Cuerpos de Barro - Evarist Navarro

CUERPOS DE BARRO

Trasuntos de vida desde el gesto en la obra de
Evarist Navarro

C. Montiel Seguí Balaguer

Universitat de València

carmen.segui@uv.es

El misterio del alma en barro

Hay vidas hechas con gestos, caricias y susurros moldeados con arcilla. El barro húmedo procesado por el artista viste y desviste el misterio de muchas almas, transeúntes de sí mismas.

De tal manera, Evarist Navarro Segura, nacido en Castelló de Rugat, escultor, pintor y profesor de la Facultat de Belles Arts de la Universitat Politècnica de València, del que se cumplen doce años de su muerte, encontró en la materia prima orgánica de la tierra roja la suficiente viveza donde encarnarse, como un reclamo memorial a sus antepasados. Para ellos la alfarería y tinajería fue artesanía llevada al proceso fabril. Sin embargo, para Navarro, aunque era igual en métodos de ejecución, el barro, además, fue su manera de habitar y de sentir. La materia frente al tacto era sumida por el autor en el acto gestual, para transitar hasta ser obra, principalmente escultura.

La creación de Navarro surge de la tierra, del material originario que se forja en ella, del polvo arcilloso mezclado con el agua, desde donde toma fuerza lo más primitivo en las manos de quien lo inspira, lo comprende y lo desea, sin dejar que sea el sueño del viento quien lo arrastre al vuelo. El barro convoca al retorno a la naturaleza y a la búsqueda de su esencia como experiencia espiritual. El tacto, transmitido con atención y delicadeza, incide sobre la arcilla que devendrá en esencia. El trabajo con la materia prima exige un proceso sostenido, determinado por la duración, las horas de dedicación y un reposo esencial que posibilita la consolidación de la obra. La interacción del artista con el elemento maleable constituye un ejercicio de invocación interior que genera un espacio vivo de comunicación entre la sustancia y el creador. Del pensamiento emerge el gesto transformado en cuerpo. Sus obras están gobernadas por el rojo del barro crudo, semejante a la carnosidad viva. Este modula y revela sutiles matices durante el prolongado proceso de secado y curación, mientras la piel del cuerpo de barro se quiebra ante el devenir del tiempo, como sucede en todo proceso vital.

En todo este contexto, la obra de Navarro se configura muchas veces in situ estableciendo diálogos con el recinto, su atmósfera y su suelo, pero también su cielo, concebido como plano activo de luz, ciclo y transformación.

Pensamiento por gestos

Instalación de Evarist Navarro

Se invita a atravesar la virtualidad y a permitir que la imaginación se transforme en cuerpo, donde la evocación del aroma del barro envuelva y propicie un contacto íntimo, necesariamente imaginado con la obra que ocupa el espacio expositivo. En él se configura un hábitat sensible donde los sentidos despiertan: no sólo se ve, sino que se mira; no sólo se intuye, también, se toca y huele… ¿qué aroma tiene el barro?

Esta exposición virtual plantea mostrar varias obras del artista valenciano, entendidas como vehículos de la memoria que expresan el avance silente del tiempo en la vida, preocupación mostrada por el artista en obras como Terra Mater.

A través del pensamiento por gestos Navarro establece un diálogo con las piezas como lugares de supervivencia. Es decir, en los cuerpos de barro que crea persisten expresiones y emociones transmitidas por los antepasados del autor, codificadas en su recuerdo, que nunca se repiten de manera idéntica, sino que reaparecen resignificadas en nuevas formas. La tradición alfarera no es un pasado clausurado, sino la encarnación de una energía que sigue operando en la presencia tangible. Pensar la materia implica reconocer la memoria cultural que hace del barro, en las composiciones del artista, el lugar donde el pasado irrumpe en el ahora.

