Servidor,
con Carlos Giménez
CONVERSACIONES
CON PABLITO
|
Esto
de la mitomanía tiene mucho de problema psicológico grave y poco de pasión a
mi entender y siempre había pensado que semejante patología psiquiátrica era
más adecuada a quinceañeras o quinceañeros locos por alguna estrella de la
canción que a un avezado y enteradillo experto en tebeos como servidor de
ustedes. El caso es que a medida que avanzaba por la castiza Atocha hacía la
casa de Carlos Giménez, cierta congoja digna de la más acérrima seguidora de
Ricky Martin me comenzaba a embargar. A fin de cuentas, me iba a encontrar con
el mejor autor español de todos los tiempos según mi particular escala de
valores y eso, por mucho que esté ya curtido en estas lides, no deja de ser un
acontecimiento importante. Completamente perdido en mis pensamientos y
posiblemente algo afectado por el sofocante Lorenzo madrileño, cuando me quise
dar cuenta estaba delante del portal de Don Carlos. Llamo a su puerta y pregunto
humilde por Giménez, identificándome. Me abre y subo a uno de esos ascensores
casi centenarios de madera con preciosistas artesanías de forja. Quinto piso.
Valor y al toro que diría Ibáñez. Carlos abre la puerta y me recibe como un
viejo amigo y paso a su estudio. El estudio de Carlos Giménez!...dios mío me
estoy comportando como un repugnante friki cualquiera. Pero ser un fan con
Carlos es difícil. Rápidamente y como buen anfitrión, comenzamos a charlar
mientras prepara unas copas. Lo cierto es que después de estar diez minutos con
él, uno se siente como si estuviera con un amigo de toda la vida. Es una de
esas personas con las que da gusto charlar, un tertuliano (no confundir con
otras subespecies) de bar en el más puro estilo del Café Gijón. Se ha dejado
un bigotito, me cuenta, porque va a
hacer un pequeño papel de figurante en la última película de Guillermo del
Toro, donde ha colaborado y no puede esconder su nerviosismo de principiante.
Llevamos más de media hora hablando de lo humano y lo divino cuando recuerdo
que yo venía con el encargo de hacerle una entrevista y la verdad es que de lo
que tengo ganas es de seguir hablando con él, más que de una entrevista, pero
el deber es el deber y ponemos en marcha la grabadora.
La verdad es que, independientemente de mi admiración, este ha sido el año
de Carlos Giménez: ha ganado dos premios del Salón del Cómic de Barcelona, se
ha comenzado una espléndida reedición de sus obras. "Es la primera vez
que le dan dos premios a un autor y también he ganado el premio del Diario de
Avisos, el de Darias...ya se que es un farde, pero de vez en cuando hay que
ponerse plumas, ¿no?", me dice. Y la verdad es que tiene razón, que coño,
pero aún así no puedo evitar tener la sensación de que la gente se ha dado
cuenta ahora de que hay un autor español que es muy bueno que se llama Carlos
Gimenez. "Es que no sólo vale que existas, también tienes que asomarte a
la ventana para que te vean y, últimamente, entre que yo había publicado muy
poco y lo poco sin que nadie se enterase, como lo de La Torre y algunas otras
cosas que se distribuían sólo en librerías de libros y no de cómics y entre
que en las publicaciones españolas no publicaba y de lo que salía en Francia
el lector español no se enteraba, entonces de pronto el hecho de que se
publicara en España y, precisamente, esta colección que busca reeditar toda mi
obra, tanto lo nuevo como lo viejo, lo que no está editado editarlo de
nuevo... Aunque también es verdad que Joan Navarro se ha preocupado de hacer
promoción en los diferentes medios, en los fanzines, en las revistas
especializadas, comunicárselo, hacer presentación en Madrid.... y claro, la
gente se ha enterado." No sólo eso. Le comento que esa misma semana ha
aparecido un artículo sobre él en el suplemento literario Babelia de El País,
la primera vez que le dedica un espacio a los tebeos. Me mira con una sonrisa y
apuntilla: -
"También es verdad que es el mes de agosto, cuando no hay gran actividad
literaria...además otros veranos yo no había publicado nada..." Carlos
comenzó a trabajar hace ya cuarenta años y la verdad es que resulta difícil
imaginar qué es lo que lleva a alguien a dedicarse a los tebeos en aquella época,
con un franquismo debatiéndose en uno de sus peores momentos económicos y políticos. -"
Yo de niño era un lector de tebeos, porque en esos colegios era prácticamente
lo único que había: no había cine, televisión, radio, ni mucho menos
teatro... Sólo llegaba este cine de los niños pobres que eran los tebeos, que
eran baratos... bueno no muy baratos, porque un tebeo costaba lo mismo que una
entrada de cine y a mí me parece que por lo menos en aquella época eran caros.
Aquellos tebeos baratos, de continuar y las revistas como Pulgarcito,
Florita y El Coyote nos llegaban a aquellos colegios donde yo estaba y vivía,
aquellos colegios internos donde no teníamos más referencias que las propias
del colegio dónde estábamos internos, y los tebeos eran una de ellas. Eran muy
importantes en aquellos colegios porque era nuestra moneda de cambio: el que tenía
tebeos tenía pode..." si me aprecias y no me pegas, te dejo tebeos; si me
das un trozo de pan te dejo tebeos", era el poder y también era nuestra
fuente de juegos. Igual que ahora los niños juegan a cosas que ven en la
televisión, sólo podíamos imitar los modelos de tebeos... había muchos
juegos a base de tebeos: las listas de tebeos, nos los sabíamos en orden y había
gente que se sabía todos. Era un juego que se hacía partiendo de los tebeos.
Para un niño que además le gustaba dibujar los tebeos no eran solamente un
juego, eran donde yo aprendía mis lecciones de geografía, de geografía
emocional: Maracaibo, las Antillas, la Isla Tortuga, era la aventura, los tebeos
de los piratas. Yo me acuerdo que el Guerrero del Antifaz iba a Tanger. A falta
de un mejor Félix Rodríguez de la Fuente que nos explicara que un tiburón era
un escualo o que un cocodrilo era un reptil, lo aprendíamos en los tebeos. Lo
de los barcos, lo de babor estribor, popa y proa lo aprendíamos en los tebeos.
No teníamos La Isla del Tesoro, pero teníamos los tebeos de El Cachorro, de El
Guerrero del Antifaz. Para un niño que le gustaba dibujar eran además su lámina
de dibujo y su proyecto de futuro. "Yo de mayor quiero ser dibujante de
tebeos". Si en mi colegio hubiera habido pinturas, a lo mejor hubiera
querido ser pintor, o escultor, pero sólo había tebeos . Yo dije "de
mayor quiero ser dibujante de tebeos" y de mayor he sido dibujante de
tebeos." La
verdad es que cuando me relata esto, se ve lo mucho que ama este hombre los
tebeos. Me ha contado su historia emocionándose, gesticulando, interpretando a
ese niño que quería ser dibujante y que al final consiguió lo que a mi
entender es casi una utopía en ese momento de problemas y sinsabores.
"Hombre, lo que pasa es que era un sueño fácil de cumplir, si hubiera
dicho que quería ser corredor de bólidos lo hubiera tenido más jodido. Los
tebeos no nos olvidemos que es una profesión en la que la mayoría de los que
estamos procedemos de los medios económicamente débil, salvo raras
excepciones. Los dibujantes de tebeos somos o éramos gente de medios modestos y
llegábamos a ser dibujantes los que habíamos leído tebeos de pequeños." Si
nos adentramos en su historia como dibujante, a Carlos Giménez siempre se le
identifica con Selecciones Ilustradas, la agencia artística de Toutain en
Barcelona. Ya sea por sus trabajos en Gringo o, seguramente, por la imagen del
Pablito de Los profesionales, lo cierto es que parece como que la carrera de
Gimenez comienza en la Ciudad Condal directamente. -
"No, yo empiezo a dibujar en Madrid, como ayudante de López Blanco. Esa
fue mi primera forma de ganarme la vida dibujando tebeos. Y mi maestro fue López
Blanco, al que he tenido mucho cariño, con el que no solamente aprendí las
cosas de la profesión, también he aprendido muchas cosas de la vida. He tenido
la suerte de tener esta gente de la que he podido aprender, como también José
Carlos Gracia. De él yo aprendí a leer a García Lorca y entenderlo, hasta
llegar a gente como Victor Mora o Armonía de os que aprendí cosas sobre la
concepción del mundo, de la política". "Sin
embargo", le comento, " tus trabajos empiezan a ser conocidos a partir
de estar en SI, es donde tus obras comienzan a ser famosas". -"Sí,
coincide con un momento donde los primeros aprendizajes ya los había hecho y
comienzo a dibujar mis propias historietas. Hasta ese momento lo que había
hecho era de otros". Es
la época que nos narra en Los profesionales, esa serie de tres álbumes dónde
Giménez disecciona con sana ironía y ternura el trabajo de esos años, donde básicamente
se encargaban de series que aparecerían en Inglaterra, Alemania o los Países Nórdicos.
