VISIÓN CRÍTICA

La principal duda que puede surgir respecto al mundo Tartéssico era hasta que punto se puede considerar la cultura orientalizante u oriental. Pasaremos a analizar a continuación diversos aspectos que nos pueden plantear dudas sobre esto.

Uno de los hechos que nos plantea esta duda es la descripción de cómo tiene que ser un templo que encontramos en Ezequiel 45:

Ezequiel 45

1.Cuando os repartáis por sorteo esta tierra en heredad, reservaréis como ofrenda para Yahveh un recinto sagrado de la tierra, de una longitud de veinticinco mil codos por una anchura de veinte mil. Será sagrado en toda su extensión.

2. De aquí se tomará para el santuario un cuadrado de quinientos codos por quinientos, alrededor del cual habrá un margen de cincuenta codos.

3. También de su área medirás una longitud de veinticinco mil codos por una anchura de diez mil: aquí estará el santuario, el Santo de los Santos.

4. Será el recinto sagrado de la tierra, destinado a los sacerdotes, que ejercen el ministerio del santuario y que se acercan a Yahveh para servirle. Para ellos será este lugar, para que construyan sus casas y como lugar sagrado para el santuario.

5. Un terreno de veinticinco mil codos de largo por diez mil de ancho será reservado a los levitas, servidores de la Casa, en propiedad, con ciudades para vivir.

6. Y como propiedad de la ciudad fijaréis un terreno de cinco mil codos de ancho por veinticinco mil de largo, junto a la parte reservada del santuario: esto será para toda la casa de Israel.

7. Al príncipe le tocará, a ambos lados del recinto de la parte reservada para el santuario y de la propiedad de la ciudad, a lo largo de la parte reservada para el santuario y de la propiedad de la ciudad, por el lado occidental hacia occidente, y por el oriental hacia oriente, una longitud igual a cada una de las partes, desde la frontera occidental hasta la frontera oriental

8. de la tierra. Esto será su propiedad en Israel. Así mis príncipes no oprimirán más a mi pueblo: dejarán la tierra a la casa de Israel, a sus tribus.

Como se puede ver esta descripción coincide con la descripción del templo de Cancho Roano, surgiendo la pregunta de cómo es posible que una descripción de un templo de Israel se pueda encontrar en Extremadura:

 

Reconstrucción aérea de Cancho Roano

 

También encontramos referencia a la construcción de un templo en Ezequiel 47:

1. Me llevó a la entrada de la Casa, y he aquí que debajo del umbral de la Casa salía agua, en dirección a oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia oriente. El agua bajaba de debajo del lado derecho de la Casa, al sur del altar.
2. Luego me hizo salir por el pórtico septentrional y dar la vuelta por el exterior, hasta el pórtico exterior que miraba hacia oriente, y he aquí que el agua fluía del lado derecho.
3. El hombre salió hacia oriente con la cuerda que tenía en la mano, midió mil codos y me hizo atravesar el agua: me llegaba hasta los tobillos.
4. Midió otros mil codos y me hizo atravesar el agua: me llegaba hasta las rodillas. Midió mil más y me hizo atravesar el agua: me llegaba hasta la cintura.
5. Midió otros mil: era ya un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido hasta hacerse un agua de pasar a nado, un torrente que no se podía atravesar.
6. Entonces me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre?» Me condujo, y luego me hizo volver a la orilla del torrente.
7. Y a volver vi que a la orilla del torrente había gran cantidad de árboles, a ambos lados.
8. Me dijo: «Esta agua sale hacia la región oriental, baja a la Arabá, desemboca en el mar, en el agua hedionda, y el agua queda saneada.
9. Por dondequiera que pase el torrente, todo ser viviente que en él se mueva vivirá. Los peces serán muy abundantes, porque allí donde penetra esta agua lo sanea todo, y la vida prospera en todas partes adonde llega el torrente.
10. A sus orillas vendrán los pescadores; desde Engadí hasta Eneglayim se tenderán redes. Los peces serán de la misma especie que los peces del mar Grande, y muy numerosos.
11. Pero sus marismas y sus lagunas no serán saneadas, serán abandonadas a la sal.
12. A orillas del torrente, a una y otra margen, crecerán toda clase de árboles frutales cuyo follaje no se marchitará y cuyos frutos no se agotarán: producirán todos los meses frutos nuevos, porque esta agua viene del santuario. Sus frutos servirán de alimento, y sus hojas de medicina.»

