Quo vadis tebeo?

 

Cualquiera que lleve en esto del coleccionismo de tebeos más de veinte años, habrá asistido atónito a una serie de cambios radicales en el mercado del tebeo español. Los que comenzamos a leer tebeos con las publicaciones Bruguera y vimos como el mercado fue monopolizado por los tebeos de Vértice/Surco, asistimos ilusionados al boom de las revistas de ochenta, con más de 20 títulos en el mercado. Los TÓTEM, 1984, Comix, CIMOC o Cairo daban al lector una variedad de contenidos de la que jamás ha vuelto a disponer. Durante esos años, el aficionado descubría nuevos autores constantemente, desde el clasicismo del material Warren, tan deudor de la EC, al vanguardismo de propuestas rompedoras como Madriz. Pero una nueva vuelta de tuerca cambió por completo el panorama para encontrarnos con un mercado monopolizado por un único género, el superheroico, que se nutría de la competencia salvaje entre el Goliat de Forum, la filial de la todopoderosa Planeta y el David de Zinco. Esa dualidad se mantuvo hasta el hundimiento de esta última, que coincidió con el renacimiento de Norma, apagada hasta entonces, y la aparición de un conjunto de pequeñas editoriales independientes. Estos cambios radicales han ido variando el rumbo de la historieta en España de forma errática, haciendo que el lector pase por periodos de desengaño e ilusión sin solución de continuidad. Y esos periodos han servido como retroalimentación para un extrañísimo proceso que hace que nos encontremos en un momento que tanto se puede calificar de callejón sin salida como de grandes posibilidades. ¿Hacía dónde va el tebeo entonces? ¿Qué nos viene?

 

Las editoriales

En el momento en el que nos encontramos, el mercado se ha dividido claramente en tres frentes. En primer lugar, Planeta, que sigue explotando su franquicia de Marvel pero que ve como poco la supuesta gallina de los huevos de oro se va agotando. La incorporación de derechos de otras editoriales americanas como Image, Dark Horse y demás no ha supuesto el espaldarazo que se suponía y las ventas van disminuyendo en picado mes a mes. El producto Marvel clásico (mutantes y arácnidos) sigue funcionando, pero con unas ventas ridículas para lo que se le supone. Con ventas que rondan los 3000 ejemplares de promedio con máximos en los 10.000 de los títulos mutantes, la megaestructura de Planeta ha tenido que dejar en manos de terceros el packaging de las series para abaratar costes. El relevo de Antonio Martín en la dirección supuso dejar la política de acaparar mercado para radicalmente pasar a una de prudencia y explotación de las posibilidades de la librería especializada, junto con tímidos pero exitosos intentos de recuperar el kiosko al amparo de las superproducciones cinematográficas basadas en el tebeo. La incorporación de Jesús Pecé ha abierto nuevas vías a esta editorial, que busca ahora abrir su mercado de lectores potenciales llegando más allá del género superheroico.

El segundo frente tiene también nombre propio: Norma editorial. Mientras que Planeta dormía en sus laureles marvelianos, esta editorial comenzó una política de compra de derechos que la convierte potencialmente en el editor más importante del panorama español. En este momento, Norma posee los derechos del material más importante del mercado francés (Dargaud, Humanoides, Casterman, Dupuis, etc) y se ha consolidado como el principal editor de material americano después de Planeta con la línea Vértigo y el reciente acuerdo comercial con Vid que le permitirá publicar los tebeos de DC. Su política de precios ha sido continuamente criticada por un sector del público que considera éstos exagerados, pero la permanencia ya durante muchos años de estos títulos y la posterior copia por parte del resto de editoriales de la política de edición y precios de Norma, ha demostrado que ésta es la única opción posible de supervivencia en un mercado en el que sólo se puede llegar al lector a través de la librería especializada. Afortunadamente, estos precios son acompañados con una excelente calidad de edición, sólo comparable a la que nos tienen acostumbrados las grandes editoriales francesas.