"Una época donde todos los trabajos eran de encargo, ¿no?", le
pregunto. -"Eran
trabajos que no se consideraban de encargo,
porque de encargo era cuando era una revista extranjera que te
encargaba historietas para esa revista. Esto se llamaba sindicación, que
era cuando la agencia decidía producir una historieta y luego la vendía.
Yo hacía cosas de sindicación. Era un trabajo que proponía Toutain. Cuando
llegue a SI le enseñé una serie de cosas que hacia que eran del oeste
y comencé a hacer cosas del oeste ". Me apunto la corrección. En
esa época, Carlos dibuja cientos de páginas con guiones ajenos. Con Manolo
Medina en Gringo, con Jesús Flores en Delta 99 y con Víctor Mora en Dani
Futuro. Una época donde Carlos va depurando su estilo, aproximándolo cada
vez más al actual, hasta que da el gran paso de dibujar sus propios guiones.
Un evolución que ocurre poco a poco, cuando se va viendo obligado a dibujar
cosas con las que no estaba de acuerdo. -
"En Gringo siempre defendía a los mejicanos y había mucho paternalismo.
En Delta 99 los malos eran medio hippies y yo, que era medio hippie, me decía
"joder!, ¿por qué los los hippies tienen que salir de malos y los que
llevan corbata de buenos???" Siempre existían ciertas cosas, incluso con
guiones de Víctor, en las que me planteaba "esto lo hubiera hecho de otra
forma". O el guionista decía: "vamos a hacer un homenaje a tal"
y a mí no me apetecía hacer ese homenaje... pero como el guión no lo hago yo.
Yo tenía siempre una actitud ante mis guionistas, no de rebeldía, pero que no
me gustaba la situación. Y la única manera de acabar con eso, como tú no
puedes llevarle la contraria a tus guionistas porque la historia la está
contando él y no te la puedes inventar, era contarla tú mismo. También era la
época en la que el franquismo empezaba a terminarse y todos veíamos que, por
mucho que durara, iba a durar poco. Y si no se muriera igual, teníamos ganas de
hacer cosas y no esperamos a que se muriera Franco para hacerlas. Esta lucha
personal, pensando por ejemplo en Hom, la tenías que hacer tú en solitario
porque no le podías decir a tu guionista: "oye tú, quiero que hagas una
historieta con unas cosas así o así, que seguramente no venderemos, que
seguramente nadie nos la publicar y que seguramente ser
gratis". Claro, los guionistas te dirían: "pues hazla tú", que
es lo que hice". Uno
se pregunta qué hubiera sido de esas series sindicadas si Carlos hubiese sido
el que llevaba no sólo los lápices sino la historia. O mejor todavía que
pasaría si retomase esos personajes un par de décadas después. -"Sí,
sí lo he pensado muchas veces", me dice, "porque los personajes no
son ni buenos ni malos y estas series nunca se acababan, sino que se terminaban
porque dejabas de dibujarla. Siempre he tenido como las ganas de hacer el último
episodio de cada serie. No sé, es una idea de hace varios años y a lo mejor
ahora no me apetecería. Por
ejemplo, hacer un Gringo con la concepción que yo tengo ahora de las cosas.
Gringo era una serie muy blanda, muy de prototipo, incluso los malos no eran muy
malos, eran ogros feos, unos malos muy rudimentarios. Muchas veces he pensado en
hacer una historia de Gringo fuerte, todo lo contrario a lo que era, un Gringo
mayor, de 50 años, con gafas, con problemas y que tiene hijos a los que sus
enemigos raptan. Entonces tiene que vérselas con otros niños y para salvarlos
tiene que matar a otros niños. El ejemplo más extremo: imagina una situación
donde unos niños van a matar a tu hijo y tienes que defenderlo matando otros niños,
una situación muy extrema, una cosa muy cruel, con la conciencia muy por un
lado y los sentimientos por otra, muy poco ética, muy poco de "oh mira un
indio, me va a atacar, toma! Un indio menos". O un Delta 99, a mi me
apetecería hacerlo con humor, con tecnología que falla continuamente o Dani
Futuro, un hombre mayor, ya no es un niño... Igual que los años han pasado
para mí, que hayan pasado para los personajes para poderlos enfrentar a otro
mundo que no es el que vivieron y hacer así una historieta final. Lo que pasa
es que no tiene razón de ser porque nadie va a publicarlo". Esta última
frase denota cierta amargura que refleja las dificultades que tiene hoy para
publicar cualquier autor español, incluso uno de la talla de Giménez. A una
persona que vive los tebeos como Carlos, es evidente que le duele hablar de este
tema. Volvemos a hablar de sus guiones. Carlos comenzó a guionizar sus propias
obras y adaptar clásicos literarios como las novelas de Jack London. De esa época
destacan Koolau el leproso, Hom, historietas sueltas como el Miserere o las que
conforman Érase una vez el futuro. Historias con una fuerte vinculación al
mundo de la ciencia-ficción, un género que sin duda gusta mucho a Carlos:
"Es que dibujar ciencia ficción es un lujo, no tienes que tener
documentación...Dibujar una cosa de la segunda guerra mundial es un coñazo
porque tienes que dibujar cada vehículo, cada arma, tiene que ser como es. Pero
tu dibujas la guerra en el planeta Katapum y lo puedes hacer como quieras".
-"Volverías
a dibujar temas de ciencia-ficción?" -"Volvemos
a lo de antes: yo hacía ciencia-ficción cuando había revistas de
ciencia-ficción. Cuando desaparecen, no hay ninguna posibilidad de volverlas a
hacer. Hace tiempo que estoy haciendo cosas de humor, porque era la revista que
lo publica es Fluide Glacial. Si hubiera sido de ciencia-ficción, pues a lo
mejor hubiera seguido haciendo cosas fantásticas. El hecho es que,
dónde publicas, y eso no lo escoges tú, te lleva a hacer un determinado
tipo de historias. Yo llevo un tiempo haciendo historias de humor, y ya te digo
que yo no creo que hago humor, porque son historias críticas, a veces un poco
dolorosas donde el dibujo es exagerado, porque la revista donde publico es de
humor". Carlos se refiere a las historias englobadas genéricamente en las
series Romances de andar por casa e Historias de Sexo y Chapuza, que han sido
puntualmente editadas por La Torre y que ahora ha pasado a publicar Glenat. Se
puede decir que se le ve ya un poco cansado de estas historias, algo que se ha
visto reflejado en la garra de los álbumes, que ha ido decreciendo álbum a álbum. Pero
de toda esa época, llamémosla inicial, destaca con fuerza España Una, Grande
y Libre, una serie de historias cortas de dos páginas que desarrolló para el
semanario satírico El Papus. En la época de la transición, las historias de
Giménez (con guiones propios y de Ivá) son un duro retrato de la realidad del
momento, una crónica de actualidad que supone la primera incursión en lo que
podríamos denominar un cómic social y que luego retomaría en Paracuellos. -"¿Era
un momento en el que querías hacer ese tipo de tebeo, cambiar respecto a lo que
hacías?" -"Muchas
veces no depende del talante con el que abordas la serie o los trabajos, ni
siquiera de lo que te has propuesto hacer. Muchas veces, depende de cosas tan
simples como el trabajo que tienes en ese momento. Mucha gente me dice: "jo,
es que tu has contado la transición". Yo no pretendía contar la transición,
lo que pasa es que en ese momento colaboraba en una revista que se llamaba El
Papus, de humor sobre la actualidad. Cada semana me veía obligado a hacer una
historieta de humor, o medio humor y, a fuerza de hacerlo todas las semanas, se
han contado los hitos más importantes de la transición". -"
Imagino que la manera de trabajar debe ser completamente diferente..." -"En
esta profesión nunca se trabaja con tiempo. Cuando trabajas en una revista de
actualidad semanal, nada más entregar tienes que empezar a preparar la próxima
historieta de la semana siguiente ¿sobre qué? Pues sobre lo que esta
ocurriendo: han matado a uno, hay una huelga, una manifestación. Pero si no
