| La
muerte os sienta tan bien... |

Que nadie se sienta
amenazado, pero vamos a hablar de la Muerte -con mayúscula-, tanto
de la que me puede acechar por algunas de las cosas que voy a decir aquí,
como por la amplia presencia de la Muerte que se ha desplegado por el
mundo del tebeo en las últimas semanas.
Comenzaremos por una obra que da absoluto protagonismo a la vieja dama
de la guadaña: "Muerte, el alto coste de la vida", una
sensacional obra del guionista británico Neil Gaiman y el dibujante
Chris Bachallo, que desarrolla la personalidad de uno de los personajes
más fascinantes del mundo del tebeo de la última década.
Y es que a finales de los 80, la editorial DC encarga los guiones de una
serie de un antiguo superhéroe desahuciado de la editorial Charlton
, "The Sandman", a un poco conocido guionista británico
que aprovechó la ocasión para revitalizar el personaje,
recreándolo completamente y sumergiéndolo en toda una nueva
mitología. Posiblemente el universo gaimaniano sea menos coherente
que el ideado por J.R.Tolkien - no lo dudo-, pero para el que esto escribe,
le parece muchísimo más sugerente y atractivo (ay ay ay,
¡la que me estoy buscando!) ese mundo de dioses formado por siete
hermanos que simbolizan los sentimientos que mueven al hombre: Sueño,
Muerte, Deseo, Desespero, Delirio, Destrucción y Destino. A partir
de la serie principal, Gaiman exploró a sus nuevos personajes con
series secundarias como ésta que nos trae ahora Norma Editorial
en una cuidada edición, que recopila la miniserie en un único
volumen que ya fue editado en España, pero estaba completamente
agotado. En esta historia nos encontramos con una bella parábola
sobre los ritos de madurez, sobre el paso de adolescente a adulto usando
como excusa una leyenda donde la Muerte se encarna periódicamente
en un humano para sentir la vida que quita. Invirtiendo el camino de los
héroes clásicos que se adentraban en el mundo de los muertos,
la Muerte se introduce en el mundo de los vivos para explorar los pequeños
placeres de la vida durante un único día, reconvertida en
una jovenzuela de dieciséis años. Una exquisita historia
que no dejará indiferente.
Pero el paseo por la muerte no termina en esta novedad. De forma absolutamente
sorprendente y sin previo aviso, la imprescindible colección Avatares
de la editorial Valdemar llega a su número 48 con la primera parte
de una trilogía tan inquietante como seductora, "Amphigorey",
del inclasificable Edward Gorey. Este excéntrico americano, coleccionista
impulsivo e ilustrador de pequeños libros artesanales, es uno de
los autores que más lúcidamente ha compatibilizado la ternura
con lo macabro. Para los que no lo conocieran o ni siquiera hubieran oído
hablar de él, basta decir que es el autor al que Tim Burton plagió
descaradamente (ay, ay, ay, ahora sí que me la he buscado) en su
famosa "La melancólica muerte del chico ostra" y la inspiración
directa para obras como Pesadilla antes de Navidad. En una extraña
mezcla de narración ilustrada y tebeo, Gorey va desgranando poco
a poco sus obsesiones a modo de extraños cuentos infantiles, donde
la ternura de la narración contrasta con la macabra dureza de sus
contenidos. A veces son simples pero crueles greguerías, en las
que Gorey experimenta con el lenguaje y la caligrafía para lograr
adentrarse en una atmósfera insana y extraña. Sirva como
ejemplo la inquietante "The gashlycrumb tinies" (traducido como
"Los pequeñines macabros"), donde cada letra del abecedario
sirve como inspiración para la cruel muerte de un niño.
La obra de Gorey es sencillamente fascinante, quizás por el tópico
de "la fascinación de lo macabro", quizás porque
se acerca a la crueldad con la visión supuestamente inocente de
un niño, o quizás sencillamente porque la muerte nos atrae
tanto como la tememos...
ÁLVARO PONS (alvaro.pons@teleline.es)
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