En el último frente encontramos un sinfín de pequeñas editoriales que buscan su lugar en el mercado con publicaciones de muy diversa índole. Desde Glenat, que se vive constantemente con la espada de Damocles de la desaparición a los esfuerzos voluntaristas de Dude, Undercomic, Siete Monos, Subterfuge o los más profesionales de La Cúpula, Ponent y Sinsentido, el mercado se complementa con una veintena de pequeñas editoriales que van de la profesionalidad absoluta al amateurismo, pero que conforman una oferta necesaria y que tiene su comprador potencial y fiel.

 

El Mercado

 

Tras la desaparición del formato revista, las diferentes editoriales ven como el quiosco es un mercado cada vez más y más difícil. La dura competencia con publicaciones dedicadas a los videojuegos, cine, y otras aficiones, que se publicitan ampliamente en los medios de comunicación y que ocupan un espacio importante gracias a regalos, etc, hace que el tebeo vaya paulatinamente cediendo espacio. El bajo precio de los tebeos los convierten en un producto de dudosa rentabilidad frente a revistas que rondan las 1000 ptas de promedio y poco a poco desaparecen. Las editoriales, que sobre todo en el caso de Planeta, viven este goteo de pérdidas sin poner ningún tipo de solución, se van resignando a distribuir sus productos de forma restringida a as librerías especializadas, donde saben que tienen un público fiel que permite mantener las colecciones. Sin embargo, sus primeros intentos chocan frontalmente con la realidad. Las ventas en librerías especializadas son muy bajas y la rentabilidad de un producto como el cómic-book es mínima. Este formato está pensado para ser distribuido mayoritariamente en quioscos y gozar de grandes tiradas, pero su distribución a apenas un centenar de puntos de venta lo hace claramente antirrentable. El bajo precio del comic-book no puede afrontar los altos gastos de distribución y producción y pese al cariño nostálgico que tienen los lectores, las editoriales lo van abandonando poco a poco. La primera en abonarse al cambio, Norma, se centra en el formato americano prestige, en el que se ofrece un cómic de 48 páginas en formato 17x24 encuadernado en tapa blanda. Esta variedad demuestra que permite la supervivencia de las series ya que, por un lado, al librero le suponen un ingreso suficiente comparado con el trabajo de reposición, estocaje, etc y, por otro, permite asumir costes de distribución y producción mayores. Pese a que otras editoriales, como la Factoría, comienzan a editar en este formato, se va abandonando paulatinamente, demostrando la baja rentabilidad. El último en mantenerlo, Planeta, reduce drásticamente el número de colecciones en el mercado para sacar tomos recopilatorios, que recuerdan más el formato trade paperback americano. En cualquier caso, es evidente que el formato agoniza ante la falta de ideas o posibilidades de recuperar canales de distribución más amplios como el quiosco.

Curiosamente, la desaparición de este formato coincide con la popularización de las reediciones de clásicos de los 60-80. Planeta, buscando nuevos lectores, comienza una serie de líneas que podríamos denominar nostálgicas, que se basan en la reedición de material clásico de Marvel. El formato elegido, los tomos recopilatorios, tiene gran éxito de publico y permite recuperar cierto optimismo que, en algunos casos, parece exagerado. La fórmula de mayor éxito, la biblioteca Marvel, consiste en la edición de recopilatorios de series clásicas americanas como Fantastic Four o X-Men desde sus inicios, retomando un material que en anteriores intentos no tuvo éxito. La reducción de formato, la publicación en blanco y negro y el alto número de páginas por número, define una colección de bajo precio que supone un gran éxito de público a  primera vista. Pero no nos engañemos: parte del éxito se debe a una moda revival basada en el indudable acierto del formato, que recuerda a los famosos tomos Vértice de principios de los 70. De idéntico tamaño y en blanco y negro también, aunque desde luego con un encomiable respeto al original del que no hacía gala Vértice, los tomos de Planeta gozan de una gran aceptación entre el público treintañero que ve con nostalgia las series que leía de pequeño. No estamos ante una banda de fanáticos adictos a los superhéroes, sino ante un público que busca comprar un material con el que disfruto de niño. El mérito de esta colección es precisamente recuperar muchos lectores de superhéroes que dejaron de comprarlos al desaparecer Vértice y que han visto en la iniciativa de Planeta una posibilidad de volver atrás en el tiempo. Paralelamente, Norma comienza publicar de forma similar clásicos de DC como Watchmen o Ronin en cuidadas ediciones de altísima calidad y elevado precio, en clara discrepancia con la política de Planeta. Sus ediciones son de una esmerada calidad y recuperan clásicos de los 80 que revolucionan el género de superhéroes, a las que también se unen recopilatorios de series clásica de éxito como Sandman que estaban totalmente agotadas. Estas ediciones también tienen un gran éxito pero, a diferencia de las ediciones de Planeta, son saludadas por el librero con mucha más simpatía por lógicas razones. Los márgenes comerciales de estos productos son muchísimo más altos y permiten una mayor ganancia.

