| Aquí
huele a muerto, nunca mejor dicho |

Una
de esas cosas (pocas) que consiguen que uno sienta todavía cierta
esperanza por este medio que se basa en contar cosas con dibujitos es
que podemos gozar de las obras de Jacques Tardi con una puntualidad más
propia de los señores que habitan al otro lado del canal de la
Mancha que de los propios franceses. Congratulémonos pues de semejante
suerte, porque eso nos permite estar al día de uno de los más
interesantes autores franceses del último cuarto del siglo XX,
con una envidiable producción y un nivel medio de calidad excelente.
Ya nos gustaría poder decir lo mismo de otros autores, pero no
abusemos de nuestra suerte, que con uno ya tenemos más que de sobra
para paliar ese terrible vicio que tenemos los tebeoadictos.
A lo que iba: los señores de Norma Ed. siguen con su costumbre
de publicar con apenas retraso las obras de Tardi y le llega el turno
a "¿Huele a muerto o qué?", una nueva entrega
(ya la cuarta) de una de sus sagas más famosas y renombradas, las
aventuras del detective Nestor Burma, uno de los personajes claves de
la novela negra francesa que conforma, junto a Lupin y Maigret una trinidad
casi mitológica.
Creado por Leo Malet a principios de los cuarenta, Nestor Burma es una
perfecta traslación de los clásicos de la serie negra a
los que Malet admiraba y de los que se empapó en su juventud, pasados
por el tamiz de una vida azarosa que le llevó de chansonnier a
contactar con los principales grupos surrealistas franceses. Ese punto
biográfico y surrealista que impregna las aventuras de Burma logra
diferenciarlo de sus maestros, ya que en las novelas de Malet es fundamental
el entorno que envuelve al personaje, ese París omnipresente que
vivió su autor y que se erige en uno más de los personajes
protagonistas de la saga que ya abarca más de treinta novelas.
Y si alguien ha sabido presentar la ciudad en sus tebeos, ese es sin duda
Jacques Tardi, que hace de "Las aventuras de Adèle Blanc-Sec"
todo un homenaje continuo a las calles de la capital francesa. Lógico
parece que ambos autores llegaran a conectar y que hace ya veinte años,
comenzaran una fructífera relación que les llevó
a adaptar "Niebla en el puente de Tolbiac" al tebeo, a la que
seguirían "120, calle de la estación" y "Reyerta
en la feria", excelentes novelas de Malet que incluso habían
disfrutado ya de adaptaciones cinematográficas (por cierto, y como
anécdota curiosa, la primera novela publicada en España
de Nestor Burma apareció con posterioridad a su edición
en tebeo, cosas de la vida).
En esta entrega de las indagaciones de Burma nos encontramos ante el más
humorístico de todos los álbumes de la saga, una historia
que comienza con una simple anécdota: la extraña desaparición
de un viejo actor de opereta, antiguo amigo del padre de Hélène,
la secretaria de Burma. Un hilo del que poco a poco estirar para encontrar
un intrincado ovillo en el que Malet ataca sin compasión el mundo
del espectáculo: agentes mafiosos, artistas decadentes, fans enloquecidas...
todo tiene su momento para la viperina lengua de Malet. Tardi acompaña
este discurso con su acostumbrada perfección, creando una reconstrucción
casi fotográfica del París de los años 50 que es
el escenario ideal para que los actores de esta obra se muevan a sus anchas.
Alejándose de la dureza de las anteriores adaptaciones, en ésta
Tardi y Malet se ríen abiertamente de un mundo ajeno al del detective
y juegan con él construyendo una opereta de ritmo creciente que
acaba en un divertido pastiche más propio de Hércules Poirot
que de Burma.
Un buen momento para acercarse a la librería y, ante la sequía
de otras publicaciones, hacerse con los cuatro álbumes y disfrutar
de una excelente serie negra por poco más de 10 la entrega.
Les garantizo el buen rato.
Álvaro Pons
(alvaro.pons@teleline.es)
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