estas trabajando en una revista de actualidad,es igual! Entregas el día 10
una historieta y ya empiezas a trabajar en la siguiente. Koolau, por ejemplo,
que se ha dicho tan bien estructurada, en tres partes... es completamente
casual. Yo empecé a dibujar Koolau con la novela de Jack London abierta y con
el lápiz marcando. Cuando empecé a dibujar la primera página, ni siquiera
sabia cuantas páginas iba a hacer, porque nunca hay tiempo ... Giménez
comienza a partir de esa época a contar episodios autobiográficos, sigue en
una línea de cómic comprometido socialmente, pero cambia su registro para
dedicarse a lo que posiblemente sea su obra cumbre, Paracuellos. Pero esta obra
tiene una característica que la diferencia fuertemente de la anterior. En
Paracuellos se nos narran historias duras, incluso de alta crueldad, pero son
contadas a través de la memoria, con el tamiz del recuerdo. Incluso en algún
momento me atrevería a decir que tienen un punto de cariño por parte de su
autor innegable. "Yo diría que tienen un punto de melancolía", me
apostilla, "Paracuellos es más literario que España, Una Grande y Libre,
que son historias muy del día, más impactantes". -"¿Y
con cuál de las dos te quedarías?" -"Si
yo te respondo en estos momentos lo haré con arreglo a mi concepto de las cosas
de este momento, y ahora estoy más próximo a Paracuellos. Yo creo que, en cada
momento, lo que haces te interesa. No te puedo decir que haya hecho con más o
menos interés una cosa en una determinada época de mi vida. Recuerdo que he
hecho cosas con mucho dolor porque eran cosas que no sabía hacer, como las de
romance tradicional, que he hecho muy pocas, pero muy pocas. No me quedaban bien
y además yo no lo quería dibujar. En alguna ocasión, muy pocas veces, he
tenido que dibujar cosas que no sabia dibujar, o no me apetecía. Incluso cosas
como el Gringo, aun no sabiendo, eran muy gratificantes. Siempre lo que he hecho
ha sido con mucha dedicación, muchas ganas y lo mejor que podía, cuando yo
hacia un trabajo, ese trabajo me parecía muy importante. No te puedo decir que
lo hiciera con mas o menos interés. Es como lo de los hijos ¿a cuál quieres
mas? No lo puedes decir, quieres a todos." Lo
cierto es que después de este tiempo sigue con Paracuellos, o sea que un
poquito más de cariño si que habrá , digo yo. Me cuenta que como no esta
colaborando en ninguna revista específica puede dedicarse a lo que quiere sin
problemas de longitud, temática. Me enseña lo que está haciendo y lo primero
que destaca es que hay pocas viñetas por página, ha recuperado el espacio
entre viñetas, ese espacio que según algunos define el punto donde el lector
interviene en el tebeo. Aún así este estajanovista del trabajo todavía me
dice: "Me da la sensación de que le estoy robando al lector porque solo
hago 16 viñetas por página". Le aseguro que no se preocupe, que comparado
con lo que se está haciendo ahora da de sobra y con propina y me sonríe sin
creérselo. Paracuellos se ha convertido poco a poco en la historieta de la vida
de Giménez y de toda una generación. Sus compañeros le dan anécdotas e
historias que se encarga puntualmente de grabar y almacenar (este hombre es un
acumulador nato, su estudio es una biblioteca-videoteca-discoteca-comicoteca
descomunal, perfectamente ordenadita), -"
Conservo muchos amigos que íbamos a esos colegios, nos volvemos a ver y con
frecuencia recordamos esos momentos y me he encargado de pedirles a todos que me
contasen cosas e ir grabándolas. Al final me he encontrado después de estos años
que tengo un montón de cintas grabadas con muchas anécdotas, con datos,
historias que sólo hay que contarlas porque son estupendas o son anécdotas que
me recuerdan a mi otras, que me despiertan los recuerdos, las ideas. Es un
material a utilizar de una riqueza tremenda y seria una pena no hacerlo. Además,
dibujar Paracuellos para mí es un trabajo sencillo. Es pesado porque hay que
repetir muchos dibujos, pero no me da problemas de documentación, ni de dibujo,
ni nada... Son viñetas pequeñas, todas muy parecidas, no disfruto mucho como
"gran dibujante" que hace grandes dibujos. Ahí soy el pequeño
dibujante que dibuja cosas pequeñitas. Me lo paso bien como guionista que
cuenta unas historias que le importan de verdad". Pese
a todo, es evidente que la mirada de Giménez ha ido cambiando con el tiempo.
Entre cada álbum de Paracuellos pasan muchos años y eso se traduce en que el
planteamiento es diferente en cada álbum. Cada vez que ha contado una historia,
busca una nueva vuelta de tuerca y nos sorprende con la siguiente. Si el primero
y segundo de los álbumes están más centrados en la descripción de las
anécdotas, de lo que ocurría en el colegio del Auxilio Social, en el tercer álbum
de la serie se ha centrado más en el tratamiento de los sentimientos, de lo que
sentían esos niños. "Si te fijas me pasa en todos mis trabajos, por
ejemplo en Los profesionales. El primero está más dedicado a contar una serie
de cosas, la fábrica que llamábamos, en la segunda parte se tocan más cosas
políticas del momento que se vivía y en la tercera es en la que hay ternura,
la gente de aquellos estudios era gente muy zafia, de bromas pesadas y es en el
último donde se ve que también lloran, que se enamoran, que se quieren, que se
aprecian. Porque cuando empiezas, lo haces por el principio y, como no esta
preparada la serie, haces una y luego otra y nunca sabes lo que vas a hacer la
siguiente. Es sobre la marcha, cuando llevas mucho trabajo hecho cuando te das
cuenta de que no has tratado esto o aquello y que deberías haberlo hecho. Y
esto me pasó en Paracuellos: en el primer álbum yo tenía mucho interés en
contar la institución, todo lo que es la denuncia, el niño, la pobreza, el
hambre, los malos tratos, la crueldad. En el segundo como ya ciertas cosas
estaban contadas, como las historias eran mas largas, me dediqué a contar otras
cosas, como la relación entre los niños y entre los profesores. Los castigos
ya se habían contado, incluso cuando se castiga a un niño, no se cuenta, se
supone que el lector ya lo sabe. Y en este tercer álbum tenía más interés en
profundizar en los niños, si tenían madre o no..." -"Es
un álbum más íntimo, se ve enseguida" -"Sí, y es mucho más literario. En Paracuellos 4, que es lo que estoy haciendo ahora, la familia tiene mucha importancia. Todos esos niños tenían familia, porque no todos eran huérfanos, y aún así, los que eran huérfanos ¿por qué eran huérfanos?. A medida que vas avanzando, te vas dando cuenta de que hay cosas que no has contado. Por eso los álbumes van saliendo diferentes los unos de los otros. Primero porque vas tocando distintos aspectos y segundo porque entre cada álbum hay casi diez años".
Giménez
tiene material hasta el séptimo álbum de la serie. Le pregunto si alguna vez
saldrá Paracuellos de los hogares para narrar esa época y me mira con cara de
desaprobación: "No, sólo tiene sentido a través de los niños. En el álbum
7 se cuentan cosas que no ocurren en el hogar, pero son contadas por los niños,
mezcladas con sus juegos. Lo importante es la dimensión que le dan los niños,
no es lo que ocurrió sino lo que cuentan". Me
mantengo firme en mi postura y erre que erre le respondo: "Es una cierta
manera de salir, ¿no?", a lo que me responde con una mirada que lo dice
todo y que se traduce en un "ser cabezón...", totalmente
acertado. De
momento esto ser lo que veamos de Carlos, aunque como me dice, "el
hecho de que tenga escritos tantos álbumes no significa que lo vaya a hacer, lo
único que significa es que están escritos". Otras obras quedan en el
tintero, algunas ya dibujadas como Jon s, una obra de protagonista infantil
que le ha llevado años terminar y que tiene una difícil salida en el mercado.
