diversidad la representan las comunidades autónomas, con toda la riqueza que representa la variedad de sus culturas centenarias. La armonización de un tronco común a todos los españoles con la especificidad cultural de cada comunidad autónoma es un reto de primera magnitud para el progreso del país, para la paz social y para vida comunitaria. Los riesgos de soluciones inadecuadas son de diversa naturaleza, pero todos indeseables. Si, por un lado, se pude ir a la ausencia de un sistema educativo, cayendo en la coexistencia y mera yuxtaposición de tantos sistemas como comunidades autónomas, con obvios y graves problemas de movilidad personal, familiar y profesional, por otro se puede llegar a una situación en la que amplias capas sociales no se encuentren cómodas en el sistema general. El equilibrio es, por tanto, tan necesario como difícil de alcanzar, convirtiéndose en una de las mayores responsabilidades de las autoridades educativas.

Pues bien, gran parte de la paz social en el continente europeo y, por tanto, en nuestro país, va a depender del modo, adecuado o no, en que se resuelvan estos importantes problemas y, si bien la responsabilidad siempre será compartida, a la Escuela le corresponderá, le corresponde ya, un importante y, tal vez, decisivo papel. Pero conviene dejar constancia de que si ya la diversidad personal encuentra problemas técnicos para lograr la debida respuesta pedagógica, la dificultad se acrecienta cuando el término diversidad se enriquece y gana complejidad con las otras manifestaciones.

Comprensividad y diversidad

En tal sentido, encontrar el adecuado equilibrio entre una respuesta educativa común, que favorezca la equidad y la no discriminación, y una diversificación adecuada a las diferencias en aptitudes, intereses y capacidad de aprendizaje, se convierte en un ámbito de discusión difícil de resolver desde perspectivas meramente técnicas. La dificultad se acrecienta cuando la etapa a caracterizar es, a la vez que obligatoria, secundaria, o si se prefiere, a la vez que secundaria, obligatoria.

En efecto: la obligatoriedad implica la máxima heterogeneidad del alumnado, lo que debe llevar a asumir unos niveles de rendimiento muy diversos que deberían valorarse desde referencias personales antes que criteriales (rendimiento satisfactorio o no, en lugar de –o además de- suficiente o no); sin embargo, el carácter de secundaria parece reclamar unos niveles de exigencia objetivos (referencia criterial y no meramente personal) establecidos por la sociedad para incorporarse a la misma, para abordar la formación profesional específica o para acceder a los estudios tradicionalmente considerados medios: el bachillerato

Ante estos hechos se plantean opciones diversas: educación más o menos comprensiva frente a educación menos o más diversificada, incluyendo la posibilidad no sólo de materias optativas, que son una inicial respuesta a la diversidad de intereses y hasta de capacidades, sino de intinerarios que se orientan hacia las diversas modalidades del bachillerato o hacia las diferentes titulaciones de la formación profesional específica.

¿Cómo se puede articular una mayor diversificación y, por tanto, una menor comprensividad, con la orientación del sistema educativo a la compensación de diferencias sociales y culturales y con el principio de equidad?. ¿Pueden darse efectos no planeados ni deseables tanto en una como en otra respuesta pedagógica?. ¿En qué momento debería comenzar la diversificación? ¿Con qué intensidad debería articularse?.¿Qué papel debe jugar la titulación al final de la etapa de secundaria obligatoria?. ¿Debe ser tal titulación únicamente una certificación de haber cumplido con el deber de formación o ha de implicar una habilitación para el acceso a etapas postobligatorias?. ¿Pueden compaginarse ambas opciones?. ¿Implica la titulación de bachillerato el derecho al acceso directo a la Universidad o, por el contrario, debe exigirse una prueba específica?. La prueba de selectividad, ¿debe complementarse con una para el ingreso de determinados estudios universitarios?

 Formación de ciudadanos

Con todo, una preocupación cada vez más extendida tiene que ver con la formación de los estudiantes de esta etapa para la vida de social. El progresivo deterioro de la convivencia en los centros educativos y, desde luego, en la vida social y ciudadana, hace pensar que en este punto hay mucho que pensar y, tal vez, mucho que reformar.

