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DÉCIMA CONFERENCIA MUNDIAL TRIANUAL

 10 th TRIENNIAL WORLD CONFERENCE

 

Pedagogía de la diversidad: /  Pedagogy of Diversity:

 Creando una cultura de paz  /  Creating a Culture of Peace

 

Las T.I.C. en el transfondo emocional y ético de la educación y la interculturalidad 

Dr. Luis Fernando Vílchez Martín

Univ. Complutense de Madrid.

Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación.

 


 

1.-  DE LA “PATÉTICA MORAL” A LAS OPORTUNIDADES RAZONABLES

En el momento actual nos sentimos forzados a reflexionar no sólo sobre las posibilidades educativas que ofrecen las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación), y en particular Internet, sino también sobre otros muchos aspectos referentes a ellas. El debate se sitúa a veces en términos, explícita o implícitamente, bipolares en sentido ético: ¿ tecnologías buenas o malas ?  Muy probablemente estos debates esconden una defensa ante lo nuevo, ante lo que aún no se domina … y para dominarlo se acude a las etiquetas, a las calificaciones previas.

Se reproduce aquí un nuevo episodio de la postura que acertadamente algunos especialistas del área de la Etica (M. Vidal) denominan “patética moral” y que se resumiría en el ancestral “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Ese es, por ejemplo, el enfoque que muchos suelen dar, a la hora de emitir opiniones y hacer juicios de valor, sobre la sociedad actual como conjunto, cuando afirman, al hilo del tópico, que actualmente hay una “crisis de valores”. Realmente esto no es así, o no lo es del todo. Quien conozca bien la historia, con mayúscula y con minúscula, se siente forzado a reconocer que ha habido evidentes progresos morales a lo largo del tiempo. No hace falta traer aquí a colación hechos como la esclavitud, la situación de los niños y mujeres, la ausencia de derechos en las clases trabajadoras, el despotismo de los poderosos, dueños de personas, voluntades y haciendas, episodios tan negros como la Inquisición o la quema de brujas, las grandes guerras o los campos de exterminio. Otra cosa es que aún falten por alcanzarse metas morales de envergadura en las relaciones internacionales o incluso en el interior de países cuyas leyes se apoyan en el Derecho y la participación democrática, por no hablar de aquellos otros países en los que ni siquiera eso está vigente. Los cultivadores de la “patética moral” no suelen aportar nada, o muy poco, a los debates éticos que se plantean en la sociedad, abusan de la expresión “crisis de valores” como una especie de condena apriorística de los modos de vida actuales y pocas veces profundizan en el verdadero sentido moral de la persona, en la fundamentación ética de las acciones y hábitos, en la aplicación recta de los avances científicos y tecnológicos a los diversos campos de la existencia y quehacer humano, o a la organización de la sociedad en general. Y esto, sin embargo, es cada vez más necesario en un mundo que nos plantea frecuentes dilemas morales en problemas a los que hemos de enfrentarnos.

En los diversos encuentros entre estudiosos, conocedores y usuarios de las TIC en contextos educativos, así como en una creciente literatura al respecto, parece abrirse progresivamente un cierto acuerdo sobre las posibilidades que aquellas, y hoy específicamente Internet, ofrecen a la educación en general y particularmente a la educación con acento intercultural. Más recientemente, algunos se están refiriendo también a las dimensiones o aspectos afectivos y emocionales, a la hora de utilizar estas tecnologías.

Al tratar de las TIC y reflexionar sobre sus posibles aportaciones a la educación, algunos (Prof. Beltrán) distinguen cautelosamente entre mitos, promesas y realidades. Otros (Profs. Domingo Gallego y Catalina Alonso) se refieren a ellas en términos realistas y hablan del binomio oportunidad-amenaza que dichas tecnologías representan cara al inmediato futuro. Y no faltan los escépticos y críticos, como el mismo D. Goleman, que ponen sobre aviso en relación con los “perjuicios” emocionales que el uso de Internet puede acarrear en determinados sujetos.

Sin desconocer la existencia de problemas en la cuestión que tratamos, preferimos apuntarnos al polo esperanzado de la oportunidad, lo cual, a la hora del análisis de experiencias y posibilidades cara al futuro, supone un sí, una apertura, pero también con unas condiciones. Si las TIC e Internet nos ayudan a construir conocimiento (no sólo a almacenar y facilitar información), serán válidas y cumplirán un papel impagable. Si sirven para desmontar prejuicios y estereotipos (cabría decir aquí que estos se quitan viajando … por Internet), habremos dado un gran salto en las relaciones interpersonales. Si sirven para generar nuevos procesos cognitivos, o reforzar los básicos, habremos encontrado en ellas un magnífico recurso. Si sirven para ampliar el campo de la verdad y la transmisión de valores, estaremos ante una conquista ética. Si ayudan a crear redes afectivas, habremos conjurado uno de los posibles peligros que se les achacan, el solipsismo y aislamiento del usuario.