Jon s es una historia de aventuras infantiles que entronca con el espíritu
del cuaderno de aventuras de toda la vida, con Cuto, con los niños
aventureros...pero ay!, a Carlos se le ocurrió que los niños son
inteligentes y no quieren que les tomen el pelo y su historia es políticamente
incorrecta. Los malos mueren y los buenos pueden matar, algo que no se puede
concebir en la generación de los pokemones y los burger kings. Sin
embargo, Carlos trabaja ahora abriendo nuevos campos y está trabajando con
Guillermo del Toro en su nueva película rodada en España, El espinazo del
diablo. Carlos ya había hecho antes storyboards de alguna película y
publicidad, pero no era lo mismo, como el dice. En cualquier caso, se me antoja
que trabajar en una película y en el cómic debe ser muy diferente, son medios
hermanados pero con recursos diferenciados. -¿Qué
diferencias se encuentra un dibujante de tebeos al hacer una película? -
"En ese aspecto yo debo decir que los storys que yo he hecho han sido muy
dirigidas por Guillermo. Incluso me ha hecho un dibujo de lo que tenía que
contar. Ha habido pocas aportaciones en cuanto a la narrativa, de forma que lo
entiendan bien los que tienen que hacer los efectos especiales y todo eso. En
cambio, en lo que yo si he colaborado mucho, y con agrado, es darle muchos
dibujos sobre los decorados, sobre los escenarios, porque un dibujante de
historieta sabe muy bien lo que es un escenario. Un dibujante de historieta
tiene una ventaja sobre los ilustradores, porque tiene una idea de la tragedia,
un concepto de lo trágico, del humor, de la narrativa, y además sabe dibujar.
Son dos cosas diferentes, recuerdo que me lo pase muy bien dibujando una vieja
cuadra que estaba preparada para que durmiera un hombre, donde había un
camastro, y las cosas que este hombre utilizaba y las que quedaban de la cuadra,
se tenían que dibujar muchos trastos, aperos de labranza, monturas y al mismo
tiempo la camisa y un perchero y unas escobas. Para un dibujante de historietas
no sólo es fácil, sino muy divertido. Para un dibujante normal el sólo hecho
de dibujar una silla de montar es un problema "¿dónde tengo la
documentación y cómo es?". Para mí es mas fácil, porque mi profesión
es dibujarlas de memoria, no me hace falta consultar en libros porque sé como
son, y sé dibujarla en la postura adecuada". Como
luego me comenta, una de las ventajas del dibujante de cómics es que no sólo
crea espacios físicos, sino espacios de vivencias, dónde ocurren cosas más
allá del puro diseño gráfico de la estancia o el lugar. Pero
pensándolo bien, un autor de historietas puede aportar mucho al cine, el tebeo
tiene una serie de capacidades
tremendas. -"Para
hacer un tebeo bien hecho, el autor tiene que escribir un guión y escribirlo
bien, contar una historia en imágenes, tiene que dibujarlo, tiene que hacer
unos personajes que corresponden a una edad, a unos temperamentos, este es un
viejo, una chica guapa... Tienes que iluminarlos, tienes que vestirlos: el lord
inglés viste así, mientras que la secretaria viste así; tienes que
documentarlo: se desarrolla en Inglaterra, tiene unas casas así, un coche de
este tipo y está aparcado en la acera en este lugar porque en Londres se
conduce al revés. El autor de historietas ha hecho todos los papeles, él sólo,
que en una película hace todo el equipo. Ha recortado el bigote y el pelo como
el peluquero, ha vestido como los modistos, ha decorado como los decoradores, ha
sido los actores, ha sido el guionista, el director, ha sido todo. Un autor de
tebeos, que haga bien los tebeos, es un autor que en condiciones de normalidad
puede trabajar en una película haciendo todos esos papeles. Yo no sólo puedo
hacer el storyboard, puedo hacer el guión, he diseñado vestuarios e incluso
peinados. Una persona como yo en el cine vale para muchas cosas. No tengo el
talento para ser director, pero yo o cualquier dibujante haría un buen papel,
estoy pensando en Be , en Enrique Ventura, en Manfredo Sommer, en un montón
de dibujantes que conozco". Le
comento que realmente el cómic tiene unas posibilidades indiscutibles que nadie
se preocupa de valorar y me parece que ahí le toco la vena sensible. Afirma con
la cabeza y me contesta: "Lo que pasa es que los tebeos son baratos y
claro, alguien que hace un tebeo y cobra tan poco, pues no puede ser bueno.
Porque los tebeos nunca pueden ser noticia, excepto Asterix. La noticia es que
Asterix ha vendido 7 millones de ejemplares de su último número y 7 millones,
a 2000 pesetas por álbum... esa cantidad de millones es noticia. Los tebeos
tienen esa cosa. Antes, los tebeos estaban destinados a un publico popular, y lo
popular es lo contrario de la cultura, ya sabes, la cultura es elitista, sólo
la entendemos los listos y lo popular, eso es la gente de la plebe... Siempre ha
tenido una mala apreciación y se le ha querido mal, y la gente, cuando ha
querido ser culta, siempre le ha dado la espalda a los tebeos". Vuelvo a
tener delante a ese gran amante de los tebeos, que realmente se siente dolido
por la marginación del medio, no por la de los tebeos que él hace, sino por la
marginación de los tebeos que le dieron vida durante su infancia. "En los
EEUU, no hay una serie de cómics medianamente importante que no haya sido
llevada al cine o a la televisión, y te remito al libro de Coma y Gubern,
mientras que en España jamás, jamás nadie ha utilizado un tebeo, bueno sí,
recientemente Makinavaja, pero nadie ha cogido un tebeo para hacer una serie. Y
eso que España es un país donde el cine anda muy pobre de ideas y hay
excelentes tebeos, tan excelentes, que los tebeos de medio mundo los han
dibujado los españoles, la mitad de los tebeos americanos estaban dibujados y
están por dibujantes españoles. En épocas, la mitad de los tebeos franceses
estaban dibujados por dibujantes españoles, casi la totalidad de los tebeos
ingleses lo eran por españoles y un gran porcentaje de los alemanes también
estaban dibujados por españoles. Pero, mira por dónde, menos en España, en
todas partes se aprecian". Poco puedo decir, más que tiene más razón que
un santo, aquí nunca se ha apreciado un medio con el que se formaron millones
de niños y ese es nuestro problema, ni las bajas cifras de ventas ni la falta
de lectores. EL problema es que no se aprecia el medio, en contraste con otros
países. -
"Por lo menos en los EE.UU. le dan un valor importante como medio de
entretenimiento", comento. -
"No sólo como medio de entretenimiento, sino como algo más. La industria
ha llevado al teatro, al musical tantas historietas. La industria del cine ha
llevado a la pantalla tantos cómics. La industria de la televisión ha llevado
tantas series, de animación o de imagen real que forma parte de la cultura al
mismo nivel que un autor teatral, un cineasta o un escritor". -"Allí
no tienen ningún empacho en darle el premio Pulitzer a un cómic". -"Sí,
y tiras como Steve Canyon o autores como Milton Caniff o Al Capp eran tan
considerados como cualquier escritor". -"Y
ya no digamos en Francia" -
"Exacto, donde hay museos de la historieta y donde los autores de tebeo han
hecho obras de teatro, películas. Nadie se rasga las vestiduras porque de
repente un hombre que ha hecho tebeos haga teatro. ¿Sabes lo que pasas aquí?
