¿Tú cómo dirías que se expresan los personajes de Thomas Bernhard, o, entre nosotros, los de ese maestro ignorado que es Vladimir García Morales? (ver en Hiru).
ALFONSO SASTRE: “¿Un tercer lenguaje para el teatro?”, Artez nº149, Junio 2009.
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¿Por qué si surgen tantos autores españoles jóvenes casi nadie es capaz de enhebrar una decena de nombres? [...] Vladimir García Morales (Valencia, 1978) es una voz destacada entre esa miríada de autores que escriben por necesidad vital o por gusto, siguiendo un impulso personalísimo y sin preocuparse de promocionar sus obras entre la profesión teatral.
JAVIER VALLEJO: “Las palabras del autor”, El País, Babelia
26/07/08.
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Hay algún autor de penúltima hora (no sé qué edad tendrá) que escribe en ese nivel, tan lejano del casticismo como del cosmopolitismo. Este autor en el que ahora pienso es magnífico, y se llama Vladimir García Morales. Todavía no sé de nadie que se haya dado cuenta de su existencia, aunque está ya publicado.
ALFONSO SASTRE: “Alfabetizar el teatro es una de las tareas más urgentes”, Diagonal, periódico de actualidad crítica,
Enero 2009.
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Jóvenes maestros se incorporaron durante los últimos años a la
escritura dramática, y algunos de sus textos son hoy desafíos a los
grupos que, indudablemente, miran para otro lado. Podría procurar una
serie de títulos al respecto. Válgame por hoy documentar esta
afirmación con dos solos ejemplos que, en mi opinión, bastan para
ello: “Perros en la lluvia” de Xabi Puerta y “Como lentas aves” de
Vladimir García Morales. Son dos dramas de altísimo nivel; el primero
es un prodigio de pulcritud patética, y el segundo una revelación de
la que nadie en el teatro español se enterará durante mucho tiempo.
Ojalá me equivoque.
En fin, a pesar de todos los pesares, la literatura dramática no
muere. Los libros la guardan en su seno, en espera de que la ilumine
la calidez de unas salas que han de abrirse sin duda con y para los
nuevos tiempos (revolucionarios) que han de llegar y ya empiezan a
configurarse.
ALFONSO SASTRE: “Literatura”, Artez, nº99
Julio 2005.
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Hiru, editorial guipuzcoana dirigida por Eva Forest, está publicando
muchas obras nuevas de interés. De entre las últimas, destaco "Como
lentas aves", ópera prima en la que Vladimir García Morales (Valencia,
1978) evoca con humor filosófico la figura de Friedrich Hölderlin.
[...] García Morales abre la comedia con una visita inesperada: un
extraño se presenta en casa de Zimmer, y le
habla con admiración exaltada de Hölderlin y de su locura: “La
demencia
es la última protección / la última barrera. / El conocimiento
verdadero / acaba codificándose / en un pliegue de demencia”. ¿Quién
es
este visitante que lo sabe todo sobre Hölderlin y que parece mirarlo
con un siglo de perspectiva? Pues Ludwig Wittgenstein, o mejor,
Wittgenstein con la voz airada del protagonista de "El ignorante y el
demente". Los dos primeros movimientos de "Como lentas aves" son lo
mejor que he leído del teatro escrito “a la manera de Bernhard”. En el
tercero, el autor cambia de estilo y dibuja al Hölderlin lírico,
visionario, panteísta, en roce perpetuo con su familia de acogida. La
huella de Bernhard reaparece en el cuarto movimiento de "Como lentas
aves" (el título es un verso de Hölderlin): la relación entre el
protagonista y Lotte, hija de Zimmer, tiene el candor de la que
mantienen el actor viejo (Minetti) y la niña Katharina
en "Sencillamente complicado".
JAVIER VALLEJO: “En cárcel de papel”, El País “Babelia” (21-V-05),
pág. 30
"Como lentas aves", de Vladimir García Morales, es la segunda
incursión
del teatro español en la figura del poeta [Hölderlin]. Si en el texto
de Vallejo ["Hölderlin", obra de Alfonso Vallejo] Hölderlin era tan
sólo una ausencia, en el de García Morales es “una criatura lírica”,
predestinada a “la más rara de las demencias / la demencia lírica”,
que
en 1836 deja constancia de su complejo mundo interior, desde la casa
de
Zimmer. Se trata de una propuesta dramática, sin “ningún intento de
escenografía historicista”, tan exigente en lo ideológico como en lo
literario.
ANACLETO FERRER: “Hölderlin”, Madrid, Editorial Síntesis, 2004, pág.
201
El personaje central de “Como lentas aves” es el muy frecuentado
literariamente poeta alemán F. Hölderlin, y es que el extremo de
pureza
y de lucidez a que aspiró en su obra y en su vida, con la consecuente
locura de sus largos últimos años, sigue resultando absolutamente
sugerente. Vladimir García Morales (Valencia, 1978), el autor de este
drama piadoso y a la vez despiadado, es físico, músico y poeta, triple
condición –¿o quizá es sólo una?– que se deja sentir en este su
luminoso debut dramático. A pesar de situarse en 1836, el autor
establece que la escenografía no ha de intentar ser historicista,
sino “austera tendiendo a la desnudez”. La estructura de las cinco
escenas es así mismo declaradamente musical: la primera y la última
son
movimientos lentos, prácticamente largos monólogos; la II y la IV
serían movimientos más ligeros; el Scherzo de la obra se situaría en
la
escena III, la central. Y también tiene sus momentos para el piano.
Todo ello para trazar, con sólo cinco personajes, un alegato poético –
hasta el texto adquiere la textura y la disposición del verso–
dirigido
al corazón del presente: “Historia del poder / Historia / de la
miseria
del espíritu”, y frente a ella la resistencia, la poesía, el empeño
por
despojarse de la apariencia a la que se nos condena y la lucha por
ser;
ese vuelo hacia la luz que tantas veces acaba en destrucción. Pero es
que “la noche está llena de verdad”. Un canto desesperado y lleno de
esperanza a la maltrecha multiplicidad de lo real, en el que tras
Hölderlin se aprecian también las alargadas y benéficas sombras de
Bernhard y de Handke.
JOSU MONTERO: “Las múltiples caras del teatro resistente”, Artez, nº85
Mayo 2004.
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