 

2.-  UNA OPORTUNIDAD PARA LA EDUCACIÓN INTERCULTURAL Y EN LOS VALORES A PARTIR DE LA DIVERSIDAD

Multiculturalidad es un término que hace referencia a un hecho constatable y creciente en nuestra sociedad, la coexistencia de personas pertenecientes a distintas culturas, lo que, aplicado a la educación, implica retos y problemas. Interculturalidad, por su parte, esconde una intencionalidad, un propósito educativo y hasta una filosofía. Aunque en ocasiones se emplean otros términos, la expresión “educación intercultural” ha pasado a ser usada por la mayoría de los Estados Miembros de la UE para denotar una serie de prácticas educativas encaminadas a fomentar el respeto mutuo y el entendimiento entre todos los alumnos, sea cual sea su cultura, lengua, religión u origen étnico. La educación intercultural representa la principal estrategia contra la xenofobia y el racismo en los colegios y su substrato ético puede actuar también como antídoto frente a problemas tan actuales como lacerantes en las aulas, como la violencia o el llamado “bullying”, cuyo abordaje es hoy imprescindible, si queremos ser realistas en la intervención educativa.

Cuando se habla de educación en la diversidad, como otra forma tal vez más amplia de referirse al problema que nos ocupa, se entiende un tipo de educación que tiene en cuenta todos los elementos por los que los alumnos son, o pueden ser, distintos entre sí. Pero es importante señalar que en todos los casos late, debe latir, un principio de filosofía educativa que connota con el mundo de los valores: el respeto al otro siempre y en cualquier circunstancia, al distinto o diferente, sea cual sea el motivo o aspecto que lo distinga.

Por otro lado, el nuevo planteamiento educativo que se recoge bajo el rótulo de educación para la diversidad abre posibilidades más allá del ámbito de la educación formal y toma en consideración la importancia de situaciones educativas no formales e informales, como los procesos de transición escuela-trabajo, formación laboral-ocupacional, autonomía social y profesional, más allá también de las características individuales, personales, familiares y sociales de cada sujeto. Con el concepto “diversidad” estamos además aludiendo a aspectos culturales, lingüísticos, económicos, intelectuales, físicos, etc.. Y para que todos estos aspectos pasen de ser simples deseos o ideales a realidades constatables, habría que revisar seguramente los itinerarios de lo que hasta ahora se ha venido entendiendo por educación para la diversidad para la consecución de una serie de objetivos, en cuyo logro pueden jugar papel relevante las TIC: autoconcepto y autoestima, buen nivel de autonomía, destrezas y habilidades para desenvolverse adecuadamente en la vida ordinaria, social, laboral, etc.

Pero conceptos como transversalidad en los objetivos educativos y en el curriculum escolar, educación para la paz, la tolerancia, la igualdad, la diversidad, la convivencia y la solidaridad, sólo son bellas palabras o pronunciamientos teóricos si no se asimilan significativamente y se digieren a través de una siembra y un goteo pedagógico constantes. Por lo demás, no debemos olvidar que la intervención para educar en la diversidad y para la educación intercultural en definitiva, ha de alcanzar e implicar a toda la comunidad escolar (profesores, alumnos autóctonos y foráneos, personal de servicios, etc.), a los padres y familias de unos y otros y, en último término, a la sociedad en general, sobre todo en los contextos en los que se presente el multiculturalismo.

En cierto modo, la educación en la diversidad y la educación intercultural representan un desafío y una oportunidad para “recrear la escuela” (Mardones), pero una verdadera escuela de la diversidad por motivos culturales consiste en una concepción de  multiculturalidad no estática, de simple coexistencia o integración no agresiva por la ausencia de conflictos, sino dinámica y mutuamente enriquecedora para los individuos que participan en ella, en la que todos dan y todos reciben. Este es el verdadero significado de educación intercultural.

Hoy se consideran entre otras, para criticarlas o defenderlas según las posiciones de cada cual, diversas perspectivas educativas en general y concretamente para la educación en valores. En primer lugar, la perspectiva exclusivamente instruccional, en la que el referente último del curriculum es el epistemológico, el profesor es preferentemente un enseñante y del alumno se tiene en cuenta ante todo su capacidad de comprensión y asimilación. Para la perspectiva reproductora, el referente último del curriculum es de carácter social, los objetivos educativos son los demandados por la sociedad en cada momento y contexto históricos, el profesor “eficaz” es el que se halla en permanente contacto y sintonía con las demandas sociales, mientras al alumno se le considera primordialmente como ciudadano, miembro de la sociedad en la que vive, crece y se desarrolla. También la perspectiva anticipadora tiene como referente curricular último a la sociedad, pero la “sociedad deseable”, con unos objetivos a modo de “ideales”, un profesor entendido como mediador entre la sociedad y el educando y un alumno del que se valoran especialmente la creatividad, la capacidad de iniciativa y la búsqueda de nuevas soluciones a los problemas. La perspectiva personalizadora, en fin, tiene un referente de naturaleza humanista, que se convierte en causa final del curriculum, los objetivos educativos aluden siempre al logro de “ser persona” y el profesor interactúa con el alumno en todos los aspectos de la personalidad de éste mientras se va construyendo a sí mismo precisamente como sujeto y persona.

