DÉCIMA
CONFERENCIA MUNDIAL TRIANUAL
10
th TRIENNIAL WORLD CONFERENCE
Pedagogía
de la diversidad: /
Pedagogy of Diversity:
Creando una cultura de paz
/ Creating a Culture of Peace
Las
T.I.C.
en
el
transfondo
emocional
y
ético
de
la
educación
y
la
interculturalidad
Dr. Luis
Fernando
Vílchez Martín
Univ. Complutense de
Madrid.
Departamento de
Psicología Evolutiva y de la Educación.
1.- DE LA “PATÉTICA
MORAL” A LAS OPORTUNIDADES RAZONABLES
En el momento actual nos
sentimos forzados a reflexionar no sólo sobre las posibilidades educativas
que ofrecen las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación), y en
particular Internet, sino también sobre otros muchos aspectos referentes a
ellas. El debate se sitúa a veces en términos, explícita o implícitamente,
bipolares en sentido ético: ¿ tecnologías buenas o malas ?
Muy probablemente estos debates esconden una defensa ante lo nuevo,
ante lo que aún no se domina … y para dominarlo se acude a las etiquetas, a
las calificaciones previas.
Se
reproduce aquí un nuevo episodio de la postura que acertadamente algunos
especialistas del área de la Etica (M. Vidal) denominan “patética moral”
y que se resumiría en el ancestral “cualquier tiempo pasado fue mejor”.
Ese es, por ejemplo, el enfoque que muchos suelen dar, a la hora de emitir
opiniones y hacer juicios de valor, sobre la sociedad actual como conjunto,
cuando afirman, al hilo del tópico, que actualmente hay una “crisis de
valores”. Realmente esto no es así, o no lo es del todo. Quien conozca bien
la historia, con mayúscula y con minúscula, se siente forzado a reconocer
que ha habido evidentes progresos morales a lo largo del tiempo. No hace falta
traer aquí a colación hechos como la esclavitud, la situación de los niños
y mujeres, la ausencia de derechos en las clases trabajadoras, el despotismo
de los poderosos, dueños de personas, voluntades y haciendas, episodios tan
negros como la Inquisición o la quema de brujas, las grandes guerras o los
campos de exterminio. Otra cosa es que aún falten por alcanzarse metas
morales de envergadura en las relaciones internacionales o incluso en el
interior de países cuyas leyes se apoyan en el Derecho y la participación
democrática, por no hablar de aquellos otros países en los que ni siquiera
eso está vigente. Los cultivadores de la “patética moral” no suelen
aportar nada, o muy poco, a los debates éticos que se plantean en la
sociedad, abusan de la expresión “crisis de valores” como una especie de
condena apriorística de los modos de vida actuales y pocas veces profundizan
en el verdadero sentido moral de la persona, en la fundamentación ética de
las acciones y hábitos, en la aplicación recta de los avances científicos y
tecnológicos a los diversos campos de la existencia y quehacer humano, o a la
organización de la sociedad en general. Y esto, sin embargo, es cada vez más
necesario en un mundo que nos plantea frecuentes dilemas morales en problemas
a los que hemos de enfrentarnos.
En
los diversos encuentros entre estudiosos, conocedores y usuarios de las TIC en
contextos educativos, así como en una creciente literatura al respecto,
parece abrirse progresivamente un cierto acuerdo sobre las posibilidades que
aquellas, y hoy específicamente Internet, ofrecen a la educación en general
y particularmente a la educación con acento intercultural. Más
recientemente, algunos se están refiriendo también a las dimensiones o
aspectos afectivos y emocionales, a la hora de utilizar estas tecnologías.
Al
tratar de las TIC y reflexionar sobre sus posibles aportaciones a la educación,
algunos (Prof. Beltrán) distinguen cautelosamente entre mitos, promesas y
realidades. Otros (Profs. Domingo Gallego y Catalina Alonso) se refieren a
ellas en términos realistas y hablan del binomio oportunidad-amenaza que
dichas tecnologías representan cara al inmediato futuro. Y no faltan los escépticos
y críticos, como el mismo D. Goleman, que ponen sobre aviso en relación con
los “perjuicios” emocionales que el uso de Internet puede acarrear en
determinados sujetos.
Sin
desconocer la existencia de problemas en la cuestión que tratamos, preferimos
apuntarnos al polo esperanzado de la oportunidad, lo cual, a la hora del análisis
de experiencias y posibilidades cara al futuro, supone un sí, una apertura,
pero también con unas condiciones. Si las TIC e Internet nos ayudan a
construir conocimiento (no sólo a almacenar y facilitar información), serán
válidas y cumplirán un papel impagable. Si sirven para desmontar prejuicios
y estereotipos (cabría decir aquí que estos se quitan viajando … por
Internet), habremos dado un gran salto en las relaciones interpersonales. Si
sirven para generar nuevos procesos cognitivos, o reforzar los básicos,
habremos encontrado en ellas un magnífico recurso. Si sirven para ampliar el
campo de la verdad y la transmisión de valores, estaremos ante una conquista
ética. Si ayudan a crear redes afectivas, habremos conjurado uno de los
posibles peligros que se les achacan, el solipsismo y aislamiento del usuario.