José Luis Escacena en su libro "La arqueología protohistórica del sur de la Península Ibérica", nos plantea nuevas dudas sobre la visión actual de Los Tartessos que toma a Huelva como capital del mundo Tartéssico.

En primer lugar analizamos los lingotes, tanto aparecidos en Cancho Roano (templo tartéssico) , como aparecidos en Coria del Río (templo fenicio), lo que nos indica más similitudes que diferencias, y nos puede llevar a la duda de si la cultura tartéssica era orientalizante o simplemente oriental (fenicia):

Por su forma, los altares de Cancho Roano y otras estructuras con la misma silueta han sido relacionados con los lingotes de bronce chipriotas. Asumido este paralelismo como explicación para su origen formal, el paso siguiente ha sido aceptar que su simbolismo debería hacer alusión al poder económico y político, ya que los lingotes de bronce de ese tipo alcanzaron realmente en gran parte del Mediterráneo dicho significado. En consecuencia en muchos otros sitios donde se detectó ese signo, fuera en orfebrería (pectorales del tesoro del Carambolo) o formando parte de estructuras funerarias por ejemplo (Pozo Moro), se insistió más en esa parte económica que en otras cuestiones alegóricas de índole religiosa.

El reciente hallazgo de uno de estos altares de barro en Coria del Río (Sevilla) ha ocasionado, gracias al análisis de sus peculiares características, la apertura de una nueva línea de interpretación de su génesis. En síntesis, esta otra perspectiva los reconoce como una imitación rigurosa y detallada hasta en sus más extremos pormenores de pieles de toros, y por tanto los vincula en su origen a cultos relacionados con este animal y con los dioses que con él se identificaron en calidad de divinidades omnipotentes. Altares y lingotes mostrarían una relación genética directa de estas pieles, sin que deban nada en su origen unos a otros. Los argumentos de esta nueva lectura son los que siguen.

Al fabricar el altar de Coria se levantó primero una mesa de planta rectangular de barro de color castaño, parte que hoy ocupa el centro de la obra. Este núcleo inicial orientó su eje longitudinal a la salida del sol en el solsticio de verano. A continuación, este bloque se enlució con una capa de barro amarillento. Conseguida así una plataforma inicial, sus paredes se pintaron de una fina película roja. Se rodeó luego todo el bloque de nuevo con una capa de barro blancuzco-amarillento hasta conseguir el modelado de su planta tetrápoda y la protuberancia bicorne de su lado oriental. Ésta se hizo mediante un grueso cordón del mismo barro, dejando en su interior una ligera concavidad. En la cara superior del altar, se procedió a excavar un receptáculo de planta oval o subcircular para alojar las brasas del hogar. Por último, todo el conjunto (laterales del altar y tabernáculo que lo contenía) se pintó de nuevo con arcilla de tono coral.

La capilla roja funcionó algún tiempo en tales condiciones. En un momento posterior se decidió dotar de mayor altura al pavimento de este recinto. Se cubrió para ello todo el suelo con una gruesa capa de tierra de relleno, lo que produjo un peralte de la estancia que dejó el altar a la mitad de su altura original, y ocultó por completo la protuberancia bicorne de su cara este. Así, durante esta segunda fase de uso, el ara adquirió una forma en parte distinta a la primitiva, forma que, como veremos, corresponde ahora de manera más estrecha con las pieles usadas para ensillar los caballos en aquella época.