Desde esta última perspectiva personalizadora, el abanico de valores se abre a muchas más dimensiones que desde las anteriores: valores vitales, intelectuales, tecnológicos, sociales, afectivos, interpersonales, estéticos, ético-singulares y ético-sociales. Sin quitar que algunos de los aspectos subrayados por las otras perspectivas puedan ser también interesantes y válidos, parece que una deseable educación en la diversidad tiene un apoyo más consistente si se considera desde la perspectiva personalizadora.

Tras algunos años de experiencias y tras no pocas reflexiones expresadas en los congresos, investigaciones y publicaciones sobre estas cuestiones, en concreto sobre TIC y educación, o más ampliamente sobre la sociedad de la información, parece haber un razonable consenso en torno a los siguientes puntos, relevantes en relación con el tema que nos ocupa.

*        La sociedad de la información genera espacios virtuales para la comunicación, colaboración, trabajo en grupo y, por extensión, nuevos tipos, modelos y formas de socialización.

*        Es una oportunidad para la innovación y un buen recurso para el acceso a la información.

*        Constituye un soporte para la educación en la diversidad, ya que facilita respetar ritmos y diferencias.

*        Favorece los mecanismos de seguimiento, ya que el software interactivo ayuda a los alumnos a controlar sus propios procesos de aprendizaje.

*        Es motivadora, como demuestran muchas experiencias educativas en curso o ya terminadas, y permite un importante grado de flexibilidad.

*        Es probable que en los ámbitos virtuales aparezcan nuevos tipos de relaciones y de conflictos, como una reproducción, o no, de los ámbitos reales.

*        También es probable que se generen nuevos valores éticos.

*        Es importante diseñar, dentro del entorno, espacios de comunicación sincrónicos en tiempo real, que faciliten procesos de comunicación bidireccional, conjurándose así el posible aislamiento del alumno.

*        La comunicación directa y continua entre los diversos implicados en los procesos de formación (profesores, alumnos, administradores del sistema, mundo exterior, etc.) aparece igualmente como un punto relevante.

*        Se dibuja en el horizonte deseable un perfil de alumno con buen nivel de formación tecnológica, flexible y plural en el uso de diferentes fuentes y tipos de información y crítico en el uso, filtrado y comprensión de la información, entre otras cosas, para no confundirla con el conocimiento.

*        Finalmente, es deseable y hasta exigible un tipo de profesor conocedor de las nuevas tecnologías, que habrá de acostumbrarse progresivamente a trabajar en entornos virtuales, en equipos interdisciplinares y transnacionales, capaz de apuntarse a un proceso y estilo de formación y reciclaje permanentes.

 

Pero si las TIC, y particularmente Internet, se quedan en las perspectivas meramente instruccionales o reproductoras, o incluso anticipadoras sin más, no habremos avanzado mucho. La perspectiva personalizadora aparece, pues, en este contexto como el mejor trasfondo ético para la educación intercultural y en la diversidad. A esta línea debiera apuntarse la utilización de las TIC y de Internet en sus aplicaciones educativas si se quiere aprovechar su potencial para conectar con y  relacionar personas entre sí, para pasar del yo y del tú al yo-tú (M. Buber) y, todavía mejor, del yo al nosotros. Y esta es realmente una verdadera tarea de carácter ético, pero también con componentes afectivos y emocionales, como diremos a continuación.

Por todo esto no es de extrañar que en el Proyecto 31 C/4 de la UNESCO,  en el que se señala la Estrategia a medio plazo (2002-2007), publicado a principio de 2001, en su n.204, se diga textualmente: “ Las tecnologías de la información y la comunicación sólo son una parte de un conjunto de tecnologías que pueden prestar apoyo al aprendizaje y enriquecerlo. Será necesario tratar, en este contexto, las cuestiones éticas y jurídicas relacionadas con la utilización generalizada de las tecnologías de la información en la educación (por ejemplo: la propiedad del conocimiento, el marco jurídico y arancelario, las oportunidades de aprendizaje y los materiales pedagógicos, lo retos que plantea la educación considerada como producto de consumo y las repercusiones de la educación en la diversidad cultural.”

 

3.-  EL TRASFONDO EMOCIONAL

¿ Se mueve la Red cuando la tierra tiembla ? Me gustó este título provocador de un artículo en la revista “Interactiva”. Tragedias, terremotos, guerras, niños explotados, mujeres maltratadas … La Red no sólo se hace eco de lo que ocurre, sino que también es un espléndido medio para solidarizarse con los afectados por esos y otros problemas gracias a su interactividad. Diríamos que la Red no sólo ayuda a viajar, a navegar por el ancho mundo y a partir de ahí destruir tópicos, prejuicios y estereotipos, sino también a sentir con …, a empatizar. Por este camino nos damos de lleno con un tema antiguo, pero re-descubierto por otros caminos, re-construído con otros significados, abierto a otras perspectivas: la inteligencia emocional. Los ordenadores no tiemblan y la Red no se conmueve con los problemas y desgracias de los hombres y mujeres, adultos o niños. Pero detrás de la Red, en-redados, inter-relacionados, están, pueden estar, las personas.