2.- UNA OPORTUNIDAD PARA LA
EDUCACIÓN INTERCULTURAL Y EN LOS VALORES A PARTIR DE LA DIVERSIDAD
Multiculturalidad
es un término que hace referencia a un hecho constatable y creciente en nuestra
sociedad, la coexistencia de personas pertenecientes a distintas culturas, lo
que, aplicado a la educación, implica retos y problemas. Interculturalidad, por
su parte, esconde una intencionalidad, un propósito educativo y hasta una
filosofía. Aunque en ocasiones se emplean otros términos, la expresión
“educación intercultural” ha pasado a ser usada por la mayoría de los
Estados Miembros de la UE para denotar una serie de prácticas educativas
encaminadas a fomentar el respeto mutuo y el entendimiento entre todos los
alumnos, sea cual sea su cultura, lengua, religión u origen étnico. La educación
intercultural representa la principal estrategia contra la xenofobia y el
racismo en los colegios y su substrato ético puede actuar también como antídoto
frente a problemas tan actuales como lacerantes en las aulas, como la violencia
o el llamado “bullying”, cuyo abordaje es hoy imprescindible, si queremos
ser realistas en la intervención educativa.
Cuando
se habla de educación en la diversidad, como otra forma tal vez más amplia de
referirse al problema que nos ocupa, se entiende un tipo de educación que tiene
en cuenta todos los elementos por los que los alumnos son, o pueden ser,
distintos entre sí. Pero es importante señalar que en todos los casos late,
debe latir, un principio de filosofía educativa que connota con el mundo de los
valores: el respeto al otro siempre y en cualquier circunstancia, al distinto o
diferente, sea cual sea el motivo o aspecto que lo distinga.
Por
otro lado, el nuevo planteamiento educativo que se recoge bajo el rótulo de
educación para la diversidad abre posibilidades más allá del ámbito de la
educación formal y toma en consideración la importancia de situaciones
educativas no formales e informales, como los procesos de transición
escuela-trabajo, formación laboral-ocupacional, autonomía social y
profesional, más allá también de las características individuales,
personales, familiares y sociales de cada sujeto. Con el concepto
“diversidad” estamos además aludiendo a aspectos culturales, lingüísticos,
económicos, intelectuales, físicos, etc.. Y para que todos estos aspectos
pasen de ser simples deseos o ideales a realidades constatables, habría que
revisar seguramente los itinerarios de lo que hasta ahora se ha venido
entendiendo por educación para la diversidad para la consecución de una serie
de objetivos, en cuyo logro pueden jugar papel relevante las TIC: autoconcepto y
autoestima, buen nivel de autonomía, destrezas y habilidades para desenvolverse
adecuadamente en la vida ordinaria, social, laboral, etc.
Pero conceptos
como transversalidad en los objetivos educativos y en el curriculum escolar,
educación para la paz, la tolerancia, la igualdad, la diversidad, la
convivencia y la solidaridad, sólo son bellas palabras o pronunciamientos teóricos
si no se asimilan significativamente y se digieren a través de una siembra y un
goteo pedagógico constantes. Por lo demás, no debemos olvidar que la
intervención para educar en la diversidad y para la educación intercultural en
definitiva, ha de alcanzar e implicar a toda la comunidad escolar (profesores,
alumnos autóctonos y foráneos, personal de servicios, etc.), a los padres y
familias de unos y otros y, en último término, a la sociedad en general, sobre
todo en los contextos en los que se presente el multiculturalismo.
En
cierto modo, la educación en la diversidad y la educación intercultural
representan un desafío y una oportunidad para “recrear la escuela” (Mardones),
pero una verdadera escuela de la diversidad por motivos culturales consiste en
una concepción de multiculturalidad
no estática, de simple coexistencia o integración no agresiva por la ausencia
de conflictos, sino dinámica y mutuamente enriquecedora para los individuos que
participan en ella, en la que todos dan y todos reciben. Este es el verdadero
significado de educación intercultural.
Hoy
se consideran entre otras, para criticarlas o defenderlas según las posiciones
de cada cual, diversas perspectivas educativas en general y concretamente para
la educación en valores. En primer lugar, la perspectiva
exclusivamente instruccional, en la
que el referente último del curriculum es el epistemológico, el profesor es
preferentemente un enseñante y del alumno se tiene en cuenta ante todo su
capacidad de comprensión y asimilación. Para la perspectiva reproductora, el referente último del curriculum es de
carácter social, los objetivos educativos son los demandados por la sociedad en
cada momento y contexto históricos, el profesor “eficaz” es el que se halla
en permanente contacto y sintonía con las demandas sociales, mientras al alumno
se le considera primordialmente como ciudadano, miembro de la sociedad en la que
vive, crece y se desarrolla. También la perspectiva
anticipadora tiene como referente curricular último a la sociedad, pero la
“sociedad deseable”, con unos objetivos a modo de “ideales”, un profesor
entendido como mediador entre la sociedad y el educando y un alumno del que se
valoran especialmente la creatividad, la capacidad de iniciativa y la búsqueda
de nuevas soluciones a los problemas. La perspectiva
personalizadora, en fin, tiene un referente de naturaleza humanista, que se
convierte en causa final del curriculum, los objetivos educativos aluden siempre
al logro de “ser persona” y el profesor interactúa con el alumno en todos
los aspectos de la personalidad de éste mientras se va construyendo a sí mismo
precisamente como sujeto y persona.