Esta exposición despliega el conjunto de obras como un viaje para explorar las posibilidades de hábitat en los cuerpos de barro, revelando la esencia de la naturaleza y evitando una recapitulación de piezas en sesión fotográfica. En la muestra la figura moldeada subyace como una auto-mirada: su interior aflora desde el ser que la confecciona hacia el exterior, transformándose en otra corporalidad una vez que el elemento primordial ha sido asimilado mediante la acción del autor. Esta última toma fuerza con la gestualidad, siempre presente en la creación de Navarro. De tal manera, este pensamiento fundamentado en las cualidades expresivas se evidencia en su tesis doctoral: Materia y gesto en un proceso escultórico, análisis de una instalación. Del mismo modo, se manifiesta en diversas propuestas, como en la exposición acaecida en el Institut Valencià d’Art Modern, La construcción de la memoria, en noviembre del 2011 – enero del 2012, así como en sus series Palacios de la memoria, Estaciones balsámicas, Arquitecturas del cuerpo.

Cuerpos de barro es una instalación virtual que consiste en una puesta en común de las creaciones de Evarist Navarro, concebida desde la desmaterialización del ojo técnico y destinada a ofrecer una lectura conceptual y profunda de su creación. En ella, los cuerpos de barro se expresan como trasuntos de vida narrados desde el visaje que guarda el pasado.Este estudio propone establecer una conexión secreta entre las distintas obras, que el visitante en línea podrá descubrir al sentirse parte de la experiencia, iniciando una lectura inteligible que se abre con la interrogante: ¿dónde se encuentra el límite del cuerpo?

El proyecto organiza la obra del artista en cuatro momentos relevantes en el transcurso de la vida, en agrupaciones de las piezas que ejemplifican dichas etapas, sin que estas se presenten necesariamente diacrónicas. Trabajar en la consolidación de conjuntos implica comparar un mismo grupo de obras para comprender la psicología de la creación y el procedimiento de producción de ideas. Estas reuniones surgen desde la forma, los esquemas compositivos o las teorizaciones conceptuales, dando lugar a abstracciones que brotan desde el valor expresivo, la fórmula patética o la carga emocional invisible, todas ellas susceptibles de revestirse de la simplicidad que ofrece la materia básica. Los cuatro momentos sugeridos son los siguientes:

  1. Génesis
  2. Vida
  3. Tempus perfectum
  4. «No voy a morir»

Génesis

El trabajo de retratos en Navarro representa el sentimiento supeditado a la memoria ancestral del artista. En estas piezas se denota el academicismo que caracterizó los primeros años de formación como estudiante de Belles Arts en la Universitat de Barcelona.

Es relevante destacar el busto de Modesto Navarro, padre del artista, al que dedica una exposición tras su deceso durante la década de los 90 del siglo XX, y que será persistente en su obra. Su padre lo apoya desde el primer momento para que se traslade a Barcelona a estudiar artes. De hecho, Memoria, una de sus obras consagradas, es una estructura circular de gres crudo que honra a su progenitor, y que rememora el pasado alfarero. Esta conmemoración lo vincula directamente con la materia prima orgánica, con la tradición artesana del barro y la cerámica, y posterior puesta en marcha industrial a la que consagró su vida la familia Navarro, els gerrers, habitantes de Castelló de Rugat o, como se denominó al municipio, Castelló de les Gerres. Evarist Navarro presenta el arte poniendo el acento sobre la sustancia original arcillosa y sus potenciales transformaciones, examinando la transición de los fines productivos, desde lo artesanal a lo industrial, hasta alcanzar lo artístico.

Destaca la importancia y papel fundamental que tuvieron las mujeres en la crianza y posterior proyección del artista valenciano. De tal manera, por un lado, la escultura de cuerpo entero de Remedios Miñana, la abuela paterna, retrata con gran realismo a la mujer que estuvo a cargo de buena parte del cuidado del artista. Por otra parte, Ana María Segura, su procreadora, se reencarna en el rostro de María en el nicho-hornacina de la puerta de entrada a la iglesia parroquial del pueblo que le vio nacer. Su puesta en escena invade el mundo espiritual y consolida inmortal su imagen venerada como madre por él e, indirectamente, por el pueblo feligrés castellonense.

Todas estas obras constituyen una muestra del paisaje infantil proyectado hacia un porvenir cercano, expresado en un lenguaje contemporáneo. De tal manera, Evarist Navarro desempeñó un papel destacado en la renovación escultórica en España en los años ochenta, junto a otros artistas emergentes.

Vida

No hay barro sin agua. En distintas obras, Evarist Navarro concede un interés especial a este elemento primordial, al que dota de una fuerte carga poética.