Que la gente de estos medios, los productores de televisión, del cine, la gente
de dinero, no ha leído tebeos. Ahora empieza a haber una generación, la de
Almodovar, Álex de la Iglesia, Santiago Segura, que si ha leído tebeos y son
la gente que no va a tener ningún escrúpulo de hacer algo mirando a este
medio". Hago un comentario sarcástico sobre lo que pueda hacer Bajo Ulloa
con el Capitán Trueno y asiente. Lo cierto es que, como dice Carlos, en este
santo país se han hecho intentos de reivindicar cierta cultura popular y uno de
los símbolos maximos de la cultura popular española, el tebeo, sigue siendo el
gran olvidado. La cultura oficial deja de lado los aspectos populares, "no
es fino leer tebeos", como dice Giménez y el resultado es que nos vemos
invadidos por los tebeos de fuera que aprovechan la situación del mercado. -
"Es que incluso a la hora de publicar un tebeo, no se coger un tebeo
español. Mira los periódicos que tienen suplementos dominicales infantiles:
buscan que sea manga o que se parezca al manga y, si es un tebeo, que se parezca
a Mortadelo y Filemón. Si no, que sea extranjero. La paradoja es que España ha
sido un país que tradicionalmente ha exportado tebeos y ahora parece como si no
supiéramos hacer tebeos pero si los españoles hemos hecho los tebeos de casi
todos los países! Es un medio del que la gente se avergüenza". -
"Es una forma más de incultura". -
"A mí me parece en estos momentos que si tú no te has leído ningún
tebeo de Frank Cappa de Manfred Sommer, pues te has perdido algo muy importante,
y si tú no sabes quién es Moebius, eres un inculto". Amén,
que es lo que se debe decir cuando alguien deja una conversación cerrada. El
resultado de todo esto, le comento, es que estamos perdiendo toda una generación
de lectores, los niños, que deberían ser los lectores del futuro. -"Se
ha roto la cadena, no hay editores para este tipo de publicaciones. Las grandes
editoriales como TBO, Valenciana, Bruguera o Maga, se hundieron y se ha roto la
tradición de lectores, de lectores de editores y de autores. El lector viejo se
ha olvidado de que existían y el lector nuevo no sabe que existen, excepto un
grupo de aficionados que vive en las catacumbas que son los que frecuentan las
librerías especializadas. Cuando mi editor dice que me promocione, pues pienso
que no servir de nada. Si saliese en la tele y la gente dijera "voy a
comprármelo", al salir a la calle no lo encontraría porque en el quiosco
no lo venden. Es decir, la promoción no sirve para nada porque las tiradas son
tan cortas y se venden por unos caminos tan especiales que sólo lo dominan la
gente de la catacumba, la gente que es aficionada". Me agrada esa definición
de catacumbas, da la idea de un grupúsculo de pocos seguidores que luchan
escondidos contra el sistema, no deja de tener su lado romántico. Las
copas están vacías y los ánimos caldeados, por lo que Carlos prepara unas
nuevas dosis de sus exquisitos gintonics. Me enseña algunos de los borradores
que está haciendo para Paracuellos, sencillamente excelentes y aprovechamos
para encarar la parte final de la entrevista alejándonos un poco de la situación
del tebeo, y nada mejor que hablar del tema de
moda, la dichosa red de redes y la posibilidad de que el papel sea
sustituido por el formato electrónico. Carlos se ríe y me contesta: -"Yo
te voy a llevar la contraria desde el principio: no se ha fabricado, no se ha
consumido tanto papel como ahora, el fax, el ordenador..yo cuando hago cosas con
el ordenador, me quedan unos residuos de papel que sirven para borradores que
nunca en mi vida he utilizado tanto. Consumo mucho mas papel en el ordenador que
antes." -
"Sí, pero estas nuevas tecnologías dan nuevos recursos creativos, ¿no?" -"Lo
que pasa con el cómic en internet, que en estos momentos seguro que hay gente
ya trabajando, es que al momento de estar en internet dejar de ser cómic,
modificar el medio. El hecho de que lo modifiquen no es malo, pero lo
cierto es que ser otra cosa. A los cuatro días un cómic hecho para
internet no será un cómic, incluso le pondremos un nombre diferente,
"tebeonet". Porque es inevitable que si le puedes poner voz o ponerle
animaciones al cuarto día, tendremos un procedimiento narrativo diferente que
yo creo que ir a medio camino entre los cómics y los dibujos
animados". En
eso tiene razón, ya que las experiencias que estamos viendo son una extraña
mezcla entre cómic y dibujos animados pobres. Sin embargo, hay interesantes
propuestas como la de Scott McCloud de cambiar la secuenciación, de jugar con
el formato manteniendo el concepto de viñeta. -"Puede
ser interesante, pueden salir productos maravillosos y muy dignos, pero ser
otra cosa, otro momento, otras tecnología y por tanto otro medio. Porque, a fin
de cuentas,¿qué hace que la historieta sea historieta? Al fin y al cabo son im genes
dibujadas... ¿por qué no llamamos historieta a los dibujos de Durero? ¿Por
que no tenían textos? Mentira, si que tenían textos de vez en cuando.¿Sabes
lo que ha hecho que la historieta sea la historieta? El que esté impresa en un
periódico. Yo pienso que si hay que definir la historieta como algo, para mí,
lo que entendemos como tebeo es cuando existe la imprenta, cuando existe
una difusión popular, masiva, de sacar muchas copias. Un dibujo hecho una sola
vez es un cartel de ciego.¿Por qué no llamamos tebeo a un cartel de ciego?
Porque se lo llamamos cuando se empieza a publicar en los periódicos, cuando
las tiradas son muy grandes, es barato, se reproduce muchas veces es popular. En
el momento que los dibujos, con filacteres o sin filacteres, con bocadillos o
sin ellos, dibujados primorosamente como Caran d'Ache...los llamamos cómic
cuando se imprimen, sacamos muchas copias a bajo precio en papel. Cuando le
quitemos el papel, ser otra cosa, le pondremos otro nombre el que
sea". Su
concepción del tebeo me recuerda a la de Eisner, muy centrada en el tebeo cl sico
y, en el fondo, yo también estoy de acuerdo. Ese punto fetichista del
aficionado que necesita su copia, oler la tinta... algo que se pierde en un cómic
electrónico. -"Es
que el tebeo tiene también una cosa importante, el objeto. No es lo mismo un álbum
de Glenat que sacarme yo las copias. Es más, ¿qué es lo que ha quedado del
tebeo? El coleccionismo. Este tebeo no me los saque de la bolsa de plástico
porque pierde su valor. Es el objeto y eso es lo primero que perderíamos si
sacamos un tebeo por internet". Me
enseña la versión que tiene de la revista MAD en cdrom, una serie de discos en
las que se incluyen todos los números de la revista satírica
americana."Me pongo el disco en el ordenador y me hojeo página por pagina
y cuando llega una dibujo, saco una
copia, o lo amplio, o simplemente una copia de la pagina y la calidad es
estupenda..pero si me saco todas las páginas de Mad y las coso con una grapa
,no es lo mismo". Apago
la grabadora, que ya va siendo hora y comentamos la experiencia del lector de
tebeos al llegar a ese álbum que tanto le gusta, saborear su olor, sentir el
ruido de sus páginas nuevas. Carlos es un amante de los tebeos y eso hace que
las experiencias, con años de distancia, sean las mismas. Seguimos hablando de
Jon s, su obra no publicada, y de las posibilidades de nuevas series,
nuevas ideas. Y me confiesa su nerviosismo ante el pequeño papel que le ha dado
Guillermo del Toro, al que se refiere con gran cariño. Es difícil aceptar que
hay que irse del estudio de Carlos, su cordialidad y jovialidad y su buen hablar
hace que la conversación se pueda prolongar durante horas y que parezca que han
pasado minutos. No nos despedimos, nos emplazamos a disfrutar de una buena
paella un día de estos. OBRAS Encontramos
en España Una, Grande y Libre a un Giménez ya plenamente desarrollado desde el
punto de vista historietístico que hace uso de esta oportunidad de narrar cada
semana una historia para experimentar con todas las posibilidades de discurso
narrativo. De forma intencionada o no (la realidad, como bien decía su autor
era la necesidad de entregar cada semana una historieta), Giménez busca nuevas
formas de narración en cada historia de dos páginas, cambiando a veces incluso
de estilo y pasando de un realismo total a un dibujo caricaturesco casi sin
solución de continuidad. Poco
más se puede decir de esta obra: cualquier análisis sobre ella queda
minimizado por el profundo impacto que produce su lectura y que nos lleva
directamente a la época que narra. Si a mi me dejaran, este sería el libro de
texto que mandaría para que los escolares estudiaran esa época y sacaran sus
conclusiones sobre los sacrificios de anónimos españoles que nos han dado lo
que hoy tenemos por doquier y a veces olvidamos: libertad. Pero
Los profesionales es eso y más. Carlos Giménez retoma el pulso autobiográfico
de Paracuellos para contar una parte de su vida, la que transcurre desde su
llegada a Barcelona para incorporarse a la plantilla de S.I., y de paso, contar
una época de la historia de España y del tebeo español. Planteada
inicialmente de una forma paródica, Giménez hace en el primer álbum de la
serie (que se publicó inicialmente en la revista Rambla) una genial aproximación
caricaturesca a los personajes, que nos presenta como verdaderos expertos en el
arte de currar poco y de gastar putadas a los colegas. En este primer álbum,
Giménez se centra en la descripción de unos exagerados y desquiciados
personajes que malviven con su bajo sueldo bajo las órdenes del peculiar
Filstrup, alias de Josep Toutain (en el sentido estricto, fue el pseudónimo que
utilizaba para firmar algunas historietas que hizo). Las anécdotas que nos
cuenta, hilarantes y exageradas están basadas en hechos reales que ocurrían en
el estudio y, aunque se nos antoja siempre que amplificadas por la memoria, son
sencillamente geniales. Desde la recepción a los novatos en "La
Prueba" a las bromas mas crueles que mente humana puede parir en "La
calcadora", las historias nos cuentan ese universo particular y cerrado de
la agencia. Sin embargo, Giménez termina este álbum saliendo al exterior y
conectando la borrosa irrealidad de la agencia con la dolorosa realidad del
exterior en "La cita". Una
vez nos ha presentado el ambiente colectivo de la agencia, Giménez pasa en el
segundo volumen, a centrarse en cada uno de los miembros del estudio los
"Menéndez", "Tony Tano",o "Mustang", descubriéndonos
la particular forma de vida de cada uno de ellos. Son historias que ya no se
transcurren preferentemente en el estudio, sino que nos cuentan la extraña y
curiosa vida de cada uno de estos personajes. Sin embargo, el álbum termina de
forma coral con "La Gran Noche", una histriónica exageración que
cierra el álbum con la batalla de mierda más hilarante (y posiblemente única)
de la historia del cómic. El
tercer álbum de la serie comienza con un espíritu similar al anterior, centrándose
en diferentes personajes pero con un trasfondo más amargo, en el que Giménez
busca ahondar más en las esperanzas y anhelos de esos dibujantes. Quizás la
historieta que mejor resume la filosofía de "Los Profesionales" se
encuentra en esta entrega: "Gente tierna", en la que Giménez nos
muestra el lado más humano de sus compañeros, desde sus amores o desde sus
anhelos profesionales a las realidades de su vida, que se traducen en esas
escenas finales de figuras solas bajo la lluvia esperando lo que desean sus sueños.