Desde
esta última perspectiva personalizadora, el abanico de valores se abre a muchas
más dimensiones que desde las anteriores: valores vitales, intelectuales,
tecnológicos, sociales, afectivos, interpersonales, estéticos, ético-singulares
y ético-sociales. Sin quitar que algunos de los aspectos subrayados por las
otras perspectivas puedan ser también interesantes y válidos, parece que una
deseable educación en la diversidad tiene un apoyo más consistente si se
considera desde la perspectiva personalizadora.
Tras
algunos años de experiencias y tras no pocas reflexiones expresadas en los
congresos, investigaciones y publicaciones sobre estas cuestiones, en concreto
sobre TIC y educación, o más ampliamente sobre la sociedad de la información,
parece haber un razonable consenso en torno a los siguientes puntos, relevantes
en relación con el tema que nos ocupa.
*
La sociedad de la información genera espacios virtuales para la
comunicación, colaboración, trabajo en grupo y, por extensión, nuevos tipos,
modelos y formas de socialización.
*
Es una oportunidad para la innovación y un buen recurso para el acceso a
la información.
*
Constituye un soporte para la educación en la diversidad, ya que
facilita respetar ritmos y diferencias.
*
Favorece los mecanismos de seguimiento, ya que el software interactivo
ayuda a los alumnos a controlar sus propios procesos de aprendizaje.
*
Es motivadora, como demuestran muchas experiencias educativas en curso o
ya terminadas, y permite un importante grado de flexibilidad.
*
Es probable que en los ámbitos virtuales aparezcan nuevos tipos de
relaciones y de conflictos, como una reproducción, o no, de los ámbitos
reales.
* También es probable que se
generen nuevos valores éticos.
*
Es importante diseñar, dentro del entorno, espacios de comunicación
sincrónicos en tiempo real, que faciliten procesos de comunicación
bidireccional, conjurándose así el posible aislamiento del alumno.
*
La comunicación directa y continua entre los diversos implicados en los
procesos de formación (profesores, alumnos, administradores del sistema, mundo
exterior, etc.) aparece igualmente como un punto relevante.
*
Se dibuja en el horizonte deseable un perfil de alumno con buen nivel de
formación tecnológica, flexible y plural en el uso de diferentes fuentes y
tipos de información y crítico en el uso, filtrado y comprensión de la
información, entre otras cosas, para no confundirla con el conocimiento.
*
Finalmente, es deseable y hasta exigible un tipo de profesor conocedor de
las nuevas tecnologías, que habrá de acostumbrarse progresivamente a trabajar
en entornos virtuales, en equipos interdisciplinares y transnacionales, capaz de
apuntarse a un proceso y estilo de formación y reciclaje permanentes.
Pero
si las TIC, y particularmente Internet, se quedan en las perspectivas meramente
instruccionales o reproductoras, o incluso anticipadoras sin más, no habremos
avanzado mucho. La perspectiva personalizadora aparece, pues, en este contexto
como el mejor trasfondo ético para la educación intercultural y en la
diversidad. A esta línea debiera apuntarse la utilización de las TIC y de
Internet en sus aplicaciones educativas si se quiere aprovechar su potencial
para conectar con y relacionar
personas entre sí, para pasar del yo y del tú al yo-tú (M. Buber) y, todavía
mejor, del yo al nosotros. Y esta es realmente una verdadera tarea de carácter
ético, pero también con componentes afectivos y emocionales, como diremos a
continuación.
Por
todo esto no es de extrañar que en el Proyecto 31 C/4 de la UNESCO, en el que se señala la Estrategia a medio plazo (2002-2007),
publicado a principio de 2001, en su n.204, se diga textualmente: “ Las
tecnologías de la información y la comunicación sólo son una parte de un
conjunto de tecnologías que pueden prestar apoyo al aprendizaje y enriquecerlo.
Será necesario tratar, en este contexto, las cuestiones éticas y jurídicas
relacionadas con la utilización generalizada de las tecnologías de la
información en la educación (por ejemplo: la propiedad del conocimiento, el
marco jurídico y arancelario, las oportunidades de aprendizaje y los materiales
pedagógicos, lo retos que plantea la educación considerada como producto de
consumo y las repercusiones de la educación en la diversidad cultural.”
3.- EL TRASFONDO EMOCIONAL
¿ Se mueve la Red
cuando la tierra tiembla ? Me gustó este título provocador de un artículo en
la revista “Interactiva”. Tragedias, terremotos, guerras, niños explotados,
mujeres maltratadas … La Red no sólo se hace eco de lo que ocurre, sino que
también es un espléndido medio para solidarizarse con los afectados por esos y
otros problemas gracias a su interactividad. Diríamos que la Red no sólo ayuda
a viajar, a navegar por el ancho mundo y a partir de ahí destruir tópicos,
prejuicios y estereotipos, sino también a sentir con …, a empatizar. Por este
camino nos damos de lleno con un tema antiguo, pero re-descubierto por otros
caminos, re-construído con otros significados, abierto a otras perspectivas: la
inteligencia emocional. Los ordenadores no tiemblan y la Red no se conmueve con
los problemas y desgracias de los hombres y mujeres, adultos o niños. Pero detrás
de la Red, en-redados, inter-relacionados, están, pueden estar, las personas.