La fuente conocida como La font del xarxet, inaugurada en 2010, está ubicada en la partida agraria del xarxet, entre el Ràfol de Salem y Castelló de Rugat. Sobre una base rectangular de ladrillo y cerámica de lazos entrelazados, reminiscente de la que se conserva en la antigua mezquita de Castelló de Rugat, Navarro distribuye en cada lado un caño de agua que vierte el líquido sobre cuatro tinajas de sus antepasados cocidas en diferentes tamaños. La cúspide del monumento está rematada por un cuerpo de barro trabajado desde el pensamiento por gestos, en el que se percibe la huella del artista. Toda la masa queda circundada por una verja metálica recuperada de la que anteriormente se situaba frente a la puerta principal de la iglesia parroquial de Castelló de Rugat. Una balsa circular, en la que también adquiere protagonismo el ladrillo, abraza toda la composición.

Font Túria, emplazada en el by-pass de València (Paterna), dirige la atención hacia sus raíces familiares mediante la recreación de una chimenea fabril de gran altura, visible desde la carretera, por la que los gases vaporosos exhalarían el humo del barro en cocción. El agua, indispensable en este proceso, fluiría adecuando su forma a los recorridos marcados por la acequia de ladrillos –o rajoles–, gestada por el artista. Aquí, Navarro enaltece el equilibrio de la naturaleza frente a las aguas purificadoras, de manera que el líquido se torna metáfora de la existencia humana, discurriendo y adaptándose al entorno, tal y como la vida atraviesa sus entresijos guiada por la fuerza del impulso artístico.

Ambas piezas de gran formato en barro se integran en el paisaje y la naturaleza, respetándolos y adaptándose a ellos en un diálogo interdisciplinar.

Compuesta de varios bloques y ubicada en la rotonda de Vora Riu, en dirección a Gandía, la obra de Navarro conjuga la perspectiva vertical, insinuando trasuntos de chimeneas, con la línea horizontal que remite al pasado fortificado de la ciudad. Al mismo tiempo, juega con un cromatismo en tonos rojo barro que dinamiza la percepción del movimiento generado por la circularidad del emplazamiento. Así, en este pensamiento por gestos, el artista investiga el espacio humano en la tierra mediante el artificio retórico-visual del signo que expresa tanto la eternidad como la perfección, repositorio icónico al que recurrirá en varias de sus obras.

Tempus perfectum

Una vez hallado el camino, el artista se encuentra consigo mismo. En ese momento, la reflexión introspectiva confirma su dimensión intelectual y vislumbra una senda que posibilita la integración entre lo tradicional y lo contemporáneo. Esto coincide con su regreso de Barcelona y con la influencia de la escuela informalista catalana, representada por profesores como Hernández Pijuan, Luis Oñate, Jaume Coll i Puig y, de manera destacada, por la impronta de la obra de Antoni Tàpies, autor que ejerció una influencia notable en Navarro.

Representativa de la etapa de expansión artística del autor es la obra titulada Cadascú al seu lloc (1992), ubicada en el Campus de Vera de la Universitat Politècnica de València, en un inicio creada para la exposición Territorio plural de Bancaja, que, posteriormente, fue desmontada y numerada por sillares. La fisicidad de la obra recuerda a una gran mano extendida donde los dedos como muros hacen referencia a cada miembro de su familia, y el lugar de cada uno de ellos en la vida de Navarro. Como explica el artista, su aspiración fue trabajar el barro en gran formato, cocido a 1450 grados, proponiéndose conseguir unas dimensiones fuera de lo común en la obra, partiendo de una tradición en la que se producían piezas de tamaño medio o doméstico. La reflexión de Navarro trataba de emular la prospección arquitectónica y la tradición del ladrillo. En sus palabras: «El paisaje de la arcilla responde a unas dimensiones que se salen de lo doméstico para pasar a un proceso de gran envergadura». De tal manera, Navarro no se refiere propiamente a la arquitectura, sino a un cuerpo trabajado desde el pensamiento por gestos: «Más allá de un tabique y de una repartición en el espacio con un orden es un cuerpo que tiene su corporeidad con una gestualidad registrada, la relación de la materia y la mano que la ha realizado». En cuanto al espectador, éste se involucra en la obra al atender a la noción de perímetro y espacialidad. Para Navarro, el registro de ubicuidad resulta fundamental en la obra, y va más allá, dado que la concibe como un ente interrelacionado e identitario, y no aislado. Al cortar los sillares de su creación expuesta en Territorio plural, el autor seccionó cada gran pieza percibiendo en el acto tanto la sensación de carnosidad como el sugerente aroma del barro, tal y como él mismo afirmó.