Por último, Norma, seguida muy de lejos por Glenat, reactiva su publicación de álbumes de material de corte europeo. El formato clásico de álbum supone un cambio para el lector de superhéroes, acostumbrado a pagar entre 500 y 750 pesetas por 48 páginas de cómics. El álbum duplica o incluso triplica esos precios, por lo que se produce una reacción de rechazo en mucha parte de este público, quedando el álbum más dedicado al comprador con un poder adquisitivo medio-alto, formado en los años 80 gracias a las revistas.

No me gustaría dejar de citar en este repaso un fenómeno que se ha consolidado y que la presencia de internet ha favorecido: la compra de material extranjero por catálogo. Lo que en los 80 era un privilegio para unos pocos que pedían material americano a través del catálogo de Capital, se ha popularizado y es una de las actividades principales de las librerías especializadas, que consiguen cuantiosas ventas de material de importación a través del catálogo de Diamond, el conocido Previews.

 

 

Los lectores

 

Peliagudo tema el de definir el lector tipo de cómics. La tentación de describirle como un friki que sólo lee superhéroes es alta, pero no es la real. Lo que es evidente es que un grupo importante de  lectores de cómics tiende a recluirse en guetos: el género de superhéroes, el manga, el cómic europeo... Lectores que tienen dificultades para salir de estos reductos por falta de información y formación. Pero más grave es un fenómeno que se da hoy en día: el lector de cómics es generalmente coleccionista de cómics. Esta característica se da única y exclusivamente en este medio. En general, en cualquier medio cultural, el lector o espectador lo es de forma esporádica y como forma de diversión. Sin embargo, en el cómic, sólo se es seguidor si, además se es coleccionista. Muchas causas se pueden dar a este efecto. En primer lugar, la nula formación sobre los tebeos que tiene el lector actual, que los ve como un medio infantil de consumo rápido. Por otro lado, la popularización de formato comic book trajo como efecto pernicioso que los lectores esporádicos no quieren estar atados a seguir mes a mes unas aventuras, prefiriendo comprarse un tomo recopilatorio a colecciones interminables que les repelen no por sus contenidos, sino por su periodicidad. Por último, la concentración de la oferta de tebeos en la librería especializada ahuyenta a un lector que seguramente compraría tebeos si los viese al lado de otras ofertas culturales como libros o discos.

Si este problema no fuera preocupante, otro aún más grave empieza a ser evidente: una de las características más claras del lector de tebeos es que asimila el lenguaje del medio desde muy pequeño, aprendiendo los convencionalismos del tebeo como forma de transmisión cultural. Los actuales lectores que están entre los treinta y cuarenta años gozaron de una transición por niveles de edad sumamente adecuada, comenzando a leer tebeos Bruguera y pasando a los superhéroes entre los 12-14 años. A esa edad, se podía fácilmente dar el salto a las publicaciones de Toutain, tebeos de ciencia ficción y terror del gusto adolescente que le abren las puertas de otras publicaciones como CIMOC, Cairo, Metal Hurlant, etc. De esta forma, el lector ha realizado una transición que le permite poder apreciar todo tipo de cómic, independientemente de género o procedencia. Sin embargo, el lector actual que ronda los veinte años sólo ha conocido el tebeo de género superheroico, sin posibilidades de poder ampliar su espectro de lecturas, por un lado por el salto económico importante en los precios y por otro por la escasa oferta que tenía de material adecuado. Pero este problema deviene en traumático si consideramos que el lector infantil no tiene qué leer. De forma casi global, las revistas infantiles con tebeos han sido sustituidas por revistas de videojuegos o de clubes televisivos. En ese sentido, cabe destacar por lo arriesgado y por visión de futuro, la apuesta de Norma en sus revistas Dibus! y Dibuscomics, que intentan recuperar un modelo de revista infantil al estilo francobelga, siguiendo los modelos de Spirou o Pif.