A título de
ejemplo, se podría seguir una especie de búsqueda de “márketing de
valores” con acento emocional a través de Internet e iniciar un recorrido.
Cualquiera puede hacerlo. Así, al azar, un buen día te pones a teclear www.wanadoo.es
y aparece el anuncio de un festival musical de ayuda a El Salvador … Sigues
pinchando y aparece una nueva página www.tenemosuntrato.com
donde ya se especifica que el concierto se celebrará en Madrid,
que cuesta 2.500 pts. y que en él actúan 20 artistas españoles.
Pinchas por otro lado www.cruzroja.es y
por la estructura misma de la página ya notas que no es una puntocom, al tiempo
que puede valorarse su claridad, sencillez y buena estructura. Con un formato
parecido, aunque con diseño más simple, el site de Cáritas, www.caritas.es,
ofrece información parecida. Otra página encontrada con facilidad es www.msf.es,
la de Médicos Sin Fronteras, donde ese día hacen una fuerte crítica al
Gobierno español por no tratar lo mismo a India que a Ecuador. La web de Manos
Unidas, www.manosunidas.org., aparece
con un desarrollo más actual y un gran número de cuentas … De vez en cuando
uno se encuentra con cosas que se mezclan, como www.daunpaso.com,
site de Pepsi y “Save the children”, donde el proyecto del mes es ayudar a
El Salvador, pero en cuya web predominan los colores de Pepsi, salen muchas
ventanas flotantes y en una de ellas aparece el spot último de la marca. Y así
podría seguirse con la búsqueda casi hasta el infinito. Como decía el artículo
citado, “bastante material para un marketing con causa”. Pero, ¿ cuál es
la causa.?, cabría preguntarse. La causa final, se entiende.
Ya hace tiempo que
se intenta extraer más valores socioemocionales a los teclados, creando una
impresión más humana en la Red. Recientemente Patricia Wallace se ha ocupado
también de estos aspectos en un sugestivo libro, “La psicología de
Internet”. A mi modo de ver, esboza una serie de campos en los que pueden
desarrollarse interesantísimas líneas de investigación para los próximos años.
Señalando pros y contras, cautelas y posibilidades, afirma: “ Las relaciones
que se forman en Internet son frágiles por nuestra manera de ser y la propia
naturaleza de la Red. Podemos abrirnos demasiado –y demasiado pronto- a los
demás, o podemos ser poco realistas e idealizar y soñar en exceso. Los juegos
de rol, los engaños y los cambios de sexo hacen que las relaciones en Internet
corran cierto riesgo y no es extraño que una persona que empieza a gustarnos en
la Red –como simple amigo o como posible compañero sentimental- desaparezca
sin más. Con todo, creo que, a pesar de los inconvenientes, la capacidad de
Internet para fomentar y sustentar relaciones entre dos personas es una de sus
características más valiosas. Puede que de vez en cuando estalle una reyerta
en algún foro público, pero entre bastidores siempre habrá personas que se
cuenten historias, escuchen las cuitas ajenas, cultiven una amistad o regalen
una ciberrosa ” (p. 201-202).
El modelo de las
inteligencias múltiples (H. Gardner) ha hecho realmente fortuna, incluso más
allá de los círculos académicos. Una vez establecido, no es de extrañar que
aparezcan “nuevas”
inteligencias ( ¿ o, formas de una misma inteligencia ?) y así empieza
a hablarse también de inteligencia moral (V. Gozálvez), otro campo de interés
para la investigación en ámbitos educativos formales y no formales.
Cualesquiera que sean las discusiones sobre el concepto de inteligencia moral,
provisional en todo caso, parece acertado relacionarla con un carácter racional
de tipo dialógico (saber escuchar, sobre todo), con la aquiescencia o consenso
sobre unos mínimos morales (“ética de mínimos”, a la que se refieren
Adela Cortina y otros) que hagan posible el diálogo, la expresión de las
discrepancias y los fundamentos mismos de la pluralidad moral, como dice el
autor citado (V. Gozálvez). Parece también acertado relacionarla con la
metacognición (= cuestionarnos y revisar nuestros modos usuales de abordar la
realidad …), con la empatía (= sentir con el otro para entenderlo y saber cómo
canalizar ese sentimiento …) y con ese conjunto de virtudes públicas (A.
Cortina, V. Camps) que hoy se engloban bajo el rótulo de civismo, o concepto de
ciudadanía: un pensar y actuar sensible con las pretensiones legítimas de
florecimiento y mejora de la comunidad en la que convivimos; y relacionarla, en
fin, con el microsistema ético, mundo de las relaciones personales más próximas
que generan en cada uno deberes de obligación especial. No es arriesgado decir
aquí que TIC e inteligencia moral tengan que decirse algo mutuamente, no en el
sentido bueno-malo de la “patética moral”, sino en el nuevo escenario
virtual y real que aquellas nos proporcionan.