A pesar de que se ha pensado en la similitud entre estos altares y las pieles de toros (Celestino, 1997: 372), el tipo ha sido considerado casi siempre el producto de la imitación de la forma del lingote oriental de bronce, quizás en parte por la existencia en Chipre a fines del segundo milenio a. C. de un dios que la tradición historiográfica ha relacionado con el lingote y que tenía su santuario en Enkomi (lonas, 1984: 102-105); de ahí el nombre genérico con el que se les conoce en la bibliografía arqueológica: "altares en forma de lingote". No obstante, los detalles constructivos de la pieza de Coria, sobre todo los relativos a su silueta y a la intencionalidad de sus combinaciones cromáticas, resaltan más las primeras posibilidades interpretativas que las segundas. Tanta meticulosidad en su fabricación y en la búsqueda de contrastes de colores debe obedecer a mensajes simbólicos importantes, de los que el mundo religioso está tan cargado. Curiosamente, las formas correspondientes a las dos fases del altar de Coria pueden relacionarse con la de los dos "pectorales" del tesoro del Carambolo, piezas dotadas de indudable simbolismo sagrado (figuras 3.20 y 3.21). La búsqueda y el correspondiente hallazgo de claves que permitan acceder a este mensaje inducen a una relectura y distinta traducción de la forma de estas aras. La nueva hipótesis sostiene que se trata de la copia fiel y real de la piel de un toro, al modo como éstas se trataban en el mundo antiguo.

En egipcio medio, el jeroglífico alusivo a la palabra "piel de toro" es un ideograma que recuerda de forma esquemática la forma de estos altares de barro, si bien aparece en dicha grafía un apéndice inferior correspondiente a la cola del animal (Gardiner, 1982: 464). Pero, en la arqueología hispana, la imagen más directa de cómo eran recortados los cueros de toros y cabras, o las zaleas de ovejas, las muestran algunas figurillas votivas de caballos aparecidas en santuarios protohistóricos. Estos animales tienen representadas las correspondientes monturas para poder cabalgar sobre ellos, y en tales aparejos ha quedado la foto directa de la manera de trabajar entonces las pieles. Se procedía primero a recortarlas dándole forma aproximada de X, siendo los extremos del aspa las zonas correspondientes a las cuatro patas del animal. Luego se delimitaba en el centro una zona rectangular, o de forma parecida a la del contorno externo de la piel, que conservaba el pelo de la bestia mientras que toda una franja externa se rasuraba hasta conseguir una superior crin desprovista de vello. Así, esta orla adquiría el color amarillento que tienen los pellejos de panderos y tambores. Nos han llegado del mundo egipcio algunas imágenes que dibujan de manera fidedigna estas pieles con el rectángulo central de pelo y los bordes rapados (cf. Delgado, 1996: fig. 81).

 


Altar de barro del santuario fenicio del Cerro de San Juan (Coria del Río).

 


"Pectoral" del tesoro del Carambolo.

