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| Árbitro de montañas
y ribera, aliento dio, en la cumbre de la roca, a los albogues que agregó la cera, el prodigioso fuelle de su boca; la ninfa los oyó y ser más quisiera breve flor, hierba humilde, tierra poca, que de su nuevo tronco vid lasciva, muerta de amor, y de temor no viva. |
Los cuatro primeros versos contienen una trampa: el sujeto está al final: el prodigioso fuelle de su boca, mientras que el principio es un capcioso ablativo absoluto, Árbitro de montañas y ribera, que induce a pensar que el sujeto es Polifemo. Parece que diga: Polifemo dio aliento a los albogues que agregó la cera, y que la frase acabe aquí, pero luego, cuando parecía que la frase había acabado, descubrimos desconcertados que todavía sigue: el prodigioso fuelle de su boca. La música de Polifemo era igualmente desconcertante, interminable y mal estructurada.
La segunda mitad de la octava habla de Galatea y en ella
no hay hipérbatos relevantes. En ese momento Galatea
preferiría
no estar abrazada a Acis, pues sabe que si Polifemo los descubre juntos
su cólera puede tener consecuencias trágicas. El
último
verso describe magníficamente su estado: muerta
de amor, y de temor no viva.