Hoy hablamos también
de una cultura de la participación. Educar en ella supone e implica enseñar a
utilizar la tecnología para comunicarse con todo el mundo, para inter-relacionarse,
para hacer oir la propia voz y escuchar las voces de otros muchos, para
establecer redes que atraviesan países, para generar la propia información,
para acceder a información relevante, esté donde esté, para darle a esta un
significado, construyendo así conocimiento. No es aventurado tampoco decir que
en el próximo e inmediato futuro los procesos de socialización y relaciones
afectivas de los niños y adolescentes, en ámbitos educativos formales y no
formales, están llamados a pasar igualmente por la mediación de la tecnología.
Baste pensar, a título de ejemplo, lo que ya está ocurriendo con el móvil y
su utilización creciente a esas edades.
La OCDE está
influyendo cada vez más a través de sus estudios, informes y recomendaciones,
e incluso participación directa, en las reformas educativas. Para esta
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, un objetivo
universal debe ser dar mayor peso a las habilidades, conocimientos y
disposiciones de los individuos. Siguiendo el Informe de la Comisión Delors,
también propone un aprendizaje durante toda la vida, lo que lleva a considerar
un amplio abanico de habilidades: comunicativas, lingüísticas, de creatividad,
trabajo en equipo, resolución de problemas y familiarización con las nuevas
tecnologías, las cuales se están demostrando relevantes para la consecución
de empleo, a juicio de dicha Organización. Todas estas habilidades, a
desarrollar a lo largo del currículum, conectan con una serie de objetivos de
carácter personalizante, afectivo-emocional y ético. Estos objetivos, entre
otros a tener en cuenta en los proyectos educativos, serían los siguientes:
promover la ciudadanía responsable, la autosatisfacción individual, un espíritu
de búsqueda independiente, una conciencia de los derechos y responsabilidades
sociales y una buena disposición para el trabajo.
Si es cierto, y
acertado a nuestro juicio, que algunos especialistas en Educación (Beltrán y
otros) consideren que las TIC realmente serán válidas si sirven para una
especie de reingeniería mental, cabe reivindicar también en este mismo
contexto los aspectos afectivo-emocionales, implícitos al menos en su
trasfondo, y así hablar de una tecnología emocional, en paralelo o como sinónimo
de lo que otros denominan “tecnología
humanista”. No debe extrañarnos este afán por introducir adjetivos,
formulaciones nuevas, pues no se trata de apuntarse a la moda de “lo
emocional”. Se trata más bien, al menos desde la perspectiva de quien escribe
estas reflexiones, de introducir matices, de no perder perspectivas, de no caer
en reduccionismos, también de no creer a priori en panaceas. Es un principio
que creemos importante en las aplicaciones educativas y, en cualquier caso, a la
hora de abordar lo humano, ese constructo al que denominamos persona, que es
bios y psique, cognición y afectividad, por no citar otras dimensiones
igualmente fundamentales. Vale la pena, a nuestro juicio, recordar
también esto a propósito de las TIC, de su uso y de sus aplicaciones en
los ámbitos educativos formales y no formales.
4.- VISIONES DESDE EL
TRASFONDO PARA ENCARAR EL FUTURO
1ª El verdadero sentido de
la educación intercultural
Construir la
escuela intercultural como contexto y medio natural para una educación en la
diversidad es uno de los grandes retos del sistema educativo español en estos
momentos y también de la sociedad en general. Este curso, 2001-2002 harán sus
estudios en nuestro país 100.000 escolares inmigrantes. La nueva situación
social y multicultural en países como el nuestro debe llevar a recrear la
escuela, si queremos edificar el pilar de “aprender a vivir juntos” a que se
refería el documento de la Comisión
Delors. Es interesante señalar a este respecto que los datos de las encuestas
sobre las posturas de los ciudadanos españoles en relación con los
inmigrantes, y en concreto las de los padres con hijos en edad escolar, son más
optimistas que la realidad. Esta indica, por ejemplo, que las actitudes de
intolerancia hacia los “diferentes” persisten, están en la sociedad, en la
familia, en los escolares. Y es aquí donde la escuela tiene un papel
fundamental como ámbito de aprendizaje y de construcción de las bases
fundamentales para saber vivir juntos.
La escuela intercultural y los modelos psicopedagógicos en los
que se basa parten del principio de que el centro educativo es el elemento
organizador de la educación intercultural, pero las actuaciones no deben
circunscribirse al centro. La `puesta en marcha de una educación intercultural,
y su éxito, no dependen sólo de la buena voluntad de los centros escolares,
sino también de las actitudes, valores, diferencias y matices que existen en la
sociedad en torno a esta cuestión, que constituyen una realidad muy compleja y
cuyo tratamiento colectivo supone una ardua tarea. La escuela intercultural que
educa en la diversidad debe, pues, tener en cuenta los ámbitos institucional,
administrativo, curricular, de servicios y relaciones interpersonales.