Obsérvese su estrecho parecido con el altar de Coria del Río



Es evidente que el altar de Coria quiere representar esta idea. En este caso se trataría de la piel de un toro de capa castaña o retinta con los contornos e¡, el correspondiente tono amarillo blancuzco del pellejo depilado. En la forma esquemática de su segunda fase, estos altares se prodigaron por otras áreas de la Península Ibérica. En algún caso, la bicromía entre la zona central y la periférica se plasmó también en fechas posteriores, como ocurre en las cubiertas de tumbas de la necrópolis albaceteña de Los Villares (Blánquez, 1992: lám. 2). Pero sólo la forma recordaba de sobras su significado, en una tendencia constante hacia una mayor abstracción simbólica. Así, cada vez son más numerosos los testimonios que pueden ser interpretados o reinterpretados como tales altares o como objetos litúrgicos que poseen la misma forma y significado: las "bandejas" de bronce aparecidas en La joya (Garrido y Orta, 1978: láms. XXXI XXXII) y en la Mesa de Gandul (Fernández Gómez, 1989), un colgante de oro de la colección del Instituto Valencia de Don Juan (Kukahn y Blanco, 1959: fig. 6), un exvoto de barro cocido en forma de "altarito" hallado en Setefilla (cf. Ladrón de Guevara y otros, 1992: fig 13: 3), un altar de piedra procedente de Villaricos (Belén, 1994b: fig. 4: 6), unas cubiertas de sepulturas de la necró polis murciana de Castillejo de los Baños (García Cano, 1992: 321), el empedrado que rodea la torre funeraria de Pozo Moro (Almagro-Gorbea, 1983: fig. 6), el elemento que "decora" el suelo de una estancia de posible uso religioso del poblado alicantino de época ibérica de El Oral (Abad y Sala, 1993: 179), unas cajas cinerarias del yacimiento portugués de Neves, en el Alentejo (Maia, 1985-1986), etc. Alusión especial merecen en esta relación los "pectorales" del tesoro del Carambolo (Carriazo, 1973: fig. 74), sobre todo porque reflejan a la vez con fidelidad y con un profundo esquematismo simbólico cómo se trabajó la piel del toro en este mundo protohistórico. A pesar del alto grado de abstracción que presentan, en estas joyas han quedado reflejadas la silueta del cuero del animal y el reborde libre de pelo que la rodeaba, y en última instancia el trozo de piel correspondiente al cuello, convertido ya en un apéndice de significado desconocido antes del hallazgo del altar de Coria. En diversos trabajos se ha señalado la presencia original de esta protuberancia también en el pectoral del Carambolo que hoy carece de ella (Kuhkan y Blanco, 1959: 39; Carriazo, 1973: 130; Perea y Armbruster, 1998: 127), por lo que ambas piezas respondieron a la forma más antigua y canónica de la piel del toro, la misma que muestra el altar de Coria en su fase inicial. A partir de esa silueta, y por un proceso constante de simplificación del signo sin menoscabo del mensaje simbólico que transmitía, los elementos religiosos que imitaban estas pieles acabaron por perder la extremidad alusiva al cuello. Los mismos altares (fase reciente
de Coria y los de Cancho Roano), las cubiertas de tumbas (Los Villares de Albacete) y otros emblemas ("decoración" de El Oral), prescindieron de esa parte ¡)ara convertirse en piezas simétricas desde todos sus costados; pero conservaron en cambio en múltiples casos todavía los contrastes de colores que reflejaban el diferente tratamiento de la piel en su centro y en su contorno.


En efecto, en su fase antigua, la más naturalista del altar de Coria del Río, se reconocen aún los elementos que apoyan esta nueva interpretación. Porque la protuberancia bicorne correspondiente al flanco del altar que mira al orto solar constituye la imitación directa de la piel del cuello de los bóvidos, un elemento que todavía hoy poseen las pieles de toros cuando se curten para la elaboración cíe zahones y que aparece ya representado, por ejemplo, en las pieles de bóvidos del disco de Phaistos. En el caso de Coria, esta zona presenta un pequeño receptáculo en principio contradictorio con la idea de superficie plana que trasmite tina piel. La excavación de este punto no condujo a ningún hallazgo, pero un altar circular hace poco descubierto en Cancho Roano -fase C - exhibe una protuberancia también bicorne -aunque de silueta triangular- que dispone de una oquedad parecida. Allí, ese hueco contenía un cuenco de cerámica en el que se debió depositar algún líquido durante las ceremonias litúrgicas (Celestino, 1997: .373). Por tanto, tal vez el altar de Coria contó en su día con un recipiente de cerámica similar, que fue retirado antes del abandono definitivo de la estancia. l)urante los actos de culto, dicha vasija pudo contener una muestra de sangre de la víctima sacrificada, y se ubicó por tanto en el sitio preciso donde correspondía, en la base del cuello, el punto por donde los toros eran degollados y desangrados, es decir, por donde se les iba la vida. Ya en el mundo minoico, un altar del palacio de Phaistos muestra figuras de toros y espirales dobles de pintura roja que se han interpretado como imágenes de las víctimas y de la sangre derramada sobre el ara (Pelon, 1984: 69). Tales ofrendas y su correspondiente liturgia no debieron de ser muy distintas de las representadas en un exvoto de bronce ibérico en el que precisamente toda la escena, referida al sacrificio de diversos animales, se dramatiza sobre una piel de toro (Obermaier, 1921).


