La materia médica en los siglos XVII y XVIII
Otro de los grandes hitos del uso de plantas en terapéutica viene marcado por el empleo de los cítricos contra el escorbuto. La hazaña se debe sobre todo a James Lind (1716-1794). En su experimento, realizado en mayo de 1747, tomó doce marineros enfermos y los dividió en seis grupos. Todos recibieron la misma dieta básica, pero cada una de las seis parejas tomó un suplemento extra. La que ingirió fruta ácida consiguió una mejoría espectacular y muy rápida. Este hecho tiene, según Ackerknecht, un doble interés: el haber descubierto el remedio eficaz contra una grave enfermedad que sufrían con frecuencia los marineros, y el procedimiento empleado para averiguarlo.
Dentro de esta línea habría que situar los descubrimientos de Jenner contra la viruela que se escapan del contenido de este trabajo, pero que tuvieron una importancia decisiva en la historia de la medicina.
Nuevos productos de origen vegetal siguieron ingresando en las farmacopeas y aquí colaboraron estrechamente la medicina y la botánica que ya se había desarrollado de forma extraordinaria. Continuaron viniendo nuevas especies de América. Muchos españoles contribuyeron en la tarea. Podemos mencionar por derecho propio las aportaciones de Hipólito Ruiz (1754-1816) y José Pavón (1754-1840), responsables de la expedición al virreinato del Perú que se considera como la más importante del siglo XVIII desde el punto de vista científico
Las colecciones de plantas llegaron a Cádiz a finales de 1788 y se depositaron posteriormente en el Gabinete de Historia Natural y en el Jardín Botánico de Madrid. Esto significó la incorporación de ciento cuarenta y un géneros nuevos y más de un millar de especies hasta entonces desconocidas en el mundo occidental. Entre las publicaciones de Hipólito Ruíz destacan la Quinología o Tratado del árbol de la quina (1792) y Florae peruvianae et chilensis Prodromus (1792), cuyos cuatro primeros volúmenes aparecieron entre 1798 y 1802, que preparó junto con Pavón. El proyecto quedó interrumpido al igual que Systema vegetabilum Florae peruviannae et chilensis, del que sólo se editó un volumen. También en forma de folletos o en las memorias de la Real Academia de Medicina publicó monografías sobre determinadas especies: Memoria sobre las virtudes y usos de la raíz de la planta llamada Yallhoy en el Perú, Memoria sobre las virtudes y usos de la llamada planta bejuco de la estrella, Memoria sobre la legítima calaguala y otras dos raices. Finalmente en 1821 todavía apareció la Memoria sobre las virtudes y usos de la raíz de Purhampuy o China peruana. La pauta expositiva es la misma en todas las monografías: descripción botánica, características, descripción de las distintas variedades y cúal es la de mayor utilidad, estudio de los usos indígenas y propiedades que éstos les atribuyen, descripción de los efectos que se observan tras su administración con control médico, preparados y formas farmacéuticas, y análisis químico de las sustancias que contienen. A la primera, la raíz de Yallhoy (Monnia polystachya Ruiz & Pav.) le atribuye propiedades antidisentéricas; de la segunda, el bejuco (Aristolochia fragantissima), dice que posee un gran poder odontálgico y útil para combatir las halitosis y los miasmas pútridos; a la tercera, la calaguala o Polypodium angustifolium Swartz, le atribuye aplicaciones contra el reumatismo y las contusiones; de la raíz de purhampuy (Smilax purampuri) destaca sus efectos sudoríficos.
De gran interés en terapéutica son sus trabajos sobre el sargazo y sus propiedades antiescorbúticas (1796) y sobre la ratania (Krameria triandra Ruiz&Pav.) y su poder antihemorrágico (1799) . En las obras de Ruíz ya se advierte el importante cambio que va a iniciar la materia médica para convertirse en farmacología experimental: el del análisis químico de las plantas y el consiguiente aislamiento de los principios activos.

Hipólito Ruíz y Jose A. Pavón

Bejuco (Aristolochia fragantissima). Grabado tomado de la obra de H. Ruíz.

Ratania (Krameria triandra Ruiz&Pav.)