Infiere, de los achaques de la vejez, cercano el fin a que católico se alienta (1623)

En este occidental, en este, oh Licio,
climatérico lustro de tu vida
todo mal afirmado pie es caída,
toda fácil caída es precipicio.
¿Caduca el paso? Ilústrese el juicio.
Desatándose va la tierra unida;
¿qué prudencia del polvo prevenida
la ruina aguardó del edificio?
La piel no sólo sierpe venenosa,
mas con la piel los años se desnuda,
y el hombre no. ¡Ciego discurso humano!
¡Oh aquél dichoso que, la ponderosa
porción depuesta en una piedra muda,
la leve da al zafiro soberano!

Notas:

v. 1: Occidental alude a la vejez como primaveral alude a la juventud. Licio era el nombre con que Góngora solía llamarse cuando hablaba consigo mismo.
v. 2: Los pitagóricos creían que la vida del hombre pasaba por periodos críticos cada siete años. Los años múltiplos de siete se llamaban climatéricos. Otros consideraban climatéricos los múltiplos de nueve. Góngora compuso este soneto a la edad de sesenta y tres años, año climatérico respecto a cualquiera de los dos criterios. Dice "lustro climatérico" en el sentido de "lustro que empieza en el más peligroso de los años climatéricos".
vv. 5-8: Si el paso se debilita el juicio debe agudizarse: soy como un edificio que se está convirtiendo en polvo (el barro se desata en tierra). ¿Qué hombre prudente, viendo que el edificio se deshace en polvo, se queda impasible esperando que se derrumbe totalmente? (Lo sensato es prepararse para la muerte.)
vv. 9-11: Los antiguos creían que la serpiente rejuvenecía al mudar la piel. La serpiente venenosa, al desnudarse [de] la piel, también se desnuda [de] los años. (Góngora usa transitivamente "desnudar", al igual que "vestir".) En la última exclamación "ciego" significa "sin salida": el transcurso de la vida humana no tiene salida, acaba indefectiblemente en la muerte.
vv. 12-14: Dichoso aquel que, depuesta en una piedra muda (la lápida del sepulcro) su parte pesada (su cuerpo), da al cielo la que no pesa (su alma).

Los años climatéricos para los pitagóricos:

A los siete años concluye el período de la infancia y de la primera dentición.
A los catorce años la época de la pubertad en los hombres, y en las mujeres la de ser propiamente dignas de este nombre.
A los veinte y un años crecimiento de la barba: época nubil.
A los veinte y ocho años término del crecimiento general en los dos sexos.
A los treinta y cinco años la naturaleza ha llegado a su más alto grado de vigor, y empieza la edad media de la vida.
A los cuarenta y dos años se empieza a decaer de este vigor.
A los cuarenta y nueve años se marcan síntomas de debilidad, y las mujeres pierden la facultad de concebir.
A los cincuenta y seis años ya se ha declarado la vejez, los cabellos encanecen y caen enteramente.
A los sesenta y tres años, en que concluyen nueve setenarios, es cuando nos amenazan mayores daños.
El año sesenta y tres es el año climatérico en el que la vida del hombre corre gran peligro, pues por efecto de sus fuerzas debilitadas está más expuesto, y el menor accidente lo hace perecer. Ésta es la época en que el hombre necesita de un método rígido, tanto en el uso y clase de alimentos como en los vestidos y demás cosas que pueden influir en su conservación o ruina.