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FABIO

Marcelo, amigo, ¿qué es eso?
¿Qué andas pagando perdido
hospedajes de escondido
con melancolias de preso?
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Hospedaje es lo que paga el huesped por el alojamiento. Fabio ve a Marcelo preocupado y se imagina que en lugar de pagar únicamente el precio (figurado, la incomodidad) de permanecer escondido en su casa, está pagando el precio que debería pagar si estuviera preso en ella, es decir, la melancolía del preso que quiere salir y no puede.
¿Son ya memorias de Livia
las que te tienen de esa arte,
o en servirte y regalarte
hallas a Violante tibia?
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Fabio se pregunta si su tristeza se debe a los recuerdos de su embarazosa situación con Livia o si, por el contrario, es que no está a gusto en su casa por algún motivo.
Que me diera mil enojos,
y no fuéramos hermanos,
si remitiera a las manos
el servirte con los ojos.
73
Si se limitara a servirte con las manos, esto es, a hacer lo que debe, pero sin que sus ojos mostraran que lo hace con gusto, es decir, si Violante atendiera a Marcelo de mala gana.
Cuando yo en tu casa malo
a lo último llegué,
milagros hizo tu fe
y finezas tu regalo.
77

Y así mi vida se allana,
que la debo por mitad
a la fe de tu amistad
y al regalo de tu hermana.
81
Y así desaparecieron mis pesares. Debo mi vida a partes iguales a tu amistad y a los cuidados de tu hermana.
Aliéntate, que confío,
cual yo, con devoto ejemplo,
di la mortaja a tu templo,
darás tu cadena al mío.
85
Los antiguos acostumbraban a dedicar a los dioses los signos de haber superado un peligro (la tabla a la que se agarró un náufrago, etc.) Al curarse en casa de Marcelo, Fabio consagró allí figuradamente la mortaja que estuvo a punto de necesitar, del mismo modo que Marcelo consagrará su cadena a la casa de Fabio cuando se resuelvan sus problemas y pueda abandonarla.

El espectador sabe ahora que Marcelo está escondido en casa de Fabio, y ha oído el nombre de Livia como posible causa de su melancolía.

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