En nuestro país,
como en otros de la Unión Europea y a pesar de las dificultades, se están
llevando a cabo magníficas experiencias en educación intercultural, muchas de
ellas con grandes dosis de creatividad, como las relacionadas con las Etnomatemáticas
o las que parten de las diversas tradiciones musicales de los niños que
componen el aula. Algunas han
encontrado en las TIC la oportunidad de un recurso motivador e igualador de
primer orden para dicha educación. Las tecnologías de la información y
comunicación van a contribuir sin duda a cambiar los modelos clásicos de enseñanza
y aprendizaje y, en ese camino, tienen no poco que decir en el campo de la
educación intercultural. La creciente extensión de Internet genera sin duda
nuevas oportunidades para la educación, pero implica también un reto múltiple:
las amenazas o dificultades que conlleva han de transformarse en positivo, en
esperanza razonable para todos. Los poderes públicos han de afrontar el reto
para evitar la emergencia de “nuevos analfabetos”, de exclusiones ya de
partida en alumnos con menos recursos económicos, entre los que se pueden
encontrar los inmigrantes. Hay también otros posibles peligros señalados por
los expertos y que podrían sintetizarse en convertir la tecnología en un fin y
no en un medio, la excesiva uniformidad que pueden generar, o amenazas a la
cohesión social por lo que se ha dado en llamar “brecha tecnológica” entre
quienes tienen y los que no tienen acceso fácil a las TIC. Pero, como decíamos
al principio, si sabemos servirnos de la Red como instrumento para la
creatividad, para la génesis de nuevas formas de pensamiento, para favorecer y
estimular los procesos cognitivos, para propiciar formas de encuentro que rompen
las fronteras físicas, mentales y culturales, estaremos ante una nueva
perspectiva realmente revolucionaria para la educación. El ideal que algunos
intuyen (P. Lévy) y que denominan “inteligencia colectiva” es el de
compartir no sólo conocimientos, sino también la valoración recíproca de los
seres humanos y la reactivación mutuamente enriquecedora de singularidades y
diferencias.
Por eso hacemos
nuestras las palabras del Director General de la UNESCO, Koichiro Matsuura, para
quien la construcción de la paz sólo puede lograrse reconociendo y apreciando
las diferencias “en las cuales se afirma la igual y absolutamente esencial
dignidad humana”, lo que nos remite necesariamente a la educación. Así,
sigue diciendo: “ Podemos –y debemos- enseñar desde la más tierna edad a
comprender las diferentes contribuciones culturales de las otras civilizaciones
y de los otros grupos humanos, a adquirir la costumbre mental de la búsqueda,
en todo lo posible, de la solución pacífica y no violenta de toda discordia.
Es la educación la que garantiza a largo plazo el hecho de que la comunidad y
los ciudadanos apoyarán –incluso pedirán- el tratamiento político de los
conflictos: esto es lo que llamamos una cultura de la paz.”(Palabras con
motivo de la inauguración oficial de la Cátedra UNESCO en el Ulster, a
comienzos de Febrero de 2001. Recogidas en la revista “El mes en la UNESCO”,
Enero-Marzo, 2001, p. 26).
2ª Trasfondo emocional
para construirse como personas
El trasfondo
afectivo o emocional al que nos referimos va mucho más allá de una relación
pasajera a través de la Red. Es el que potencia o tiene en cuenta, a través de
los métodos pedagógicos, estrategias de enseñanza-aprendizaje y utilización
de recursos tecnológicos, que lo principal es ayudar al alumno a ser persona, a
construirse a sí mismo como tal.
Es la postura
defendida por el Informe Delors, que señala como retos educativos para este
milenio la preparación de los ciudadanos para que superen la tensión entre lo
mundial y lo local, la tradición y la modernidad, el largo y el corto plazo, la
indispensable o inevitable competencia y la preocupación por la igualdad de
oportunidades, lo espiritual y lo material, el desarrollo extraordinario de los
conocimientos y las capacidades de asimilación del ser humano. Y en relación
con las TIC, dicho Informe afirma: “ El siglo XXI, que ofrecerá recursos sin
precedentes tanto a la circulación y al almacenamiento de informaciones como a
la comunicación, planteará a la educación una doble exigencia que, a primera
vista, puede parecer contradictoria: la educación deberá transmitir, masiva y
eficazmente, un volumen cada vez mayor de conocimientos teóricos y técnicos
evolutivos, adaptados a la civilización cognitiva, porque son la base de las
competencias del futuro. Simultáneamente, deberá hallar y definir
orientaciones que permitan no dejarse sumergir en las corrientes de
informaciones más o menos efímeras que invaden los espacios públicos y
privados y conservar el rumbo de los proyectos de desarrollo individuales y
colectivos. En cierto sentido la educación se ve obligada a proporcionar las
cartas náuticas de un mundo complejo y en perpetua agitación y, al mismo
tiempo, la brújula para moverse por ellas.” (Delors y otros, 1996:95-96).