A título de ejemplo, se podría seguir una especie de búsqueda de “márketing de valores” con acento emocional a través de Internet e iniciar un recorrido. Cualquiera puede hacerlo. Así, al azar, un buen día te pones a teclear www.wanadoo.es y aparece el anuncio de un festival musical de ayuda a El Salvador … Sigues pinchando y aparece una nueva página www.tenemosuntrato.com donde ya se especifica que el concierto se celebrará en Madrid,  que cuesta 2.500 pts. y que en él actúan 20 artistas españoles. Pinchas por otro lado www.cruzroja.es y por la estructura misma de la página ya notas que no es una puntocom, al tiempo que puede valorarse su claridad, sencillez y buena estructura. Con un formato  parecido, aunque con diseño más simple, el site de Cáritas, www.caritas.es, ofrece información parecida. Otra página encontrada con facilidad es www.msf.es, la de Médicos Sin Fronteras, donde ese día hacen una fuerte crítica al Gobierno español por no tratar lo mismo a India que a Ecuador. La web de Manos Unidas, www.manosunidas.org., aparece con un desarrollo más actual y un gran número de cuentas … De vez en cuando uno se encuentra con cosas que se mezclan, como www.daunpaso.com, site de Pepsi y “Save the children”, donde el proyecto del mes es ayudar a El Salvador, pero en cuya web predominan los colores de Pepsi, salen muchas ventanas flotantes y en una de ellas aparece el spot último de la marca. Y así podría seguirse con la búsqueda casi hasta el infinito. Como decía el artículo citado, “bastante material para un marketing con causa”. Pero, ¿ cuál es la causa.?, cabría preguntarse. La causa final, se entiende.

Ya hace tiempo que se intenta extraer más valores socioemocionales a los teclados, creando una impresión más humana en la Red. Recientemente Patricia Wallace se ha ocupado también de estos aspectos en un sugestivo libro, “La psicología de Internet”. A mi modo de ver, esboza una serie de campos en los que pueden desarrollarse interesantísimas líneas de investigación para los próximos años. Señalando pros y contras, cautelas y posibilidades, afirma: “ Las relaciones que se forman en Internet son frágiles por nuestra manera de ser y la propia naturaleza de la Red. Podemos abrirnos demasiado –y demasiado pronto- a los demás, o podemos ser poco realistas e idealizar y soñar en exceso. Los juegos de rol, los engaños y los cambios de sexo hacen que las relaciones en Internet corran cierto riesgo y no es extraño que una persona que empieza a gustarnos en la Red –como simple amigo o como posible compañero sentimental- desaparezca sin más. Con todo, creo que, a pesar de los inconvenientes, la capacidad de Internet para fomentar y sustentar relaciones entre dos personas es una de sus características más valiosas. Puede que de vez en cuando estalle una reyerta en algún foro público, pero entre bastidores siempre habrá personas que se cuenten historias, escuchen las cuitas ajenas, cultiven una amistad o regalen una ciberrosa ”  (p. 201-202).

El modelo de las inteligencias múltiples (H. Gardner) ha hecho realmente fortuna, incluso más allá de los círculos académicos. Una vez establecido, no es de extrañar que aparezcan  “nuevas”  inteligencias ( ¿ o, formas de una misma inteligencia ?) y así empieza a hablarse también de inteligencia moral (V. Gozálvez), otro campo de interés para la investigación en ámbitos educativos formales y no formales. Cualesquiera que sean las discusiones sobre el concepto de inteligencia moral, provisional en todo caso, parece acertado relacionarla con un carácter racional de tipo dialógico (saber escuchar, sobre todo), con la aquiescencia o consenso sobre unos mínimos morales (“ética de mínimos”, a la que se refieren Adela Cortina y otros) que hagan posible el diálogo, la expresión de las discrepancias y los fundamentos mismos de la pluralidad moral, como dice el autor citado (V. Gozálvez). Parece también acertado relacionarla con la metacognición (= cuestionarnos y revisar nuestros modos usuales de abordar la realidad …), con la empatía (= sentir con el otro para entenderlo y saber cómo canalizar ese sentimiento …) y con ese conjunto de virtudes públicas (A. Cortina, V. Camps) que hoy se engloban bajo el rótulo de civismo, o concepto de ciudadanía: un pensar y actuar sensible con las pretensiones legítimas de florecimiento y mejora de la comunidad en la que convivimos; y relacionarla, en fin, con el microsistema ético, mundo de las relaciones personales más próximas que generan en cada uno deberes de obligación especial. No es arriesgado decir aquí que TIC e inteligencia moral tengan que decirse algo mutuamente, no en el sentido bueno-malo de la “patética moral”, sino en el nuevo escenario virtual y real que aquellas nos proporcionan.