En la tradicional tendencia al péndulo en el ámbito de las soluciones pedagógicas, ha podido darse un paso inadecuado al intentar salir de las respuestas pedagógicas autoritarias; en tal sentido, determinadas decisiones han podido arrastrar consigo la necesaria autoridad, fundamental, como todos sabemos, para la formación de la personalidad de las jóvenes generaciones. La responsabilidad en este ámbito, como en tantos otros, es compartida no sólo con la familia sino con la propia sociedad.

Se ha ido extendiendo una idea, a mi juicio claramente errónea, de que el ejercicio de la autoridad va contra el derecho de los alumnos al de su libertad, como si tal libertad fuera una capacidad en plena posesión por parte de las personas desde las primeras etapas de su vida y un derecho que nada ni nadie debe limitar, en lugar de ser, como entiendo que es, una capacidad a educar, como tantas otras, que debe desarrollarse justamente mediante su continuado y progresivo ejercicio y la necesaria exigencia de responsabilidad de las acciones libremente ejecutadas. La formación de los jóvenes para que sean capaces de decidir con autonomía se convierte en uno de los ejes fundamentales de la educación de calidad, y enlaza plenamente con la educación moral. Encontrar las debidas respuestas en este ámbito parece ser otro de los problemas fundamentales de la etapa, si no el primero de todos ellos.

 La formación del porofesorado: la reforma pendiente

Por último, y para no extenderme más, hay una cuestión que subyace a todo lo dicho: la formación inicial y permanente del profesorado, en especial la primera por ser la básica y la que habilita para enfrentarse a la problemática anterior.

Parece una obviedad, pero entre la formación académica, a veces superespecializada, obtenida en la Universidad, y la necesaria para afrontar los problemas del alumnado relativos al aprendizaje de las materias relacionadas con la formación recibida por los profesores, media una enorme distancia, que, en general, los nuevos profesores deben suplir aplicando su propio saber y entender sin la ayuda de una auténtica formación. Pero, desde luego, entre aquella capacitación y la necesaria para abordar la formación integral de los alumnos, para atender su diversidad, para ayudarles en sus dificultades y problemas sociales y emocionales... hay un abismo que se traduce en dificultades graves y en resultados insatisfactorios, y, lo que es peor, en problemas para los propios profesores, que se vez afectados cada vez en mayor medida por enfermedades profesionales que habrá que abordar, cuanto antes, con decisión, valentía y buen tino.

Y más cuestiones, tan sólo apuntadas...

Otros problemas circundantes tienen que ver con aquellos aspectos cuya adecuada o inadecuada solución hace de ellos unos elementos que coadyuvan o que ponen freno a la eficacia de las acciones de los responsables de la educación al servicio de la formación de las jóvenes generaciones. La dignificación del profesorado, la organización y el adecuado grado de autonomía de los centros, la existencia de profesionales especializados y de apoyo a profesores, padres y alumnos, en concreto y de una manera muy destacada de orientadores escolares,... son algunos de los más importantes, si bien, por limitaciones obvias, tan sólo son aludidos en este documento.

 CONCLUSIÓN

Hasta aquí, algunas reflexiones propias. Inmediatamente, las aportaciones de los expertos, que pueden ir por estos o por otros caminos, y coincidir o no con los anteriores planteamientos que, como se ha podido apreciar, simplemente quedan apuntados.

Desde aquí se invita a todos los miembros de la Sociedad Española de Pedagogía a participar activamente en el debate, aportando sus ideas, razonando sus posiciones y contrastando sus planteamientos con los de los demás. La Junta directiva en su conjunto, y su Presidente, como firmante del presente documento, invitan a todos a la participación y a la asistencia a la fase presencial del mismo en Madrid. El Seminario, a partir de ahora, es de todos nosotros.

Madrid, enero del año 2.001

Ramón Pérez Juste

Presidente

 

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