El mismo Informe
sugiere que para cumplir las misiones que le son propias, la educación debe
hacer frente y estructurarse en torno a cuatro aprendizajes fundamentales:
aprender a conocer, es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión;
aprender a hacer, para así poder influir sobre el propio entorno; aprender a
vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en las diversas
actividades humanas; aprender a ser, como síntesis y meta final de los tres
objetivos anteriores. Y termina con lo que, a nuestro juicio, es el verdadero
trasfondo afectivo-emocional de la educación: “ Para hacer frente a los retos
del siglo XXI, sería indispensable asignar nuevos objetivos a la educación y,
por consiguiente, modificar la idea que nos hacemos de su utilidad. Una nueva
concepción más amplia de la educación debería llevarnos a cada persona a
descubrir, despertar e incrementar sus posibilidades creativas, actualizando así
el tesoro escondido en cada uno de nosotros lo cual supone transcender una visión
puramente instrumental de la educación, percibida como la vía obligada para
obtener determinados resultados (experiencia práctica, adquisición de
capacidades diversas, fines de carácter económico) para considerar su función
en toda su plenitud, a saber, la realización de la persona que, toda ella,
aprende a ser ” (Delors y otros, 1996:96).
Todo esto, en la práctica educativa, donde el papel del
Profesor seguirá siendo fundamental, deberá tener consecuencias importantes.
Así, aquél habrá de ayudar a sus alumnos a trabajar la propia biografía
dentro de la comunidad cercana a la que pertenecen, pero también con la mirada
puesta en esa otra comunidad más amplia, que es la sociedad y el mundo entero.
Para ello es igualmente importante que el Profesor, mejor aún si ejerce como
Tutor; establezca un buen vínculo afectivo con los alumnos y de estos entre sí,
buscando tiempos, formas y recursos que posibiliten la relación, en directo con
los cercanos y en directo también - a través de las TIC- con los lejanos.
3ª Trasfondo ético para
ser, vivir juntos y edificar la paz
Es imprescindible
una reivindicación del sentido crítico, de la capacidad y ejercicio para
juzgar con fundamento de las situaciones nuevas que se nos presentan y a las que
la ciencia y la tecnología no son ajenas. En este sentido, cabe hacerse
preguntas como estas: ¿ Hacia dónde va la sociedad científica y tecnológica.?
Es verdad que el conocimiento científico y la tecnología han contribuido a
solucionar muchos problemas a la humanidad, pero han creado simultáneamente
otros que generan incertidumbre sobre su solución final. La omnipresencia
actual de la dimensión científica y técnica en nuestras vidas implica ya de
entrada un primer problema. Ante un desarrollo con una velocidad de crecimiento
exponencial, como es el experimentado por la ciencia y la tecnología, legítimamente
nos preguntamos por el sentido último de estas. Y esta es una pregunta de carácter
ético. Como bien dice J. A. Marina en “El laberinto sentimental”, hablamos
de sentimientos, de tecnologías, de educación, e inevitablemente acabamos
hablando de ética, porque esta es fundante de lo humano.
Tres grandes
pensadores españoles del siglo XX se han hecho preguntas y aventurado
respuestas pertinentes al tema que nos ocupa. Ortega y Gasset, sin hacer por
supuesto ningún ejercicio de
“patética moral”, hablaba del hombre masa como sinónimo del hombre amoral,
representativo a día de hoy no sólo de segmentos de población amplios, sino
incluso como rasgo definidor de no pocos talantes. Aranguren hablaba de un vacío
moral en la sociedad, que debe ser llenado de actitudes; se ha referido también
a la pérdida de evidencias éticas, lo que obliga a recuperar la
responsabilidad y criticidad morales e invita en último término a descubrir la
profunda inquietud ética latente en toda persona. Y Julián Marías habla de la
vacilación humana ante trayectorias posibles, lo que obliga al ser humano a una
búsqueda de sentido.
Ante panoramas como los descritos en esta reflexión, una de las vías
de salida con las que personalmente me identifico es la llamada ética civil, ética
de mínimos o de consenso básico. No son expresiones totalmente equivalentes,
pero sí muy cercanas entre sí y apuntan en el fondo a lo mismo. Se trataría
de una ética basada en la racionalidad, integradora del pluralismo social,
capaz de convertirse en limitadora del poder político y de otros poderes no
menos potentes. Es una ética agónica, en lucha constante, con mucho de
aspiracional, y contagiosa a través de propuestas lúcidas y ósmosis sociales.
Es una ética no carente de pasión, ya que cuando se echa una mirada a nuestro
mundo y sus desigualdades, esto debe conducirnos a ser sensibles hacia las
injusticias y hacia todo aquello “menos humano” que hay a nuestro alrededor.
Esta Etica, así entendida, podrá sentirse fuerte para situar, para “poner en
su sitio”, a la ciencia, a la tecnología y sus aplicaciones, o para alimentar
la forma de hacer frente a retos como la interculturalidad. Y representa, desde
luego, un elemento pedagógico de primer orden si pensamos crear una cultura de
paz partiendo de una educación en y desde la diversidad.
