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Cultura

OPS / El Roto / Rábago. Un viaje de mil demonios (y un par de ángeles)

OPS / El Roto / Rábago.

Un viaje de mil demonios (y un par de ángeles)
 

De septiembre 2013 a enero de 2014
 

Salas Estudi General, Acadèmia y Martínez Guerricabeitia - La Nau

Horario: de martes a sábado de 10 a 14 horas  y de 16 a 20 horas. Domingos de 10 a 14 horas. ENTRADA LIBRE

 

El Roto, El paseíllo, 2008

 

Organiza:

Universitat de València – Centro Cultural La Nau de la UV

Fundación General de la UV – Patronato Martínez Guerricabeitia de la FGUV

Patrocina:

Heineken y Banco Santander

Colaboran:

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Biblioteca Valenciana

Comisario:

Felipe Hernández

 

Andrés Rábago (Madrid, 1947). Autodidacta. Colaborador, como OPS o El Roto, en revistas de análisis político (Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, Ajoblanco, Cambio 16, Tiempo), de cómic (Tótem, Madriz) y satíricas (Hermano Lobo, El Jueves) y en diarios (Diario 16, El Independiente, El Periódico de Catalunya, y, desde hace años, El País). Autor de más de una veintena de libros (el más reciente: Viñetas para una crisis. Barcelona: Mondadori, 2011). Ilustrador de diversas obras, principalmente de su amigo Manuel Vicent. Escenógrafo para los textos de Luis Malilla y del Grupo Ditirambo. Coautor del cortometraje de animación La edad del silencio de Gabriel Blanco, el año 1978, premiado en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Ha realizado cerca de noventa exposiciones individuales, tanto de sus dibujos como de sus pinturas (que firma como Rábago), la última fue esta misma exposición presentada en el Centro de Arte Tecla Sala del 26 de septiembre de 2012 al 24 de febrero de 2013.

 

Andrés Rábago, Ladrón de luz, 2007-2010

 

OPS – El Roto – Andrés Rábago se merecen esta amplísima exposición en el Centro Cultural de la Universidad de Valencia, que propone una mirada sobre su condición de artista capaz de traducir en imágenes niveles de consciencia tan diferentes: 

A mediados de los años sesenta del siglo pasado, cuando más cobraba fuerza la masa como un sinónimo de individuo, aun cuando, obviamente, sin la intensidad actual, Andrés Rábago comenzó un viaje personal, alejado de las futilidades de su tiempo, por dejar de ser un hombre sin atributos. Se valió, en primera instancia, de un seudónimo, OPS, que comenzó a situarse en las publicaciones más críticas con una dictadura que, como tal, era poco amiga del pensamiento libre. Aquel seudónimo le sirvió de amparo, que no de escondrijo, para afrontar una introspección en su inconsciente mediante una forma de autoanálisis con la cual no era difícil identificarse, teniendo en cuenta que la suciedad de la que se iba desprendiendo en cada viñeta era la misma que nos embotaba la sensibilidad a todos. Los monstruos que OPS descubría cuando miraba en su interior eran los mismos que habían esclavizado nuestra razón hasta hacerla demasiado perezosa para emprender el nuevo tiempo que intuíamos llegaría más tarde o más temprano.

 

OPS, Ilustración para La Carne es yerba de Manuel Vicent, 1985

 

De vez en cuando, sin embargo, lo que pertenecía a la esfera social y lo que pertenecía a la esfera política hacía acto de presencia en aquellos dibujos satíricos y crueles, consciente su creador de que los vínculos comunitarios habían padecido un gran quebranto durante el largo franquismo. Sin ninguna clase de sobresalto, al principio de la década siguiente, los setenta, se fue dejando ver un heterónimo: El Roto. Un heterónimo, sí, porque su personalidad estaba claramente diferenciada de la del autor, que instaló su criatura acertadamente en el ámbito de una conciencia civil, entendiendo desde el principio que su finalidad era la de hacer un servicio público y social: romper la condición de individuo-masa para arrancarlo de su postura de mero espectador de una realidad disgregadora y anestesiante.

 

El Roto, Halloween, 2006

 

OPS y El Roto llegaron a transitar juntos una parte del camino (hay dibujos, por ejemplo, del 1976, firmados por los dos), sin embargo, mientras que el primero, limpio ya de excrecencias, deambulaba, en el dibujo y enseguida también en la pintura, por ámbitos más estéticos, que bordeaban la poesía visual, el segundo se iría consolidando, hasta el día de hoy, como una de las firmas españolas más implicadas en la reconstrucción de una cohesión comunitaria y en la reivindicación del concepto de persona, acorralado por el concepto de individuo que la modernidad había parido y establecido.

 

El Roto, El demagogo, 2006

 

OPS, sin embargo, se iría silenciando como un dibujante hasta la llegada del nuevo siglo, haciendo gala en aquellos últimos instantes de una intensidad y una excelencia gráfica sin parangón, mientras que el OPS pintor iniciaba una deriva, a partir de finales de los ochenta, hacia aquello que se podría considerar, con denominación propia de los lingüistas, un ortónimo: Andrés Rábago, el artífice de una obra propia cuya voz es la que más se parece a los intereses más profundos de su creador, con quien comparte nombre y apellido, un poco como fue Bernardo Soares para Fernando Pessoa.

 

Andrés Rábago, El Gran Timonel, 2007

 

El territorio del pintor Rábago, ciertamente, se desarrolla en un ámbito más elevado de consciencia, un ámbito que podríamos calificar de metafísico, en el que “lo que no se dice” no puede ser fácilmente transmitido porque se trata de asuntos más espirituales que no terrenales, y en que él, a la manera de los artistas prerrenacentistas, libres todavía de la excesiva huella del ego, actúa como un modesto guía de un viaje, a través del sendero que constituyen sus obras, por un cosmos del que no hay más cartografía que la que el hacedor mismo va definiendo a partir de un conocimiento mayor de los misterios infinitos de la verdadera e ignota realidad.

 

OPS, Sin título, 1974

 

 


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Más información: cultura@uv.es