 

Los autores

 

Dejo como último elemento a los autores, verdaderos olvidados de este medio que, al fni y al cabo, es creado por ellos. Es evidente que los autores españoles, hoy por hoy, no pueden vivir del cómic en nuestro país. La ausencia de un mercado suficientemente potente y estable hace imposible poder pagar producción propia si ésta no se comercializa en el exterior. Hay que destacar en este sentido la excelente labor de editoriales como La Cúpula, que se comportan con una profesionalidad inexistente en otras empresas de mucho más calibre, consiguiendo exportar su material a diferentes países, lo que permite que el autor cobre una cantidad aceptable (que no razonable o suficiente) por su trabajo. Tras el fracaso de Camaleón, la única editorial que apostó de forma clara por el autor hispano (lo que no quiere decir que los dibujante y guionistas pudieran vivir de su trabajo), se han dado diferentes intentos de buscar una salida al tebeo realizado por autores patrios, con fracasos sonoros como los de la línea Laberinto, una maniobra comercial cuyo último fin en modo alguno era potenciar los autores patrios. Pocas opciones le quedan a los dibujantes y guionistas de nuestro país. El exilio forzado a otros mercados como el americano sólo es apto para un puñado de autores que han logrado entrar en un sistema de alta competencia y donde las aptitudes artísticas se quedan detrás de las necesidades de ritmo de publicación, por ejemplo. El difícil mercado francés o italiano tiene representantes dignísimos españoles, como Ana Miralles y Carlos Giménez en el primero o el tándem Segura-Ortiz en el segundo, pero pese a la cercanía cultural, resulta un mercado absolutamente hermético (aunque infinitamente más rentable).

Hoy por hoy, las únicas opciones parecen ser la autoedición (incluyendo en esta los sistemas mixtos como Undercomic o Subterfuge), una salida que implica aumentar el trabajo del autor para que este consiga obtener rentabilidad  o la publicación en editoriales como Ponent o Sin Sentido, que apuestan por una labor más vanguardista. En cualquiera de los dos casos, la labor nunca será suficientemente bien pagada y la conclusión es que el autor realiza tebeos por una necesidad propia de hacerlos, siendo su sustento otros tipos de trabajos.

 

¿Las soluciones?

 

¿Existen soluciones a la endémica situación del tebeo en España? Es probable que de lo anteriormente expuesto se llegue a la conclusión de que la reclusión del tebeo a las librería especializadas de cómo resultado que el futuro pasa por un reducto de coleccionistas de alto poder adquisitivo que comprarán productos de alta calidad y precio. Quizás 2.000 o 3.000 personas que nunca serían suficientes para sostener una gran editorial, como Planeta, pero si pequeñas iniciativas como Ponent, Sinsentido.