Hoy hablamos también de una cultura de la participación. Educar en ella supone e implica enseñar a utilizar la tecnología para comunicarse con todo el mundo, para inter-relacionarse, para hacer oir la propia voz y escuchar las voces de otros muchos, para establecer redes que atraviesan países, para generar la propia información, para acceder a información relevante, esté donde esté, para darle a esta un significado, construyendo así conocimiento. No es aventurado tampoco decir que en el próximo e inmediato futuro los procesos de socialización y relaciones afectivas de los niños y adolescentes, en ámbitos educativos formales y no formales, están llamados a pasar igualmente por la mediación de la tecnología. Baste pensar, a título de ejemplo, lo que ya está ocurriendo con el móvil y su utilización creciente a esas edades.

La OCDE está influyendo cada vez más a través de sus estudios, informes y recomendaciones, e incluso participación directa, en las reformas educativas. Para esta Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, un objetivo universal debe ser dar mayor peso a las habilidades, conocimientos y disposiciones de los individuos. Siguiendo el Informe de la Comisión Delors, también propone un aprendizaje durante toda la vida, lo que lleva a considerar un amplio abanico de habilidades: comunicativas, lingüísticas, de creatividad, trabajo en equipo, resolución de problemas y familiarización con las nuevas tecnologías, las cuales se están demostrando relevantes para la consecución de empleo, a juicio de dicha Organización. Todas estas habilidades, a desarrollar a lo largo del currículum, conectan con una serie de objetivos de carácter personalizante, afectivo-emocional y ético. Estos objetivos, entre otros a tener en cuenta en los proyectos educativos, serían los siguientes: promover la ciudadanía responsable, la autosatisfacción individual, un espíritu de búsqueda independiente, una conciencia de los derechos y responsabilidades sociales y una buena disposición para el trabajo.

Si es cierto, y acertado a nuestro juicio, que algunos especialistas en Educación (Beltrán y otros) consideren que las TIC realmente serán válidas si sirven para una especie de reingeniería mental, cabe reivindicar también en este mismo contexto los aspectos afectivo-emocionales, implícitos al menos en su trasfondo, y así hablar de una tecnología emocional, en paralelo o como sinónimo de lo que otros denominan  “tecnología humanista”. No debe extrañarnos este afán por introducir adjetivos, formulaciones nuevas, pues no se trata de apuntarse a la moda de “lo emocional”. Se trata más bien, al menos desde la perspectiva de quien escribe estas reflexiones, de introducir matices, de no perder perspectivas, de no caer en reduccionismos, también de no creer a priori en panaceas. Es un principio que creemos importante en las aplicaciones educativas y, en cualquier caso, a la hora de abordar lo humano, ese constructo al que denominamos persona, que es bios y psique, cognición y afectividad, por no citar otras dimensiones igualmente fundamentales. Vale la pena, a nuestro juicio, recordar  también esto a propósito de las TIC, de su uso y de sus aplicaciones en los ámbitos educativos formales y no formales.

 

4.-  VISIONES DESDE EL TRASFONDO PARA ENCARAR EL FUTURO

 

  El verdadero sentido de la educación intercultural

Construir la escuela intercultural como contexto y medio natural para una educación en la diversidad es uno de los grandes retos del sistema educativo español en estos momentos y también de la sociedad en general. Este curso, 2001-2002 harán sus estudios en nuestro país 100.000 escolares inmigrantes. La nueva situación social y multicultural en países como el nuestro debe llevar a recrear la escuela, si queremos edificar el pilar de “aprender a vivir juntos” a que se refería  el documento de la Comisión Delors. Es interesante señalar a este respecto que los datos de las encuestas  sobre las posturas de los ciudadanos españoles en relación con los inmigrantes, y en concreto las de los padres con hijos en edad escolar, son más optimistas que la realidad. Esta indica, por ejemplo, que las actitudes de intolerancia hacia los “diferentes” persisten, están en la sociedad, en la familia, en los escolares. Y es aquí donde la escuela tiene un papel fundamental como ámbito de aprendizaje y de construcción de las bases fundamentales para saber vivir juntos.

La  escuela intercultural y los modelos psicopedagógicos en los que se basa parten del principio de que el centro educativo es el elemento organizador de la educación intercultural, pero las actuaciones no deben circunscribirse al centro. La `puesta en marcha de una educación intercultural, y su éxito, no dependen sólo de la buena voluntad de los centros escolares, sino también de las actitudes, valores, diferencias y matices que existen en la sociedad en torno a esta cuestión, que constituyen una realidad muy compleja y cuyo tratamiento colectivo supone una ardua tarea. La escuela intercultural que educa en la diversidad debe, pues, tener en cuenta los ámbitos institucional, administrativo, curricular, de servicios y relaciones interpersonales.

