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Día 12 - agosto - 1.999

 


La una de la mañana llega pronto. Nos levantamos, desayunamos rápido y comenzamos el camino. Es alucinante, la mayoría de porteadores no lleva luz, pero se desenvuelven por la morrena del glaciar mejor que nosotros con nuestros frontales. Es casi cómico vernos a nosotros con luz y como patos por entre las piedras, y a ellos en fila y a oscuras negociándose cada paso con una habilidad pasmosa. Seguimos remontando el glaciar por su morrena durante unas dos horas hasta que nos introducimos ya en nieve. Delante de la comitiva va una especie de guía del paso que llaman ropeman y que también es el encargado de colocar las cuerdas fijas a ambos lados del paso.

Cada vez se empina más y es necesario cogerse a las cuerdas, sobre todo los que no nos hemos puesto los crampones. Los porteadores llevan crampones, aún cuando hay alguno que solo lleva uno, ya que el otro lo ha dejado a otro porteador. Pensábamos que era un recorrido corto hasta el paso, pero cada vez se empina mas y el collado no llega. Los porteadores cada varios metros deben parar a descansar y conforme amanece se adivina un rosario de personas por el glaciar siguiendo la traza que los conducirá al collado.

 

Poco a poco van llegando los porteadores al paso.

El Gondogoro La está situado a 5.630 m de altura y la verdad es que para ser un paso de trekking, el camino se las trae.

En la foto podéis observar a un grupo de porteadores llegando al paso. La pendiente en este último tramo rondará los 40 grados y de no ser por la cuerda fija los porters no podrían subir con estas cargas.

 

 

El collado es un pequeño plateau con unas vistas espectaculares. Es, según nos dicen los porteadores, el único lugar en la tierra donde pueden observarse a la vez cuatro <<ochomiles>>.

En la foto pueden verse el K2 a la izquierda y el Broad Peak a la derecha, y a la derecha de ambos, fuera de esta foto, aparecían majestuosos el GII y el GI (Hidden Peak). La vista es espectacular, y aunque el frío es intenso, nos quedamos durante unos minutos observando esta maravilla.

 

 

Después de tan agradable visión, nos queda la parte mas engorrosa, bajar hacia la vertiente del valle de Hushe. El camino es empinado y lleno de piedras sueltas que, sin darte cuenta, puedes tirar hacia abajo con el consiguiente peligro para los que van por delante. Vamos bajando, en ocasiones ayudados por las cuerdas fijas, y no deja de asombrarnos el estilo de los porteadores. La verdad es que no pueden permitirse un resbalón; una caída con la carga que llevan podría ser fatal.

 

 

Por fin llegamos al valle, y vamos recorriéndolo hasta llegar a Huspang, un campamento situado a un lado de la morrena, donde podemos descansar un rato para seguir progresando por el valle hasta llegar a Domlo, que será donde durmamos esta noche. Hemos pasado por enfrente del Masherbrum pero no lo hemos podido ver por las nubes.

En la foto se observa el campamento con el glaciar del Masherbrum al fondo.