Esta visión pesimista contrasta, sin embargo, con la realidad. Existen indicios en los últimos tiempos que indican la posible recuperación del medio si hay ideas y ganas de llevarla a cabo. En particular destacaría el éxito de la versión de X-Men para kioskos que sacó Planeta bajo el paraguas protector del estreno cinematográfico y el gran éxito, ya tradicional, de tebeos como Asterix. El primero indica que, con el apoyo mediático adecuado, es posible devolver el tebeo a los quioscos. Los 40-50.000 ejemplares que se supone se han vendido harían palidecer hasta a los propietarios de Marvel en los USA, con ventas terriblemente inferiores si las consideramos en términos relativos. Es probable que el tebeo de superhéroes pase a ser un producto de merchandising de las películas, pero esas ventas permiten mantener una saneada industria. Por otra parte, el último Asterix ha logrado vender 250.000 ejemplares en nuestro país, una cifra astronómica que multiplica por cien las ventas habituales. Es evidente que nunca llegaremos a parecernos al mercado francés, con series que llegan a vender casi medio millón de ejemplares, que nos adelanta en décadas en lo que a consideración cultural del tebeo, pero estas cifras de ventas indican que existe un mercado potencial de compradores de tebeos no habituales que, sin llegar a esas ventas, no debería hacer impensable el que un álbum de éxito vendiese entre los 10 y 20.000 ejemplares, cifras que permitirían llegar a algo tan utópico hoy en día como la producción propia. El problema es que las editoriales no han sabido hacer llegar productos adecuados a estos lectores esporádicos. Posiblemente, una de las principales acciones a llevar es intentar sacar el tebeo de las librerías especializadas como único punto de venta y llevarlo a la librería generalista. La política de ciertas editoriales de intentar colocar sus productos en grandes superficies puede ser adecuada pero, además, se debería aprovechar la infraestructura para publicitar los tebeos junto otros éxitos. Planeta usa las películas como medio de promoción, pero parece sorprendente que obras del interés de “From Hell” no hayan sido usadas para dar el salto antes comentado y suponen una oportunidad perdida de abrir el cómic a otro tipo de lector. Incluso sería posible tener la picardía de aprovechar grandes éxitos mediáticos, como por ejemplo Harry Potter, para relanzar series de similares características como “Los libros de la Magia”. Una segunda acción sería intentar formar jóvenes lectores que entiendan el lenguaje del cómic. Esto no implica que se publiquen revistas de cómics infantiles, como los estimables intentos de Norma, sino que el cómic aparezca de forma habitual en todo tipo de revistas que tengan como objetivo el niño. Sin llegar nunca a las maravillas de la francesa “Je Bouquine”, se podría intentar que las revistas de videojuegos, etc, tuvieran su sección de cómics.

Sin embargo, todas estas propuestas chocan con la dificultad de que un chaval de bajo poder adquisitivo pueda tener acceso a otros tipos de tebeos. En los foros de discusión de internet se puede comprobar como el lector educado en los superhéroes aprecia de forma importante las recomendaciones de otros tipos de tebeos, incluso valorándolos muy por encima de sus lecturas habituales. Pero un lector adolescente que tiene una exímia paga con la que salir de fin de semana y comprar sus tebeos, difícilmente podrá acceder a un álbum de precio entre 1.500 y 2.000 pesetas cuando está acostumbrado a gastarse un máximo de 750 pesetas. La opción que podrían intentar las editoriales es la edición a posteriori de la misma obra en una edición barata, a modo de edición de bolsillo en el caso de los libros. Esta segunda edición es posible que restase ventas a las ediciones actuales, pero considerando que el comprador de álbumes está acostumbrado a un nivel de calidad medio (tapa dura, gran tamaño, buena edición), es dudoso que la gran mayoría de compradores optara por esta edición barata. A cambio, se estaría gestando una generación de futuros compradores que podrían acceder a mejores ediciones cuando su nivel de ingresos aumente. A la larga, parece sensato suponer que revertiría en un aumento de ventas.

Este tipo de edición podría llegar a quioscos y grandes superficies (grandes almacenes, etc) y complementar de forma eficaz la oferta habitual de la librería especializada que volvería a su real función de librería de coleccionista.

A modo de conclusión

 

Curiosamente, estamos en un momento de transición que dará lugar a resultados insospechados en un futuro próximo. Las actuaciones del mayor editor, Planeta, pueden ser interesantes, pero parece que su margen de actuación es pequeño cuando Norma ha sabido monopolizar prácticamente todas los derechos de todas las editoriales que no son Marvel. Por otra parte, dentro de poco se comenzará a comprobar el impacto de la falta de lectores jóvenes que no han crecido con los clásicos tebeos de siempre. Esperemos que los resultados nos sorprendan.

Álvaro Pons