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Vivimos momentos en los que tratar de ser “un buen
profesor o profesora” se presenta como una tarea muy
compleja que abarca ámbitos muy diversos y que resulta
abrumadora en una situación en la que el discurso
oficial sobre los problemas del sistema educativo, y sus
pretendidas soluciones, se basan, en muchas ocasiones,
en aspectos parciales y en miradas interesadas que, a
veces, desvelan un abandono de las tradicionales
posiciones de una educación pública que hace de la
construcción de la ciudadanía su objetivo más
trascendente.
Cuestiones cómo:
¿Podemos afirmar que las situaciones conflictivas que se
detectan en las aulas y centros de Secundaria en nuestro
país, así como en otros países del entorno, son
consecuencia del deterioro de la autoridad de los
profesores y profesoras y la falta de esfuerzo y
responsabilidad del alumnado? ¿O quizás el conflicto y
el deterioro de la autoridad y responsabilidad no son
sino consecuencias de una situación social en la que
escuelas e institutos son una parte más de la
complejidad?.
¿Podríamos admitir que los índices de lectura de los
ciudadanos crecerán exclusivamente desde la incidencia
en el esfuerzo académico o resulta necesario crear
políticas educativas y culturales que los fomenten?.
¿Es pertinente en cualquier situación, más aún en la
actual, que las inversiones en la educación pública no
sólo no aumente sino que incluso decrezca?.
¿Qué es lo que “hay detrás” de frases tan requeridas en
estos momentos como “los estudiantes no están motivados
“ o “no se interesan” o “no entienden”?.
¿Es posible un sistema educativo en el que las reformas
del mismo puedan hacerse ignorando la necesidad de un
amplio debate social que busque cómplices para el
trabajo de los profesores y profesoras?
El marco legal actual sobre la educación en nuestro
país... ¿legitima el trabajo de profesores y
profesoras?
Intentar acercarnos a estos problemas desde diferentes
perspectivas o miradas sociales es la intención que
mueve la reflexión de los participantes en este curso,
así como también recuperar aquella historia que
vinculaba la labor del profesor con un trabajo que si
“valía la pena” era porque tenía la capacidad de ir más
allá de la enseñanza y el conocimiento de la asignatura,
alcanzando el valor de educación en una cultura.
Un
aula de profesores podría ser el lugar de debatir y
compartir de cualquier tema que consideráramos
fundamental para mejorar nuestro trabajo y con ello,
nuestra vida. |