Una escena que me gusta creer que ejemplifica, con ese No-Do gigante a las
espaldas una metáfora de la soledad de la España que todavía no había
empezado a ver el final del túnel del franquismo. Una
obra sencillamente brillante donde la maestría de Giménez brilla por todos los
rincones. Prepublicada
en la revista de s tira política "El Papus" y compilada en álbum
en 1978, "Barrio" es cronológicamente posterior a Paracuellos y
comparte con aquella idéntica postura crítica y airada. Comienza cuando
Carlines, el protagonista, logra salir del internado gracias a un alarde
pelotillero. Conseguido el objetivo, Carlines se reincorpora a su familia y al
mundo más ancho de la ciudad de Madrid. En su nuevo ambiente, ir
explorando posibilidades mayores que las ofrecidas en los más de ocho años de
internado, pero también comprobar por sí mismo las duras condiciones de vida de las clases populares de los
años 40. Así,
las historias de dos páginas que componen el álbum, y que a menudo se
encabezan con nombres propios de los personajes con los que Carlines trata, ir n
relatando anécdotas, generalmente desgraciadas, referidas a aquellos y que, en
su acumulación, ofrecen un retrato fidedigno y cruel de la España franquista.
Carlos Giménez se muestra más costumbrista en sus primeras entregas, como
corresponde al momento más esperanzador de su protagonista, y más ácido desde
la octava, la brutal "Camisa azul" tras la cual se ocupar de
temas como el chabolismo, la miseria moral, la represión sexual y, en la
historia que cierra el álbum, la violencia fascista. No es casual que ésta sea
probablemente la más dura de todo el tomo y es que el mundo de Barrio es sin
duda más amplio que el de Paracuellos pero, para aquellos que perdieron la
guerra, igualmente hostil y ajeno. Como recalcaba Carlos Giménez en una magnífica
entrevista, lo más destacado de aquella sociedad era su extrema violencia,
violencia que se justificaba por la rigidez del sistema de clases y la represión
sufrida. Precisamente, el tema del álbum es el descubrimiento por Carlines de
que España es un lugar muy semejante al colegio que padeció en su infancia, lo
que explica que el álbum comience en un tono más amable para ir haciéndose
cada vez más ácido, y justifica la cólera con que se concluye su lectura. Se
trata de una obra maestra, resuelta narrativamente de modo muy semejante a
Paracuellos, en historias de dos páginas que llegan a tener hasta veinte viñetas
con abundancia de primeros planos y un dinamismo interno que permite una muy ágil
lectura, desmintiendo el carácter "mazacote" que a menudo se asocia a
las historias ricas en texto y prolíficas en viñetas. Más intimista y menos
directamente política, Rambla arriba, rambla abajo, transcurre en la España, aún
franquista, pero menos opresiva, de los 60. Se trata de una rara avis en la
producción de Carlos Giménez que generalmente tiene sus obras planificas, en
mayor o menor medida, desde que las acomete. Aquí, en cambio, Giménez hace una
historia romántica de unas ocho página, es de suponer que semejante a las
compiladas en su álbum inmediatamente anterior, "Romances de andar por
casa" (1986). Pero, ya porque su protagonista era Carlines, ya por el cariño
que tiene por aquella ciudad, la historia se le fue de las manos y creció hasta
las 30 páginas. Entonces quiso acompañarla con una número de anécdotas que
la contextualizasen para completar un álbum, y de nuevo creció más de lo
deseado, hasta alcanzar las 70 páginas, resueltas con una narrativa inusual en
él, que lleva a Vázquez Montalban en su prólogo a afirmar que con ésta obra
Giménez abandona el territorio del cuento para ingresar en el de la novela. Lo
cierto es que al contrario que en todas las anteriores entregas de lo que podríamos
llamar la biografía de Carlos Giménez, Rambla arriba, rambla abajo está
formalmente estructurada como una historia unitaria, si bien comprende un cierto
aire, dado al albur del romance de su protagonista, dulce y patético como los
que a menudo relata, va contando infinidad de historias que se suceden en la
bulliciosa vida de las Ramblas mientras aquél pasea con su ocasional pareja. Es
un Giménez descomunal que, liberado de la obligación de dar la misma extensión
a cada una de las historias que dibuja, se atreve a hacer figurar gran cantidad
de personajes que se cruzan entre sí, en un mismo espacio físico, las Ramblas,
aprovechando tres paseos por aquellas de Carlines, uno con su amigo Adolfo, un
segundo con su ligue Marilyn y el último con un militante antifranquista. Se
trata de un verdadero "tour de force", extraordinariamente divertido,
inteligente y sentimental, en el que los perosnjaes van entrando y saliendo con
naturalidad pasmosa, interrelacionándose y andando como la vida misma, contando
unos su historia en una sola viñeta y otros en varias páginas, en un espectáculo
narrativo. Leída hoy, sigue destacando la modernidad de su propuesta, el vigor
de su trabajo, más caricaturesco que en su trabajo inmediatamente anterior y la
libertad que toda ella respira, quizás motivado porque siendo en estos años
Carlos Giménez uno de los autores internacionales más reputados, prevé que
podrá realizar su trabajo tal y como desee, sin que ello impida su posterior
edición. Así, Giménez realizar esta obra formidable, en mi opinión su
mejor obra desde Koolau. Ello
no obsta para que el trabajo de Giménez primerizo resulte digno y estimulante,
siendo de especial interés para los que disfrutamos viendo la evolución de un
talento joven, sin que ello signifique su valor actual sea puramente arqueológico
o propio de completistas. Y a él pertenece "Delta 99". Se trata de
una historia de ciencia ficción de cierta extensión, estructurada en capítulos
autoconclusivos y protagonizada por un agente espacial enviado a la Tierra por
una confederación intergaláctica, con el propósito inicial de luchar contra
una maciza enemiga de aquella, llamada Peligro.1, y fiscalizar el desarrollo
terráqueo sustituido luego por el más gen‚rico de luchar contra el mal. Cuando
su nave espacial se hunde en el mar, el agente es rescatado por otra maciza, ésta
una pirata asiática llamada Lu, de clara impronta caniffiana-la admiración de
Giménez por el norteamericano se ve en su obra casi con tanta claridad como su
justificada antipatía ideológica-. Lu se convertir en el secundario fijo
de la serie, contrapunto a las muchas mujeres misteriosas y turbadoras que
hallar en su camino -incluidos excesos tales como las quintillizas
sicarias que pretenden asesinarle-, y enamorada ayudante en que se apoyar
contra diversos malvados extravagantes. Aunque
es comprensible un cierto cachondeo ante semejante argumento, visto desde la óptica
actual, lo cierto es que Delta es un producto de su época, no más rocambolesco
que las aventuras de James Bond al que obviamente recuerda. Caracterizado por su
erotismo suave y por minimizar al máximo las dosis de violencia, Delta tiene
valor suficiente para parar como espontáneo un penalti contra el Real Madrid
lanzado por el Barça, pese a lo cual trabaja desarmado. Es un trabajo comercial
ligero, divertido y, leído hoy, ingenioso y camp. La ingenuidad de sui
planteamiento no es en absoluto estupidez y en la tarea de su guionista, Jesús
Flores, hay imaginación y un auténtico esfuerzo por homenajear a diversos clásicos,
obteniendo una obra personal, dentro de las exigencias del mercado. Respecto de
su propia contribución, Carlos Giménez se muestra muy modesto: "lo de
Delta 99 no fue idea mía, sino de agente y guionista. Yo simplemente di forma física
a los personajes creados y si acaso, un nuevo tipo de héroe de aventuras,
colocando al clásico protagonista del cómic de acción los atributos del galán
de romance juvenil. Con esto resulto un héroe mucho más moderno". Lo
cierto e que aquella es hoy lo más destacado del tebeo. Hay una enorme
distancia entre el Giménez de los gringos primerizos y éste de Delta 99.Las
escenas de acción resultan dinámicas y creíble, los rostros son expresivos
aunque no tanto como el del Giménez de los 70, el vestuario y atrezzo como
insinúa su autor, moderno y atrevido. Los personajes son dinámicos y las
chicas, aunque demasiado parecidas entre sí, atractivas. Su narrativa es briosa
y clara, mérito éste que probablemente debe compartir con Flores, y este
conjunto de virtudes lo que permite es afirmar esta historieta, perjudicada por
malas ediciones y pese a lo manido de su idea de partida, como un sólido y
digno producto de género. Pocos
años más tarde, Carlos Giménez vuelve a la ciencia ficción con un trabajo
mucho más elaborado y personal. Es Dani Futuro, sobre guiones de Víctor Mora.
