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«Rayos - les dice - ya que no de Leda
trémulos hijos, sed de mi fortuna
término luminoso.» Y recelando
de invidïosa, bárbara arboleda
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interposición, cuando
de vientos no conjuración alguna,
cual haciendo el villano
la fragosa montaña fácil llano,
atento sigue aquella,
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aun a pesar de las tinieblas, bella,
aun a pesar de las estrellas, clara
piedra, indigna tïara,
si tradición apócrifa no miente,
de animal tenebroso, cuya frente
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carro es brillante de nocturno día.
Comentarios:

El peregrino recela de los árboles y del viento. En el caso de los árboles el peligro es que se interpongan y le oculten la luz que le guía. En el caso de los vientos debemos pensar que el peregrino sigue confuso y piensa en los vientos que pueden sacar de su rumbo a un barco. Su temor le lleva a personalizar a los árboles y al viento y a calificar de envidiosa a la arboleda (y de bárbara, en el sentido de agreste, en la que no hay caminos que seguir confiadamente).

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