En nuestro país, como en otros de la Unión Europea y a pesar de las dificultades, se están llevando a cabo magníficas experiencias en educación intercultural, muchas de ellas con grandes dosis de creatividad, como las relacionadas con las Etnomatemáticas o las que parten de las diversas tradiciones musicales de los niños que componen el aula.  Algunas han encontrado en las TIC la oportunidad de un recurso motivador e igualador de primer orden para dicha educación. Las tecnologías de la información y comunicación van a contribuir sin duda a cambiar los modelos clásicos de enseñanza y aprendizaje y, en ese camino, tienen no poco que decir en el campo de la educación intercultural. La creciente extensión de Internet genera sin duda nuevas oportunidades para la educación, pero implica también un reto múltiple: las amenazas o dificultades que conlleva han de transformarse en positivo, en esperanza razonable para todos. Los poderes públicos han de afrontar el reto para evitar la emergencia de “nuevos analfabetos”, de exclusiones ya de partida en alumnos con menos recursos económicos, entre los que se pueden encontrar los inmigrantes. Hay también otros posibles peligros señalados por los expertos y que podrían sintetizarse en convertir la tecnología en un fin y no en un medio, la excesiva uniformidad que pueden generar, o amenazas a la cohesión social por lo que se ha dado en llamar “brecha tecnológica” entre quienes tienen y los que no tienen acceso fácil a las TIC. Pero, como decíamos al principio, si sabemos servirnos de la Red como instrumento para la creatividad, para la génesis de nuevas formas de pensamiento, para favorecer y estimular los procesos cognitivos, para propiciar formas de encuentro que rompen las fronteras físicas, mentales y culturales, estaremos ante una nueva perspectiva realmente revolucionaria para la educación. El ideal que algunos intuyen (P. Lévy) y que denominan “inteligencia colectiva” es el de compartir no sólo conocimientos, sino también la valoración recíproca de los seres humanos y la reactivación mutuamente enriquecedora de singularidades y diferencias.

Por eso hacemos nuestras las palabras del Director General de la UNESCO, Koichiro Matsuura, para quien la construcción de la paz sólo puede lograrse reconociendo y apreciando las diferencias “en las cuales se afirma la igual y absolutamente esencial dignidad humana”, lo que nos remite necesariamente a la educación. Así, sigue diciendo: “ Podemos –y debemos- enseñar desde la más tierna edad a comprender las diferentes contribuciones culturales de las otras civilizaciones y de los otros grupos humanos, a adquirir la costumbre mental de la búsqueda, en todo lo posible, de la solución pacífica y no violenta de toda discordia. Es la educación la que garantiza a largo plazo el hecho de que la comunidad y los ciudadanos apoyarán –incluso pedirán- el tratamiento político de los conflictos: esto es lo que llamamos una cultura de la paz.”(Palabras con motivo de la inauguración oficial de la Cátedra UNESCO en el Ulster, a comienzos de Febrero de 2001. Recogidas en la revista “El mes en la UNESCO”, Enero-Marzo, 2001, p. 26).

 

  Trasfondo emocional para construirse como personas

El trasfondo afectivo o emocional al que nos referimos va mucho más allá de una relación pasajera a través de la Red. Es el que potencia o tiene en cuenta, a través de los métodos pedagógicos, estrategias de enseñanza-aprendizaje y utilización de recursos tecnológicos, que lo principal es ayudar al alumno a ser persona, a construirse a sí mismo como tal.

Es la postura defendida por el Informe Delors, que señala como retos educativos para este milenio la preparación de los ciudadanos para que superen la tensión entre lo mundial y lo local, la tradición y la modernidad, el largo y el corto plazo, la indispensable o inevitable competencia y la preocupación por la igualdad de oportunidades, lo espiritual y lo material, el desarrollo extraordinario de los conocimientos y las capacidades de asimilación del ser humano. Y en relación con las TIC, dicho Informe afirma: “ El siglo XXI, que ofrecerá recursos sin precedentes tanto a la circulación y al almacenamiento de informaciones como a la comunicación, planteará a la educación una doble exigencia que, a primera vista, puede parecer contradictoria: la educación deberá transmitir, masiva y eficazmente, un volumen cada vez mayor de conocimientos teóricos y técnicos evolutivos, adaptados a la civilización cognitiva, porque son la base de las competencias del futuro. Simultáneamente, deberá hallar y definir orientaciones que permitan no dejarse sumergir en las corrientes de informaciones más o menos efímeras que invaden los espacios públicos y privados y conservar el rumbo de los proyectos de desarrollo individuales y colectivos. En cierto sentido la educación se ve obligada a proporcionar las cartas náuticas de un mundo complejo y en perpetua agitación y, al mismo tiempo, la brújula para moverse por ellas.” (Delors y otros, 1996:95-96).