De terracota destaca su serie Unitat, así como aquellas piezas que simulan chimeneas del paisaje fabril. A ellas se suman otras obras de distintos formatos y tamaños erigidas desde el pensamiento por gestos. Estas creaciones exploran la relación entre emplazamiento, materialidad y memoria industrial, profundizando en la tensión entre lo escultórico y lo arquitectónico.

«No voy a morir»

Cementerio

Silente en el cementerio de Castelló de Rugat yace la pieza de Evarist Navarro nacida de la unión entre dos de sus obras: Memoria–Herencia (1991). En este pensamiento por gestos se acucia circularidad como símbolo de abrazo, donde el punto medio es señalado por un ciprés, y el radio imaginario, trazado desde este centro, es perfilado por las cenizas del artista. Se trata de una obra que refleja la eternidad en clave postminimalista. El trinomio de trabajo para Navarro se articula entre el cuerpo, el suelo y el alma, constituyendo una conjunción afectiva en la que el valor expresivo solidifica la perpetuidad. Se trata de la idea del objeto figurado y de su repartición en el espacio junto a la naturaleza, en la que se impone el silencio del alma representada en los muros. Al artista le interesa la figura como cuerpo llevado a lo hermético o conceptual, en sus palabras: «No se trata de hablar del cuerpo sino nuclearmente hablar de este». De ahí la elección del barro, valorado por su maleabilidad y por la sensación de carnosidad que desprende, tejido en una constelación de gestos diminutos que, en su totalidad, conforman el firmamento sensible de la creación. De esta manera, el artista establece conjuntos esenciales para el entendimiento de su obra, tales como: barro-gesto; muro-alma y cuerpo-carnosidad.

«No voy a morir» fue el mensaje de Navarro antes de partir, y, efectivamente, no lo hizo. Desde su ser, dejó reposar su alma inscrita en los cuerpos de barro por medio del pensamiento por gestos. Su legado permanece vivo, proponiendo un metaverso de vida para todo aquel que decida adentrarse en la belleza de su obra, la cual constituye un corpus singular y de significativa relevancia en el ámbito artístico.

Bancalària, el taller del artista

Bancalària, el taller del artista, ubicado en una nave industrial de Rugat, bautizado por Navarro como Bancalària, lugar de exploración, producción y encuentro para amigos y artistas, contiene una gran parte de la obra del autor.

En la actualidad, el legado de Evarist Navarro sigue vigente gracias a la acción de distintas personas que lo hacen posible, tales como su hermana, Berta Navarro, legataria de la obra y encargada de garantizar su integridad, conservación y adecuada difusión en el ámbito artístico y cultural. Así mismo, el Ajuntament de Castelló de Rugat dedica al artista su propio museo, el Museu de les Gerres Evarist Navarro. Este espacio pone en valor la tradición alfarera del municipio y funciona como taller y centro cultural, donde se celebró la I Biennal d’Art Jove Evarist Navarro, cuyas huellas continúan activas. Además, contribuyen a mantener la memoria del artista Asensio Martínez Soler, así como, Ricard Balanzà Martínez.

Cabe destacar a Cazadoras Asociados, colectivo de artistas valencianos impulsado por el propio escultor, quienes llevaron a cabo el homenaje-exposición a Navarro, con obras de relevantes autores como Carmen Calvo, Miquel Navarro, Ximo Amigó, Julio Bosque, Calo Carratalá, Enrique Carrazoni, Toni Domènech, Antonio Girbés, JARR, José Morea, Guillermo Peiró Roggen, Manolo Rey Fueyo, Pepe Romero, Manuel Sáez, Bia Santos, Sebastián Nicolau, Rubén Tortosa, Lukas Ulmi y Joan Verdú.