Por culpa de mi mente retorcida, siempre he creído que la génesis de esta
historieta se explica en otra titulada "Love strip" de Luis García y
el propio V. Mora. En ella un dibujante sospechosamente
parecido a Carlos Giménez, harto de dibujar encargos, pide a un guionista,
igualito a V. Mora, un trabajo más crítico e ideológico, a lo que accede dándole
un guión indudablemente progresista y bienintencionado, pero demasiado amable y
descontextualizado para satisfacer al primero, que termina lamentándose de no
poder contar sus recuerdos de infancia, en una viñeta dibujada por el propio
Giménez que anuncia ya Paracuellos. Eso
es efectivamente Dani Futuro. En él, un Carlos Giménez ya plenamente hecho
como dibujante, ilustra con auténtica maestría un conjunto de historias
debidas a VM en que el protagonista, un adolescente animoso y positivo, lucha,
de nuevo empleando la menor violencia, contra los fanatismo oscurantistas. El
despotismo en "Los amos de la psicodelia" o
"El mago del espacio"; el capitalismo salvaje en "El
planeta de las catástrofes" o el desprecio del medio ambiente en "El
fin de un mundo", entre otras plagas sociales. Al
contrario que en Delta, donde las connotaciones ideológicas son inexistente, en
Dani Futuro presiden en su integridad la obra, mostrándose en ella la
personalidad de sus autores. Aunque la excusa argumental inicial es casi tan
simple como en Delta, su desarrollo no lo es en absoluto. Tampoco lo son sus
personajes, especialmente el principal, que evoluciona claramente a lo largo de
la obra. No obstante, su edición en revistas de consumo preferentemente
infantil como Gaceta Junior y Tintín, explica tanto algunos clichés como su
falta de acidez. En el primer sentido los personaje que, aunque bien
desarrollados, responden a arquetipo: Iris, la chica; Dr.Dossian, el sabio;
Capitán repollo y Jorge el Robot, secundarios cómicos, etc...En el segundo hay
que decir que la serie, sin ser ñoña, es quizás en exceso risueña, sobre
todo en las primeras entregas. La
visión de Carlos Giménez de la serie parece haber mejorado en el tiempo.
Mientras que en 1975 decía, con cierto desprecio que "es una serie
comercial infantil, autorizada para todos los públicos y en technicolor",
en 1981 intentó recuperarla en una edición en cuadernillo que no acabó de
funcionar comercialmente y, me atrevo a creer, se alegró de que por fin, en
1998 conociera hasta ahora su mejor edición decida a Forum. Su trabajo en ella
es, sobre todo en las últimas entregas, excepcional, prefigurando ya al autor
que iba a ser, aprovechando la libertad que le dio VM para innovar en el
montaje, mostrando ya su pleno dominio para la gestualidad de sus personajes,
elegancia en la composición y cuidado de los fondos. Ocurre sin embargo, que
Carlos Giménez ya no quiere preocuparse por el mercado, sino dibujar lo que le
pida el pincel. Este nivel de exigencia, junto con el cierto resentimiento
debido a problemas de derechos, explica sus iniciales reticencias a esta, por lo
demás, excelente serie comercial. Y es también lo que permite que al año
siguiente realice una de sus obras maestras, HOM.
"Se folla con prisa, con hambre, con rabia, con desprecio, con odio,
e incluso se folla con desgana. Y la mayoría de las veces ni siquiera se folla."
No es arriesgado suponer que estas palabras, puestas en boca del escritor
protagonista de Romances de andar por casa, sintetizan la percepción pesimista
que sobre el sexo tiene el propio Carlos Giménez. No, por cuanto dicho
personaje parece funcionar como alter-ego (otro más) del propio autor en esa
deliciosa reunión de historias. Siguiendo con las especulaciones, supongo que
tampoco es descabellado concluir que la serie Historias de sexo y chapuza, de la
que Glénat ha publicado recientemente su 6§ volumen, Talla especial, tiene su
arranque en el mencionado y excelente álbum.
Tanto en Romances de andar por casa como en los primeros volúmenes de
Sexo y Chapuza nos encontramos con un Giménez adulto, lúcido, agrio a ratos,
sosegado, siempre mordaz y casi siempre brillante. Aunque Romances data del año
84 y el primer volumen de Sexo y Chapuza del 91 es fácilmente perceptible la
unidad de estilo y temática de ambos álbumes y que en ambos se deja intuir lo
que podríamos llamar el 5¦ Carlos Giménez. Sintetizando, el 1§ sería el
dibujante puro y duro de agencia, autor de Gringo y "dibujador" de
cualquier cosa que le pusiesen a tiro; el 2¦ sería el Giménez de la
Ciencia-Ficción y la aventura, que encontraríamos en Dani Futuro, Hom, Koolau
el leproso e incluso en Bandolero; el 3§ sería evidentemente el autobiográfico,
con Paracuellos y Los Profesionales; y el 4¦ el Giménez más directamente político,
el más panfletario, el más militante, -y casi me atrevería a decir- el más
necesario, el de España, una, grande y libre.
En este análisis r pido y subjetivo (y que acaso entre en
contradicción con lo expresado con alguno de mis compañeros), el 5º Carlos
Giménez se perfila como un historietista maduro y sobrio, perfecto conocedor de
los resortes del medio de expresión en el que trabaja y consciente de sus
limitaciones y sus virtudes. Un Giménez que mira su entorno y cuenta historias
que ve y oye, un cronista de lo cotidiano. Este Giménez ya no chorrea bilis,
sino que se refugia en un sentido del humor agrio y en un cinismo desencantado
para hacernos llegar sus reflexiones sobre, insisto, cuestiones inmeditatas,
cotidianas, cuestiones no de género. El amor, la vida en la ciudad, el sexo, la
amistad, el azar, los encuentros fortuitos, los encontronazos. Cuestiones de
andar por casa, que quizá están representadas de forma paradigmática en
esa historia ejemplar que Giménez publicó serializada en forma de tiras
diarias en la prensa a principios de los 90, Sabor a Menta.
Pero, cuidado: el apelativo sexo y chapuza puede inducir a error. Giménez
no hace pornografía ni erotismo, y al menos en los primeros álbumes de la
serie, tampoco busca la humorada fácil a partir de la batallita erótica que
termina en anecdota patética. Giménez novela la cotidianeidad y utiliza el
sexo como una parte más de ella. No
es así, ay, en el 6§ volumen de la serie, que, después de todo es la excusa
por la que se redactan estas líneas. Encontramos en este Sexo y Chapuza 6 -
Talla Especial al Giménez menos afortunado de su carrera, con unas historias más
cercanas al Óscar Nebreda de El Profesor Cojonciano que al Eisner realista al
que recuerdan los dos primeros tomos y, sobre todo, Romances de andar por casa.