El mismo Informe sugiere que para cumplir las misiones que le son propias, la educación debe hacer frente y estructurarse en torno a cuatro aprendizajes fundamentales: aprender a conocer, es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión; aprender a hacer, para así poder influir sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en las diversas actividades humanas; aprender a ser, como síntesis y meta final de los tres objetivos anteriores. Y termina con lo que, a nuestro juicio, es el verdadero trasfondo afectivo-emocional de la educación: “ Para hacer frente a los retos del siglo XXI, sería indispensable asignar nuevos objetivos a la educación y, por consiguiente, modificar la idea que nos hacemos de su utilidad. Una nueva concepción más amplia de la educación debería llevarnos a cada persona a descubrir, despertar e incrementar sus posibilidades creativas, actualizando así el tesoro escondido en cada uno de nosotros lo cual supone transcender una visión puramente instrumental de la educación, percibida como la vía obligada para obtener determinados resultados (experiencia práctica, adquisición de capacidades diversas, fines de carácter económico) para considerar su función en toda su plenitud, a saber, la realización de la persona que, toda ella, aprende a ser ” (Delors y otros, 1996:96).

 Todo esto, en la práctica educativa, donde el papel del Profesor seguirá siendo fundamental, deberá tener consecuencias importantes. Así, aquél habrá de ayudar a sus alumnos a trabajar la propia biografía dentro de la comunidad cercana a la que pertenecen, pero también con la mirada puesta en esa otra comunidad más amplia, que es la sociedad y el mundo entero. Para ello es igualmente importante que el Profesor, mejor aún si ejerce como Tutor; establezca un buen vínculo afectivo con los alumnos y de estos entre sí, buscando tiempos, formas y recursos que posibiliten la relación, en directo con los cercanos y en directo también - a través de las TIC- con los lejanos.

 

  Trasfondo ético para ser, vivir juntos y edificar la paz

Es imprescindible una reivindicación del sentido crítico, de la capacidad y ejercicio para juzgar con fundamento de las situaciones nuevas que se nos presentan y a las que la ciencia y la tecnología no son ajenas. En este sentido, cabe hacerse preguntas como estas: ¿ Hacia dónde va la sociedad científica y tecnológica.? Es verdad que el conocimiento científico y la tecnología han contribuido a solucionar muchos problemas a la humanidad, pero han creado simultáneamente otros que generan incertidumbre sobre su solución final. La omnipresencia actual de la dimensión científica y técnica en nuestras vidas implica ya de entrada un primer problema. Ante un desarrollo con una velocidad de crecimiento exponencial, como es el experimentado por la ciencia y la tecnología, legítimamente nos preguntamos por el sentido último de estas. Y esta es una pregunta de carácter ético. Como bien dice J. A. Marina en “El laberinto sentimental”, hablamos de sentimientos, de tecnologías, de educación, e inevitablemente acabamos hablando de ética, porque esta es fundante de lo humano.

Tres grandes pensadores españoles del siglo XX se han hecho preguntas y aventurado respuestas pertinentes al tema que nos ocupa. Ortega y Gasset, sin hacer por supuesto  ningún ejercicio de “patética moral”, hablaba del hombre masa como sinónimo del hombre amoral, representativo a día de hoy no sólo de segmentos de población amplios, sino incluso como rasgo definidor de no pocos talantes. Aranguren hablaba de un vacío moral en la sociedad, que debe ser llenado de actitudes; se ha referido también a la pérdida de evidencias éticas, lo que obliga a recuperar la responsabilidad y criticidad morales e invita en último término a descubrir la profunda inquietud ética latente en toda persona. Y Julián Marías habla de la vacilación humana ante trayectorias posibles, lo que obliga al ser humano a una búsqueda de sentido.

Ante  panoramas como los descritos en esta reflexión, una de las vías de salida con las que personalmente me identifico es la llamada ética civil, ética de mínimos o de consenso básico. No son expresiones totalmente equivalentes, pero sí muy cercanas entre sí y apuntan en el fondo a lo mismo. Se trataría de una ética basada en la racionalidad, integradora del pluralismo social, capaz de convertirse en limitadora del poder político y de otros poderes no menos potentes. Es una ética agónica, en lucha constante, con mucho de aspiracional, y contagiosa a través de propuestas lúcidas y ósmosis sociales. Es una ética no carente de pasión, ya que cuando se echa una mirada a nuestro mundo y sus desigualdades, esto debe conducirnos a ser sensibles hacia las injusticias y hacia todo aquello “menos humano” que hay a nuestro alrededor. Esta Etica, así entendida, podrá sentirse fuerte para situar, para “poner en su sitio”, a la ciencia, a la tecnología y sus aplicaciones, o para alimentar la forma de hacer frente a retos como la interculturalidad. Y representa, desde luego, un elemento pedagógico de primer orden si pensamos crear una cultura de paz partiendo de una educación en y desde la diversidad.