Y en la práctica
educativa sería interesante, a nuestro modo de ver, que el Profesor fuera
impulsor de una cultura moral, a crear entre todos, a partir del entorno de la
propia clase. Por eso importa que, frente a una concepción objetivista de los
valores (como si hubiera un “sitio” de los valores, o estos fueran
“cosas” a obtener…), o meramente subjetiva (disposiciones, tendencias,
inclinaciones…), se haga una propuesta educativa de tipo reflexivo, partiendo
de la realidad y aterrizando en ella. No existen los valores si no hay acciones
con valores. Educar en valores es ayudar a verlos encarnados en la realidad, no
en abstracto, e invitar a realizaciones humanas llenas de valor. La escuela
puede y debe ser un espacio denso en cultura moral, que todo lo que diga, haga y
proponga sea significativo, esto es, tenga un sentido para el alumno en lo que
respecta a la dimensión ética de las acciones humanas. Así, a partir de sus
experiencias anteriores y compartiendo las de otros, el alumno podrá construir
conocimientos y sentimientos morales, no para atenerse a un “listado de
valores” que no existe, sino para dar densidad humana, transcendente, a las
propias acciones, sin olvidar ese sentido aspiracional antes señalado, ya que
el valor es la búsqueda de valores. La meta educativa final, también el
verdadero reto, será que el alumno tenga capacidad para establecer juicios
moralmente relevantes, cree un sistema de razones de y sobre las propias
acciones y logre en definitiva la deseable autonomía moral. En ese largo
recorrido las TIC, a nuestro juicio, pueden cumplir un inestimable papel. El uso
de la Red por parte de la escuela también debiera impregnarse de cultura moral.
Alumnos y profesores pueden en-redarse, relacionarse, también a través de
llamadas, de “cuñas”, con verdadero contenido moral.
Hans Küng se
pregunta: ¿ Etica, para qué ? Y apunta sugerentemente hacia el
establecimiento, logro agónico diríamos, de un talante ético global. Se
trataría de una ética de mínimos en valores, normas y actitudes comunes, con
una clave para el futuro: responsabilidad planetaria. Propone que frente a la ética
del éxito o de simples intenciones, se establezca una ética de responsabilidad
… para con el ámbito común, el medio ambiente y el mundo futuro, teniendo
por objetivo y criterio último: el hombre, la persona. Entiende así la Etica
como asunto público, pues sin un talante ético mundial, no habrá orden ni paz
mundial. Porque hay muchas cosas que dan que pensar, que nos hacen pensar,
decimos nosotros, porque hay cosas que hacer y recursos que emplear, nos hacemos
preguntas que tienen un calado ético. Y al hilo de los temas tratados aquí
también podríamos decir que tal vez lleguemos a estar en-redados. El reto, el
objetivo, es estar además inter-relacionados para edificar, sirviéndonos, además
de otros, de los recursos de las TIC, una cultura de la paz
Como dice F.
Savater, “mantener una relación ética con los otros es estar siempre
dispuesto a concederles la palabra y a poner en palabras lo que exigimos de
ellos, lo que les ofrecemos, o lo que les reprochamos”
(Invitación a la ética, p. 36), constituyendo todo esto probablemente
uno de los indispensables presupuestos para esa cultura de la paz. Y cuando se
dice que las TIC pueden representar
una especie de revolución copernicana en la sociedad y en la educación,
recordamos con él que
“la revolución no es el delirio mesiánico de ciertas políticas, sino
el humilde y enérgico propósito de la ética”
(ib., p. 97).
Jacques Maritain
hablaba de la sabiduría como esa capacidad o habilidad de reflexión global, última
y fundante, sobre las realidades humanas. Hoy se produce también un reencuentro
con este concepto de sabiduría en los ámbitos disciplinares de la Psicología
del Desarrollo al hablar de los mayores, no como el que está de vuelta de todo,
sino como el que ha hecho un proceso de reflexión y asunción de su vida, su
trayectoria y su entorno. Es un concepto que apunta a interrelación, a
interdisciplinaridad, a capacidad de análisis y síntesis, a discernimiento
entre lo sustancial y lo accidental, a aperturas transcedentes que van más allá
de lo inmediato, a reflexión ética, a no pretender decir la última palabra, a
tarea no terminada, pues, como dice
también el citado F. Savater, “la ciudad de los hombres ha de ser una tarea y
no un mausoleo, porque debe permanecer siempre abierta e inacabada, como la tela
de Penélope o el mar de Ulises” (ib.,
p. 106).
En la urdimbre de
ese tejer y destejer, para el presente y el futuro inmediato que se dibuja con
las formas de la diversidad cultural, las TIC van a jugar un decisivo papel.
Importa a todos tener en cuenta su trasfondo emocional y ético.
“ En muchas regiones del mundo la paz sigue siendo algo frágil
y precario. Contribuir a preservarla en
todas sus dimensiones sigue siendo, por ende, un desafío permanente para la
comunidad internacional en general y para la UNESCO en particular puesto que
este ideal está consagrado en su Constitución. Su consecución supone otra
tarea, la de erigir la confianza y el entendimiento entre las diferentes
culturas y civilizaciones y dentro de ellas, así como entre las naciones,
comunidades y personas, especialmente en situaciones de conflicto agudo y de
postconflicto. La defensa de la paz comienza en la propia mente de los hombres y
las mujeres, a quienes se deben infundir esperanzas en el porvenir,
especialmente pensando en las generaciones futuras.
” ( UNESCO: Estrategia a medio plazo, 2002-2007, n. 1).
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