Esto no debería suponer un demérito para el álbum, pues si lo que pretende es
divertir con la anécdota de la chusquería sexual lo consigue con creces. Es más,
si alguien busca divertirse con historias que parodien la realidad del ligoteo y
sus miserias, le recomiendo vivamente este álbum. Ocurre,
sin embargo, que estamos hablando del autor de Paracuellos y Hom y, quizás por
eso mismo, porque el propio Giménez se puso muy alto el listón en el pasado,
se le juzga con más severidad que a los demás. Si el autor de estas historias
fuese Ibáñez estaríamos deslumbrados, pero corroborar que Giménez se ha
vuelto Mortadelo y Filemón cuando había sido Contrato con Dios (y, por favor,
que se entienda esta frase en su contexto) es, cuanto menos, decepcionante. Se
me ocurre pensar que acaso estamos ante un 6º Carlos Giménez, más
despreocupado, que no tiene más pretensión que ser un humorista más o menos
eficaz, como ya demostró en La Odisea de Ulises, pero no cuela. Especialmente
si consideramos que Giménez simultaneó la creación de estas historias con
Paracuellos 3. Historia de sexo y chapuza con mayúsculas es la que nos contó
Giménez en Rambla arriba, rambla abajo. Visto así, en un autor con semejante
bagaje, las anécdotas de los tres amigotes Edu, Pablo y Leonardo o del castizo
Miguel, de tan intrascendentes terminan volviéndose innecesarias. (Es
de justicia recordar que para la realización de Talla especial, Giménez se ha
apoyado en las ideas de varios guionistas: José Bellés, Enrique Ventura, M.
Fuster y Usero/Serrat.)
Dicen las biografías que el
hombre este, Carlos Giménez, es un excelente autor de historias de
ciencia-ficción y debe ser verdad. Lo demuestra sobradamente en estos tebeitos
de Paracuellos: hay que tener mucha imaginación para inventarse esas
historietas de niños españoles que pasan más hambre que carracuca. Están muy
bien y resultan divertidas, pero, joder, eso no se lo cree nadie, hombre...
Con Carlos Giménez se cumple esa idea que tenemos algunos de que no
importan los géneros, sino las historias. Con Paracuellos se cumple esa idea -todavía más marciana- de que la historieta es un medio de expresión en el
que se puede narrar cualquier historia de cualquier temática. Carlos Giménez,
militante de la historieta, estaba empeñado en demostrarlo y, para ello, hizo
acopio de las reservas de bilis que tuvo tiempo de almacenar durante su infancia
mutilada y, como el que no quiere la cosa, con disciplina y mala hostia, con
lucidez y acritud, se dibujó una obra maestra, el Paracuellos este, que
ciertamente a algunos hoy, visto cómo está el panorama, nos parece
ciencia-ficción, de lo lejano que nos queda todo aquello. Menos mal que nos
queda algún abuelo vivo, para corroborar con sus batallitas que lo que el tal
Giménez dibuja debió ser verdad, después de todo.
A renglón seguido, me veo obligado a contradecir en parte una idea
expresada en el párrafo anterior, y es que, por mor de la comodidad y el
didactismo, suele resultar conveniente meter las obras de ficción (aunque ésta
tiene poco de eso) en cajoncitos para que puedan ser evaluadas de una forma más
ecuánime. Busquemos, pues, un género en el que meter a Paracuellos. Quedaría
bien en eso que se llama, de forma vaga, realismo. Sin embargo, y considerando
la raíz profundamente española del tebeo de Giménez no puedo sino pensar en
esa subdivisión, discutida y acaso poco convincente, que fundó en la
literatura española de posguerra La
familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela. Y es que, efectivamente, el
adjetivo que mejor se adecua a Paracuellos es el de tremendista.
Por
si algún despistado no se ha enterado todavía, contaremos que Paracuellos
recrea, en forma de historias cortas pero complementarias, anécdotas ocurridas
en hogares de Auxilio Social durante la posguerra franquista. Auxilio
Social fue una institución creada y coordinada por la Falange y en sus hogares se dio cobijo a una legión de niños huérfanos de guerra o
provenientes de familias sin recursos que los entregaban a una obra del
estado para su educación y mantenimiento. Los hijos de los derrotados que
quedaban en manos de los vencedores. Evidentemente, con estas premisas
argumentales, no es de extrañar que en los hogares de Auxilio Social
ocurriesen multitud de anécdotas mínimas dignas de figurar en esta historia
universal de la infamia que la humanidad construimos día a día. Porque, señores,
estamos hablando de niños... ¡Niños! Si la persona que lee estas líneas es
alguien sensible a quien le resulta indignante comprender lo que supone una
disciplina militar proyectada sobre adultos o sobre aprendices de adultos, que
imagine ese tratamiento aplicado sobre niños y comprenderá la rabia y el asco
que desprenden las páginas de Paracuellos. Para amargar todavía más la poción
puede añadir usted la precaria situación en la que se desarrollaba la vida en
los “hogares” -privaciones de comida, de agua en verano, precariedad en la
higiene y en la atención médica, abusos de poder sobre los niños, palizas,
etc.- y, sin demasiado esfuerzo, llegará usted a la náusea.
En ese caldo de cultivo se crió el niño Carlos Giménez, que luego sería
dibujante de tebeos y que vivió allí entre los 5 y los 13 años. En el fondo,
lo tuvo fácil Giménez para levantar esa cordillera de viñetas que es
Paracuellos. No necesitó más que valerse de los recuerdos acumulados durante
tantos años de miseria y privaciones. Paracuellos no es un ejercicio de
imaginación, sino de memoria. En ese sentido, los que no hemos tenido la suerte
de pasar hambre y calamidades, no podemos evitar sentirnos un poco ridículos a
la hora de trasladar al papel nuestras propias biografías. Pero ése es otro
tema.
Digo que historietísticamente hablando, Paracuellos es una cordillera
impenetrable. Y lo es no sólo por lo que se cuenta, sino por cómo se cuenta. Carlos Giménez no tiene reparo en confesar que
Paracuellos está novelado. Es decir, que no hay nada al azar en su
traslado de recuerdos de la memoria al papel del tebeo. El lector desprevenido
que se acerque al primer volumen de Paracuellos como si de un tebeo más se
tratase, se sentirá devastado por la dureza de los hechos que allí se relatan,
sí, pero también por la afilada crudeza con la que son expuestos. Giménez es
un animal historietístico, un narrador trasparente, con una concepción del
discurso viñetero perfectamente asimilable por cualquier lector, incluso por
los “analfabetos” historietísticos. En ese sentido, que tengan cuidado los
sensibles de estómago cuando se enfrenten a la densidad arrebatada con la que
están descritos los hechos narrados. En Paracuellos 1, los episodios están
dispuestos en una composición mínima de dos páginas que funcionan a modo de rápidos
latigazos en la conciencia del lector que (fue el caso de quien esto suscribe)
se ve obligado a detener la lectura de vez en cuando, asfixiado por la densidad
y la crudeza de lo narrado y por la forma de narrarlo, asfixiado de estar asomándose
al horror dibujado con tanta nitidez. Paracuellos 2 y 3 funcionan a un nivel
diferente, con historias más largas, de 4 o hasta 6 páginas, que dulcifican un
poco la forma, aunque el discurso siga siendo igual de pavoroso. Metaforizando
podríamos decir que el primer libro de Paracuellos es el edificio del castillo
y el segundo y el tercero las murallas que lo rodean. Y que la trilogía en su
conjunto, que le ha llevado a Giménez más de 20 años levantar, constituye un
tremendista boceto garabateado del horror.
No quisiera, sin embargo, resultar parcial en mi apreciación de
Paracuellos, la trilogía. Es cierto que también hay mucha ternura en sus páginas,
ternura que conmueve cuando Giménez describe las relaciones entre los niños;
ternura que se desborda en su máxima intensidad cuando Giménez dirige la cámara
hacia el niño que ha salido de los hogares en Barrio, en un memorable
pasaje de 40 viñetas solucionadas a base de primeros planos consecutivos del niño
que ha regresado al hogar, después de su dilatada temporada en el infierno. Un
niño sentado a la mesa de su casa que come y come sin parar, que se pone rígido
cuando suena un silbato en la calle que le recuerda situaciones pasadas en los hogares. Un niño que, una página después, en uno de los pasajes más
emocionantes que el cómic ha dado en toda su historia, se deleita mirando
moverse las manecillas de un reloj, cuyo funcionamiento no sabe interpretar
porque no había relojes a la vista de los niños en los hogares de Auxilio
Social. Pero Barrio, siendo la prolongación natural de Paracuellos, es otra
historia. Hablamos en estas líneas de Paracuellos. Hablamos, pues, de Historia
en mayúsculas de un medio de expresión. No es arriesgado afirmar que los niños
flacos, famélicos, de pantalones cortos y cabezas rasuradas, de ojos
gigantescos y sinceros de Paracuellos son iconos imborrables en la Historia del
tebeo mundial. Feliz es, por tanto, la iniciativa de Ediciones Glénat de
recuperar en un formato a la altura de las circunstancias las obras completas de
Carlos Giménez. Reseñas de Valentín Vañó, Vicente Sorní y Álvaro Pons Entrevista
de Álvaro Pons
|