Y en la práctica educativa sería interesante, a nuestro modo de ver, que el Profesor fuera impulsor de una cultura moral, a crear entre todos, a partir del entorno de la propia clase. Por eso importa que, frente a una concepción objetivista de los valores (como si hubiera un “sitio” de los valores, o estos fueran “cosas” a obtener…), o meramente subjetiva (disposiciones, tendencias, inclinaciones…), se haga una propuesta educativa de tipo reflexivo, partiendo de la realidad y aterrizando en ella. No existen los valores si no hay acciones con valores. Educar en valores es ayudar a verlos encarnados en la realidad, no en abstracto, e invitar a realizaciones humanas llenas de valor. La escuela puede y debe ser un espacio denso en cultura moral, que todo lo que diga, haga y proponga sea significativo, esto es, tenga un sentido para el alumno en lo que respecta a la dimensión ética de las acciones humanas. Así, a partir de sus experiencias anteriores y compartiendo las de otros, el alumno podrá construir conocimientos y sentimientos morales, no para atenerse a un “listado de valores” que no existe, sino para dar densidad humana, transcendente, a las propias acciones, sin olvidar ese sentido aspiracional antes señalado, ya que el valor es la búsqueda de valores. La meta educativa final, también el verdadero reto, será que el alumno tenga capacidad para establecer juicios moralmente relevantes, cree un sistema de razones de y sobre las propias acciones y logre en definitiva la deseable autonomía moral. En ese largo recorrido las TIC, a nuestro juicio, pueden cumplir un inestimable papel. El uso de la Red por parte de la escuela también debiera impregnarse de cultura moral. Alumnos y profesores pueden en-redarse, relacionarse, también a través de llamadas, de “cuñas”, con verdadero contenido moral. 

Hans Küng se pregunta: ¿ Etica, para qué ? Y apunta sugerentemente hacia el establecimiento, logro agónico diríamos, de un talante ético global. Se trataría de una ética de mínimos en valores, normas y actitudes comunes, con una clave para el futuro: responsabilidad planetaria. Propone que frente a la ética del éxito o de simples intenciones, se establezca una ética de responsabilidad … para con el ámbito común, el medio ambiente y el mundo futuro, teniendo por objetivo y criterio último: el hombre, la persona. Entiende así la Etica como asunto público, pues sin un talante ético mundial, no habrá orden ni paz mundial. Porque hay muchas cosas que dan que pensar, que nos hacen pensar, decimos nosotros, porque hay cosas que hacer y recursos que emplear, nos hacemos preguntas que tienen un calado ético. Y al hilo de los temas tratados aquí también podríamos decir que tal vez lleguemos a estar en-redados. El reto, el objetivo, es estar además inter-relacionados para edificar, sirviéndonos, además de otros, de los recursos de las TIC, una cultura de la paz

Como dice F. Savater, “mantener una relación ética con los otros es estar siempre dispuesto a concederles la palabra y a poner en palabras lo que exigimos de ellos, lo que les ofrecemos, o lo que les reprochamos”  (Invitación a la ética, p. 36), constituyendo todo esto probablemente uno de los indispensables presupuestos para esa cultura de la paz. Y cuando se dice que las TIC pueden  representar una especie de revolución copernicana en la sociedad y en la educación, recordamos con él  que  “la revolución no es el delirio mesiánico de ciertas políticas, sino el humilde y enérgico propósito de la ética”  (ib., p. 97).

Jacques Maritain hablaba de la sabiduría como esa capacidad o habilidad de reflexión global, última y fundante, sobre las realidades humanas. Hoy se produce también un reencuentro con este concepto de sabiduría en los ámbitos disciplinares de la Psicología del Desarrollo al hablar de los mayores, no como el que está de vuelta de todo, sino como el que ha hecho un proceso de reflexión y asunción de su vida, su trayectoria y su entorno. Es un concepto que apunta a interrelación, a interdisciplinaridad, a capacidad de análisis y síntesis, a discernimiento entre lo sustancial y lo accidental, a aperturas transcedentes que van más allá de lo inmediato, a reflexión ética, a no pretender decir la última palabra, a tarea  no terminada, pues, como dice también el citado F. Savater, “la ciudad de los hombres ha de ser una tarea y no un mausoleo, porque debe permanecer siempre abierta e inacabada, como la tela de Penélope o el mar de Ulises”  (ib., p. 106).

En la urdimbre de ese tejer y destejer, para el presente y el futuro inmediato que se dibuja con las formas de la diversidad cultural, las TIC van a jugar un decisivo papel. Importa a todos tener en cuenta su trasfondo emocional y ético.

  En muchas regiones del mundo la paz sigue siendo algo frágil y precario. Contribuir a preservarla en todas sus dimensiones sigue siendo, por ende, un desafío permanente para la comunidad internacional en general y para la UNESCO en particular puesto que este ideal está consagrado en su Constitución. Su consecución supone otra tarea, la de erigir la confianza y el entendimiento entre las diferentes culturas y civilizaciones y dentro de ellas, así como entre las naciones, comunidades y personas, especialmente en situaciones de conflicto agudo y de postconflicto. La defensa de la paz comienza en la propia mente de los hombres y las mujeres, a quienes se deben infundir esperanzas en el porvenir, especialmente pensando en las generaciones futuras.  ( UNESCO: Estrategia a medio plazo, 2002-2007, n. 1).

 

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