De confirmarse dicha línea interpretativa, los altares de este tipo estarían revelando un simbolismo religioso que, por su vinculación con el toro y por haber sido reconocidos en sus estadios más antiguos en un templo fenicio, podrían tener una relación directa con el culto a Baal. Así, su forma de piel de bóvido, imitada también en múltiples objetos y estructuras de nuestra Protohistoria, pasaría a constituir un emblema sagrado revelador de una determinada ideología religiosa que desde su origen estuvo separada del poder político. Y Cancho Roano dispondría de más argumentos a su favor para ser identificado sólo como santuario, un santuario que, como bien ha reconocido Celestino (1997: 363), tiene paralelos estrechos con el etrusco de Pyrgi. Igualmente, responde a unas medidas repetidas en el templo portugués de Abul (Mayet y Tavares, 1994: 24; 1996).

Estudio y explotación de las estelas de guerrero


Las estelas meridionales de "tipo extremeño" o "de guerrero" no han aparecido en el entorno inmediato de la ciudad que algunos tienen casi -o sin casi- por capital de Tartessos: Huelva. Echar mano de la manida idea de que allí se pudieron fabricar en materiales perecederos, como la madera, es acudir de nuevo a una solución incontrolable; porque, ¿hasta dónde llevar entonces el reparto geográfico de las mismas? Rechazada por tanto cualquier propuesta que no sea contar con lo que tenemos, la dispersión de estos monolitos habla de forma elocuente de muchos problemas históricos, sociales, étnicos, culturales, etc., de los grupos que las produjeron y usaron. A ellos, pero sobre todo al que tiene que ver con el estudio de las deducciones sociales que se han derivado, quiero dedicar este apartado.

Desde que se hallaron y publicaron los primeros ejemplares (Roso de Luna, 1898), las estelas grabadas del Suroeste comenzaron una relación íntima con el mundo funerario. Esta vinculación se basó en dos cuestiones que los estudios siguientes se encargarían de poner cada vez más en duda en parte o en su totalidad. Por un lado, la inexistencia de tumbas evidentes para el Bronce Final al estilo de las que existían antes en la zona, estaba demandando argumentos y datos con los que cubrir y explicar ese campo de la muerte, un área muy atendida por la arqueología decimonónica y por la de comienzos del siglo XX por su propia concepción de lo que debía ser meta de su estudio: los objetos prehistóricos. De hecho, los cementerios eran los yacimientos que más cantidad y calidad de éstos proporcionaban. Así las cosas, resulta notoria la preocupación de los arqueólogos por descubrir una estela con su correspondiente muerto debajo. Las pesquisas de M. Almagro Basch al respecto son muestra evidente de esta ansiedad, que se manifiesta ya en la descripción de la primera pieza de su catálogo, precisamente la encontrada en Solana de Cabañas (Cáceres) y que publicó Roso de Luna:


Muy interesantes son las circunstancias en que se halló, pues todo indica que se había conservado, si no "in situ" exactamente sí cerca de la tumba para la que fue labrada. La losa estaba sobre una sepultura, pero, a su vez, fue
cubierta con piedras sueltas, amontonadas sobre ella, formando un majano. Esta sepultura había sido excavada en la tierra firme del lugar, en el cual sólo se hallaron débiles restos del cadáver. Aunque se habla de "ligeras cenizas como de esqueleto humano", creemos se trata de un sepulcro de inhumación, aunque a los huesos muy destruidos se les designó como "ligeras cenizas" en vez de escribir ligeros restos de esqueleto humano. Sabemos por las circunstancias en que se halló la lápida de la Granja de Céspedes (Badajoz),