TEBEOS QUE NUNCA TE DIJE

PONGA UN FRIKI EN SU VIDA

Si han visto ustedes la última película de M. N. Shyalmayan, habrán comprobado hasta que abyectos extremos puede llegar ese elemento inclasificable, verdadera lacra de nuestra sociedad, que es el friki (en su versión coleccionista de cómics). Especie de extraña clasificación, aunque posiblemente emparentada con la humana, el friki se caracteriza por su pasión desenfrenada por los tebeos americanos protagonizados por superhéroes, por el cine de terror casposo y por el juego de rol, lo que le convierte en sus ratos libres en un asesino seriado de atemorizadas marujas en solitarias paradas de autobús. Por lógica, semejante subproducto humano debe, además, ser lo más parecido al jorobado de Notre Dame con ataque de acné juvenil y gafas de 20 dioptrías, onanista reconocido y, posiblemente impúdico acosador sexual de nuestras niñas en los hasta ahora tranquilos parques.

La verdad es que muchos conciudadanos pueden tener esta imagen de los lectores de cómics si a los esperpénticos tópicos que sobre ellos existen nos referimos (y a los que no es ajena la cita El protegido). Por mucho que digamos que el tebeo es cultura, por mucho que defendamos que existen otros tipos de tebeo y no sólo los derivados de los superhéroes, lo cierto es que cuando reconocemos nuestra oculta pasión ante nuestros amigos, apartan a sus hijas de nosotros y nos miran con cara de asombro y reprobación.

Las causas, podría argumentarse, se centran en que el subgénero superheroico es el mayoritario y sus aficionados son los causantes de esa metonimia que equipara a cualquier lector de cómics con el auténtico y genuino friki. Pero semejante teoría se deshace por sí sola, ya no sólo porque - aunque parezca increíble para muchos- existen estimables obras en este género, sino porque semejante razonamiento podría hacerse hacia cualquier manifestación cultural, convirtiendo a los melómanos en alocadas fans de los Back Street Boys y a los cinéfilos en seguidores irredentos de Tom Hanks.

Posiblemente, todo el problema viene de la sorprendente consideración del tebeo en nuestro país como subcultura, consideración ésta que en cierto modo viene avalada por las toneladas de basura (centrada fundamentalmente en el género superheroico) que publican las editoriales españolas. Pese a los esfuerzos de muchas editoriales por llevar al mercado obras de calidad, lo cierto es que éste está monopolizado por un género cuyos aficionados tienen, además, la extraña complacencia de aceptar su frikismo y su conversión en un ghetto, con unas ventas mínimas que van disminuyendo en picado y con una expectativas de crecimiento mínimo. Es curioso comprobar como nuestra vecina Francia acepta el cómic como una forma de cultura más y su sano mercado se permite lujos como tiradas de 8 millones de ejemplares para el próximo Asterix y en las listas de libros más vendidos incluyen indistintamente tebeos y libros (llegando incluso a la posición de libro más vendido el decimotercer álbum de la serie XIII). Una diferencia sorprendente cuando, además, muchas de las obras que se publican allí con éxito tienen nombres españoles en sus créditos. Autores como Rubén Pellejero, Jorge Zentner, Ana Miralles, Daniel Torres, Juanjo Guarnido, Víctor de la Fuente han sido y son artistas de reconocido prestigio en Francia y casi unos desconocidos en nuestro país.

Aquí, por desgracia, tenemos que ver cómo estimables apuestas como las de Norma, Glenat, Ponent y Sinsentido quedan relegadas a un segundo plano en las preferencias de los lectores, mucho más interesados en las peripecias de señores hipermusculados en pijama, demostrando la realidad de una colonización cultural masiva y posiblemente irreversible

Afortunadamente, la bajada de ventas hace que las grandes editoriales se vayan abriendo lentamente hacia otro tipo de géneros y productos y a la reciente edición de From Hell, le acompañarán en el Salón del cómic de Barcelona pequeñas maravillas como el Maus de Art Spiegelman (ganador del premio Pulitzer) o el Safe area: Gorazde de Joe Sacco. De momento, regocíjense con esas perlas que nos van dejando las pequeñas editoriales y no se pierdan esa pequeña maravilla que es Be Bop, de Enrique Flores y Felipe Hernández Cava o el sano divertimento de Cohibas Connection de Bartolomé Seguí (Edicions de Ponent).

¡Den una oportunidad a los tebeos, puñeta!