Pablo de Santa María escribió hacia 1416-1418 un sumario historiográfico que combinaba
un relato de historia universal acogido al esquema dispositivo de siete edades del mundo con un
relato de historia nacional, todo ello en estrofas de arte mayor castellano. Dicho texto, habitualmente
conocido por el título de Las Siete edades del mundo
o Edades trovadas, no ha dejado de suscitar
algún interés entre los estudiosos de la literatura medieval castellana; incluso ha merecido en diversas
ocasiones los honores de la edición. Así, Eugenio de Ochoa la imprimió -más que nada a resultas de
una falsa atribución de la obra al de Santillana- entre las Rimas inéditas de don Íñigo López de
Mendoza, Marqués de Santillana, de Fernán Pérez de Guzmán, Señor de Batres, y de otros poetas
del siglo XV (París: ed. del autor, impr. Fain y Thunot, 1844). Posteriormente, las
Siete edades tuvieron la fortuna de verse incorporadas a la recopilación de poesía cuatrocentista más difundida
-para bien y para mal- de este siglo, el Cancionero Castellano del siglo XV
preparado por el ilustre Raymond Foulché-Delbosc, en cuyo tomo II para nuestra obra (Madrid: Bailly-Baillière [NBAE,
XXII], 1915). Esto sin contar otros empeños parciales o truncos.(2)
Muy posteriormente la obra fue otra vez objeto de edición, en este caso por la profesora
norteamericana M. Jean Sconza, History and literature in fifteenth century Spain: An edition and
study of Pablo de Santa María's "Siete edades del mundo", Madison: HSMS (Spanish Series, n 64), 1991. Aunque la suya mejora sensiblemente las anteriores ediciones de nuestra obra, no es del
todo satisfactorio el trabajo ecdótico de Sconza,(3) lo que me reconfirmó en mis afanes de publicar
una edición crítica more neolachmanniano
de la obra. Resultado de ese empeño fue mi tesis doctoral,
publicada en microfichas,(4) que es antesala de la publicación de la versión final de mi trabajo en la
serie "Textos Recuperados" de la Universidad de Salamanca, donde se halla en prensa. En esos dos
trabajos puede hallarse, amén del texto crítico, toda la información disponible sobre las
Siete edades del obispo Pablo de Santa María.
Una de las particularidades más llamativas de la vida textual de las
Siete edades del mundo es la existencia de una refundición de la obra llevada a cabo hacia 1460 -con casi toda probabilidad
en ese mismo año-, refundición que va acompañada de una prolija glosa en prosa. Ha llegado hasta
nosotros en dos manuscritos, el escurialense X.II.17 (EM12, en el sistema de siglas del llorado
Brian Dutton) y el ms. 425 de la Biblioteca Lázaro Galdiano de Madrid (no recogido por Dutton, y
al que asigné en mis trabajos citados la sigla ML*).(5) El texto refundido de las Siete edades contenido
en ambos manuscritos es idéntico, salvadas algunas diferencias de poca monta inherentes a la
transmisión del texto, y de las que, dada su escasa relevancia, nada diré aquí: baste comentar que
ML*, del siglo XVI, muestra una mayor cercanía al resto de la tradición textual de la obra que
EM12, que data del último tercio del XV (post 1460). Por lo que respecta a la glosa que acompaña
a este texto refundido en ambos manuscritos, en esencia se trata del mismo texto, pero hay algunas
discrepancias dignas de comentario. En primer lugar llaman la atención diversas diferencias en la
disposición del texto de la glosa. Con frecuencia ML* tiende a agrupar el contenido de diversas
glosas que en EM12 aparecen separadas y asignadas cada una a diversas estrofas; así en ML* se
unen las glosas dedicadas en EM12 a las estrofas 7 y 8; 27, 29 y 37; 58 y 60; 76 y 80; 96 y 99 (que
se aplica a la estrofa 97); 109 y 110; 179 y 183; 208 y 210; 226 y 231; 237 y 238; la parte final de
la dedicada a 241 y 248; 253, 258, 261, 263 y 269; 277 y 279; y por último la resultante de sumar
las dedicadas a las estrofas 281, 286 a 292, 294 a 299, 301, 302, 303 y 306.
Por otro lado, la glosa de ML* presenta texto añadido con respecto a la de EM12. Estos
añadidos son de tipología diversa: en algunos casos se trata de material que sirve para enlazar
glosas que en EM12 aparecen separadas y en ML* se unifican, tal como sucede con las dedicadas
a las estrofas 7-8 y 179-183. En otros, se trata de adiciones que cumplen una misión meramente
amplificatoria: así en la glosa a las estrofas 21, 49, 68; la de la estrofa 84 aparece muy ampliada y
aplicada a 81; 201, 233, 250, 272. En otros casos, los menos, se trata de nuevas glosas que se
aplican a pasajes del texto no glosados en EM12: así en las glosas a las estrofas 2, 6, 111 (a la que
se añade la vinculada a la 112 en EM12), 185 y 198. En fin, hay algunas glosas presentes en EM12
que faltan en ML*, como las aplicadas a las estrofas 46, 47, 57 y 70 (en este caso, se aplica a esta
estrofa la dedicada en EM12 a la estrofa 75).
En suma, el copista de ML* se tomó ciertas libertades a la hora de copiar la glosa de su
modelo y adjuntó determinadas informaciones que le parecían relevantes, elaborando un segundo
nivel de glosa de la obra. Remacha la evidencia deducible del cotejo de los textos la anotación
presente en el f. 34r de ML*, que viene a exponer la naturaleza de dicha intervención sobre la glosa
por parte del formador de ML*: